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Documentación: Clemente de Alejandría: Stromata
Libro III
El texto proviene del sitio del Monasterio Benedictino de Santa María de los Toldos (ver link) que es de donde tomamos (sin cambios más que de algún formato) el texto completo. En el caso del libro III falta la acostumbrada [...]

nota de fuentes (aunque está la referencia, así que seguramente se trata de una mera omisión involuntaria).
No hay edición SC para este libro, por lo que posiblemente el texto presente proviene, como los demás, de la edición de «Fuentes Patrísticas», n. 15, Madrid, Editorial Ciudad Nueva, 2003; tomando en cuenta las variantes propuestas en la versión realizada por Domingo Mayor, sj: «Clemente Alejandrino. Stromatéis. Memorias gnósticas de verdadera filosofía», Abadía de Silos, Ed. Abadía de Santo Domingo de Silos, 1994 (Studia Silensia, XVI) [obra aparecida en 1997].



Partes de esta serie: Libro I · Libro II · Libro III · Libro IV · Libro V · Libro VI · Libro VII · Libro VIII

LIBRO III

Capítulo I: Sobre la castidad

Opiniones de los gnósticos valentinianos y basilidianos

1.1. Los seguidores de Valentín aceptan el matrimonio porque hacen venir desde arriba las parejas a partir de las emanaciones divinas. Pero (los discípulos) de Basílides dicen: "(Cuando) los apóstoles preguntaron si no sería quizás mejor no casarse", afirman que el Señor respondió: "No todos comprenden este lenguaje: porque hay quienes son eunucos de nacimiento, y otros por necesidad" (Mt 19,11-12).

1.2. Y explican el pasaje más o menos así: "Algunos por naturaleza, desde el nacimiento, sienten aversión a la mujer; con esa disposición natural, hacen bien en no casarse".

1.3. Dicen que "éstos son los eunucos de nacimiento. En cambio, (los eunucos) por necesidad son los ascetas teatrales, que se dominan a sí mismos por el atractivo de la gloria. Aunque también son eunucos por necesidad los mutilados por un accidente. Todos éstos son eunucos por necesidad, no por una decisión razonable".

1.4. "Ahora bien, (hay) quienes se han hecho eunucos a sí mismos por el reino eterno, pero toman esa decisión, dicen, a causa de las consecuencias del matrimonio, temiendo (tener que) ocuparse en procurar lo necesario (para la vida; o: para la familia)".

Lo que dicen los basilidianos

2.1. Y con (la expresión) "mejor es casarse que abrasarse" (1 Co 7,9), dicen que el Apóstol (entendiese): No arrojes tu alma al fuego resistiendo día y noche, y por miedo no caigas en la incontinencia; porque el alma totalmente ocupada en resistir se aleja de la esperanza.

2.2. También dice literalmente Isidoro en los "Tratados de ética": "Aduéñate de una mujer fogosa para fin de no apartes de la gracia de Dios; y cuando hayas desahogado el fuego de la lujuria (lit.: el semen), reza con conciencia tranquila".

2.3. "Además, dice, cuando tu acción de gracias pase (o: presente) a la súplica y pidas (lit.: estés de pie) en lo futuro no comportarte perfectamente, sino sólo no resbalar, cásate".

2.4. "Pero si alguien es joven, pobre o débil (lit.: sumido, hundido), y no está quiere casarse, según la palabra [del Apóstol], ése tal que no se aleje del hermano, diciendo: "Yo he entrado en el santuario, nada más puedo padecer (o: puede pasarme)"".

2.5. "Si tuviera alguna sospecha, diga: "Hermano, impónme la mano, para que no peque"; y recibirá una ayuda espiritual y sensible. Quiera cumplir sólo lo bueno y lo conseguirá".



Errores de los basilidianos

3.1. "Algunas veces decimos con la boca: "No queremos pecar"; pero el pensamiento se empecina (lit.: hace presión) en pecar. Uno, por temor, no hace lo que quiere, para que no se le imponga (o: administre) un castigo".

3.2. "La naturaleza humana tiene algunas cosas (como) necesarias y naturales, pero otras sólo (como) naturales. Tiene por necesario y natural el vestirse, y por natural, pero no necesario, el placer carnal (o: venéreo)" (Basílides, Fragmentos, 7).

3.3. He presentado estos textos para refutar a los basilidianos que no viven rectamente; al parecer, ellos tendrían licencia aún para pecar gracias a su [supuesta] perfección, o serían salvados totalmente por naturaleza, aunque ahora pequen, por causa de una elección innata; por lo demás, ninguno de los primeros maestros (o: fundadores) de sus doctrinas aprueba tales cosas.

3.4. Aunque tomen (o: se revistan) el nombre de Cristo, no introducen (o: imprimen) sino una blasfemia contra dicho nombre, viviendo más desenfrenadamente que los más intemperantes paganos. "Estos son seudo apóstoles, obradores de maldad", hasta: "su fin será según sus obras" (2 Co 11.13 y 15).

La continencia

4.1. La continencia (o: templanza) es el desprecio del cuerpo, según la confesión hecha a Dios. Porque la templanza no sólo se refiere a los placeres del amor, sino también a las otras (pasiones) por las que el alma alimenta los malos deseos, no bastándole lo indispensable.

4.2. Hay también una continencia en la lengua y en la adquisición y en el uso de (los bienes), y en la concupiscencia (o: el deseo). No sólo enseña a ser temperantes, sino que también nos procura la templanza (o: moderación), que es poder y gracia divina.

4.3. Por tanto, debemos decir cuál es el parecer de los nuestros al respecto; nosotros llamamos bienaventurada la condición de los eunucos, puesto que les ha sido dada por Dios; pero también admiramos (o: apreciamos) la monogamia y la dignidad del matrimonio único, diciendo que es necesario tener los mismos sentimientos (sympaschein), y "sobrellevar mutuamente las cargas" (Ga 6,2), no sea que alguno, pensando mantenerse bien derecho, también caiga" (1 Co 10,12). Respecto a un segundo matrimonio, "si te abrasas, cásate" (1 Co 7,9), dice el Apóstol.

Capítulo II: Sobre los carpocratianos

Epífanes

5.1. Los discípulos de Carpócrates y de Epífanes consideran que las mujeres deben ser tenidas en común; de ellos (o: de ahí) se propagó la blasfemia más grande contra los cristianos (lit.: contra el nombre).

5.2. Ese Epífanes, cuyos escritos se conservan, era hijo de Carpócrates y la madre se llamaba Alejandría; era alejandrino por parte de padre y de Cefalonia por parte materna; sólo vivió diecisiete años, y se le venera como dios en Same de Cefalonia, donde le construyeron y consagraron (o: dedicaron) un templo de piedras talladas (lit.: extraídas), altares, tabernáculos y un museo; y los cefalonios se reúnen en el templo, el primer día del mes, para ofrecer sacrificios a Epífanes en la apoteosis de (su) día natalicio, y hacen libaciones, celebran banquetes y cantan himnos.

5.3. Fue educado en la escuela paterna en el ciclo de estudios y en (la doctrina platónica), fundando la gnosis monádica; y de él nace la herejía de los carpocratianos.

Lo que afirma Epífanes

6.1. Ahora bien, él dice en el "Sobre La Justicia": "La justicia de Dios es una especie de comunidad con igualdad. Ciertamente, el cielo, extendido de igual forma por todas partes, envuelve toda la tierra circularmente; la noche muestra del mismo modo todas las estrellas; y el sol, principio del día y padre de la luz, desde arriba Dios lo ha difundido por igual sobre la tierra toda, para los que pueden ver, y todos ven de igual modo (lit.: en común);

6.2. porque (Él) no hace distinción entre rico o pobre, súbdito o príncipe, necios o sensatos, varones o mujeres, libres o esclavos (cf. Mt 5,45; Col 3,11). Ni siquiera con los seres irracionales tampoco obra contra esa (norma), sino que a todos los animales desde arriba lo ha derramado por igual y en común, a buenos y malos, afianzando la justicia, no pudiendo tener más ni quitar (algo) al vecino, para tener lo del otro, duplicando la luz propia.

6.3. El sol hace crecer alimentos comunes para todos los animales, distribuyéndose a todos por igual la común justicia; y por esto la especie bovina se encuentra de forma equitativa en cada bovino, la del porcino en cada porcino, la de los ovinos en cada ovino, y así todas las restantes; porque la comunidad aparece en ellos como justicia.

6.4. Además, según la comunidad, todos son igualmente inseminados (lit.: sembrados) según su especie; un común alimento brota para todo animal que pace en la tierra, y de igual modo para todos; y no está sujeto a ley alguna, sino que, por la generosidad de quien lo da y ordena, está dispuesto con armónica justicia para todos.

Rechazo de la Ley por parte de los gnósticos

7.1. Ni siquiera lo concerniente a la generación posee una ley escrita (porque se habría modificado); ellos por el contrario procrean (lit.: siembran) y engendran del mismo modo, por una comunidad que poseen innata gracias a la justicia. El creador y padre de todos los seres (cf. Platón, Timeo, 28 C), legislando con la justicia que le es propia (lit.: que es de él), dio en común a todos por igual el ojo para ver, sin distinguir mujer o varón, ni racional o irracional; en una palabra, sin diferenciar ningún ser de otro ser; repartiendo con igualdad y comunidad, con una sola orden ha dado a todos por igual la facultad de ver.

7.2. Pero las leyes, dice, no pudiendo castigar la ignorancia de los hombres, enseñan a transgredirlas; porque el carácter propio de las leyes destruye y carcome la comunidad de la ley divina" (Epífanes, Fragmentos, 1). No comprende lo dicho por el Apóstol que afirma: "Por la ley he conocido el pecado" (Rm 7,7).

7.3. Y dice que "lo mío y lo tuyo" fue introducido por las leyes; y ya no se gozan más en común la tierra ni los ganados que son comunes, ni tampoco el matrimonio.

7.4. "Porque creó en común para todos las viñas, que no se niegan ni a un gorrión ni un ladrón, lo mismo que el trigo y los otros frutos. Pero la violación de la ley de la comunidad y de igualdad dio origen al ladrón de ganados y de frutos.

Los dos Testamentos son una unidad que se refieren al único Dios

8.1. Por consiguiente, Dios ha hecho todo en común para el hombre y ha unido en común a la mujer con el varón, e igualmente ha unido estrechamente a todos los animales; mostrando que la comunidad (es) justicia con igualdad.

8.2. Pero los que sin más rechazan la común unión que los engendró y dicen: "El que (tenga) una (mujer) en matrimonio que la retenga, pudiendo ser común para todos, como el resto de los otros animales hacen abiertamente"" (Epífanes, Fragmentos, 1).

8.3. Dicho esto (Epífanes), de nuevo con el mismo estilo, añade estas palabras: "Porque la concupiscencia (Dios) la puso más fuerte e impetuosa en los varones para la conservación de las especies; y ni la ley, ni la costumbre, ni ninguna otra cosa del mundo puede suprimirla, puesto que es una decisión (dogma) de Dios" (Epífanes, Fragmentos, 1).

8.4. ¿Y cómo examinar en nuestro discurso al que así abiertamente destruye la Ley y el Evangelio? Aquella dice: "No cometerás adulterio" (Ex 20,13); y (el Evangelio) dice: "Todo el que mira con concupiscencia, ya cometió adulterio" (Mt 5,28).

8.5. Ciertamente el "no desearás" (Ex 20,17; cf. Dt 5,21) proclamado por la Ley demuestra que el único Dios lo proclama mediante la Ley, los profetas y el Evangelio; porque dice: "No desearás (la mujer) de tu prójimo" (Ex 20,17).

8.6. Pero el prójimo no es el judío respecto al judío, puesto que son hermanos y tienen en común el mismo espíritu; llama, por tanto, prójimo al de otra raza. En efecto, ¿cómo no va a ser prójimo el que participa del Espíritu? Porque Abrahán no es padre sólo de los hebreos, sino también de los gentiles.



Carpócrates y Epífanes luchan contra Dios

9.1. Si la mujer adúltera y el que ha fornicado con ella son castigados con la muerte (cf. Lv 20,10; Dt 22,12), (es) evidente sin duda que el mandamiento que dice "no desearás la mujer del prójimo" (Ex 20,17), se prescribe para los gentiles, para que, según la Ley, se abstenga uno de la mujer del vecino y de la hermana (hebrea?), y oiga directamente la palabra del Señor: "Pero yo digo: no desearás" (Mt 5,28). Y la partícula "yo" añadida muestra con fuerza la validez del mandamiento,

9.2. y que tanto Carpócrates como Epífanes combaten contra Dios. En el mismo célebre libro, me refiero al de "Sobre la justicia", (Epífanes) añade literalmente lo siguiente:

9.3. "De donde hay que escuchar como ridícula esa palabra del legislador que dijo "no desearás"; y más ridículo el agregado "las cosas de tu prójimo". Porque quien ha puesto la concupiscencia como medio para conservar la generación, manda que sea rechazada, sin impedírsela a ningún animal. Incluso con lo de "la mujer del prójimo", obliga a que lo que es común (se convierta) en privado, lo cual es más ridículo todavía" (Epífanes, Fragmentos, 1).

Excesos de los carpocratianos

10.1. Estos son los dogmas de los célebres carpocratianos. Se dice que éstos, y algunos émulos de idénticos males, se reúnen a cenar -porque no llamaré banquete eucarístico (agápe) su reunión- hombres y mujeres juntos, después de hartarse -"en la saciedad se encuentra Cipris [= Afrodita o Venus]" (Eurípides, Fragmentos, 895), como suele decirse-, dando vuelta la lámpara, ponen lejos la luz que deshonra su justicia impúdica, uniéndose como quieren y con las que quieren. Después de practicar lo comunitario en semejante banquete, una vez amanecido exigen a las mujeres, que han sido su pareja, sumisión a las leyes de Carpócrates, puesto que no se puede llamar ley divina. Pero estas (leyes) las debería haber legislado Carpócrates, pienso yo, para la lascivia de los perros, de los puercos o de los machos cabríos.

10.2. Me parece que él también entiende mal a Platón cuando dice en la "República" (cf. V,449 C y 457 D) que las mujeres deben ser tenidas en común por todos; comunes, sí, antes del matrimonio, de los que vengan a pedirlas, como si dijera que el teatro es común para los espectadores; pero después cada una es de aquél que la ha elegido primero, y la que se ha casado no es ya común.

El testimonio de la epístola de Judas

11.1. Por otra parte, Janto en el tratado sobre "Los Magos" dice: "Los Magos se unen con las madres, las hijas, y las hermanas, y que las mujeres son de todos, no mediante violencia o engaño, sino por consentimiento de ambos, cuando uno desea tener relaciones matrimoniales con la (mujer) de otro" (Janto, Fragmentos, 765 F 31).

11.2. Sobre éstas y otras herejías parecidas había hablado proféticamente Judas en su "Epístola": También éstos soñadores" (Judas 8) -porque no se aplican despiertos a la verdad-, hasta: "Y su boca habla cosas arrogantes" (Judas 16).

Capítulo III: Los marcionitas

Un creador justo, pero no bueno

12.1. Por otra parte, el mismo Platón y los pitagóricos, como también después los discípulos de Marción, han mantenido que la generación (o: procreación) es mala -estaban por consiguiente lejos de favorecer que las mujeres fueran compartidas-; pero los marcionitas (sostienen) que la naturaleza es mala, porque proviene de una materia mala y de un demiurgo justo.

12.2. Por esa razón, no queriendo poblar el mundo creado por el demiurgo (cf. Gn 1,28), desean abstenerse del matrimonio; se oponen a su Creador, y se apresuran hacia el Dios bueno que les ha llamado, pero no hacia el Dios que, dicen, tiene otro carácter; por lo cual no quieren dejar aquí nada que les pertenezca, viviendo la continencia, no por un deliberado propósito, sino por odio contra el Creador, no queriendo utilizar sus criaturas.

12.3. Pero además, saliendo de los pensamientos conforme a la naturaleza por esta impía lucha contra Dios, menosprecian la longanimidad y bondad de Dios (cf. Rm 2,4) y no quieren contraer matrimonio, pero usan los alimentos creados, y respiran el aire del Creador; son obra suya y permanecen entre sus criaturas (lit.: en las cosas de él) y son evangelizados en una gnosis nueva (o: extraña, insólita), según dicen; por ello deberían estar agradecidos al Señor del universo, aunque sólo fuera por haber sido evangelizados.

A los filósofos pertenecen las teorías erróneas de los marcionitas

13.1. Pero discutiremos con minuciosidad con ellos cuando tratemos el discurso sobre "Los principios". Los filósofos que hemos mencionado, de quienes los marcionitas han aprendido impíamente que la generación es mala y se jactan como de una doctrina propia, (esos filósofos) no pretenden que (la generación) sea mala por naturaleza, sino por el alma, que ha visto claramente la verdad.

13.2. Porque ellos hacen descender el alma, que es divina, hacia abajo, al mundo, como a un lugar de suplicio, y, según ellos, el alma introducida en los cuerpos debe purificarse.

13.3. Y esta teoría no es de los marcionitas, sino de quienes afirman que las almas fueron introducidas en los cuerpos, encerradas y trasvasadas; contra éstos habrá que hablar en otra ocasión, cuando tratemos sobre "El alma".

Lo que dicen diversos escritores sobre la procreación

14.1. Ciertamente Heráclito maltrata la generación (o: procreación), cuando dice: "Nacidos, desean vivir y encontrar la muerte (o: tener hados de muerte), como el mejor reposo; y dejan hijos destinados a la muerte" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 20).

14.2. Evidentemente concuerda con él también Empédocles, diciendo: "Llantos y gemidos, al ver un paraje insólito" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 118), y también: "De los vivos (hacía) muertos, cambiando de aspecto" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 125). Y de nuevo: "¡Oh grandes dioses, oh pobre estirpe de los mortales, oh infelices! ¡De cuáles contiendas y gemidos han nacido" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 124).

14.3. Y la Sibila dice: "Hombres mortales y carnales, que son nada" (Oráculos Sibilinos, Fragmentos, 1,1). Al igual que el poeta, que escribía: "La tierra no produce nada más débil que el hombre" (Homero, Odisea, XVIII,130).

Pesimismo frente a la vida

15.1. Sin duda, también Teognis señala que la generación es un mal cuando dice: "De todas las cosas para los que viven sobre la tierra la mejor es no haber nacido, no ver los rayos del penetrante sol; pero una vez nacidos, atravesar en seguida las puertas del Hades" (Teognis, Elegías, 425-427).

15.2. De acuerdo con estos (versos), también escribe el poeta trágico Eurípides: "Nosotros deberíamos, reunidos, llorar por el que nace, por tantos males a los que viene; y, al contrario, deberíamos congratularnos al acompañar fuera de casa, al muerto, que ha dejado de sufrir" (Eurípides, Fragmentos, 449).

15.3. En otras ocasiones dice de forma parecida: "¿Pero quien sabe si el vivir es morir y el morir vivir?" (Eurípides, Fragmentos, 638).

El cuerpo como sepulcro del alma

16.1. De manera análoga también Heródoto parece hacer decir a Solón: "¡Oh Creso! Todo hombre es un infortunio (o: una desgracia)" (Heródoto, Historias, I,31). Y su fábula (o: mito) sobre Cleobis y Bitón (cf. Heródoto, Historias, I,32) claramente no significa para él otra cosa sino condenar la vida y aprobar (o: alabar) la muerte.

16.2. "Como la generación de las hojas así es también la de los hombres", dice Homero (Ilíada, VI,146) .

16.3. Platón en el "Cratilo" atribuye a Orfeo la doctrina del castigo del alma en el cuerpo. He aquí sus palabras: "Y algunos dicen que (el cuerpo) es tumba del alma; como que en el ahora presente está sepultada (en él).

16.4. Y por eso mediante (el cuerpo) el alma significa todo lo que significa, y en ese sentido (el cuerpo) es justamente llamado tumba. Sin embargo, parece que los órficos habían usado este nombre más que ningún otro, porque (el alma paga en el cuerpo) el castigo por aquello que debe pagar" (Platón, Cratilo, 400 B-C)..

Lo que dice Platón

17.1. Vale la pena también recordar la frase de Filolao. Por que así dice el pitagórico: "Los antiguos teólogos y adivinos atestiguan que el alma está unida al cuerpo por determinados castigos y se encuentra sepultada como en una tumba" (Filolao, Fragmentos, 44 B 14).

17.2. También Píndaro, hablando sobre los misterios de Eleusis, añade: "Dichoso quien sea enterrado habiendo visto estos (misterios): conoce en verdad el fin de la vida, pero conociendo el mandato dado por Zeus" (Píndaro, Fragmentos, 137).

17.3. Por eso Platón, en el "Fedón", no duda en escribir lo siguiente: "Y quienes han establecido las iniciaciones (mistéricas), ninguna otra cosa [dicen]", hasta "habitará con los dioses" (Platón, Fedón, 69 C).

17.4. Y cuando dice: "Mientras tengamos el cuerpo y nuestra alma esté mezclada con tan grande mal, jamás podremos poseer adecuadamente el objeto de nuestro deseo" (Platón, Fedón, 66 B), ¿no se refiere a la generación como causa de los peores males?

17.5. También en el "Fedón" atestigua: "Porque cuantos se arriesgan a alcanzar verdaderamente la filosofía no hacen otra cosa que practicar la muerte y morir, pero sin que otros lo adviertan" (Platón, Fedón, 64 A).



El desprecio del cuerpo

18.1. Y de nuevo: "Ciertamente también aquí el alma del filósofo desprecia al máximo el cuerpo, huye de él y busca estar aislada en sí misma" (Platón, Fedón, 65 C-D).

18.2. Y piensa si no concuerda con el divino Apóstol, que dice: "Yo soy un hombre miserable; ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Rm 7,24). A no ser que llame figuradamente "cuerpo de muerte" al conjunto unánime de los que se dejan arrastrar al mal.

18.3. También la unión carnal siendo principio de generación es rechazada, incluso antes de Marción, por Platón, lo que se manifiesta en (el libro) primero de "La República".

18.4. Porque alabando la vejez, añade: "Sepan bien que para mí, en la medida que disminuyen los otros placeres, los del cuerpo, otro tanto crecen el deseo y el placer de la cultura" (Platón, La República, I,328 D). Y mencionando la experiencia amorosa: "¡Silencio (o: piensa bien), hombre! He escapado, contento, como si hubiera escapado de un déspota cruel y salvaje (o: rabioso)" (Platón, La República, I,329 C).

Platón no dice que la materia sea mala

19.1. De nuevo, denigrando en el "Fedón" la generación, escribe: "El discurso que se dice en lo secreto es que los hombres nos hallamos como en una prisión" (Platón, Fedón, 62 B).

19.2. Y más adelante: "Los que tienen reputación de ser distintos por vivir santamente, son los que saben librarse y alejarse de esos lugares terrestres como de una prisión, llegando allá arriba, a la mansión pura" (Platón, Fedón, 114 B-C).

19.3. Pero teniendo esta disposición, [Platón] percibe el buen gobierno, y dice: "No es necesario desligarse absolutamente de esta (prisión), ni tampoco huir" (Platón, Fedón, 62 B).

19.4. En resumen, no da ocasión a Marción de considerar mala la materia, porque él dice piadosamente sobre el mundo lo siguiente:

19.5. "Desde el punto de vista del hacedor, (el mundo) todo lo tiene bueno; pero es de la condición precedente de la que trae cuanto de malo e injusto hay en el cielo y lo reproduce en los vivientes" (Platón, El Político, 273 B).

Las exigencias de la vida humana

20.1. Y añade más claramente todavía: "Pero la causa de todo esto para (el mundo) es la corporeidad de su conformación (o: constitución), congénita a la primitiva naturaleza, porque participaba de un gran desorden, antes de unirse al mundo actual" (Platón, El Político, 273 C).

20.2. Pero no menos deplora el género humano en "Las Leyes", diciendo: "Los dioses, compadecidos de la estirpe humana, nacida para sufrir, establecieron como tregua de sus fatigas la alternancia de las fiestas?" (Platón, Las Leyes, II,653 C-D).

20.3. En el "Epínomis" expone también las causas de la compasión y dice esto: "Como desde el principio el nacer es difícil para todo viviente, -primero, participar de la condición de feto, después nacer, y ser criado y educado-, todo eso se realiza mediante muchos trabajos, según todos decimos" (Seudo Platón, Epínomos, 973 D).

Los marcionitas tergiversan las enseñanzas de Platón

21.1. ¿Qué más? ¿No llama también Heráclito muerte al nacimiento, alegando a Pitágoras y a Sócrates en el "Gorgias", cuando dice: "Muerte es todo lo que vemos despiertos, lo mismo que es sueño (lo que vemos) cuando dormimos" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 21).

21.2. Pero basta de esto. Cuando tratemos sobre "Los principios" entonces examinaremos también estas contradicciones que los filósofos traducen en hipótesis (lit.: dicen con palabras ocultas) y los marcionitas en dogmas. Pienso, en todo caso, que ya hemos demostrado claramente que Marción ha tomado de Platón, ingrata e ignorantemente, los temas de esos extraños dogmas.

Lo que afirman los poetas

22.1. Prosigamos con el discurso sobre la continencia. Decíamos que los griegos muchas veces hablaron contra la generación de los hijos, por temor a las molestias; los discípulos de Marción aceptaron impíamente estos (puntos de vista), ingratos para con el Creador.

22.2. Así, la tragedia dice: "Es preferible para los hombres no nacer que nacer. Por tanto doy a luz hijos con dolores amargos de parto. Trae el parto, si son necios me lamento inútilmente al verlos malos, y porque no son buenos, aunque los tenga sanos, consumo mi pobre corazón de temor. ¿Qué ventaja hay en todo esto? ¿No es suficiente penar por un alma sola como para añadir otras penas?" (Eurípides, Fragmentos, 908).

22.3. Y también, de igual manera: "Ahora mismo yo pienso que como antaño: los hombres no deberíamos jamás engendrar hijos, al considerar a cuántos sufrimientos los engendramos" (Anónimo, Fragmentos, 111).

22.4. En este otro texto también relaciona con claridad la causa de esos males con sus principios, diciendo así: "Oh tú, nacido para ser infeliz y vivir desgraciadamente, naciste hombre, y la desgracia de la vida la recibiste de allí, de donde comenzó a nutrir a todos este éter (o: cielo), que distribuye a todos los mortales la respiración. Mortal, no ignores ahora las cosas mortales" (Anónimo, Fragmentos, 112).

Textos de Eurípides

23.1. Y también reproduce un pensamiento parecido lo siguiente: "Ningún mortal es dichoso, ni feliz: porque nadie ha nacido sin dolor" (Eurípides, Ifigenia en Áulide, 161-163).

23.2. Y también de nuevo: "¡Ay! ¡Ay! Cuántas las desdichas de los dolores humanos; tantas formas, que nadie puede señalar su fin" (Eurípides, Fragmentos, 211).

23.3. Y de manera parecida: "Pero entre los mortales no es posible ser feliz hasta el fin" (Eurípides, Las suplicantes, 269-270).

Costumbres de los pitagóricos

24.1. Por esto también se dice que los pitagóricos se abstenían de los placeres carnales. Por el contrario, a mí me parece que se casan para procrear, pero queriendo dominar el placer carnal después de la procreación.

24.2. De ahí la misteriosa prohibición de nutrirse con habas, no porque esa legumbre produzca ventosidad o sea indigesta o cause el desorden de los sueños, ni tampoco porque el haba se asemeje a una cabeza humana, según aquel versículo: "Es igual devorar habas que cabezas de genitores" (Plutarco, Moralia, 635 E), sino fundamentalmente porque las habas hacen estériles a las mujeres al comerlas.

24.3. De hecho, Teofrasto refiere, en el libro quinto sobre las "Causas de las Plantas", señala que las vainas de las habas, puestas junto a las raíces de los árboles jóvenes, secan la planta; y las gallinas domésticas, si las comen con frecuencia, se vuelven estériles.

Capítulo IV: Sobre la interpretación de los textos bíblicos por parte de los gnósticos

Sobre Felipe y Nicolás

25.1. Hemos mencionado a los provocadores de la herejía de Marción del Ponto que, por oposición al Creador, rechaza el uso de los bienes del mundo.

25.2. Porque para él la causa de la continencia, si es que se la puede llamar continencia, (es) el Creador mismo, contra quien este gigante que lucha contra Dios pretende hacer frente, y guarda la continencia forzadamente, yendo contra la creación y la plasmación.

25.3. Usan la palabra del Señor que dijo a Felipe: "Deja que los muertos entierren a, sus muertos; tú sígneme" (Mt 8,22; cf. Hechos de Felipe, 22), pero consideran que también Felipe llevaba la misma plasmación de la carne, no siendo un cadáver contaminado.

25.4. ¿Cómo, entonces, teniendo (un cuerpo de) carne no tenía un cadáver? Porque resucita de la tumba del Señor que da muerte a las pasiones y lo hace revivir en (o: para) Cristo.

25.5. También hemos mencionado la comunidad ilícita (o: impía) de las mujeres según Carpócrates, pero al tratar sobre la declaración de Nicolás (cf. Strom. II,118,3) hemos omitido lo que sigue.

25.6. Teniendo, se dice, una bella mujer, después de la ascensión del Salvador, al ser reprendido como envidioso por los Apóstoles, él condujo a su mujer en medio de ellos e invitó a casarse con ella a quien quisiera.

25.7. Porque, dicen, que esa praxis es coherente con célebre sentencia: "Es necesario abusar de la carne" (Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, III,29,2-4; cf. Strom. II,118,3). Y, por coherencia con ese suceso y con este dicho, sencilla y desvergonzadamente, los seguidores de su herejía se abandonaron sin freno a la fornicación.

La verdad sobre Nicolás. Matías

26.1. Por el contrario, me he informado que Nicolás no tuvo relaciones con ninguna otra mujer que con la que se había desposado; y de sus hijos, las mujeres envejecieron vírgenes, y el hijo permaneció sin mancharse.

26.2. Así las cosas, el mandar a la envidiada mujer en medio de los Apóstoles era un rechazo de la pasión; y la continencia de los placeres más ansiados enseñaba cómo (o: el significado) se debe "abusar de la carne". Porque no quería, a mi parecer, conforme al mandato del Salvador, "servir a dos señores" (Mt 6,24), al placer y a Dios.

26.3. Por lo demás también se dice que Matías enseñó lo mismo (cf. Evangelio de Matías, Fragmentos, 2): combatir la carne y menospreciarla, sin conceder ninguna licencia al placer, sino a fortalecer el alma con la fe y la gnosis.

Intentos de sacralizar la promiscuidad

27.1. Pero hay quienes interpretan a la vulgar (o: pública) Afrodita como una mística comunión, ultrajando incluso este nombre.

27.2. Se dice que se trabaja cuando se hace algo malo, lo mismo que cuando se hace algo bueno; también el compartir es un bien cuando se reparte a otros dinero, comida, vestidos; pero también han llamado impíamente comunión a cualquier unión lujuriosa.

27.3. Por eso se dice que uno de ellos se acercó a virgen nuestra hermosa de ver y le dijo: "Está escrito da a todo el que te pida" (Lc 6,30: incorrectamente interpretado), pero ella no captó la desvergüenza de aquel hombre respondiendo con toda honestidad: "Para el matrimonio habla con mi madre" (cita de origen desconocido).

27.4. ¡Oh impiedad! También las palabras del Señor adulteran estos compañeros del libertinaje, hermanos de la lujuria que deshonran no sólo la filosofía, sino toda la vida; ellos son falsificadores, o mejor, sepultureros (lit: desgarradores) de la verdad, en cuanto pueden.

27.5. Porque esos desgraciados consagran la promiscuidad de la carne y del sexo, y piensan que ésta les va a conducir al reino de Dios.

Las enseñanzas del apóstol Pablo

28.1. La promiscuidad les conduce hacia los burdeles, y les hace partícipes con los puercos y los machos cabríos; y junto a ellos obtienen las mayores esperanzas las prostitutas, que admiten libremente en el burdel a todos los que quieren.

28.2. Pero ustedes no han conocido (lit.: aprendido) así a Cristo, si es que han oído hablar de él y en él han sido enseñados conforme a la verdad en Cristo Jesús; despójense, en cuanto a su vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias.

28.3. Renuévense en el espíritu de su mente, revístanse del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y santidad verdaderas" (Ef 4,20-24), por asimilación (o: semejanza) con lo divino.

28.4. "Sean, por tanto, imitadores de Dios, como hijos queridos, y caminen en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio a Dios en olor de suavidad.

28.5. La fornicación y toda impureza o codicia ni siquiera se mencione entre ustedes, como conviene a los santos; y nada de indecencia o necedad" (Ef 5,1-4).

28.6. Porque también el Apóstol enseña a ejercitarse en la pureza comenzando por las palabras, y escribe: "Tengan esto bien entendido: ningún fornicario", hasta "antes bien, denúncienlas" (Ef 5,5. 11).

Intemperancia de los carpocratianos

29.1. En realidad, su doctrina deriva de algún apócrifo; pero también expondré la cita que es la madre de su insolencia. Y bien sea que ellos mismos hayan compuesto el libro -¡mira qué necedad! Se lo atribuyen a Dios por su intemperancia-, bien sea que lo hayan encontrado junto a otros, lo han entendido de forma incorrecta, equivocándose al idear aquella hermosa doctrina.

29.2. Así dice el texto: "Todas las cosas eran Uno, pero cuando a su Unidad le pareció no estar más sola, salió de Él una Inspiración; y ésta se unió con Él y creó al Amado. Y de éste salió otra Inspiración y se unió y creó la Potencia, imposible de ver ni oír, hasta cada, una con su nombre propio" (cita de un autor anónimo).

29.3. Igualmente, si hubiesen propuesto también uniones espirituales, como los seguidores de Valentín, su opinión se podría quizá aceptar; pero reconducir a profecía sagrada una promiscuidad de violencia carnal es propio de quien no ha reconocido la salvación.



Afirmaciones de Pródico y sus seguidores

30.1. Estas son las opiniones también proclaman los seguidores de Pródico, que falsamente se denominan gnósticos, diciendo que son hijos por naturaleza del Dios Primero. Pero abusan de tal nobleza y libertad para vivir como quieren, pretendiendo vivir entregados al placer, convencidos de que ellos no están sujetos a nadie, como si fueran señores del sábado (cf. Mt 12,8; Mc 2,28; Lc 6,5), y por encima de todo linaje, hijos nacidos de un rey; y para un rey, dicen, no existe ley escrita.

30.2. Pero en realidad, ante todo no hacen todo lo que quieren, porque tienen muchos impedimentos contra sus deseos e intentos y lo que hacen, no como un rey lo hacen, sino obligados, porque cometen sus adulterios de manera oculta, y recelosos de ser atrapados en el acto, tratan de evitar la condena y temen el castigo.

30.33. ¿Cómo la intemperancia y las palabras obscenas pueden ser libertad? "Todo, dice, el que peca es un esclavo" (cf. Rm 6,16; Jn 8,34), afirma el Apóstol.

Errores de los seguidores de Pródico

31.1. Pero, ¿cómo puede vivir conforme a Dios el que se abandona a todo deseo, cuando el Señor dice: "Pero yo en cambio les digo: no deseen" (Mt 5,28)?

31.2. ¿Cómo se pretende pecar de manera voluntaria y poner como un dogma el adulterio, vivir disolutamente y arruinar los matrimonios ajenos, cuando nosotros nos compadecemos también de los que pecan involuntariamente?

31.3. Aunque el mundo al que han llegado es para ellos extraño, si no son fieles con lo ajeno (cf. Lc 16,11-12) no poseerán la verdad.

31.4. ¿Acaso un forastero puede enfrentarse contra los habitantes de un país y ofenderles, cuando posee lo necesario como extranjero (cf. 1 P 2,11-12), o por el contrario no debe pasar la vida manteniendo una conducta irreprensible para con esos ciudadanos?

31.5. ¿Cómo dicen que sólo ellos han conocido a Dios, cuando se comportan del mismo modo que los que son odiados por los paganos, por no practicar lo mandado por las leyes, como los injustos, los incontinentes, los prepotentes y los adúlteros?

31.6. Sería necesario que vivieran rectamente, aunque se encuentren entre forasteros, a fin de mostrar en verdad su carácter regio.

Coherencia de vida

32.1. No obstante, se enemistan con los legisladores humanos y con la ley divina, puesto que han adoptado una vida contraria a la ley. Por lo general, quien rechaza el adulterio es bendecido por Dios en (el libro) de los Números (cf. Nm 25,8-13).

32.2. Y Juan dice en la Epístola: "Si decimos que estamos en comunión con Él, es decir con Dios, y caminamos en tinieblas, somos mentirosos y no obramos conforme a la verdad. Pero si caminamos en la luz, como Él mismo está en la luz, estamos en comunión con El y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica del pecado" (1 Jn 1,6-7).

El camino que se debe seguir

33.1. ¿Pero qué hacen para ser mejores que los del mundo, aquellos hacen tales cosas y son semejantes a los peores (hombres) mundanos? Me parece que quienes hacen las mismas cosas tienen una naturaleza semejante.

33.2. Pero quienes pretenden ser mejores en nobleza deben ser también mejores en el modo de vivir, a fin de evitar ser recluidos en la cárcel.

33.3. En realidad, como dice el Señor, "Si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de Dios" (Mt 5,20).

33.4. En cuanto a la abstinencia de los alimentos, se habla claro en "Daniel" (cf. Dn 1,10-16). Y, para decirlo brevemente, sobre la obediencia dice David en "Los Salmos": "¿Cómo el joven guardará recto su camino?, y en seguida responde (lit.: oye): "Guardando tu palabra de todo corazón" (Sal 118 [119],9-10).

33.5. Y Jeremías afirma: "Esto dice el Señor: "No caminen por los senderos de los paganos"" (Jr 10,2).

Los "antitactas"

34.1. Partiendo de aquí ciertos hombres malvados y despreciables dicen que el hombre ha sido plasmado (o: formado) por distintas potencias; y las partes que llegan hasta el ombligo son de hechura divina, pero las que están debajo son de factura inferior, y por eso se tiene el instinto del apareamiento.

34.2. Pero olvidan que la parte superior también desea el alimento y algunos experimentan lujuria; además se enfrentan a Cristo, quien ha dicho a los fariseos que el mismo Dios ha creado en nosotros el hombre "interior" y el hombre "exterior" (Lc 11,40). Pero la concupiscencia no es propia sólo del cuerpo, aunque actúe por medio del cuerpo.

34.3. Otros, que denominamos antitactas (o: lo que resisten, opuestos, contrarios), dicen que el Dios del universo es nuestro Padre por naturaleza y todo lo que ha hecho es bueno. Pero uno de los seres engendrados por Él esparció la cizaña (cf. Mt 13,25) y generó la naturaleza del mal (lit.: de los males); por su culpa nos ha envuelto a todos nosotros y nos ha enfrentado al Padre.

34.4. Y por eso nosotros nos enfrentamos contra él para vengar al Padre, actuando contra la voluntad del segundo (= del que esparció la cizaña). Por consiguiente, como aquél ha dicho: "No cometerás adulterio" (Ex 20,13), nosotros, afirman los [antitactas], cometemos adulterio para abolir su mandato.

Capítulo IV: Sobre la interpretación de los textos bíblicos por parte de los gnósticos (continuación)

Refutación de los errores de los gnósticos

35.1. A ésos les responderemos también que a los seudo profetas y a todos los que simulan la verdad hemos aprendido a conocerlos por sus obras (cf. Mt 7,16). Son desenmascarados por las obras; ¿cómo podrán decir que sostienen la verdad?

35.2. Ciertamente, o no existe el mal, ni tampoco merece reproches aquél que acusan como contrario a Dios, ni ha sido creador de mal alguno -de esta manera se quita con el [fruto] malo, también el árbol-; o bien, si existe realmente lo malo, nos dirán qué piensan de los mandamientos establecidos respecto a la justicia, la templanza, la paciencia, la resignación, y otras cosas parecidas, ¿son buenas o malas?

35.3. Y si es malo el mandato que prohíbe realizar la mayor parte de las acciones deshonestas, quiere decir que el mal legisla contra sí mismo, para su propia destrucción; lo cual es imposible. Si, por el contrario, (es) bueno, entonces enfrentándose a los mandamientos buenos, ellos deben confesar que se oponen al bien y obran el mal.

Prosigue la refutación

36.1. A partir de esto también el Salvador mismo, a quien únicamente pretenden obedecer, nos ha prohibido odiar e insultar (o: injuriar) [cf. Mt 5,44; Lc 6,27-28], y dice: "Mientras caminas con tu enemigo, procura reconciliarte con él y hacerte amigo" (Lc 12,58; cf. Mt 5,25. 44).

36.2. Por eso, o se rechaza la exhortación de Cristo, enfrentándose al enemigo, o bien se hacen sus amigos y no se defienden de él.

36.3. ¿Pero qué? ¿No saben, nobles señores -hablaré como si los tuviera delante- que quien combate los preceptos que son buenos se opone a su propia salvación? Porque no destruyen lo útilmente prescrito, sino a ustedes mismos.

36.4. El Señor también dijo: "Brillen sus buenas obras" (Mt 5,16); en cambio, ustedes sacan a la luz sus costumbre disolutas.

36.5. Además, si quieren anular los mandamientos del legislador, por qué precisamente intentan anular por la intemperancia de ustedes lo de: "No cometerás adulterio" (Ex 20,13) o "no corromperás a los jóvenes" (Seudo Bernabé, Epístola, 19,4), y todos los que se refieren a la templanza; ¿por qué no destruyen el invierno, por Él generado, para producir (lit.: hacer) el verano en medio del invierno? ¿Y por qué no hacen navegable la tierra y caminable el mar, como afirman los historiadores que lo intentó el bárbaro Jerjes? (cf. 2 M 5,21; Herodoto, Historias, VII,54).

Errores en la interpretación bíblica de los gnósticos

37.1. ¿Por qué no rechazan todos los mandamientos? Porque si (Él) ha dicho: "Crezcan y multiplíquense" (Gn 1,28; 9,1), ustedes que lo rechazan, no deberían ni siquiera practicar la unión carnal; y si (Él) dijo: "Les lo he dado todo para alimento y que lo gocen" (Gn 1,28; 9,1), ustedes no deberían disfrutar de nada.

37.2. Pero si también dijo: "Ojo por ojo" (Ex 21,24), ustedes no deberían devolver ataque por ataque; también ordenó al ladrón restituir el cuádruplo (cf. Ex 21,24), en cambio ustedes incluso deberíais hacer un regalo al ladrón (cf. Ex 22,1).

37.3. De igual manera, si ustedes se oponen al mandato: "Amarás al Señor" (Dt 6,5), tampoco deberían amar al Dios del universo; y de nuevo, cuando dijo: "No harán imagen esculpida o fundida" (Dt 27,15), ustedes, para ser consecuentes, (deberían) incluso adorar las imágenes esculpidas.

37.4. ¿Cómo no va a ser impía la actitud de ustedes si, como dicen, se enfrentan al demiurgo, compitiendo con acciones semejantes a las de las prostitutas y los adúlteros?

37.5. ¿No se dan cuenta que hacen más fuerte a quien consideran más débil, si es verdad que hacen lo que él quiere, y no lo que el Dios bueno quiso? Al contrario, por su parte, demuestran inferior a su padre, como lo llaman.

Los gnósticos añaden frases propias a la Escritura divinamente inspirada

38.1. Éstos, por lo demás, eligen de algunas perícopas proféticas frases que recogen y recomponen (o: remiendan) malamente, tomado según a la letra lo dicho en forma alegórica.

38.2. Así dicen que está escrito: "Resistieron a Dios y se salvaron" (Ml 3,15). Pero algunos añaden también: "Al Dios impudente", e interpretan esta sentencia como un mandato sancionado; y piensan que resistir al demiurgo es su propia salvación.

38.3. En realidad no está escrito "al Dios impudente"; pero, aunque así fuera, oh insensatos, denominen "impudente" al que se llama diablo, como calumniador del hombre, o acusador de los pecadores, o apóstata.

38.4. Ciertamente el pueblo, al que se refiere la perícopa, al ser educado lo soportaba mal y lamentándose murmuraba la mencionada frase, porque los otros pueblos obrando inicuamente no eran castigados; sólo ellos eran castigados por cada una de sus acciones, como también Jeremías había dicho: "¿Por qué prospera el camino de los impíos?" (Jr 12,1). Lo mismo ocurre con la expresión de Malaquías citada anteriormente: "Resistieron a Dios y se salvaron" (Ml 3,15).

38.5. Porque los profetas, divinamente inspirados, no sólo dicen lo que oyen de parte de Dios, sino que también ellos mismos aparecen transmitiendo una réplica a lo que el pueblo murmura, como cuestiones propuestas por los hombres; una de éstas es también la referida.

Los gnósticos tuercen el sentido de los textos bíblicos

39.1. Y quizás, refiriéndose a ellos, escribe el Apóstol en la "Carta a los Romanos": "¿Y no como somos calumniados, y como dicen algunos que nosotros decimos: "Hagamos males para que vengan bienes"? La condenación de esos tales es justa" (Rm 3,8).

39.2. Ellos son los que con la entonación de la voz de la lectura tuercen las Escrituras a su gusto, y con un cambio de acentuación y puntuación tuercen, conforme a sus lujurias, aquellos sabios y útiles mensajes.

39.3. Dice Malaquías: "Ustedes irritan a Dios con sus palabras; y dicen: "¿En qué lo irritamos?". Cuando dicen: "Todo el que hace el mal es bueno ante el Señor, y Él se complace en ésos"; y "¿Dónde está el Dios de la justicia?"" (Ml 2,17).



Capítulo V: Nuevos argumentos contra los gnósticos

¿Es lícito cualquier género de vida?

40.1. Para no examinar con un cuidado muy minucioso el tema haciendo mención de muchas herejías absurdas, y para no estar obligados a sufrir la vergüenza de hablar de cada una de ellas, prolongando demasiado nuestras notas, dividamos todas las herejías en dos grupos para refutarlas.

40.2. Porque, o enseñan a vivir en la indiferencia moral (lit.: indiferentemente), o bien, tendiendo al exceso, proclaman una continencia (que es efecto) de la impiedad y de la malignidad.

40.3. Primero hay que discutir la primera parte. Si se puede elegir cualquier (tipo de) vida, evidentemente también el de la continencia; y si cualquier clase de vida no encierra peligro para quien lo elige, en verdad con mayor razón no encerrará peligro la que es conforme a la virtud y la templanza.

40.4. Porque si se permitió al Señor no estar obligado a guardar el sábado (cf. Mt 12,8; Mc 2,28; Lc 6,5), en el caso en que hubiera vivido licenciosamente, mucho más quien se ha comportado honestamente no estará sujeto a guardarlo.

40.5. "Porque todas las cosas son lícitas, pero no todas convienen" (1 Co 6,12; cf. 10,23), dice el Apóstol. Y si todo es lícito, evidentemente también ser temperante.

El ser humano no es esclavo de la necesidad

41.1. De la misma manera que es digno de alabanza el que con libertad adopta una conducta virtuosa, así también mucho más digno de venerar y adorar es Aquél que nos ha dado la libertad plena y soberana, y nos ha concedido el vivir como queramos. Él no ha permitido que nuestras elecciones y fugas fueran esclavas de la necesidad.

41.2. Y aunque una y otros están sin temor, tanto el que ha elegido la intemperancia como el que ha preferido la continencia, sin embargo el valor (o: la dignidad) no es el mismo. Porque quien va a la deriva de los placeres es complaciente con el cuerpo; pero el temperante libera de las pasiones al alma, que es la señora del cuerpo.

41.3. Y si dicen que nosotros "estamos llamados a ser libres", sólo procuremos no "ofrecer la libertad como incentivo a la carne" (Ga 5,13), según el Apóstol.

41.4. Pero si hay que tolerar la concupiscencia y considerar vida indiferente lo (que es) infame, como ellos dicen, entonces o es necesario obedecer totalmente a las concupiscencias y, según eso, hacer todo lo más impúdico e impío, siguiendo a lo que estas persuaden;

41.5. o bien deberemos evitar algunas de las concupiscencias y no vivir en la indiferencia moral (lit.: indiferentemente), ni hacernos esclavos sin medida de nuestros miembros más despreciables, vientre y partes pudendas, que adulan mediante la concupiscencia a nuestro cadáver (= nuestro cuerpo).

41.6. Pero la concupiscencia se alimenta y se reaviva cuando se la satisface; como, al contrario, contenida, se consume.

Debemos seguir al Verbo

42.1. ¿Cómo es posible asemejarse al Señor o tener la gnosis de Dios si nos dejamos vencer por los placeres del cuerpo? Porque de todo placer es principio la concupiscencia, y la concupiscencia es cierta molestia y solicitud que apetece por necesidad alguna cosa.

42.2. Por tanto, quienes han emprendido ese género de vida no me parece que les pueda tocar sino: "Además de la vergüenza, sufrir dolores" (Hesíodo, Los trabajos y los días, 211);"atrayendo hacia ellos mismos un mal" (Homero, Odisea, XVIII,73) como se dice, para ahora y para después.

42.3. Si todo fuera lícito y si no tuviéramos ningún temor de perder la esperanza por las malas acciones, quizás ellos tendrían algún pretexto para una vida deshonrosa y miserable.

42.4. Pero ya que una vida bienaventurada nos ha sido indicada mediante los mandamientos, es necesario que todos sigamos no desatendiendo nada de lo que ha sido prescrito (o: comunicado), sin descuidar ni el más mínimo de nuestros deberes. Es necesario seguir al Verbo donde quiera conducirnos; si nos equivocamos en eso, necesariamente caeremos "en un mal eterno" (Homero, Odisea, XII,18).

42.5. Pero quien sigue la divina Escritura, por el camino de los creyentes, se asemejará en lo que pueda al Señor; por eso no se debe vivir en la indiferencia moral (lit.: indiferentemente), sino hacer lo posible por purificarse de los placeres y de las concupiscencias y ocuparse del alma; ésta debe tan sólo permanecer junto a la divinidad.

42.6. Porque el espíritu, cuando está puro y libre de toda maldad, puede recibir la fuerza de Dios, ya que se levanta en él la divina imagen. Dice [la Escritura]: "Todo el que tiene esta esperanza en el Señor se purifica, tal como Él es puro" (1 Jn 3,3).

Conresucitados con Cristo

43.1. Pero adquirir gnosis de Dios por parte de quienes aún son guiados por las pasiones es imposible; y los que no se han procurado alguna gnosis de Dios no podrán en absoluto alcanzar ninguna esperanza. Quien equivoca ese fin es claramente acusado de su ignorancia de Dios; y el ignorar a Dios viene provocado por la manera de vivir.

43.2. Porque es totalmente imposible ser sabio y, por otra parte, no avergonzarse de adular al cuerpo, ni es compatible pensar que el placer es un bien, o que sólo el placer es bello, y a la vez que sólo el Señor es bello y sólo es bueno y sólo es amable Dios.

43.3. "Fueron circuncidados en Cristo con una circuncisión no hecha por mano de hombre, por el despojamiento del cuerpo carnal, en la circuncisión de Cristo" (Col 2,11).

43.4. "Por tanto, si fueron conresucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba" (Col 3,1);"piensen en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque están muertos y la vida de ustedes ha sido escondida con Cristo en Dios" (Col 3,2-3), pero no la prostitución que (aquellos) practican.

43.5. "Den muerte a los miembros que tienen sobre la tierra, la fornicación, la impureza, la pasión, la concupiscencia, por las que viene la ira (Col 3,5-6). Depongan también ellos "la cólera, la ira, la maldad, maledicencia, la conversación obscena de la boca de ustedes. Despójense del hombre viejo con sus concupiscencias, y revístanse del nuevo que es renovado para alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador" (Col 3,8-10).

La coherencia entre las palabras y las obras

44.1. El modo de comportarse claramente pone a prueba a quienes han conocido los mandamientos, ya que cual es la palabra, tal es la vida; al árbol se le conoce por los frutos (cf. Mt 7,16; 12,33; Lc 6,44), no por las flores ni por los pétalos (u: hojas).

44.2. Así la gnosis (es reconocida) por el fruto y el modo de vivir, no por la palabra y la flor.

44.3. Porque no decimos que la gnosis es una palabra vacía, sino una ciencia divina y aquella luz que nace (o: se enciende) en el alma por la obediencia a los mandamientos, haciendo muy claro todo lo que existe por generación, disponiendo al hombre para conocerse a sí mismo, y le enseña a colocarse en condición de alcanzar a Dios. Porque lo que es el ojo en el cuerpo, eso mismo es la gnosis en el espíritu.

44.4. Y no digan que es libertad la esclavitud del placer; (sería) como (decir) que la hiel es dulce. Nosotros hemos aprendido que la libertad es aquella por la que nos ha hecho libres sólo el Señor, desatándonos de los placeres, de la concupiscencia y de las otras pasiones.

44.5. "El que dice: "He conocido al Señor", y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él" (1 Jn 2,4), dice Juan.

Capítulo VI: Contra los encratitas

Es necesario refutar los argumentos de los gnósticos

45.1. Pero con el eufemismo de la continencia, otros cometen impiedad contra la creación y el santo Creador, el único Dios omnipotente, y enseñan que no se debe admitir el matrimonio y la procreación, ni traer al mundo a otros (seres) desgraciados, ni suministrar alimento a la muerte. A éstos principalmente hay que decirles lo de Juan:

45.2. "Y ahora han surgido muchos anticristos; por lo cual conocemos que ésta es la última hora. De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros, porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros" (1 Jn 2,18-19).

45.3. Además hay que refutarles, retorciendo (los argumentos) de sus adictos, de esta manera: cuando Salomé pregunta al Señor: "¿Durante cuánto tiempo tendrá poder la muerte?" (Evangelio egipcio, Fragmentos, 1). Sin entender la vida como un mal y la creación como algo perverso, le respondió: "Mientras ustedes, las mujeres, sigan engendrando" (Evangelio egipcio, Fragmentos, 1; cf. Oráculos Sibilinos, 2,162 s.); con ello quería enseñar la causalidad de la naturaleza (lit.: la consecuencia física): porque a la generación sigue siempre la corrupción nacimiento sigue una muerte.

La pureza interior

46.1. La Ley ha sido ordenada para hacernos salir del libertinaje y de todo desorden; y este es su objetivo: conducirnos de la injusticia a la justicia, haciéndonos elegir con sensatez el matrimonio, la procreación de los hijos y una conducta honesta.

46.2. Porque el Señor "no viene a abolir la Ley, sino a completarla" (Mt 5,17); pero a completarla no como insuficiente, sino para llevar cumplimiento las profecías de la Ley con su venida; ya que las normas de una vida de recta conducta eran predicadas mediante el Verbo incluso a los que vivieron como justos antes de la Ley (cf. Rm 2,14-15).

46.3. No obstante, la mayoría no sabía qué era la continencia, viviendo para el cuerpo, no para el espíritu (cf. Ga 5,25). Pero el cuerpo sin espíritu es "polvo y ceniza" (Gn 18,27). Y desde luego el Señor juzga el adulterio conforme a la intención (cf. Mt 5,28).

46.4. Pero ¿qué? ¿No es necesario quizás usar del matrimonio con templanza y no tratar de separar "lo que Dios ha unido" (Mt 19,6; Mc 10,9)? En efecto, eso es lo que enseñan los disociadores del matrimonio, por lo que también el nombre [de cristiano] es difamado (cf. Is 52,5; Rm 2,24).

46.5. Diciendo que la unión carnal es una impureza (cf. Lv 15,18), cuando en realidad han recibido la vida por una unión ¿cómo no van a estar impuros? Pero también el esperma de los que han sido santificados (es) santo, me parece a mí.

Lo que nos enseña el Señor

47.1. Es necesario, por tanto, que sean santificados en nosotros no sólo en el espíritu, sino también las costumbres, la vida y el cuerpo. De otro modo, ¿con qué sentido dice el apóstol Pablo que la esposa es santificada por el marido o el marido por la esposa? (cf. 1 Co 7,14).

47.2. Y ¿qué significa lo que el Señor respondió a los que le preguntaban sobre el divorcio, si era lícito repudiar a la mujer, puesto que Moisés lo había permitido? "Por la dureza de su corazón, dice, Moisés escribió esto. ¿Pero ustedes no han oído lo que Dios dijo al primer hombre: "Serán los dos una sola carne?". Por tanto aquél que repudia a la mujer, sin culpa de fornicación, la expone al adulterio" (Mt 19,4-9: con variaciones en el orden de los versículos).

47.3. Pero, "después de la resurrección, dice, ni se casan ni se dan en casamiento" (Mt 22,30; Mc 12,25; Lc 20,35). Y sobre el vientre y los alimentos se ha dicho: "Los alimentos son para el vientre y el vientre para los alimentos, pero Dios también destruirá a este y a aquellos" (1 Co 6,13). De esta manera fustiga a quienes creen poder vivir como padrillos o machos cabríos (cf. Lv 16,10), para que no se abandonen sin freno a comer y a la lujuria.

La continencia es una virtud

48.1. Ahora bien, si aceptan la resurrección, como dicen ellos mismos, y por eso rechazan el matrimonio, ¡que no coman ni beban! Porque el Apóstol ha dicho que en la resurrección el vientre y los alimentos serán destruidos (cf. 1 Co 6,13).

48.2. ¿Cómo, entonces, experimentan el hambre, la sed, (las necesidades) de la carne y lo demás que no sufrirá el que por Cristo reciba la perfecta esperada resurrección? Pero también los idólatras se abstienen al mismo tiempo de los manjares y de los placeres del amor.

48.3. "El reino de Dios no consiste en comida ni en bebida" (Rm 14,17) dice [el Apóstol]. Ciertamente, está también en la solicitud de los Magos, que adoran ángeles y demonios (cf. Col 2,23), abstenerse del vino e igualmente (de la carne) de vivientes y de los placeres del amor. Pero como la humildad es mansedumbre, no miseria del cuerpo, así también la continencia es virtud del alma, que no se da a conocer, sino que (permanece) oculta.

El Señor "no era un hombre común"

49.1. Hay algunos que dicen sin rodeos que el matrimonio es fornicación, y opinan que ha sido establecido y enseñado por el diablo. Pero los arrogantes de ellos dicen que imitan al Señor, quien no se casó ni poseía nada en el mundo; y se glorían de haber entendido el evangelio mejor que los demás.

49.2. Para ellos la Escritura dice: "Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes les da su gracia" (Pr 3,34; 1 P 5,5).

49.3. Además, ellos no conocen la causa por la que el Señor no se casó. Ante todo Él tenía su propia esposa, la Iglesia; pero además, no era un hombre común que tuviera necesidad de una ayuda según la carne. Tampoco le era necesario procrear hijos, porque vive eternamente y es el Hijo único de Dios. Él mismo, el Señor, dice: "Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre" (Mt 19,6; Mc 10,9).

49.4. Y de nuevo: "Como en los días de Noé, estaban casándose y dándose en casamiento, construían casas, plantaban, y como en los días de Lot, así será la venida del Hijo del Hombre" (Mt 24,37-39).

49.5. Y puesto que no se dirige a los paganos, dice: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?" (Lc 18,8).

49.6. Y: "¡Ay de las mujeres gestantes y de las que críen en aquellos días!" (Mt 24,19; Mc 13,17; Lc 21,23). Ciertamente también estas (expresiones) son alegóricas. Por consiguiente, tampoco determinó los tiempos "que el Padre puso por su autoridad" (Hch 1,7), para que el mundo permanezca por generaciones.

La enseñanza de Jesús

50.1. Respecto a: "No todos tienen capacidad para esta palabra. Porque hay eunucos que nacieron así, hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por el reino de los cielos. El que pueda entender, que entienda" (Mt 19,11-12).

50.2. No saben que, después de la palabra sobre el divorcio, algunos le preguntaron: "Si esa es la condición (o: causa, culpa) de la mujer, no le conviene al hombre casarse" (Mt 19,10), y el Señor responde: "No todos aceptan esta palabra, sino aquellos a quienes les ha sido dado" (Mt 19,11).

50.3. Porque los que preguntaban querían saber si permitía, una vez condenada por prostitución y echada la mujer, podían casarse con otra.

50.4. También se dice de no pocos atletas que se abstenían de los placeres del amor, practicando la continencia por medio de la ascesis corporal, como Astilo de Crotona y Crisón de Himera. El citarista Amebeo, recién casado, se mantuvo alejado de la esposa.



El celibato por amor a Dios

51.1. Tan sólo Aristóteles de Cirene despreció a Lais, que realmente lo amaba. Le había jurado a la cortesana que la llevaría a su patria si le ayudaba de alguna manera contra los enemigos (lit.: antagonistas); y una vez conseguido, cumplió el juramento con ingenio: pinta una imagen suya que se le parecía muchísimo y la hace colocar en Cirene, como refiere Istro en el libro "Sobre la naturaleza de las contiendas". Por tanto, el hacerse eunuco no es virtuoso, si no se nace del amor a Dios.

51.2. También el bienaventurado Pablo dice de aquellos que aborrecen el matrimonio: "En los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, atendiendo a espíritus embaucadores y a enseñanzas de los demonios, que prohíben casarse y hacer uso (lit.: abstenerse) de (ciertos) alimentos" (1 Tm 4,1. 3).

51.3. Y de nuevo afirma: "Que nadie los prive del premio por superstición de humildad" (Col 2,18), "y severo trato del cuerpo" (Col 2,23). Y el mismo escribe: "Estás ligado a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer" (1 Co 7,27). Y también: "Tenga cada uno la propia mujer" (1 Co 7,2), "para que Satanás no los tiente" (1 Co 7,5).

Los antiguos justos

52.1. Pero ¿qué? ¿No participaban con agradecimiento del uso de las cosas creadas los antiguos justos? Ellos en el matrimonio, con dominio de sí mismos, tuvieron hijos. Y a Elías los cuervos le llevaban para alimento pan y carne (cf. 1 R 17,6). Y el profeta Samuel reservando un muslo de lo que él comía, lo tomó llevándolo a Saúl para que lo comiera (cf. 1 S 9,23-24).

52.2. Pero los que dicen ser superiores por su conducta y vida, no pueden compararse con las acciones de aquellos.

52.3. Por tanto "quien no come no menosprecie al que come; el que come no juzgue al que no come, porque Dios le recibió" (Rm 14,3).

52.4. Pero también el Señor hablando de sí mismo dice: "Vino Juan, que no comía ni bebía y dicen: "Tiene un demonio". Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Es hombre un comilón, y un bebedor de vino, amigo de cobradores de impuestos y pecadores"" (Mt 11,18-19; Lc 7,33-34). ¿Acaso tratan también de descalificar a los apóstoles?

52.5. Porque Pedro y Felipe tuvieron hijos; incluso Felipe dio a sus hijas a unos varones.

El reino de Dios

53.1. Y Pablo no titubea (o: duda) en saludar en una carta a su cónyuge (cf. Flp 4,2-3; pero también: 1 Co 7,8), que no llevaba consigo para aligerar su ministerio (cf. 1 Co 9,5).

53.2. Y dice en una carta;"¿No tenemos el derecho a llevar una hermana mujer, como también los demás apóstoles?" (1 Co 9,5).

53.3. Pero como convenía a su ministerio, atendiendo a la predicación sin distracción (cf. 1 Co 7,35), (éstos) llevaban consigo las mujeres no como esposas, sino como hermanas para que fueran condiaconisas con las mujeres amas de casa; gracias a ellas la doctrina del Señor podía penetrar incluso en el gineceo, sin dar motivos de calumnia.

53.4. Porque sabemos también lo que el noble Pablo dispone en la segunda (lit.: la otra) "Carta a Timoteo", sobre las mujeres diaconisas. Ahora bien, él mismo clama que "el reino de Dios no es la comida ni la bebida" (Rm 14,17), ni tampoco la abstinencia del vino y de la carne, "sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo" (Rm 14,17).

53.5. ¿Quién de aquellos [herejes] circula usando una piel de oveja (lit.: melota) y un cinturón de cuero como Elías (cf. 2 R 1,8)? ¿Quién se ha vestido de con una tela grosera de piel de cabra (lit.: saco), desnudo y descalzo como Isaías (cf. Is 20,2). ¿O tan sólo un delantal de lino como Jeremías (cf. Jr 13,1)? Y el modo gnóstico de vida de Juan (cf. Mt 3,4; Mc 1,6), ¿quién lo imitará? Pero aún viviendo así, los bienaventurados profetas daban gracias al Creador.

La auténtica justicia

54.1. Pero la justicia de Carpócrates y de cuantos como él desean la comunidad sin freno se destruye del siguiente modo. Al mismo tiempo que dice "Da a quien te pida" (Mt 5,42), añade: "Y a quien quiera pedirte un préstamo no le vuelvas la espalda" (Mt 5,42); ésta es la comunidad que enseña, no una comunidad libidinosa.

54.2. ¿Pero cómo el que pide, recibe y toma a préstamo, no habiendo quien tenga, le dé y le preste?

54.3. Porque el Señor dice: "Tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era peregrino y me recibieron, (estuve) desnudo y me vistieron" (Mt 25,35-36). Y luego añade: "En la medida que lo hicieron a uno de estos los más pequeños, a mí me lo hicieron" (Mt 25,40).

54.4. ¿No se dan las mismas normas en el Antiguo Testamento? "Quien da a un mendigo (o: a un pobre), presta a Dios" (Pr 19,17); y: "No niegues hacer el bien al pobre" (Pr 3,27), se dice.

Compartir por amor

55.1. Y de nuevo dice: "Misericordia y fidelidad no te abandonarán" (Pr 3,3). "La pobreza humilla al hombre, pero las manos de los hombres diligentes enriquecen" (Pr 10,4). Y añade: "Mira un hombre que no ha dado su dinero con usura, se hace agradable" (Sal 14 [15],5); y: "Rescate del alma (o: de la vida) de un hombre se juzga riqueza propia" (Pr 13,8); esto ¿no lo aclara abiertamente? Del mismo modo que el mundo está compuesto de contrarios, así como de calor y de frío, de seco y de húmedo, así también de los que dan y los que reciben.

55.2. También cuando dice: ""Si quieres ser perfecto vende lo que tienes y dalo a los pobres" (Lc 18,22), refuta a quien se vanagloriaba de "haber observado todos los mandamientos desde la juventud" (Lc 18,21); pero no había cumplido el "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 19,19). Entonces, perfeccionado por el Señor, aprendía a repartir por amor.

La solidaridad cristiana

56.1. Por tanto, no ha prohibido hacerse rico honradamente, sino ser rico de injusta e insaciablemente. Porque, "una propiedad adquirida inicuamente se disminuye" (Pr 13,11). Puesto que "hay quienes, sembrando, multiplican, y hay quienes, recogiendo, poseen menos" (Pr 11,24). Sobre aquellos está escrito: "Distribuyó, dando a los pobres: su justicia permanece para siempre" (Sal 111 [112],24).

56.2. "El que siembra y cosecha más" (Pr 11,24) es el que repartiendo de lo terreno y pasajero (o: siendo generoso en la tierra y en el momento oportuno) gana lo celestial y lo eterno. Pero el otro no ha dado nada a nadie, sino que vanamente "atesora en la tierra donde la polilla y la herrumbre lo hacen desaparecer" (Mt 6,19) -y sobre él se ha escrito: "Recogiendo los salarios, los echó en una bolsa agujereada" (Ag 1,6)-.

56.3. Por eso dice el Señor en el evangelio que al producir mucho un campo y queriendo los frutos, (un hombre) mandó construir graneros más grandes, y se dijo a sí mismo como en una prosopopeya: "Tienes muchos bienes almacenados para muchos años; come, bebe, alégrate. Insensato, dice, esta misma noche te reclamarán el alma. Entonces, las cosas que preparaste, ¿de quién serán?" (Lc 12,19-20).

Capítulo VII: Sobre la continencia cristiana

La continencia cristiana es una gracia de Dios

57.1. Ahora bien, la continencia humana, me refiero (lit.: digo) a la de los filósofos griegos, declara combatir con perseverancia contra la concupiscencia y no prestarle servicio en las obras (o: acciones); pero la nuestra consiste en no tener concupiscencia, no sólo para mantenerse firme ante la concupiscencia, sino para que también pueda abstenerse de la concupiscencia (cf. Mt 5,27).

57.2. Esta continencia no se puede conseguir sino mediante una gracia de Dios. Por esto [el Señor] dice: "Pidan y se les dará" (Mt 7,7).

57.3. Esta gracia es la que recibió también Moisés, aun revestido de un débil cuerpo, para no sufrir ni hambre ni sed durante cuarenta días (cf. Ex 24,18; 34,28).

57.4. Como es mejor estar sano que, estando enfermo, hablar sobre la salud, así también el ser luz es mejor que hablar sobre la luz, y (es mejor) la continencia conforme a la Verdad que la enseñada por los filósofos.

57.5. Porque en donde (hay) luz, allí no (hay) tinieblas. Pero donde está arraigada la concupiscencia, encontrándose sola, aunque inmóvil cuanto a la actividad (lit.: energía) del cuerpo, está unida por la memoria con lo que no está presente.

La luminosa guía del Señor

58.1. Avancemos ahora con nuestro discurso en general sobre el matrimonio, el alimento, y lo demás; (nosotros no deberíamos) hacer nada por concupiscencia, sino querer sólo aquello necesario. Porque no somos hijos de la concupiscencia, sino de la voluntad (cf. Jn 1,13).

58.2. Y quien se casa para la procreación debe ejercitar la continencia, al punto (lit.: como que) de no desear a la propia esposa, a la que debe amar; procreando con seria (o: digna, honesta) y prudente voluntad. Porque no hemos aprendido "la prudencia de la carne para satisfacer sus concupiscencias" (Rm 13,14), sino a proceder decentemente como en pleno día" (Rm 13,13), para Cristo, en la luminosa guía del Señor, "no en orgías y borracheras, no en lujurias y libertinajes, no en contiendas ni celos" (Rm 13,13).

La continencia cristiana no se limita a un único aspecto de la vida humana

59.1. Porque no hay que aceptar confinar la continencia a una sola especie (o: forma), es decir, la de los placeres venéreos, sino también (considerar) las otras cosas que nuestra alma desea sensualmente, y no contenta con lo necesario se entrega a la molicie en exceso.

59.2. Continencia es el menosprecio del dinero, desdeñar delicadezas, posesiones, apariencias, dominar la lengua (lit.: boca), ser dueño de los malos pensamientos. Sucedió también que algunos ángeles, incontinentes, prisioneros de la concupiscencia, se precipitaron desde el cielo a este mundo (lit.: a este lugar) [cf. Gn 6,2].

59.3. Valentín, en la "Carta a Ágatópodo" dice: "Soportándolo todo Jesús era temperante, actuando de manera divina; comía y bebía de peculiar no evacuando los alimentos. Tanta era la fuerza de su continencia, que incluso el alimento en Él no se corrompía, por cuanto Él no tenía corrupción" (Valentín, Fragmentos, 3).

59.4. Nosotros, por tanto, abrazamos la continencia por el amor que tenemos al Señor y por su belleza misma, santificando el templo del Espíritu (cf. 1 Co 3,16-17). Porque es hermoso "hacerse eunuco por el reino de los cielos" (Mt 19,12) respecto a toda concupiscencia, y "purificar la conciencia de las obras muertas, para rendir culto al Dios viviente" (Hb 9,14).

Costumbres de la India

60.1. Pero ellos (= los filósofos paganos) por odio hacia la carne, desean a librarse de la unión conyugal y de la necesidad de nutrirse de los alimentos convenientes; ingratos, necios y ateos, practican la continencia irracionalmente, como la mayor parte de los otros paganos.

60.2. Por ejemplo, los Brahamanes no comen animales ni beben vino. Algunos de ellos aceptan alimento cada día como nosotros, pero otros cada dos días, como narra Alejandro Polístor en la "(Historia) Indiana"; desprecian la muerte, estiman en nada la vida; aceptan que existe reencarnación; pero algunos veneran a Heracles y a Pan.

60.3. Los llamados Venerables de (entre) los Indios, pasan toda la vida desnudos. Ejercitándose en la verdad, hacen presagios sobre el futuro y dan culto a una pirámide, bajo la cual creen que reposan los huesos de un dios.

60.4. Pero ni los gimnosofistas, ni los llamados Venerables han tenido relaciones con mujeres; consideran que es antinatural y contra la ley, razón por la que se mantienen castos; también las (mujeres) Venerables se mantienen vírgenes. Parece que observan los (cuerpos) celestiales y mediante sus señales presagian las cosas futuras.



Capítulo VIII: Falsas interpretaciones de los textos del apóstol Pablo

Errónea lectura de un pasaje de la Carta a los Romanos

61.1. Pero quienes introducen la indiferencia, forzando algunos pocos (textos) de la Escritura, defienden la causa del placer con esos (pasajes), sobre todo aquello de: "Porque el pecado no será dueño de nosotros, puesto que no están bajo la ley, sino bajo la gracia" (Rm 6,14) -y algunos semejantes que no estoy dispuesto a recordar, porque equiparé la nave de un pirata-; pero anulemos brevemente el intento de ellos.

61.2. Porque el noble Apóstol con lo que añade a lo antes dicho resuelve la objeción: "¿Qué entonces? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! (Rm 6,15). Así, por inspiración divina y proféticamente al instante destruye el sofístico arte del placer.

Llamados a una vida nueva

62.1. Ellos no comprenden, como se ve, que "todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, según lo que hubiere hecho mediante el cuerpo, o bueno o malo" (2 Co 5,10), para que cada uno reciba lo que ha hecho mediante el cuerpo.

62.2. "De suerte que si alguien (está) en Cristo (es) una nueva criatura", no más pecadora, "las cosas viejas pasaron", estamos lavados de la vida antigua (o: hemos lavado la vida antigua);"han sido hechas nuevas todas las cosas" (2 Co 5,17); la castidad en vez de fornicación, temperancia por intemperancia, justicia en lugar de injusticia.

62.3. "Porque ¿qué asociación entre justicia e iniquidad? ¿Qué comunión entre luz y tinieblas? ¿Qué acuerdo entre Cristo y Belial? ¿Qué parte (tiene) un creyente con un incrédulo? ¿Qué concordia entre el templo de Dios y los ídolos?" (2 Co 6,14-16). "Puesto que tenemos tales promesas, purifiquémonos nosotros mismos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2 Co 7,1).

Capítulo IX: Contra quienes quieren imponer la obligatoriedad de la continencia

El Señor no miente

63.1. Pero los que se oponen a la creación de Dios por una eufemística continencia aducen lo dicho a Salomé, mencionado anteriormente (cf. III,45,1-3); se encuentra, me parece, en el "Evangelio según los Egipcios".

63.2. Se dice que el mismo Salvador dijo: "He venido a destruir las obras de la mujer" (Evangelio según los Egipcios, Fragmentos, 2), donde "de la mujer" (sería) la concupiscencia, "las obras": la generación y la corrupción. ¿Qué nos pueden decir? ¿Que esta economía ha sido disuelta? No lo podrán decir, porque el mundo permanece por esa misma economía.

63.3. Pero el Señor no mintió; porque en realidad Él destruye las obras de la concupiscencia: avaricia, ambición, vanagloria, locura por las mujeres, pederastía, glotonería, libertinaje y cosas semejantes; pero la generación de todo eso es la ruina del alma, si nos convertimos en "cadáveres por los delitos" (Ef 2,5). Y esa "mujer" (significaba) intemperancia.

63.4. Pero la generación y la corrupción que hay primigeniamente en la creación es necesario (que existan) hasta la completa distinción y realización definitiva (o: reintegración; reinstauración) de la elección, por ellas también las sustancias confusamente mezcladas en el mundo se ubicarán en su originario lugar.

El orden del mundo

64.1. De donde con razón indicando el Logos el fin del mundo, Salomé dice: "¿Hasta cuándo van a morir los hombres?" (Evangelio según los Egipcios, Fragmentos, 3). Y la Escritura habla "hombre" en dos sentidos: el (hombre) visible y (su) alma; y en otro sentido, el que se salva y el que no (se salva). Y el pecado es llamado muerte del alma. Por eso, el Señor señala con exactitud: "Mientras las mujeres den a luz" (Evangelio según los Egipcios, Fragmentos, 3), es decir, mientras obren las concupiscencias.

64.2. "Por esto, así como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos habían pecado, y la muerte reinó desde Adán hasta Moisés" (Rm 5,12. 14), dice el Apóstol. Por necesidad natural de la economía divina al nacimiento sigue la muerte, a la unión del alma y el cuerpo acompaña su disolución.

64.3. Pero si la generación existe por causa de la instrucción y del conocimiento, la disolución (está) para la reintegración. Y como la mujer es considerada causa de muerte porque da a luz, así también por la misma razón será llamada guía de la vida.

El verdadero amor a Dios

65.1. Ante todo la iniciadora (o: causa primera) de la trasgresión fue llamada "vida" (cf. Gn 3,20), por ser la causa de la sucesión de los que serían engendrados y que pecarían; ella es la madre tanto de los justos como de los injustos, y a cada uno de nosotros le corresponde justificarse a sí mismo o, por el contrario, constituirse desobediente.

65.2. De donde en cuanto a mí, no creo que el Apóstol aborreciera la vida en la carne cuando decía: "Pero con entera libertad, como siempre, también ahora Cristo será glorificado en mi cuerpo, ya sea mediante la vida, ya sea mediante la muerte. Porque para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero si vivir en la carne es para mí trabajo fructuoso, todavía no sé qué elegir. Por ambas panes me siento apremiado, deseando partir y estar con Cristo, porque es mucho mejor; pero permanecer en la carne es más necesario por causa de ustedes" (Flp 1,20-24)

65.3. Porque demostró a las claras con esas (palabras), pienso yo, que el amor a Dios es la culminación del éxodo del cuerpo, pero (acepta) con paciencia agradecida la presencia en la carne por los necesitados de salvación.

El matrimonio coopera en la creación

66.1. Pero, ¿por qué no añaden también lo que sigue a las palabras dichas a Salomé, ésos que (hacen) todo menos seguir la verdadera regla evangélica? (cf. Ga 6,16).

66.2. Porque ella dice: "Por tanto, hice bien en no dar a luz" (Evangelio según los Egipcios, Fragmentos, 4), como (estimando) inconveniente aceptar la procreación (o: generación), y el Señor le responde diciendo: "Puedes comer toda clase de hierba, pero la que es amarga no la comas" (Evangelio según los Egipcios, Fragmentos, 4).

66.3. Significando que dependen de nosotros, no de la necesidad, según la prohibición de un mandamiento, tanto la continencia como el matrimonio, y explicando claramente que el matrimonio coopera en la creación.

La libertad humana

67.1. Por tanto, no es pecado el matrimonio hecho según la razón (o: el Lógos), si no piensa que (es) amarga (o: desagradable) la crianza de los niños -por el contrario, para muchos lo más doloroso es la carencia de hijos-, pero por otra parte, la prole puede parecer a alguno amarga por apartar de las cosas divinas, por las indispensables ocupaciones; pero si uno no soporta fácilmente la vida solitaria, aspire (lit.: desee) al matrimonio, porque lo que agrada, (tomado) con moderación, es inocuo, y cada uno de nosotros es dueño (lit.: señor) en la elección de procrear hijos.

67.2. Pero yo veo que, de cualquier manera, el matrimonio es un pretexto; unos se abstienen del matrimonio, pero no según la santa gnosis, y se deslizan en la misantropía y pierden el amor; otros, sometidos y llevando una vida de placer, con la licencia de la ley, como dice el profeta, "se han hecho semejantes a las bestias" (Sal 48 [49],13 y 21).



Capítulo X: Contras los marcionitas

El matrimonio y la procreación no son despreciables

68.1. ¿Y quiénes son los dos o tres que están reunidos en el nombre de Cristo y en medio de los cuales se encuentra el Señor (cf. Mt 18,20)? ¿No alude con esos "tres" al marido, a la mujer y al hijo, puesto que la mujer se une al marido (por querer) de Dios (cf. Gn 2,22)?

68.2. Pero si uno desea estar disponible (lit.: ágil, presto), aceptando no engendrar hijos por las dificultades de engendrar hijos, "permanezca célibe como yo" (1 Co 7,8), dice el Apóstol.

68.3. Pero dicen (= los marcionitas) que el Señor quiere explicar que el demiurgo, el Dios autor de la generación, está con la mayoría, pero con el uno (= el hombre no casado, el solitario), el elegido, (está) el Salvador, evidentemente Hijo por naturaleza del otro Dios, (del Dios) bueno.

68.4. Pero no es así, sino que Dios por medio del Hijo está con los esposos honestos y que han engendrado hijos, pero también el mismo Dios (es) el que está con el que ha elegido la continencia perfecta según criterios racionales (o: según el Verbo).

68.5. Pero también podrían ser "los tres" el irascible, el concupiscible y el inteligible (o: racional); o también, la carne, el alma y el espíritu, según otra explicación (cf. 1 Ts 5,23).

La auténtica vida gnóstica

69.1. Pero quizás la mencionada triada también aluda (primero) a la vocación, segundo, a la elección y, tercero, al linaje reservado para el máximo honor (cf. Mt 22,14); con éstos se encuentra el poder de Dios que lo ve todo, indivisiblemente dividido.

69.2. Ahora bien, quien debidamente usa según la naturaleza las energías del alma desea lo que le conviene y odia lo que le perjudica, como prescriben los mandamientos: "Bendecirás, dice, al que bendice y maldecirás al que maldice" (Gn 12,3; 27,29).

69.3. Y una vez superados también el irascible y la concupiscencia, amará efectivamente la creación en nombre por el Dios creador del universo; vivirá gnósticamente, conservando puro el hábito de la continencia a semejanza del Salvador, y unificará gnosis, fe y caridad.

69.4. Siendo él uno en su juicio, será verdaderamente espiritual, totalmente y en todo no admitiendo los pensamientos de la ira y de la concupiscencia: hombre perfecto, consumado, "a imagen" (Gn 1,26) del Señor, por obra del Artífice mismo; digno ya de ser llamado hermano por el Señor (cf. Hb 2,11), amigo suyo e hijo. Por esto, "los dos o tres" (Mt 18,20) se congregan en el mismo: el hombre gnóstico.

El nuevo pueblo

70.1. De otra parte, la concordia de muchos puesta en el número tres, con los que está el Señor, (significaría) la única Iglesia, el único hombre y la única estirpe.

70.2. O también, al Señor cuando daba la ley y estaba con el único [pueblo] judío, y enviaba a Jeremías no sólo a profetizar en Babilonia (cf. Jr 50-51?), sino también para llamar a los paganos por medio de la profecía, reuniendo a los dos pueblos (cf. Ef 2,15). Pero de los dos crearía al tercero hacia un hombre nuevo, en medio del cual camina (cf. 2 Co 6,16) y que habita en la misma Iglesia.

70.3. La Ley juntamente con los profetas y el Evangelio en el nombre de Cristo se unen para una única gnosis.

70.4. Por tanto, quienes no se casan por odio o por la concupiscencia abusan de la carne con indiferencia no están ciertamente en el número de los salvados, con los que está el Señor (cf. Mt 18,20).

Capítulo XI: Enseñanzas de la Ley y el Evangelio

No desearás

71.1. Después de estas pruebas, presentemos aquellos textos de la Escritura que se oponen a esos sofistas herejes, indicando la regla de la continencia que se alcanza de forma racional (o: que debe graduarse según el Verbo).

71.2. Pero el que entienda a cada una de las herejías en particular opondrá la Escritura, usándola a su tiempo para refutar a los que dogmatizan contra los mandamientos.

71.3. Desde antiguo la Ley (prescribe), como hemos dicho (cf. III,9,1), "no desearás la mujer de tu prójimo" (Ex 20,17), proclamando antes que la palabra (o: la voz) del Señor, cercana, según la Nueva Alianza, a lo que dice en propia persona: "Oyeron que la ley dice: "No cometerás adulterio". Pero yo les digo: "No desearás"" (Mt 5,27-28).

71.4. Porque la Ley ha querido que los hombres tuvieran con sus esposas relaciones moderadas en los deseos (o: sobrias) sólo para la procreación, lo que se demuestra por (el hecho de que) prohíbe al soltero unirse inmediatamente con la prisionera; pero, una vez que la desea, le permitirá treinta días de duelo, con el cabello rapado; si aún así la concupiscencia no se debilita, entonces engendrará hijos con ella (cf. Dt 21,10-13); dado que según el tiempo previsto (o: fijado) el deseo que domina (lit.: señorea) ha devenido (lit.: hacia) un deseo racional.

La abstención de las relaciones conyugales

72.1. Así, no podrás demostrar que alguno de los Ancianos (= los justos del AT) se haya acercado a una mujer encinta, según la Escritura; sino que encontrarás que sólo después de la gestación y del amamantamiento del recién nacido las mujeres vuelven a ser conocidas (= tener relaciones conyugales) por los hombres.

72.2. Encontrarás también esta limitación observada por el padre de Moisés, que, interponiendo un trienio, después de la gestación de Aarón engendró a Moisés (cf. Ex 7,7).

72.3. Y la tribu de Leví, que observaba esa norma natural dada por Dios, entró en la tierra prometida con un número inferior que las otras (cf. Nm 3,39).

72.4. Porque una estirpe no crece fácilmente en gran cantidad, si procrean los hombres que se comprometen con un matrimonio legítimo, esperando no sólo durante el embarazo, sino también durante la lactancia.

De quienes deben apartarse los cristianos

73.1. De donde con razón Moisés, para hacer progresar un poco a los judíos en la continencia, ordenó que se abstuvieran "durante tres días" (Ex 19,15) consecutivos de los placeres del amor, para escuchar las palabras divinas.

73.2. "Puesto que nosotros somos templos de Dios, como dijo el profeta: "Habitaré y caminaré entre ellos y seré su Dios y ellos serán mi pueblo"" (2 Co 6,16), si vivimos según los mandamientos, tanto cada uno de nosotros individualmente, como la Iglesia toda.

73.3. "Por eso salgan de en medio de ellos y apártense, dice el Señor; y no toquen cosa impura; y yo los acogeré y seré su padre, y ustedes serán mis hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso" (2 Co 6,17-18).

73.4. Él ordena proféticamente que nos separemos no de las personas casadas, como (ellos) dicen, sino de los paganos que todavía viven en la prostitución, y de las mencionadas herejías, como impuras e impías que son.

Lo que enseña el apóstol Pablo

74.1. Por lo que también Pablo, dirigiendo su discurso a tales gentes, dice: "Teniendo estas promesas, amados, purifiquemos los corazones de toda mancha de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2 Co 7,1). "Porque estoy celoso por ustedes, con el celo de Dios, puesto que los he desposado con un solo hombre, para presentarlos como una virgen pura a Cristo" (2 Co 11,2).

74.2. La Iglesia no se casa con otro, ya tiene esposo, pero cada uno de nosotros tienen la libertad de casarse con la que quiera, conforme a la Ley, me refiero al primer matrimonio.

74.3. "Pero temo que de algún modo, como la serpiente engañó a Eva con su astucia, también los pensamientos de ustedes sean seducidos de la sencillez que conduce a Cristo" (2 Co 11,3); el Apóstol lo dice con mucha circunspección y didácticamente.



Directivas de los apóstoles Pedro y Pablo

75.1. Y también el admirable Pedro dice: "Amados, les ruego que como extranjeros y peregrinos se abstengan de los deseos carnales, los cuales combaten contra el alma; tengan entre los paganos una conducta buena" (1 P 2,11-12).

75.2. "Porque así es la voluntad de Dios, que, haciendo el bien, hagamos enmudecer la obra de los hombres insensatos, como libres y no como quienes tienen la libertad como cobertura de la maldad, sino como siervos de Dios" (1 P 2,15-16).

75.3. De manera semejante escribe Pablo en la "Carta a los Romanos": "Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" (Rm 6,2). "Nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que igualmente fuera destruido el cuerpo de pecado" (Rm 6,6), hasta: "No den sus miembros como armas de iniquidad para el pecado" (Rm 6,13).

El mismo Dios es el que habla en el Antiguo y en el Nuevo Testamento

76.1. Y llegados aquí no (se puede) omitir sin señalarlo, me parece a mí, que el Apóstol proclama un mismo Dios (operante) mediante la Ley, los profetas y el evangelio. Porque el "no desearás" (Mt 5,28) escrito en el evangelio, lo atribuye a la Ley en la "Carta a los Romanos", puesto que sabe que el que habló por la Ley y los profetas, y el Padre del que anunciaba la buena noticia son el mismo.

76.2. Por eso dice: "¿Qué diremos? ¿Que la Ley es pecado? De ningún modo. Pero no conocí el pecado sino por la Ley, porque yo no conocería la concupiscencia si la Ley no dijera: "No desearás"" (Rm 7,7).

76.3. Y si los adversarios heterodoxos (= "antitactas") sostienen que Pablo dijo por desprecio al Creador lo siguiente: "Porque sé que no habita en mí, es decir, en mi carne, lo bueno" (Rm 7,18); examinen no obstante lo dicho antes y lo subsiguiente.

76.4. Porque había dicho: "El pecado que habita en mí" (Rm 7,17), por lo cual era lógico que dijera: "En mi carne no habita lo bueno" (Rm 7,18).

El cuerpo: templo y sepulcro

77.1. Pero por consiguiente añade: "Si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que habita en mí" (Rm 7,20), que "luchando contra la ley de Dios, dice, y de mi mente, me encadena a la ley del pecado, que está en mis miembros. ¡Miserable hombre (soy)! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Rm 7,23-24).

77.2. Y de nuevo -porque no se cansa de hacer el bien de cualquier forma que sea- no duda en añadir: "La ley del espíritu me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte" (Rm 8,2), porque, mediante el Hijo, "Dios condenó al pecado en la carne, para que las prescripciones de la ley se cumpliesen en nosotros, los que no andamos según la carne, sino según el espíritu" (Rm 8,3-4).

77.3. Y para aclarar todavía más lo que había dicho antes, exclama: "El cuerpo está muerto a causa del pecado" (Rm 8,10), haciendo ver que el cuerpo no es templo, sino sepulcro del alma (cf. 1 Co 3,16; 6,19; Platón, Cratilo, 400 B-C). Porque cuando es santificado por Dios "el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, y también El vivificará sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu que inhabita en ustedes" (Rm 8,11).

El verdadero y único Padre

78.1. De nuevo [Pablo], reprendiendo a los libertinos (o: voluptuosos) añades aquellas (palabras): "Porque la manera de pensar de la carne es muerte" (Rm 8,6);"quienes viven según la carne ponen su mente en las cosas de la carne" (Rm 8,5), "y la mentalidad de la carne es enemistad contra Dios, porque no se somete a la ley de Dios. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios" (Rm 8,7. 8), no como algunos enseñan, sino como antes dijimos.

78.2. Por eso, para distinguirla de aquellos dice a la Iglesia: "Pero ustedes no están en la carne, sino en el espíritu, si es que de verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguno no tiene el espíritu de Cristo, entonces no es de él. Pero si Cristo está en ustedes, ciertamente el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el espíritu es vida a causa de la justicia" (Rm 8,9-10).

78.3. Así, entonces, hermanos no somos deudores de la carne, para vivir según la carne. Porque si viven según la carne, morirán; pero si por el espíritu hacen morir las obras del cuerpo, vivirán. Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios" (Rm 8,12-14).

78.4. Y contra la nobleza de origen y la libertad despreciables introducidas por los heterodoxos que se jactan de su libertinaje prosigue diciendo: "Porque no recibieron el espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino que recibieron el espíritu de adopción, por el que clamamos: "¡Abba Padre!"" (Rm 8,15).

78.5. Es decir, que lo recibimos para conocer al que adoramos (u: oramos o invocamos), al verdadero Padre, al único Padre del universo (o: de los seres), que nos educa para la salvación, y que como padre amenaza con el temor.

Capítulo XII: Sobre el matrimonio contra Taciano

Obligaciones del matrimonio y del celibato

79.1. La unión conyugal (o: sexual), "cuando de común acuerdo se dedica por algún tiempo se consagra a la oración" (1 Co 7,5), es lección de continencia. Por eso se añade: "De común acuerdo", para que nadie disuelva el matrimonio; y "por algún tiempo", no sea que el casado, al practicar la continencia por necesidad, se deslice en el pecado, absteniéndose de la propia unión sexual (o: conyugal), pero seducido por el deseo de lo ajeno.

79.2. Por la misma razón decía también que si alguien juzga indecente la educación de una doncella (o: mantener en casa a una hija virgen), haría muy bien en dar su hija en matrimonio (cf. 1 Co 7,36).

79.3. La resolución de cada uno, sea que se haya hecho eunuco o se una en matrimonio para procrear, debe mantenerse firme para evitar caer en lo peor.

79.4. Porque si uno es capaz de elevar (el nivel moral) de su vida, conseguirá para sí un mayor mérito delante de Dios, por haber ejercitado la continencia (o: haberse abstenido) pura y racionalmente; pero si sobrepasa la norma buscada para mayor gloria, decaería (respecto) a la esperanza.

79.5. Porque como el que se hace eunuco, también el matrimonio comporta sus propios deberes y obligaciones (lit.: liturgias y diaconías) respecto al Señor; me refiero al cuidado de la esposa y de los hijos. Puesto que el vínculo matrimonial, según me parece, deviene ocasión de honor para quien viva el matrimonio perfectamente, cargando con todas las obligaciones de la casa común.

79.6. Así, por ejemplo, dice [el Apóstol] que se debe constituir obispos, para presidir a toda la Iglesia, a los que han cuidado (bien) su propia casa (cf. 1 Tm 3,4-5).

79.7. Por tanto, "cada uno en la condición en la que fue llamado" (1 Co 7,24) cumpla su servicio, "para ser libre en Cristo" (1 Co 7,22) y pueda recibir el salario conforme a su servicio.

La institución del matrimonio no es obra del diablo

80.1. En otra ocasión discurriendo sobre la Ley, haciendo uso de la alegoría dice: "La mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive" (Rm 7,2), y lo que sigue. Y también: "La mujer está ligada a su marido mientras él viva; pero si se muere éste, queda libre para casarse, pero sólo en el Señor. No obstante, será más feliz si permanece así, según mi parecer" (1 Co 7,39-40).

80.2. En la primera perícopa citada dice: "Ustedes han muerto a la Ley", no al matrimonio, para que llegasen a ser de otro que resucitó de los muertos" (Rm 7,4); a una esposa e Iglesia, que debe ser pura tanto de pensamientos internos contra la verdad, como de las tentaciones externas; es decir, de los que siguen (o: buscan) a las herejías, y la persuaden (para traicionar) con la fornicación al Único Esposo, al Dios todopoderoso, "para que como la serpiente engañó a Eva" (2 Co 11,3), que quiere decir "vida" (Gn 3,20), también nosotros, (engañados) por la ávida astucia de las herejías, transgredamos los mandamientos.

80.3. El segundo pasaje instituye la monogamia. Porque no hay que suponer, como algunos explicaron, que el vínculo de la mujer con el hombre signifique la unión de la carne con la corrupción; por el contrario, se opone a la interpretación de los hombres impíos, que atribuyen directamente al diablo la institución del matrimonio, porque se corre el peligro de denigrar al legislador.

Lo que dice Taciano

81.1. Me parece a mí que fue Taciano el sirio quien se atrevió a formular semejante doctrina (lit.: a dogmatizar tales cosas). Ciertamente en (el libro) "Sobre la perfección según el Salvador" escribió textualmente: "El consentimiento (lit.: la sinfonía) permite la oración, pero la comunidad con la corrupción anula la eficacia mediadora (o: ¿la oración? Cf. 1 Tm 4,5). En todo caso [Pablo] pone límites mucho más severos en la concesión que hace.

81.2. Porque al admitir que podían volver a unirse, sobre todo por causa de Satanás y de la intemperancia, declaró que quien se deje persuadir servirá a dos señores (cf. Mt 6,24): mediante el consentimiento (lit.: sinfonía), a Dios; mediante el disentimiento, a la intemperancia, a la fornicación y al diablo" (Taciano, Fragmentos, 5).

81.3. Esto dice explicando al Apóstol; pero falsifica la verdad construyendo la mentira (o. lo falso) con la verdad.

81.4. Intemperancia y fornicación son pasiones diabólicas, también nosotros lo admitimos; pero en el matrimonio temperante el consentimiento es mediador, porque unas veces conduce en la continencia a la oración, otras veces une a los esposos para la procreación con dignidad.

81.5. Tanto es así que el momento de la procreación es llamado gnosis por la Escritura, allí donde dice: "Adán conoció a su esposa Eva; y ella concibió, dio a luz un hijo y le puso por nombre Set;"porque Dios me ha dado otro descendiente en lugar de Abel"" (Gn 4,25).

81.6. ¿Ves contra quienes blasfeman los que detestan la procreación honesta y atribuyen la generación al diablo? Porque no se ha dirigido simplemente a una divinidad el que ha puesto delante el artículo para designar al Todopoderoso.



El bautismo

82.1. El agregado del Apóstol: "Y vuelvan a unirse por causa de Satanás" (cf. 1 Co 7,5), tomando la delantera, tiende a impedir el peligro de descarriarse en el deseo de otras personas. Porque el acuerdo temporal no elimina completamente los deseos de la naturaleza, reprimiéndolos severamente; por eso reanuda la convivencia (o: unión) del matrimonio; no por intemperancia, fornicación o por obra del diablo, sino propiamente para no caer bajo la intemperancia, la fornicación y el diablo.

82.2. Taciano también distingue entre el hombre viejo y el hombre nuevo (cf. Rm 7,2), pero no lo entiende como nosotros. Estamos de acuerdo con él cuando decimos que el hombre viejo (representa a) la Ley, y el nuevo al Evangelio, pero no según él quiere, aboliendo la Ley como (si fuera) de otro Dios.

82.3. El mismo Hombre y Señor que vuelve nuevo lo antiguo (cf. Is 43,19; 2 Co 5,17) no permite la poligamia -que las circunstancias exigían cuando era necesario que la humanidad creciese y se multiplicara (cf. Gn 1,28)-, sino que instituye (o: introduce) la monogamia para la procreación y el cuidado de la casa; para esto la mujer fue dada [al varón] como "ayuda" (Gn 2,18).

82.4. Y si por indulgencia el Apóstol "concede" (1 Co 7,6) a alguien las segundas nupcias (cf. 1 Co 7,39), a causa de la intemperancia y el ardor, éste no peca según el (Antiguo) Testamento -porque eso no está prohibido por la Ley-, pero no cumple tampoco con aquella más completa perfección el comportamiento conforme al Evangelio.

82.5. Pero se gana gloria celestial si permanece célibe (lit.: solo consigo), y si conserva incontaminada cualquier unión que ha sido disuelta por la muerte, y si obedece de buen grado al divino designio que lo ha querido dedicado al servicio del Señor "sin distracción" (1 Co 7,35).

82.6. Además, la divina Providencia por medio del Señor tampoco ordena que después del coito matrimonial tenga uno que hacer ahora las abluciones igual que antes (cf. Lv 15,18). Porque no se trata de obligaciones con las que el Señor aparta de la procreación a los creyentes, puesto que los ha lavado totalmente, mediante el único bautismo (cf. Mt 3,15), para (todas) las uniones; y reúne los muchos (baños) de Moisés en un solo bautismo.

La Ley es espiritual

83.1. Desde antiguo la ley profetizaba nuestra regeneración mediante la generación carnal, prescribiendo la ablución tras la emisión del esperma para la generación, no porque aborreciera la generación humana. Porque lo que manifiesta un hombre, (una vez) engendrado, es la potencialidad que reside en el esperma.

83.2. No las muchas relaciones matrimoniales fecundan, sino que la recepción por parte de la matriz manifiesta la concepción; en el taller natural el semen modela el embrión.

83.3. ¿Pero cómo el antiguo matrimonio (es) único e inventado por la ley, distinto del matrimonio conforme al Señor, conservando nosotros el mismo Dios?

83.4. "Porque lo que Dios ha, unido que no lo separe el hombre jamás" (Mt 19,6) está bien dicho; y mucho más lo que el Padre ha mandado lo observará también el Hijo. Si el Legislador y Evangelista son el mismo, entonces no lucha contra sí mismo.

83.5. Porque la Ley vive porque es espiritual (cf. Rm 7,14), entendiéndose gnósticamente. Pero nosotros "estamos muertos a la Ley por el cuerpo de Cristo, para llegar a ser de otro, del que resucitó de los muertos, el que fue profetizado por la Ley, "para que fructifiquemos para Dios" (Rm 7,4).

"Lo que nace del Espíritu es espíritu"

84.1. Por tanto, "la Ley es santa, y el precepto es santo, justo y bueno" (Rm 7,12). Ahora bien, que estemos muertos respecto a la Ley equivale a decir al pecado, puesto de manifiesto por la Ley, que lo revela, no lo crea (o: engendra; cf. Rm 7,7); y mediante la prescripción de lo que se debe hacer y la prohibición de lo que no se debe hacer, la Ley desenmascara el pecado subyacente, "para que se revele pecado" (Rm 7,13).

84.2. Si el matrimonio conforme a la Ley es pecado, no sé cómo alguien dirá que conoce a Dios, diciendo que el mandamiento de Dios es pecado. Pero si la Ley es santa (cf. Rm 7,12), también el matrimonio es santo. Por ello el Apóstol refiere este misterio a Cristo y a la Iglesia (cf. Ef 5,32).

84.3. De la misma manera que lo que nace de la carne es carne, y lo que (nace) del Espíritu es espíritu (cf. Jn 6,3), no sólo en el parto, sino también en la adquisición del saber. Así también "los hijos son santos" (1 Co 7,14) y también las satisfacciones, puesto que las palabras del Señor han desposado el alma con Dios.

84.4. Además, prostitución y matrimonio son distintos, al igual que el diablo dista mucho de Dios. "Y ustedes están muertos a la Ley por el cuerpo de Cristo, para que lleguen a ser de otro, que ha resucitado de los muertos" (Rm 7,4), porque se debe comprender a la vez que nos hemos hecho obedientes inmediatamente, aunque conforme a la verdad de la Ley obedecemos al mismo Señor, que nos exhorta desde antiguo.

Capítulo XII: Sobre el matrimonio contra Taciano (continuación)

Contra los encratitas

85.1. Tal vez, a propósito de esos (herejes) precisamente, "el Espíritu dice abiertamente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, atendiendo a espíritus engañadores y a enseñanzas de demonios, en la hipocresía de los mentirosos, que han sido cauterizados en la conciencia, que prohíben casarse, absteniéndose de alimentos que Dios creó para que los fieles, que han conocido plenamente la verdad, los reciban con acción de gracias. Porque toda criatura de Dios es buena y nada hay reprobable tomado con acción de gracias, puesto que es santificado con la palabra de Dios y la oración" (1 Tm 4,1-5).

85.2. Así, no es necesario prohibir el matrimonio, ni el comer carne o beber vino, porque está escrito: "Lo bueno es no comer carne ni beber vino" (Rm 14,21), si comiendo se escandaliza. Y "es mejor permanecer como yo" (1 Co 7,8); pero tanto el que se casa (lit.: usa) "con acción de gracias" (Rm 14,6), como el que no se casa (lit.: usa), también "con acción de gracias" (Rm 14,6), viva con temperancia gozosa según la razón.

"Comunión en la participación"

86.1. En consecuencia, todas las cartas del Apóstol enseñan realmente la templanza y la continencia respecto al matrimonio, a la procreación de los hijos y a la administración de la casa; contienen numerosas prescripciones y en ninguna parte rechazan el matrimonio casto; al contrario, salvando la coherencia (o: la sucesión) de la Ley con el Evangelio aceptan tanto al que con acción de gracias a Dios usa castamente del matrimonio, como al que vive en estado célibe (lit.: de eunuco), como el Señor quiere (cf. Mt 19,12), mediante una elección que no da pasos en falso y perfecta, según "cada uno ha sido llamado" (1 Co 7,20).

86.2. "La tierra de Jacob era alabada más que toda la tierra" (So 3,20), dice el profeta, glorificando al receptáculo de su espíritu.

86.3. Pero hay quien va contra la generación diciendo que (es) corruptible y caduca, y violentando (los textos) dice que el Salvador se refiere a la procreación (cuando afirma): "No atesoren sobre la tierra, donde la polilla y la herrumbre los hacen desaparecer" (Mt 6,19), y no se avergüenzan de añadir a éstas las palabras del profeta: "Todos ustedes se gastarán como un vestido y la polilla los carcomerá" (Is 50,9).

86.4. Pero tampoco nosotros contradecimos a la Escritura (acerca) de que nuestros cuerpos son corruptibles y caducos por naturaleza; y tal vez les profetizaba la ruina a aquellos con quienes hablaba, en cuanto pecadores (cf. Mt 23,33). Sin embargo, el Salvador no habla sobre la procreación de los hijos, sino que exhorta a la comunión en la participación a quienes sólo pretenden adquirir abundancia de riquezas, pero no quieren socorrer a los necesitados.

Tenemos un solo Padre

87.1. Por eso dice: "Trabajen no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece hasta la vida eterna" (Jn 6,27). Pero igualmente [los herejes] aducen también otro texto: "Los hijos del siglo ni se casan ni se dan en matrimonio" (Lc 20,35).

87.2. Pero si uno reflexiona en la pregunta sobre la resurrección de los muertos y en los que preguntan (o: buscan saber; cf. Lc 20,33), encontrará que el Señor no rechaza el matrimonio, sino que alerta frente a la esperanza del deseo carnal para después de la resurrección.

87.3. Pero lo de "los hijos del siglo" no lo dijo para distinguirlos de los hijos de cualquier otro siglo, sino como si dijera: cuantos vienen al mundo en este siglo; son hijos por generación, que engendran y son engendrados, porque nadie entrará jamás en esta vida si no es por generación; sin embargo, esta generación, implicada en la misma corrupción, no permanece para quien se ha separado ya de esta vida.

87.4. "Uno solo es nuestro Padre, el que está en los cielos" (Mt 23,9), pero también Padre de todos, por su creación. "No llamen padre de ustedes a nadie sobre la tierra" (Mt 23,9), dice, para que no (piensen) que el que los ha sembrado con la semilla carnal es causa del ser de ustedes, sino que es concausa de la generación o, mejor todavía, ministro (diácono) de la generación.



La santidad es posible tanto en el matrimonio como en la virginidad

88.1. Así, quiere que nosotros volvamos a ser como niños (cf. Mt 18,3), que han reconocido al que es verdaderamente Padre, regenerados por medio del agua, que es otra simiente que la de la creación.

88.2. En verdad, dice: "El célibe cuida de las cosas del Señor; en cambio, el casado, de cómo agradar a la mujer" (1 Co 7,32. 33). ¿Pero qué? ¿No está permitido (vivir) según Dios agradando a la esposa, dando gracias a Dios? ¿No está permitido al casado preocuparse de las cosas del Señor junto con su esposa?

88.3. Pero igual que "la mujer soltera se preocupa de las cosas del Señor, para ser santa en el cuerpo y el espíritu" (1 Co 7,34), así también la casada se preocupa, en el Señor, de las cosas del marido y del Señor, "para, ser santa en el cuerpo y en el espíritu"; porque ambas son santas en el Señor, una como esposa, la otra como virgen.

88.4. Pero el Apóstol, habla con coherencia (lit.: armoniosamente) en voz alta para vergüenza y rechazo de quienes se inclinan por las segundas nupcias, e inmediatamente dice: "Todo pecado está fuera del cuerpo, pero el que fornica peca contra el propio cuerpo" (1 Co 6,18).

El matrimonio tiene como finalidad la procreación

89.1. Pero si alguien se atreve a decir que el matrimonio es fornicación, de nuevo blasfema atacando contra la Ley y el Señor. Porque lo mismo que la avaricia es llamada fornicación por oponerse al saber contentarse (lit.: bastarse a sí mismo), e idolatría en cuanto que se reparte al Uno en muchos dioses, así también la fornicación es el deslizarse del único matrimonio en muchos. Porque como hemos dicho, fornicación y adulterio (o: toman) asumen en el Apóstol tres significados (cf. Ef 5,5).

89.2. Sobre esto dice el profeta: "Fueron vendidos por sus pecados" (Is 50,1); y de nuevo: "Te has contaminado en tierra ajena" (Ba 3,10), considerando impura la comunión perpetrada con otro cuerpo y no con el concedido en el matrimonio para procrear hijos.

89.3. Por eso también el Apóstol dice: "Quiero, por tanto, que las jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen sus casas y no den al enemigo ningún pretexto de maledicencia; porque algunas ya se descarriaron en pos de Satanás" (1 Tm 5,14-15).

La llamada de Dios y el matrimonio no se oponen

90.1. Por otra parte, aprueba plenamente al hombre, sea presbítero, diácono o laico, casado con una sola mujer (cf. 1 Tm 3,2. 12; Tt 1,6), que usa del matrimonio de modo irreprensible: "Puesto que se salvará por tener hijos" (1 Tm 2,15).

90.2. En otro lugar el Salvador, llamando a los judíos "generación malvada y adúltera" (Mt 12,39), enseña que no han conocido la Ley como la Ley quiere, sino que siguiendo la tradición de los ancianos y preceptos humanos (cf. Mt 15,2-9; Mc 7,5. 7; Is 29,13), adulteran la Ley, porque no les han recibido como "esposo y dueño de su virginidad" (Jr 3,4).

90.3. Pero también (Él) sabe, quizás, que eran esclavizados por extrañas concupiscencias, por las que se hacían continuamente esclavos de los pecados vendiéndose a los extranjeros (cf. Is 50,1; Ba 4,6); puesto que entre los judíos no existían de manera oficial mujeres públicas, sino que también estaba prohibido el adulterio.

90.4. Pero el que dijo: "He tomado mujer y no puedo ir" (Lc 14,20) al banquete divino, era un ejemplo para amonestar a los que se alejan de los mandatos divinos por causa de los placeres; puesto que por esa misma razón, ni los justos anteriores a la venida del Señor, ni los que se han casado después de la venida, aunque sean apóstoles, se salvarían.

90.5. Como también dice el profeta: "Me encuentro envejecida en medio de todos mis adversarios" (Sal 6,8), entendiendo por adversarios a los pecados. Pero el pecado es uno: no el matrimonio, sino la fornicación; en caso contrario, digan también que es pecado la generación y el Creador de la generación (o: vida).


Capítulo XIII: Contra Julio Casiano encratita

Afirmaciones de Julio Casiano

91.1. El iniciador (exarca) del docetismo, Julio Casiano, también aduce argumentos semejantes. Así, en el tratado "Sobre la continencia" o "El estado del célibe" (lit.: de eunuco) dice textualmente: "Y nadie afirme que, puesto que tenemos esos órganos, porque la mujer está conformada de un modo y el varón de otro, ella para recibir y el para sembrar la semilla, la unión (matrimonial) ha sido aprobada por Dios.

91.2. Porque si semejante disposición viniese de Dios, hacia el cual tendemos, (Él) no habría llamado dichosos a los eunucos (cf. Mt 19,12), ni el profeta hubiera afirmado que ellos no son un árbol estéril (o: que no dan frutos; Is 56,3), pasando del árbol al hombre que por previa elección de un ideal (lit.: una idea) se hace eunuco" (Julio Casiano, Fragmentos, 1).

Julio Casiano y los valentinianos

92.1. Y luchando por la impía (lit.: atea) opinión añade: "¿Pero cómo no imputárselo ciertamente al Salvador, si nos transformó, nos liberó del error y de la relación (lit.: comunión) de los órganos, de las partes viriles y de las panes pudendas" (Julio Casiano, Fragmentos, 2). En esto dogmatiza de acuerdo con Taciano. Pero éste (¿Casiano o Taciano?) había frecuentado la escuela de Valentín.

92.2. Por eso dice Casiano: "Preguntando Salomé cuándo se conocerían estas cosas de las que hablaba, dijo el Señor: "Cuando pisen la vestidura del pudor y cuando los dos vengan a ser una misma cosa, y el varón, junto con la mujer, no sea ya ni varón ni mujer" (Evangelio de los Egipcios, Fragmentos, 5).

Dónde se encuentra la verdadera doctrina cristiana

93.1. Ante todo, no encontramos esa declaración en los cuatro Evangelios transmitidos a nosotros, sino en el "(Evangelio) de los Egipcios". Luego, me parece que Casiano ignora que se habla del impulso masculino aludiendo a la ira y del femenino (para referirse) a la concupiscencia; arrepentimiento y pudor van tras esas actuaciones (lit.: energías).

93.2. Ahora bien, no perdonamos ni al irascible ni al concupiscible, que crecen por costumbre y por mala educación y entenebrecen y obscurecen la razón (o: la mente, el pensamiento); sino despojémonos de la oscuridad que producen, humillándonos con el arrepentimiento (cf. Gn 3,21), unamos espíritu y alma en la obediencia a la razón; entonces, como también dice Pablo, "no habrá más en nosotros ni varón ni hembra" (Ga 3,28).

93.3. Pero separada de ese esquema por el que se distinguen varón y hembra, el alma va (o: se transforma) hacia la unidad, que no es ni lo uno ni lo otro. Pero aquel ilustre (= Julio Casiano) sostiene de manera muy platónica que el alma, siendo divina y afeminada por la concupiscencia, desciende de lo alto hasta aquí para la generación y la muerte (o: corrupción).

Capítulo XIV: Contra los encratitas

El Señor vino a salvarnos

94.1. Inmediatamente violenta a Pablo a decir que la generación proviene de un engaño, donde [Pablo] dice: "Pero temo que como la serpiente engañó a Eva, sus pensamientos se corrompan lejos de la sencillez que lleva Cristo" (2 Co 11,3).

94.2. Pero también el Señor vino, como todos confiesan, a [salvar] a los que estaban perdidos (cf. Mt 18,11; Lc 19,10); pero no porque haya bajado de lo alto [para salvar] la perdida generación de aquí (abajo) -porque la generación ha sido creada y es creación del Todopoderoso, que no haría caer al alma de (un estado) mejor a otro peor-.

94.3. Pero el Salvador vino por nosotros, extraviados por los pensamientos, corrompidos por la desobediencia a los mandamientos y por la voluptuosidad. Quizás porque nuestro protoplasmador (protoplastos = Adán) anticipó el tiempo, deseando antes del momento (lit.: hora) el placer del matrimonio, y pecando; porque "todo el que mira a una mujer para desearla, ya comete adulterio con ella" (Mt 5,28), no aguardando el tiempo establecido (lit.: de la voluntad).

Hemos sido creados por voluntad de Dios

95.1. Era el mismo Señor el que también entonces juzgaba la concupiscencia que anticipa el matrimonio. Así, cuando el Apóstol dice: "Revístanse del hombre nuevo, que ha sido creado según Dios" (Ef 4,24), lo dice para nosotros, plasmados como hemos sido, modelados por voluntad del Todopoderoso; y habla de viejo y de nuevo no en relación a la generación y la regeneración, sino a la vida en obediencia o desobediencia.

95.2. "Con túnicas de pieles" (Gn 3,21), llama Casiano a los cuerpos; más tarde demostraremos que está equivocado él y cuantos piensan (lit.: dogmatizan) como él, cuando demostremos la generación del hombre como una lógica prosecución de lo que se ha dicho con anterioridad. También dice: "Aquellos que están sujetos a los reyes de la tierra engendran y son engendrados" (Mt 20,25), pero nuestra patria está en el cielo, de donde esperamos el Salvador" (Flp 3,20).

95.3. Y nosotros sabemos que esto está bien dicho, por eso debemos comportarnos como "huéspedes y peregrinos" (Hb 11,13), los casados como los no casados, los que poseen como los que nada tienen, los que engendran hijos como padres de seres mortales, como los que deben abandonar las riquezas (cf. 1 Co 7,29-31), como quienes están dispuestos a vivir sin esposa, si fuera necesario; sin usar apasionadamente de las cosas creadas (o: de la creación), sino "con toda gratitud (lit.: acción de gracias)" (1 Tm 4,4), y teniendo altos ideales.



Capítulo XV: Contra los encratitas

La acción del enemigo contra quienes viven rectamente su matrimonio

96.1. De nuevo, cuando [el Apóstol] dice: "Bueno es para el hombre no tocar mujer; pero por evitar la fornicación, tenga cada uno su mujer" (1 Co 7,1-2), añade en seguida, como si diera una explicación: "Para que no los tiente Satanás" (1 Co 7,5).

96.2. Porque no dice: "A causa de la incontinencia" (1 Co 7,5) por los que honestamente usan del matrimonio sólo para de procrear, sino por cuantos desean traspasar el límite de la procreación, para que el enemigo no les excite mucho encrespando el deseo de placeres extraños (o: ajenos).

96.3. Quizás, porque se opone y ataca por envidia a quienes viven honestamente (o: justamente), quiere con ello ponerlos bajo su mando, intentando procurarles ocasiones (de pecado) mediante una continencia fatigosa.

Errores de la interpretación bíblica de los herejes

97.1. Por eso con razón [el Apóstol] dice: "Mejor es casarse que arder" (1 Co 7,9), de forma que el marido dé el débito a la mujer y la mujer al marido, y no se priven mutuamente (cf. 1 Co 7,3. 5) de la ayuda dada por la economía divina para la generación.

97.2. Dice [el Señor]: "Pero el que no aborrece al padre y a la madre, a la esposa e hijos, no puede ser mi discípulo" (Lc 14,26).

97.3. No invita a odiar a la familia, porque dijo: "Honra a tu padre y a tu madre para que vivas bien (o: te vaya bien)" (Ex 20,12), sino que (quiere) decir: no te dejes llevar por impulsos irracionales ni te conformes con las costumbres de la ciudad. Una casa está constituida por una familia, y una ciudad por casas, como dijo también Pablo a los que se ocupan del matrimonio "tratando de agradar al mundo" (1 Co 7,33).

97.4. En otra ocasión dice el Señor: "El que ha tomado mujer que no la repudie, y el célibe no se case" (cf. 1 Co 7,10; Mt 19,3-12); es decir, el que por resolución de castidad (lit.: eunuco) ha decidido no casarse, que permanezca soltero (o: célibe).

La paternidad espiritual

98.1. Tanto a los unos como a los otros el mismo Señor les ofrece respectivamente promesas diciendoles a través del profeta Isaías: "Que no diga el eunuco: "Soy un árbol seco". Así dice el Señor a los eunucos: "Si guardan mis sábados y hacen todo lo que yo mando, les daré un lugar mejor que el de hijos e hijas"" (Is 56,3-5).

98.2. Porque el celibato del eunuco no justifica por sí sólo, ni tampoco el sábado del eunuco, si no se cumplen los mandamientos.

98.3. Y añadiendo, para los casados, les dice: "Mis elegidos no se fatigarán en vano, ni tendrán hijos destinados a la maldición, porque son semilla bendecida por el Señor" (Is 65,23).

98.4. Porque quien ha procreado, criado y educado en el Señor, conforme al Verbo, lo mismo que quien ha engendrado según la verdadera catequesis, les está reservado un premio, el mismo que a la semilla elegida.

98.5. Pero otros interpretan la procreación (como) una maldición, y no comprenden que la Escritura habla contra ellos mismos. Porque los elegidos verdaderamente por el Señor no enseñan opiniones (lit.: no dogmatizan), ni engendran la maldición, como las herejías.

El verdadero sentido del estado de eunuco

99.1. Eunuco no se refiere, en efecto, al que ha sido mutilado de las partes pudendas ni tampoco al célibe, sino al que no engendra verdad. Ese era antes "árbol seco", pero si obedece al Verbo y "observa los sábados" (Is 56,2), con la abstención de pecados y cumpliendo los mandamientos, será más estimado que los que son educados sin una recta conducta y sólo por las palabras.

99.2. Dice el Maestro: "Hijitos, aún estaré con ustedes un poco" (Jn 13,33). Por eso mismo dice también Pablo, escribiendo a los Gálatas: "Hijitos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta que Cristo se forme en ustedes" (Ga 4,19).

99.3. Y de nuevo escribiendo a los Corintios: "Porque aunque tengan muchos pedagogos en Cristo, sin embargo no tienen muchos padres; porque yo los he engendrado en Cristo por medio del Evangelio" (1 Co 4,15).

99.4. Por tanto, "no será admitido en la asamblea de Dios un eunuco" (Dt 23,1), el estéril y que no da fruto en obras y palabras (lit.: en vida y en palabra); pero "los que se han hecho a sí mismos eunucos, evitando todo pecado, por el reino de los cielos" (Mt 19,12), son bienaventurados porque ayunan del mundo.

Capítulo XVI: Contra los encratitas

La transmisión del pecado original

100.1. "Maldito el día en que nací, y no sea bendito" (Jr 20,14), dice Jeremías; no diciendo sencillamente que la generación sea maldita, sino porque está disgustado por los pecados y desobediencia del pueblo.

100.2. Así, añade: "¿Por qué fui engendrado, para ver fatigas y dolores, y acabar mis días en el oprobio?" (Jr 20,18). En efecto, todos los que pregonaban la verdad eran perseguidos y corrían peligro por la desobediencia de los que escuchaban.

100.3. El profeta Esdras dice: "¿Por qué el vientre de mi madre no fue mi sepulcro, para no ser la aflicción de Jacob y la angustia de la estirpe de Israel?" (del apócrifo IV libro de Esdras, 5,35).

100.4. "Nadie está limpio de inmundicia, dice Job, aunque un solo día sea su vida" (Jb 14,4-5).

100.5. ¡Qué nos digan cómo ha fornicado el niño recién nacido, o cómo pudo caer bajo la maldición de Adán el que no ha realizado acto alguno!

100.6. Ya (lit.: pero) sólo les queda decir, según parece, que la generación es mala; no únicamente la del cuerpo, sino también la del alma, por la cual existe también el cuerpo.

100.7. Y cuando David dice: "En pecados fui concebido, y en maldades me concibió mi madre" (Sal 50 [51],7), proféticamente llama madre a Eva; pero "Eva fue madre de los vivientes" (Gn 3,20); y si fue concebido en pecado, no por eso él (está) en pecado, ni él mismo (es) pecado.

El verdadero combate cristiano

101.1. Pero también todo el que se convierte del pecado a la fe se separa de la costumbre pecaminosa, como de la madre, para la vida, me lo testimonia uno de los doce profetas, al decir: "Si doy mi primogenitura a cambio de la impiedad, y el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma" (Mi 6,7).

101.2. No acusa al que dijo: "Crezcan y multiplíquense" (Gn 1,28), sino que llama "impiedad" a los primeros impulsos posnatales (o: después de la generación), por los que no reconocemos a Dios.

101.3. Pero si por esto alguno llama mala a la generación, también es un bien por aquello otro que ella tiene: el conocer la verdad. "Despiértense, como conviene, y no sigan pecando, porque algunos tienen desconocimiento de Dios" (1 Co 15,34); evidentemente los pecadores. Porque no tenemos un combate contra la sangre y la carne, sino contra los principados espirituales, los dominadores del mundo de las tinieblas" (Ef 6,12), que pueden tentarnos; por eso las concesiones (o: perdones, indulgencias; cf. 1 Co 7,5-6).

101.4. Por eso dice también Pablo: "Yo castigo mi cuerpo y lo reduzco a esclavitud" (1 Co 9,27), porque "todo el que lucha ejercita el propio dominio" (1 Co 9,25) -en vez (de decir) moderado (o: continente) para todo, no absteniéndose de todo sino usando moderadamente lo que juzga (debe usar)-;"ellos para recibir una corona corruptible, nosotros, por el contrario, una incorruptible" (1 Co 9,25); queremos vencer en la lucha, pero no ser coronados sin esfuerzo.

101.5. Por otra parte, algunos, en aras de la continencia, anteponen la viuda a la virgen, porque mira con desdén el placer que ya ha experimentado.

Capítulo XVII: Contra diversos herejes

Contra Casiano, Marción y Valentín

102.1. Pero si la generación es un mal, digan esos blasfemos que en el mal (estaba) el Señor, al participar de la generación, (y) en el mal (estaba) la Virgen que lo engendró.

102.2. ¡Ay de mí qué males! Blasfeman la voluntad de Dios y el misterio de la creación al atacar la generación.

102.3. De aquí el docetismo de Casiano y de Marción; de aquí el cuerpo psíquico de Valentín, porque dicen: "El hombre se asemeja a las bestias" (Sal 48 [49],13 y 21), llegando a la unión carnal. Pero, cuando verdaderamente lleno de pasión (lit.: apasionado) desea asaltar el lecho de otro, entonces realmente ese (hombre) se animaliza (o: bestializa). "Se convirtieron en caballos locos por las mujeres; cada uno relincha tras la mujer del prójimo" (Jr 5,8).

102.4. Y después, la serpiente habría tomado de los animales irracionales la habilidad (o: la práctica) para conspirar, persuadiendo (o: engañando) poco a poco, con éxito, a Adán para que consintiera a la unión con Eva, como si los primeros padres (protoplastos) no hubieran usado de ésta según la naturaleza, como algunos pretenden. De esta forma de nuevo se calumnia (lit.: blasfema) la creación que habría hecho a los hombres más deficientes (lit.: débiles) por naturaleza que a los animales irracionales, a los que se habrían asimilado los primeros modelados (protoplastos) por Dios.



La generación es santa

103.1. Pero si la naturaleza los estimuló como a los irracionales a la procreación, sin embargo, ellos se dejaron provocar antes de lo conveniente, como jóvenes que eran, seducidos por un engaño; (y) fue justo el juicio de Dios contra los que no esperaron pacientemente (su) voluntad. Pero la generación es santa, porque por ella ha sido creado (o: constituido) el mundo, las esencias, las naturalezas, los ángeles y las Potencias, las almas, los mandamientos, la Ley, el Evangelio, y la gnosis de Dios.

103.2. "Y toda carne es hierba y toda gloria del hombre como flor de hierba. Se seca la hierba, se cae la flor, pero la palabra del Señor permanece" (Is 40,6-8); (palabra) que ha ungido al alma y la ha unido al Espíritu.

103.3. ¿Pero cómo sin el cuerpo podía alcanzar (su) fin la economía para nosotros en la Iglesia? Cuando también él mismo, cabeza de la Iglesia (cf. Ef 1,22; 5,23), vino a la tierra en carne, aunque deforme y feo, enseñándonos a dirigir la mirada hacia (la naturaleza) invisible e incorpórea de la Causa divina.

103.4. Dice el profeta: "Porque árbol de vida es el deseo cumplido" (Pr 13,12; cf. Jn 1,13), enseñando que los deseos limpios y puros (son los que están) en el Señor viviente.

La gnosis de la verdad

104.1. Pero algunos ahora quieren que la unión matrimonial del varón y la mujer, llamada conocimiento (cf. Gn 4,1), sea pecado, puesto que eso significa el comer del árbol del bien y del mal (cf. Gn 2,9. 17), enseñando la violación de un mandamiento mediante el uso (del verbo) conocer (Gn 4,1).

104.2. Pero si esto es así, entonces también la gnosis de la verdad es un "comer del árbol de la vida" (Gn 2,9; 3,33). Es, por tanto, una participación en este árbol el matrimonio temperante.

104.3. Hemos dicho anteriormente (cf. III,96,2) cómo puede usarse el matrimonio bien o mal; y eso es el árbol del conocimiento: no transgredir (las leyes) del matrimonio.

104.4. Pero ¿qué digo? ¿Acaso el Salvador no curaba las pasiones del alma como las del cuerpo? Por tanto, si la carne fuera enemiga del alma, no habría fortificado a esa enemiga por medio del restablecimiento de la salud.

104.5. "Pero yo les digo, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción heredará la incorrupción" (1 Co 15,50); porque el pecado, que es corrupción, no puede tener nada en común con la incorruptibilidad, que es justicia. Dice: "¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado en Espíritu, ¿ahora acaban en la carne?" (Ga 3,3).

Capítulo XVIII: Contra los herejes

El mundo es creado

105.1. Por tanto, siendo la justicia y la armonía de la salvación venerable y firme, algunos la han extendido excesivamente, como hemos demostrado (cf. III,40,2-3; 45,1; 63,1), interpretando la continencia (de forma) blasfema y con toda impiedad; (sin embargo), habrían podido escoger el celibato (lit.: eunuquía), conforme a la recta norma, con piedad, agradeciendo la gracia concedida y sin odio a la creación ni desprecio por las (personas) casadas. Porque el mundo (es) creado y creado es el celibato (o: eunuquía), y ambos dan gracias por la condición en la que han sido creados, si conocen también el fin para el que han sido creados (o: dispuestos).

105.2. Pero los que, desenfrenándose, se han convenido en insolentes; verdaderamente se convirtieron en "caballos locos que relinchan por las mujeres de los vecinos" (Jr 5,8); incapaces de ponerse freno a sí mismos, y persuadiendo al prójimo a la voluptuosidad mediante su desdichada interpretación de aquel (texto) de la Escritura: "Te llevarás tu parte con nosotros, procurémonos todos una bolsa común, una pequeña bolsa habrá para nosotros" (Pr 1,14).

El cristiano "vive en la fe del Hijo de Dios"

106.1. Por eso el mismo profeta aconsejándonos dice: "No te pongas en camino con ellos, aparta tu pie de sus senderos. Porque es injusto tender redes a los pájaros; puesto que, ellos partícipes de la sangre, atesoran para sí males" (Pr 1,15. 17-18); es decir, reivindican la impureza y enseñan lo mismo al prójimo; pendencieros, según dice el profeta, que golpean con sus colas (cf. Ap 9,10. 19), a las que los griegos llaman kerkos.

106.2. A ellos estaría aludiendo esa profecía; sin voluntad, inmoderados, belicosos con sus colas, "hijos de la ira" (Ef 2,3) y de las tinieblas, manchados de sangre, suicidas y homicidas del prójimo.

106.3. "Expurguen el viejo fermento, para ser una masa nueva" (1 Co 5,7), nos grita el Apóstol. Y de nuevo, enojado con tales (hombres), manda "no mezclarse con quien se llama hermano siendo fornicario, codicioso, idólatra, difamador, borracho o estafador; ni tampoco comer con ése" (1 Co 5,11).

106.4. "Yo por la misma Ley he muerto a la Ley, dice, a fin de vivir para Dios. He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, como viviendo según las pasiones, sino que Cristo vive en mí" (Ga 2,19-20), viviendo casta y felizmente por la obediencia a los mandamientos. Por tanto, antes vivía carnalmente en la carne, "pero lo que ahora vivo en la carne, (lo) vivo en la fe del Hijo de Dios" (Ga 2,20).

Deberes de los esposos

107.1. "No vayan por los caminos de los paganos y no entren en una ciudad de samaritanos" (Mt 10,5), dice el Señor, para disuadirnos de la forma de vida contraria, porque "la catástrofe de los hombres inicuos es terrible. Así son los caminos de todos los que realizan la iniquidad" (Pr 1,18-19).

107.2. "¡Ay de aquel hombre!", dice el Señor: "Mejor le sería no haber nacido, antes que haber escandalizado a uno solo de mis elegidos. Más le valdría atarse una piedra de molino y hundirse en el mar, antes que pervertir a uno de mis elegidos" (Clemente de Roma, Epístola a los Corintios, 46,8; cf. Mt 26,24 y 18,6). "Puesto que por su culpa es blasfemado el nombre de Dios" (Rm 2,24).

107.3. Por eso el noble Apóstol afirma: "Les escribí en la carta que no se mezclaran con fornicarios" (1 Co 5,9), hasta: "El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo" (1 Co 6,13).

107.4. Y puesto que el matrimonio no (es) una fornicación añade diciendo: "¿No sabéis que quien se junta con una meretriz es un cuerpo con ella?" (1 Co 6,16). ¿O se dirá que una virgen es meretriz antes de casarse?

107.5. "No se priven el uno del otro, dice, a no ser de acuerdo por un tiempo" (1 Co 7,5), dando a entender con el término "privarse" el débito del matrimonio, la procreación, como lo había aclarado anteriormente, diciendo: "El marido pague a la mujer el débito, e igualmente también la mujer al marido" (1 Co 7,3).



El templo del Señor

108.1. Pagado ese (débito), (ella) ayuda mediante la guarda de la casa (cf. Gn 2,18) y la fe en Cristo. Y aún dice más claramente: "A los casados ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido -pero si se separa, permanezca sin casarse o se reconcilie con el marido-, y que el marido no abandone a la mujer. A los demás les digo yo, no el Señor, que, si algún hermano..., hasta y ahora son santos" (1 Co 7,10-12. 14).

108.2. Pero, ¿qué pueden decir los que profieren invectivas contra la ley y el matrimonio? ¿Acaso se permitió sólo por la Ley, pero no según el Nuevo Testamento? ¿Qué pueden decir contra estas normas aquellos que abominan del acto conyugal (lit.: la seminación) y de la generación? Además, también [el Apóstol] establece que el obispo, "que gobierna bien la propia casa" (1 Tm 3,4), gobierne la Iglesia, y la unión con "una sola mujer" (Tt 1,6) constituye el templo al Señor.

El falso bautismo

109.1. "Todo es limpio para los limpios, dice, pero para los impuros e infieles nada hay puro, porque su mente y su conciencia están contaminadas" (Tt 1,15).

109.2. Pero sobre el placer contra las normas (lit.: cánones) dice: "No se dejen engañar; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los avaros, ni los ladrones, ni los ebrios, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Nosotros estamos lavados" (1 Co 6,9-11), porque fuimos como aquellos (o: porque estuvimos con aquellos); pero los que lavan para la disolución, bautizan para ir desde la templanza a la prostitución, dogmatizando que hay que complacer a los placeres y a las pasiones, enseñando a ser incontinentes en vez de sobrios; uniendo la esperanza a la desvergüenza de sus miembros (cf. Ef 3,19); preparando a sus seguidores para que sean desheredados del reino de Dios, no inscritos en él (cf. Ap 20,12 y 15; 21,27); bajo la denominación de "falsa gnosis" (1 Tm 6,20) han emprendido el camino hacia las tinieblas exteriores (cf. Mt 8,12; 22,13; 25,30).

109.3. "Por lo demás, hermanos, consideren lo que es verdadero, honorable, justo, puro, amable, laudable, virtuoso y digno de alabanza; y practiquen lo que han aprendido, recibido, oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes" (Flp 4,8-9).

Conclusión del libro tercero

110.1. También Pedro en su carta dice lo mismo: "De modo que la fe y la esperanza de ustedes estén en Dios, porque han purificado sus almas en la obediencia a la verdad" (1 P 1,21-22).

110.2. "Como hijos obedientes, no se amolden a las apetencias de antes, cuando estban en la ignorancia; sino conforme al que los llamó que es santo, también ustedes sean santos en toda su conducta, porque está escrito: "Serán santos porque yo soy santo"" (1 P 1,14-16; cf. Lv 11,44; 19,2; 20,7).

110.3. Pero basta ya, puesto que la controversia necesaria con los hipócritas falsificadores de la gnosis nos ha llevado más allá de lo indispensable, y ha alargado mucho el discurso. Por causa de los cual el tercer Stromata de nuestras notas (o: memorias) gnósticas según la verdadera filosofía aquí tiene su final.

 

Partes de esta serie: Libro I · Libro II · Libro III · Libro IV · Libro V · Libro VI · Libro VII · Libro VIII
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