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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

«Entra en el gozo de tu Señor»

Una aproximación a la parábola de los talentos

por Lic. Abel Della Costa
Nació en Buenos Aires en 1963. Realizó la licenciatura en teología en Buenos Aires, y completó la especialización en Biblia en Valencia.
Desde 1988 hasta 2003 fue profesor de Antropología Teológica y Antropología Filosófica en en la Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Sociales.
En esos mismos años dictó cursos de Biblia en seminarios de teología para laicos, especialmente en el de Nuestra Señora de Guadalupe, de Buenos Aires.
En 2003 fundó el portal El Testigo Fiel.
14 de mayo de 2009
Parábola riquísima, y enriquecida aun más por 2000 años de meditación, en este escrito apenas si nos aproximamos a algunos aspectos del relato: las diferencias entre las dos versiones (Mt y Lc) y algunos puntos a destacar de la versión de Mateo.

La parábola de los talentos se encuentra en dos lugares distintos de los evangelios, en Mateo 25 y en Lucas 19; la versión de Mateo es la que habla de "talentos" (tálanton), y es la versión más conocida (la que nos viene espontáneamente a la mente cuando la recordamos); la versión de Lucas, siendo fundamentalmente la misma parábola, habla en realidad no de "talentos" sino de "minas" (mná). La diferencia es importante, ya que el talento era una moneda de mucho valor -equivalente a 6000 dracmas-, mientras que la mina era una moneda de escaso peso, equivalente apenas a unas 100 dracmas; puesto en dinero de hoy (una conversión del todo relativa y al solo efecto de que nos podamos imaginar el impacto auditivo de la parábola con una y otra moneda):

-Cada talento equivalía a unos 20 kilos de plata, por lo que a precios de hoy rondaría los 8000 euros.

-Cada mina equivalía a unos 350 gramos de plata, por lo que, en la misma cotización actual, no pasaba de los 150 euros.

Cuando, entonces, en la versión de Lucas se habla de "ser fiel en lo mínimo", realmente se está hablando de un valor imaginario escaso, y es uno de los ejes de significado de la parábola: el término de comparación de ese valor imaginario escaso son unas ciudades que los servidores recibirán a cambio:

-el que gestionó bien la mina y produjo 10, recibe 10 ciudades, más la del mal negociador;

-el que gestionó bien la mina y produjo 5, recibe 5 ciudades;

-al mal negociador se le retira incluso ese escasísimo bien.

En cambio, en Mateo también se habla de "ser fiel en lo poco", pero eso poco no es escaso y mínimo, y no tiene el mismo sentido que en Lucas. Veamos las relaciones:

-uno recibió cinco talentos, y entregó otros cinco; recibe a cambio "el gozo de su Señor".

-el siguiente recibió dos, y entregó otros dos, cuatro en total; recibe a cambio "el gozo de su Señor"

-el mal negociador recibió uno y no lo hizo multiplicar, así que su talento se le entrega al primero, y a él se lo echa a las tinieblas.

Como vemos hay otras diferencias, no sólo el valor en juego:

-En Lucas los tres reciben inicialmente lo mismo, y una distinta capacidad negociadora los hace producir más o menos; en Mateo, las diferencias existen ya en el reparto.

-En Lucas el premio es proporcional al esfuerzo realizado: si se produjeron 10 minas, se reciben 10 ciudades, si 5, 5; en Mateo es "a todo o nada": lo que se recibe es, o el gozo del Señor o las tinieblas.

Sobre todo en esto último queda claro que, en torno a la misma parábola, se está hablando de dos cosas distintas; esas dos cosas las podríamos sintetizar así:

-La parábola contada por Lucas le habla a gente preocupada por el valor y sentido de los pequeños hechos de la vida diaria. La insistencia de todo el evangelio de San Lucas en la pobreza como signo del Reino no sólo tiene como referente que el público primario del Evangelio era de condición más bien humilde, sino que trata de llegar desde esa constatación de la pobreza al significado de una vida pobre en los valores profundos de la vida cristiana: pertrechar al creyente para que se acostumbrara a mirar la pobreza no como una carencia sino como un signo de elección, y por tanto ayudar a que sea la pobreza misma el motor de la acción cristiana de levadura en el mundo, por eso el "premio" a "negociar con poco" es algo que ocurre ya en este mundo: 10 minas, 10 ciudades para regir, etc..

-Mateo, sin desdeñar esto, que seguramente formaba parte esencial de la parábola tal como habrá salido de labios de Jesús (la expresión "ser fiel en lo poco" carece de contexto en la versión de Mateo), aprovecha la fuerza contenida en ella para llevar a los creyentes a meditar no en éste o aquel hecho de la vida cotidiana, sino en una valoración general de la vida. La versión de Mateo pone a los creyentes, no frente a circunstancias cambiantes de la vida, sino frente a lo que cada uno puede decir: "esto soy yo, esto he recibido yo de Dios, estos son mis 'talentos'". No es casual que en castellano la palabra "talento" haya pasado a querer decir "habilidad" o "capacidad natural": la etimología de este concepto en nuestro idioma hay que buscarla precisamente en la parábola de Mateo. Aunque luego veremos que ese "yo" del que habla la parábola no es -en primer lugar- el yo de cada creyente, sino el yo de la Iglesia.

Correspondientemente, así como la parábola no habla primordialmente de circunstancias de la vida, sino que da una mirada totalizante que cada uno puede hacer sobre su propia vida, el resultado no es algo "proporcionable", como en Lucas (cinco ciudades, diez ciudades, etc) sino lo único por lo que en definitiva vale la pena este todo o nada que es nuestra vida: el gozo del Señor o la tiniebla.

¿Cuál de estas parábolas contó Jesús? probablemente las dos versiones, y más también: Jesús era un predicador itinerante, así que -sobre la base de un repertorio de moldes narrrativos que pueden rastrearse perfectamente en los evangelios- adaptaría -como todo buen predicador- la "versión" del recitado a lo que en cada circunstancia percibiera como las necesidades del público concreto que tenía delante. De esa capacidad de Jesús de resonar con las expectativas, el lenguaje, las necesidaes concretas de su ocasional público, aprendieron los discípulos, y transmitieron a la primera Iglesia, de tal modo que cuando llegó la hora de dejar por escrito el Evangelio, la tarea no se hizo mecánicamente, como si se tratase meramente de fijar unos recuerdos evocados con objetiva neutralidad, sino que cada uno de los narradores re-sonó con éste o aquel aspecto de la prédica -inapresable en uno, dos, cuatro o mil libros- de Jesús.

Por eso, no sólo esta cuestión de los valores dice algo del sentido de la parábola, sino que también es relevante el contexto en el que cada uno de los dos evangelios la ha contado. El encadenamiento de esta parábola con las narraciones que la rodean forma un fragmento de predicación concreta, responde a un conjunto de expectativas que pudo haber tenido la comunidad de destinatarios originales... y que podemos tener nosotros. Como ejemplo de lectura me concentraré en el contexto de San Mateo (aunque puede hacerse el mismo trabajo con la versión de San Lucas):

Ocupa un fragmento del capítulo 25, los versículos 14 al 30, viene precedida de la "parábola de las vírgenes necias y las prudentes" (vv 1-13), y seguida del fragmento sobre el juicio final donde son reconocidos los que obraron el bien, aunque no hayan conocido al Señor (vv 31 al 46).

No parece que la "costura" entre un relato y otro sea muy sólida, al menos al modo como nosotros estructuramos los textos en la actualidad; sin embargo, quien haya leído un poco, no demasiado, apenas un poco de pensamiento rabínico (por ejemplo, fragmentos del Talmud) reconocerá enseguida esta manera de engarzar un texto al lado de otro basándose en similitudes circunstanciales, de una manera que podríamos llamar "pensamiento por contigüidad", muy apegado a lo que es el estilo oral. Uno casi puede imaginar cuál es el proceso mental que de un texto evoca otro:

"El reino de los cielos es semejante a diez vírgenes [...] velad porque no sabéis ni el día ni la hora. (Y hablando del momento final) también se parece a un hombre [...]  Allí será el llanto y el rechinar de dientes. (Y ya que mencionamos el juicio) Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria [...]"

Este modo de ligar relatos permite, al menos en teoría, contarlos en infinidad de contextos, y en combinaciones de lo más variadas: basta que haya alguna palabra, tema, pregunta, preocupación, que sirva para estructurarlos en el momento.

Ahora bien, siendo la unión débil y circunstancial, es sin embargo altamente significativa; es decir: precisamente porque no hay ninguna razón literaria para poner juntos a la parábola de los talentos, a la de las vírgenes y al fragmento del juicio, el hecho de que ser relacionen entre sí contiene una intencionalidad que puede ser relacionada con las razones de la predicación, alma del sentido en los evangelios.

Sin necesidad de desarrollarlo aquí, recordemos las líneas fundamentales de la estructura de San Mateo, para entender el lugar que ocupa esta parábola:

El evangelio está repartido en siete bloques:

1 prólogo (Evangelio de infancia) - Caps 1-3

1 epílogo (Evangelio de Pasión) - Caps 26-28

5 "discursos" en torno al "Reino" que evocan la idea de un nuevo "Pentateuco": caps 4-7; 8-10; 11-13; 14-18; 19-25: el Evangelio como nueva ley del nuevo pueblo de Dios. Cada uno de esos "discursos" se compone de "hechos" -acciones de Jesús o de los discípulos- y de "palabras" que desarrollan el sentido profundo de esos hechos, generalmente incluso puede diferenciarse muy bien entre el bloque de hechos y el de palabras, aunque no en este 5º discurso que nos ocupa, donde están más entrelazados.

El capítulo 25 forma parte de las "palabras" del último discurso. Todo el discurso tiene como tema general la "consumación del Reino": a través de algunos hechos (invectivas contra los fariseos, entrada mesiánica -Ramos-, expulsión de los vendedores, etc...) y de algunas enseñanzas (indisolubilidad escatológica del matrimonio, parábola de los obreros de la última hora, parábola del banquete de bodas, y otros -entre ellos el cap 25-) Jesús termina de romper con la "lógica" de Israel: la lógica de la Ley, la lógica de la pureza, la lógica del mérito, la lógica de la proporción entre nuestro obrar y el de Dios, la lógica -en definitiva- de la religión concebida humanamente. No se trata de que esa concepción esté errada (por eso Jesús, en Mateo, insiste en que no viene a abolir sino a cumplir), sino que esa concepción humana de la religión, por querer "respetar" los "derechos de Dios", por querer poner de manifiesto lo más sagrado de Dios, termina ahogando el misterio de Dios, el misterio de gracia y de misericordia.

Cuidado, entonces, porque la lectura personalista que solemos hacer de esta parábola de los talentos, comparando nuestra vida personal a la del hombre al que se han dado n talentos, y debe negociar con ellos para hacerlos producir, no es la intención primera, la intención predicante; esa intención primera habla ante todo de los dones dejados a la Iglesia en el tiempo que durará la ausencia escatológica del Señor resucitado.

A diferencia de lo que hizo Israel con los dones que Dios le dejó, la Iglesia debe hacerlos rendir, no guardárselos, no "custodiarlos para que no se pierdan" (que es la actitud sacral-farisea por excelencia), sino invertirlos, ponerlos a negociar.

Si nos preguntamos, por ejemplo, si Jesús prefiere la iglesia-cambalache de los '70 o la iglesia-inmaculada de la reacción lefevbrista, aquí tenemos una posible respuesta: quizás puestos a negociar, los años '70 lo perdieron todo... pero lo intentaron, a diferencia de los otros, que no arriesgaron nada: escondieron el talento, diríamos con la parábola.

El término de comparación de la parábola es la actitud de Israel, el quietismo de la inamovible tradición, que termina resultando una traición a la fuerza arrolladora que Jesús quiere para el reino.

Por supuesto esta parábola se equilibra con la de las vírgenes, que establece cierto criterio de lo que puede ser llamado "necio" y lo que debe ser considerado "prudente": prudente es estar preparados para la venida del Novio, necio, por el contrario, perder de vista para qué se estaba en espera; así que ya tenemos otro aspecto de lo que puede considerarse una correcta negociación de los talentos: aquello que mantiene -e incluso aumenta- la tensión hacia la consumación del reinado de Jesús, eso es lo que podemos poner del lado de hacer crecer los talentos.

También esta parábola se equilibra con el fragmento del Juicio: cuál es el criterio de una Iglesia que haya realmente logrado consonar con la religión que quiere Jesús; y es muy claro: una Iglesia del servicio.

No se trata, entonces, de hablar de "hacer crecer los talentos" como si se tratara de una mera frase para adornar estampitas piadosas, sino de que esa acción tiene contenidos muy definidos:

-Tensión hacia la espera de Jesús.

-Servicio concreto a los hombres.

-Rechazo del inmovilismo pseudo-sagrado.

 

Este trabajo con los talentos es, primero que nada, una acción de la Iglesia: la parábola se dirige a la vida real de la Iglesia en el tiempo de la espera. Sólo en segundo término podemos aplicárnoslo cada uno a nuestra vida personal, y confrontar si nuestras acciones responden a una "negociación con los talentos" o más bien nos quedamos estancados y como inmóviles para evitar "meter la pata". Pero siempre teniendo en cuenta que el tema del que habla es el reino y el crecimiento del reino, se trate de las acciones de la Iglesia (primer sentido) o de nuestras acciones personales (segundo sentido).

Lo que nunca deberíamos hacer (¡ay! ¿no es tal vez la lectura que más hacemos?) es leer esta parábola como si volviera a introducir la lógica de la Ley, como si se nos hablara del mérito que nosotros tenemos que imprimir a nuestra vida para hacernos acreedores de la salvación. La parábola no habla de lo maravillosamente perfectos y triunfantes que tenemos que ser en todos los aspectos de nuestra vida, no habla de eficacia y rendimiento, sino del modo como la Iglesia y sus miembros se mueven en relación al Reino y a la espera del reinado concreto y efectivo de Jesús, donde vendrá a restañar las heridas, sanar nuestra humanamente incurable incapacidad, y repartir gracia a manos llenas, entrando a cada uno al "gozo de su Señor".

 

 

Hieronymus Francken: parábola de las vírgenes prudentes y las necias, 1616.

Comentarios
por Rosy (189.164.202.---) - dom , 17-may-2009, 01:33:24

Buenisimo!!!

por estelita (190.183.62.---) - lun , 21-dic-2009, 23:57:26

buenisimooooooooooo

por Rosy (189.164.238.---) - jue , 30-dic-2010, 18:42:35

Abel, que bueno es volver a esta lectura del 2009, quiza no aprecie en ese entonses, lo que quieres que entendamos de la parabola de los talentos, conoces bastante, de Biblia Abel , yo me quedo muy atras, ultimamente necesito mas tiempo u mas bien dicho horas del día y poner mas buena dedicación no hacer todas mis labores sin medir, sin considerar, sin amar lo que se me dá lo que quiere Dios de mi, llenarme de su palabra, de su escritura, este portal esta lleno de una inmenza riqueza, y necesita nuestra colaboracion!. Gracias

por Rosy (189.164.238.---) - jue , 30-dic-2010, 18:44:08

Abel, lo de la pintura de las virgenes prudentes y las necias, esta hecha con amor.

Con amor

Rosy

por Alex (i) (88.11.186.---) - lun , 15-abr-2013, 11:39:56

Abel:
"por ejemplo, si Jesús prefiere la iglesia-cambalache de los '70 o la iglesia-inmaculada de la reacción lefevbrista, aquí tenemos una posible respuesta: quizás puestos a negociar, los años '70 lo perdieron todo... pero lo intentaron, a diferencia de los otros, que no arriesgaron nada: escondieron el talento, diríamos con la parábola."

Y cuando lo intentas y pierdes todos "tus", los dones recibidos de Dios, talentos ¿Que pasa?
Creo Abel, que la solución está em la parabola del hijo pródigo.

Saludos

por Abel (81.203.151.---) - lun , 15-abr-2013, 16:35:50

Claro. Pero la parábola del hijo pródigo no funciona si no se reconoce primero que se ha perdido todo. Eso vale tanto para el mayor como para el menor.

por MANUEL LEÓN FERNÁNDEZ (i) (87.217.160.---) - lun , 18-ago-2014, 18:53:52

No puedo entender que a unos dos mil años de distancia, alguno pueda discernir cuales son los diferentes retazos que forman el “mosaico” de uno y otro Evangelio, con sus supuestas artificiales “suturas”, “mosaico” al que se le ha querido conceder ciertas indulgencias y ciertos acomodos, como para dar la impresión de que se le da un respeto a la sacralidad de los Santos Evangelios.
Siendo Mateo un testigo ocular, quien como Apóstol, junto con sus condiscípulos, recibió la promesa del Padre (el Espíritu Santo), con la promesa añadida de que el Paracletos «les enseñaría todas las cosas, y les recordaría todas sus enseñanzas» Jn.14:26.
«Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.»
«Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.» Jn.15:26
«Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.» Jn.16:12-14
Digo que a la luz de los citados pasajes no puedo entender cómo los autores sagrados tuvieron que depender de ciertas fuentes documentales, “supuestamente” más antiguas, (en todo caso, contemporáneas), y dar a luz, a base de unir fragmentos, la chapuza literaria que algunos se atreven a decir que son los libros sagrados, en general, y en particular los Evangelios.
No puedo entender la necesidad que tienen ciertos los eruditos de “descuartizar” los Evangelios; si es que hacen esto para demostrar cuán eruditos son y cuan por encima están de la Palabra del Señor.
Así las cosas, me pregunto ¿sobre qué base debemos asentar nuestra fe? ¿Sobre los criterios de un puñado de hombres supuestamente sabios quienes ni entre ellos mismos se ponen de acuerdo?
¿No será mejor aceptar los Evangelios en toda su integridad tal cual nos han llegado, inspirados y preservados por el Santo Espíritu de Dios?

por Abel (81.203.151.---) - lun , 18-ago-2014, 19:42:46

¿Está mal la lectura que he hecho? dígame concretamente en qué punto(s) falla. ¿Está bien? ¿entonces por qué me abofetea?
Todo eso que ha puesto en el comentario no me sirve realmente de nada, porque no veo que tenga ninguna relación con el método de lectura que he utilizado aquí; se trata más bien de invectivas generales dirigidas contra cualquiera que estudie por encima de los prejuicios y nociones acríticas sobre la Biblia que Ud. recibió en su tierna infancia y ha decidido no tocar, para no romper, como en la parábola de los talentos.

por Antonio Todolí (i) (95.121.232.---) - dom , 16-nov-2014, 06:53:14

Me parece bien el intento de Vd.Sr.Abel, por explicar "lo que parece oculto en las parábolas".....
pero entiendo, también, y muy bien al Sr.Manuel León.
Sr. Abel, me parece que, aunque no lo diga expresamente, está invitando en su artículo a confundir "rectitud doctrinal" y moral con "quietismo o inmovilismo". Al menos eso se transluce un poco.
Es decir, que si entendemos la rectitud doctrinal como "Verdad", diríamos, como el Sr. Manuel León, ...que la Verdad es Cristo, inspirada, como si fuera una foto de Cristo que nos va descubriendo el Espíritu Santo prometido y donado por el Señor a su Iglesia.

"La prudencia" de las vírgenes, es, precisamente, mantenerse vigilantes en la Verdad y el Amor,-(trabajando el aceite),- sabiendo que vendrá el Señor, aunque tarde,... y no dilapidar el aceite, todo el aceite, por el gusto de entretenerse con el mundo confundiendo misericordia con dejadez en la espera.
Es decir, que Dios es todo Misericordia y compasión, pero en la Verdad, tal como es todo Verdad en su Misericordia infinita, perdonando siempre que haya arrepentimiento y conversión del corazón, de lo contrario, también dice: ¡Arrojadlo a las tinieblas!. Un abrazo, no obstante, por algunos hermosísimos párrafos.

por Maite (88.21.118.---) - mié , 19-nov-2014, 21:27:27

Que pasa si se pierde todo, no pasa nada, porque ya el Hermano mayor, lo gano todo antes, al siervo holgazán, no se le recrimina, por haber invertido el talento, o, la mina, y,haberla perdido, por la quiebra del banco, se le reprende, porque se la guardo en la cartera

Por cierto el hijo pródigo no perdió, derrocho, tiro, que no es lo mismo, pero si vale el ejemplo

Y, me gusto Abel, que recuerdes que va dirigida primero a La Comunidad, a La Iglesia, porque el domingo pasado, tuve que soportar una homilia, donde el cura, hablo de que todos los trabajos eran iguales, y, que todos debían de hacerse con honestidad, y, justicia, con lo que estoy de acuerdo, pero el Evangelio, no hablaba de eso, lo que tampoco podemos olvidar es que La Iglesia no es un ente marciano, ni es el Papa y, sus colegas, si no que somos todos y, cada uno de nosotros

O, sea que también vale la pregunta, ¿Con los dones que Dios me ha dado, qué hago para ayudar a construir el Reino, empezando por hacerlo crecer en mi, o, por traerlo; una forma por ejemplo de, desaprovechar el hacer crecer los talentos, sería, no apuntarse pudiendo a un curso de Biblia, de teología, de catecismo, de ecumenismo etc, por miedo a perder la fe, de la primera Comunión, y, tener una fe adulta

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