Pentecostés 02

Junio 9th, 2007

1.- Antiguo Testamento

b) La caída

El Padre paseaba al atardecer, respirando la fresca brisa, en cuya semejanza contigo, Espíritu Santo, debía regodearse complacido. El universo todavía tierno, acabado de salir del caos y la nada, estaba todo impregnado de tu viva sonrisa y candor.
De súbito el Padre se sintió sacudido en su paseo, y tuvo que dejar de lado los primores de la brisa y el frescor del atardecer, obras maestras entre lo creado. Algo raro acurría, que ponía en tu aspirar un gemido de dolor, después de tu primoroso y apacible delinear en cada flor y espina variados bosquejos del rostro del Padre, que la Palabra evaluaba con complacencia.
Algo ocurría, porque la misma Palabra se había quedado como estupefacta, y Adán y Eva no aparecían por ningún lugar.

¿Por qué esta inclinación que nos aparece como casi irresistible, a confiar vuestra energía, secreto, y sueños a manos tan torpes y corazones tan volubles como los de los seres creados? Casi dáis la sensación de que si no contarais con nuestra ayuda, vuestra obra no se podría consumar, siendo así que a la postre somos nosotros quienes acabamos estropeando tanta maravilla de ensueño en plena realización.
Es verdad que ya habías advertido a Adán y Eva que se cuidaran de comer del árbol, para discernir entre bien y mal: de lo contrario morirían.
Sin embargo forzosamente teníais que presentir que en un tris el hombre se plantaría, para enseñaros derecho y moral, y daros lecciones en cuestión de gobernar. ¿Cómo le confiaste, tan confiado toda aquella responsabilidad?
Pero parece que queréis que de gusto o mala gana, os tengamos que ayudar. ¡Ay, divino Espíritu, que no hay tarea difícil en la creación como la que pronto tendrías que comenzar: hacernos enamorar de nuevo, a pesar de nuestro terror a la muerte que exaspera y hace olvidar vuestra bondad!

La entera creación, obra de las ilusiones del Padre, obra de la gran pericia de la Palabra, obra de toda tu bondad, oh Espíritu, en un momento parecía como medio petrificada, abocada a la inanidad. Tanta maravilla, por nada.

Pentecostés 2006-2007.

La Santísima Trinidad.

Junio 3rd, 2007

“Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa, pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga...” Jn 16,13

Espíritu, guía certero en el camino hacia la Verdad, porque sólo hablas lo que oyes, sin mostrarte por ningún lado, tan fino y manso que tu palabra ni siquiera se deja articular, de tan queda.
Tú mismo estás configurado por el Verbo, por quien procedes del Padre; eres Tú quien dibuja en el rostro del Verbo aquella perenne sonrisa a la bondad y don sin límites del Padre; eres Tú quien extremeces de alegría el corazón del Padre ante un tal Hijo, todo amor, agradecimiento y devoción a tal Padre.

Vuestra total dedicación mútua a dejarse enajenar en el embrujo que posee el otro, resulta en un perfecto vacio que consuma la relaciones personales dentro de la identidad de la existencia.
¿No será este vacío del amor consumado, lo que Jesús llamaba “verdad completa” a la que nos has de guiar?
Todo un reto a tu pericia divina, ante tanta montaña de egoísmo, desánimo y pereza que asiduamente nos acompañan.

“...todos los que son guiados por el espíritu de Dios, son hijos de Dios... recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! Rm 8,14-15

3 de julio 2007

La Visitación de María

Junio 3rd, 2007

“¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” Lc 1,45

María, esclava del Señor, estás atenta siempre a su Palabra, aun cuando fuera tan confusa también para ti, como lo fue en la Anunciación: diáfana o misteriosa, nos la encarnas corporalmente y la regalas a nuestro rebelde mundo: Toda una Palabra divina, poderosa, creadora y siempre tan obediente a cada ilusión del Padre.
Este Verbo no podía sino enamorarse de ti, habitar en ti como en su propia casa, convertirte en su carroza triumfal, aun antes de nacer entre nosotros.
A la sombra del Espíritu, tu obediencia era don para el necesitado, al mismo tiempo que fructificaba y traducía en pequeña vida humana toda la Sabiduría de Dios, hecha Palabra.

Obediente, fuiste de corrida a servir a Isabel, avanzada en años. Pero la sombra habitada por el Espíritu ya no se apartaba de tí, y tu sola presencia o saludo llenaba de Espíritu divino a todo aquél que lo atisbara. Juan Bautista e Isabel son testigos.
“...en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo...” Lc 1,41

31 de mayo 2007

Pentecostés 2007

Mayo 27th, 2007

“...y yo pediré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.” Jn 14,16

Señor resucitado, tu admirable nueva vida nos ha llenado de alegría y admiración, después de haberte llorado en tu crucifixión por nuestro pecado. Te alejamos de nosotros por no poder soportar la sutil santidad de tu presencia que intentaba abrirnos sin equívocos a la invitación y abrazo del Padre; nosotros nos aferramos a nuestro vano libertinaje, y te hicimos partir, para quedar sumidos luego en la desolación por tu ausencia sin retorno.
Tú, que eres bueno y comprensivo con nuestra veleidad, retornaste, y engrandecido además, para ser nuestro Señor omnipotente y glorificado por encima de toda categoría nuestra.
Nos alegraste por la vida e inmortalidad que derrochabas a caudales: Mucho misterio y Reino celestial, como para que nosotros los pudiéramos compartir. Tú mismo lo sabías y nos habías prometido no dejarnos al desamparo. El Paráclito era tu gran cetro para gobernar, y nuestro prometido Protector, que nos conduciría no sólo a tu compañía sino hasta lo recóndito de tu trinitaria intimidad, oh Verdad consumada.

“Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros” Jn 14,20

¡Qué alegría nos das hoy, divino Espíritu, porque vienes no sólo a mostrarnos vuestro Misterio, sino a hacernos tomar parte en Él, para que os encarnemos nuevamente sobre la tierra en nuestra vacilante humanidad!
Concédenos Tú mismo en este día, la gracia de ser arrastrados por el hechizo de tu divino actuar.

Pentecostés 01

Mayo 27th, 2007

1.- Antiguo Testamento

Actuación trinitaria del Espíritu

Después de veinte siglos de admirar desconcertados y ser invitados a participar en el misterio de vuestra vida trinitaria, en cada línea de la biblia, oh Espíritu Santo, sentimos delineados mil matices de la intimidad de la trinitaria vida divina. Resulta tan intrigante como consolador sernos dado el poderse asomar a vuestra total comunión.
Ya desde el principio el Padre, al poner manos a la obra en todas sus proezas antiguas, procedía a través le la Palabra, y confiaba a tu dinamismo, divino Espíritu, su plasmación concreta y su consumación. Mientras Tú nos muestras a través de tantas hazañas o de la repetida vida cotidiana, la perspicacia de la Palabra y la Gloria del Padre, tambien tu estilo de obrar se va perfilando más y más desde tu oculto dinamismo.

a)La creación

En el principio te posaste sobre el caos, ya sea como torbellino que hace más urgente la mediación mesurada de la Palabra para transformarlo en cosmos habitable, ya sea como abrazo que penetra hasta los huesos del caos y lo hace atento y obediente a la palabra: “Dijo Dios: ¡Haya luz!, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la tiniebla”.
Esta atinada acción puso en marcha la benévola decisión del Padre, hecha en consejo trinitario, de comunicar su propia vida y bondad a inumerables advenedizos. Diseñó y fundamentó la dinámica de cielos y tierra, ornamentándolos además con mil lindezas de su divina imaginación.
Como remate nos creó a nosotros, los humanos, hechos a su propia imagen trinitaria, para encargarnos el mantenimiento de tan complejo mecanismo, alientados por tu familiaridad con la Palabra y tu energía de consumador.
Cada día podemos gozarnos en miles de maravillas que testifican vuestra obra realizada en plena concordia trinitaria.

Pentecostés 2006-2007.