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El Testigo Fiel
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El papa Roncalli a Luciani: «Que el obispo hable simple»

5 de junio de 2013
Textos sobre apuntes y recuerdos del papa Luciani, Juan Pablo I, acerca del papa Roncalli, Juan XXIII.

El presente artículo de Stefania Falasca fue publicado en el periódico italiano Avvenire el 5 de junio de 2013, en el 50 aniversario del fallecimiento de Juan XXIII, y traducido para El Testigo Fiel por Abel Della Costa.

"No es este el lugar para contar todo lo que el papa Juan ha hecho por el bien, no sólo de la iglesia, sino de la humanidad; quisiera apenas delinear el espíritu con el cual lo ha hecho". Son las palabras pronunciadas por Albino Luciani, en aquel momento obispo de Vittorio Veneto, el 6 junio de 1963 en la liturgia en sufragio por la muerte de Juan XXIII. "Este espíritu -continuaba Luciani en su homilía- lo he aprendido de sus augustos labios, sentando frente a su escritorio, en una audiencia privada, para mí inolvidable, cinco días antes de que me consagrase obispo."

Entre las cartas manuscritas del papa Luciani no conocidas hasta ahora, y que gracias a la introducción de su causa de canonización ha sido posible recuperar, se encuentra también el diario de aquella audiencia privada que él tuvo con Juan XXIII ante la inminencia de su consagración episcopal. Luciani fue consagrado obispo el 28 de diciembre de 1958, el encuentro privado con el papa Roncalli está  fechado el 21 de diciembre. El apunte de aquella circunstancia, escrito en detalle por Luciani, es reportado en uno de los cuadernos autógrafos cuadriculados de los años '50, provenientes de su archivo privado. Se trata de páginas tan preciosas como raras, no sólo porque el futuro Juan Pablo I, a diferencia de Roncalli, resulta casi extraño al género de la diarística -y sólo en esta circunstancia, reputándola de gran significado para sí, quizo hacer una excepción a la regla-, sino también porque aquel encuentro entra en la inminencia del anuncio del Concilio que en breve el papa Roncalli habrá hecho.

Las páginas del diario personal traen las fechas y desgranan las horas de toda la permanencia de Liciani en Roma en el período comprendido entre el 15 y el 29 de diciembre. Están escritos en su típica caligrafía diminuta, en estilo telegráfico, caracterizado por palaabras abreviadas, siglas, volcadas sólo a retener lo esencial por sí en la propia memoria. En ellas encontramos que desde el día 19 se establece en el Celio, para frecuentar los ejercicios espirituales de los santos Juan y Pablo. El día 21 anota: "Domingo (interrumpo el retiro). 10:30 en el Vaticano para audiencia privada." Antes de encontrar al Papa, Luciani se entretiene en conversación con su secretario, Monseñor Loris Capovilla, y anota: "Mons Capovilla, nos entretuvimos el secretario y yo hablando de la amabilidad y simplicidad del S. Padre, que huye de la exterioridad, y se preocupa sobre todo de hacer la voluntad de Dios", y añade, reportando incluso las palabras de Capovilla: "Fraternidad, mansedumbre (no le gusta [a Juan XXIII, ndr] la palabra 'cruzada'. Dice Roncalli que esta es contraria a la historia de la Iglesia y a la mansedumbre con la que ha obrado Cristo)."

A las 11:35, anota el momento de la audiencia y apunta: "Ante el Papa (genuflexión, anillo, beso fraterno). Después a sentarse: "Reverendo, Ud. rezará por mí, y yo rezaré por Ud.". "Me conocía -escribe Luciani- me había elegido él mismo después de haber oído hablar de mí por parte de S.E. Bortignon y Muccin: esperaba que habría elegido bien para el episcopado. Tampoco él esperaba ser elegido Papa, pero había aceptado con simplicidad lo que parecía ser voluntad de Dios. La Providencia lo había elevado continuamente, a pesar de que él ni lo había deseado ni procurado. Y esto tras una providencial meditación que había sido decisiva y orientativa para su vida.

En 1904, poco después de ser ordenado sacerdote, debiendo predicar en el seminario a sus compañeros, la Providencia le había hecho caer en un capítulo de la Imitación: las cuatro cosas más importantes para tener una gran paz. 'Vaya y véala, dice, en el libro III, cap 3.', mientras tanto recita de memoria: 'Las cuatro cosas más importantes para tener gran paz. Primera: procurad hacer la voluntad de los demás antes que la tuya. Segunda: prefiere siempre poseer poco antes que mucho. Tercera: busca siempre el último puesto. Cuarta: desea siempre y ruega que en ti se realice íntegramente la voluntad de Dios. He procurado siempre poner en práctica estos cuatro puntos, y me han resultado bien, tanto en la alegría como en el dolor; el Señor me ha ayudado y bendecido.' Desde entonces -concluye Luciani apuntando las palabras del Papa- era completado con verdadera gracia, y el Señor lo había bendecido con un continuo ascenso."

Volviendo a repensar en la vida del papa Juan, releyendo sus cartas y sus discursos, Luciani dirá en seguida: "He hallado que él me había dicho la verdad. Verdaderamente se había dejado guiar por la voluntad de Dios, no había buscado el éxito ni la grandeza, ha tenido mucha dulzura y paciencia". Al reportar los momentos sobresalientes del encuentro, Luciani delinea también una particular exhortación que le dio Juan XXIII en el curso del coloquio. Transcripta literalmente, conservando la fragmentariedad del apunte, la nota es la siguiente: "+ quienes entienden la gran sabiduría, abandonan las palabras difíciles, al tiempo que encuentran + eficaces las palabras simples - limitarse no sólo a creer... sino a estar unidos con Cristo." "'Hablar simple, entonces, hablar claro, mirad, pocas cosas: iluminar, iluminar', dice el Papa", retomará de una carta al clero, de 1960. Pero la insistencia de Juan XXIII sobre la comprensibilidad de las palabras, en las circunstancias de la audiencia, parece un imperativo en el cual se lee como una suerte de "traditio lampadis" [traspaso de la antorcha, ndt], una consigna del papa Roncalli en el encuentro con Luciani, tanto más significativa a la luz de la inminencia del Concilio que había solicitado la reforma litúrgica, con su recuperación de la lengua hablada, de aquella oralidad que parecía haber sido exiliada de la Iglesia.

Luciani en sus crónicas conciliares apunta con admiración que el Papa había firmado la propia profesión de fe como "Juan, obispo de la Iglesia católica", usando con simplicidad sólo el título "que lo unía a sus hermanos, los obispos de la Iglesia de Dios". Una de sus tres intervenciones escritas en el curso de las asambleas conciliares tratará de la colegialidad de los obispos. Lo golpea también el hecho de que en la apertura del Concilio el Papa había evitado "todas las sentencias sólo negativas" y había llamado a la Iglesia a utilizar en su lugar "la medicina de la misericordia" en su trato con la modernidad. Escribe: "La idea del papa Juan que más ha golpeado mi espíritu es ésta: Ecclesia Christi lumen gentium! [la Iglesia de Cristo, luz de las naciones, ndt]. También en el famoso discurso de apertura del Concilio él pensaba en el mundo: 'Lo recomiendo -parecía decir en su latín bien cuidado- no deseo un concilio-museo, que se limita a recoger y catalogar piezas antiguas; el Concilio debe ser una fragua, que moldee doctrinas inmutables, pero en formas nuevas, con espíritu nuevo, en vista de nuevas necesidades. Hoy la Iglesia debe ser madre de todos, benigna, paciente, llena de misericordia, incluso frente a sus hijos separados; la gran medicina de hoy debe ser la misericordia.'"

En la homilía en sufragio de Juan XXIII observa finalmente: "Completada su misión, en este mundo queda el bien que ha hecho, queda, incitador y consolante, su luminoso ejemplo. Queda también la más elevada enseñanza, esta: '¡Alargad el ámbito de la Iglesia! ¡La verdad sola no basta, también la caridad! ¡Mirad alto y lejos!'" Entonces concluye Luciani: "Recibamos la enseñanza... no se diga de nosotros que el paso del papa Juan nos ha apenas rozado el corazón. Se diga: 'Aquel Papa grande y bueno los ha impresionado, los ha transformado en sus ideas y en su vida'".

Comentarios
por Katia D. Sanci (i) (69.248.1.---) - vie , 07-jun-2013, 14:07:02

Tengo que resaltar esta parte del articulo, que llamo mi atencion; y me inspira a querer alcanzar esa paz tan deseada: 'Las cuatro cosas más importantes para tener gran paz. Primera: procurad hacer la voluntad de los demás antes que la tuya. Segunda: prefiere siempre poseer poco antes que mucho. Tercera: busca siempre el último puesto. Cuarta: desea siempre y ruega que en ti se realice íntegramente la voluntad de Dios." Papa Roncalli, Juan XXIII

por Luis Ricardo (186.48.193.---) - sáb , 08-jun-2013, 01:44:37

Hoy que se habla tanto de la sencillez del Papa Francisco, que bueno es recordar que ya estaba presente en la Iglesia, en otros Papas ejemplares.

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