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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

Los hijos de Dios y las hijas de los hombres

por Lic. Abel Della Costa
Nació en Buenos Aires en 1963. Realizó la licenciatura en teología en Buenos Aires, y completó la especialización en Biblia en Valencia.
Desde 1988 hasta 2003 fue profesor de Antropología Teológica y Antropología Filosófica en en la Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Sociales.
En esos mismos años dictó cursos de Biblia en seminarios de teología para laicos, especialmente en el de Nuestra Señora de Guadalupe, de Buenos Aires.
En 2003 fundó el portal El Testigo Fiel.
9 de octubre de 2001
Una primera aproximación, en el marco de estos artículos, a un texto con lenguaje marcadamente mítico y cuyo sentido se pierde si lo leemos como una anécdota suelta, sin integrarlo en el edificio teológico del Relato de los Orígenes.

En el libro del Génesis (Gn 6,1-4) se menciona a los "hijos de Dios y las hijas de los hombres", apenas cuatro versículos, pero que dan mucho que hablar por su claro sabor mítico. Por supuesto, no es el único: ¿quién entre los creyentes no le ha preguntado o le ha querido preguntar a la pobre catequista de su niñez quiénes eran los hombres que podrían amenazar la vida de Caín? Y como ésta muchas semejantes.

En realidad no es un problema que corresponda responderlo versículo por versículo: si fueran 1 o 2 vaya y pase, pero es tal el sabor mítico de algunos relatos y tal el desarrollo religioso y moral de otros, que el contraste se vuelve notable y hasta por momentos chocante.

La dificultad es fundamentalmente de perspectiva, es decir, de nuestro modo de encarar el texto bíblico, y no tanto del contenido del texto en sí. Nadie se sorprende si en Caperucita Roja un lobo habla, pero si queremos leer un libro de historia, no tomaríamos nada a bien si el "historiador" nos da una explicación semejante.

Hay en la Biblia muchos relatos de tipo histórico (claro que nunca del todo en nuestro sentido actual -documental- de la historia), para quien fuera contemporáneo o partícipe de las tradiciones que dieron origen a la Biblia, no le sería tan dificultoso poder distinguir cuándo se está ante un texto histórico, cuándo ante una poesía, cuándo ante una fábula, cuando ante una saga tradicional con mucho valor pero sin necesario fundamento histórico. En la medida en que esos textos se fueron distanciando de la época y el núcleo que les dio origen, esas distinciones se volvieron dificultosas. No es lo único que ayudó a esto, pero piénsese en lo que habrá sentido sobre sus tradiciones un israelita del siglo III aC (a unos 600 años de los relatos más antiguos) cuando chocaron con la civilización griega, tan afecta a la crítica documental. La mayor parte de los creyentes, sobre todo entre los intelectuales, tomaron el partido de defender a ultranza el carácter histórico, no ya de los fragmentos históricos, sino de todo ¿cómo explicarle a un griego que la doctrina del Génesis acerca del hombre no hubiera podido manifestarse en toda su plenitud sino a través de un relato poético como el de Adán y Eva, y que un relato "histórico" de la caída no sólo hubiera sido imposible sino completamente inútil? Por supuesto que además no se lo planteaban de ese modo, y venían ayudados por un concepto muy poco feliz de la Inspiración Bíblica: Dios le sopló al escritor los textos ¿cómo iba a haber géneros, estilos, diversas lecturas, en fin, una historia literaria?. Poco a poco, un inadecuado historicismo fue haciendo cuerpo en la lectura bíblica, y nuestros maravillosos relatos fueron ocultando cada vez más su sentido.

Fue necesario todo el curso de la historia cristiana y toda la enorme revolución cultural que comenzó en el Renacimiento, con su valoración de la autonomía de la obra humana, y fue necesario que surgiera la lingüística contemporánea (algunos recordarán que los primeros textos trabajados por las corrientes estructuralistas -por ejemplo- fueron precisamente los bíblicos) para que despertáramos del historicismo y pudiéramos ver que la Biblia, así como el entramado de una cultura, se expresa en formas diversas -muy muy diversas- cada una de las cuales tiene sus propias reglas de validación, digamos, cada una de las cuales goza de una veracidad propia.

Si los psicólogos de la década del ´70 podían enseñar que los tradicionales cuentos infantiles eran "peligrosos" (así lo he leído varias veces) para la mente infantil -afirmación que es muy cuestionable-, es porque el cuento goza de un poder de comunicación -de concientización- tal que supera ampliamente al del género histórico. ¿Qué pasaría si nos animáramos a leer la Biblia como una colección de géneros múltiples entre los cuales se halla -pero en poca proporción- el relato histórico? Es lo que viene haciendo el estudio bíblico, tanto protestante como católico desde hace dos siglos el primero y un siglo el segundo. Aun cuando sus resultados son todavia poco conocidos por el gran público.

Hagan la prueba de leer el relato de Números 22,22 al 35 (la burra de Balaam) pero olviden los aspectos históricos, pónganse en posición de leer una fábula, con animales parlantes y moraleja: verán que ese episodio indefendible históricamente, recupera todo su valor, toda su fuerza, pasa a decir algo, no para el pasado sino para cualquier época: "hasta la burra supo descubrir a Dios, y el que se las daba de profeta, no", ¿no es esto algo que seguimos debatiendo hoy, con los demás y con nosotros mismos?

Volvamos a "Los hijos de Dios, las hijas de los hombres". El autor que le dio forma literaria a los primeros textos bíblicos (Adán y Eva, Caín, Noé, Babel, no la creación en 7 días, que es muy posterior), no sacó sus historias de la

galera: las sacó del tesoro de narraciones populares, algunas de las cuales eran muy antiguas e incluso pre-bíblicas (los antecedentes de Noé se encuentran en la tablilla XI del poema sumerio "Guilgamesh", por ejemplo). Pero tampoco se limitó a reproducir relatos como venían: no era coleccionista, era teólogo. Tomando como base estos relatos plasmó en ellos la teología con la que Israel explicaba su Alianza con Dios. Recortaba, quitaba, añadía personajes, reformulaba situaciones, con una maestría tal que daría -y da muchas veces- envidia a cualquier escritor actual.

Según la mayoría de los estudiosos "Hijos de Dios e hijas de los hombres" tiene su origen también en un relato folclórico de época pre-bíblica, pero su contenido era demasiado ajeno al espíritu de Israel como para conservarlo completo, así que el autor desarmó la estructura original hasta hacerla casi irreconocible, y se quedó con apenas una pincelada: la mostruosidad de lo que los griegos llamaban "hybris": poner en una misma olla al mundo de Dios y al de los hombres. Cuatro versículos solamente, pero que plantean en toda su crudeza la enormidad del mal en el que estaba sumida la creación después de Adán: y con esto ya tenía todo lo que necesitaba para poder entrar a Noé sin muchas presentaciones. Fíjense que el versículo siguiente (perteneciente ya a la historia de Noe) enuncia sin ningún preámbulo:

"Viendo Yahvé que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal continuamente...".

Pero si el texto era tan chocante para la teología de Israel, ¿por qué usó esos 4 versículos y no los quitó todos? Porque no narró para lectores de 2900 años después que confunden ejemplo, cuento, novela, poesía, tratado, historia, etc., narró para los de su época en primer término, y narró compartiendo con sus contemporáneos códigos tácitos de lectura que no corresponde olvidar. Es en nosotros en quienes esos textos causan problemas, por -justamente- olvidar con frecuencia leer con la lente que corresponde, es decir con los criterios y el alcance con los que los relatos fueron escritos.

Se me dirá que de esta manera ignoramos lo que pasó en los primeros días de la humanidad.

Sí, la fe sólo nos invita a ver que donde hay hombre, hay pecado, y que no podemos ser "caretas" y echarle la culpa a cualquier otra cosa, está allí porque -como los malos gobiernos- en el fondo, nos satisface. Y nos invita a que nos hagamos cargo de esa tragedia. Pero la fe (aún cuando en otras épocas cumplió esa función que no le es propia) no suple el conocimiento de los hechos. Si un hecho no lo conocemos... pues entonces no lo conocemos, y sólo resta investigarlo en la medida en que su conocimiento sea posible.

Comentarios
por Maricruz (221.89.37.---) - sáb , 24-abr-2004, 22:00:00

Gracias.
Por poner aire fresco en estos relatos que cuando los quieren explicar con la sola erudición nos dejan, a pesar de comprenderlos mejor, un poco en el desierto.

por Invitado (88.8.156.---) - mié , 21-feb-2007, 23:00:00

Muchas gracias por explicar de forma tan asequible la superposición de géneros literarios que concurren en la Sagrada Biblia y que exgigen su estudio mediante la exégesis. Es curioso que los pretendidos "intelectuales" racionalistas que asumen, si acaso con una sonrisa displicente pero sin mayor reparo, cualquier interpretación extraterrestre o mágica qieran aferrarse a una literalidad de las Escrituras que nunca ha proclamado la Iglesia

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