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El Testigo Fiel
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Noticias de los últimos 15 días
Roma
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Dialogando con Marcelo Figueroa, iniciador y responsable de la edición ... no leida
Espiritualidad y Cultura
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en Roma

Donald Trump cara a cara con el Papa que quiere derribar muros

24 de may de 2017
Detallada crónica del esperado encuentro. El coloquio privado con el presidente de Estados Unidos duró 28 minutos. Tensión al principio y clima relajado al final. Bergoglio pidió al inquilino de la Casa Blanca un compromiso por la paz

A las 8.17 hrs. de hoy, 24 de mayo de 2017, Donald Trump entró al estado más pequeño del mundo. Atravesó la Puerta del Perugino y desde allí se dirigió al Patio de San Dámaso, a donde llegó tres minutos después. Sobre el arco de entrada del Palacio Apostólico estaba la bandera de los Estados Unidos, como sucede en cada visita de estado. La Primera Dama llevaba un vestido negro con el velo, como indica el protocolo tradicional, que se sigue cada vez menos (a excepción de las reinas católicas, que pueden vestir de blanco). El Prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Gänswein recibió al presidente y su séquito. Después Trump estrechó la mano de los Gentilhombres de Su Santidad, formados en el tapete rojo. El presidente y su séquito subieron con el elevador y después se dirigieron a las salas del Palacio Apostólico. Trump levantó en varias veces los ojos para ver los frescos del techo.

Fuera del estudio privado, el primer encuentro entre Francisco y Trump. El Papa salió de la Biblioteca para recibir al huésped, a quien dio la mano. Era evidente una cierta tensión entre ambos. Dentro del estudio, los dos líderes juntos se sometieron a las fotos de rito. Trump sonrió y Bergoglio un poco menos. «Muchas gracias, este es un gran honor», dijo el presidente al Papa.

«Es el protocolo», dijo Francisco a su huésped, casi queriendo pedir disculpas, para quien el ritual de las fotos no es ninguna novedad.

El Papa y Trump después se sentaron uno frente al otro, separados por el gran escritorio de madera oscura. A las 8.33 el coloquio comenzó. «You are welcome», dijo el Papa. «I speak spanish», advirtió Bergoglio al principio del encuentro, mientras se sentaba a su lado el intérprete, monseñor Mark Miles. El cara a cara a puertas cerradas concluyó un minuto después de las nueve, y duró 28 minutos. La audiencia, con el intercambio de regalos y el saludo de la delegación, duró, en conjunto, 40 minutos.

Entre los temas afrontados, según indicó una nota de la Sala de Prensa vaticana, «las buenas relaciones bilaterales que existen entre la Santa Sede y Estados Unidos de América, además del común compromiso a favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Ambas partes expresaron el deseo de «una serena colaboración entre el Estado y la Iglesia católica en Estados Unidos, comprometida al servicio de las poblaciones en los campos de la salud, de la educación y de la asistencia a los migrantes».

La nota informó que después el Papa y Trump «se permitieron un intercambio de visiones sobre algunos temas de actualidad internacional y sobre la promoción de la paz en el mundo mediante la negociación política y el diálogo interreligioso, con particular referencia a la situación en el Medio Oriente y a la tutela de las comunidades cristianas».

La Primera Dama, Melania, fue la primera en ser presentada al Papa. Le pidió que bendijera un objeto que llevaba en las manos. Durante el intercambio de regalos, Francisco le dio a Trump un bajorelieve en bronce que representa el símbolo del olivo, y le explicó su significado: hay una fractura que indica «la división de la guerra», dijo Bergoglio, y toda la imagen representa «mi deseo por la paz». Después le pidió al presidente que contribuyera en la construcción de un mundo de paz. El Papa después le regaló a Trump el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017 («La firmé personalmente para usted», dijo Bergoglio), además de los tres principales documentos de su Pontificado, encuadernados en cuero rojo: la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», la encíclica «Laudato si’» dedicada a la defensa de la creación, y la exhortación sobre el matrimonio y la familia «Amoris laetitia». Francisco le explicó de qué trataban los tres volúmenes y el presidente estadounidense dijo: «Bien, los leeré». Donald Trump, en cambio, le regaló al Papa los libros de Marthin Luther King, y dijo: «Espero que los disfrute». El clima un poco tenso del principio desapareció, y, como sucede a menudo en el momento final del encuentro, hubo sonrisas y algunas bromas.

Cuando se despidieron, Melania le dijo al Papa: «Gracias, voy a visitar el hospital». La Primera Dama, de hecho, fue a las 11.15 al Bambino Gesù. Trump, por su parte, afirmó: «Good luck. Buena suerte, gracias y no olvidaré lo que dijo».

en Roma

Donald Trump cara a cara con el Papa que quiere derribar muros

24 de may de 2017
Detallada crónica del esperado encuentro. El coloquio privado con el presidente de Estados Unidos duró 28 minutos. Tensión al principio y clima relajado al final. Bergoglio pidió al inquilino de la Casa Blanca un compromiso por la paz

A las 8.17 hrs. de hoy, 24 de mayo de 2017, Donald Trump entró al estado más pequeño del mundo. Atravesó la Puerta del Perugino y desde allí se dirigió al Patio de San Dámaso, a donde llegó tres minutos después. Sobre el arco de entrada del Palacio Apostólico estaba la bandera de los Estados Unidos, como sucede en cada visita de estado. La Primera Dama llevaba un vestido negro con el velo, como indica el protocolo tradicional, que se sigue cada vez menos (a excepción de las reinas católicas, que pueden vestir de blanco). El Prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Gänswein recibió al presidente y su séquito. Después Trump estrechó la mano de los Gentilhombres de Su Santidad, formados en el tapete rojo. El presidente y su séquito subieron con el elevador y después se dirigieron a las salas del Palacio Apostólico. Trump levantó en varias veces los ojos para ver los frescos del techo.

Fuera del estudio privado, el primer encuentro entre Francisco y Trump. El Papa salió de la Biblioteca para recibir al huésped, a quien dio la mano. Era evidente una cierta tensión entre ambos. Dentro del estudio, los dos líderes juntos se sometieron a las fotos de rito. Trump sonrió y Bergoglio un poco menos. «Muchas gracias, este es un gran honor», dijo el presidente al Papa.

«Es el protocolo», dijo Francisco a su huésped, casi queriendo pedir disculpas, para quien el ritual de las fotos no es ninguna novedad.

El Papa y Trump después se sentaron uno frente al otro, separados por el gran escritorio de madera oscura. A las 8.33 el coloquio comenzó. «You are welcome», dijo el Papa. «I speak spanish», advirtió Bergoglio al principio del encuentro, mientras se sentaba a su lado el intérprete, monseñor Mark Miles. El cara a cara a puertas cerradas concluyó un minuto después de las nueve, y duró 28 minutos. La audiencia, con el intercambio de regalos y el saludo de la delegación, duró, en conjunto, 40 minutos.

Entre los temas afrontados, según indicó una nota de la Sala de Prensa vaticana, «las buenas relaciones bilaterales que existen entre la Santa Sede y Estados Unidos de América, además del común compromiso a favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Ambas partes expresaron el deseo de «una serena colaboración entre el Estado y la Iglesia católica en Estados Unidos, comprometida al servicio de las poblaciones en los campos de la salud, de la educación y de la asistencia a los migrantes».

La nota informó que después el Papa y Trump «se permitieron un intercambio de visiones sobre algunos temas de actualidad internacional y sobre la promoción de la paz en el mundo mediante la negociación política y el diálogo interreligioso, con particular referencia a la situación en el Medio Oriente y a la tutela de las comunidades cristianas».

La Primera Dama, Melania, fue la primera en ser presentada al Papa. Le pidió que bendijera un objeto que llevaba en las manos. Durante el intercambio de regalos, Francisco le dio a Trump un bajorelieve en bronce que representa el símbolo del olivo, y le explicó su significado: hay una fractura que indica «la división de la guerra», dijo Bergoglio, y toda la imagen representa «mi deseo por la paz». Después le pidió al presidente que contribuyera en la construcción de un mundo de paz. El Papa después le regaló a Trump el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017 («La firmé personalmente para usted», dijo Bergoglio), además de los tres principales documentos de su Pontificado, encuadernados en cuero rojo: la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», la encíclica «Laudato si’» dedicada a la defensa de la creación, y la exhortación sobre el matrimonio y la familia «Amoris laetitia». Francisco le explicó de qué trataban los tres volúmenes y el presidente estadounidense dijo: «Bien, los leeré». Donald Trump, en cambio, le regaló al Papa los libros de Marthin Luther King, y dijo: «Espero que los disfrute». El clima un poco tenso del principio desapareció, y, como sucede a menudo en el momento final del encuentro, hubo sonrisas y algunas bromas.

Cuando se despidieron, Melania le dijo al Papa: «Gracias, voy a visitar el hospital». La Primera Dama, de hecho, fue a las 11.15 al Bambino Gesù. Trump, por su parte, afirmó: «Good luck. Buena suerte, gracias y no olvidaré lo que dijo».

en Roma

El Papa: “¿La misión cristiana? Es dar alegría a la gente”

19 de may de 2017
Francisco en Santa Marta: para lograrlo hay que «permanecer en el amor de Jesús», que es el centro de la vida de un creyente, y no es como esos mundanos que buscan el poder

El amor de Jesús no tiene límites. Además, no es como los amores mundanos, que apuestan por el poder y por la vanidad. Es el núcleo de la vida de un cristiano, que de esta manera puede llevar a cabo la misión que se le ha encomendado: “Dar alegría a la gente”. Es lo que dijo el Papa el jueves 18 de mayo de 2017, durante la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta.

Según indicó la Radio Vaticana, el Pontífice desarrolló su reflexión a partir de la afirmación del Señor que subraya que su amor es infinito. Y observó que Jesús nos pide que permanezcamos en su amor “porque es el amor del Padre”, a la vez que nos invita a poner en práctica sus Mandamientos.

Ciertamente, dijo el obispo de Roma, los Diez Mandamientos son la base, el fundamento, pero es necesario seguir “todas las cosas que Jesús nos ha enseñado, estos mandamientos de la vida cotidiana”, que representan “un modo de vivir cristiano”.

El Pontífice también afirmó que es muy amplia la lista de los mandamientos de Jesús, si bien puso de manifiesto “que el núcleo es uno”, a saber: “el amor del Padre hacia Él y el amor de Él hacia nosotros”.

“Existen otros amores. También el mundo nos propone otros amores: el amor al dinero, por ejemplo, el amor a la vanidad, pavonearse, el amor al orgullo, el amor al poder, y también haciendo tantas cosas injustas para tener más poder… Son otros amores, éstos no son de Jesús, ni son del Padre. Él nos pide que permanezcamos en su amor, que es el amor del Padre. Pensemos también en estos otros amores que nos alejan del amor de Jesús. Además, hay otras medidas para amar: amar a medias, y esto no es amar. Una cosa es querer y otra cosa es amar”.

“Amar – reafirmó el Sucesor de Pedro – es más que querer”. Y se preguntó: ¿“Cuál es la medida del amor?”. “La medida del amor – dijo Francisco – es amar sin medida”.

“Y así, cumpliendo estos mandamientos que Jesús nos ha dado, permaneceremos en el amor de Jesús que es el amor del Padre, es el mismo. Sin medida. Sin este amor tibio o interesado. ‘Pero, ¿por qué Señor, tú nos recuerdas estas cosas?’, podemos decirle. ‘Para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena’. Si el amor del Padre va a Jesús, Jesús nos enseña el camino del amor: el corazón abierto, amar sin medida, dejando de lado otros amores”.

“El gran amor a Él – dijo Papa al concluir su homilía – es permanecer en este amor “, donde está “la alegría”. Y añadió que el “amor y la alegría son un don”. Dones que debemos pedir al Señor.

“Hace poco tiempo un sacerdote fue nombrado obispo. Fue a ver a su papá, a su anciano papá para darle la noticia. Este hombre anciano, ya jubilado, un hombre humilde, que fue obrero toda su vida, que no había ido a la universidad, pero que tenía la sabiduría de la vida, le aconsejó a su hijo sólo dos cosas: ‘Obedece y da alegría a la gente’. Este hombre había comprendido esto: obedece al amor del Padre, sin otros amores, obedece a este don, y después, da alegría a la gente. Y nosotros, los cristianos, laicos, sacerdotes, consagrados, obispos, debemos dar alegría a la gente. Pero, ¿por qué? Por esto. Debemos ir por el camino del amor, sin intereses, sólo por el camino del amor. Nuestra misión cristiana es dar alegría a la gente”.

Tal como hemos pedido en la oración – terminó diciendo Francisco – “que el Señor custodie este don de permanecer en el amor de Jesús para poder dar alegría a la gente”.

en Roma

El Papa Francisco recibió al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

24 de may de 2017
El Papa Francisco recibió la mañana del 24 de mayo en la Biblioteca del Palacio Apostólico al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y séquito.

El Papa Francisco recibió la mañana del 24 de mayo en la Biblioteca del Palacio Apostólico al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y séquito.

La Audiencia al Jefe de Estado estadounidense inició a las 8.30 de mañana. Tras encontrar al Pontífice, el Presidente Trump se dirigió al Palacio del Quirinal para reunirse con Presidente del Estado Italiano Sergio Mattarella, y más tarde, con el Primer Ministro Gentiloni.

Desde muy temprano la ciudad de Roma se presentó blindada: los helicópteros sobrevolaban el Vaticano y más de 1.000 agentes fueron desplegados en tierra, en colaboración con la CIA.

La entrada en procesión del coche blindado del Presidente de los EE.UU. en el Vaticano ocurrió aproximadamente a las 08:20 y se dirigió al atrio de san Damaso, en donde el Jefe de Estado y su séquito, conformado por once personas, fueron recibidos por la Guardia Suiza y por el Prefecto de la Casa Pontificia, Mons. George Ganswein.

De allí el ingreso al Palazo Apostólico Vaticano para tomar el ascensor que lo llevó a la biblioteca privada del Pontífice, en donde fue recibido por el Papa Francisco. Mientras tanto, fieles y peregrinos llenaban la plaza de San Pedro para la tradicional Audiencia General de los días miércoles.

Tras el encuentro con el Santo Padre, el Presidente Trump mantuvo un coloquio con el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y con S.E. Mons.Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados.

Al finalizar, la visita del Presidente y la Primera Dama a la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro.

La Oficina de Prensa del Vaticano informó en un comunicado que "durante las cordiales conversaciones, se ha expresado la satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, así como por el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia". Asimismo "se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes. Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas".

en América y España

«Las exequias cristianas», encuentro de estudios de la Sociedad Argentina de Liturgia

24 de may de 2017
“Las exequias cristianas”, será el tema a desarrollar en el XXX Encuentro de Estudios de la Sociedad Argentina de Liturgia (SAL), que se realizará del 19 al 22 de junio en la casa de ejercicios El Cenáculo-La Montonera, en el partido bonaerense de Pilar.

“Las exequias cristianas”, será el tema a desarrollar en el XXX Encuentro de Estudios de la Sociedad Argentina de Liturgia (SAL), que se realizará del 19 al 22 de junio en la casa de ejercicios espirituales El Cenáculo-La Montonera en el partido bonaerense de Pilar.

Las disertaciones estarán a cargo del presbítero José Antonio Goñi Beásoain, el liturgista que dirige la revista Phase y profesor en el pontificio Ateneo San Anselmo, de Roma.

En la convocatoria se citan las palabras del papa Francisco en la exhortación apostólica Misericordia et misera: “Nosotros vivimos la experiencia de las exequias como una plegaria llena de esperanza por el alma del difunto y como una ocasión para ofrecer consuelo a cuantos sufren por la ausencia de la persona amada”.

Inscripciones: sociedadargentinadeliturgia@gmail.com

y en el blog de la SAL sociedadargentinadeliturgia.blogspot.com.ar

en Roma

El Papa: “¿La misión cristiana? Es dar alegría a la gente”

19 de may de 2017
Francisco en Santa Marta: para lograrlo hay que «permanecer en el amor de Jesús», que es el centro de la vida de un creyente, y no es como esos mundanos que buscan el poder

El amor de Jesús no tiene límites. Además, no es como los amores mundanos, que apuestan por el poder y por la vanidad. Es el núcleo de la vida de un cristiano, que de esta manera puede llevar a cabo la misión que se le ha encomendado: “Dar alegría a la gente”. Es lo que dijo el Papa el jueves 18 de mayo de 2017, durante la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta.

Según indicó la Radio Vaticana, el Pontífice desarrolló su reflexión a partir de la afirmación del Señor que subraya que su amor es infinito. Y observó que Jesús nos pide que permanezcamos en su amor “porque es el amor del Padre”, a la vez que nos invita a poner en práctica sus Mandamientos.

Ciertamente, dijo el obispo de Roma, los Diez Mandamientos son la base, el fundamento, pero es necesario seguir “todas las cosas que Jesús nos ha enseñado, estos mandamientos de la vida cotidiana”, que representan “un modo de vivir cristiano”.

El Pontífice también afirmó que es muy amplia la lista de los mandamientos de Jesús, si bien puso de manifiesto “que el núcleo es uno”, a saber: “el amor del Padre hacia Él y el amor de Él hacia nosotros”.

“Existen otros amores. También el mundo nos propone otros amores: el amor al dinero, por ejemplo, el amor a la vanidad, pavonearse, el amor al orgullo, el amor al poder, y también haciendo tantas cosas injustas para tener más poder… Son otros amores, éstos no son de Jesús, ni son del Padre. Él nos pide que permanezcamos en su amor, que es el amor del Padre. Pensemos también en estos otros amores que nos alejan del amor de Jesús. Además, hay otras medidas para amar: amar a medias, y esto no es amar. Una cosa es querer y otra cosa es amar”.

“Amar – reafirmó el Sucesor de Pedro – es más que querer”. Y se preguntó: ¿“Cuál es la medida del amor?”. “La medida del amor – dijo Francisco – es amar sin medida”.

“Y así, cumpliendo estos mandamientos que Jesús nos ha dado, permaneceremos en el amor de Jesús que es el amor del Padre, es el mismo. Sin medida. Sin este amor tibio o interesado. ‘Pero, ¿por qué Señor, tú nos recuerdas estas cosas?’, podemos decirle. ‘Para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena’. Si el amor del Padre va a Jesús, Jesús nos enseña el camino del amor: el corazón abierto, amar sin medida, dejando de lado otros amores”.

“El gran amor a Él – dijo Papa al concluir su homilía – es permanecer en este amor “, donde está “la alegría”. Y añadió que el “amor y la alegría son un don”. Dones que debemos pedir al Señor.

“Hace poco tiempo un sacerdote fue nombrado obispo. Fue a ver a su papá, a su anciano papá para darle la noticia. Este hombre anciano, ya jubilado, un hombre humilde, que fue obrero toda su vida, que no había ido a la universidad, pero que tenía la sabiduría de la vida, le aconsejó a su hijo sólo dos cosas: ‘Obedece y da alegría a la gente’. Este hombre había comprendido esto: obedece al amor del Padre, sin otros amores, obedece a este don, y después, da alegría a la gente. Y nosotros, los cristianos, laicos, sacerdotes, consagrados, obispos, debemos dar alegría a la gente. Pero, ¿por qué? Por esto. Debemos ir por el camino del amor, sin intereses, sólo por el camino del amor. Nuestra misión cristiana es dar alegría a la gente”.

Tal como hemos pedido en la oración – terminó diciendo Francisco – “que el Señor custodie este don de permanecer en el amor de Jesús para poder dar alegría a la gente”.

en Roma

Jesús Resucitado transforma el mundo. Dios «soñador» que nos ama

17 de may de 2017
En su Audiencia general del miércoles de la quinta semana de Pascua, el Papa Francisco dedicó su catequesis a «María Magdalena Apóstol de la Esperanza». Recordando a aquella que, según los Evangelios fue la primera en ver a Jesús Resucitado.

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

En estas semanas, nuestra reflexión se mueve, por decir así, en la órbita del misterio pascual. Hoy, encontramos a aquella que, según los Evangelios, fue la primera en ver a Jesús Resucitado: María Magdalena. Acababa de terminar el descanso del sábado. El día de la pasión no había habido tiempo para completar los ritos fúnebres; por ello, en ese amanecer lleno de tristeza, las mujeres van a la tumba de Jesús, con los ungüentos perfumados. La primera que llega es ella: María de Magdala, una de las discípulas que habían acompañado a Jesús desde Galilea, poniéndose al servicio de la Iglesia naciente. En su camino hacia el sepulcro, se refleja la fidelidad de tantas mujeres, que durante años acuden con devoción a los cementerios, recordando a alguien que ya no está. Los lazos más auténticos no se quiebran ni siquiera con la muerte: hay quien sigue amando, aunque la persona amada se haya ido para siempre.

El Evangelio (cfr Jn 20, 1-2-11-18) describe a la Magdalena subrayando enseguida que no era una mujer que se entusiasmaba con facilidad. En efecto, después de la primera visita al sepulcro, vuelve desilusionada al lugar donde los discípulos se escondían; refiere que la piedra ha sido movida de la entrada del sepulcro y su primera hipótesis es la más sencilla que se pueda formular: alguien debe haberse llevado el cuerpo de Jesús. Así, el primer anuncio que María lleva no es el de la resurrección, sino el de un robo que algunos desconocidos han perpetrado, mientras toda Jerusalén dormía.

Luego, los Evangelios cuentan otra ida de la Magdalena al sepulcro de Jesús. Era una testaruda ésta, ¿eh? Fue, volvió… y no, no se convencía…Esta vez su paso es lento, muy pesado. María sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jesús, y luego por la inexplicable desaparición de su cuerpo.

Es mientras está inclinada cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, cuando Dios la sorprende de la manera más inesperada. El evangelista Juan subraya cuán persistente es su ceguera: no se da cuenta de la presencia de los dos ángeles que la interrogan y ni siquiera sospecha viendo al hombre a sus espaldas, creyendo que era el guardián del jardín. Y, sin embargo, descubre el acontecimiento más sobrecogedor de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: ¡«María!» (v. 16)

¡Qué lindo es pensar que la primera aparición del Resucitado – según los evangelios - fue de una forma tan personal! Que hay alguien que nos conoce, que ve nuestro sufrimiento y desilusión, que se conmueve por nosotros, y nos llama por nuestro nombre. Es una ley que encontramos grabada en muchas páginas del Evangelio. Alrededor de Jesús hay tantas personas que buscan a Dios; pero la realidad más prodigiosa es que, mucho antes, es ante todo Dios el que se preocupa por nuestra vida, que quiere volverla a levantar, y para hacer esto nos llama por nuestro nombre, reconociendo el rostro personal de cada uno. Cada hombre es una historia de amor que Dios escribe en esta tierra. Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno de nosotros, Dios nos llama por nuestro nombre: nos conoce por nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. ¿Es verdad o no es verdad? Cada uno de nosotros tiene esta experiencia.

Y Jesús la llama: «¡María!»: la revolución de su vida, la revolución destinada a transformar la existencia de todo hombre y de toda mujer, comienza con un nombre que resuena en el jardín del sepulcro vació. Los Evangelios nos describen la felicidad de María: la resurrección de Jesús no es una alegría dada con cuentagotas, sino una cascada que arrolla toda la vida. La existencia cristiana no está entretejida con felicidades blandas, sino con oleadas que lo arrollan todo. Intenten pensar también ustedes, en este instante, con el bagaje de desilusiones y derrotas que cada uno de nosotros lleva en el corazón, que hay un Dios cercano a nosotros, que nos llama por nuestro nombre y nos dice: «¡Levántate, deja de llorar, porque he venido a liberarte!». Esto es muy bello.

Jesús no es uno que se adapta al mundo, tolerando que perduren la muerte, la tristeza, el odio, la destrucción moral de las personas… Nuestro Dios no es inerte, sino que nuestro Dios – me permito la palabra – es un soñador: sueña la transformación del mundo y la ha realizado en el misterio de la Resurrección.

María quisiera abrazar a su Señor, pero Él ya está orientado hacia el Padre celeste, mientras que ella es enviada a llevar el anuncio a los hermanos. Y así aquella mujer, que antes de encontrar a Jesús estaba en manos del maligno (cfr Lc 8,2), ahora se ha vuelto apóstol de la nueva y mayor esperanza. Que su intercesión nos ayude a vivir también nosotros esa experiencia: en la hora del llanto, en la hora del abandono, escuchar a Jesús Resucitado que nos llama por nombre y, con el corazón lleno de alegría, ir a anunciar: «¡He visto al Señor!». ¡He cambiado vida porque he visto al Señor! Ahora soy diferente a como era antes, soy otra persona. He cambiado porque he visto al Señor. Ésta es nuestra fortaleza y ésta es nuestra esperanza. Gracias»

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