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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Domingo 25 de febrero: Año litúrgico 2017 ~ 2018
Tiempo de Cuaresma ~ Ciclo B ~ Año Par
Hoy celebramos:
II Domingo de Cuaresma, solemnidad
Gn 22,1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
Sal 115,10.15.16-17.18-19: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Rm 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo.
Mc 9,2-10: Éste es mi Hijo amado.
Comentario: Dios está en favor nuestro
Gn 22,1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:
-«¡Abrahán!»
Él respondió:
-«Aquí me tienes.»
Dios le dijo:
-«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
-«¡Abrahán, Abrahán!»
Él contestó:
-«Aquí me tienes.»
El ángel le ordenó:
-«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.»
Abrahán levanto los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:
-«Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado a tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»
Sal 115,10.15.16-17.18-19: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Rm 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo.
Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
Mc 9,2-10: Éste es mi Hijo amado.
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
-«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
-«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
-«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Dios está en favor nuestro

Domingo II de Cuaresma, ciclo B: Gn 22,1-2.9-13.15-18; Sal 115; Rm 8,31b-34; Mc 9,2-10

por Abad Felipe, OSB
29 de feb de 2012

Mis hermanas y hermanos en Cristo:

Si Dios está en favor nuestro, ¿quién podrá contra nosotros? Cuaresma es el tiempo para reconocer que Dios está en favor nuestro, siempre y en todas partes. Dios está en favor nuestro, no importa cuánto parezca sernos contraria una situación. Dios está siempre en favor nuestro.

La primera lectura de hoy, del libro del Génesis, es un verdadero desafío; con frecuencia leemos historias como la de hoy, y no nos detenemos a pensar en la angustia de Abraham o en el terror de Isaac. Estas historias hablan de situaciones humanas terribles, y de la necesidad de encontrar a Dios en esos acontecimientos. Hablan de la incidencia de Dios en nuestras vidas, y de cómo debemos permanecer atentos a la escucha de Él. La historia de Abraham es una historia terrible, y nos ayuda a comprender el amor que Dios nos tiene al enviarnos a su hijo como Salvador.

El evangelio de hoy, con la sugerencia de Pedro, es casi cómico. Obviamente algo ocurrió en la montaña que desorientó a Pedro, Santiago y Juan. Ellos tuvieron un pequeño vistazo de la vida de Jesús y de su angustia. también vieron un poco de Su divinidad brillando a través de él. ¡Es una experiencia increíble!

Estas meditaciones nos repiten el mensaje: Dios nos ama enteramente, Dios siempre nos perdona. Dios está dispuesto a dar a Su Hijo en favor nuestro. ¡Jesús está dispuesto a morir por nosotros! Esa es la buena noticia de la Cuaresma. Que es buena noticia sólo si podemos escucharla. Nuestros oídos están a menudo cerrados. Las penitencias cuaresmales son una ayuda para que abramos los oídos. Las penitencias cuaresmales no tiene nada que ver con castigarnos a nosotros mismos, ni con decirnos a nosotros mismos que no servimos. Son para que crezcamos en el deseo de tener oídos para Dios, ojos para ver a Dios, y corazones para amar a Dios. 

Entonces, cuando comenzamos la segunda semana de Cuaresma, debemos caminar con alegría, incluso mientras continuamos con las penitencias. Permitámonos reconocer que queremos que nuestra vida cambie en todo lo que vivimos y esperamos, y ese puede ser el regalo de Dios, que nos ama.

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