estoy registrado  |  ¿registrarme?
rápido, gratis y seguro
suscribir a actualizaciones automáticas de esta sección
0
Noticias
apuntar mi email al Boletín semanal de noticias por email
(puedes cancelar tu suscripción cuando lo desees)
El archivo solicitado no existe,
quizás fue eliminado, o cambiado a otra sección.

Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
sección: Andrea
  El Papa
Las llamadas telefónicas pastorales del Papa Francisco son comunicaciones privadas, ... no leida
El encuentro entre el Papa y Yatsenyuk se llevará a ... no leida
Mensaje Urbi et Orbi (A la ciudad de Roma y ... no leida
«Galilea de los gentiles», recordó el Papa, «horizonte del Resucitado, ... no leida
El padre Cantalamessa contrapuso a Pedro y a Judas: ambos ... no leida
Debemos ser servidores los unos de los otros. ... no leida
En Jesús, inocente, despojado y torturado, reconocemos la dignidad violada ... no leida
En la Misa Crismal con los sacerdotes de Roma, Francisco ... no leida
Rostro de Cristo, rostro del hombre ... no leida
pero Él carga el mal sobre sí para vencerlo, dice ... no leida
El seminario es un lugar en el que se hace ... no leida
Texto completo de la homilía del Santo Padre en la ... (1 coms.) no leida
Francisco recibe a la Oficina Internacional Católica de la Infancia ... no leida
Francisco en la homilía de Santa Marta: «toman las piedras ... no leida
  Noticias ecuménicas
Desde la época del Concilio, varios exponentes de las Iglesias ... no leida
  Familia
Crónica desde Duque de Caixas (Brasil) ... no leida
La cuestión de la blasfemia sigue siendo, como sea, un ... no leida
  Mundo
»Juan Pablo II no pedía aplausos, ni ha mirado nunca ... no leida
Crónica desde Mongoumba (República Centroafricana) ... no leida
Estudiantes británicos realizan gran peregrinación a pie cargando una cruz ... no leida
Se cumple en estos días 20 años de uno de ... no leida
  Mundo hispano
Las Vírgenes rotas de América Latina ... no leida
Cerca de 300 niños participan hasta el jueves en el ... no leida
En esta tragedia perdieron la vida por lo menos 16 ... no leida
Cauta perspectiva de negociación entre el gobierno del presidente Maduro ... no leida
  Espiritualidad y Cultura
Marco Roncalli, sobrino del Papa Juan XXIII, cuenta a Aleteia ... no leida
La Semana Santa siempre ha sido un tiempo de celebración ... no leida
Una edición especial para la canonización de Juan XXIII y ... no leida
Los postuladores de la causa de canonización de ambos papas, ... no leida
Para la limpieza no se utiliza agentes químicos o agresivos, ... no leida
Información sobre este curso a dictar por el Pbro. Esteban ... no leida
El hombre no sospecha la luz de su intimidad, lo ... no leida
Una imagen...
   
en El Papa

Declaración oficial sobre las llamadas telefónicas pastorales del Papa Francisco

24 de abr de 2014
Las llamadas telefónicas pastorales del Papa Francisco son comunicaciones privadas, y no tienen consecuencias sobre las enseñanzas de la Iglesia.

Declaracion del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi:

«Ha habido numerosas llamadas telefónicas, en el marco de las relaciones personales pastorales del Papa Francisco. Dado que no se trata en absoluto de actividades públicas del Papa, no se deben esperar informaciones o comentarios por parte de la Oficina de Prensa. Lo que se ha difundido en este sentido, saliendo del ámbito propio de las relaciones personales y su consiguiente amplificación por parte de los medios de comunicación, no está confirmado como fiable y es fuente de malentendidos y confusión.

Por lo tanto hay que evitar deducir de todo ello consecuencias relativas a la enseñanza de la Iglesia».

en Espiritualidad y Cultura

Juan XXIII y Juan Pablo II ¿Por qué son santos?

23 de abr de 2014
Los postuladores de la causa de canonización de ambos papas, Mons. Slawormir Oder, de Juan Pablo II, y Fray Giovangiuseppe Califano, de Juan XXIII, realizaron en la sala de prensa del Vaticano una conferencia explicando algunos particulares de dichos

«Son dos grandes», «canonizarlos juntos es un Mensaje para la Iglesia», le escuchamos decir al Papa Francisco, cuando volvía de la JMJ de Río de Janeiro, respondiendo a preguntas sobre la canonización tan esperada de los Papas Roncalli y Wojtyla. Y, este martes las palabras del Papa Bergoglio volvieron al recuerdo de tantas personas. Mientras, en Roma se vive cada vez con mayor intensidad la preparación de este histórico momento, los postuladores de los dos Papas santos ofrecieron un encuentro, titulado: ¿Por qué son santos? El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede y de nuestra emisora, el Padre Federico Lombardi, señaló que es el comienzo de un camino que culminará el próximo Domingo de la Divina Misericordia, con la celebración que presidirá el Papa Francisco, cuyo magisterio recuerda los rasgos de sus amados predecesores. El Padre Giovangiuseppe Califano, Postulador de la Causa de Juan XXIII y Monseñor Slavomir Oder, Postulador de la Causa de Juan Pablo II, fueron presentando la santidad de estos dos pontífices. Su amistad con Cristo, su fe, profunda, popular, afianzada en la oración, la Palabra de Dios; su caridad, humildad, mansedumbre y su fervor mariano. Sin olvidar su entrega a la Providencia y la Iglesia. Ambos Padres y Pastores. El Padre Manuel Dorantes sintetizó en español las intervenciones.

El Padre Giovangiuseppe Califano recordó el ‘Diario del Alma’ y los escritos del Papa Roncalli, – cuyo lema episcopal era ‘Obediencia y Paz’ - su unión con Jesús, su recogimiento, el rezo del rosario y su devoción mariana. A los 21 años decía: «Dios me quiere obediente y santo. Y yo debo serlo». Luego siendo Obispo de Roma decía: «Todos me llaman Santo Padre. Yo debo serlo».

También el joven Karol Wojtyla era visto ya como un santo por sus mismos compañeros, que lo llamaban futuro santo, dijo Mons. Slavomir Oder, haciendo hincapié en que Juan Pablo II decía que «todo hombre tiene que vivir su vida de tal forma que sea una manifestación de la gloria de Dios». La oración del Papa polaco, su característica mística, su caridad, su alma entregada a la misión y su anhelo de cercanía al pueblo. 

en Mundo

Que Juan Pablo II fue un santo lo tuve cada vez más claro al colaborar con él», dice Benedicto XVI

24 de abr de 2014
»Juan Pablo II no pedía aplausos, ni ha mirado nunca alrededor preocupado por cómo eran acogidas sus decisiones. Él ha actuado a partir de su fe y de sus convicciones y estaba también dispuesto a sufrir golpes.

«Que Juan Pablo II fue un santo lo tuve cada vez más claro al colaborar con él», dice Benedicto XVIEl periodista polaco Wlodzimierz Redzioch ha sido el primero en entrevistar con detalle a Benedicto XVI desde que es papa emérito. El motivo fue conocer mejor a la figura de Juan Pablo II para elaborar un libro titulado "Junto a Juan Pablo II. Hablan los amigos y colaboradores", que recoge 21 entrevistas a personas cercanas al Pontífice polaco, la primera de ellas la de Joseph Ratzinger. Esta Semana Santa el diario La Razón ha publicado lo que el Papa emérito explicaba sobre su predecesor en esa entrevista.

-Santidad, los nombres de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger están vinculados, por varios motivos, con el Concilio Vaticano II. ¿Se conocieron durante el Concilio?
-El primer encuentro consciente entre el cardenal Wojtyla y yo tuvo lugar solamente en el Cónclave en el que fue elegido el Papa Juan Pablo I. Durante el Concilio, habíamos colaborado los dos en la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, pero en secciones diversas, de modo que no nos encontramos.

»En septiembre de 1978, con ocasión de la visita de los obispos polacos a Alemania, yo estaba en Ecuador como representante personal de Juan Pablo I. La Iglesia de Munich y Frisinga está vinculada con la Iglesia ecuatoriana por una fraternidad llevada a cabo por el arzobispo Echevarría Ruiz (Guayaquil) y el cardenal Döpfner. Y así, con enorme disgusto, perdí la ocasión de conocer personalmente al arzobispo de Cracovia. Naturalmente había oído hablar de su obra de filósofo y de pastor, y desde hace tiempo deseaba conocerle.

»Wojtyla por su parte había leído mi Introducción al cristianismo, que había también citado en los Ejercicios Espirituales predicados por él a Pablo VI y a la Curia en la Cuaresma de 1976. Por ello es como si interiormente los dos hubiéramos estado esperando encontrarnos. Experimenté desde el principio una gran veneración y una cordial simpatía por el metropolitano de Cracovia. En el pre-cónclave de 1978 él analizó para nosotros en modo sorprendente la naturaleza del marxismo. Pero sobre todo percibí enseguida con fuerza la fascinación humana que él despertaba y, de cómo rezaba, advertí cuán unido a Dios estaba.

-¿Qué experimentó cuando el santo Padre Juan Pablo II le ha llamó para confiarle la guía de la Congregación para la Doctrina de la fe?
-Juan Pablo II me llamó en 1979 para nombrarme prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

»Habían transcurrido apenas dos años desde mi consagración episcopal en Munich y me parecía imposible dejar tan rápido la sede de san Corbiniano. La consagración episcopal representaba de alguna manera una promesa de fidelidad hacia mi diócesis de pertenencia. Pedí por ello al Papa que no hiciera ese nombramiento; y él llamó para ese encargo al cardenal Baum de Washington, preanunciándome, con todo, desde aquel momento, que enseguida me llamaría para otro encargo. Fue en el curso del año 1980 cuando me dijo que me quería nombrar, a finales de 1981, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como sucesor del cardenal Šeper.

»Dado que continuaba sintiéndome obligado ante mi diócesis de pertenencia, para la aceptación del encargo me permití poner una condición, que por lo demás consideraba irrealizable. Dije que sentía el deber de continuar publicando trabajos teológicos. Podría responder afirmativamente sólo si esto fuera compatible con la tarea de prefecto. El Papa, que conmigo era siempre muy benévolo y comprensivo, me dijo que se informaría sobre esa cuestión para hacerse una idea. Cuando más tarde le hice una visita, me explicó que las publicaciones teológicas son compatibles con el oficio de prefecto; también el cardenal Garrone, dijo, había publicado trabajos teológicos cuando era prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

»Así que acepté el encargo, bien consciente de la gravedad de la tarea, pero sabiendo también que la obediencia al Papa exigía ahora de mí un «sí».

-¿Podría decirnos cómo se desarrollaba la colaboración entre ustedes?
- La colaboración con el santo Padre estuvo siempre caracterizada por la amistad y el afecto. Ésta se desarrolló sobre todo en dos planos: el oficial y el privado.

»El Papa cada viernes, a las seis de la tarde, recibía en audiencia al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sometía a su decisión los problemas aparecidos. Tenían naturalmente prioridad los problemas doctrinales, a los que se añadían cuestiones de tipo disciplinar (la reducción al estado laical de sacerdotes que hacen una petición, la concesión del privilegio paulino para aquellos matrimonios en los que uno de los dos cónyuges no es cristiano, y otras cuestiones). Enseguida se añadió también el trabajo en vía de elaboración del Catecismo de la Iglesia Católica.

»Algunas veces, el santo Padre recibía con tiempo la documentación esencial y por tanto conocía anticipadamente las cuestiones de las que iba a tratar. De este modo, sobre problemas teológicos hemos podido siempre conversar fructuosamente. El Papa era muy versado en literatura alemana contemporánea y era siempre hermoso (para los dos) buscar juntos la decisión justa sobre todas estas cosas.

»Junto a las verdaderas y específicas citas oficiales, había diversos tipos de encuentros semioficiales o no oficiales.

»Llamaría semioficiales a las audiencias en las que, por diversos años, cada martes por la mañana, se trataban las catequesis del miércoles con grupos compuestos cada vez en modo diverso. Por medio de las catequesis, el Papa había decidido ofrecer con el tiempo un catecismo. Él indicaba los temas y hacía preparar breves consideraciones preliminares para desarrollar luego. Dado que estaban siempre presentes representantes de diversas disciplinas, esas conversaciones eran siempre muy hermosas e instructivas; las recuerdo con gusto. También aquí emergía la competencia teológica del Papa. Pero al mismo tiempo, yo admiraba su disponibilidad a aprender.

»En fin, era costumbre del Papa, invitar a comer a los obispos en visita ad limina, como también a grupos de obispos y sacerdotes de diversa composición, según la circunstancia. Eran casi siempre «comidas de trabajo» en las cuales a menudo se proponía un tema teológico.

»En los primeros tiempos hubo toda una serie de comidas en las que se discutía paso a paso el nuevo Código. Era una versión semi-definitiva sobre la que trabajábamos durante esas comidas, elaborando de este modo la redacción final. Más tarde, se discutieron los temas más variados.

»El gran número de presentes hacía siempre variada la conversación y de amplios vuelos. Y, sin embargo, había siempre un puesto para el buen humor. El Papa reía con gusto y así aquellas comidas de trabajo, a pesar de la seriedad que se imponía, eran de hecho también ocasiones para estar en gozosa compañía.

-¿Cuáles han sido los desafíos doctrinales que han afrontado juntos durante su mandato al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe?
-El primer gran desafío que afrontamos fue la Teología de la Liberación que se estaba difundiendo en América Latina. Tanto en Europa como en América del Norte era opinión común que se trataba de un apoyo a los pobres y por tanto de una causa que se debía aprobar sin más. Pero era un error.

»La pobreza y los pobres eran sin duda tematizados por la Teología de la liberación pero con una perspectiva muy específica. Las formas de ayuda inmediata a los pobres y las reformas que mejoraban la condición venían condenadas como reformismo que tiene el efecto de consolidar el sistema: provocaban, se decía, rabia e indignación que, con todo, eran necesarias para la transformación revolucionaria del sistema.

»No era cuestión de ayudas y de reformas, se decía, sino de la gran revuelta, de la que debía salir un mundo nuevo. La fe cristiana era usada como motor para este movimiento revolucionario, transformándola así en una fuerza de tipo político. Las tradiciones religiosas de la fe eran puestas al servicio de la acción política.

»De este modo, la fe era profundamente alienada de sí misma y se debilitaba así también el verdadero amor por los pobres. Naturalmente, estas ideas se presentaban con diversas variantes y no siempre se asomaban con absoluta nitidez, pero, en el conjunto, esta era la dirección.

»A una tal falsificación de la fe cristiana era necesario oponerse también precisamente por amor de los pobres y en favor del servicio a ellos. Sobre la base de las experiencias hechas en su patria polaca, Juan Pablo II nos facilitó las reflexiones fundamentales. Por una parte, él había vivido la esclavitud operada por esa ideología marxista que hacía de madrina de la Teología de la Liberación.

»Sobre la base de su dolorosa experiencia, le resultaba claro que era necesario contrastar ese tipo de «liberación». Por otra parte, precisamente la situación de su patria le había mostrado que la Iglesia debe verdaderamente actuar para la libertad y la liberación no en modo político, sino despertando en los hombres, a través de la fe, las fuerzas de la auténtica liberación.

»El Papa nos guió para tratar los dos aspectos: por un lado, desenmascarar una falsa idea de liberación, por otro, exponer la auténtica vocación de la Iglesia a la liberación del hombre. Esto es lo que hemos tratado de decir en las dos Instrucciones sobre la Teología de la liberación que están al principio de mi trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

»Uno de los principales problemas de nuestro trabajo, en los años en los que fui Prefecto, era el esfuerzo por llegar a una correcta comprensión del ecumenismo.

»También en este caso se trata de una cuestión que tiene un doble perfil: por un lado, se debe afirmar con toda urgencia la tarea de actuar a favor de la unidad y se deben abrir caminos que conduzcan a ella; por otro, es necesario rechazar falsas concepciones de la unidad, que querrían alcanzar la unidad de la fe a través del atajo de la disolución de la fe.

»Han nacido en este contexto los documentos sobre varios aspectos del ecumenismo. Entre ellos, el que suscitó las mayores reacciones fue la declaración Dominus Jesus del 2000, que resumió los elementos irrenunciables de la fe católica.

»Por último, nos hemos ocupado también de la cuestión relativa a la naturaleza y a la tarea de la teología en nuestro tiempo. Cientificidad y vinculación con la Iglesia les parecen hoy a muchos elementos en contradicción. Y, sin embargo, la teología puede subsistir únicamente en la Iglesia y con la Iglesia. Sobre esta cuestión hemos publicado una Instrucción.

»El diálogo entre las religiones es y sigue siendo un tema central; sobre él, sin embargo, hemos podido publicar sólo algunos textos más bien breves. Hemos tratado de acercarnos a la cuestión con prudencia, sobre todo a través del diálogo con los teólogos y las conferencias episcopales. Importante fue sobre todo el encuentro con las comisiones doctrinales de las Conferencias Episcopales de los países asiáticos en Hong Kong.

-Entre las muchas encíclicas de Juan Pablo II, ¿cuál considera la más importante?
-Pienso que son tres las encíclicas de particular importancia. En primer lugar, querría mencionar la «Redemptor hominis», la primera encíclica del Papa, en la que él ofreció su síntesis personal de la fe cristiana.

»Este texto es una especie de compendio de su personal confrontación y encuentro con la fe y presenta así una visión completa de la lógica del cristianismo.

»Como respuesta a la pregunta sobre cómo se puede ser cristiano hoy y creer como católico, este texto totalmente personal y a la vez totalmente eclesial puede ser de gran ayuda a todos aquellos que están buscando.

»En segundo lugar, querría mencionar la encíclica «Redemptoris missio». Se trata de un texto que pone de manifiesto la importancia permanente de la tarea misionera de la Iglesia, deteniéndose particularmente en las cuestiones que se plantean a la cristiandad en Asia y que ocupan a la teología en el mundo occidental.

»Se examina la relación entre el diálogo de las religiones y la tarea misionera y se muestra por qué, también hoy, es importante anunciar la Buena Nueva de Cristo, el Redentor de todos los hombres, a los hombres de todo lugar de la tierra y de toda cultura.

»En tercer lugar, querría citar la encíclica sobre los problemas morales, «Veritatis splendor». Ha precisado de largos años de maduración y sigue siendo de permanente actualidad. La Constitución del Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, frente a la orientación de la época, prevalentemente iusnaturalista de la teología moral, quería que la doctrina moral católica sobre la figura de Jesús y su mensaje tuviera un fundamento bíblico. Esto se intentó a través de las referencias bíblicas sólo durante un breve periodo, luego se fue afirmando la opinión de que la Biblia no tenía una moral propia que anunciar, sino que se remitía a los modelos morales válidos según la ocasión. La moral es cuestión de la razón, se decía, no de la fe.

»Desapareció así, por una parte, la moral entendida en sentido iusnaturalista, pero en su lugar no se afirmó ninguna concepción cristiana. Y dado que no se podía reconocer ni un fundamento metafísico ni uno cristológico de la moral, se recurrió a soluciones pragmáticas: una moral fundada sobre el principio del equilibrio de bienes, en la cual no existe ya lo que está verdaderamente mal o lo que está verdaderamente bien, sino sólo aquello que, desde el punto de vista de la eficacia, es mejor o peor.

»La gran tarea que el Papa tuvo en esta encíclica fue la de recuperar nuevamente un fundamento metafísico en la antropología, como también una concreción cristiana en la nueva imagen del hombre de la Sagrada Escritura.

»Estudiar y asimilar esta encíclica sigue siendo un gran e importante deber.

»De gran significado es también la encíclica «Fides et ratio», en la que el Papa se esfuerza por ofrecer una nueva visión de la relación entre fe cristiana y razón filosófica. Por último es absolutamente necesario mencionar la «Evangelium Vitae», que desarrolla uno de los temas fundamentales de todo el pontificado de Juan Pablo II: la dignidad intangible de la vida humana, desde el momento mismo de la concepción.

-¿Cuáles eran las características sobresalientes de la espiritualidad de Juan Pablo II?
-La espiritualidad del Papa estaba caracterizada sobre todo por la intensidad de su oración y por tanto estaba profundamente arraigada en la celebración de la Santa Eucaristía y era practicada junto con toda la Iglesia mediante el rezo del Breviario.

»En su libro autobiográfico «Don y misterio» es posible ver cómo el sacramento del sacerdocio determinó su vida y su pensamiento. Así, su devoción no podía nunca ser puramente individual, sino que estaba siempre también llena de solicitud por la Iglesia y por los hombres. La tarea de llevar a Cristo a los demás estaba arraigada en el centro de su piedad.

»Todos nosotros hemos conocido su gran amor por la Madre de Dios. Donarse del todo a María significó ser, con ella, totalmente para el Señor. Así como María no vivió para sí misma sino para Él, del mismo modo, él aprendió de ella y del estar con ella una completa y rápida dedicación a Cristo.

-Ha abierto el iter para la beatificación antes de los tiempos establecidos por el Derecho Canónico. ¿Desde cuándo y cómo se ha convencido de la santidad de Juan Pablo II?
-Que Juan Pablo II fuera un santo, en los años de la colaboración con él me ha sido continuamente cada vez más claro. Hay que tener en cuenta ante todo naturalmente su intensa relación con Dios, ese estar inmerso en la comunión con el Señor del que acabo de hablar. De aquí venía su alegría en medio de las grandes fatigas que tenía que soportar, y la valentía con la que asumió su tarea en un tiempo realmente difícil.

»Juan Pablo II no pedía aplausos, ni ha mirado nunca alrededor preocupado por cómo eran acogidas sus decisiones. Él ha actuado a partir de su fe y de sus convicciones y estaba también dispuesto a sufrir golpes. La valentía de la verdad es, a mi modo de ver, un criterio de primer orden de la santidad. Sólo a partir de su relación con Dios es posible entender también su indefectible empeño pastoral.

»Su empeño fue infatigable, y no sólo en los grandes viajes, cuyos programas estaban llenos de citas, desde el comienzo hasta el fin, sino también día a día, desde la misa de la mañana hasta las altas horas de la noche.

»Durante la primera visita a Alemania (1980), tuve por primera vez una experiencia muy concreta de este empeño enorme. Para su estancia en Múnich, decidí que debía tener un descanso más largo a mediodía. Durante la pausa me llamó a su habitación. Lo encontré mientras rezaba el Breviario y le dije: «Santo Padre, usted debería descansar»; y él: «Podré hacerlo en el cielo».

»Sólo quien está profundamente lleno de la urgencia de su misión puede actuar así. Pero debo honrar también su extraordinaria bondad y comprensión. A menudo habría tenido motivos suficientes para criticarme o poner fin a mi tarea de Prefecto. Y sin embargo me sostuvo con una fidelidad y una bondad absolutamente incomprensible.

»Querría poner un ejemplo. Frente al torbellino que se había desatado por la declaración Dominus Jesus, me dijo que en el Angelus quería defender inequívocamente el documento. Me invitó a escribir un texto para el Angelus que fuera estanco y no permitiera ninguna interpretación diversa. Tenía que emerger de forma inequívoca que él aprobaba el documento.

»Preparé por tanto un breve discurso; no pretendía, sin embargo, ser demasiado brusco y por ello traté de expresarme con claridad pero sin dureza. Después de leerlo, me dijo : «¿Es de verdad suficientemente claro?». Yo respondí que sí. Quien conoce a los teólogos no se sorprenderá por el hecho de que hubo quien sostuvo que el Papa había prudentemente tomado distancia de la «Dominus Jesus».

-¿Qué experimenta hoy que la Iglesia reconoce la santidad de «su» Papa, Juan Pablo II, del que ha sido un estrecho colaborador?
-Mi recuerdo de Juan Pablo II está lleno de gratitud. No podía y no debía intentar imitarle, pero he tratado de seguir llevando adelante su herencia y su tarea lo mejor que he podido.

en El Papa

Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios

20 de abr de 2014
«Galilea de los gentiles», recordó el Papa, «horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!»

Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, exhortó el Papa. La luz de las velas, los ojos de todos los fieles hacia el sucesor de Pedro en el momento más importante del año para los creyentes. Comenzó en la basílica Vaticana, con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual, la vigilia de Pascua presidida por Papa Francisco. 

En la procesión hacia el altar, con el cirio encendido, participaron 200 concelebrantes entre cardenales, obispos y prelados de la Curia romana. Después de que Bergoglio lo hubiera bendecido, un diácono entonó el canto del Exsultet. Después, la Liturgia de la Palabra, la administración de los Sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Primera Comunión y Confirmación) a 10 catecúmenos. El más pequeño tenía 7 años (italiano), el más grande era un vietnamita de 58. Los demás provenñian de Bielorrusia, Senegal, Líbano y Francia.

“El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el camino de las mujeres hacia el sepulcro, al alba del día después del sábado -predicó Francisco. Ellas van a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: ‘¡Ustedes no tengan miedo!’, y ordena que vayan a llevar la noticia a los discípulos: ‘Resucitó de entre los muertos’. Las mujeres corren inmediatamente, y por el camino Jesús mismo las encuentra y dice: ‘No teman, vayan a decirles a mis hermanos que vayan a Galilea: allá me verán’. Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían disperdido; su fe se había agrietado, todo parecía haber acabado, parecían derrumbadas las certezas, parecían apagadas las esperanzas”. Prosiguió el Papa: “Aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, llegaba como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se esparció: Jesús resucitó, como había dicho”.

“Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». Galilea -explicó el Pontífice- es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron”.

Volver a Galilea quiere decir, continuó el Papa, volver a leer todo desde “la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor”.

“También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito -añadió Bergoglio-, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

 Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, exhortó el Papa. La luz de las velas, los ojos de todos los fieles hacia el sucesor de Pedro en el momento más importante del año para los creyentes. Comenzó en la basílica Vaticana, con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual, la vigilia de Pascua presidida por Papa Francisco. 

En la procesión hacia el altar, con el cirio encendido, participaron 200 concelebrantes entre cardenales, obispos y prelados de la Curia romana. Después de que Bergoglio lo hubiera bendecido, un diácono entonó el canto del Exsultet. Después, la Liturgia de la Palabra, la administración de los Sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Primera Comunión y Confirmación) a 10 catecúmenos. El más pequeño tenía 7 años (italiano), el más grande era un vietnamita de 58. Los demás provenñian de Bielorrusia, Senegal, Líbano y Francia.

“El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el camino de las mujeres hacia el sepulcro, al alba del día después del sábado -predicó Francisco. Ellas van a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: ‘¡Ustedes no tengan miedo!’, y ordena que vayan a llevar la noticia a los discípulos: ‘Resucitó de entre los muertos’. Las mujeres corren inmediatamente, y por el camino Jesús mismo las encuentra y dice: ‘No teman, vayan a decirles a mis hermanos que vayan a Galilea: allá me verán’. Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían disperdido; su fe se había agrietado, todo parecía haber acabado, parecían derrumbadas las certezas, parecían apagadas las esperanzas”. Prosiguió el Papa: “Aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, llegaba como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se esparció: Jesús resucitó, como había dicho”.

“Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». Galilea -explicó el Pontífice- es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron”.

Volver a Galilea quiere decir, continuó el Papa, volver a leer todo desde “la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor”.

“También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito -añadió Bergoglio-, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

”Por ello, recordó el Papa, “en la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba”. Y animó a los presentes a preguntarse: “¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia”.

El evangelio de Pascua es claro, indicó Bergoglio: “es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra”. “Galilea de los gentiles”, recordó el Papa, “horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!”. Para concluir la celebración, el Pontífice dijo a todos los fieles: "Les deseo una buena Pascua, y que todos regresemos a Galilea".

”Por ello, recordó el Papa, “en la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba”. Y animó a los presentes a preguntarse: “¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia”.

 Dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, exhortó el Papa. La luz de las velas, los ojos de todos los fieles hacia el sucesor de Pedro en el momento más importante del año para los creyentes. Comenzó en la basílica Vaticana, con la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual, la vigilia de Pascua presidida por Papa Francisco. 

En la procesión hacia el altar, con el cirio encendido, participaron 200 concelebrantes entre cardenales, obispos y prelados de la Curia romana. Después de que Bergoglio lo hubiera bendecido, un diácono entonó el canto del Exsultet. Después, la Liturgia de la Palabra, la administración de los Sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Primera Comunión y Confirmación) a 10 catecúmenos. El más pequeño tenía 7 años (italiano), el más grande era un vietnamita de 58. Los demás provenñian de Bielorrusia, Senegal, Líbano y Francia.

“El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el camino de las mujeres hacia el sepulcro, al alba del día después del sábado -predicó Francisco. Ellas van a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: ‘¡Ustedes no tengan miedo!’, y ordena que vayan a llevar la noticia a los discípulos: ‘Resucitó de entre los muertos’. Las mujeres corren inmediatamente, y por el camino Jesús mismo las encuentra y dice: ‘No teman, vayan a decirles a mis hermanos que vayan a Galilea: allá me verán’. Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían disperdido; su fe se había agrietado, todo parecía haber acabado, parecían derrumbadas las certezas, parecían apagadas las esperanzas”. Prosiguió el Papa: “Aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, llegaba como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se esparció: Jesús resucitó, como había dicho”.

“Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». Galilea -explicó el Pontífice- es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron”.

Volver a Galilea quiere decir, continuó el Papa, volver a leer todo desde “la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor”.

“También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito -añadió Bergoglio-, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

”Por ello, recordó el Papa, “en la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba”. Y animó a los presentes a preguntarse: “¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia”.

El evangelio de Pascua es claro, indicó Bergoglio: “es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra”. “Galilea de los gentiles”, recordó el Papa, “horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!”. Para concluir la celebración, el Pontífice dijo a todos los fieles: "Les deseo una buena Pascua, y que todos regresemos a Galilea".

El evangelio de Pascua es claro, indicó Bergoglio: “es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra”. “Galilea de los gentiles”, recordó el Papa, “horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!”. Para concluir la celebración, el Pontífice dijo a todos los fieles: "Les deseo una buena Pascua, y que todos regresemos a Galilea".

en El Papa

Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco

20 de abr de 2014
Mensaje Urbi et Orbi (A la ciudad de Roma y al mundo) - Pascua 2014

Queridos hermanos y hermanas, Feliz y santa Pascua.

El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: « Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí. Ha resucitado... Venid a ver el sitio donde lo pusieron» ( Mt 28,5-6).

Esta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: si Cristo no hubiera resucitado, el cristianismo perdería su valor; toda la misión de la Iglesia se quedaría sin brío, pues desde aquí ha comenzado y desde aquí reemprende siempre de nuevo. El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

Por esto decimos a todos: «Venid y veréis». En toda situación humana, marcada por la fragilidad, el pecado y la muerte, la Buena Nueva no es sólo una palabra, sino un testimonio de amor gratuito y fiel: es un salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido... « Venid y veréis»: El amor es más fuerte, el amor da vida, el amor hace florecer la esperanza en el desierto.

Con esta gozosa certeza, nos dirigimos hoy a ti, Señor resucitado.

Ayúdanos a buscarte para que todos podamos encontrarte, saber que tenemos un Padre y no nos sentimos huérfanos; que podemos amarte y adorarte.

Ayúdanos a derrotar el flagelo del hambre, agravada por los conflictos y los inmensos derroches de los que a menudo somos cómplices.

Haznos disponibles para proteger a los indefensos, especialmente a los niños, a las mujeres y a los ancianos, a veces sometidos a la explotación y al abandono.

Haz que podamos curar a los hermanos afectados por la epidemia de Ébola en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia, y a aquellos que padecen tantas otras enfermedades, que también se difunden a causa de la incuria y de la extrema pobreza.

Consuela a todos los que hoy no pueden celebrar la Pascua con sus seres queridos, por haber sido injustamente arrancados de su afecto, como tantas personas, sacerdotes y laicos, secuestradas en diferentes partes del mundo.

Conforta a quienes han dejado su propia tierra para emigrar a lugares donde poder esperar en un futuro mejor, vivir su vida con dignidad y, muchas veces, profesar libremente su fe.

Te rogamos, Jesús glorioso, que cesen todas las guerras, toda hostilidad pequeña o grande, antigua o reciente.

Te pedimos por Siria: la amada Siria, que cuantos sufren las consecuencias del conflicto puedan recibir la ayuda humanitaria necesaria; que las partes en causa dejen de usar la fuerza para sembrar muerte, sobre todo entre la población inerme, y tengan la audacia de negociar la paz, tan anhelada desde hace tanto tiempo.

Jesús glorioso, te rogamos que consueles a las víctimas de la violencia fratricida en Irak y sostengas las esperanzas que suscitan la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos.

Te invocamos para que se ponga fin a los enfrentamientos en la República Centroafricana, se detengan los atroces ataques terroristas en algunas partes de Nigeria y la violencia en Sudán del Sur.

Y te pedimos por Venezuela, para que los ánimos se encaminen hacia la reconciliación y la concordia fraterna.

Que por tu resurrección, que este año celebramos junto con las iglesias que siguen el calendario juliano, te pedimos que ilumines e inspires iniciativas de paz en Ucrania, para que todas las partes implicadas, apoyadas por la Comunidad internacional, lleven a cabo todo esfuerzo para impedir la violencia y construir, con un espíritu de unidad y diálogo, el futuro del País. Que como hermanos puedan hoy cantar «Cristo ha resucitado».

Te rogamos, Señor, por todos los pueblos de la Tierra: Tú, que has vencido a la muerte, concédenos tu vida, danos tu paz. Queridos hermanos y hermanas, feliz Pascua.

Saludo

Queridos hermanos y hermanas:

Renuevo mi felicitación pascual a todos los que, llegados desde todas las partes del mundo, os habéis reunido en esta Plaza. Hago extensiva esta felicitación pascual a cuantos se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social. Llevad a vuestras familias y a vuestras comunidades la alegre noticia de que Cristo nuestra paz y nuestra esperanza ha resucitado.

Gracias por vuestra presencia, por vuestra oración y por vuestro testimonio de fe. Un recuerdo particular y agradecido por el regalo de las bellísimas flores, que vienen de Holanda. Buena Pascua a todos.

Si deseas comunicarte con el sitio, puedes escribir a etf.direccion@gmail.com