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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Viernes 30 de marzo: Año litúrgico 2017 ~ 2018
Tiempo del Santo Triduo Pascual ~ Ciclo B ~ Año Par
Hoy celebramos:
Viernes Santo, solemnidad
Is 52,13-53,12: Él fue traspasado por nuestras rebeliones.
Sal 30,2.6.12-13.15-16.17.25: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Hb 4,14-16; 5,7-9: Aprendió a obedecer y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación.
Jn 18,1-19,42: Pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Comentario: El cuarto cántico de Siervo sufriente
Is 52,13-53,12: Él fue traspasado por nuestras rebeliones.
Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quien meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
él tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.
Sal 30,2.6.12-13.15-16.17.25: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.
Hb 4,14-16; 5,7-9: Aprendió a obedecer y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación.
Hermanos:
Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sa­cerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nues­tras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente co­mo nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, pre­sentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, su­friendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
Jn 18,1-19,42: Pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Prendieron a Jesús y lo ataron
C.: En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus dis­cípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+: -«¿A quién buscáis?»
C.: Le contestaron:
S.: -«A Jesús, el Nazareno.»
C.: Les dijo Jesús:
+: -«Yo soy.»
C.: Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles «Yo soy» retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+: -«¿A quién buscáis?»
C.: Ellos dijeron:
S.: -«A Jesús, el Nazareno.»
C.: Jesús contestó:
+: -«Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar ando a éstos.»
C.: Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.»
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+: -«Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»

Llevaron a Jesús primero a Anás
C.: La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.»
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
S.: -«¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C.: Él dijo:
S.: -«No lo soy.»
C.: Los criados y los guardias habían encendido un brasero, por­ que hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina.
Jesús le contestó:
+: -«Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado con­tinuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C.: Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S.: -«¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C.: Jesús respondió:
+: -«Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C.: Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy
C.: Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S.: -«¿No eres tú también de sus discípulos?»
C.: Él lo negó, diciendo:
S.: -«No lo soy.»
C.: Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S.: -«¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C.: Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

Mi reino no es de este mundo
C.: Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S.: -«¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C.: Le contestaron:
S.: -«Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C.: Pilato les dijo:
S.: -«Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C.: Los judíos le dijeron:
S.: -«No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C.: Y así se cumplió lo que habla dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S.: -«¿Eres tú el rey de los judíos?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C.: Pilato replicó:
S.: -«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C.: Pilato le dijo:
S.: -«Conque, ¿tú eres rey?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he  venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C.: Pilato le dijo:
S.: -«Y, ¿qué es la verdad?»
C.: Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S.: -«Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C.: Volvieron a gritar:
S.: -«A ése no, a Barrabás.»
C.: El tal Barrabás era un bandido.

¡Salve, rey de los judíos!
C.: Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S.: -«¡Salve, rey de los judíos!»
C.: Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S.: -«Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C.: Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S.: -«Aquí lo tenéis.»
C.: Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S.: -«¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C.: Pilato les dijo:
S.: -«Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C.: Los judíos le contestaron:
S.: -«Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»            
C.: Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entran­do otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S.: -«¿De dónde eres tú?»
C.: Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S.: -«¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C.: Jesús le contestó:
+: -«No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»

¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C.: Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S.: -«Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se de­clara rey está contra el César.»
C.: Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S.: -«Aquí tenéis a vuestro rey.»
C.: Ellos gritaron:
S.: -«¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C.: Pilato les dijo:
S.: -«¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C.: Contestaron los sumos sacerdotes:
S.: -«No tenemos más rey que al César.»
C.: Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con él a otros dos
C.: Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba morir, escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.»
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S.: -«No escribas "El rey de los judíos", sino "Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos".»
C.: Pilato les contestó:
S.: -«Lo escrito, escrito está.»

Se repartieron mis ropas
C.: Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S.: -«No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca. »
C.: Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echa­ron a suerte mi túnica.»
Esto hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre
C.: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+: -«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C.: Luego, dijo al discípulo:
+: -«Ahí tienes a tu madre.»
C.: Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Está cumplido
C.: Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+: -«Tengo sed.»
C.: Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una cana de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+: -«Está cumplido.»
C.: E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

Y al punto salió sangre y agua
C.: Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas
C.: Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

El cuarto cántico de Siervo sufriente

Is 52,13-53,12

por Lic. Abel Della Costa
17 de abr de 2014

La lectura del cuarto cántico del Siervo sufriente del Segundo Isaías nos sobrecoge, nos parece que al leerlo van desfilando ante nosotros los momentos de la Pasión del Señor.

No es casual que ocurra eso: la pasión del Señor fue meditada y profundizada por la primera Iglesia a la luz de textos del Antiguo Testamento, y muy especialmente a la luz de este texto. Pero también es cierto lo opuesto: este texto se vuelve especialmente claro al confrontarlo con su cumplimiento en nuestro Señor. Posiblemente con ningún otro texto "dialoga" la Pasión como con este poema; me atrevería a decir que más incluso que con un salmo eminentemente de pasión como el 22.

Pero detenernos en primera medida (o peor aun, con exclusividad) en ese significado cristiano del poema de Isaías nos puede encandilar, nos puede llevar a que perdamos el sabor del poema mismo en toda su misteriosa alusividad.

 

Va a hablar del sufrimiento del Siervo, incluso lo va a hablar con mucha mayor claridad y contundencia que en los tres anteriores. Se diría que en este aspecto los cuatro poemas forman una escala: en el primero se nos presenta la figura del siervo, su cometido, y el método con el que lo intentará cumplir; en el segundo se abre el foco del misterio del Siervo: su tarea afectará no sólo a Juda e Israel, sino a todas las naciones, y aparece ya con una luz incipiente la cuestión del sufrimiento: él cree que no consigue realizar el designio de Dios, pero Dios anuncia el cumplimiento, e incluso lo exalta por encima de su carácter de siervo; en el tercero el propio Siervo penetra en el misterio del sufrimiento como lugar de la salvación: él mismo abre su oído para que le sea destilada en él, no la sabiduría de los manuales, sino la sabiduría del dolor que salva.

En el cuarto poema se detallarán esos sufrimientos, pero aparece una novedad: los que rodean al Siervo han comprendido su obra, realmente por efecto del obrar del Siervo -¡por sus sufrimientos!- el ser humano al que el Siervo se dirigía ha cambiado, se ha vuelto capaz de algo nuevo. El cuarto poema habla del sufrimiento del Siervo, pero no es una endecha sino un cántico triunfal: el dolor ha servido, ha transformado a los hombres, que ahora comprenden.

Por eso el poema comienza con un grito de triunfo: «Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.»

Me gustaría detenerme un poco en esta expresión que la liturgia traduce como "tendrá éxito". Por lo pronto, debemos comprender la índole del idioma hebreo para acercarnos con más provecho a lo que allí se dice: nosotros inevitablemente tenemos que poner allí una forma de futuro, "tendrá éxito". El futuro es por definición lo que aun no ha sido, y por tanto puede no ocurrir tal como se espera. "Mi siervo tendrá éxito" podría sonar a un mero voluntarismo: "yo quiero/deseo que le vaya bien, que finalmente su tarea sirva, que tenga éxito". Pero la Biblia -que ve a Dios principalmente como Señor del tiempo- tiene una relación distinta con el tiempo futuro, ¡incluso su gramática verbal es distinta! Propiamente hablando, el idioma hebreo no tiene tiempo futuro, sino acciones completas (usadas casi siempre para hablar del pasado) y acciones incompletas, usadas para hablar tanto del futuro, como de lo que ya mismo se está realizando, aunque aun falte para su total realidad. Digamos que incluso en el idioma, el futuro no es nunca incertidumbre, sino fundamentalmente promesa, y puesto que quien promete es Dios, promesa firme y que no fallará:

«La visión espera su momento,

se acercará su término y no fallará;

si tarda, espérala,

porque ha de llegar sin retrasarse.»

enuncia Habacuc 2,3

Así que cuando leemos "mi siervo tendrá éxito", conseguiremos penetrar mejor en el sentido si mentalmente entendemos esa acción como incoada en el presente: "Mirad, mi siervo comienza a tener éxito".

Otro aspecto que me gustaría destacar es este verbo "tener éxito" (sajal, en hebreo). No es fácil traducirlo; si comparamos distintas versiones, veremos un amplio abanico, desde la antigua Vulgata que traducía "mi siervo entenderá", hasta Biblia de Jerusalén que traduce "mi siervo prosperará". No parece que un verbo y otro tuvieran demasiado que ver entre sí. Comprenderemos mejor a lo que apunta esta frase si tenemos en cuenta que la primera vez que esta palabra aparece en la Biblia es con la mujer mirando el fruto del árbol prohibido, cuando -luego del diálogo con la serpiente- descubre que "el árbol es bueno para comer, atractivo a la vista, y deseable para «sajal»..." no se trata simplemente de conocer, sino de penetrar en el secreto de la sabiduría, de volverse uno mismo fuente de sabiduría.

Recordemos que teníamos al Siervo en el canto tercero poniendo su oído ante el Señor para escuchar como discípulo, para aprender. El cuarto canto comienza por el final que había quedado abierto en el tercero: "Mirad, efectivamente el Siervo consigue ser el verdadero discípulo que aspiraba ser. Sí, tiene éxito".

 

¿Pero qué era lo que el Siervo/discípulo quería penetrar, qué era lo que necesitaba "saber" para considerar que alcanza ese saber? No el saber de los antiguos, lo dicho y repetido, sino un saber nuevo: el valor salvador del sufrimiento, y eso sólo lo puede saber sufriendo. El sufrimiento no se sabe escuchando hablar sobre él, sino sufriéndolo con paciencia. Podemos leer mil libros sobre el dolor de muelas, pero sólo sufriendo un dolor de muelas sabremos lo que es. Sobre muchas cosas hay saber teórico, pero sobre el sufrimiento no hay saber teórico, su escuela es siempre el sufrimiento mismo.

Y puesto que él mismo ofreció la espalda a los que lo golpeaban, la mejilla a los que tiraban de su barba, entonces el Señor puede asegurar que el Siervo consigue su objetivo: realizar en él la revelación del sufrimiento, el sentido total del sufrimiento.

 

A partir de aquí el poema avanzará unos versículos contándonos lo que el Siervo tuvo que padecer, pero no lo cuenta como un regodeo en el dolor, sino más bien como un "catálogo" de lo que ahora ha adquirido por fin sentido por primera vez: el abandono, la fealdad, la soledad, el aislamiento... todo eso lleva el Siervo en sus espaldas hacia su triunfo, que ya ha comenzado.

Pero precisamente cuando el poema está catalogando los dolores de este "varón de dolores" (53,3) se produce un fenómeno aparentemente casual: ¡el poema cambia de sujeto! Había comenzado hablando el Señor, para garantizar (y sólo él puede hacerlo) el éxito de su Siervo, pero en 53,1 aparece un plural que en principio puede ser ambiguo: "¿Quién creyó nuestro anuncio?" Todavía podría ser que estuviera hablando el Señor, y que usara un plural de majestad, como tantas veces Dios aparece hablando en plural en la Biblia (por ejemplo, el famoso "hagamos al hombre a nuestra imagen"). Sin embargo en la siguiente parte del verso dice "¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote..." Está claro que el que habla, o más bien LOS que hablan ahora no son el Señor ni el Siervo, sino un grupo que se va perfilando de a poco. El efecto poético es el que experimentaríamos si escucháramos venir un coro por una callejuela: primero escucharíamos confusamente, nos daríamos cuenta de que hay varios, pero no sabríamos aun cómo esa voces conjugan entre sí; pero a medida que se fueran acercando podríamos definir mucho mejor lo que oímos, incluso podríamos determinar si cantan al unísono, o cómo se relacionan.

En "¿Quién creyó nuestro anuncio?" ese plural es todavía vago y lejano, pero inexorablemente avanza, y pocos versículos más abajo ya nos dicen: "Él soportó nuestros sufrimientos", y poco más abajo: "sus cicatrices nos curaron".

Ese plural se ha vuelto del todo concreto: somos los que rodeamos al Siervo, que reconocemos no sólo que él ha adquirido la sabiduría en el sufrimiento, sino que en él la hemos adquirido todos. Su "éxito" es el éxito de todos, su "prosperidad", la prosperidad de todos. Somos seres humanos nuevos, en el sufrimiento de este Siervo.

No en vano se pasa a la metáfora de la oveja.... pero es una metáfora doble: él fue como una oveja, muda ante el esquilador, pero nosotros también éramos como ovejas, sin pastor, errantes, siguiendo cada una su propio camino.

Por todo ello, el premio de este Siervo solitario, abandonado, aislado, no es sólo al vida.... ¡que ya es mucho! es la propia multitud que habla de él, y que queda incorporada a él: "Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre." 

Y nuevamente sobre el final la voz del poema vuelve a ser la del Señor, precisamente porque la promesa que se inaugura en los sufrimietnos del Siervo es demasiado grande como para que pueda ser garantizado por algún otro. No basta que nos digan de terceras partes que por sus heridas fuimos curados: es el propio Señor, ante quien fuimos curados, quien asegura la eficacia de ese remedio, y la sobreabundancia de no ser ya más ovejas errantes, sino estar incorporadas al rebaño de la oveja muda, vuelta ella misma -y para siempre- el único Pastor.

 

El poema no nos presenta una teoría del sufrimiento vicario y redentor: más bien pone a hablar al Salvador y a los salvados, nos pone en diálogo con Dios, y ese diálogo, ese poder hablar con Dios ("como un amigo con su amigo") es ya la salvación. Dios mismo nos anuncia la grandeza de ese sufrimiento vicario, y nos descubre el secreto inaudito, escondido desde la escena del Edén: era posible adquirir eso que deseaba el primer ser humano, sólo que no se adquiría estirando la mano cómodamente, sino que se recibe en la vicariedad, admitiendo ser nada, para que Dios pueda realizar en cada uno de nosotros, lo de todos.

 

Mirad, mi siervo tendrá éxito,

subirá y crecerá mucho.

Como muchos se espantaron de él,

porque desfigurado no parecía hombre,

ni tenía aspecto humano,

así asombrará a muchos pueblos,

ante él los reyes cerrarán la boca,

al ver algo inenarrable

y contemplar algo inaudito.

¿Quién creyó nuestro anuncio?,

¿a quién se reveló el brazo del Señor?

Creció en su presencia como brote,

como raíz en tierra árida,

sin figura, sin belleza.

Lo vimos sin aspecto atrayente,

despreciado y evitado de los hombres,

como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos,

ante el cual se ocultan los rostros,

despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos

y aguantó nuestros dolores;

nosotros lo estimamos leproso,

herido de Dios y humillado;

pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,

triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él,

sus cicatrices nos curaron.

Todos errábamos como ovejas,

cada uno siguiendo su camino;

y el Señor cargó sobre él

todos nuestros crímenes.

Maltratado, voluntariamente se humillaba

y no abría la boca;

como cordero llevado al matadero,

como oveja ante el esquilador,

enmudecía y no abría la boca.

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,

¿quien meditó en su destino?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,

por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

Le dieron sepultura con los malvados,

y una tumba con los malhechores,

aunque no había cometido crímenes

ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,

y entregar su vida como expiación;

verá su descendencia, prolongará sus años,

lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Por los trabajos de su alma verá la luz,

el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos,

porque cargó con los crímenes de ellos.

Le daré una multitud como parte,

y tendrá como despojo una muchedumbre.

Porque expuso su vida a la muerte

y fue contado entre los pecadores,

él tomó el pecado de muchos

e intercedió por los pecadores.

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