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El Testigo Fiel
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Escritos episcopales del siglo II contra las herejías y cismas
Recogemos en un mismo título la lista propuesta por Quasten de los obispos que comienzan la lucha contra las grandes corrientes heréticas que se abren paso en al segunda mitad del siglo II, principalmente montanistas y gnósticos. Esta lucha episcopal se continuará con la lucha teológica llevada adelante ante todo por Ireneo. Se trata de los santos Sotero (obispo de Roma, 166-174), Eleuterio (obispo de Roma, 174-189), Víctor I (obispo de Roma, 189-198), Ceferino (obispo de Roma, 198-217) y Pinito (obispo de Cnosos, segunda mitad del siglo II),
Grupo: temas
Año de referencia: 199
Introducción:

A estos se debería añadir, por pertenecer a la misma lucha episcopal contra las herejías, a san Serapión de Antioquía y a san Dionisio de Corinto, pero, a diferencia de los anteriores, de estos dos se conservan fragmentos de sus escritos en la obra de Eusebio, y no sólo referencias indirectas.

San Sotero (obispo de Roma, 166-174)

Sotero envió en nombre de la Iglesia de Roma una limosna a la comunidad de Corinto, que Dionisio de Corinto agradece; de la misiva de Dionisio se desprende que Sotero envió además una carta a la comunidad. A. Harnack identifica esa carta de Sotero con la anónima segunda a los corintios (ver Pseudo Clemente I). Las referencias se conservan en Eusebio, Historia Eclesiástica IV 23,9-11.

San Eleuterio (obispo de Roma, 174-189)

Estudios recientes han demostrado que fue Eleuterio, y no Sotero, quien condenó por vez primera la herejía montanista en una declaración escrita. Las «Auctoritates» de las que habla Tertuliano (Adv. Prax. 1) parece que se refieren a este documento. 

Eusebio afirma (Historia Eclesiástica V 3,4-4,2 y V 1,2-3) que en 177 ó 178 el papa Eleuterio recibió a Ireneo, quien le entregó dos cartas sobre el montanismo. La primera era de la comunidad cristiana de Lyón; la segunda, de los mártires de Lyón. Parece que ambas cartas abogaban por que los montanistas fueran tratados con mayor suavidad. (Quasten)

San Víctor I (obispo de Roma, 189-198)

Víctor escribió varias epístolas sobre la controversia pascual; son importantes para la historia del Primado romano (Eusebio, HE V 23-25). San Jerónimo (De viris ill. 34) parece referirse a estas cartas, cuando dice que Víctor compuso "super quaestione paschae et alia quaedam opuscula." ([obras] acerca de la pascua y otros opúsculos).

Víctor debe de ser, además, autor de otro documento, ya que, según Eusebio (HE V 28,6-9), excomulgó a Teodoto, el zurrador de Bizancio [llamado por otros "El guarnicionero"], que enseñaba que Jesucristo fue un hombre como todos los demás, a excepción de su nacimiento milagroso, y que no llegó a ser Dios sino después de su resurrección.

Es muy dudoso que Víctor fuera el primer autor eclesiástico que escribió en latín, como afirma Jerónimo (De viris ill. 53). (Quasten) 

San Ceferino (obispo de Roma, 198-217)

 Optato de Milevi (Contra Parm. 1,9) dice que Ceferino defendió en sus escritos la fe católica contra los herejes. Como no tenemos otra autoridad que confirme esta aserción, la duda subsiste. (Quasten).

Quizás más interesante que al cuestión de los escritos, de los que no hay más testimonios que el mencionado, sea el del conflicto por la readmisión penitencial de los caídos, que acompañó gran parte del fin del siglo II, y que tuvo en Ceferino uno de sus defensores (ver el artículo hagiográfico en el santoral de ETF)

San Pinito (obispo de Cnosos, segunda mitad del siglo II)

Una de las cartas del obispo Dionisio de Corinto iba dirigida a Pinito de Cnosos, en Creta. La respuesta de éste fue evidentemente incorporada a la colección de cartas de Dionisio. Después de haber mencionado la carta de Dionisio a Pinito. Eusebio continúa:

«Respondiendo a esta carta, Pinito rinde admiración y aprueba a Dionisio; sin embargo, le exhorta, a su vez, a que reparta ya un alimento más sólido y sustente al pueblo a él confiado con escritos más perfectos, no sea que, al final, después de haber pasado todo el tiempo en palabras semejantes a la leche, vengan a envejecer, sin darse cuenta, en una conducta pueril. Por esta carta se ponen de manifiesto, como en imagen acabadísima, la ortodoxia de Pinito en lo que atañe a la fe, su preocupación por el provecho de los oyentes, su elocuencia y su comprensión de las cosas de Dios.» (Historia Eclesiástica IV 23,8).

San Jerónimo menciona a Pinito en su De viris illustribus, 28

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