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Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
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sección: Andrea
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Una imagen...
   
en El Papa

Papa Francisco a los jóvenes de Asia: ustedes son el presente de la Iglesia

17 de ago de 2014
«Cada uno de ustedes -dijo- tiene un sitio y un contexto propio en el que está llamado a reflejar el amor de Dios»


En el antiguo castillo de Haemi, entre el siglo XVIII y XIX, los cristianos eran encerrados y torturados (colgados a los árboles o asesinados de forma horrible). Hoy, el tromento de los jóvenes asiáticos, que vinieron a reunirse con Papa Francisco, fue solo el tiempo, con sus nubarrones y la lluvia que hasta las primeras horas de la tarde caía con fuerza en la plaza, lugar clave del martirio coreano. Sin lograr apagar el entusiasmo y la conmoción manifestados por los chicos y chicas ante el obispo de Roma, que justamente allí celebró la misa final del sexto Asian Youth Day. El Papa fue recibido con alegría a su llegada. «Juventud de Asia, levántate», exhortó con fuerza el Pontífice a los jóvenes del continente reunidos en la misa final de su viaje a Corea.

 


A los 30 mil cristianos reunidos en la zona del castillo, el Papa dijo en la homilía cuáles son la mirada y los criterios para vivir la propia llamada a ofrecer el testimonio del Evangelio en el inmenso continente asiático. «Cada uno de ustedes -dijo- tiene un sitio y un contexto propio en el que está llamado a reflejar el amor de Dios». Y, «el continente asiático, lleno de ricas tradiciones filosóficas y religiosas, sigue siendo una gran frontera para su testimonio a Cristo». Como hijos e hijas de Asia, los chicos cristianos de los países asiáticos, según el Papa, tienen «el derecho y la tarea de participar plenamente en la vida de sus sociedades», llevando sin miedo «la sabiduría de la fe a cada ámbito de la vida social». Ningún enroque exclusivo, ninguna postura que haga percibir la fe cristiana como un producto cultural de importación, extraño a los contextos sociales y humanos de Asia. En Corea y en toda Asia, los chicos y las chicas que se encuentran con Cristo han sido llamados a ser, al mismo tiempo, buenos cristianos y buenos ciudadanos, inmersos en el tejido de relaciones propias del tiempo en el que les tocó vivir. «Como jóvenes asiáticos -explicó Bergoglio-, ustedes ven y aman desde dentro todo lo que es hermoso, noble y verdadero en sus culturas y tradiciones. Al mismo tiempo, como cristianos, saben que también el Evangelio tiene la fuerza para purificar, elevar y perfeccionar este patrimonio». También en Asia, como en cualquier sitio, esta disposición a la apertura, a los auténticos valores humanos, subrayó el Papa, se expresa con la actitud de «discernir lo que es incompatible con su fe católica, lo que va en contra de la vida de gracia que comenzó en ustedes con el Bautismo, y cuáles aspectos de la cultura contemporánea son pecaminosos, corruptos y conducen a la muerte».

 

Para Papa Francisco, los jóvenes son solo una parte del futuro de la Iglesia: ellos son ya, desde ahora, «una parte necesaria y amada del presente de la Iglesia». «Juventud de Asia, levántate», exhortó con fuerza el Pontífice a los jóvenes del continente reunidos en la misa final de su viaje a Corea. A ellos sugirió dirigirse hacia los pobres, hacia los extranjeros, hacia las personas necesitadas, hacia quienes tienen el corazón roto. «Estas personas son -indicó el Papa- las que de manera especial repiten el grito de la mujer cananea de la que habla el Evangelio de hoy: ‘¡Señor, ayúdame!’». La invocación puede nacer en el corazón de cada condición humana. Es el mismo gemido, explicó Francisco, que repiten muchos «en nuestras ciudades anónimas, la súplica de muchísimos de sus contemporáneos, y la oración de todos aquellos mártires que todavía hoy sufren la persecución y la muerte en nombre de Jesús». Es el grito que surge de nuestros mismos corazones. Y cuando se reconoce, hay que abrazarlo siguiendo a Cristo, que «responde a cada petición de ayuda con amor, misericordia y compasión». Así, incluso los propios compañeros de camino podrán experimentar la misericordia de Dios, reconociendo que «justamente mediante esta misericordia hemos sido salvados».

 

 

 

 

 

 

 

 

en El Papa

Francisco, de luto: Mueren en un accidente su sobrina y sus dos hijos; su sobrino, en estado crítico

20 de ago de 2014
Francisco reza por el dolor de todos sus parientes
 

Con tristeza y conmoción fue recibida en el Vaticano la noticia que enlutó a la familia Bergoglio en las últimas horas. En la madrugada de este día tres familiares del Papa fallecieron en un grave accidente. Uno de sus sobrinos se encuentra internado al borde de la muerte. Informado del trágico episodio, Francisco reza por el dolor de todos sus parientes.

El portavoz papal, Federico Lombardi, confirmó al Vatican Insider que los colaboradores del pontífice supieron del accidente y toda la Santa Sede le expresa su pesar y su cercanía, tanto a él como a su familia. “Estamos muy tocados por este grave luto”, apuntó.

El accidente tuvo lugar en las primeras horas de este martes, cuando Emanuel Horacio Bergoglio, de 35 años, recorría la ruta 9 a bordo de un automóvil  Chevrolet Spin junto a su familia, compuesta por la esposa Valeria Carmona (39) y sus dos hijos, Antonio, de 8 meses, y José, de 2 años.

Según informó la agencia DyN, el grupo regresaba a la ciudad de Rosario después de haber transcurrido el fin de semana largo en Córdoba. Poco después de la medianoche el vehículo embistió a un camión cargado con maíz a la altura de la localidad de James Craik, en el kilómetro 594.

De acuerdo a algunos testimonios, el camión estaba saliendo de una estación de servicio y Bergoglio, que venía a la velocidad permitida, lo chocó por el costado. Por el violento impacto fallecieron la mujer y los dos infantes mientras Emanuel, hijo del fallecido hermano del Papa, Alberto Bergoglio, fue internado en el hospital Pasteur de Villa María con pronóstico reservado.

“Ingresó a la 1 de la mañana con politraumatismo, fractura expuesta del húmero derecho y lesión hepática, de la que fue operado. Está con asistencia mecánica respiratoria”, estableció el parte médico; mientras el chofer del camión Ford Cargo, Raúl Pombo, de 60 años, resultó ileso.

en Espiritualidad y Cultura

Esa apacible y extraña atracción por el icono

16 de ago de 2014
El origen y el fundamento del icono los encontramos, por tanto, en la encarnación de Cristo], en “la grandísima dignidad que la materia recibió en la Encarnación

En nuestro tiempo, constituye un lugar común el descubrimiento y el aprecio del icono en la sociedad occidental. Es frecuente encontrar íconos en las iglesias, pero también en museos y subastas de arte, e incluso como elementos decorativos en los hogares. Lo destacable de este interés es que también el icono interpela a “quien tiene ojos para ver” y produce en el observador una “apacible y extraña atracción”. Por otra parte, el descubrimiento del icono regala un encuentro único, “personal” y jamás intrascendente con la Presencia que lo habita.

 


Hay preguntas que surgen de manera espontánea cuando se descubre el icono: ¿Se trata de un “estilo” que no ha evolucionado, o en el que, por alguna extraña razón, el iconógrafo no ha sabido o no ha querido aplicar las técnicas de la perspectiva tridimensional? ¿Para qué necesitamos el icono de un santo contemporáneo cuando disponemos de fotografías suyas? ¿En qué creían aquellos cristianos del período iconoclasta que defendieron la imagen incluso con su muerte? ¿Puede cualquier persona con capacidad artística pintar uno? ¿Por qué no se firman? En su obra Uspenski ofrece pistas para despejar estos y otros muchos interrogantes. Pero sobre todo se dedica a desentrañar esa “apacible y extraña atracción” por el icono y a explicar no solo los diferentes elementos constitutivos de su contenido, sentido y función, sino también la historia de su formulación dogmática.

 


En estas líneas previas pretendo aportar elementos que favorezcan una lectura más comprensiva. Aprovecharé además para explicar aspectos que podrían desconcertar al lector ajeno a la ortodoxia, así como los condicionantes que, en mi opinión, influyeron en el autor, cuya biografía esbozaré brevemente.

 

 

 

¿Qué es un ícono?
 

 

Leonid Uspenski está considerado uno de los fundadores de la teología del icono. Él escribe desde la sensibilidad oriental, desde los planteamientos teológicos de la “Iglesia ortodoxa”, que él reivindica –no sin fundamento- para toda la Iglesia. Ciertamente, lo esencial de la teología de la imagen fue definido en el II Concilio de Nicea (787) –último ecuménico reconocido por las Iglesias católica y ortodoxa- y en la tradición patrística de la Iglesia no dividida; antes, pues, de que se abrieran “las heridas de la unidad”.

 


“Dios se hizo hombre para que el hombre se haga Dios” [1]. A partir de esta sentencia de san Ireneo, el autor analiza la armoniosa trabazón de las distintas dimensiones del icono: catequética, dogmática, litúrgica, orante e incluso pictórico-técnica. El origen y el fundamento del icono los encontramos, por tanto, en la encarnación de Cristo [2], en “la grandísima dignidad que la materia recibió en la Encarnación, pues por la fe pudo convertirse en signo y sacramento eficaz del encuentro del hombre con Dios” [3]. Se puede afirmar, por consiguiente, que la misión del icono consiste en representar tanto el hecho de la Encarnación como su finalidad, la cual no es otra que la santificación del hombre, la divinización a la que está llamado en cuanto hijo de Dios, y acompañar al creyente en el camino hacia esta meta.

 


Así pues, y en contraste con lo que suele pensarse en Occidente sobre el icono, este es algo más que un adorno para la casa, un mero estilo artístico, una ilustración de las Escrituras o una catequesis visual (una Biblia pauperum). Los orientales tienen planteamientos más hondos al respecto, que se reflejan en las variadas definiciones que dan del icono: “ventana” o “puente” hacia lo Absoluto, “espejo” de la eternidad, “receptáculo” de la gracia, “límite” o “punto de conexión” entre lo visible y lo invisible, o de lo inmaterial a través de lo material (un ejemplo más de la kénosis divina), etc.
 

 

Pero el carácter del icono se explica sobre todo mediante un concepto clave: la “presencia” en el icono del misterio y de la gracia de lo representado [4]. Lo explica así el patriarca de Constantinopla Dimitrios I: “La tradición ortodoxa… declara que, a través del ícono, es la manifestación de la presencia y de la hipóstasis divina lo que se desvela, y son dejados de lado o en penumbra los detalles exteriores que caen bajo los sentidos. De todos estos detalles, la imagen sólo conserva los estrictamente necesarios para reconocer la historicidad de un hecho o la dimensión espiritual de la persona de un santo” [5]. También se ha referido a ella Juan Pablo II: “De forma análoga a lo que sucede en los sacramentos, (el icono) hace presente el misterio de la Encarnación en uno u otro de sus aspectos” [6], y Benedicto XVI: “La doctrina de san Juan Damasceno se inserta en la tradición de la Iglesia universal, cuya doctrina sacramental prevé que los elementos materiales tomados de la naturaleza pueden ser instrumentos de la gracia en virtud de la invocación del Espíritu Santo, acompañada por la confesión de la ve verdadera” [7].
 

 

Por otro lado, la terminología relativa al icono también transparenta su carácter especial. Así, en ruso no se dice “pintar”, sino “escribir un icono” (pisat ikonu); en consecuencia, el icono se “lee”. Además, un icono no se “lleva” a un sitio u otro, sino que él “visita” este o aquel lugar.  Y un icono que estaba perdido no se “encuentra”, sino que él mismo “aparece”.
 

 

Se entiende ahora que el iconógrafo no sea simplemente un artista: debe ser una persona de fe y de vida interior profunda a quien, además, le haya sido concedida la gracia, el carisma, el ministerio de escribir iconos. El proceso de creación de “lo santo” desde la preparación de la tabla hasta la bendición de la imagen, distingue al iconógrafo de un artista “inspirado”: aquél trabaja en un clima de oración y ayuno bajo la acción del Espíritu Santo. Al final, el valor del icono no reside en su “parecido” al prototipo, sino en su “participación” del prototipo.

 


El icono no está al servicio del culto –como los vasos sagrados-, sino que es un objeto de culto (semejante a las Escrituras o a la cruz), colocándose el correspondiente a la festividad del día sobre un atril en el centro de la nave en las iglesias orientales. Fuera del culto, el uso de los iconos está restringido: no es lícito “hacerlos servir como elemento decorativo de los lugares de la vida mundana, de las casas o de las salas de exposiciones, donde son exhibidos por personas que los aprecian sólo como obras de arte. Tampoco es lícito tratarlos como un artículo comercial, o imprimirlos sobre papel u otros materiales de poco valor para sacar de ellos provecho. Y todavía menos, aumentar de manera ilícita su circulación en la sociedad secularizada de hoy”. [8]
 

 

 


Extracto de la introducción escrita por

Ramón Jimeno Sánchez al libro de

Leonid Uspensky,

Teología del Icono,

Ed. Sígueme, Salamanca 2013.

Pp. 7-10.
 

 

 


Notas:
 

 

[1] Ireneo de Lyon, Contra los herejes, III, 10, 2, citado por Juan Pablo II, Carta apostólica Orientale lumen (1995), 6.

 


[2] Esta es una de las premisas de la legitimación del arte sagrado y su veneración en la que insiste el autor y a la que también recurren Juan Pablo II (Carta apostólica Duodecimum saeculum, en el XII centenario del II Concilio de Nicea, 4.12.1987, n. 9) y Benedicto XVI (Catequesis sobre san Juan Damasceno, 6.5.2009).

 


[3] Benedicto XVI, Catequesis sobre san Juan Damasceno.

 


[4] A. Franquesa, monje de Montserrat, explica: “Aquí me parece que tocamos el punto más difícil para la mentalidad occidental. El icono, para los orientales, implica una ‘presencia’. Es una ‘anamnesis’, que nos hace entrar en contacto con la persona recordada. Una memoria eficaz que reproduce de algún modo la presencia de aquél que es recordado” (El II Concilio de Nicea y el icono, en Los iconos. Historia, teología, espiritualidad: Phase 126 [2002] 53, nota 28). Para F. J. Martínez, “lo distintivo… del icono es ser lugar de la presencia no sustancial (sacramental), como algunos quisieron ver, sino con un valor parecido al que en nuestra terminología teológica occidental damos a los sacramentales” (Los iconos orientales y las imágenes del Occidente, en Los iconos, 62). Sobre el alcance de esta “presencia”, cf. Ch. Schönborn, El icono de Cristo. Una introducción teológica, Encuentro, Madrid 1999, 198-207.
 

 

[5] Dimitrios I, Encíclica en el XII centenario del II Concilio de Nicea (14.11.1987), 13. Texto de la encíclica en Los íconos, 5-20.
 

 

[6] Juan Pablo II, Carta a los artistas (4.4.1999), 8. Asimismo, en la homilía de 25.8.2004 con ocasión de la entrega del icono de la Madre de Dios de Kazán a la delegación que lo llevaría a Rusia, Juan Pablo II se dirigió a la Virgen con estas palabras: “Bendita y alabada seas, ¡oh Madre!, en tu icono de Kazán, en el que desde siglos estás rodeada por la veneración y el amor de los fieles ortodoxos” (nótense las preposiciones “en”, que traducen las del original ruso).
 

 

[7] Benedicto XVI, Catequesis sobre san Juan Damasceno.

 


[8] Dimitrios I, Encíclica en el XII centenario del II Concilio de Nicea, 31.

en Espiritualidad y Cultura

¿Por qué cardenales y obispos visten de blanco como el Papa en Corea del Sur?

17 de ago de 2014
Existen dos excepciones que permiten: encontrarse en “Tierra de Misión” o encontrarse en zonas tropicales muy cálidas

Encuentro del Papa con obispos de Asia / Foto: Comité Preparatorio de la Visita Papal a Corea del SurROMA, 17 Ago. 14 / 12:51 pm (ACI).- Durante la visita del Papa Francisco a Corea del Sur, los cardenales y obispos de la Curia Romana sorprendieron a los fieles vistiendo en público el color blanco, un color usualmente reservado para el Pontífice.
 
El Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, entre otros, vistieron sotana blanca con detalles en color rojo y varios obispos hicieron lo propio con el color morado.
 
La vestimenta habitual de los miembros de la Curia Romana es de color negro en la sotana, mientras que la botonadura, el fajín, y el solideo, toman el color asignado a su rango eclesiástico. Los cardenales en color rojo, los obispos en morado, y los sacerdotes en negro.
 
Sin embargo, existen dos excepciones que permiten a los clérigos vestir de blanco a diario: Encontrarse en “Tierra de Misión” o encontrarse en zonas tropicales muy cálidas, donde el blanco ayuda a soportar el calor.
 
En ambos casos la única regla para mostrar respeto al Papa es que los clérigos acompañen la sotana blanca con los detalles del color atribuido a su rango, quedando reservado el blanco total para el Sucesor de Pedro.
 
En Corea del Sur se cumplen los dos requisitos, es una “Tierra de Misión”, que todavía necesita de misioneros y misioneras en acción y cuya evangelización precisa de un cuidado especial por parte de la Pontificia Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y la temperatura en este momento del año alcanza en promedio los 35 grados.

en El Papa

Un millón para el Papa. Los mártires laicos, "primeros apóstoles en Corea"

16 de ago de 2014
Papa Francisco en Seúl beatifica a 124 coreanos que hace dos siglos perdieron la vida debido a su fe

Los laicos fueron los primeros apóstoles de Corea». Hace calor mientras cientos de miles de fieles (800 mil según el cálculo de padre Lombardi; un millón según los organizadores) escuchan en absoluto silencio las palabras de Papa Francisco, que en la enorme plaza de la Puerta de Gwanghwamun en Seúl acaba de beatificar a 124 nuevos mártires coreanos, en este tercer día de su viaje asiático. Fue la ocasión para que el Papa insistiera en la importancia de los laicos para la misión de la Iglesia. Francisco saludó a las personas de la plaza lo más que pudo, sobre todo a los familiares de las víctimas del ferry "Se Wol", con quienes se detuvo a charlar.

 

La misa, celebrada con los paramentos rojos, color que simboliza el martirio, comenzó con el rito de beatificación. Paul Yun Ji-Chung y sus 123 compañeros mártires constituyen la primera generación de católicos coreanos. Paul fue martirizado con su primo por haber violado los rituales confucianos al organizar funerales católicos para su madre. En el grupo de compañeros, todos laicos, hay un solo sacerdote, James Ju Mun-mo, chino, que fue el primer sacerdote que pisó la península coreana, el primero que celebró misa en esta tierra. Era famoso por su compromiso misionero y, a seis años de su llegada, los católicos eran 10 mil. Después de su decapitación, su cabeza fue expuesta al público. Un gran y largo aplauso saludó la proyección de la imagen de los 124 nuevos mártires en las dos mega-pantallas que había a ambos lados del altar.
 


«Cristo es victorioso y su victoria es la nuestra. Hoy celebramos esta victoria en Paolo Yun Ji-chung y en sus 123 compañeros», dijo Francisco en la homilía. «
«Todos vivieron y murieron por Cristo y ahora reinan con Él en la alegría y en la gloria […] en la muerte y en la resurrección de su hijo, Dios nos ha dado la victoria más grande de todas». Bergoglio subrayó la importancia de su vocación laica en virtud del bautismo. «En la misteriosa providencia de Dios, la fe cristiana no llega a a Corea mediante los misioneros; entró gracias a los corazones y las mentes de la misma gente coreana. Fue estimulada por la curiosidad intelectual, por la búsqueda de la verdad religiosa. Mediante un encuentro inicial con el Evangelio, los primeros cristianos abrieron sus mentes a Jesús. Querían conocer más sobre este Cristo que sufrió, murió y resucitó de entre los muertos».

 

«Los laicos fueron los primeros apóstoles de Corea -dijo el Papa. ¡Esta historia nos dice mucho sobre la importancia, la dignidad y la belleza de la vocación de los laicos!». Francisco recordó a los sacerdotes y a los consagrados que Jesús no pide «alejarnos del mundo», sino que los envía para que sean «levadura de santidad y verdad. Los mártires nos indican el camino».

 


El Papa después dijo que los nuevos beatos «sabían el precio de ser discípulos, estaban dispuestos a grandes sacrificios y a dejarse despojar de todo lo que pudiera alejarles de Cristo: los bienes de la tierra, el prestigio, el honor, porque sabían que solo Cristo era su verdadero tesoro». Hoy, «a menudo experimentamos que nuestra fe es puesta a la prueba en el mundo, y de muchísimas maneras se nos pide llegar a compromisos sobre la fe, diluir las exigencias radicales del Evangelio y adecuarnos al espíritu de los tiempos. Sin embargo, los mártires nos llaman a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en este mundo en relación con Él y con su reino eterno. Ellos nos provocan para que nos preguntemos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir».
 
 
 
Además, desde su cuenta de Twitter, Francisco indicó al mundo que "Los mártires nos enseñan que la riqueza, el prestigio y el honor son de poca importancia: Cristo es el único y verdadero tesoro".

 

 

 

 

 

 

 


 

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