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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

Hablando con un hermano de otra denominación, él afirmaba, que Cristo no subió en el Viernes santo con el Buen ladrón, porque dijo: "...Estarás conmigo..." o sea en futuro, y por eso el ladrón sigue "durmiendo en su tumba, como la Virgen María y todos los difuntos". Quise contestarle, pero me vino una duda: Si Cristo en el Domingo de la Resurrección dice a Magdalena: "Noli me tangere, porque AUN NO HE SUBIDO..." ¿Cómo contestarle, si Cristo Jesús entonces no subió en el Viernes Santo con el ladrón...?

pregunta realizada por Andi2
19 de octubre de 2016

Me resulta un tanto problemático responder a esta cuestión, ya que no puedo "dar la razón" a ninguno de los dos. A mi entender, los dos están practicando una clase de lectura de la Biblia completamente inapropiada, y por tanto, si uno de los dos llevara razón, sería de casualidad. Te sintetizaré lo que considero errores de lectura más serios:

-La recepción fundamentalista y atomizada del texto: por ejemplo «porque dijo: "...Estarás conmigo..." o sea en futuro» Un texto siempre tiene un contexto de comprensión, y siempre está ligado a ideas que van más allá de la frase. Que un texto contenga un futuro no quiere decir que lo que enuncie se haya de entender en futuro. Los textos no son frase sueltas (lectura atomizada), ni lo literal es el significado de las palabras según el diccionario o la gramática (lectura fundamentalista).

-La creencia de que los textos evangélicos recogen una grabación de las frases de Jesús: ¿dijo o no dijo Jesús "hoy estarás conmigo en el paraíso", "no me toques", etc.? No lo podemos saber a ciencia cierta: los evangelios son una catequesis en la que la Iglesia inicial, la que fundó Jesús, nos enseña cómo unirnos a esa Iglesia, cómo ver a Jesús como ella lo vio. No siempre recogen literalmente frases que dijo Jesús, algunas veces desarrollan "proféticamente" pensamientos o doctrinas que entendieron que estaban comprendidos en lo que dijo Jesús, por tanto no puede argumentarse partiendo de una frase aislada como si fuera una grabación que sirviera para dirimir discusiones sobre distintas formas de comprender a Jesús, porque ellos mismos, los evangelios, reflejan modos diversos de comprender a Jesús, que pueden y deben coexistir.

Es muy difícil establecer las "mismísimas palabras" de Jesús; los especialistas en la historicidad de Jesús consiguen algo de eso a costa de muchísimo esfuerzo (y aun así no están muchas veces de acuerdo entre ellos acerca de esas "mismísimas palabras"). Pero lo que es más importante: cuando llegamos a establecer que una palabra es "mismísima palabra" de Jesús, eso no quiere decir que tenemos algo mejor que los evangelios. La regla de fe son los evangelios, no lo que nosotros establecemos a partir de ellos con nuestros métodos.

Aislar una frase supuestamente de Jesús, y pretender establecer si algo debe o no creerse en base a esa frase aislada es una manera de pretender ir por encima de los evangelios, de lo que ellos nos perfilaron como el Jesús a quien debo contemplar para guiarme en mi vida de fe.

Esto se conecta con el tercer gran error de lectura, posiblemente el más importante:

-No se pueden mezclar textos de los cuatro evangelios como si fueran todos lo mismo: un texto de Juan no es objeción para un texto de Lucas. "Hoy estarás conmigo en el paraíso" es un texto de san Lucas, forma parte de las "últimas palabras de Jesús" según este evangelio; "no me toques que aun no he subido al Padre" es un texto de Juan, forma parte de las frases del Resucitado, y quizás es eco de otros textos. El "estar en el paraíso" tiene que ver con la teología de San Lucas, con su modo de revelar quién es Jesús (que es lo único que revelan los evangelios); el "no me toques" tiene que ver con la teologia de san Juan, con su modo de revelar quién es Jesús. Si los mezclo no entiendo más a Jesús, sino menos.

 

En la teología de san Lucas, el Reino de Dios ya está entre nosotros (Lc 17,21) gracias a la cruz de Jesús; estar en el paraíso y estar en el Reino son equivalentes: Tú ya estás en el Reino, yo ya estoy en el Reino, por pura gracia divina, y también, por la misma pura gracia divina, lo está el ladrón que imploró esa misericordia final, como el publicano de la parábola. San Lucas no está respondiendo al problema de qué pasa con los cuerpos y las almas después de la muerte, más bien nos está mostrando un caso práctico de la enseñanza sobre la gracia que aparece en las parábolas.

Lo que ocurre cuando uno usa un texto para responder a una pregunta que el texto no se plantea es que, sin querer y con buena voluntad pero escaso acierto, se está abusando del texto. 

Hay muchas preguntas religiosas que los evangelios no responden, porque no son una Summa Theologica sino una catequesis sobre quién es Jesús en realidad, aunque haya parecido un "mero hombre", o simplemente un profeta más, o un mero reivindicador del mesianismo davídico, o haya muerto en una cruz. A esas cuestiones responden los evangelios, a la realidad y la apariencia en Jesús, no a cuestiones religiosas que a lo mejor son importantes, pero están ajenas a sus respectivas miradas.

Por ejemplo, cuando un escritor religioso como san Pablo se pregunta por nuestro destino de ultratumba (en 1Cor 15, por citar uno), no acude a enseñanzas de Jesús, sino a juzgar nuestras creencias a la luz de la resurrección de Jesús.

 

En la teología de san Juan, el Jesús que plenamente expresa la realidad divina, el rostro del Padre que nadie vio y sólo puede verse en Jesús (Jn 1,18), es el Jesús que vuelve al Padre cargado con "los suyos", que permanecen unidos a él como las uvas al racimo, y tienen en él un "lugar" junto al Padre (Jn 14,2-3). El intento de la Magdalena de retener a Jesús aquí, en el mundo (es decir "fuera del Padre"), por muy piadoso que parezca, es un deseo impío: no debemos pretender un Jesús-con-nosotros en este mundo, sino un Dios-con-Nosotros que ha vencido al mundo. Quizás el "no me toques" sea una alusión a la parte del mandato divino que inventó la mujer en Gn 3 ("respecto del árbol del bien y del mal, Dios nos ha dicho 'no comáis de él ni lo toquéis'"): el "tocar" lo divino, hacerlo nuestro, parte de nuestro mundo, es la gran tentación del hombre religioso; pero debe ser resistida, porque en lo particular y mundano se pierde el rostro del Padre.

 

En fin, estas son elaboraciones posibles, hay muchas otras que podrían hacerse en relación a estos mismos textos y girando en torno a estas ideas, pero como puedes ver, tampoco el texto de Juan se ocupa de nuestro destino de ultratumba.

 

Y a todo esto, ¿vamos o no inmediatamente al paraíso?

Pues, eso no lo sé yo, quiero decir que nuestro lenguaje está atado a categorías materiales que tienen que ver con nuestra experiencia del mundo.

Hay un mapamundi muy hermoso, el Mapa Waldseemüller, de 1507, que es el primero donde aparece América, y donde además se le da, por error (en la creencia de que había sido descubierta por Américo Vespusio), el nombre de "América". El mapa tiene una curiosidad: la costa del Pacífico es una línea recta... ¡no había sido descubierta aun!

Así pasa cuando tenemos que hablar de aquello que excede por completo nuestra experiencia: simplificamos, nos basamos en lo visto y en lo que "es lógico", pero lo real nunca es "lo lógico", ni es nunca simple.

Cuando esté en el paraíso (si Dios decide admitirme...) te diré cómo es el paraíso, mientras tanto hablamos en categorías temporales (ahora, antes, después, n días de purgatorio, cuando llegue la resurrección, etc) y espaciales (almas separadas de cuerpos, arriba y abajo, etc.) para aquello que sin duda es espacio-temporal, pero de ninguna manera idéntico ni tan simple como nuestras categorías espacio-temporales. Dios tiene un tiempo (que según dice Bach, es "el mejor de todos los tiempos"), pero no podemos equipararlo a nuestra experiencia del tiempo.

¿Está mal hablar -como lo hace la Iglesia- en esas categorías? No, mientras no creamos que con ellas abarcamos el misterio de la vida eterna prometida al hombre.

¿Qué te enseña la Iglesia?

Te enseña que cuando morimos somos sometidos a un juicio particular, que decide sobre si permaneceremos eternamente fuera de Dios (infierno, perdición), o en Dios, aunque debamos seguir "por un tiempo", purificando nuestra vida (cielo o purgatorio). Pero esa no es aun la vida verdadera a la que nos llama Jesús, porque no hay vida humana hasta que no hay resurrección de la carne, y no hay vida humana sin comunidad humana; por tanto recién al fin de los tiempos sucederá el Juicio final, en el que la humanidad restaurada comenzará a caminar toda ella eternamente en Dios: "zarza en marcha esta vez, desde sí misma ardiendo", como la describe un poeta.

Esa vida plena está ya significada en la asunción corporal de la Virgen a los cielos, como anticipo de la gloria futura que nos espera a todos.

Eso enseña la Iglesia, y eso es lo que va a ocurrir. Los detalles no los enseña la Iglesia, porque posiblemente no podamos comprenderlos con nuestro lenguaje crudamente pedestre.

 

En cuanto al diálogo con los hermanos separados, más que discutir sobre tal o cual texto, deberíamos abocarnos a vivir una experiencia conjunta de la Escritura, profundizando en el gran don que significa que Jesús se nos muestre en esos cuatro espejos que reflejan su vida verdadera. Lo podemos ver con los ojos de los evangelios -que son los ojos de la fe- mucho mejor que como lo vieron sus vecinos con los ojos de la carne, y Jesús mismo declara bienaventurado al que lo ve así (Jn 20,29). Dialogar, más que discutir de doctrinas, sería leer y rezar textos juntos.

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