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sección: Andrea
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en El Papa

Los «obispos-piloto» y el redescubrimiento del papel de los laicos

19 de may de 2015
(4 coms.) Vatican Insider
El discurso de Francisco a la Conferencia Episcopal Italiana tocó puntos neurálgicos pala la Iglesia italiana, empezando por la invitación a no querer «tele-guiar» a los católicos comprometidos en ámbito social o en la política.

El breve y denso discurso que Papa Francisco pronunció ayer ante los obispos de Italia ofreció ejemplos e indicaciones concretas. Además de la invitación a «no ser tímidos o irrelevantes en la denuncia y en la derrota de una mentalidad difundida de corrupción pública y privada, que ha logrado empobrecer, sin ninguna vergüenza, a familias, jubilados, trabajadores honestos, comunidades cristianas, descartando a los jóvenes, privándolos sistemáticamente de cualquier esperanza de futuro, y, sobre todo, marginando a los débiles y necesitados», el Papa insistió en la defensa del pueblo de las «colonizaciones ideológicas» (referencia a la teoría de género ya aludida en otras ocasiones). El mensaje del Papa contenía dos indicaciones muy importantes y que tendrán seguramente consecuencias, de ser tomadas en serio.

La primera tiene que ver con el método. Francisco explicó que la vocación de los cristianos y de los obispos «es la de ir contra corriente». Pero este “ir contra corriente” significa «ser testimonios alegres del Cristo Resucitado para transmitir alegría y esperanza a los demás» y «consolar a todos los afligidos» sin distinción. En una época caracterizada por el desconsuelo, debido a las noticias tanto locales como internacionales, el Pontífice invitó a los obispos a ser «alegres testimonios» y comunicadores de esperanza. Es la propuesta de la imagen de una Iglesia capaz de atraer mediante la belleza de la experiencia que propone, y no de una Iglesia que necesita un enemigo para sentirse viva y creer que consiste en las batallas culturales en las que se ve como protagonista o en los aparatos de los que dispone.

La segunda indicación es fundamental en relación con la manera de concebir al laicado católico. El Papa pidió «reforzar» el «insidpensable papel» de los laicos para que asuman «las responsabilidades que les tocan». Los laicos «que tienen una formación cristiana auténtica –explicó el Papa– no deberían necesitar “obispos-piloto”, o “monseñores-piloto” ni un “input” clerical para asumir las propias responsabilidades a cualquier nivel, ¡desde el político hasta el social, desde el económico hasta el legislativo! ¡Por el contrario, necesitan al obispo pastor!».

Pero hay que reconocer que en muchas partes los mismos laicos han permitido que se refuerce el modelo del “obispo-piloto”, al ir a pedir bendiciones antes de dar cualquier paso y buscando apoyos eclesiales para sus proyectos.

Hablando sobre la relación entre la política y la religión, en una entrevista del 15 de diciembre de 2015, el Papa afirmó: «La relación debe ser al mismo tiempo paralela y convergente. Paralela, porque cada uno tiene su camino y sus diferentes tareas. Convergente, sólo para ayudar al pueblo. Cuando las relaciones convergen antes, sin el pueblo, o sin tomar en consideración al pueblo, comienza ese contubernio con el poder político que acaba pudriendo a la Iglesia: los negocios, los compromisos… Hay que proceder paralelamente, cada uno con el propio método, las propias tareas, la propia vocación. Convergentemente solo en el bien común»

Es la Iglesia la que «pudre», para usar la expresión de Francisco, cuando la relación con la política «converge» antes del bien común. Las palabras que el Papa pronunció ayer ante la CEI hay un modelo de obispo pastor y de laico libre y responsable: el primero no debe tratar de “pilotear” las decisiones del segundo en los ámbitos que le competen. El segundo no debe buscar apoyos constantes, bendiciones, y no debería quejarse constantemente si las jerarquías no repiten cada semana ciertos contenidos, como desgraciadamente sucede todavía.

Los temas de la defensa de la vida en cada una de sus fases, de la tutela de la familia, de la lucha contra las «colonizaciones ideológicas» que tratan de imponer ciertos modelos, han estado y están en el centro de la Iglesia italiana (y no solo). Sin embargo, estos temas parecen haber sido olvidados por algunos políticos acostumbrados a pedir bendiciones, así como otros temas indicados en la famosa Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre «algunas cuestiones relacionadas con el compromiso y con el comportamiento de los católicos en la vida política» (de 2002). Particularmente «el desarrollo para una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, en el respeto de la justicia social».

Para concluir, no hay que olvidar uno de los ejemplos que ofreció el Papa en su discurso a los obispos italianos: «Si se organiza un congreso o un evento que pone en evidencia las voces de siempre, narcotiza a las comunidades, homologando decisiones, opiniones y personas. En lugar de dejarse transportar hacia esos horizontes en los que el Espíritu Santo nos pide que vayamos».

Por Andrés Tornielli

Aquí puede leerse el texto original e íntegro del discurso del Papa (en italiano)

en El Papa

«Las comunidades miedosas y sin alegría no son cristianas»

15 de may de 2015
Resumen de la homilía del Papa, en Casa Santa Marta

«Enfermas». Papa Francisco definió con este adjetivo, sin medias tintas, a las comunidades cristianas miedosas y sin alegría. Sobre todo, insistió el Pontífice en su homilía durante la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana, esas comunidades, si están dominadas por los miedos y por la ausencia de alegría, «no son cristianas».

«Miedo» y «alegría», pues, son las dos palabras de la liturgia del día. «El miedo –afirmó el Papa– es una actitud que nos hace daño. Nos debilita, nos empequeñece. Incluso nos paraliza». Una persona que tiene miedo «no hace nada, no sabe qué hacer». Está concentrada en sí misma, para que «no le suceda nada malo». Y «el miedo te lleva a un egocentrismo egoísta y te paraliza».

Un cristiano miedoso es una persona que no ha comprendido cuál es el mensaje de Jesús. «Por este motivo Jesús dice a Pablo: “No temas. Sigue hablando”. El miedo no es una actitud cristiana. Es una actitud (podríamos decir) de un alma encarcelada, sin libertad, que no tiene la libertad para ver hacia adelante, para crear algo, para hacer el bien... «no», siempre: “No, pero existe este peligro, está aquel otro y ese de allá...”. Este es un vicio. Y el miedo hace daño».

No hay que temer y hay que pedir la gracia de la valentía, aclaró el Pontífice argentino, de la valentía del Espíritu Santo que nos envía. «Hay comunidades miedosas, que siempre van a lo seguro: “No, no hacemos esto, no, no, esto no se puede; esto no se puede...”. Parecería que en la puerta de entrada estuviera escrito “prohibido”: todo está prohibido por el miedo. Y tú entras a esta comunidad y el aire está viciado, porque es una comunidad enferma. El miedo enferma a una comunidad. La falta de valentía enferma a una comunidad».

Pero hay que distinguir entre el miedo y el temor de Dios. El miedo, indicó Francisco, debe ser separado del temor de Dios, que «es santo, es el temor de la adoración ante el Señor, y el temor de Dios es una virtud. Pero el temor de Dios no empequeñece, no debilita, no paraliza: saca adelante, hacia la misión que el Señor da».

La otra palabra de la liturgia es la «alegría». «“Nadie podrá quitarles su alegría”», dice Jesús. «Y en los momentos más tristes, en los momentos de dolor –subrayó Papa Bergoglio–, la alegría se convierte en paz. En cambio, una diversión en el momento del dolor se convierte en oscuridad, se vuelve oscura. Un cristiano sin alegría no es cristiano. Un cristiano, en el momento de las pruebas, de las enfermedades, de muchas dificultades, pierde la paz, hay algo que le falta».

El Papa explicó cuál es esa alegría a la que se refería: «La alegría cristiana no es una simple diversión, no es una alegría pasajera; la alegría cristiana es un don, es un don del Espíritu Santo. Es tener el corazón siempre alegre porque el Señor ha vencido, el Señor reina, el Señor está a la derecha del Padre, el Señor me ha visto y me ha invitado y me ha dado su gracia y me ha hecho hijo del Padre... Esta es la alegría cristiana. Un cristiano vive en la alegría».

Es decir, las comunidades miedosas y sin alegría están enfermas. «También una comunidad sin alegría –añadió el Papa– está enferma»; tal vez sea una «comunidad divertida», pero «enferma de mundanidad. Porque no tiene la alegría de Jesucristo». Y así, «cuando la Iglesia es miedosa y cuando la Iglesia no recibe la alegría del Espíritu Santo, la Iglesia se enferma, las comunidades se enferman, los fieles se enferman».

El Papa concluyó la homilía con esta oración: «Elévanos, Señor, hacia el Cristo que está sentado a la derecha del Padre; eleva nuestro espíritu. Quítanos todo miedo y danos la alegría de la paz».

en El Papa

Permiso, perdón, gracias...

13 de may de 2015
Tres palabras que no deben faltar en nuestro corazón, en nuestros hogares y en la convivencia civil, afirmó el Papa en la catequesis de la audiencia de los miércoles.

En el miércoles de la VI semana de Pascua el Pontífice anunció que la catequesis del día es como la puerta de ingreso a una serie de reflexiones sobre la vida de la familia, la vida real con sus tiempos y sus acontecimientos. Papa Francisco volvió a hablar de las tres palabras “permiso, perdón y gracias”, las cuales, dijo, contienen una “gran fuerza”: la fuerza de custodiar el hogar aún a través de miles de pruebas y dificultades.

“Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy quiere ser la puerta de una serie de reflexiones sobre la vida de la familia, la vida real, cotidiana. Sobre esta puerta están escritas tres palabras que ya hemos utilizado otras veces: permiso, gracias, perdón. Más fáciles de decir que de poner en la práctica, pero absolutamente necesarias. Son palabras vinculadas a la buena educación, en su sentido genuino de respeto y deseo del bien, lejos de cualquier hipocresía y doblez”.

Efectivamente, el Papa recordó a San Francisco de Sales que solía decir: “la buena educación ya es media santidad”. Pero aludiendo a la memoria histórica el Pontífice puso en guardia sobre el “formalismo de las buenas maneras”, que puede convertirse en una “máscara” que esconde “la aridez de ánimo y de desinterés por el otro”. De hecho, “el diablo que tienta a Jesús hace alarde de las buenas maneras y cita inclusive las Sagradas Escrituras” advirtió el Papa. “Su estilo aparece como correcto, pero su intento es el de desviar de la verdad del amor de Dios”.

Más íntimo y más profundo es el amor, más respeto exige

“La palabra Permiso nos recuerda que debemos ser delicados, respetuosos y pacientes con los demás, incluso con los que nos une una fuerte intimidad. Como Jesús, nuestra actitud debe ser la de quien está a la puerta y llama”.

Para entrar en la vida del otro aun cuando éste es parte de nuestra vida es necesaria la delicadeza de una actitud no invasiva, que renueva la confianza y el respeto - siguió diciendo Francisco – porque la confianza no autoriza a dar todo por descontado. Por eso cuando nos preocupamos por pedir gentilmente también aquello que tal vez pensamos que podemos pretender, ponemos al amparo el espíritu de la convivencia matrimonial y familiar.

La gratitud, una planta que crece en la tierra de las almas nobles

“Dar las Gracias parece un signo de contradicción para una sociedad recelosa, que lo ve como debilidad. Sin embargo, la dignidad de las personas y la justicia social pasan por una educación a la gratitud. Una virtud, que para el creyente, nace del corazón mismo de su fe”.

Muchas veces oímos decir malas palabras y utilizar malas maneras también públicamente, como si fueran un “signo de emancipación”, pero ésta es “una tendencia que debe ser combatida en el seno mismo de la familia”, porque “si la vida familiar descuida la educación a la gratitud y al reconocimiento, también la vida social lo perderá” argumentó el Papa.

Una palabra difícil y sin embargo tan necesaria

“Finalmente, el Perdón es el mejor remedio para impedir que nuestra convivencia se agriete y llegue a romperse. El Señor nos lo enseña en el Padrenuestro, aceptar nuestro error y proponer corregirnos es el primer paso para la sanación. Esposos, no terminen nunca el día sin reconciliarse”.

Esta palabra difícil pero a la vez tan necesaria, a la vez que nos hace dignos del perdón, dijo el Pastor de la Iglesia Universal, abre el camino para sanar las muchas heridas de los afectos y desgarros en las familias que comienzan cuando se pierde esta palabra preciosa: “En los hogares en los que no se piden disculpas comienza a faltar el aire, y las aguas se estancan”, por eso “¡nunca terminar el día en familia sin hacer las paces!”; basta una caricia, un pequeño gesto, una palabra, y así: “¡la vida será más bella!”

“Que el Señor nos ayude a colocar estas tres palabras en su justo lugar, en nuestro corazón, en nuestra casa, y también en nuestra convivencia civil. Muchas gracias”.

en El Papa

El corazón de Cristo ama a todos, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores

10 de may de 2015
Palabras del Papa antes del Regina Coeli de hoy al mediodía

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy  – Juan, capítulo 15 – nos vuelve a llevar al Cenáculo, donde escuchamos el mandamiento nuevo de Jesús. Dice así: “Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros, como yo los he amado” (v. 12). Y, pensando en el sacrificio de la cruz ya inminente, añade: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” (vv.13-14).

Estas palabras, pronunciadas durante la última Cena, resumen todo el mensaje de Jesús; es más, resumen todo lo que Él ha hecho: Jesús ha dado la vida por sus amigos. Amigos que no lo habían comprendido, que en el momento crucial lo han abandonado, traicionado y renegado. Esto nos dice que Él nos ama aun no siendo merecedores de su amor: ¡así nos ama Jesús!

De este modo, Jesús nos muestra el camino para seguirlo, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que permanece siempre como algo abstracto o exterior a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo, porque Él, en primer lugar, lo ha realizado, le ha dado carne, y así la ley del amor es escrita una vez para siempre en el corazón del hombre (Cfr. Jer 31,33). ¿Y cómo está escrita? Está escrita con el fuego del Espíritu Santo. Y con este mismo Espíritu, que Jesús nos da, ¡podemos caminar también nosotros por este camino!

Es un camino concreto, un camino que nos conduce a salir de nosotros mismo para ir hacia los demás. Jesús nos ha mostrado que el amor de Dios se realiza en el amor al prójimo. Ambos van juntos. Las páginas del Evangelio están llenas de este amor: adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores han tenido acogida en el corazón de Cristo.

Por tanto, esta Palabra del Señor nos llama a amarnos unos a otros, incluso si no siempre nos entendemos, no siempre vamos de acuerdo… pero es precisamente allí donde se ve el amor cristiano. Un amor que también se manifiesta si existen diferencias de opinión o de carácter, ¡pero el amor es más grande que estas diferencias! Éste es el amor que nos ha enseñado Jesús. Es un amor nuevo porque ha sido renovado por Jesús y por su Espíritu. Es un amor redimido, liberado del egoísmo. Un amor que da la alegría a nuestro corazón, como dice el mismo Jesús: “Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto” (v.11).

Es precisamente el amor de Cristo, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones, el que realiza cada día prodigios en la Iglesia y en el mundo. Son tantos pequeños y grandes gestos que obedecen al mandamiento del Señor: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado” (Cfr. Jn 15,12).

Gestos pequeños, de todos los días, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y con dificultades, sin casa, sin trabajo, inmigrada, refugiada… Gracias a la fuerza de esta Palabra de Cristo, cada uno de nosotros puede estar cerca del hermano y de la hermana que encuentra. Gestos de cercanía, de proximidad. En estos gestos se manifiesta el amor que Cristo nos ha enseñado.

Que en esto nos ayude nuestra Madre Santísima, para que en la vida cotidiana de  cada uno de nosotros el amor de Dios y el amor del próximo estén siempre unidos.

 

Después del rezo a la Madre de Dios el Papa Francisco dirigió sus saludos a todos los peregrinos presentes en la Plaza de san Pedro provenientes de diversas partes del mundo, a las varias asociaciones presentes, a los participantes en el congreso promovido por la Conferencia Episcopal Italiana para el sostén de una escuela de calidad y abierta a las familias, y a los grupos escolares. A los jóvenes los exhortó a ser cristianos valientes y testigos de esperanza, y un pensamiento especial fue a las mamás en su día, que se celebra en diferentes países este domingo: a ellas dirigió su pensamiento con gratitud y afecto, y las encomendó a la Madre de Jesús.

en América y España

La Santa Sede da luz verde a la beatificación de Enrique Angelelli

12 de may de 2015
Fue testigo de la fe derramando su sangre. Ese día alguno se puso contento. Creyó que era su triunfo, pero fue la derrota de los adversarios

Resultado de imagen para angelelli El Vaticano dio el vía libre a la causa de beatificación por martirio in odium fidei (en el odio de la fe) del obispo de La Rioja Enrique Angelelli, asesinado por la dictadura el 4 de agosto de 1976. El pedido formal de apertura de la causa había sido hecho el 7 de enero por el actual obispo de La Rioja, Marcelo Colombo. Y el 21 de abril pasado el Vaticano dio su visto bueno, según reveló ayer Avvenire, el diario de la Conferencia Episcopal Italiana, y apuntó Elisabetta Piqué en La Nación.

El 4 de julio pasado, el ex comandante del Tercer Cuerpo del Ejército Luciano Benjamín Menéndez y el ex comodoro Luis Fernando Estrella fueron condenados a prisión perpetua por el asesinato de Angelelli, hecho que durante la dictadura se quiso hacer pasar por una accidente.

La investigación judicial recibió impulso de parte del mismo papa Francisco, que envío dos documentos secretos que resultaron un significativo aporte a la causa. Uno de los documentos es una carta de Angelelli al entonces nuncio apostólico Pío Laghi, en la que advertía que estaba siendo amenazado, y otra con el relato detallado del asesinato, el 18 de julio de 1976, de dos curas muy próximos al obispo, Gabriel Longueville y Carlos Murias.

El diario Avvenire recordó que Angelelli fue el primer obispo asesinado de las dictaduras que surgieron en América latina en los años 70, como Oscar Arnulfo Romero, obispo de San Salvador, que será beatificado el 23 de mayo próximo. Hijo de inmigrantes italianos, Angelelli había participado en el Concilio Vaticano II y había sido designado por el papa Pablo VI como obispo de La Rioja, una de las provincias más pobres del país.

Bergoglio había estado en La Rioja el 13 de junio de 1973, con otros sacerdotes jesuitas, el mismo día en que Angelelli fue apedreado en Anillaco. Al día siguiente, el obispo les predicó un retiro espiritual y el actual Papa percibió a "un pastor que dialogaba con su pueblo", como dijo en 2006.

Dos meses después, acompañó al padre Pedro Arrupe, superior general de los jesuitas, quien al ver la obra del obispo y el escenario político y social en que se desenvolvía, dijo: "Esto es lo que quiere la Iglesia desde el Concilio Vaticano II". En agosto de 2006, a 30 años de la muerte de Angelelli, el entonces cardenal Bergoglio presidió una misa en La Rioja y revalorizó la vida del pastor riojano y las circunstancias de su muerte, desdibujando de esa manera la teoría del accidente automovilístico.

 

 

 

"Fue testigo de la fe derramando su sangre. Ese día alguno se puso contento. Creyó que era su triunfo, pero fue la derrota de los adversarios", dijo, en una homilía en la que destacó el "coraje y aguante apostólico para sobrellevar las dificultades de la predicación del Evangelio". Bergoglio reivindicó también a los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, asesinados el 18 de julio de 1976 en Chamical, y al laico Wenceslao Pedernera, ultimado una semana después. "Dieron su sangre para la Iglesia", dijo, en momentos en que la Iglesia no había dado pasos para exigir el esclarecimiento de lo sucedido.


Esa homilía fue un quiebre y coincidió con la reapertura del proceso judicial, tras la nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final.

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