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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
sección: Andrea
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en El Papa

«Jesús no pide que conservemos su gracia en una caja fuerte»

16 de nov de 2014
Palabras del Papa en el Ángelus de hoy, domingo, por la mañana.

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de este domingo es la parábola de los talentos, tomada de san Mateo (25,14-30). Narra de un hombre que, antes de partir para un viaje, convoca a sus servidores y les confía su patrimonio en talentos, monedas antiguas de un gran valor. Ese hombre confía al primer servidor cinco talentos, al segundo dos, al tercero uno. Durante la ausencia del hombre, los tres servidores deben hacer fructificar este patrimonio. El primer y el segundo servidor duplican cada uno el capital inicial; el tercero, en cambio, por miedo a perder todo, entierra en un pozo el talento recibido. Al regreso del señor, los primeros dos reciben felicitaciones y la recompensa, mientras el tercero, que devuelve solamente la moneda recibida, es reprendido y castigado.

El significado de esto es claro. El hombre de la parábola representa a Jesús, los servidores somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el Patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celeste, su perdón… en resumen, tantas cosas, sus más preciosos bienes. Este es el patrimonio que Él nos confía. No solamente para custodiar, sino para multiplicar. Mientras en el lenguaje común el término “talento” indica una resaltante cualidad individual – por ejemplo un talento en la música, en el deporte, etcétera –,  en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. El pozo cavado en el terreno por el «servidor malo y perezoso» (v. 26) indica el  temor del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en el amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesus no nos pide esto, sino que quiere que la usemos para provecho de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así se multiplican. Es como si nos dijese: “He aquí mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y  úsalos abundantemente”. Y nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos “contagiado” con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien formularnos. Cualquier ambiente, también el más lejano y árido, puede convertirse en un lugar donde hacer fructificar los talentos. No existen situaciones o lugares excluidos a la presencia y al testimonio cristiano. El testimono que Jesús nos pide no es cerrado, es abierto, depende de nosotros.

Esta parábola nos empuja a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica, que renueva. Así como también el perdón, que el Señor nos dona especialmente en el Sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos encerrado en nosotros mismos, sino dejémoslo que desate su fuerza, que haga caer los muros que nuestro egoísmo ha levantado, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde no hay más comunicación… Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos ha dado, sean para los demás, crezcan, den fruto con nuestro testimonio.

Creo que hoy sería una cosa buena que cada uno en casa tomase el Evangelio, el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos del 14 al 30, Mateo 25,14-30, leer esto y meditarlo un poco: "los talentos, las riquezas, todo aquello que Dios me ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios. ¿Cómo hago para que crezcan en los demas? ¿O solamente los custodio en una caja fuerte?". 

Además el Señor no da a todos las mismas cosas y de la misma manera: nos conoce personalmente y nos confía aquello que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo de igual: la misma, inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Esto es igual para todos ¡No lo defraudemos! ¡No nos dejemos engañar por el miedo, sino intercambiemos confianza con confianza! La Virgen María encarna esta actitud de la forma más bella y más plena. Ella ha recibido y acogido el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ha ofrecido a la humanidad con corazón generoso. Pidámosle ayudarnos a ser “servidores buenos y fieles”, para participar  “de la alegría de nuestro Señor”.

 

Palabras tras el rezo del Angelus

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días, en Roma, hubo tensiones más bien fuertes entre residentes e inmigrados. Son hechos que suceden en diversas ciudades europeas, especialmente en barrios periféricos marcados por otras necesidades. Invito a las Instituciones, de todos los niveles, a asumir como prioridad lo que ya constituye una emergencia social y que, si no se afrontada lo más pronto posible y de modo adecuado, hace que se corra el riesgo de degenerar cada vez más.

La comunidad cristiana se empeña de modo concreto para que no haya desencuentro, sino encuentro. Ciudadanos e inmigrados, con los representantes de las instituciones, pueden encontrarse, también en una sala de la parroquia, y hablar juntos de la situación. Lo importante es no ceder a la tentación del desencuentro, rechazar toda violencia. Es posible dialogar, escucharse, proyectar juntos, y de este modo superar la sospecha y el prejuicio y construir una convivencia cada vez más segura, pacífica e inclusiva.

Hoy se celebra la “Jornada mundial de las víctimas de la carretera”. Recordamos en la oración a cuantos han perdido la vida, deseando el empeño constante en la prevención de los accidentes de circulación, así como también un comportamiento prudente y respetuoso de las normas por parte de los automovilistas.

Saludo a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles, que han venido de Italia y de tantas partes del mundo. De manera especial, saludo a los peregrinos procedentes de Murcia, España, Cagliari, Teramo, Gubbio y Lissone; al coro Amadeus de Villafranca, a la asociación de “Acompañantes a los Santuarios Marianos en el Mundo” y a los chicos de la Confirmación de Monte San Savino y de Torano Nuovo. Saludo a los empleados del Hospital Fatebenefratelli de Roma y al grupo de músicos del Teatro de la Opera de Roma.

Y no se olviden, hoy en casa, de tomar el Evangelio de Mateo, San Mateo, capítulo 25, versículo 14, y leerlo. Y hacerse las preguntas que vengan.

A todos deseo bueno domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

en Mundo

Pío XII y la unidad de los cristianos

Las cárceles, los sufrimientos, los tormentos, los gemidos, la sangre de aquellos que, conocidos o ignorados, pero ciertamente muchos en estos últimos tiempos y aun hoy día, han sufrido y están sufriendo por la constancia de la virtud y la profesión

Papa Pío XIIPío XII, dotado de un profundo conocimiento de la misión que le había sido encomendada, y de una nítida visión de la realidad de la Iglesia y del mundo, consideraba la unidad de todos los cristianos como un remedio a muchos males.
 


En su llamado a la unidad, no dejaba espacio para dudar sobre la naturaleza y misión de la Iglesia Católica y de la Sede Apostólica, inquebrantable roca de verdad plantada por Dios. Es de notar que esta convicción no restaba absolutamente nada a la humildad y cercanía que, como vicario de Cristo y sucesor del apóstol Pedro, encarnaba en su persona. Su figura y proceder evocaban la presencia en la tierra de Aquel que es a la vez Siervo humilde, Rey de Reyes, Buen Pastor, Maestro y Señor.

 

Este Papa veía dos frentes sobresalientes en los asaltos a la Iglesia por parte del enemigo infernal. Por un lado, la herejía y las interpretaciones torcidas de la Doctrina cristiana. Por otro lado, el odio y la ferocidad de las persecuciones a los cristianos.

 

En 1951 escribió una encíclica conmemorando los quince siglos del Concilio Ecuménico de Calcedonia. En este imperdible documento repasa la doctrina cristológica siguiendo las vicisitudes de los concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia, a la vez que advierte sobre algunas corrientes actuales que vuelven a caer en los antiguos errores.

 

La encíclica, que lleva por nombre Sempiternus Rex Christus, es también un llamado del Pontífice a la unidad de los cristianos. Vale la pena tomarse unos pocos minutos para leer estos párrafos (énfasis nuestros):

 

 


Mientras ardía la reciente guerra con su secuela de miseria, hambre y enfermedades, Nos, sin distinguir entre los pueblos, que Nos suelen llamar Padre, hemos trabajado por aliviar dondequiera el peso de las desgracias; Nos hemos esforzado por ayudar a las viudas, a los niños, a los ancianos, a los enfermos y Nos hubiéramos considerado más felices si hubiéramos podido equiparar los medios a los deseos. No vacilen, pues, en rendir el debido homenaje a esta Sede Apostólica, para la que el presidir es ayudar, a esta inquebrantable roca de verdad plantada por Dios, aquellos que por la calamidad de los tiempos se han separado de ella...
 

 

[...]

 

Ciertamente no desconocemos qué cúmulo inveterado de prejuicios impide tenazmente que se realice la oración dirigida por Cristo en la última Cena al Eterno Padre por los que siguieran el Evangelio: “Que todos sean uno”. Pero sabemos también que la fuerza de la oración es grande si los que oran, formando un solo ejército, arden en una sincera fe y pura conciencia capaz de arrancar una montaña y precipitarla en el mar.
 

 

[...]

 

Hay, además, otro motivo, que con grande urgencia exige que las falanges cristianas cuanto antes se unan y combatan bajo una sola bandera central los tempestuosos asaltos del enemigo infernal. ¿A quién no horroriza el odio y la ferocidad con que los enemigos de Dios, en muchos países del mundo, amenazan y tienden a destruir todo lo que es divino y cristiano? Contra sus confederadas milicias no podemos seguir divididos y dispersos, perdiendo el tiempo, todos los que señalados con el carácter bautismal, estamos destinados a combatir con valor los combates de Cristo.
 


Las cárceles, los sufrimientos, los tormentos, los gemidos, la sangre de aquellos que, conocidos o ignorados, pero ciertamente muchos en estos últimos tiempos y aun hoy día, han sufrido y están sufriendo por la constancia de la virtud y la profesión de fe, llaman a todos con voz cada vez más alta, para que abracen esta santa unidad de la Iglesia.
 

 

 

 

 

La esperanza de la vuelta de los hermanos y de los hijos, separados hace ya mucho tiempo de esta Sede Apostólica, se hace más fuerte con la amarga y sangrienta cruz de los sufrimientos de tantos otros hermanos e hijos: ¡que ninguno impida y descuide la obra salvadora de Dios! A estos beneficios y al gozo de esta unidad invitamos con paterna súplica...

en Mundo

Llamado por Jerusalén: detengan la espiral de odio y violencia

20 de nov de 2014
¡Construir la paz es difícil, pero vivir sin la paz es un tormento!»

Llamado de Papa Francisco después del atentado contra una sinagoga de Jerusalén. «Sigo con preocupación el alarmante aumento de la tensión en Jerusalén y otras zonas de Tierra Santa -indicó Francisco-, con episodios inaceptables de violencia que no ahorran ni siquiera los lugares de culto. Aseguro una oración especial por todas las víctimas de esta dramática situación y por cuantos sufren sus consecuencias.

Desde lo más profundo de mi corazón, dirijo un llamamiento a las partes implicadas para que se ponga fin a la espiral de odio y de violencia y se tomen decisiones valientes para la reconciliación y la paz. ¡Construir la paz es difícil, pero vivir sin la paz es un tormento!»

Peregrinos en Tierra Santa rezan por la paz

 


Peregrinos en Belén y Jerusalén para invocar la paz justamente en estos momentos tan difíciles para los israelíes y los palestinos. Es la iniciativa que prupuso para mañana la Obra Romana Peregrinajes, que vivirá en comunión con ambos pueblos de la Tierra Santa.
 

en Espiritualidad y Cultura

¿“Bombardear” las redes sociales con mensajes religiosos o dar testimonio de Cristo?

20 de nov de 2014
El mundo –recordó– está más atento a los testigos que a los maestros, como decía Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi”.

Mons. Claudio Maria Celli (Foto ACI Prensa)LIMA, 19 Nov. 14 (ACI).- El Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Mons. Claudio Maria Celli, alentó a los católicos a no tener miedo de anunciar a Cristo en las redes sociales, animó a no “bombardearlas” con mensajes religiosos sino a hacerse presente con un testimonio valiente y claro.
 


Así lo indicó el Prelado en entrevista concedida a ACI Prensa el 18 de noviembre en la ciudad de Lima (Perú), adonde llegó para el 13° encuentro continental de la Red de Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) que se realiza hasta el sábado 21.
 
Mons. Celli dijo que el mismo Papa Francisco, consciente de los “límites y los peligros de las redes sociales”, es quien alienta este anuncio ya que existe una “gran multitud de personas vive en ellas y la tarea de la Iglesia es hacer resonar aquí la voz de Jesús. Que la gente pueda encontrar a Jesús y su Evangelio”.
 
“¿Por qué? Porque de repente esa gente nunca pondrá un pie en una iglesia. Si los testigos de Jesús son fieles, ellos podrán testimoniarlo. El mundo –recordó– está más atento a los testigos que a los maestros, como decía Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi”.
 
El Prelado precisó que este anuncio del Evangelio “no debe ser un bombardeo de mensajes religiosos sino un testimonio concreto, eficaz y verdadero de las cosas en las que creemos, de Jesucristo”.
 
Mons. Celli dijo luego que en cualquier lugar del mundo y también en América Latina, “el discípulo del Señor sabe lo que tiene en el corazón, no hay que aguar el mensaje. No hay que reducir los contenidos profundos del Evangelio. Debemos, sin embargo, respetar el camino y las dimensiones religiosas de los otros”.
 
Recordando lo que señala el Santo Padre, el Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales afirmó que “la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción y eso solo se da si somos testigos auténticos. Quiero decirles a todos que no tengan miedo de entrar en las redes sociales. Preguntémonos primero si hacemos vida el Evangelio para ser testimonio vivo”.
 
Mons. Claudio María Celli puso como ejemplo de testimonio del Evangelio al Papa Francisco: “en un mundo como el nuestro donde poco a poco se olvida a los mayores y los enfermos, donde parece que el mundo es solo de los jóvenes y bellos, el Papa dice que hay que ir al encuentro del hombre de hoy”.
 
Este hombre, prosiguió, “está cansado y se siente solo y herido, tienen grandes dificultades. El Papa nos dice que la comunicación debe hacerse proximidad ante este hombre. La Iglesia debe mostrar su rostro maternal, expresar esta simpatía al hombre y la mujer de hoy. Que sepa decirle al hombre que Dios le ama tiernamente. Es un gran desafío”.
 
Para concluir, Mons. Claudio Maria Celli dijo que “una de las enfermedades modernas es que nos falta esperanza. Nosotros, la Iglesia, no somos los mejores ni los más buenos del mundo, pero sí intentamos que Jesús esté en lo profundo de nuestra vida y queremos testimoniarlo también en el mundo digital. Esta es nuestra tarea –con la que colaboramos en nuestro Pontificio Consejo– anunciar a Jesucristo”.
 
El encuentro de la RIIAL, señala una nota de prensa del Episcopado peruano, busca responder a “la necesidad de mejorar la comunicación en los distintos ámbitos de la Iglesia, intercambiar experiencias, diseñar estrategias comunes para la construcción de redes de comunión más fuertes entre los agentes de pastoral y los departamentos de comunicación de las conferencias episcopales”.

en El Papa

La Iglesia: Obispos, presbíteros, diáconos

12 de nov de 2014
«Acogida, sobriedad, paciencia, afabilidad, fiabilidad, bondad de corazón. ¡Éste es el alfabeto, la gramática de base de todo ministerio!» Testo completo de la catequesis de esta semana.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la catequesis anterior hemos evidenciado cómo el Señor continúa apacentando a su rebaño a través del ministerio de los obispos, ayudados por los presbíteros y por los diáconos. Es en ellos que Jesús se hace presente, en la potencia de su Espíritu y continúa sirviendo a la Iglesia, alimentando en ella la fe, la esperanza y el testimonio de la caridad. Estos ministerios constituyen, por lo tanto, un don grande del Señor para toda comunidad cristiana y para la Iglesia entera, porque son un signo vivo de su presencia y de su amor. Hoy queremos preguntarnos: ¿qué se pide a estos ministros de la Iglesia para que puedan vivir en modo auténtico y fecundo el propio servicio?

En las “Cartas pastorales” enviadas a sus discípulos Timoteo y Tito, el apóstol Pablo se detiene con atención sobre la figura de los obispos, de los presbíteros y de los diáconos, también sobre la figura de los fieles, de los ancianos, de los jóvenes. Se detiene en una descripción de cada cristiano de la Iglesia, delineando, para los obispos, presbíteros y diáconos  aquello a lo que ellos son llamados y las prerrogativas que deben ser reconocidas en los que son elegidos e investidos con estos ministerios.  Ahora, es emblemático como junto a las dotes inherentes a la fe y la vida espiritual, que no pueden ser descuidadas en la vida, sean enumeradas algunas cualidades exquisitamente humanas: la acogida, la sobriedad, la paciencia, la afabilidad, la fiabilidad, la bondad de corazón. Repito: la acogida, la sobriedad, la paciencia, la afabilidad, la fiabilidad, la bondad de corazón. ¡Éste es el alfabeto, la gramática de base de todo ministerio! ¡Debe ser la gramática de base de todo obispo, de todo sacerdote, de todo diácono! Sí, porque sin esta predisposición bella y genuina a encontrar, a conocer, a dialogar, a apreciar y a relacionarse con los hermanos en modo respetuoso y sincero, no es posible ofrecer un servicio y un testimonio de verdad alegría y creíble.

Está luego una actitud de fondo que Pablo recomienda a sus discípulos y, en consecuencia, a todos los que son investidos del ministerio episcopal, ya sean obispos, sacerdotes, presbíteros o diáconos. El apóstol exhorta a reanimar continuamente el don recibido (cfr 1 Tm 4,14; 2 Tm 1,6). Esto significa que debe ser siempre viva la conciencia de que no se es obispo, sacerdote o diácono porque se es más inteligente, más bueno y mejor que los otros, sino sólo en virtud de un don, un don de amor prodigado por Dios, en la potencia de su Espíritu, para el bien de su pueblo. Esta conciencia es verdaderamente importante y constituye una gracia que hay que pedir cada día. De hecho, un pastor que es consciente de que su propio ministerio proviene únicamente de la misericordia y del corazón de Dios, nunca podrá asumir una actitud autoritaria, como si todos estuvieran a sus pies y la comunidad fuera de su propiedad, su reino personal.

La conciencia de que todo es un don, todo es don, todo es gracia, ayuda a un pastor también a no caer en la tentación de ponerse en el centro de la atención y de confiar sólo en sí mismo: son las tentaciones de la vanidad, del orgullo, de la suficiencia, de la soberbia. Ay si un obispo, sacerdote o diácono pensase que lo sabe todo, que siempre tiene la respuesta justa para cada cosa y que no necesita de nadie. Por el contrario, la conciencia de ser él, primero, objeto de la misericordia y de la compasión de Dios debe llevar a un ministro de la Iglesia a ser siempre humilde y comprensivo para con los demás. Aún en la conciencia de ser llamado a custodiar con valentía el depósito de la fe (1 Tim 6:20), él se pondrá en escucha de la gente. Es consciente, de hecho, que siempre tiene algo que aprender, incluso de aquellos que pueden estar todavía alejados de la fe y de la Iglesia. Con sus propios hermanos, después, todo esto debe llevar a asumir una actitud nueva, encaminada al compartir, a la corresponsabilidad y a la comunión.

Queridos amigos, debemos estar siempre agradecidos al Señor, porque en la persona y el ministerio de los obispos, de los sacerdotes y diáconos, continúa guiando y formando a su iglesia, haciéndola crecer a lo largo del camino de la santidad. Al mismo tiempo, tenemos que seguir rezando para que los pastores de nuestras comunidades puedan ser imagen viva de la comunión y del amor de Dios. Gracias.

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