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Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
sección: Andrea
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en El Papa

Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios

20 de abr de 2014
«Galilea de los gentiles», recordó el Papa, «horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!»

Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, exhortó el Papa. La luz de las velas, los ojos de todos los fieles hacia el sucesor de Pedro en el momento más importante del año para los creyentes. Comenzó en la basílica Vaticana, con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual, la vigilia de Pascua presidida por Papa Francisco. 

En la procesión hacia el altar, con el cirio encendido, participaron 200 concelebrantes entre cardenales, obispos y prelados de la Curia romana. Después de que Bergoglio lo hubiera bendecido, un diácono entonó el canto del Exsultet. Después, la Liturgia de la Palabra, la administración de los Sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Primera Comunión y Confirmación) a 10 catecúmenos. El más pequeño tenía 7 años (italiano), el más grande era un vietnamita de 58. Los demás provenñian de Bielorrusia, Senegal, Líbano y Francia.

“El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el camino de las mujeres hacia el sepulcro, al alba del día después del sábado -predicó Francisco. Ellas van a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: ‘¡Ustedes no tengan miedo!’, y ordena que vayan a llevar la noticia a los discípulos: ‘Resucitó de entre los muertos’. Las mujeres corren inmediatamente, y por el camino Jesús mismo las encuentra y dice: ‘No teman, vayan a decirles a mis hermanos que vayan a Galilea: allá me verán’. Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían disperdido; su fe se había agrietado, todo parecía haber acabado, parecían derrumbadas las certezas, parecían apagadas las esperanzas”. Prosiguió el Papa: “Aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, llegaba como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se esparció: Jesús resucitó, como había dicho”.

“Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». Galilea -explicó el Pontífice- es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron”.

Volver a Galilea quiere decir, continuó el Papa, volver a leer todo desde “la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor”.

“También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito -añadió Bergoglio-, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

 Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, exhortó el Papa. La luz de las velas, los ojos de todos los fieles hacia el sucesor de Pedro en el momento más importante del año para los creyentes. Comenzó en la basílica Vaticana, con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual, la vigilia de Pascua presidida por Papa Francisco. 

En la procesión hacia el altar, con el cirio encendido, participaron 200 concelebrantes entre cardenales, obispos y prelados de la Curia romana. Después de que Bergoglio lo hubiera bendecido, un diácono entonó el canto del Exsultet. Después, la Liturgia de la Palabra, la administración de los Sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Primera Comunión y Confirmación) a 10 catecúmenos. El más pequeño tenía 7 años (italiano), el más grande era un vietnamita de 58. Los demás provenñian de Bielorrusia, Senegal, Líbano y Francia.

“El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el camino de las mujeres hacia el sepulcro, al alba del día después del sábado -predicó Francisco. Ellas van a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: ‘¡Ustedes no tengan miedo!’, y ordena que vayan a llevar la noticia a los discípulos: ‘Resucitó de entre los muertos’. Las mujeres corren inmediatamente, y por el camino Jesús mismo las encuentra y dice: ‘No teman, vayan a decirles a mis hermanos que vayan a Galilea: allá me verán’. Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían disperdido; su fe se había agrietado, todo parecía haber acabado, parecían derrumbadas las certezas, parecían apagadas las esperanzas”. Prosiguió el Papa: “Aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, llegaba como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se esparció: Jesús resucitó, como había dicho”.

“Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». Galilea -explicó el Pontífice- es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron”.

Volver a Galilea quiere decir, continuó el Papa, volver a leer todo desde “la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor”.

“También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito -añadió Bergoglio-, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

”Por ello, recordó el Papa, “en la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba”. Y animó a los presentes a preguntarse: “¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia”.

El evangelio de Pascua es claro, indicó Bergoglio: “es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra”. “Galilea de los gentiles”, recordó el Papa, “horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!”. Para concluir la celebración, el Pontífice dijo a todos los fieles: "Les deseo una buena Pascua, y que todos regresemos a Galilea".

”Por ello, recordó el Papa, “en la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba”. Y animó a los presentes a preguntarse: “¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia”.

 Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, exhortó el Papa. La luz de las velas, los ojos de todos los fieles hacia el sucesor de Pedro en el momento más importante del año para los creyentes. Comenzó en la basílica Vaticana, con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual, la vigilia de Pascua presidida por Papa Francisco. 

En la procesión hacia el altar, con el cirio encendido, participaron 200 concelebrantes entre cardenales, obispos y prelados de la Curia romana. Después de que Bergoglio lo hubiera bendecido, un diácono entonó el canto del Exsultet. Después, la Liturgia de la Palabra, la administración de los Sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Primera Comunión y Confirmación) a 10 catecúmenos. El más pequeño tenía 7 años (italiano), el más grande era un vietnamita de 58. Los demás provenñian de Bielorrusia, Senegal, Líbano y Francia.

“El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el camino de las mujeres hacia el sepulcro, al alba del día después del sábado -predicó Francisco. Ellas van a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: ‘¡Ustedes no tengan miedo!’, y ordena que vayan a llevar la noticia a los discípulos: ‘Resucitó de entre los muertos’. Las mujeres corren inmediatamente, y por el camino Jesús mismo las encuentra y dice: ‘No teman, vayan a decirles a mis hermanos que vayan a Galilea: allá me verán’. Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían disperdido; su fe se había agrietado, todo parecía haber acabado, parecían derrumbadas las certezas, parecían apagadas las esperanzas”. Prosiguió el Papa: “Aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, llegaba como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se esparció: Jesús resucitó, como había dicho”.

“Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». Galilea -explicó el Pontífice- es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron”.

Volver a Galilea quiere decir, continuó el Papa, volver a leer todo desde “la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor”.

“También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito -añadió Bergoglio-, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

”Por ello, recordó el Papa, “en la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba”. Y animó a los presentes a preguntarse: “¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia”.

El evangelio de Pascua es claro, indicó Bergoglio: “es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra”. “Galilea de los gentiles”, recordó el Papa, “horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!”. Para concluir la celebración, el Pontífice dijo a todos los fieles: "Les deseo una buena Pascua, y que todos regresemos a Galilea".

El evangelio de Pascua es claro, indicó Bergoglio: “es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra”. “Galilea de los gentiles”, recordó el Papa, “horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!”. Para concluir la celebración, el Pontífice dijo a todos los fieles: "Les deseo una buena Pascua, y que todos regresemos a Galilea".

en El Papa

Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco

20 de abr de 2014
Mensaje Urbi et Orbi (A la ciudad de Roma y al mundo) - Pascua 2014

Queridos hermanos y hermanas, Feliz y santa Pascua.

El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: « Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí. Ha resucitado... Venid a ver el sitio donde lo pusieron» ( Mt 28,5-6).

Esta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: si Cristo no hubiera resucitado, el cristianismo perdería su valor; toda la misión de la Iglesia se quedaría sin brío, pues desde aquí ha comenzado y desde aquí reemprende siempre de nuevo. El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

Por esto decimos a todos: «Venid y veréis». En toda situación humana, marcada por la fragilidad, el pecado y la muerte, la Buena Nueva no es sólo una palabra, sino un testimonio de amor gratuito y fiel: es un salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido... « Venid y veréis»: El amor es más fuerte, el amor da vida, el amor hace florecer la esperanza en el desierto.

Con esta gozosa certeza, nos dirigimos hoy a ti, Señor resucitado.

Ayúdanos a buscarte para que todos podamos encontrarte, saber que tenemos un Padre y no nos sentimos huérfanos; que podemos amarte y adorarte.

Ayúdanos a derrotar el flagelo del hambre, agravada por los conflictos y los inmensos derroches de los que a menudo somos cómplices.

Haznos disponibles para proteger a los indefensos, especialmente a los niños, a las mujeres y a los ancianos, a veces sometidos a la explotación y al abandono.

Haz que podamos curar a los hermanos afectados por la epidemia de Ébola en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia, y a aquellos que padecen tantas otras enfermedades, que también se difunden a causa de la incuria y de la extrema pobreza.

Consuela a todos los que hoy no pueden celebrar la Pascua con sus seres queridos, por haber sido injustamente arrancados de su afecto, como tantas personas, sacerdotes y laicos, secuestradas en diferentes partes del mundo.

Conforta a quienes han dejado su propia tierra para emigrar a lugares donde poder esperar en un futuro mejor, vivir su vida con dignidad y, muchas veces, profesar libremente su fe.

Te rogamos, Jesús glorioso, que cesen todas las guerras, toda hostilidad pequeña o grande, antigua o reciente.

Te pedimos por Siria: la amada Siria, que cuantos sufren las consecuencias del conflicto puedan recibir la ayuda humanitaria necesaria; que las partes en causa dejen de usar la fuerza para sembrar muerte, sobre todo entre la población inerme, y tengan la audacia de negociar la paz, tan anhelada desde hace tanto tiempo.

Jesús glorioso, te rogamos que consueles a las víctimas de la violencia fratricida en Irak y sostengas las esperanzas que suscitan la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos.

Te invocamos para que se ponga fin a los enfrentamientos en la República Centroafricana, se detengan los atroces ataques terroristas en algunas partes de Nigeria y la violencia en Sudán del Sur.

Y te pedimos por Venezuela, para que los ánimos se encaminen hacia la reconciliación y la concordia fraterna.

Que por tu resurrección, que este año celebramos junto con las iglesias que siguen el calendario juliano, te pedimos que ilumines e inspires iniciativas de paz en Ucrania, para que todas las partes implicadas, apoyadas por la Comunidad internacional, lleven a cabo todo esfuerzo para impedir la violencia y construir, con un espíritu de unidad y diálogo, el futuro del País. Que como hermanos puedan hoy cantar «Cristo ha resucitado».

Te rogamos, Señor, por todos los pueblos de la Tierra: Tú, que has vencido a la muerte, concédenos tu vida, danos tu paz. Queridos hermanos y hermanas, feliz Pascua.

Saludo

Queridos hermanos y hermanas:

Renuevo mi felicitación pascual a todos los que, llegados desde todas las partes del mundo, os habéis reunido en esta Plaza. Hago extensiva esta felicitación pascual a cuantos se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social. Llevad a vuestras familias y a vuestras comunidades la alegre noticia de que Cristo nuestra paz y nuestra esperanza ha resucitado.

Gracias por vuestra presencia, por vuestra oración y por vuestro testimonio de fe. Un recuerdo particular y agradecido por el regalo de las bellísimas flores, que vienen de Holanda. Buena Pascua a todos.

en El Papa

«El mayor pecado de Judas no fue traicionar a Jesús, sino haber dudado de su misericordia»

19 de abr de 2014
El padre Cantalamessa contrapuso a Pedro y a Judas: ambos traidores, pero uno confió en la misericordia de Jesús, el otro no.

«El mayor pecado de Judas no fue traicionar a Jesús, sino haber dudado de su misericordia»Francisco presidió este Viernes Santo por la tarde en la Basílica de San Pedro la celebración de la Pasión y Muerte de Jesús, con el acto central de la adoración de la Cruz y la lectura cantada de la Pasión según San Juan. Es el único día del año en el que los sacerdotes no celebran misa, y durante la ceremonia el Papa, con paramentos rojos, se tiende en el suelo en la nave central en un momento de oración y penitencia, mientras una cruz cubierta con una tela roja preside el altar mayor.

Es también el único día del año en el que se hace una genuflexión ante la Cruz, habitualmente reservada al Santísimo. Y antes de que los cardenales pasasen ante la que se mostró este viernes en San Pedro para besarle los pies, lo hizo Francisco, pero con la peculiaridad de hacerlo sobre el pecho de Jesús, en la lanzada de la que brotaron sangre y agua y símbolo por excelencia de su Misericordia, que habían sido tema central de la homilía.

La predicación correspondió al predicador pontificio desde 1980, el capuchino Raniero Cantalamessa, quien la centró en la figura de Judas Iscariote, el apóstol que traicionó a Jesús. "La primitiva comunidad cristiana reflexionó mucho sobre el asunto y nosotros haríamos mal a no hacer lo mismo. Tiene mucho que decirnos", dijo.

El padre Cantalamessa destacó que Judas ni nació traidor ni lo era en el momento en el que fue elegido como uno de los Doce: "¡Llegó a serlo! Estamos ante uno de los dramas más sombríos de la libertad humana".

El predicador pontificio recordó (y citó, por ejemplo, Jesucristo Superstar) que "en años no lejanos, cuando estaba de moda la tesis del Jesús «revolucionario», se trató de dar a su gesto motivaciones ideales". Pero lo cierto es que "los evangelios —las únicas fuentes fiables que tenemos sobre el personaje— hablan de un motivo mucho más a ras de tierra: el dinero". Y el mismo San Juan le llama "ladrón" porque cogía dinero de la bolsa.

El dinero, anti-Dios

Así que la primera parte de la meditación del padre Cantalamessa versó sobre "Mammona, el dinero", que "no es uno de tantos ídolos; es el ídolo por antonomasia... Mammona es el anti-dios porque crea un universo espiritual alternativo, cambia el objeto a las virtudes teologales. Fe, esperanza y caridad ya no se ponen en Dios, sino en el dinero".

El fraile capuchino citó, entre los males de la sociedad actual que tienen su raíz en el dinero, el tráfico de drogas, la prostitución, la mafia, la venta de órganos extirpados a niños, la corrupción política, la crisis financiera: "Judas empezó sustrayendo algún dinero de la caja común. ¿No dice esto nada a algunos administradores del dinero público?".

Y a estos actos puramente criminales, añadió otro de otra naturaleza: "¿No es ya escandaloso que algunos perciban sueldos y pensiones cien veces superiores a los de quienes trabajan en sus dependencias y que levanten la voz en cuanto se apunta la posibilidad de tener que renunciar a algo, de cara a una mayor justicia social?".

"Como todos los ídolos, el dinero es «falso y mentiroso»: promete la seguridad y, sin embargo, la quita; promete libertad y, en cambio, la destruye", concluyó Cantalamessa esta parte de su predicación.

Sin embargo, la traición de Judas, por dinero, no prefigura sólo las traiciones a Jesús por dinero: "Traiciona a Cristo quien traiciona a su esposa o a su marido. Traiciona a Jesús el ministro de Dios infiel a su estado, o quien, en lugar de apacentar el rebaño que se la confiado se apacienta a sí mismo. Traiciona a Jesús todo el que traiciona su conciencia".

Lo que diferencia a Judas de Pedro

Seguidamente, Cantalamessa habló sobre el final de Judas, su desesperación y suicidio. Aunque dejó abierta la posibilidad de su salvación: "Jesús nunca abandonó a Judas y nadie sabe dónde cayó en el momento en que se lanzó desde el árbol con la soga al cuello: si en las manos de Satanás o en las de Dios".

Y recordó que también Pedro traicionó a Cristo: "¿Dónde está, entonces, la diferencia? En una sola cosa: Pedro tuvo confianza en la misericordia de Cristo, ¡Judas no! El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia".

Por último, en línea con la constante predicación de Francisco, apuntó a frecuentar el sacramento de la Penitencia: "Si lo hemos imitado [a Judas], quien más quien menos, en la traición, no lo imitemos en esta falta de confianza suya en el perdón. Existe un sacramento en el que es posible hacer una experiencia segura de la misericordia de Cristo: el sacramento de la reconciliación. ¡Qué bello es este sacramento!", concluyó.

en El Papa

Jesús aparece en la cruz como un derrotado

16 de abr de 2014
pero Él carga el mal sobre sí para vencerlo, dice el Papa en su catequesis de hoy

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, en medio de la Semana Santa, la liturgia nos presenta aquel episodio triste, la historia de la traición de Judas, que va ante los jefes del Sanedrín para regatear y entregarles a su Maestro. ¿Cuánto me dan si yo se los entrego? Y Jesús, desde aquel momento tiene un precio. Este acto dramático marca el inicio de la Pasión de Cristo, un doloroso camino que Él elige con libertad absoluta. Y lo dice claramente Él mismo: "yo doy mi vida …Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de retomarla" (Jn 10:17-18). Y así, comienza ese camino de la humillación, de la expoliación, con esta traición. Jesús, como si estuviera en el mercado: "esto cuesta 30 denarios" y Jesús recorre este camino de humillación y de la expoliación hasta el final.

Jesús alcanza la humillación completa con la muerte en cruz. Se trata de la peor de las muertes, destinada a los esclavos y a los delincuentes. Jesús era considerado un profeta, pero muere como un delincuente. Observando a Jesús en su pasión, vemos como en un espejo, también los sufrimientos de toda la humanidad y encontramos la respuesta divina al misterio del mal, del dolor, de la muerte. Y muchas veces sentimos horror ante el mal y el dolor que nos rodea y nos preguntamos: "¿Por qué Dios permite esto?”. Es una herida profunda para nosotros ver el sufrimiento y la muerte, ¡sobre todo la de los inocentes! Cuando vemos sufrir a los niños es una herida en el corazón, es el misterio del mal y Jesús toma todo este mal, todo este sufrimiento sobre sí mismo. Esta semana nos hará bien a todos nosotros mirar el Crucifijo, besar las llagas de Jesús, besarlas en el Crucifijo. Él ha tomado sobre Él todo el sufrimiento humano, se ha “vestido” de ese sufrimiento.

Nosotros esperamos que Dios en su omnipotencia derrote la injusticia, el mal, el pecado y el sufrimiento con una triunfante victoria. Dios nos muestra, en cambio, una humilde victoria que humanamente parece un fracaso. Y podemos decir, Dios vence en la derrota precisamente. El Hijo de Dios, de hecho, aparece en la cruz como un hombre derrotado: sufre, es traicionado, insultado y finalmente muere. Jesús permite que el mal se ensañe con Él y lo toma sobre sí para vencerlo. Su pasión no es un accidente; su muerte - aquella muerte - estaba "escrita". De verdad, no tenemos tanta explicación, es un misterio desconcertante, el misterio de la gran humildad de Dios: “Dios - en efecto - amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único”. (Jn 3,16).

La pasión y la muerte de Jesús y las frustraciones de tantas esperanzas humanas son el camino real a través del cual Dios obra nuestra salvación. Un camino que no corresponde a los criterios humanos, es más, los abate. En sus heridas somos curados (cf. 1 P 2,24).

Esta semana, pensemos tanto en el dolor de Jesús, y digámonos a nosotros mismos: “¡y ésto es por mí!” Aunque yo hubiera sido la única persona en el mundo, Él lo habría hecho. ¡Lo ha hecho por mí! Y besemos el Crucifijo y digamos: “por mí, gracias Jesús, por mí”.

Y cuando todo parece perdido, cuando no queda ninguno porque herirán "al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño" (Mt 26,31), es entonces cuando Dios interviene con el poder de la resurrección. La resurrección de Jesús no es el final feliz de un cuento de hadas, no es un final feliz de una película, sino que es la intervención de Dios Padre, allí donde está desecha la esperanza humana. En el momento en el cual todo parece perdido, en el momento del dolor en el cual tantas personas sienten la necesidad de bajar de la cruz, es el momento más cercano a la resurrección. La noche se hace más oscura justamente antes de que empiece la mañana, antes que comience la luz. En el momento más oscuro interviene Dios y resucita.

Jesús, quien optó seguir por este camino, nos llama a seguirlo en su propio camino de humillación. Cuando en ciertos momentos de la vida no encontramos vía de escape a nuestras dificultades, cuando precipitamos en la oscuridad más densa, es el momento de nuestra humillación y expoliación total, es el tiempo en el que experimentamos que somos débiles y pecadores, es entonces, en aquel momento, que no debemos enmascarar nuestro fracaso, sino abrirnos confiadamente a la esperanza en Dios, como hizo Jesús.

Queridos hermanos y hermanas, esta semana nos hará bien tomar el Crucifijo en la mano y besarlo tantas veces, y decir: “gracias Jesús, gracias Señor”. Así sea.

en El Papa

Vía Crucis del Papa: “En la cruz vemos la monstruosidad del mal”

19 de abr de 2014
En Jesús, inocente, despojado y torturado, reconocemos la dignidad violada de todos los inocentes, especialmente de los pequeños.

El Vía CrucisEn la cruz vemos la monstruosidad del hombre, cuando se deja guiar por el mal, pero vemos también la inmensidad de la misericordia de Dios que no nos trata según nuestros pecados, sino según su misericordia”. Pocas palabras, profundas e incisivas, las del Papa Francisco al final del vía crucis que encabezó la noche de este Viernes Santo en el Coliseo Romano. 
 

No estaba previsto que hablase, al final del rito que recordó las 14 estaciones del camino de Jesús hacia el Calvario. Así lo había anticipado el portavoz vaticano Federico Lombardi. Pero finalmente el pontífice decidió compartir una breve reflexión, durada menos de cinco minutos.
 

“En la cruz vemos la traición de Judas y de Pedro, toda la vanidad de los prepotentes, toda la arrogancia de los falsos amigos, era una cruz pesada, como la noche de las personas abandonadas. Pesada como la muerte de los seres queridos, pesada por toda la fealdad del mal. Es también una cruz gloriosa, como el alba de una noche larga, porque representa todo el amor de Dios que es más grande de nuestras iniquidades y de nuestras traiciones”, aseguró.
 

A las 21:10 horas Jorge Mario Bergoglio llegó hasta el Monte Palatino, una explanada justo frente al anfiteatro romano. Allí fue recibido por el alcalde de Roma, Ignazio Marino, y tras saludarlo se puso un sobretodo blanco. Luego se trasladó bajo un mirador adornado con telas de color rojo. No obstante los gritos de emoción y los aplausos de la gente, prefirió mantener la concentración en su rostro.
 

Todos los sufrimientos del mundo fueron incluidos en las meditaciones que se fueron leyendo en las estaciones. Las escribió el arzobispo italiano de Campobasso-Boiano, Giancarlo Bregantini, quien le puso un subtítulo a cada una.
 

“Dios está irrevocablemente y sin medias tintas de parte de las víctimas”, señaló uno de los lectores durante la décima estación, la cual evocó cuando Cristo fue despojado de sus vestiduras. Se refería a las víctimas inocentes de todos los abusos, también los de naturaleza sexual perpetrados por clérigos contra los menores de edad.
 

“En Jesús, inocente, despojado y torturado, reconocemos la dignidad violada de todos los inocentes, especialmente de los pequeños. Dios no impidió que su cuerpo despojado fuera expuesto en la cruz. Lo hizo para rescatar todo abuso injustamente cubierto”, agregó.
 

En la primera estación el texto estigmatizó los juicios superficiales de la gente, las insinuaciones y prejuicios, que cierran el corazón y se convierten en cultura racista, de exclusión y descarte, con cartas anónimas y horribles calumnias. “Si (somos) acusados, se salta inmediatamente en primera página; si (somos) absueltos, se termina en la última”, apuntó refiriéndose a la prensa.
 
 
 

A los estragos de la crisis económica, con sus injusticias y sus “graves consecuencias”, estuvo dedicada la segunda estación. Se hizo referencia al peso de la precariedad, del desempleo, de los despidos, un dinero que gobierna en lugar de servir, la especulación financiera, el suicidio de empresarios, la corrupción y la usura. Una “pesada cruz” sobre la espalda de los trabajadores que “Jesús carga sobre sus hombres”.
 

A no ser indiferentes con quien cae, con quien piden asilo, dignidad y patria, con los inmigrantes frágiles en busca de seguridad y esperanza, invitó el texto correspondiente a la tercera estación. La cuarta se refirió al sufrimiento de las madres por sus hijos lejanos, por los jóvenes condenados a muerte, asesinados o enviados a la guerra, especialmente por los niños soldados.
 

“En ellas escuchamos el lamento desgarrador de las madres por sus hijos, moribundos a causa de tumores producidos por la quema de residuos tóxicos. ¡Qué lágrimas tan amargas! ¡Solidaridad en compartir la ruina de los hijos! Madres que velan en la noche, con las luces encendidas, temblando por los jóvenes abrumados por la inseguridad o en las garras de la droga y el alcohol, especialmente las noches del sábado”, clamó.
 

Los sufrimientos de las meditaciones fueron también los sufrimientos de quienes cargaron la cruz ahí en el Coliseo. Parejas de personas, cuyos nombres no fueron dados a conocer públicamente. Pero sí se supo que se trató de extranjeros, encarcelados, mujeres, enfermos, niños, ancianos y religiosos. 
 

La opresión injusta, que desgasta la carne y los huesos. Los absurdos de la burocracia y la lentitud de la justicia. El hacinamiento como una doble pena y la tortura. Todos esos flagelos aparecieron en la séptima estación.
 

“Lloremos por esos hombres que descargan sobre las mujeres la violencia que llevan dentro. Lloremos por las mujeres esclavizadas por el miedo y la explotación. Pero no basta compungirse y sentir compasión. Jesús es más exigente. Las mujeres deben ser amadas como un don inviolable para toda la humanidad. Para hacer crecer a nuestros hijos, en dignidad y esperanza”, apuntó la octava.

El vía crucis papal también rescató el grito de los perseguidos, los moribundos, los enfermos terminales, los oprimidos por el yugo, la dignidad violada de todos los inocentes.
 
“La muerte de Cristo abate todos los tronos del mal, basados en la codicia y la dureza de corazón. La muerte nos desarma, nos hace entender que estamos expuestos a una existencia terrenal que termina. Pero, ante ese cuerpo de Jesús puesto en el sepulcro, tomamos conciencia de lo que somos: criaturas que, para no morir, necesitan a su creador”, estableció.

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