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Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
sección: Andrea
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en Roma

«Las lágrimas más amargas son las que provoca la maldad»

05 de may de 2016
Papa Francisco en la Vigilia dedicada a los que necesitan consuelo: «La verdadera medicina para el sufrimiento es la oración»; también Jesús sabe qué significa el llanto, el desconsuelo, el dolor.

«Dios omnipotente y eterno, tú actúas en lo íntimo de los corazones: detén las guerras, convierte los corazones de los violentos y concede al mundo entero el don de tu paz». Es una parte de la «oración universal» que pronunció Papa Francisco en la basílica de San Pedro durante la Vigilia «para secar las lágrimas» (y las más amargas «son las que provoca la maldad humana»), dedicada a todos los que necesitan consolación. El Pontífice rezó por los cristianos perseguidos, por las personas en inminente peligro de muerte, torturadas, esclavizadas, sometidas a la experimentación médica; por las víctimas de la guerra, del terrorismo y de la violencia; por los niños abusados o jóvenes a los que les quitaron la infancia; por todos los que sufren físicamente por una enfermedad grave, por las personas discapacitadas y por sus familias; por todos los que han sido acusados injustamente, los inocentes, encarcelados, los que han sufrido injusticias; por los que han sido abandonados y olvidados, por quienes están deprimidos y desesperados, angustiados y sin confianza; por los que sufren la opresión de las dependencias; por las familias que han perdido hijos antes o después del nacimiento, por las personas que lloran a un muerto; por las personas separadas de sus familias y por sus seres queridos; por los que han perdido la casa, la patria, el trabajo.

La Vigilia comenzó con tres testimonios de sufrimiento: la de la familia Pellegrino, afectada por el drama del suicidio de un hijo; la historia de Félix Qasier, un refugiado político paquistaní, periodista de la minoría católica que tuvo que escapar a Italia para poner a salvo a su familia; y Maurizio Fratamico, con su hermano gemelo Enzo, cuya conversión todavía marca la historia de Maurizio, que cuando era joven había perdido el sentido de la vida. Estaban presentes en la Basílica vaticana, en este particular evento del Año santo extraordinario de la misericordia, representantes de todos los que llevan sobre los hombros historias de gran sufrimiento (y a todos ellos el Papa les rindió homenaje con una imagen del Cordero Pascual, el Agnus Dei, «expresión de la misericordia del Padre»): desde quienes, como el presidente de la asociación Hijos en el Cielo, han perdido prematuramente un hijo, hasta quienes han perdido a un ser querido en un accidente automovilístico, como la presidenta de la asociación «Víctimas de la calle». Además de estas voces, también estaban representantes de quienes han perdido a un miembro de su familia durante el trabajo, en la tragedia de las «muertes blancas».

«En los momentos de tristeza, en el sufrimiento de la enfermedad, en la angustia de la persecución y en el dolor por la muerte de un ser querido, todo el mundo busca una palabra de consuelo. Sentimos una gran necesidad de que alguien esté cerca y sienta compasión de nosotros», dijo Papa Francisco. «Experimentamos lo que significa estar desorientados, confundidos, golpeados en lo más íntimo, como nunca nos hubiéramos imaginado. Miramos a nuestro alrededor con ojos vacilantes, buscando encontrar a alguien que pueda realmente entender nuestro dolor. La mente se llena de preguntas, pero las respuestas no llegan —continuó. La razón por sí sola no es capaz de iluminar nuestro interior, de comprender el dolor que experimentamos y dar la respuesta que esperamos. En esos momentos es cuando más necesitamos las razones del corazón, las únicas que pueden ayudarnos a entender el misterio que envuelve nuestra soledad.

«Vemos cuánta tristeza hay en muchos de los rostros que encontramos —constató. Cuántas lágrimas se derraman a cada momento en el mundo; cada una distinta de las otras; y juntas forman como un océano de desolación, que implora piedad, compasión, consuelo». Y las lágrimas «más amargas», subrayó, «son las provocadas por la maldad humana: las lágrimas de aquel a quien le han arrebatado violentamente a un ser querido; lágrimas de abuelos, de madres y padres, de niños…».

Según Papa Francisco, «hay ojos que a menudo se quedan mirando fijos la puesta del sol y que apenas consiguen ver el alba de un nuevo día. Tenemos necesidad de la misericordia, del consuelo que viene del Señor». Y todos, explicó, «lo necesitamos; es nuestra pobreza, pero también nuestra grandeza: invocar el consuelo de Dios, que con su ternura viene a secar las lágrimas de nuestros ojos».

«En este sufrimiento nuestro no estamos solos. También Jesús sabe lo que significa llorar por la pérdida de un ser querido», afirmó Papa Francisco. «Es una de las páginas más conmovedoras del Evangelio: cuando Jesús, viendo llorar a María por la muerte de su hermano Lázaro, ni siquiera él fue capaz de contener las lágrimas. Experimentó una profunda conmoción y rompió a llorar».

Según el Papa, «el evangelista Juan, con esta descripción, muestra cómo Jesús se une al dolor de sus amigos compartiendo su desconsuelo. Las lágrimas de Jesús han desconcertado a muchos teólogos a lo largo de los siglos, pero sobre todo han lavado a muchas almas, han aliviado muchas heridas». Y Jesús también experimentó en su persona, explicó Papa Bergoglio, «el miedo al sufrimiento y a la muerte, la desilusión y el desconsuelo por la traición de Judas y Pedro, el dolor por la muerte de su amigo Lázaro». Pero Jesús «no abandona nunca a los que ama».

«Si Dios ha llorado —explicó—, también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende. El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos. Ese llanto enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas. Me provoca para que sienta la tristeza y desesperación de aquellos a los que les han arrebatado incluso el cuerpo de sus seres queridos, y no tienen ya ni siquiera un lugar donde encontrar consuelo. El llanto de Jesús no puede quedar sin respuesta de parte del que cree en él. Como él consuela, también nosotros estamos llamados a consolar».

Y después Francisco lanzó una indicación crucial: «La oración es la verdadera medicina para nuestro sufrimiento. También nosotros, en la oración, podemos sentir la presencia de Dios a nuestro lado. La ternura de su mirada nos consuela, la fuerza de su palabra nos sostiene, infundiendo esperanza». «Necesitamos esta certeza —prosiguió—: el Padre nos escucha y viene en nuestra ayuda. El amor de Dios derramado en nuestros corazones nos permite afirmar que, cuando se ama, nada ni nadie nos apartará de las personas que hemos amado».

Para Francisco, «la fuerza del amor transforma el sufrimiento en la certeza de la victoria de Cristo, y de la nuestra con él, y en la esperanza de que un día estaremos juntos de nuevo y contemplaremos para siempre el rostro de la Santa Trinidad, fuente eterna de la vida y del amor».

Por Domenico Agasso Jr.

en Roma

¡No estamos solos: Jesús está cerca de nosotros!

01 de may de 2016
Palabras del Papa en el Regina Coeli de hoy.

¡Queridos  hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de hoy nos vuelve a llevar al Cenáculo. Durante la Última Cena, antes de enfrentar a la pasión y la muerte en la cruz, Jesús promete a los Apóstoles el don del Espíritu Santo, que tendrá la tarea de enseñar y de recordar sus palabras a la comunidad de los discípulos. Lo dice el mismo Jesús: « El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho» (Jn 14,26). ).  Enseñar y recordar. Y esto es aquello que hace el Espíritu Santo en nuestros corazones.

En el momento en el que está por regresar al Padre, Jesús preanuncia la venida del Espíritu que ante todo enseñará  a los discípulos a comprender cada vez más plenamente el Evangelio, a acogerlo en su existencia y a hacerlo vivo y operante con el testimonio. Mientras está por confiar a los Apóstoles – que justamente  quiere decir “enviados” –  la misión de llevar el anuncio del Evangelio por todo el mundo, Jesús promete que no se quedarán solos: el  Espíritu Santo, el Paráclito, estará con ellos, a su lado, es más, estará en ellos, para defenderlos y sostenerlos. Jesús regresa al Padre pero continúa acompañando y enseñando a sus discípulos mediante el don del Espíritu Santo.

El segundo aspecto de la misión del Espíritu Santo consiste en ayudar a los Apóstoles a recordar las palabras de Jesús. El  Espíritu tiene la tarea de despertar la memoria, recordar las palabras de Jesús. El divino Maestro ha comunicado ya todo aquello que pretendía confiar a los Apóstoles: con Él, Verbo encarnado, la revelación se completa. El Espíritu hará recordar las enseñanzas de Jesús en las diversas circunstancias concretas de la vida, para poderlas poner en práctica. Es precisamente lo que sucede todavía hoy en la Iglesia, guiada por la luz y la fuerza del Espíritu Santo, para que pueda llevar a todos el don de la salvación, o sea el amor y la misericordia de Dios. Por ejemplo, cuando ustedes leen todos los días – como les he aconsejado – un pasaje del Evangelio, pedir al Espíritu Santo: “Que yo entienda y que yo recuerde estas palabras de Jesús”. Y luego leer el pasaje, todos los días… Pero antes aquella oración al Espíritu, que está en nuestro corazón: “Que yo recuerde y que yo entienda”.

¡No estamos solos: Jesús está cerca de nosotros, en medio de nosotros, dentro de nosotros! Su nueva presencia en la historia ocurre mediante el don del Espíritu Santo, por medio del cual es posible instaurar una relación viva con Él, el Crucificado Resucitado. El Espíritu, difundido en nosotros con los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, actúa  en nuestra vida. Él nos guía en la forma de pensar, de actuar, de distinguir qué cosa es buena y qué cosa es mala; nos ayuda a practicar la caridad de Jesús, su donarse a los  demás, especialmente a los más necesitados.

¡No estamos solos! Y la señal de la presencia del Espíritu Santo es también la paz que Jesús dona a sus discípulos: «Les doy mi paz» (v. 27). Ella es diferente de aquella que los hombres se desean e  intentan realizar. La paz de Jesús brota de la victoria sobre el pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y señal de su presencia. Todo discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz, recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado en la seguridad de su victoria y en la espera de su definitiva venida.

Que la Virgen María nos ayude a acoger con docilidad el Espíritu Santo como Maestro interior y como Memoria viva de Cristo en el camino cotidiano.

en Roma

Hacer memoria de las cosas bellas de Dios

21 de abr de 2016
Homilía del Papa en Casa Santa Marta

Que el cristiano siempre “haga memoria” de los modos y de las circunstancias con que Dios se ha hecho presente en su vida, porque esto refuerza el camino de la fe. Fue la idea central que el Papa Francisco manifestó en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

La fe es un camino que, mientras se va recorriendo, debe hacer memoria constante de lo que ha sido. De las “cosas bellas” que Dios ha realizado a lo largo del recorrido y también de los obstáculos, de los rechazos, porque Dios – aseguró el Santo Padre – “camina con nosotros y no se asusta de nuestras maldades”.

Hacer memoria de Dios que salva

Francisco se refirió nuevamente a un tema ya abordado, que le sugirió la Primera Lectura, en la que Pablo entra un día sábado en la sinagoga, en Antioquía, y comienza a anunciar el Evangelio partiendo de los albores del pueblo elegido, pasando por Abraham y Moisés, Egipto y la Tierra prometida, hasta llegar a Jesús.

El Papa subrayó que los discípulos plantean una “predicación histórica” que resulta fundamental, porque permite recordar los momentos sobresalientes, los signos de la presencia de Dios en la vida del hombre:

“Volver hacia atrás para ver cómo Dios nos ha salvado, recorrer el camino – con el corazón y con la mente –  con la memoria, y llegar así a Jesús. Es el mismo Jesús, en el momento más grande de su vida – jueves y viernes, en la Cena – en que nos ha dado su Cuerpo y su Sangre, y ha dicho: ‘Hagan esto en memoria mía’. La memoria de Jesús. Tener memoria acerca de cómo Dios nos ha salvado”.

“El Señor respeta”

La Iglesia llama, precisamente, “memorial” al Sacramento de la Eucaristía, así como – recordó el Pontífice –  en la Biblia el Deuteronomio es “el Libro de la memoria de Israel”. También nosotros – afirmó Francisco – “debemos hacer lo mismo” en “nuestra vida personal”, porque “cada uno de nosotros ha hecho un camino, acompañado por Dios, cercano a Dios” o “alejándose del Señor”:

“Hace bien al corazón cristiano hacer memoria de mi camino, de mi propio camino: acerca de cómo el Señor me ha conducido hasta aquí, cómo me ha llevado de la mano. Y las veces que yo le he dicho al Señor: ‘¡No! ¡Aléjate! ¡No quiero!’. El Señor respeta. ¡Es respetuoso! Pero hacer memoria, tener memoria de la propia vida y del propio camino. Retomar esto y hacerlo con frecuencia. ‘En aquel tiempo Dios me ha dado esta gracia y yo he respondido así, he hecho esto, aquello, aquello… Me ha acompañado…’. Y así llegamos a un nuevo encuentro, al encuentro de la gratitud”.

Memoria de las cosas bellas

El Santo Padre prosiguió explicando que del corazón debe nacer un “gracias” a Jesús, que jamás deja de caminar “en nuestra historia”. “Cuántas veces – reconoció Francisco – le hemos cerrado la puerta en la cara, cuántas veces hemos hecho de cuenta que no lo vemos, que no creemos en Él está con nosotros. Cuántas veces hemos renegado su salvación… Pero Él estaba allí”:

“La memoria nos acerca a Dios. La memoria de aquella obra que Dios ha hecho en nosotros, en esta re-creación, en esta re-generación, que nos trae más que el antiguo esplendor que tenía Adán en la primera creación. Yo les aconsejo esto, sencillamente: ¡hagan memoria! ¿Cómo ha sido mi vida, cómo ha sido mi jornada hoy, o cómo ha sido este último año? Memoria. ¿Cómo han sido mis relaciones con el Señor? Memoria de las cosas bellas, grandes que el Señor ha hecho en la vida de cada uno de nosotros”.

en Espiritualidad y Cultura

Tengamos presente lo más escondido

04 de may de 2016
Siempre de camino..

Siempre de camino, descubriendo el secreto del corazón, del Fondo del Alma, maravilloso misterio del cual nada podemos decir y todo podemos gozar...

 

 

Es un regalo penetrar algo de todo ello, pues nos damos cuenta que la luz, que la música más sublime, está ahí y que no queda sujeta ni expuesta a variaciones ni antojos, a razonamientos vanos, ni a comentarios ociosos. Cuando algo interior y verdadero se nos esconde es para "verlo" en una perspectiva infinitamente más profunda, que va más hondo que los sentidos y las potencias.

 

 

Por ello: callemos reverentes, con infinito respeto, y cultivemos ese silencio que ya está en el alma y que nos lo dice todo más allá de todo (o más aquí, si se prefiere) sin olvidar la ternura divina que se manifiesta a cada paso de nuestras jornadas.

 

Alberto E. Justo...http://flordelyermo.blogspot.com.ar

en América y España

«Las interpretaciones de Amoris laetitia fuera del dogma son falsas»

04 de may de 2016
(2 coms.) Alfa & Omega
El cardenal Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Madrid

Sobre la posibilidad de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, o de que se pueda vivir en gracia de Dios manteniendo una situación objetiva de pecado, «tenemos que decir que todas las interpretaciones de Amoris laetitia que van más allá del dogma de la Iglesia son falsas. El propio Papa ha dicho que no quiere hacer una interpretación contraria al magisterio, porque todos los elementos del matrimonio son dogma desde el Concilio de Trento». Son palabras del cardenal alemán Gerhard Müller, prefecto de la Congregación Pontificia para la Doctrina de la Fe, ante la pregunta de si la exhortación Amoris laetitia ha abierto la puerta a la comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar por lo civil. Una posibilidad que en las últimas semanas vienen apuntando distintas voces, entre ellas las de algunos cardenales.

Arropado por obispos españoles

Durante la presentación del libro-entrevista Informe sobre la esperanza, que recoge las conversaciones del alemán con el sacerdote español Carlos Granados, director de la BAC y editor de la obra, el cardenal Müller ha visitado esta semana Madrid, Valencia y Oviedo. En sus intervenciones ha estado arropado por numerosos obispos y cardenales españoles.

Antes de la presentación en la capital, este martes en la Universidad Francisco de Vitoria, el cardenal Müller contestó en rueda de prensa a las preguntas de los medios, y matizando que las llamadas «situaciones irregulares» a las que se refiere el texto del Papa no se limitan solo a los divorciados en segunda unión, el prefecto de Doctrina de la Fe afirmó que la Iglesia tiene que tener en cuenta «la debilidad de estas personas» para «integrarlas con la acción pastoral». Sin embargo, «la Iglesia no puede justificar su situación» pues se trata de «una contradicción objetiva con la voluntad de Dios, no contra unas normas de la Iglesia».

«El derecho divino no se cambia»

Según afirmó el cardenal Müller, «el Papa pide, siguiendo el movimiento de los dos Sínodos sobre la familia, integrar a estas personas, porque no están fuera de la Iglesia, pero explicando que viven de modo contrario a la voluntad de Dios». Porque «el derecho humano y eclesiástico se puede cambiar, pero el derecho divino dado por Jesucristo, la Iglesia no puede cambiarlo», añadió.

No puede haber pecado y gracia

En su exhortación, el Papa asegura que no todos los que se encuentran en un relación irregular «viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante». Según el cardenal Müller, «no es posible vivir en pecado y, a la vez, en gracia de Dios». Y aunque puede haber casos en los que «en situación de pecado mortal, la imputabilidad –de ese pecado– pueda ser menor por cuestiones subjetivas, esto solo puede saberlo Dios», y por tanto la Iglesia «solo puede dar los medios de salvación, los sacramentos» porque «tenemos la obligación de facilitar los medios para la conversión» de esas personas.

Ante las interpretaciones que surgen en torno a Amoris laetitia, el cardenal pidió no «malinterpretar las palabras del Papa según los propios intereses». Un día antes de su visita a Madrid, Müller había presentado Informe sobre la esperanza en Valencia, donde ya había alertado de estas «falsas interpretaciones» de las palabras del Papa, en este caso sobre la misericordia de Dios. Porque, aunque no siempre se utilice correctamente, «la misericordia –dijo– va unida inseparablemente a la conversión».

por José Antonio Méndez

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