El 15: leer Biblia desde la Biblia 03

Agosto 27th, 2007

A vista de águila 1

2.- Rostro del Dios de los Padres

“... Yahvé... vió nuestra miseria... nos sacó de Egipto....” Dt 26,7-8

a) “Mi padre era un arameo errante...” Dt 26,5
Sin morada permanente, yendo y viniendo a merced de las lluvias, pastos, estaciones y no menos de gustos, intereses y caprichos de agricultores asentados o habitantes de las ciudades, la supervivencia de los grupos de pastores trashumantes estaba condicionada a una fuerte cohesión familiar de todos los miembros bajo la guía sabia, astuta y experimentada de la figura central constituida por los ancianos o pratriarcas. Todos los individuos del grupo se habían de comportar como miembros fuertemente responsables de una sola familia coherente.
Los patriarcas mismos adquirían su preeminencia a base de una larga y abnegada entrega de por vida a la familia y a todo el grupo por una parte, y de un activo participar en todo tipo de conflictos y soluciones que aquel vivir comportaba. Ello les hacía colmados transmisores de los valores que daban sentido a aquel peregrinar y al mismo tiempo les proporcionaba tacto y energía para afrontar problemas internos y externos.
La imagen y culto del Dios de los Padres estaba fuertemente integrado en este estilo de vida andariega, rodeada de peligro, pero familiar y entregada.

b) Dios con nosotros
La movilidad que comportaba el cuidado de los rebaños, no permitía edificar templos fijos que tendrían que quedar largo tiempo abandonados, ni lugares sagrados ni ritos u objetos de culto demasiado sofisticados, aunque hicieran uso de los lugares erigidos ya a diversas divinidades.
Pero el Dios propio de estos pastores tenía su morada en el campamento, a modo de supremo y entrañable patriarca. Desde su tienda propia participaba en la vida y daba consistencia a las cotidianas peripecias del grupo. Era poseedor de la máxima sabiduría, perspicacia y fuerza con las que fundaba y culminaba el sentido de la vida tribal y del trabajo.

En su larga historia, Israel se vió sometido a cambios radicales en el modo de vivir, que comportaron a su vez profundas innovaciones a la hora de imaginar y relacionarse con la divinidad. Desde la más íntima y familiar compenetración con su Dios, se llegó a pasar a un sentido de santidad que relegaba su presencia a lo más recóndito del Templo y a la más alejada esfera celestial, separándole completamente de nuestra vida y mundo profanos.
Las expresiones de la relación amorosa de Dios con Israel tuvieron que adecuarse a la cultura, teología y manías teológicas de cada época. A pesar del retroceso que a veces comportó esta acomodación en puntos bien importantes, a la postre cristalizó en una enorme riqueza de expresión de la santidad y trascendencia de Dios, así como de su Amor y de la intimidad a que este Dios siempre invitaba a su Pueblo.
Pero la experiencia de los Patriarcas, la salvación de Egipto y el don de la Tierra Prometida, que constituían el origen mismo y la vocación del pueblo de Israel, siempre permanecieron estrechamente vinculadas al Amor e intimidad con Dios.Toda la biblia está penetrada de esta original proximidad amorosa y solícita de un Dios, santo e irresistible por lo demás.
Ello es lo que da un encanto tal a esta profesión de fe, surgida en plena época agrícola, de suyo menos proclive a familiaridades con Dios, que a la veneración con reverente temor del misterio de la vida en la naturaleza, en su cíclico brotar, fructificar y morir para emeger de nuevo renovada. Para nuestro Israel, todos los misterios de la vida, todavía no pasaban de ser sino un simple regalo de Dios, que tan graciosamente los mimaba.
“Nos trajo aquí y nos dió esta tierra, tierra que mana leche y miel. Y ahora traigo las primicias...” Dt 26 9-10.

La experiencia personal de Jesús y el gemido inenarrable de su Espíritu en la Iglesia, son la confirmación definitiva de que el espíritu de filiación y la intimidad con Dios, es el contenido primordial de toda Palabra divina, y nuestro primer objetivo al leer la biblia.

Jordi
etf. junio,2007

Pentecostés 11

Agosto 11th, 2007

1.- Antiguo Testamento

g) 04 Abraham, entre vida y esterilidad

Casi de risa, pero Promesa

“no…Saray …su nombre será Sara… de ella también te daré un hijo… Abraham cayó rostro en tierra y se echó a reir...” Gn 17,15-17
“¿Cómo así se ha reído Sara, diciendo: ¡Seguro que voy a parir ahora de vieja!...” Gn 18,13

Espíritu divino, llevasteis la Promesa a una esfera celestial, en el que la potencia humana ya no contaba para nada, y para el hombre empezaba a sonar a música celestial, o mejor a chiste terrestre, sobre todo a los oídos de Sara, quien posiblemente le iba un poco a la zaga a Abraham, a la hora de apreciar lo misterioso y trascendente de tu santo mundo, desde el cual nos alientas.
Hasta el viejo Abraham ya empezaba a sentir cercana y como la gran bendición, al hijo de la esclava, Ismael, relegando un poco la incesante promesa de tener un hijo como Dios manda. ¡Con qué diáfana claridad queríais mostrarnos sin dejar lugar a duda alguna que erais vosotros quienes elegisteis, plasmasteis y enviasteis al niño de la promesa!
Este niño sería la expresión humana de vuestra amorosa e inconmovible promesa, que trasciende toda imposibilidad humana. Esta total limitación humana había llegado a tal realismo, que cuando se mencionaba a la futura madre Sara, a pesar de toda la seriedad con que hablabais como correspode a todo un Dios, ya empezaban a aparecer las risitas humanas, primer paso de la tentación de incredulidad. Por ello vuestra palabra subió de tono: ¿Es que hay nada milagroso para Yahvé? (18,14)
Era verdad que la promesa cada vez se parecía más a una broma, pero Abraham sabía por larga experiencia que cuando dabais la palabra a alguien, erais la seriedad misma. Además esta vez habíais ya puesto fecha, bien cercana por cierto, contra lo que parecía vuestra costumbre: “...Isaac, el que Sara te dará a luz el año que viene por este tiempo.” Gn 17,21 (18,10)

Al fin, padre de Isaac

“Concibió Sara y dió a Abraham un hijo en su vejez, en el plazo predicho por Dios.” Gn 21,2
Habías conseguido, Espíritu Santo, que el creyente Abraham pudiera abrazar el derroche de alegría con que Isaac le inundaba, sin perder tú nada de la perfecta posesión con que reinabas en su vida. Al contrario, el hijo era para Abraham auténtica expresión del gozo de tenerte por Amigo, al mismo tiempo que testificaba la fiabilidad y el misterio de tu insondable santidad. Cada año de aquel tan largo esperar, se convertía ahora en un redoblado gozo, y testificaba la enorme parte que te pertenecía a ti directamente en aquella pequeñita humanidad: En verdad era hijo de la Promesa.
¡Cómo condensaba aquella tierna existencia, la larga historia del patriarca liberado a tus manos, que le llevaron y trajeron por caminos sobrehumanos de impotencia, total confianza y regia seguridad!
Sólo riendo entre lágrimas podía deshogar el torrente de vida que le embargaba junto con Sara, y cuyos orígenes y desenbocadura, velados por tu misterio, sin duda se adentraban en la eternidad: “Dios me ha dado de que reir; todo el que lo oiga, reirá conmigo” Gn 21,6

Eras tan agasajado en aquella familia, y colmabas de tal manera su felicidad, que a marchas forzadas iban resultando imagen viva de vuestra eterna trinitaria unidad.

Pentecostés 10

Agosto 4th, 2007

1.- Antiguo Testamento

g) 03 Abraham, justo y padre por fe

Historia de una certera ilusión:

“De tí haré una nación grande y te bendeciré” Gn 12,2
“A tu descendencia he de dar esta tierra” Gn 12,7
De verdad, oh Espíritu, tu obra fue perfecta, siguiendo una perspicaz y amorosa trama, capaz de sacar de quicio al más cuerdo y experimentado creyente humano. Se diría que delineabas el bosquejo del Verbo eterno traducido a vida mortal humana, regocijo y prez del corazón del Padre. Como el Verbo tendría que acoplar todo su amor, sabiduría y perfección a las rigideces de la pecadora morada humana, así flexionaste todas las articulaciones de Abraham para que pudiera disfrutar como si estuviera en su casa, al ser invitado repetida y largamente a tus moradas santas.
Desde el principio de su obediente peregrinación, empezaste a atizar con fuerza de huracán, el fuego que había consumido en la más desolada desazón, su vida ya larga. Cuando acababan de esfumarse las últimas esperanzas de tener prole, tu le pusiste de nuevo ante los ojos, como tarta de cumpleaños, la promesa de que le haríais una nación grande y que a esta descendencia le daríais aquella tierra.
Pasaba tiempo y más tiempo; precioso tiempo, si había de ser padre. Sara, ya impaciente, le dió su esclava egipcia quien pronta y orgullosamente le ofrecía el deseado hijo, para colmo de ironías.
Siguió pasando el tiempo, y la herida de su corazon se iba amortiguando con el hijo de la esclava.

Increíble credulidad

“No temas, Abram. Yo soy para tí un escudo. Tu premio será muy grande” “Dijo Abram: Mi Señor… ¿qué me vas a dar…? …Y un criado de mi casa me va a heredar.” Gn 15,1-3
¡Como sangraba el corazón de tu amigo, viendo que el tiempo pasaba y cada vez imposibilitaba más y más tantas formidables promesas! Sangraba el corazón de Abram, tu amigo, pero ni los dolores ni lo incomprensible de las promesas, conseguían apartarlo de tu lado ni disminuir el hechizo que tu presencia le suscitaba por encima de sus mismas ansias de ser padre.
“No te llamarás más Abram, sino… Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido… y reyes saldrán de ti.” Gn 17,5-6
Contra toda esperanza vuestras promesas machaconamente se repetían cada vez más excelsas, pero nunca cumplidas, como para hacer hasta reir y exclamar a Abram: “¿A un hombre de cien años va a nacerle un niño?… ¡Si al menos Ismael viviera en tu presencia! Gn 17,17-18
Pero vuestro brazo no se daba a torcer, divino Espíritu, y volvisteis sobre la carga: “No te heredará ése, sino… uno que saldrá de tus entrañas… Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes… Así será tu descendencia” Gn 15 4-5

La Fe, fuente de fecundidad y justicia

“Y creyó él en Yahvé, el cual se lo reputó por justicia” Gn 15,6
Finalmente llegabas, divino Espíritu a tu meta tan deseada: Que quedara desdibujada la línea que separaba claramente la fecundidad de Abraham y Sara, y la inmensa fecundidad de vuestra promesa que sobrepasa la enormidad de tierra y cielo estrellado. Isaac será el hijo de la Promesa hecha por Dios al creyente Abraham, de tal modo que Ismael no pueda apellidarse ni siquiera “uno salido de tus entrañas” (Gn 15,4)
Abraham y la divina Promesa engendraron al hijo esperado, que de nuevo aclaraba que la fecundidad proviene de vosotros en quien reside la Vida, y que la fe en tu misterioso recrear vivifica y hace al hombre transmisor de vida. Por creer en vosotros, Abraham fue padre de pueblos innumerables que además serían bendecidos con la promesa y la justificación del patriarca, que por la fe había sido justificado, adentrado en vuestro misterio y amistad. (18,17).
En realidad todos los pueblos de la tierra quedaban benditos de aquella creyente bendición, que constituía alegría y reto al mismo tiempo, para un mundo que retornaba a las antiguas sendas de pecado.
“Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra” Gn 12,3

Había empezado la Historia Sagrada.

El 14: leer Biblia desde la Biblia 02

Julio 31st, 2007

A vista de águila 1

1.-Poderoso Salvador (2)

“...clamamos y Yahvé escuchó... vió nuestra miseria... nos sacó de Egipto... y nos dió esta tierra...” Dt 26,5-10

b) Dios, Com-pasión
Memoria imborrable resultó la compañía del Señor, entre el gozo, miedos y pesares del peregrinar de los padres. Pero donde realmente se hizo el Señor famoso, fue en el derroche de compasión con su pueblo esclavizado y en vías de exterminio, que le obligó a mostrar su mano dura en Egipto. Mano dura que a nosotros tanto nos encanta; casi tanto como a Él le disgusta el desplegarla: sólo la pura provocación a su misericordia por parte del hombre, al fin lo consigue.
“...clamamos a Yahvé Dios de nuestros padres, y Yahvé escuchó nuestra voz”(v.7a)
Dios es incapaz de cruzar los brazos ante el clamor del indefenso y oprimido, acabando por medirse con cualquier interesado u opresor, aunque fuera todo un temible e inconmensurable Egipto. El lamento del mísero le hace repasar y contar cada repliegue de herida, cada lágrima exprimida a fuerza de penas, cada chasquido de látigo del opresor. La herida más mínima infligida a nuestra carne, hace gemir con alma dolorida a nuestro Señor. Es este continuo crujir de huesos a medio aplastar, lo que obliga a Dios a repasar con mirada atenta cada minuto de historia y de vida. Es un Dios Com-pasión.
“vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión...” (v.7b)

Pero además es un Dios omnipotente, a quien no puede amilanar ni nuestra presunción ni menos nuestra fuerza y poderío. Convirtió en plaga lo que era fuente de prosperidad para el opresor, hasta que éste capituló. Es muy posible que desde el principio cometiéramos el error de querer medir la inmensidad de su Amor con la grandiosidad de las plagas. No, aunque no resultara claro hasta mucho después, su Amor no se puede equiparar a las plagas, ya que el corazón de Dios sangraba también por el Egipto vanamente retador. Porque el Señor Dios era misericordioso, hizo sentir pesadamente su mano, pero con dolor por parte suya: propiamente se trataba de la celebración del nacimiento de Israel, pero los fueron mezquinos intereses e inflexible corazón de Egipto, lo que acarreó tan gran terror y pena.
“y Yahvé nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, señales y prodigios.” (v.8)
Este inconfundible obrar divino todavía resuena siglos más tarde en el salmo y en labios de María: “A los hambrientos, colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.”Lc 1,53.

2.-Padre provisor

“Nos trajo aquí y nos dió esta tierra, tierra que mana leche y miel” Gn 26,9.

Breve pero imborrable pincelada del cariño y gratitud al Señor y a aquella tierra, don de vida, herencia gratuita que a modo de sello mostraba como indisoluble el lazo de familia que los israelitas tenían con Dios. Como en Gn 1. la creación, aquí la tierra era lazo visible de dependencia del creador: el regalo de Palestina posibilitaba a Israel su vida, alumbrada cuando les sacó de Egipto, forjada en la marcha por el desierto y declarada adulta con el asentamiento en la tierra.
Palestina, el ensueño de los padres y al mismo tiempo objeto de irrevocable promesa allá en la lejanía, garantizada por Dios, era ahora don visible de vida, que los constreñía a vivir delante de Dios y ofrecerle lo más exquisito de la cosecha.

¡Qué irresistible parecido tenía este Dios con el Anciano, sabio guía del grupo nómada por veredas y páramos hasta los pastos y riachuelos: custodio del recto proceder de todos en las tiendas, en constante desvelo por todos, después de haber entregado ya toda la vida a su propia familia!

Jordi
etf. mayo,2007

Pentecostés 09

Julio 26th, 2007

1.- Antiguo Testamento

g) 02 Abraham, el creyente

“...Vete… de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré…” Gn 12,1

Madurar en la fe

No te puedo ocultar divino Espíritu, que extremecen las increíbles zozobras que suelen experimentar los que plácidamente se abandonan a tu aura. Debe ser algo inherente a tu suave pero decidida caricia. Con ella Tú mismo te vas acoplando a nosotros los humanos en orden a despertarnos, y transformarnos en imagen inconfundible del Verbo divino, para deleite del Eterno Padre.
Tan amorosa caricia, más que a una conversación de enamorados, con frecuencia nos resulta semejante a una secuencia de terremotos. Debe ser lejano eco del descomunal forcejeo al que te sometes Tú mismo, sutil Espíritu del Padre y de la Palabra, para penetrar en nuestro corazón alborotado. Forma parte de la historia de tu acoso incesante para que te permitamos aspirar en nosotros al Padre del cielo y a Cristo, transformándonos en hijos de Dios y hermanos. Sólo porque Jesús nos reveló que eres Amor del Padre y del Verbo, es posible imaginar el anonadamiento de hacerte espíritu de nuestro mal inclinado corazón humano.
Pero con hombres como Abraham, tu combate resulta una auténtico ensueño: con esos pulmones humanos tan limitados, mírale con qué desparpajo respira eternidad!. El Padre lo planeó, el Hijo lo posibilita, y Tú divino Espíritu tienes la gloria de realizarlo.
La ingenuidad con que Abraham trataba contigo, de amigo a amigo, te lo hizo irresistible. El mismo Padre contemplaba emocionado la maravilla de senderos por los que se adentraba la creatura salida de sus manos, después de tantos siglos de desvelos, disgustos y cuidados. Por fin alguién se dejaba moldear confiadamente por tus portentosas manos. Y tú no perdiste la ocasión que tenías para realizar una creación maestra.

Desarraigo

A los 75 años (Gn 12,4) Abraham saboreaba a placer la agudeza que destellaba tu manera de conducir al volante. Era tu aspirar lo que siempre anhelaba su alma. Estaba ya preparado para la más divina odisea que jamás hubiera sido imaginada, y que siglos y siglos más tarde todavía tenía desconcertado al docto Nicodemo: “cómo puede uno nacer siendo ya viejo?” (Jn 3,4).
Acabada la tarea de arrancar de su terruño al patriarca, le invitaste a dirigirse a la absoluta inseguridad en desconocido país, de talante indescifrable. Pero él gustaba demasiado de tus acertijos, como para que le espantasen oscuridad, impotencia y hostilidades. Era rápido en encontrarte en cualquier paraje por insólito que fuera, y conocía bien tus escondites, como para sentirse huérfano en el más pagano de los mundos.
En oscuridad, pero siempre a tu lado fue recibiendo divinas promesas y alianzas, hasta remontarse a la cumbre del monte de Moria para obedecer por encima de la muerte, sacrificando al hijo de su amor, Isaac.
Cuál no sería la conmoción del Padre eterno, al ver aquella frágil creatura, sumida en el llanto, pero con un pose tan decididamente redentor. ¡Qué amores, presentimentos y dolores no embargaron a la Trinidad, ante aquel amigo impotente y dolorido, pero creyente consumado!. Definitivamente había empezado un mundo nuevo.

“Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz.” Gn 22,18