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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Domingo 25 de junio: Año litúrgico 2016 ~ 2017
Tiempo Ordinario ~ Ciclo A ~ Año Impar
Hoy celebramos:
XII Domingo del Tiempo Ordinario, solemnidad
La liturgia hoy nos dice: El profeta encuentra hostilidad a su alrededor
Jr 20,10-13: Libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Sal 68: Que me escuche tu gran bondad, Señor.
Rm 5,12-15: No hay proporción entre la culpa y el don: el don no se puede comparar con la caída.
Mt 10,26-33: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.
Jr 20,10-13: Libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Oía el cuchicheo de la gente:
«Pavor en torno;
delatadlo, vamos a delatarlo.»
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si se deja seducir, y lo abatiremos,
lo cogeremos y nos vengaremos de él.»
Pero el Señor está conmigo,
como fuerte soldado;
mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo.
Se avergonzarán de su fracaso
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo
y sondeas lo íntimo del corazón,
que yo vea la venganza que tomas de ellos,
porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Sal 68: Que me escuche tu gran bondad, Señor.
Del maestro de coro. Según la melodía: "Lirios..." De David.

¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas

me llegan hasta el cuello!

Me hundo en el cieno del abismo,

sin poder hacer pie;

he llegado hasta el fondo de las aguas,

y las olas me anegan.

Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces,

mis ojos se consumen de esperar a mi Dios.

Son más que los cabellos de mi cabeza

los que sin causa me odian;

más duros que mis huesos

los que me hostigan sin razón.

(¿Lo que yo no he robado tengo que devolver?)

Tú, oh Dios, mi torpeza conoces,

no se te ocultan mis ofensas.

¡No se avergüencen por mí los que en ti esperan,

oh Yahveh Sebaot!

¡No sufran confusión por mí los que te buscan,

oh Dios de Israel!

Pues por ti sufro el insulto,

y la vergüenza cubre mi semblante;

para mis hermanos soy un extranjero,

un desconocido para los hijos de mi madre;

pues me devora el celo de tu casa,

y caen sobre mí los insultos de los que te insultan.

Si mortifico mi alma con ayuno,

se me hace un pretexto de insulto;

si tomo un sayal por vestido,

para ellos me convierto en burla,

cuento de los que están sentados a la puerta,

y copla de los que beben licor fuerte.

Mas mi oración hacia ti, Yahveh,

en el tiempo propicio:

por tu gran amor, oh Dios, respóndeme,

por la verdad de tu salvación.

¡Sácame del cieno, no me hunda,

escape yo a los que me odian,

a las honduras de las aguas!

¡El flujo de las aguas no me anegue

no me trague el abismo,

ni el pozo cierre sobre mí su boca!

¡Respóndeme, Yahveh, pues tu amor es bondad;

en tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos;

no retires tu rostro de tu siervo,

que en angustias estoy, pronto, respóndeme;

acércate a mi alma, rescátala,

por causa de mis enemigos, líbrame!

Tú conoces mi oprobio,

mi vergüenza y mi afrenta,

ante ti están todos mis opresores.

El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco.

Espero compasión, y no la hay,

consoladores, y no encuentro ninguno.

Veneno me han dado por comida,

en mi sed me han abrevado con vinagre.

¡Que su mesa ante ellos se convierta en un lazo,

y su abundancia en una trampa;

anúblense sus ojos y no vean,

haz que sus fuerzas sin cesar les fallen!

Derrama tu enojo sobre ellos,

los alcance el ardor de tu cólera;

su recinto quede hecho un desierto,

en sus tiendas no haya quien habite:

porque acosan al que tú has herido,

y aumentan la herida de tu víctima.

Culpa añade a su culpa,

no tengan más acceso a tu justicia;

del libro de la vida sean borrados,

no sean inscritos con los justos.

Y yo desdichado, dolorido,

¡tu salvación, oh Dios, me restablezca!

El nombre de Dios celebraré en un cántico,

le ensalzaré con la acción de gracias;

y más que un toro agradará a Yahveh,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Lo han visto los humildes y se alegran;

¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios!

Porque Yahveh escucha a los pobres,

no desprecia a sus cautivos.

¡Alábenle los cielos y la tierra,

el mar y cuanto bulle en él!

Pues salvará Dios a Sión,

reconstruirá las ciudades de Judá:

habitarán allí y las poseerán;

la heredará la estirpe de sus siervos,

los que aman su nombre en ella morarán.

Rm 5,12-15: No hay proporción entre la culpa y el don: el don no se puede comparar con la caída.
Por tanto, como por un solo hombre 'entró el pecado en el mundo' y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron;

- porque, hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley;

con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir...

Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno solo murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre todos!

Mt 10,26-33: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.
"No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse.

Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.

"Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.

¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre.

En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.

No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.

"Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos;

pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

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