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El Testigo Fiel
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en Roma

¿Qué significa caminar en la luz?

26 de mar de 2017
Con el sacramento del Bautismo somos hijos de la luz llamados a caminar en la luz, pero ¿qué significa caminar en la luz? se preguntó el Pontífice. “Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los otros, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de animadversión contra aquellos que juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelación”.

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

En el centro del Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma se encuentran Jesús y un hombre ciego de nacimiento (cfr Jn 9,1-41). Cristo le restituye la vista y obra este milagro con un tipo de rito simbólico: primero mezcló la tierra con la saliva y la untó en los ojos al ciego; luego le ordena ir a lavarse a la piscina de Siloé. Aquel hombre va, se lava, y readquiere la vista. Era un ciego de nacimiento. Con este milagro Jesús se manifiesta y se manifiesta a nosotros como luz del mundo; y el ciego de nacimiento representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero que por causa del pecado somos como ciegos, tenemos necesidad de una luz nueva; todos tenemos necesidad de una luz nueva: la de la fe, que Jesús nos ha dado. De hecho aquel ciego del Evangelio adquiriendo la vista se abre al misterio de Cristo. Jesús le pregunta «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». «Y quien es, Señor, para que crea en él?», respondió el ciego sanado (v. 36). «Lo estás viendo: el que te está hablando» (v. 37). «¡Creo, Señor!» y se postró ante él.

Este episodio nos induce a reflexionar sobre nuestra fe, nuestra fe en Cristo, el Hijo de Dios, y al mismo tiempo se refiere también al Bautismo, que es el primer Sacramento de la fe: el Sacramento que nos hace “venir hacia la luz”, mediante el renacer del agua y del Espíritu Santo; así como sucede al ciego de nacimiento, al cual se abrieron los ojos después de haberse lavado en el agua de la piscina de Siloé. El ciego de nacimiento sanado nos representa cuando no nos damos cuenta que Jesús es la luz, es «la luz del mundo», cuando miramos hacia otra parte, cuando preferimos fiarnos de pequeñas luces, cuando tambaleamos en la oscuridad. El hecho de que aquel ciego no tenga un nombre nos ayuda a reflejarnos con nuestro rostro y nuestro nombre en su historia. También nosotros hemos sido “iluminados” por Cristo en el Bautismo, y por lo tanto estamos llamados a comportarnos como hijos de la luz. Y comportarnos como hijos de la luz exige un cambio radical de mentalidad, una capacidad de juzgar hombres y cosas según otra escala de valores, que viene de Dios. El sacramento del Bautismo, de hecho, exige una elección de vivir como hijos de la luz y caminar en la luz. Si ahora les preguntase: “¿Creen que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creen que les puede cambiar el corazón? ¿Creen que puede hacer ver la realidad como la ve Él, y no como la vemos nosotros? ¿Creen que Él es luz, que nos da la verdadera luz?” ¿Qué responderían? Cada uno responda en su corazón.

¿Qué significa tener la verdadera luz? ¿Qué significa caminar en la luz? Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los otros, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de animadversión contra aquellos que juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelación. Eh… esto es pan de todos los días ¿eh? Cuando se habla mal de los otros, se camina no en la luz: se camina en las sombras. Otra luz falsa, porque es seductora y ambigua, es la del interés personal: si evaluamos a hombres y cosas en base al criterio de nuestra conveniencia, de nuestra satisfacción, de nuestro prestigio, no actuamos con la verdad en las relaciones y en las situaciones. Si andamos por este camino del buscar sólo el interés personal, caminamos en las sombras.

Que la Virgen Santa, que fue la primera en acoger a Jesús, luz del mundo, nos obtenga la gracia de acoger de nuevo en esta Cuaresma la luz de la fe, redescubriendo el don inestimable del Bautismo, que todos hemos recibido. Y que esta nueva iluminación se transforme, nos transforme en las actitudes y en las acciones, para ser también nosotros, a partir de nuestra pobreza, de nuestras pequeñeces, portadores de un rayo de la luz de Cristo.

en Roma

La comisión anti-abusos pide encontrar nuevas formas de dar voz a las víctimas

29 de mar de 2017
Concluyó ayer la plenaria del organismo, que agradeció a Marie Collins e insistió en su voluntad de colaborar con la Congregación para la Doctrina de la Fe en relación con las “Líneas guía” para contrarrestar la pederastia,
Pte. de la Comisión, Card. Sean O’Malley

Antes que nada, el agradecimiento por el trabajo de Marie Collins y por su fuerte compromiso a favor de las víctimas de abuso. Es el punto con el que comienza el comunicado de la plenaria de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, que concluyó el domingo 26 de marzo de 2017. Después se expresan la promesa de un mayor compromiso para encontrar «nuevas formas» para dar voz a los supervivientes y colaborar con la Congregación de la Doctrina de la Fe (el dicasterio que fue el principal blanco de las acusaciones de la irlandesa Marie Collins) para la difusión de las “Líneas guía” de la lucha contra los abusos en la Iglesia. Al final, se anunció una novedad, es decir que los 16 miembros de la Comisión se reunirán de vez en cuando con los representantes de las Conferencias Episcopales que viajen a Roma para las “visitas ad limina” (hoy, por ejemplo, le toca a los obispos del oeste de Canadá).

En la nota publicada hoy, al final de los tres días que duró la plenaria, y difundida por la Radio Vaticana, los miembros de la Comisión y el cardenal presidente, Sean O’Malley, agradecieron a la ex-colega irlandesa por el gran trabajo que ha desempeñado a favor de quienes (como ella a los 13 años) han sufrido los abusos de sacerdotes y también en la prevención y la lucha contra la pederastia. «Sus recomendaciones fueron uno de los temas centrales de la plenaria», indica el documento. También se agradece a Marie Collins por su disponibilidad a colaborar con el equipo pontificio en los programas de educación para los nuevos obispos y para los oficiales de la Curia.

Durante las sesiones de trabajo, informó la nota, se reflexionó particularmente sobre uno de los pasajes de la declaración con la que Collins presentó su renuncia el pasado primero de marzo, en el que se quejaba de la falta de respuesta inmediata (o, a veces, de una respuesta y basta) por parte de las oficinas vaticanas para las víctimas que escriben cartas al Papa y a la Santa Sede. La Comisión expresó el deseo de que cada niño o adulto víctima de pederastia pueda recibir rápidamente una respuesta de la Curia. «Es importante responder directamente», afirman los expertos. La Comisión está consciente de que esta tarea es particularmente difícil, «debido al gran volumen y la naturaleza de la correspondencia», y se sabe que a exige «recursos y procedimientos claros y específicos». Sin embargo, se subraya, «reconocer la correspondencia y dar respuestas rápidas y personales es una manera para promover la curación y la transparencia» queridas por Papa Francisco.

Los miembros de la comisión enviarán al Pontífice «más recomendaciones» para que las tenga en consideración y que podrían ser útiles para mejorar el trabajo del organismo instituido en 2014. También aseguraron que continuarán «trabajando para asistir a las Iglesias locales en su responsabilidad para la protección de los menores», mediante visitas locales, conferencias y los ya citados cursos de formación. Además de todo ello, estarán las entrevistas “cara a cara” con los obispos de los diferentes países que se encuentren en Roma en “visita ad limina” para comunicarles las “Líneas guía” de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, que son un «elemento esencial» de la lucha contra los abusos en la Iglesia. Estas “Líneas guía”, ampliamente apoyadas por el Papa, serán comunicadas a las congregaciones religiosas, o se pueden consultar directamente desde el sitio web de la Comisión (www.protectionofminors.va). En este trabajo de comunicación y difusión se insiste en la «voluntad de trabajar con la Congregación para la Doctrina de la Fe».

Por el contrario, no se especifica si llegaran nuevos miembros al equipo, que cubran los huecos que han dejado Marie Collins y el inglés Peter Saunders, que también fue víctima de pederastia, quien no participa en los trabajos de la Comisión desde febrero de 2016, cuando criticó públicamente al cardenal australiano George Pell, Prefecto de la Secretaría para la Economía.

El comunicado también indica que antes de la plenaria hubo un congreso sobre la educación y la prevención, titulado “Safeguarding in Homes and Schools: Learning from Experience Worldwide”, que se llevó a cabo el día 23 de marzo en la Pontificia Universidad Gregoriana, promovido por el Centro para la Protección de los Menores, que nació en el Ateneo con la colaboración de la Congregación para la Educación Católica. Participaron en el encuentro, que se concentró particularmente en América Latina, más de 150 personalidades, entre los que estaban el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, y diferentes responsables de los dicasterios de la Curia romana, como el cardenal Marc Ouellet, Kevin Farrel, João Bráz de Aviz y Peter Turkson.

Al inaugurar el encuentro, el cardenal O’Malley insistió en la línea dura de Papa Francisco, quien, dijo, todavía está «completamente comprometido para arrancar la plaga de los abusos sexuales». «Si la Iglesia no se compromete en la tutela de menores, nuestros esfuerzos evangelizadores no tendrán efecto», ha afirmado el arzobispo de Boston: «no hay justificación en nuestros días para fracasar en la implementación de estándares concretos de protección para nuestros niños, jóvenes y adultos vulnerables».

en Iglesia en el Mundo

El Papa: “Las armas nucleares no son adecuadas para defender la paz”

29 de mar de 2017
Francisco a la Conferencia de la ONU para negociar un instrumento jurídicamente vinculante sobre la prohibición de los arsenales atómicos: la estabilidad internacional no se puede fundar en una amenaza de destrucción recíproca.

Las armas nucleares no sirven para contrarrestar el terrorismo, los conflictos asimétricos o los ataques informáticos que desestabilizan en la actualidad la paz de muchas naciones. La paz y la estabilidad no pueden fundarse «en un falso sentido de seguridad, en la amenaza de una destrucción recíproca». Papa Francisco envió un mensaje a Elayne Whyte Gómez, Presidente de la Conferencia de las Naciones Unidas cuyo objetivo es negociar un instrumento jurídicamente vinculante sobre la prohibición de las armas atómicas. La Conferencia comenzó ayer en Nueva York y terminará el próximo 31 de marzo. El texto del Pontífice fue leído por el subsecretario de Relaciones con los Estados, Antoine Camilleri.

Después de haber animado a los participantes de la conferencia, Francisco recordó que las Naciones Unidas se fundaron sobre la paz, «la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de las relaciones amigables entre las naciones» y que «una ética y un derecho basados en la amenaza de la destrucción recíproca (y potencialmente de toda la humanidad) son contradictorias con el espíritu mismo» de la ONU. Por lo tanto, hay que «comprometerse por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación».

El Papa después se preguntó por cuál razón habría que proponer este objetivo «en el actual escenario internacional caracterizado por un clima de conflictualidad inestable». Y también recordó que hoy, si se toman en consideración «las principales amenazas contra la paz y la seguridad con sus múltiples dimensiones, en este mundo multipolar del siglo XXI, como por ejemplo el terrorismo, los conflictos asimétricos, la seguridad informática, los problemas ambientales, la pobreza, emergen no pocas dudas sobre la insuficiencia de la disuasión nuclear para responder eficazmente a dichos desafíos».

Además, deberían preocuparnos «las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que se producen con el empleo de cualquier tipo de arma nuclear, con devastadores efectos indiscriminados e incontrolables en el tiempo y en el espacio». Por no hablar sobre el despilfarro de recursos que podrían emplearse para combatir la pobreza. «Debemos preguntarnos también cuán sostenible es un equilibrio basado en el miedo, cuando tiende, de hecho, a aumentar el miedo y a minar las relaciones de confianza entre los pueblos. La paz y la estabilidad internacional —escribió Francisco— no se pueden fundar sobre un «falso sentido de seguridad, sobre la amenaza de un destrucción recíproca o de una aniquilación total, sobre el simple mantenimiento de un equilibrio de poder».

La paz, recordó el Papa, «se debe construir sobre la justicia, el desarrollo humano integral, el respeto de los derechos humanos fundamentales, la custodia de la creación, la participación de todos en la vida pública, la confianza entre los pueblos, la promoción de instituciones pacíficas, el acceso a la educación y a la salud, el diálogo y la solidaridad». Hay que ir más allá de la persuasión nuclear: la comunidad internacional está llamada «a adoptar estrategias a largo plazo para promover el objetivo de la paz y de la estabilidad y evitar enfoques miopes sobre los problemas de seguridad nacional e internacional».

Entonces, explicó Bergoglio, eliminar por completo las armas nucleares se convierte «tanto en un desafío como en un imperativo moral y humanitario. Un enfoque concreto debería promover una reflexión sobre una ética de la paz y de la seguridad cooperativa multilateral que vaya más allá del “miedo” y del “aislamiento” que prevalece hoy en numerosos debates». Se necesitan realismo, diálogo y «mecanismos de confianza y de cooperación».

La interdependencia que va aumentando y la globalización, observó Francisco, significan que «cualquier respuesta que demos a la amenaza de las armas nucleares debe ser colectiva y concertada, basada en la confianza recíproca». Y esta última puede construirse «solo mediante un diálogo que esté sinceramente orientado hacia el bien común y no hacia la tutela de intereses velados o particulares». Un diálogo «lo más incluyente posible de todos: Estados nucleares, países que no poseen armas nucleares, sectores militar y privado, comunidades religiosas, sociedad civil, organizaciones internacionales».

«En este esfuerzo —dijo el Papa— debemos evitar esas formas de recriminación recíproca y de polarización que obstaculizan el diálogo en lugar de animarlos. La humanidad tiene la capacidad de trabajar junta para construir nuestra casa común».

en Espiritualidad y Cultura

¿El liberalismo económico es compatible con la fe cristiana? Sí, pero…

28 de mar de 2017
El capitalismo liberal, dominado hoy día por la esfera financiera, llama a un discernimiento crítico.

El liberalismo es a la vez un movimiento histórico y una ideología basada en el principio de la autonomía individual. La clave está en la relación entre, por un lado, la verdad del ser humano en su libertad y, por otro, la justicia social.

Como para el marxismo, la Iglesia ha diferenciado el liberalismo como “ideología condenable” del liberalismo como “movimiento histórico” con el que se puede, en la práctica, encontrar un equilibrio.

Juan Pablo II, en 1981, en Laborem exercens (LE 14, 3-4), recuerda además la primacía del trabajo sobre el capital y promueve la participación, no solamente del beneficio, sino también del poder de la empresa. Disminuye con ello el derecho exclusivo de los accionistas.

Hacer triunfar la justicia

A partir de la encíclica inaugural del 15 de mayo de 1891 Rerum novarum (RN), León XIII toma nota de la desaparición de la antigua organización del trabajo que integraba a los obreros en la solidaridad corporativa y profesional. La encíclica afirma que las dos clases sociales (patronos y obreros) no son antagonistas (RN 15, 1) sino que deben coordinarse para hacer triunfar la justicia.

La originalidad más destacable de esta primera gran encíclica social es que se sitúa en una perspectiva de reforma de la sociedad. Va más allá en una llamada a la conversión de las costumbres y no se contenta con promover la sensibilidad social que habían demostrado tantos cristianos de los siglos pasados.

Es cierto que los católicos sociales, del siglo XIX en particular, fueron por lo general antimodernos y poco liberales.

Un dilema que discernir

Desde la perspectiva de un movimiento histórico en el que el catolicismo no pone en duda las dos premisas institucionales, propiedad privada y trabajo asalariado, los efectos sociales del capitalismo liberal, sin embargo, provocaron un discurso de discernimiento crítico: por un lado la eficacia de la producción favorecida por la competencia; por otro lado, los excesos demasiado reales del sistema de mercado abandonado a sí mismo sin otra regla que la de las preferencias individuales.

El mercado liberal tiene efectos sociales injustificables, denunciados desde Rerum novarum. Juan Pablo II en la encíclica Centesimus annus (1991) subrayaba el dilema: “Da la impresión de que, tanto a nivel de naciones, como de relaciones internacionales, el libre mercado es el instrumento más eficaz para colocar los recursos [productivos, se sobreentiende] y responder eficazmente a las necesidades. Sin embargo, esto vale sólo para aquellas necesidades que son “solventables” con poder adquisitivo”. (CA 34).

Las deficiencias institucionales y políticas del capitalismo liberal

Benedicto XVI en Caritas in veritate (2009) recuerda los efectos deletéreos del capitalismo liberal. El cuerpo, la sociedad, la comunidad humana, ninguna dimensión de la vida escapa a la lógica de mercado: además del hambre en el mundo, exacerbada por la especulación financiera sobre los productos agrícolas, y del acceso a agua potable que se anuncia como un reto estratégico mayor en los años venideros, la contaminación se convierte en una preocupación inmediata.

Ampliando significativamente la vía abierta por Pablo VI en Populorum progressio en 1967 (que ya había ido mucho más allá de una visión puramente económica del desarrollo), Benedicto XVI destaca las deficiencias institucionales y políticas del capitalismo liberal que induce una cultura individualista para detrimento del ser humano “que es quien debe asumirse en primer lugar el deber del desarrollo”. (CV 47)

No separar las cuestiones económicas, políticas y sociales

La urgencia de la cuestión ecológica plantea un problema nuevo –no resuelto por el pensamiento liberal, que lo descarta con facilidad– sobre la interpretación del sistema económico, social y político.

La encíclica Laudato Si’ (LS) del papa Francisco, en 2015, integra en un humanismo ecológico las cuestiones económicas, políticas y sociales que fueron separadas por el liberalismo: “Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas” (LS 56).

Una vía auténticamente humana no puede eximirse del cuidado de la creación y de las criaturas, y la preocupación por “nuestra casa común” no se dejaría a los simples juegos del mercado que externaliza y no toma en consideración los costes ecológicos y sociales (LS 195).

El mercado puede ser, en ciertas condiciones, el medio de administrar la transición hacia una ecología integral, pero sigue expuesto a los descarríos especulativos.

Francisco articula lo que el pensamiento liberal ha desunido

Por último, al situar el desarrollo humano no solamente en el espacio sociopolítico sino también en el largo plazo, donde la sociedad actual está en deuda ecológica con las generaciones futuras, el papa Francisco articula lo que el pensamiento liberal ha desunido: lo social, lo económico y lo político. Enriquece la panoplia de derechos humanos y pone la racionalidad instrumental moderna al servicio de una relación inclusiva con el mundo.

La economía del conocimiento en peligro de incertidumbre

En el campo del liberalismo económico, el vacío más grande afecta, según lo percibió Juan Pablo II en Centesimus annus en 1991, a la laguna de la economía del conocimiento (de donde procede la esfera financiera): “Si en otros tiempos el factor decisivo de la producción era la tierra y luego lo fue el capital, entendido como conjunto masivo de maquinaria y de bienes instrumentales, hoy día el factor decisivo es cada vez más el hombre mismo, es decir, su capacidad de conocimiento, que se pone de manifiesto mediante el saber científico, y su capacidad de organización solidaria, así como la de intuir y satisfacer las necesidades de los demás” (CA 32).

Hoy en día son bien identificables los efectos de la economía del conocimiento sobre las dificultades sociales, en especial los efectos de las finanzas que se alimentan de la incertidumbre.

Se evidencia entre otros fenómenos la forma en que los mercados financieros valoran las empresas. El valor del capital fijo difiere del capital intangible (más allá de las patentes, del know-how, la organización, la cultura de empresa, la imagen de marca).

Esta diferencia (que los financieros llaman Good Will, buena voluntad) representa a menudo la parte esencial de una valoración fundada en las expectativas, siempre arriesgadas, ya que están envueltas de incertidumbre.

Están los que pueden protegerse y los que no

La economía del conocimiento es el corolario de la especialización y, por tanto, del incremento de los riesgos, reforzando el poder de las finanzas y sus consecuencias: la divergencia entre los que pueden protegerse contra los riesgos económicos y los que no tienen cobertura contra los vaivenes del mercado.

El papa Francisco lo recuerda en la encíclica Laudato Si’ retomando el principio de precaución, corolario paradójico pero necesario de la modernidad liberal: “Este principio precautorio permite la protección de los más débiles, que disponen de pocos medios para defenderse y para aportar pruebas irrefutables” (LS 186).

El desafío está en una solidaridad que nace no de los sentimientos, sino de los riesgos afrontados y soportados en común. Se trata de algo muy diferente a la igualdad de oportunidades de la que se jactan algunos liberales.

en El Papa en viaje

Palabras de Papa Francisco a los residentes de las Casas Blancas

26 de mar de 2017
La visita del Papa en Milán ha comenzado en el barrio Forlanini, situado en la periferia milanesa, donde se encuentran las conocidas “casas blancas”. Una zona que se construyó en el 1977 para familias necesitadas y que hoy es lamentablemente conocida por su degradación urbana.

Desde la plaza central de este barrio milanés, Francisco ha dirigido su saludo a los residentes, y se ha encontrado con los representantes de familias gitanas, musulmanas e inmigrantes. También ha visitado los domicilios de dos familias residentes de la zona. Los habitantes han regalado a Francisco una estola y una imagen de la Virgen, presentes que el Santo Padre ha agradecido al inicio de su saludo.

Saludo del Papa Francisco a los residentes de las "Casas Blancas":

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Les agradezco por su bienvenida, ¡tan calurosa!. ¡Gracias, muchas gracias! Son ustedes los que me reciben a la llegada a Milán, y esto es un gran regalo para mí: entrar en la ciudad encontrando los rostros, las familias, una comunidad.

Y les agradezco por los dos regalos especiales que me han ofrecido.

El primero es esta estola, un signo típicamente sacerdotal, que me ha tocado de un modo especial porque me recuerda que yo vengo aquí en medio de ustedes como sacerdote, entro en Milán como sacerdote. Esta estola no la han comprado ya hecha, ha sido creada aquí, ha sido tejida por alguno de ustedes, de manera artesanal. Esto la hace mucho más preciosa; y recuerda que el sacerdote cristiano es elegido de entre el pueblo y al servicio del pueblo; mi sacerdocio, como el de su párroco y de otros curas que trabajan aquí, es un regalo de Cristo, pero está “tejido” por ustedes, por nuestra gente, con su fe, con sus fatigas, con sus oraciones, con sus lágrimas… esto es lo que veo en el signo de la estola. El sacerdocio es don de Cristo, pero “tejido” por ustedes y esto veo en este signo.

Y luego me han regalado la imagen de su virgencita: como era antes y como es ahora después de ser restaurada, la imagen de la virgencita. Yo sé que en Milán me recibe la Virgen, en la cima de la Catedral, pero gracias a su regalo, la Virgen me recibe ya desde aquí, desde el ingreso. Y esto es importante porque me recuerda a la urgencia de María, que corre al encuentro de Isabel. Es la preocupación, la solicitud de la Iglesia, que no se queda en el centro a esperar, sino que va al encuentro de todos, en las periferias, va al encuentro incluso de los no cristianos, y de los no creyentes…; y trae a todos a Jesús, que es el amor de Dios hecho carne, que da sentido a nuestra vida y la salva del mal. Y la Virgen va al encuentro no para hacer proselitismo, ¡no! Sino para acompañarnos en el camino de la vida e incluso el hecho de que la Virgen me esté esperando en la puerta de Milán me ha hecho recordar cuando era pequeño, de pequeños volvíamos del colegio y estaba nuestra mamá en la puerta esperándonos. Y ¡la Virgen es Madre! Y siempre está primero, está delante para recibirnos, para esperarnos. ¡Gracias por esto!

Y también es significativo el hecho de la restauración: esta virgencita suya ha sido restaurada, como la Iglesia siempre ha necesitado de ser “restaurada”, porque es hecha por nosotros, que somos pecadores, todos ¡eh! Somos pecadores. Dejémonos restaurar por Dios, con su misericordia. Dejémonos limpiar el corazón, especialmente en este tiempo de Cuaresma. La Virgen es sin pecado, ella no necesita ser restaurada, pero su estatua si, y así como Madre nos enseña a dejarnos limpiar por la Misericordia de Dios, para testimoniar la santidad de Jesús. Y hablando fraternalmente una buena confesión nos hará tanto bien a todos, ¡eh! ¿O no? Pero también pido a los confesores que sean misericordiosos.

¡Gracias de corazón por estos regalos! Y sobre todo gracias por estar aquí, por su recibimiento y su oración, que me acompañan en el ingreso de Milán. El señor les bendiga y la Virgen les proteja. Y por favor no se olviden de rezar por mí. Y ahora recemos a la Virgen.

[Ave María y Bendición]

Y ¡hasta la vista!

en América y España

Falleció Paloma Gómez Borrero

26 de mar de 2017
A los 82 años, de manera completamente repentina, falleció la veterana periodista Paloma Gómez Borrero, ex corresponsal en el Vaticano, y periodista querida y respetada en toda España. Aquí una de las tantas crónicas publicadas estos días.
Foto de 2016

Mucho antes de que las mujeres entraran en el vestuario del Bernabéu. Mucho antes de que la reportera Letizia Ortiz, futura reina de España, estuviera siquiera en la imaginación de sus padres. Mucho antes de Google, Twitter y Facebook, Paloma Gómez Borrero ya entraba en estancias infinitamente más sagradas, se comía la cámara y el micro de aquellas teles en blanco y negro con kilo y medio de nieve emborronando la pantalla, y tenía un archivo de crónicas y reportajes propios que ya quisieran muchos buscadores de noticias. Paloma, la Borrero, con el artículo por delante que solo se les otorga unánimemente a las muy divinas en lo suyo, fue la primera mujer corresponsal de Televisión Española. Y lo fue en Italia y en el Vaticano, con toda la pompa y la prosopopeya de tan magníficos escenarios. Quienes la oímos, aún tenemos metido en el tímpano aquel “el Santo Padre” con que se refería a los Papas que iban pasando por delante de ella. Pues bien, después de enterrar a cuatro pontífices, dar 29 veces la vuelta al mundo a la vera de los sucesivos sucesores de Pedro y de jubilar al último Papa emérito antes que a ella misma, la Borrero se ha ido como fue en vida: sin dar un ruido más alto que otro salvo el ¡ay! incrédulo y herido de quienes la conocieron.

Cuando las chicas de mi añada queríamos ser periodistas, ya había una generación de colegas que nos había abierto camino a golpe de pasión, talento y cabezonería. La Calaf. La Sarmiento. La Mateo. La Campos. La Prego y tantas otras. Pues bien, aún bastante antes que ellas, la Borrero ya había creado escuela, aunque con el cretinismo, la estrechez de miras y la soberbia propia de los pocos años y las menos luces, a algunas nos pareciera un personaje. Y claro que lo era. La Borrero no le metía el micro en el gaznate del entrevistado, ni el dedo en el ojo, ni le tuteaba, ni le repreguntaba, ni le sacaba de sus casillas ni le ponía de los nervios. Al revés, se ponía la mantilla, se encasquetaba la peineta, se trasmutaba en polvorilla entre sotanas y adoptaba toda la reverencia que hiciera o hiciese falta según el escenario. Pero contaba lo que había que contar. Y nosotros nos enterábamos.

Así fue, la Borrero, una maestra sin saberlo. Habrá estos días quién cuente aquellos tiempos épicos e ingenuos en los que nos lo creíamos todo. Personalmente, solo puedo añadir con conocimiento de causa que Paloma era más joven que la mayoría de los becarios de cualquier redacción digital de ahí fuera. Una compañera leal, colega de sus colegas y divertida hasta la carcajada. La alegría de la huerta, cualquier huerta, en persona. Una narradora amenísima cuya anécdota más trivial podría abrir hoy un periódico a cinco columnas. La reina del gin tonic en las quedadas después del trabajo. La más moderna de la mesa, fuera cual fuera la mesa. La última en irse de la fiesta.

La Borrero, sí, tenía siempre una palabra amable para todo el mundo. Un guiño, una picardía, un pellizco de monja y un luego te llamo y hablamos. Quién sabe qué procesiones llevaría por dentro, pero por fuera siempre ofrecía su mejor rostro. Un cutis, por cierto, que ya quisiéramos para nosotras ahora mismito muchas señoras treinta años más jóvenes. Los últimos días se la veía lozana, pizpiretísima, feliz de la vida, en la trastienda del programa Amigas y Conocidas, de Televisión Española, en cuya mesa de debate tenía silla fija cuando a ella le daba la gana. Llevaba un año de cosecha, con el Premio de la Academia de Televisión a toda una carrera, como último galardón a medio siglo de carrera inigualable. Hace tres semanas, las maquilladoras de Prado del Rey, que la idolatraban, como todo el que se topaba con ella, la encontraron con mal color de cara. El blanco de los ojos verdes amarilleaba. Aun así, hizo el programa. Bromeó, rajó, rio lo más grande. Las compañeras la convencieron para ir al médico. No volvió. Hasta hace nada, cuatro días, aún mandaba whatsapp al grupo como una adolescente convocando a las colegas a atizarse un copazo en cuantito le dieran el alta. No podrá ser. No aquí abajo.

Por Luz Sánchez Mellado

en Roma

“Hoy el Señor nos pide ser sembradores de esperanza”

22 de mar de 2017
Continuando su ciclo de catequesis sobre la esperanza, el Obispo de Roma dijo que, el Apóstol Pablo nos ayuda a entender mejor en que consiste esta virtud, para ello leyó y explicó Rm 15,1-6

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ya desde hace algunas semanas el Apóstol Pablo nos está ayudando a comprender mejor en qué consiste la esperanza cristiana. Y hemos dicho que no era un optimismo, no: era otra cosa. Y el Apóstol nos ayuda a entender qué es esto. Hoy lo hace uniéndola a dos actitudes aún más importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe: la «perseverancia» y la «consolación» (vv. 4.5). En el pasaje de la Carta a los Romanos que recién hemos escuchado son citados dos veces: la primera en relación a las Escrituras y luego a Dios mismo. ¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? Y ¿En qué modo iluminan la realidad de la esperanza estas dos actitudes, la perseverancia y la consolación?

La perseverancia podríamos definirla también como paciencia: es la capacidad de soportar, llevar sobre los hombros, “soportar”, de permanecer fieles, incluso cuando el peso parece hacerse demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos. La consolación, en cambio, es la gracia de saber acoger y mostrar en toda situación, incluso en aquellas marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios. Ahora, San Pablo nos recuerda que la perseverancia y la consolación nos son transmitidas de modo particular por las Escrituras (v. 4), es decir, por la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a dirigir la mirada a Jesús, a conocerlo mejor y a conformarnos a Él, a asemejarnos siempre más a Él. En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad «el Dios de la constancia y del consuelo» (v. 5), que permanece siempre fiel a su amor por nosotros, es decir, que es perseverante en el amor con nosotros, no se cansa de amarnos: ¡no! Es perseverante: ¡siempre nos ama! Y también se preocupa por nosotros, curando nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia, es decir, nos consuela. Tampoco, se cansa de consolarnos.

En esta perspectiva, se comprende también la afirmación inicial del Apóstol: «Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (v. 1). Esta expresión «nosotros, los que somos fuertes» podría parecer arrogante, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así, es más, es justamente lo contrario porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor. Quien experimenta en su propia vida el amor fiel de Dios y su consolación está en grado, es más, en el deber de estar cerca de los hermanos más débiles y hacerse cargo de sus fragilidades. Si nosotros estamos cerca al Señor, tendremos esta fortaleza para estar cerca a los más débiles, a los más necesitados y consolarlos y darles fuerza. Esto es lo que significa. Esto nosotros podemos hacerlo sin auto-complacencia, sino sintiéndose simplemente como un “canal” que transmite los dones del Señor; y así se convierte concretamente en un “sembrador” de esperanza. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros, con esa fortaleza y esa capacidad de consolar y ser sembradores de esperanza. Y hoy, se necesita sembrar esperanza, ¿eh? No es fácil.

El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la cual algunos son de “serie A”, es decir, los fuertes, y otros de “serie B”, es decir, los débiles. El fruto en cambio es, como dice Pablo, «tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús» (v. 5). La Palabra de Dios alimenta una esperanza que se traduce concretamente en el compartir, en el servicio recíproco. Porque incluso quien es “fuerte” se encuentra antes o después con la experiencia de la fragilidad y de la necesidad de la consolación de los demás; y viceversa en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano al hermano en dificultad. Y así es una comunidad que «con un solo corazón y una sola voz, glorifica a Dios» (Cfr. v. 6). Pero todo esto es posible si se pone al centro a Cristo, su Palabra, porque Él es el “fuerte”, Él es quien nos da la fortaleza, quien nos da la paciencia, quien nos da la esperanza, quien nos da la consolación. Él es el “hermano fuerte” que cuida de cada uno de nosotros: todos de hecho tenemos necesidad de ser llevados en los hombros del Buen Pastor y de sentirnos acogidos en su mirada tierna y solícita.

Queridos amigos, jamás agradeceremos suficientemente a Dios por el don de su Palabra, que se hace presente en las Escrituras. Es ahí que el Padre de nuestro Señor Jesucristo se revela como «Dios de la perseverancia y de la consolación». Y es ahí que nos hacemos conscientes de como nuestra esperanza no se funda en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas, sino en el fundamento de Dios y en la fidelidad de su amor, es decir, en la fuerza de Dios y en la consolación de Dios. Gracias.

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