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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Domingo 17 de marzo: Año litúrgico 2018 ~ 2019
Tiempo de Cuaresma ~ Ciclo C ~ Año Impar
Hoy celebramos:
II Domingo de Cuaresma, solemnidad
Gn 15,5-12.17-18: Dios hace alianza con Abrahán, el creyente.
Sal 26,1.7-8a.8b-9abc.13-14: El Señor es mi luz y mi salvación.
Flp 3,17-4,1: Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso.
o bien, más breve
Flp 3, 20-4, 1: Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Lc 9,28b-36: Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió.
Comentario: ¡Qué bien se está aquí!
Gn 15,5-12.17-18: Dios hace alianza con Abrahán, el creyente.
En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo:
-Mira al cielo, cuenta las estrellas si puedes.
Y añadió:
-Así será tu descendencia.
Abrán creyó al Señor y se le contó en su haber.
El Señor le dijo:
-Yo soy el Señor que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.
El replicó:
-Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?
Respondió el Señor:
-Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.
Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no escuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos:
-A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río.
Sal 26,1.7-8a.8b-9abc.13-14: El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón:
«Buscad mi rostro.»

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro;
no rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Flp 3,17-4,1: Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Hermanos:
Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en mí.
Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo:
su paradero es la perdición;
su Dios, el vientre,
su gloria, sus vergüenzas.
Sólo aspiran a cosas terrenas.
Nosotros por el contrario somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.
El transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.
Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.
o bien, más breve
Flp 3, 20-4, 1: Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Hermanos:
Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.
El transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.
Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona manteneos así, en el Señor, queridos.
Lc 9,28b-36: Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió.
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a 1 os dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
-Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
-Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

¡Qué bien se está aquí!

Domingo II de Cuaresma Ciclo A: Mateo 17,1-9

por Lic. Abel Della Costa
16 de feb de 2008

Aunque escrito inicialmente como comentario a la transfiguración de Jesús según el evangelio de san Mateo, considero que, por la índole del texto, es útil también para penetrar en el mismo aspecto del evangelio de san Lucas.

El relato de la transfiguración se lee, como es natural, en la fiesta de la Transfiguración (6 de agosto), pero también en otra señalada ocasión del año litúrgico: en Cuaresma. ¿Por qué este relato se lee en la Cuaresma? ¿por qué de cara a la pasión?

Sabemos que entre las lecturas de la misa, la primera y el evangelio están íntimamente relacionadas. Esas relaciones no suelen ser obvias; ahora bien: precisamente el pensar esas relaciones es una manera de situarse comprensivamente frente al Evangelio, para llegar a su "inteligencia celebrante". Dicho de otra manera: un buen modo de acercarnos al Evangelio tal como se lee en la misa es preguntarnos: ¿por qué se lee en tal fecha? ¿por qué unido a tales y tales lecturas? ¿qué versículos se leen, cuáles se omiten del mismo fragmento?

En el caso de la transfiguración hay una constante, algo que aparece en los tres ciclos dominicales: la primera lectura es alguno de los relatos de la Alianza de Dios con Abraham. Veamos:

II Domingo de Cuaresma del Ciclo A:

Primera lectura: Gn 12,1-4a, la vocación de Abraham

Evangelio: Mt 17,1-9, la trasfiguración

En el Ciclo B:

Primera lectura: Gn 22,1-2.9-13.15-18. El sacrificio de Abraham

Evangelio: Mc 9,2-10, la trasfiguración

En el Ciclo C:

Primera lectura: Gn 15,5-12.17-18, Dios hace alianza con Abraham

Evangelio: Lc 9,28b-36, la trasfiguración

 

En cada ciclo se toma el relato del evangelio sinóptico que corresponde a ese año, Mt, Mc o Lc, y se lo combina con un relato de vocación de Abraham; porque incluso en el ciclo B, en el que se lee la escena en la que Abraham está por sacrificar a su hijo Isaac, se descarta casi todo el relato, se dejan de lado los aspectos más narrativos de esa dramática escena, para recoger sólo los versículos que hablan de la promesa a Abraham. Está claro que la liturgia quiere que leamos el Evangelio con los ojos puestos en la vocación de Abraham, pero ¿en qué sentido? ¿qué contienen los relatos de vocación de Abraham que puedan iluminar la escena de la transfiguración?

Lo que esperaríamos es, en realidad, algunas de las descripciones de Moisés recibiendo la ley, o intercediendo ante Dios, o la de Elías camino a la montaña a encontrarse con Dios... en fin, aquello de lo que precisamente habla la escena de la transfiguración, pero ¿Abraham?

La relación litúrgica entre lecturas no es de repetición: no se trata de que la primera lectura y el evangelio dicen lo mismo, sino que la primera lectura enfoca y dirige la comprensión del evangelio, acota el campo de significados de lo que podemos encontrar allí...y ahora sí: ante un evangelio de tanta amplitud de sentido como el de la transfiguración, la escena de Abraham nos dice «de todo lo que puedes leer allí, busca esto».

Es que verdaderamente el Evangelio de transfiguración habla de muchas cosas:

-Es una manifestación anticipada de la gloria que se esconde en la cruz.

-Es una contemplación de la gloria eterna de Jesús.

-Es una interpretación del permanente despiste de la iglesia, de nosotros los creyentes y especialmente de Pedro, respecto de lo que Dios quiere mostrarnos.

-Es una puesta a punto de las jerarquías entre los distintos enviados de Dios: incluso Moisés y Elías rinden tributo a Jesús.

-Es una contemplación de la profunda armonía que hay, aunque a veces no lo parezca, entre el espíritu de los profetas y el de la Ley, con Jesús como punto de encuentro de ambos.

¡De cuántas cosas habla el relato de la transfiguración! ¡Cuántas cosas dice, y todas importantes! ¿Qué tienen que ver todas estas cosas importantes con la vocación de Abraham?

La primera lectura nos dice: «lo que quiero que veas en el relato de la transfiguración es esto»; y ¿que es esto? «esto es lo menos obvio, lo que no verías por tu cuenta, por lo densa y apabullante que es esa escena.»

¿Qué es eso que está pensado en los tres relatos de vocación de Abraham?

-Que Dios hace una alianza unilateral con Abraham; y con "unilateral" me refiero a que tiene la completa iniciativa, que no es algo que Abraham buscase ni esperase.

-Que esa alianza implica como contenido que ese pueblo mínimo, que son Abraham y su sobrino (Gn 12), o Abraham y su hijo (Gn 22), o simplemente que es ese nómade Abraham, punto perdido en medio del desierto, se multiplicará hasta llegar a ser una gran nación, a causa de la cual, además, se bendecirán unos a otros los pueblos de la tierra.

La alianza con Abraham habla de la comunidad de Dios, de los elegidos por Dios para llevar al mundo una bendición; habla de la Iglesia, y de lo que somos, no de cara a una "sociología de la fe", sino de cara a lo que es el contenido más íntimo de la promesa y de la alianza: esa Iglesia que no es el simple arrejuntarse de muchos que creen en lo mismo, sino un pueblo específicamente creado por Dios para una bendición, para ser portavoces y portadores de una bendición.

Y si de eso habla la primera lectura de la misa de este domingo, es con esos ojos que debemos leer la escena de la transfiguración. Está  muy bien contemplar la gloria de Jesús, está muy bien recordar hoy, en plena cuaresma, que a la gloria se llega por la cruz, pero no es eso el centro de este segundo domingo: el centro de hoy es:

«...toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan...»

y también:

«...se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él...»

La lectura de la vocación eclesial de Abraham nos tiene que llevar a leer el evangelio de transfiguración con una mirada a la Iglesia: Jesús que muestra su gloria en medio de las columnas del Antiguo Testamento y las columnas de Jerusalén; una escena que prácticamente se puede poner en paralelo con la de los 24 ancianos del Apocalipsis, otra forma de decir: la Gloria de Jesús hace su Iglesia y la manifiesta tanto en la antigua alianza como en la nueva.

Si el evangelio de la primera semana de Cuaresma habla de un Jesús solo, que crea él solo la nueva posibilidad de acceso al Padre, en el riesgo y el silencio del desierto, este evangelio de la segunda semana viene a hacer el equilibrio: no Jesús solo sino con todos, rodeado y apoyado por sus columnas: en el primer domingo el Padre está callado, en el segundo el Padre habla, es más: habla con su voz divina ¡y los hombres somos capaces de oírlo y entenderlo!

Para poder vivir realmente a Jesús en la soledad de la cruz que se avecina, no podemos despojar a Jesús de ser el centro absoluto de una alianza, que no tiene otro contenido sino el de crear un nuevo Cuerpo de Dios, una Iglesia, bendecida por Dios, y fuente ella misma, y cada uno de nosotros en ella, de bendición para todos los hombres.

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