Himno
Por Kanbei elAbr 1, 2010 | EnTextos y meditaciones | Enviar reacción »
Me extravié del camino recto, del camino divino,
y, lamentablemente, abandoné la gloria que se me había dado.
Me despojé del vestido luminoso, del vestido divino,
y, caído en las tinieblas, yazgo ahora en las tinieblas,
y no soy consciente de que estoy privado de luz.
Porque si tú has brillado desde lo alto,
si te has aparecido en la oscuridad,
si has venido al mundo, oh Misericordioso,
si has querido vivir con los hombres,
según nuestra condición, por amor al hombre,
si has dicho que eres la Luz del mundo, y nosotros no te vemos,
¿no es porque somos totalmente ciegos
y más desdichados que los ciegos, oh Cristo mío?
Acoge mi oración como la del publicano,
como la de la prostituta, Maestro, aunque yo no llore como ella.
¿No eres tú manantial de piedad, fuente de misericordia
y río de bondad?: por estos títulos, ¡ten piedad de mi!
Sí, tú que has tenido las manos,
tú que has tenido los pies clavados en la Cruz,
y tu costado traspasado por la lanza, compasivo Señor,
ten piedad de mí y arráncame del fuego eterno.
Que en este día permanezca ante ti sin condenación
para ser acogido en tu sala de bodas
donde compartiré tu felicidad, mi buen Señor,
en el gozo inexpresable, por todos los siglos. Amén.
San Simeón, el Nuevo Teólogo
Himno 45
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