Las otras vías para llegar a Dios
por toñi
Esas dificultades, lejos de decrecer, en nuestros días han aumentado. En efecto, la cultura dominante no se caracteriza por la racionalidad, sino por el impacto visual, visceral, puntual y voluble.
En este contexto, los argumentos metafísicos con los que Santo Tomás de Aquino demostraba en el siglo XIII la existencia de Dios, sin haber dejado de ser verdaderos, están supeditados a la capacidad de raciocinio del hombre, que no siempre podemos dar por supuesta. Desgraciadamente, la filosofía occidental contemporánea ha renunciado mayoritariamente a plantearse las cuestiones fundamentales sobre la verdad objetiva y el sentido de la existencia, para reducirse al ámbito de la practicidad inmediata, ignorando los anhelos más profundos del hombre.
Juan Pablo II describía así en la encíclica Fides et Ratio la crisis de pensamiento del momento presente: “Tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia, corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal.” (n. 48)
En este contexto, y sin dejar en el olvido la labor subsidiaria que la fe está llamada a desarrollar en el terreno de la reflexión filosófica, es necesario proponer al hombre de hoy otras vías de acceso a Dios, que, aunque sean menos concluyentes desde el punto de vista racional, frecuentemente serán más efectivas, supuestas las características de nuestra cultura. Por lo demás, las vías racionales del conocimiento de Dios, siempre estuvieron complementadas con estas otras “vías existenciales”. Proponemos brevemente algunas de ellas:
1.- El testimonio de los santos:
Las virtudes heroicas que el Espíritu Santo ha suscitado en los santos, maravillan y cuestionan a todos aquellos que buscan la verdad y están dispuestos a seguirla una vez encontrada. En la historia de la Iglesia hemos podido comprobar frecuentemente que el testimonio de los santos ha ganado más almas para Dios que la erudición de los sabios. Es verdad que no debemos oponer las vías racionales a las existenciales, pero tampoco conviene que olvidemos aquel refrán: "Las palabras -a lo sumo- convencen, pero el ejemplo arrastra".
2.- El grupo cristiano:
Es claro que Dios es “familia” y que tiene un estilo “comunitario”. Quiso revelarse a un pueblo, y está especialmente presente allí donde nos reunimos en su nombre. El encuentro con Dios no se suele producir caminando “por libre”. De hecho, es mucho más difícil encontrar la meta caminando en solitario.
Por el contrario, Dios sale al encuentro del hombre en su Iglesia, y con frecuencia lo hace a través de otras personas o del arropamiento de algún carisma concreto.
3.- El cultivo de la paz interior:
El estrés sofocante que comporta nuestro ritmo de vida, ha desarrollado una sensibilidad especial que valora sobremanera la paz interior. La Iglesia está llamada a cuidar espacios de silencio para el encuentro con Dios. Uno de los signos de los tiempos que observamos con sorpresa en estos momentos de intensa secularización, es la gran atracción que ejercen los monasterios contemplativos.
Sin embargo, conviene que hagamos una matización: mientras que en determinadas escuelas, la paz interior se oferta como una “técnica” para alcanzar un estado psicológico placentero; sin embargo, la Iglesia predica la fe cristiana, no precisamente como una técnica de relajación, sino como la “clave de sentido” de la que la paz interior es una mera consecuencia.
4.- El humanismo cristiano:
En nuestra cultura agnóstica, el hombre es presentado como la medida de todas las cosas. La existencia de Dios se pone en cuestión, ante la sospecha de que la fe pueda mermar la autonomía del hombre. Sin embargo, estos prejuicios caen por su propio peso, en la medida en que se demuestra la capacidad humanizadora del cristianismo. La Iglesia ha sido y es experta en humanidad, de forma que en su experiencia nos muestra a Cristo como la culminación de las aspiraciones de plenitud de la humanidad y como el camino práctico para verlas realizadas. La historia se ha encargado de demostrar que sin Dios no hay creencia auténtica en el hombre.
5.- La capacidad crítica ante los límites del agnosticismo:
No podemos menospreciar la “vía negativa” para llegar a Dios. En efecto, hay quienes llegan a Dios por exclusión (“Si Dios no existe, todo está permitido” Dostoiewski). La cruda experiencia de la degeneración moral en la que desemboca la secularización, ha permitido a muchos superar sus prejuicios ideológicos de partida, para abrirse al hecho religioso con disposición receptiva. Chesterton lo expresaba con gran agudeza: “Quitad lo sobrenatural, y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural”.
En resumen, las tradicionales vías racionales para el conocimiento de Dios, son complementadas por tantas vías “existenciales” de las que el Señor se sirve para salir a nuestro encuentro. No en vano, Benedicto XVI afirmaba en una de sus catequesis sobre los Santos Padres, que el camino privilegiado para conocer a Dios es el amor. “No existe un auténtico conocimiento de Dios sin enamorarse de Él”.
+ José Ignacio Munilla
www.enticonfio.org</font>
Jesús Crucificado
por toñi
A vos corriendo voy, brazos sagrados,
en la cruz sacrosanta descubiertos,
que para recibirme estáis abiertos,
y para no castigarme estáis clavados.
A vos, divinos ojos eclipsados,
de tanta sangre y lágrimas cubiertos,
que para perdonarme estáis despiertos
y para no confundirme estáis cerrados.
A vos, clavados pies para no huirme;
a vos, cabeza baja, por llamarme;
a vos, sangre vertida para ungirme;
a vos, costado abierto quiero unirme;
a vos, clavos preciosos quiero atarme
con ligadura dulce, estable, firme.
Juan M. García T. poeta colombiano
La llevaré al desierto y le hablaré al corazón
por toñi
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Así, pues, la primera gracia que tenemos que pedirle al Señor al comienzo de esta Cuaresma es la gracia de la humildad y de la verdad: la verdad de nuestra condición de hijos y hermanos, la humildad de nuestra existencia seriamente estropeada por el pecado. Dejar que Dios nos desvele nuestra pobreza radical, dejar que Dios ponga su mirada de amor y de ternura sobre nuestro pecado. Y para ello nos puede ayudar el Salmo 50: Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa. Contra ti, contra ti, solo pequé, cometí la maldad que aborreces.
Decía un gran maestro espiritual: Quien reconoce su pecado es más grande que quien resucita a un muerto.
Sin embargo no dejemos de maravillarnos por lo que Dios ha hecho ya en nosotros. Ha venido a nosotros, se ha desposado con toda la humanidad. De tal manera se ha hecho uno de nosotros que ha llegado a cargar con nuestras culpas y pecados para librarnos de ellos y curarnos. Esta obra de salvación es un don absolutamente gratuito. San Pablo insiste en la gratuidad de este don y nos dice: La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados de la cólera!
Tiempo cuaresmal: Dios nos tiende la mano. Dejémonos conducir por su Espíritu, por su amor, por su entrañable misericordia, que nos hace más libres al abandonar la esclavitud del pecado. Dejémonos atrapar por esta maravillosa obra de sanación y de regeneración espiritual. Aprovechemos este tiempo de gracia que el Señor nos da y volvamos a Él, con todo nuestro corazón y todo nuestro ser. Preparemos así, una vez más, el hermoso renacer de Pascua.
Os invito a echar una mirada a Moisés en el Desierto del Sinaí, al Pueblo de Israel recorriendo durante cuarenta años el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida, a Jesús viviendo durante cuarenta días en el Desierto. En esas páginas bíblicas hay una preciosa lección que debemos aprender a penetrar de manera que nos pueda servir en nuestra vida.
Lo que resalta de manera especial es lo que la Iglesia ha puesto en nuestras manos como medios para vivir en profundidad la Cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna (la caridad).
Vivamos con generosidad e intensidad espiritual este tiempo de gracia que es la Cuaresma.
Con mi afecto y bendición.
+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño
domingo, 01 de marzo de 2009
Villancico de las manos vacías
por toñi

Yo tenía
tanta rosa de alegría,
tanto lirio de pasión,
que entre mano y corazón
el Niño no me cabía...
Dejé la rosa primero.
Con una mano vacía
- noche clara y alba fría -
me eché a andar por el sendero.
Dejé los lirios después.
Libre de mentiras bellas,
me eché a andar tras las estrellas
con sangre y nieve en los pies.
Y sin aquella alegría,
pero con otra ilusión,
llena la mano y vacía,
cómo Jesús me cabía
¡y cómo me sonreía!
entre mano y corazón
José María Pemán
18.06.09 20:52:18, 