El Museo del Prado recupera de sus sótanos un conjunto de obras religiosas realizadas por pintores españoles establecidos en Roma a mediados del siglo XIX, época en que la pintura religiosa europea se vio impulsada por los hallazgos de los enterramientos de mártires cristianos en las catacumbas. La sala 60, Sala de presentación de colecciones, reúne, hasta enero de 2013, cinco lienzos recién restaurados de Madrazo, Rosales, Vera y Valdivieso.
Luis de Madrazo, como tantos otros pintores españoles, cogió sus bártulos y se encaminó hacia Roma -cuna de la vanguardia artística a mediados del siglo XIX, y ciudad obligada en la formación de cualquier artista-, con una premisa: disfrutar de una pensión con la que sobrevivir allí, a cambio de realizar una gran obra que justificase su estancia en la Ciudad Eterna. Algunos de sus compañeros -la ciudad era un verdadero núcleo de jóvenes artistas- se decantaron por los temas históricos. Pero él se dejó conmover por un acontecimiento real: el descubrimiento del enterramiento original de santa Cecilia y de la cripta de los Papas, en las catacumbas de la vía Appia, hallazgo que, junto con los episodios protagonizados por los primeros cristianos, se convirtieron en los grandes intereses de los pintores españoles.
El triunfo del purismo académico
Así fue como Madrazo pintó, según consideran muchos expertos, su obra maestra, El entierro de santa Cecilia en las catacumbas de Roma, una pieza que llevaba tres décadas sin exponerse y que, por fin, durante este año, podrán contemplar los amantes del buen arte. La obra, en la que puede apreciarse el triunfo del purismo académico, enmarca el episodio dentro de las propias catacumbas donde fue enterrada la santa. Junto a ella, se encuentra representado san Urbano, el encargado de enterrar su cuerpo, según narra la Leyenda dorada del Beato Jacopo della Voragine, el célebre hagiógrafo dominico italiano: «San Urbano enterró el cuerpo de la santa en el mismo lugar en el que estaban sepultados los obispos; y, cumpliendo los deseos de la mártir, consagró la que había sido su casa y la convirtió en templo».
Un esquema parecido sigue el delicado cuadro de Alejo Vera, Entierro de san Lorenzo en las catacumbas de Roma, obra que destaca por la reproducción de «una luz íntima, espiritual, muy valorada por la crítica de entonces», según apunta el Jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado, y uno de los encargados de la selección de las obras, don José Luis Díez. En esta pieza, se aprecia la capacidad del autor, tomando como punto de partida el óleo de Madrazo, para la composición escénica narrativa. «Los autores, para inspirarse, escenificaban, daban visibilidad a los textos sagrados, incluso, como es este caso, recreándolos en los mismos escenarios en los que ocurrieron», señala Díez.
El Descendimiento, de Domingo Valdivieso, representa una escena más conocida en la iconografía cristiana: el momento en el que José de Arimatea envuelve el cuerpo yacente de Cristo en el sudario, acompañado por María Magdalena, san Juan y la Virgen, al fondo, consolada por dos mujeres. En esta obra, la influencia de las fuentes artísticas italianas es especialmente poderosa. De hecho, fue la que más resistió expuesta en el Antiguo Museo de Arte Moderno -situado, hasta 1971, en el Palacio de Bibliotecas y Museos, actual Biblioteca Nacional-, donde se encontraban las colecciones del siglo XIX del Museo del Prado.
Completan la exposición dos obras de Eduardo Rosales: La Estigmatización de santa Catalina de Siena y Tobías y el ángel, que encarnan el final de la pintura purista.
¿Desterradas?
Gracias a esta exposición, se devuelve a las cinco obras una visibilidad perdida durante años -algunas no se han expuesto nunca, y otras llevaban varias décadas en los sótanos del Museo del Prado-; obras prácticamente desconocidas para el público e, incluso, para muchos historiadores. El motivo de su larga hibernación no es otro que, según don José Luis Díez, «el cambio de gusto de la sociedad española». Y añade: «Estas piezas fueron muy valoradas por la crítica de su tiempo. Pero, por ser de temática religiosa, a partir de la posguerra española se convirtieron en obras poco representativas de la tradición española, con el añadido de haber sido influenciadas por el academicismo italiano». Ahora, «con una visión más objetiva, hemos recuperado las obras tras dos años de restauración, y hemos comprobado su calidad artística y las grandes novedades estéticas que aportaron a su tiempo», concluye.
Los amantes de la buena pintura lo saben apreciar. De hecho, ya hay larguísimas colas para ver la exposición.
Imágenes: 1)Entierro de santa Cecilia en las catacumbas de Roma, de Luis de Madrazo. 1852. 2)El Descendimiento, de Domingo Valdivieso. 1864. 3)Entierro de san Lorenzo en las catacumbas de Roma, de Alejo Vera. 1862
Qué hermosos cuadros! el XIX no es un siglo que me inspire demasiado, en pintura me refiero, pero de todos modos trataré de incluirlos en el santoral, porque los dos de mártires que reproduces son bellísimos. Aunque para Cecilia hay tan buenos, que no es fácil elegir uno para sustituir...
Me facianron! y eso que no puse todos. Faltarian dos más. La eterna duda de la elección. Habrá que ir al citio. Me llamaron la atención la serenidad que inspiran dentro del drama. y los claros oscuros. Sobre todo en el entierro de San Lázaro. Toda la luz se fuja al santo, y por detrás se ve que lo están bendiciendo. Se nota que es en una catacumba...