Oración para completar el día
por Fonso
Himno litúrguico.
El sueño, hermano de la muerte,
a su descanso nos convida;
guárdanos tú, Señor, de suerte
que despertemos a la vida.Tu amor nos guía y nos reprende
y por nosotros se desvela,
del enemigo nos defiende
y, mientras dormimos, nos vela.Te ofrecemos, humildemente,
dolor, trabajo y alegría;
nuestra plegaria balbuciente:
«Gracias, Señor, por este día.»Recibe, Padre, la alabanza
del corazón que en ti confía
y alimenta nuestra esperanza
de amanecer a tu gran Día.Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.
Oración matutina
por Fonso
Himno litúrgico.
En esta luz del nuevo día
que me concedes, oh Señor,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.Dichoso yo, si al fin del día
un odio menos llevo en mí,
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.Que ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz. Amén.
Una fuente en el desierto de mi corazón
por Fonso
Himno litúrgico.
Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén.
Conversión del corazón
por Fonso
Atenagora, Chiesa Ortodossa e futuro ecumenico. Dialoghi con Olivier Clément, Brescia 1995, pp. 209-211.
Hay que conseguir desarmarse.
Yo he hecho esta guerra. Durante años y años.
Ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado.Ya no le tengo miedo a nada, porque "el amor ahuyenta el miedo".
Estoy desarmado de la voluntad de prevalecer,
de justificarme a expensas de los demás.
Ya no estoy alerta,
celosamente aferrado a mis riquezas.
Acojo y comparto.No me importan especialmente mis ideas, mis proyectos.
Si me proponen otros mejores, los acepto de buen grado.
Es decir: no mejores, sino buenos.
Lo sabéis: he renunciado al comparativo...
Lo que es bueno, verdadero, real, esté donde esté, es lo mejor para mí.
Por eso ya no tengo miedo.
Cuando ya no se posee nada, ya no se tiene miedo."¿Quién nos separará del amor de Cristo?" [...]
Pero si nos desarmamos, si nos despojamos,
si nos abrimos al Dios-Hombre que hace nuevas todas las cosas,
entonces es Él quien borra el pasado malo
y nos devuelve un tiempo nuevo
donde todo es posible.
Llamados a ser santos
por Fonso
De Thomas Merton en "San Bernardo, el último de los Padres".
“Estamos llamados a ser santos no por nuestras fuerzas, puesto que carecemos completamente de ellas, sino por la fuerza que comunica la cruz de Cristo”(143)
“No estamos llamados únicamente a temer a Dios o a honrarle: estamos llamados a amarle con todas nuestras fuerzas; amarle hasta olvidarnos radicalmente de nosotros mismos; hasta identificarnos con Él”(144).
Escribiendo sobre la santidad
por Fonso
De Thomas Merton en "San Bernardo, el último de los Padres".
“El enigma de la santidad es la tentación y ordinariamente la ruina de los historiadores. La santidad nace de un conflicto, de contradicciones que se concilian en la unidad” (28).
“Hay otros elementos antagónicos que se deben conciliar y armonizar en todos los santos: lo humano y lo divino” (32).
“Insistiendo en aspectos visibles y accidentales, nos quedamos en la superficie de las cosas, pues aquellos emanan de una vida de santidad profunda e invisible. Lo esencial, no lo olvidemos, es lo que no vemos. Todo aquello que se relaciona con el misterio central, todo cuanto se capta fácilmente en la vida de un santo, no tiene gran alcance; a lo sumo es señal de una santidad interior. Los pensamientos y las virtudes de un santo no son cosas maravillosas en sí mismas; sólo son a manera de relámpagos, muy significativos, que emergen de la noche del misterio de Dios y del corazón mismo de ese misterio. Un santo no representa ni su época, ni su país, ni siquiera a sí mismo: es un signo de Dios, signo para su generación, signo para todas las futuras generaciones” (33).
“Los santos no sólo poseen la vida, sino que la comunican; sólo aquellos que la recibieron de ellos son los que mejor pueden hablar de su santidad” (33).
Os presento a mi otro blog
por Fonso
Vínculo: http://catolicoderitocristiano.blogspot.com/
Con ocasión de la crisis financiera mundial, se me disparó la creatividad. ;)
Así empecé Católico de rito cristiano en blogger.
Ahora, con la actualización del programa de blogs resucité éste y... tengo dos.
Lo que no hay en la categoría "En voz alta", está allí.
Benedicto XVI recuerda que la Teología, sin una auténtica fe, se transforma en un vano ejercicio intelectual.
por Fonso
Miércoles, 21 oct (RV).- "La fe es ante todo encuentro personal e íntimo con Jesús, experiencia de su cercanía, de su amistad y de su amor: sólo así se aprende a amarlo y a conocerlo cada vez más: augurémonos que esto nos pueda suceder a cada uno de nosotros”. Son palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General, recordando la figura de san Bernardo, uno de los mayores autores del pensamiento teológico medieval.
El Santo Padre ha presidido la Audiencia de esta mañana en la plaza de San Pedro donde han seguido su catequesis más de 40 mil fieles y peregrinos llegados de todo el mundo.
Según el Papa, que ha pasado la mayor parte de su vida estudiando y enseñando teología, “las grandes reflexiones teológicas sobre los misterios divinos” pueden convertirse “en un vano ejercicio intelectual” sino vienen alimentadas con “una íntima relación con el Señor”.
El abad de Claraval, ha subrayado en este sentido el Pontífice, amaba repetir a los teólogos y a los monjes de su tiempo que “uno es sólo el nombre que cuenta: el de Jesús el Nazareno”. “Árido es hoy el alimento del alma si no es aliñado con este aceite, sino es sazonado con esta sal. Lo que escribo no tiene sabor, si no leo a Jesús”. Sobre estas palabras de san Bernardo y sobre la figura de uno de los más grandes doctores de la Iglesia, que vivió en la primera mitad del siglo XI, el Pontífice ha recordado su compromiso espiritual y civil que lo llevó entre otras cosas a defender a los judíos. El Papa ha señalado la lenta vocación religiosa del santo, que no le impidió, sin embargo, poder intervenir en la vida monástica y ocuparse de las graves cuestiones de la Iglesia y de la Santa Sede, sin perder nunca de vista la centralidad de la oración y la contemplación. San Bernardo recordó a los monjes la necesidad de una vida sobria y mesurada en la mesa, en los indumentos y en los edificios monásticos, recomendándoles el cuidado de los pobres.
Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho el Santo Padre en español para los peregrinos de nuestra lengua, presentes en la plaza de san Pedro, que han participado en la audiencia:
Queridos hermanos y hermanas:
San Bernardo, conocido como el último de los Padres de la Iglesia por la capacidad que tuvo de recoger la herencia de la sabiduría patrística, nació en mil noventa en Fontaines, Francia. A los veinte años ingresó en la comunidad monástica de Citeaux, y fue enviado después a fundar un monasterio en Claraval, de donde fue abad. Desde allí mantuvo una copiosa correspondencia con personas de todo tipo, componiendo también gran cantidad de sermones, sentencias y tratados. A partir de mil ciento treinta, se ocupó asimismo de cuestiones que afectaban a la Santa Sede y a la Iglesia universal. Con sus escritos combatió la herejía de los cátaros, a la vez que defendió a los judíos. San Bernardo, cuya doctrina destaca por la centralidad concedida a Jesucristo y a la Virgen María, recuerda que sin una fe profunda en Dios, alimentada por la oración, la contemplación y la unión íntima con el Señor, la reflexión sobre los misterios divinos corre el riesgo de quedarse en un ejercicio intelectual vano y poco convincente.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a las Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, acompañadas por el Señor Cardenal Antonio Cañizares Llovera, presentes en Roma para dar gracias a Dios por la reciente beatificación de su Fundador, el Cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, Arzobispo de Toledo y Primado de España; a los fieles de la Diócesis de Netzahualcóyotl, con su Obispo, Monseñor Carlos Garfias Merlos, así como a los demás grupos procedentes de España, México y otros países latinoamericanos.
Que las enseñanzas de San Bernardo de Claraval nos ayuden a encontrarnos personalmente con Jesús, experimentando su cercanía, cultivando su amistad e imitándolo cada día más. Muchas gracias.
Saludando en polaco, Benedicto XVI ha recordado a los fieles de esta lengua, presentes en la audiencia, que está finalizando el Sínodo para África. Como sabéis, les ha dicho el Papa, la Iglesia en este continente, a pesar de tantas dificultades, crece continuamente. Además de propagar y profundizar la fe en Cristo, ayuda a los pueblos que todavía sufren a causa de la pobreza, por los conflictos y por la falta de acceso a la instrucción y a la sanidad. ¡Que no les falte nuestra ayuda espiritual y material! ¡Que Dios les bendiga! Antes de finalizar, como siempre, el Santo Padre se ha dirigido a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. Queridos amigos, el mes de octubre nos invita a renovar nuestra activa cooperación en la misión de la Iglesia. Con las energías propias de la juventud, con la fuerza de la oración y del sacrificio y con la potencialidad de la vida conyugal, sabed ser misioneros del Evangelio, ofreciendo vuestra ayuda concreta a cuantos se esfuerzan dedicando su total existencia a la evangelización de los pueblos. Al finalizar la Audiencia, el cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha entregado al Santo Padre una copia del Compendium Eucharisticum, publicado el 19 de octubre por la Editorial Vaticana. Se trata de un volumen que recoge los textos del catecismo de la Iglesia Católica, plegarias, explicaciones de las Oraciones Eucarísticas del Misal y todo lo que puede ser útil para la correcta comprensión, celebración y adoración del sacramento de la Eucaristía.
Filosofía de los castillos de arena
por Fonso
Vínculo: http://monjaguerrillera.com/elienai-cabral-jr-arena-1/
Pedirle a los castillos de arena algo que no pueden dar es construirse su propia amargura. Eso es lo que hoy más me perturba en el ambiente religioso: la pretensión de ostentar la verdad y de que la verdad nos pertenece. El castillo de arena de tener el libro infalible, la correcta doctrina fundamental, el ambiente de personas superiores, la fe a toda prueba, la certeza imbatible de la mejor religión, la seguridad de un mundo controlado por la omnipotente mano divina. Creemos que nada acontece sin un propósito superior y nos olvidamos de que toda esa construcción, por más bonita e incrementada que haya sido, está hecha de palabras que son sólo arena al borde del mar.
Mi oficio de pastor se parece mucho a mis aventuras en las tantas playas que frecuenté en la infancia. Quedaba desconforme con los primos que venían de otro lado, que eran caprichosos y sin gracia. Así veo a muchos creyentes cuando viven una consternación. Su tormento no se debe a simplemente a una perdida, sino al desmantelamiento de la seguridad que no pasaba de ser más que un simple castillo de arena inútilmente vigilado.
La gracia de los castillos de arena es que toda vez que llegamos a la playa podemos construir uno nuevo. Y así que desmoronados unos, podemos hacer otros o, mejor aún, intentar nuevas cosas en este espacio siempre tan abierto e inventivo.
Tal vez debiéramos aprender de los castillos de arena cuando hacemos nuestras construcciones de fe. Porque de la misma forma que los castillos de la infancia son hechos de arena, nuestra fe es hecha de palabras. No hay nada de errado en construir nuestra fe como esos castillos, siempre y cuando no olvidemos de que son arena suelta y de que están a la orilla del mar. No hay nada de malo en enamorarnos de nuestras construcciones de fe, siempre y cuando no olvidemos de que son hechas de palabras, de signos impotentes y transitorios, articulados a la orilla de la incontrolable y contingente vida humana.

23.01.10 23:40:00, 