A lo largo de 7 encuentros plantearemos los principales problemas con los que se enfrenta quien desea acercarse realmente a la lectura de la Biblia.
El impactante relato de Hechos que leemos el domingo de Pentecostés en todas las iglesias, en el que el Espíritu baja en forma de lenguas como de fuego y llena a todos de una fuerza nueva y divina, es conciso, pero tan adecuado a la imaginación, que prácticamente ha desplazado a todos los demás relatos evangélicos de la recepción del Espíritu. Efectivamente, cuando pensamos en la recepción del Espíritu Santo, nuestro recuerdo va inmediatamente hacia Pentecostés y el relato de Hechos, pero ese fundamental acontecimiento no es algo que entre del mismo modo ni en la redacción ni en la perspectiva catequética de todos los evangelios. Veamos cada enfoque un poco más detenidamente.
San Mateo desarrolla una teología del Espíritu Santo, pero no tiene ninguna escena separada que podamos indicar que es el momento de la primera recepción del Espíritu por la Iglesia, como un relato aislable. San Mateo no desconoce la acción del Espíritu, al contrario:[...continuar leyendo...]
Queridos hermanos y hermanas:
En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.
Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».
A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.[...continuar leyendo...]