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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

Pastoral industrial

por Blog «Todo era bueno»
30 de enero de 2013
¿Curar a los enfermos en masa, o curarlos llaga a llaga?

Cuenta el Talmud Bavli (bSanh 98a) que el rabí Joshua le preguntó a Elías:

-¿Cuándo vendrá el Mesías?

-Ve y pregúntaselo tú mismo- le replicó Elías.

-¿Dónde se sienta?

-En la puerta.

-Y, ¿cómo le reconoceré?

-Se sienta entre los leprosos pobres. Los otros sanadores les destapan las heridas todas a la vez y después los vendan también a la vez, mientras que él quita las vendas a cada llaga por separado, y cura y vuelve a vendar cada una separadamente, antes de pasar a la siguiente, pensando: "Si llega mi hora no me retrasaré".

Así que rabí Joshua fue, lo saludó y le dijo:

-Paz a ti, Señor y Maestro.

-Paz a ti, hijo de Leví- le replicó.

-¿Cuándo vendrás, Señor?- le preguntó.

-Hoy- respondió el Mesías.

Porque está escrito: "Si hoy escucháis su voz..."

Bien. Esta historia hebrea intenta ilustrar que el Mesías viene siempre HOY, con tal de que HOY escuchemos su voz.

Porque él nos habla cada día.

Pero hay más en este cuento. Me refiero al modo con que el Mesías cura las llagas: todos los demás van a los leprosos y les destapan todas las heridas a la vez. Y se las curan a la vez, y después se las vendan a la vez. Es un proceso, digamos, industrial, aparentemente muy eficaz. En cambio el Mesías destapa las llagas de una en una. Y no destapa un vendaje antes de haber curado y tapado el anterior. Lo hace para estar siempre disponible, caso de tener que ir a algún sitio. Es que si uno destapa todas las llagas de un enfermo a la vez, no puede apartarse de él hasta que las cura todas y las vuelve a vendar.

El Mesías cura a los leprosos de uno en uno, y lo hace llaga a llaga.

Este asunto me ha hecho pensar en cómo Dios nos cura llaga por llaga. No aborda toda la problemática de nuestra vida a la vez ni de modo indiscriminado. Se toma su tiempo. Sigue un proceso paciente.  

Y esto me ha hecho pensar en el proceso que sigue Jesús para darse a conocer a sus discípulos, y a cada uno de nosotros. Pero también me ha hecho pensar en una riqueza que la Iglesia tuvo de modo generalizado en otras época y que hoy, por desgracia, no despliega en su totalidad: el catecumenado. Tomar a los hombres de uno en uno, adaptarse a su ritmo, e ir enseñando y curando un tema por vez. ¡Qué importancia se reconoce a cada persona y a cada problema!

¡Qué pena todos esos que parecen tener prisa en la evangelización, que esperan de cada persona que se convierta en un cristiano con un cursito o con unas pocas charlitas! ¡Con la de llagas y descubrimientos que cada uno de nosotros tenemos que hacer antes de poder decir: "Creo, Señor, pero ayuda a mi fe"!

También me ha hecho reflexionar en torno a ese modo industrialzado de pensar y aplicar la pastoral en la I.C.S.A. (Iglesia Católica Sociedad Anónima). Un solo tipo de cursillo para todos los novios. Un solo tipo de catequesis de comunión. Un solo modo de celebrar la Eucaristía, un solo ritmo... Todos... a pasar por el aro, tanto si se trata de una señora de 70 años que lleva cuarenta en la parroquia, como si se trata de un adolescente que se tambalea en los umbrales de la fe. Todos a cantar "Tú has venido a la orilla". Todos "a la parroquia" entendida de modo monocolor.

Y también me ha dado por pensar que el Mesías -que ya vino, aunque pocos hebreos se enteraron- no se presentó a todos los pueblos de la tierra ni a todos los hombres a la vez. No abrió parroquias en todos los pueblos ni pretendió que en cada aldea se celebrara la misa del gallo para que la gente pudiera acudir tranquilamente. Más bien concentró sus energías en un pueblo, Israel. Y allí dentro, se concentró en un grupo, los discípulos. Y de entre ellos se fijó en los Doce. Y, de entre los Doce, dedicó mucho tiempo especialmente a cuatro.

Y así, de modo concéntrico, de cuatro, a doce, a algunas decenas, a un pueblo y a todas las naciones... porque el mensaje era para todos.

Exactamente lo contrario de lo que se está haciendo en muchas partes. En lugar de medir las fuerzas pastorales (número de curas, número de catequistas...) y procurar que cada uno de ellos pueda formar adecuadamente a un grupo pequeño, se opta por extender la cada vez más menguante mantequilla en el mismo pan de siempre. Con lo cual tiene cada vez menos sabor y cada vez apetece menos.

Si de verdad aceptamos que estamos en tiempos de misión y que es necesario desarrollar una pastoral de emergencia (llegar a donde se pueda, pero llegar bien, dejando caer los lugares donde no se puede garantizar que las fuerzas serán suficientes) habrá que cambiar de método.

Si uno tiene sólo una dosis eficaz de antibiótico y tiene diez enfermos, es inútil repartir la dosis entre todos. Ninguno se salvará y es posible que, además, todos desarrollen resistencias contra el tratamiento.

Es un poco lo que pasa en muchos lugares: curas que corren de un lado al otro sin detenerse, multiplicando los sacramentos mientras se dividen las ilusiones. Curas cada vez más quemados y que son cada vez menos capaces, aunque quisieran, de sentarse ante una persona y ofrecerle, por ejemplo, una adecuada y serena dirección espiritual personalizada. De este modo no sólo no se ayudará a los diez o veinte que podrían ser antendidos, sino que los quinientos que ven pasar al cura de largo, entre misa y misa, perderán interés en saber de qué habla este personaje, tan raudo siempre, y tan estresado.

Jesús aplicó mucha presión en un punto muy pequeño. Y así obtuvo una ruptura por la que manó la Iglesia, un fermento minúsculo pero altamente eficaz para aumentar toda la masa.

Y nosotros no seremos mejores ni más listos que él.

Dicho esto, y muy a mi pesar, me planteo qué es lo mucho que hay que dejar caer para que algún poco se salve.

Pero de eso hablaremos otro día.

Hoy quería pensar en la pastoral del Mesías: de uno en uno, y de llaga en llaga.

Se llegue hasta donde se llegue.

La evangelización hay que hacerla en serio, y no en serie.

Comentarios
por Carlos Rodolfo (i) (88.23.78.---) - sáb , 02-feb-2013, 13:15:35

Excelente reflexión basada en la palabra de Dios.
Argumentación extraordinaria con la cual estoy de acuerdo completamente.
Como fiel de base, me parece muy acertada esta visión del tema.
Ruego a Dios que sea aplicada por los pastores y por las ovejas.
Gracias.

por roberto.alvarez (77.209.225.---) - mié , 06-feb-2013, 14:42:31

estoy completamente de acuerdo en todo salvo en un punto, el catecumenado es una opcion real y vivida por millones de cristianos que caminan juntos en pequeñas comunidades adscritas a miles de parroquias. Yo mismo inicie este camino de descubrimiento bautismal hace 10 años, Y lo inicie desde la mas profunda ignorancia de la iglesia real, que ahora me da la vida. Es cierto que necesitamos evangelización pero no es de complicadas teorías, de lo que se nutre la evangelización, es de la verdad y la vida. Vida real, de personas reales, que dan la vida por el prójimo y mueren de su comodidad, su tiempo, sus afectos y su pereza, para llevar al otro la verdad de cristo. Y solo cristo salva, nosotros solo tenemos que dejarnos salvar y eso en si mismo hace cristianos.

por roberto.alvarez (77.209.226.---) - mié , 06-feb-2013, 14:42:33

estoy completamente de acuerdo en todo salvo en un punto, el catecumenado es una opcion real y vivida por millones de cristianos que caminan juntos en pequeñas comunidades adscritas a miles de parroquias. Yo mismo inicie este camino de descubrimiento bautismal hace 10 años, Y lo inicie desde la mas profunda ignorancia de la iglesia real, que ahora me da la vida. Es cierto que necesitamos evangelización pero no es de complicadas teorías, de lo que se nutre la evangelización, es de la verdad y la vida. Vida real, de personas reales, que dan la vida por el prójimo y mueren de su comodidad, su tiempo, sus afectos y su pereza, para llevar al otro la verdad de cristo. Y solo cristo salva, nosotros solo tenemos que dejarnos salvar y eso en si mismo hace cristianos.

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