Ricoeur: el filósofo del perdón
Por Kanbei elJun 4, 2010 | EnTextos y meditaciones | 4 reacciones »
A los cinco años de su muerte, se ha dicho de Paul Ricoeur: Ha recurrido a los maestros de la duda para quitar la máscara a muchas de nuestras inseguridades. Ha sido también considerado continuador del personalismo de Mounier, y el cardenal Poupard se refirió a él como «el mayor filósofo de nuestro tiempo». En su pensamiento, impregnado de catolicismo, llama la atención la concepción del perdón, que no se refiere tanto a la culpa cometida, sino a la confianza en el hombre, llamado a ser mejor
Era un viernes, el 20 de mayo de hace cinco años, cuando moría cerca de la ciudad de París el filósofo Paul Ricoeur (1913-2005), heredero espiritual de Edmond Husserl y del existencialismo cristiano. Emmanuel Mounier, Gabriel Marcel y Karl Jasper fueron estrellas polares en su formación.
Ricoeur fue, entre otros, el filósofo de referencia de la revista Concilium en los primeros años de su nacimiento. Educado por sus abuelos en la fe protestante, Ricoeur nació en 1913 en Valence y fue hecho prisionero por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Cercano al socialismo cristiano de André Philip, fue profesor en varias universidades: desde la Sorbona a Lovaina, y en los Estados Unidos: Yale y Chicago. Opositor de toda forma de totalitarismo, son memorables sus denuncias contra las atrocidades perpetradas en las guerras de Argelia, en los años 50, y en la de Bosnia de 1992.
Uno de sus discípulos más queridos, Domenico Jervolino, afirma: «Lo que siempre me ha fascinado de su pensamiento es la convicción de que la filosofía no se debe nunca bastar a ella misma, sino que debe sacar fruto de las tradiciones recibidas, de las ciencias...» Además, «encuentra en Freud el interlocutor privilegiado, que cuestiona una conciencia demasiado segura de sí misma». Junto a Freud, considera a Nietzsche y a Marx como los maestros de la sospecha, porque son capaces de descubrir una máscara tras la que el sujeto resulta ser todo un «texto por descifrar».
Otro de sus discípulos, Armando Rigobell, considera a Ricoeur, en cierto sentido, «continuador ideal del personalismo comunitario de Mounier», y pone en evidencia su interés por la trascendencia y por la Biblia: «Ricoeur se sació con los textos sagrados».
Para comprender en profundidad el pensamiento y la hermenéutica bíblica ricoeuriana, es necesario afrontar un argumento importante en su búsqueda: el perdón. En este tema se ha detenido, en Civiltà Cattolica, el jesuita y filósofo de la Gregoriana Giovanni Cucci. Para Ricoeur -destaca-, el perdón sólo puede provenir de una lógica de la sobreabundancia. El perdón se manifiesta en la referencia no sólo a una culpa cometida, sino también a la dignidad de quien la ha cometido, en la confianza de que puede hacer más y mejor. En palabras de Ricoeur, «tú vales más que tus actos».
El mayor filósofo de nuestro tiempo
Oyente de la Palabra, pensador responsable, filósofo de la huella del magisterio de Juan Pablo II: son muchas las definiciones y los recuerdos que llegan a la mente del cardenal Paul Poupard, Presidente emérito del Consejo Pontificio de la Cultura. Su amistad con Ricoeur comenzó en París en los años 70, en seminarios sobre ecumenismo en el Instituto Católico, y continuó después en Castelgandolfo, en tantos congresos estivales con Juan Pablo II, junto a Hans Georg Gadamer y Emmanuel Lévinas, hasta el último encuentro, en julio de 2003, con la entrega al filósofo del prestigioso Premio Pablo VI, en el Vaticano, por parte del papa Wojtyla. Todo esto, pone en evidencia la gran afinidad de investigación de Ricoeur con la encíclica Fides et ratio.
«Con este reconocimiento -revela el cardenal-, se ha querido honrar al filósofo, amante de los textos sagrados, atento a las tendencias más significativas de la cultura contemporánea, pero también a un hombre de fe, comprometido en la defensa de los valores humanos y cristianos». De aquella jornada, Poupard recuerda en particular: «Por indicaciones de Ricoeur, el importe del Premio fue devuelto a la Fundación John Bost, evangélica, que, desde 1948, se ocupa de casi un millón de discapacitados, ancianos y otras personas con dificultades. En este gesto, ha emergido el Ricoeur menos conocido, su gran estilo cristiano, donde se manifiesta puro, un idealista, pero también un hombre práctico y atento a las necesidades del prójimo. Para mí, ha sido el mayor filósofo de nuestro tiempo y un hombre de grandísima humanidad y humildad».
Filippo Rizzi. Avvenire
Traducción: María Pazos Carretero
http://www.alfayomega.es/revista/2010/692/14_reportaje1.html
4 comentarios
Es significativo, todo un "signo de los tiempos" que carezcamos de un paalabra para designar pensadores como Ricoeur, que en cada "especialización" hablan como si estuvieran en su propia casa.
Una curiosidad: no nació, según tengo entendido, en Valence (Francia) sino en Valencia (España), sólo que como era hijo de diplomático, su nacionalidad no era española.
Algunos de sus títulos grandes muy significativos (para mí) fueron editados por una pequeña editorial de Buenos Aires, que cerró hace unos años, ediciones La Aurora. Yo no sé si esos títulos se consiguen aquí, aunque sea piratas o por otro sello, pero son libros más bien breves, a veces colecciones de conferencias, que pueden ser a la vez introductorios.
Uno muy impactante es "Introducción a la simbólica del mal"; otro puede ser "El lenguaje de la fe" (libro fundamental en mi vida); yendo a lo más grande en volumen y difusión: "Finitud y culpabilidad", editado en España; en la otra punta de la cronología de su obra: "Sí mismo como otro", creo que editado en México, y que es, si no recuerdo mal, un preferido de Sebastián. "Historia y verdad" si mal no recuerdo es una colección de ensayos y se editó en España, cuando ediciones Encuentro aun tenía su impronta primera, que realmente tenía relación con el nombre "encuentro"... en fin, como ves, no es fácil recomendar, por el valor personal que tienen estas obras, y también por lo polifacético que hace difícil saber por qué lado captará tu interés.
Sea como sea, desde luego que te lo recomiendo.
Un abrazo.
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