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El Testigo Fiel
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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XIX Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A, solemnidad
Hora Intermedia (Sexta)
Inicio

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V/. -Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. -Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya
 
Himno
A la gloria de Dios se alzan las torres,
a su gloria los álamos,
a su gloria los cielos,
y las aguas descansan a su gloria.

El tiempo se recoge;
desarrolla lo eterno sus entrañas;
se lavan los cuidados y congojas
en las aguas inmobles,
en los inmobles álamos,
en las torres pintadas en el cielo,
mar de altos mundos.

Él reposa en la hermosura
del corazón de Dios, que así nos abre
tesoros de su gloria.

Nada deseo,
mi voluntad descansa,
mi voluntad reclina
de Dios en el regazo su cabeza
y duerme y sueña...
sueña, en descanso,
toda aquesta visión de esta hermosura.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
por los siglos de los siglos. Amén.

(O en Tercia, del him. lat.: Nunc, Sancte, nobis, Spiritus):



Oh Santo Espíritu que con el Padre
Y el Hijo eres un solo Dios eterno:
Dígnate ya bajar hasta nosotros
Y entrar y derramarte en nuestros pechos.

Que la mente, la lengua y el sentido
Den testimonio de tu nombre excelso,
Y que las llamas del amor despunten
Y que al prójimo abrasen con su fuego.

Escúchanos, oh Padre piadosísimo,
Y haz que se cumpla nuestro buen deseo
Tú que reinas sin tiempo con tu Hijo
Jesucristo y el Santo Paracleto. Amén.

(O en Sexta, del him. lat.: Rector potens, veraz Deus):



Oh Rector poderoso y Dios verídico,
Que diriges las cosas y los tiempos,
Por quien son luminosas las mañanas,
Por quien los mediodías son espléndidos:

Líbranos del ardor de las discordias
Y del calor del pernicioso fuego;
Dales salud a nuestros cuerpos frágiles
Y verdadera paz a nuestros pechos.

Escúchanos, oh Padre piadosísimo,
Que siendo un solo Dios con tu Unigénito
Y con el Santo Espíritu Paráclito
Reinas en todo sitio y todo tiempo. Amén.

(O en Nona, del him. lat.: Rerum, Deus, tenax vigor):



Oh Dios, tenaz vigor de toda cosa,
Que inmóvil en Ti mismo permaneces,
Y que el orden del tiempo determinas
Por medio de la luz que nace y muere.

Dígnate concedernos en la tarde
Luz con que nuestra vida nunca cese,
Y haz que el bien infinito de la gloria
Siga a la gracia de una santa muerte.

Glorificado seas, Jesucristo,
Nacido del más puro y santo vientre,
Y que sean también glorificados
El Padre y el Espíritu por siempre. Amén.
Salmodia
utilizar salmodia complementaria
Salmo 117-I: Himno de acción de gracias después de la victoria
Ant: En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4,11)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.
Salmo 117-II:
Ant: La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
Él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.
Salmo 117-III:
Ant: El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

- Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

- Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

- Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

- Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.
utilizar salmodia habitual
Salmo 122: El Señor, esperanza del pueblo
Ant: Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Dos ciegos... se pusieron a gritar: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!» (Mt 20,30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
Salmo 123: Nuestro auxilio es el nombre del Señor
Ant: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Dijo el Señor a Pablo: «No temas..., que yo estoy contigo» (Hch 18,9.10)
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes;
hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió, y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Salmo 124: El Señor vela por su pueblo
Ant: El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
Paz sobre el Israel de Dios (Ga 6,16)
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
Lectura Bíblica
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Rm 8,22-23
Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no solo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
V/. Bendice, alma mía, al Señor.
R/. Él rescata tu vida de la fosa.
Final

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre, aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V/. Bendigamos al Señor.
R/. Demos gracias a Dios
 
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