Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
estoy registrado  |  ¿registrarme?
rápido, gratis y seguro
El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Domingo 11 de marzo: Año litúrgico 2017 ~ 2018
Tiempo de Cuaresma ~ Ciclo B ~ Año Par
Hoy celebramos:
IV Domingo de Cuaresma, solemnidad
2Cro 36,14-16.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo.
Sal 136,1-2.3.4.5.6: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Ef 2,4-10: Estando muertos por los pecados, nos has hecho vivir con Cristo.
Jn 3,14-21: Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.
o bien, puede escogerse las del ciclo A:
1S 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel.
Sal 22,1a.3b-4.5.6: El Señor es mi pastor, nada me falta.
Ef 5,8-14: Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.
Jn 9,1-41: Fue, se lavó y volvió con vista.
O bien más breve:
Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: Fue, se lavó y volvió con vista.
Comentario: Domingo de «Laetare» (Alegraos!)
2Cro 36,14-16.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo.
En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pue­blo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abo­minables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén.
El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal unto que ya no hubo remedio.
Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron es­clavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías:
«Hasta que el país haya pagado sus sábados,
descansará todos los días de la desolación,
hasta que se cumplan los setenta años.»
En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de pala­bra y por escrito en todo su reino:
«Así habla Ciro, rey de Persia:
"El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los rei­nos de la tierra.
Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá.
Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!"»
Sal 136,1-2.3.4.5.6: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
Ef 2,4-10: Estando muertos por los pecados, nos has hecho vivir con Cristo.
Hermanos:
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha re­sucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.
Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.
Jn 3,14-21: Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
-«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»
o bien, puede escogerse las del ciclo A:
1S 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel.
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
-«Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»
Cuando llegó, vio a Eliab y pensó:
-«Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo:
-«No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.» Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo:
-«Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé:
-«¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió:
-«Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.»
Samuel dijo:
-«Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel:
-«Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.
Sal 22,1a.3b-4.5.6: El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
el y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Ef 5,8-14: Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.
Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»
Jn 9,1-41: Fue, se lavó y volvió con vista.
Juan 9,1.6-9.13-17.34-38

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: -«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: -«¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: -«El mismo.» Otros decían: -«No es él, pero se le parece.» El respondía: -«Soy yo.» Llevaron ante los fariseos al que habla sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo habla adquirido la vista. Él les contestó: -«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: -«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: -«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: -«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: -«Que es un profeta.» Le replicaron: -«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: -«¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: -«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: -«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: -«Creo, Señor.» Y se postró ante él.
O bien más breve:
Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: Fue, se lavó y volvió con vista.
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
-«¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
El respondía:
-«Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó:
-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban:
-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»
Le replicaron:
-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lec­ciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
El contestó:
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo:
-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
-«Creo, Señor.»
Y se postró ante él.

Domingo de «Laetare» (Alegraos!)

Domingo IV de Cuaresma, ciclo B: 2Cro 36,14-16.19-23; Sal 136; Ef 2,4-10; Jn 3,14-21

por Abad Felipe, OSB
15 de mar de 2012

Mis hermanas y hermanos en Cristo:

No siempre es fácil alegrarse en el Señor. La liturgia de este domingo nos llama a alegrarnos, pero a veces nuestro corazón no puede hacerlo. El Libro Segundo de las Crónicas nos cuenta de las infidelidades de nuestros antepasados en la fe. Ellos simplemente no podían permanecer fieles a Dios, e iban de mal en peor. Hoy a veces parece que nuestro mundo sigue en la misma dirección. Baste sólo pensar en la innumerable gente inocente que muere en cualquier ataque terrorista alrededor del mundo. ¿Cómo puede ocurrir eso en nuestro mundo?

Dios permite el mal, pero Dios no hace el mal. A veces nuestros corazones resisten a Dios porque el mal ha tocado demasiado cerca de nosotros. En el relato del Libro Segundo de las Crónicas, Dios permite a su pueblo retornar a su tierra. Esto no ocurre porque el pueblo se haya vuelto bueno, sino sólo porque Dios es misericordioso. No vuelve nuestros pecados contra nosotros.

El Evangelio de San Juan refleja también eso: mira al Señor de la misericordia y quedarás curado. Juan es muy claro: Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara a través de él. Cada vez que nos enfrentamos con una imagen de Dios que hace aparecer a Dios como alguien que está esperando destruirnos o condenarnos, debemos pensar en este pasaje. Dios nos ama mucho más de lo que nosotros nos amamos a nosotros mismos.

La Carta a los Efesios nos dice que cuando estábamos muertos por nuestras transgresiones, Dios nos levantó para que viviéramos con él. Muy a menudo los cristianos no creemos realmente que Dios pueda amarnos tanto, y nos representamos imágenes limitadas del amor de Dios por nosotros. Pensemos en la parábola del hijo pródigo: el padre corre a recibir al hijo antes de que este tenga oportunidad de pedir disculpas. Sería un sinsentido que Dios tratará a su pueblo de otra manera que con amor.

Frecuentemente ocurre que no nos amamos a nosotros mismos porque no confiamos en Dios. Permitamos que Dios nos ame en este tiempo de Cuaresma. ¿Llegaremos a confiar en que él nos ama más de lo que podemos imaginar? ¡Entonces podemos alegrarnos en el Señor!

si deseas agregar un comentario personal a este escrito o calificarlo, debes abrirlo en la sección Publicaciones
© El Testigo Fiel - 2003-2016 - todos los contenidos del portal pueden reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa