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formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
Documentación: Clemente de Alejandría: Stromata
Libro V
Se ha utilizado la edición crítica del texto griego publicada en la colección Sources chrétiennes, nº 278, Paris, Eds. du Cerf, 1981, pp. 24 ss.; y la edición de Fuentes Patrísticas, n. 15, Madrid, Editorial Ciudad Nueva, 2003, pp. 308 [...]

ss. Seguimos fundamentalmente la traducción castellana de esta publicación, con el agregado de subtítulos; pero hemos tomado en cuenta las variantes propuestas en la versión la realizada por Domingo Mayor, sj: Clemente Alejandrino. Stromatéis. Memorias gnósticas de verdadera filosofía, Abadía de Silos, Ed. Abadía de Santo Domingo de Silos, 1994 (Studia Silensia, XVI) [obra aparecida en 1997]. Se ha tenido presente asimismo la versión italiana: Clemente Alessandrino. Stromati. Note di vera filosofia. Introduzione, traduzione e note di Giovanni Pini, Milano, Ed. Paoline, 1985 (Letture cristiane delle origini, 20/Testi).
Toda esta nota y fuentes provienen del sitio del Monasterio Benedictino de Santa María de los Toldos (ver link) que es de donde tomamos (sin cambios más que de algún formato) el texto completo



Partes de esta serie: Libro I · Libro II · Libro III · Libro IV · Libro V · Libro VI · Libro VII · Libro VIII

LIBRO V

Capítulo I: Fe y conocimiento

No hay verdadera gnosis sin fe

1.1. Una vez [dichas] esas cosas relativas al gnóstico como a la carrera, continuemos ahora sobre lo que falta, pues hay que observar atentamente de nuevo la fe. En efecto, hay quienes separan nuestra fe en el Hijo, y la gnosis referente al Padre.

1.2. Pero olvidan que es necesario en verdad creer en el Hijo, que es Hijo y que vino [a este mundo], y cómo y para qué, y sobre su pasión; pero (también) es necesario conocer quién es el Hijo de Dios.

1.3. Además no existe la gnosis sin fe, ni la fe sin gnosis, lo mismo que no existe el Padre sin Hijo; porque igual que el Padre es padre del Hijo, también el Hijo es verdadero maestro acerca del Padre.

1.4. Y para que alguien crea en el Hijo es necesario que conozca al Padre, a quien (hace referencia) también el Hijo (cf. Jn 1,1). Y a su vez, para que conozcamos al Padre hay que creer al Hijo, porque (así) lo enseña el Hijo de Dios (cf. Jn 1,18); porque desde la fe [se va] a la gnosis, al Padre por medio del Hijo. Pero la gnosis del Hijo y del Padre, conforme a la regla gnóstica, la realmente gnóstica, es una aprehensión y discernimiento de la Verdad por medio de la Verdad (cf. Jn 14,6-7).

1.5. De esta forma, nosotros somos los creyentes en el que no se cree y los gnósticos en el desconocido; es decir, gnósticos en el que es desconocido y no creído para una mayoría (o: para todos), pero creído y conocido para unos pocos. Y (somos) gnósticos no de palabra porque describamos obras, sino por la contemplación misma.

Fe y audición

2.1. "Bienaventurado quien habla a los oídos de quienes escuchan" (Si 25,9). La fe es el oído (o: los oídos) del alma, y a esa misma fe se refiere el Señor, diciendo: "El que tenga oídos para oír que oiga" (Mt 11,15), para que habiendo creído entienda lo que dice, (y) cómo lo dice [el Señor].

2.2. Por otra parte, también Homero, el más antiguo de los poetas, empleó escuchar por comprender, lo específico por lo genérico: "Y aquellos le oían perfectamente", escribe (Homero, Odisea, VI,185). Porque el conjunto, la armonía y la sinfonía de la fe en ambos se establecen en un fin: la salvación.

2.3. Testigo veraz para nosotros es el Apóstol, que dice: "Porque deseo verlos, para comunicarles algún carisma espiritual que los consolide; y esto es para ser juntamente animados entre ustedes, mediante la fe común, la de ustedes y la mía" (Rm 1,11-12). Y más adelante añade: "Porque la justicia de Dios se revela en Él de fe en fe" (Rm 1,17).

2.4. Parece, por tanto, que el Apóstol proclama una doble fe, o mejor una sola, que va recibiendo aumento y perfección.

2.5. Porque la fe común está establecida como fundamento (cf. Ef 2,20; 1 Co 3,10-12), -así, a los que querían ser curados moviéndose por la fe, el Señor les decía: "Tu fe te ha salvado" (Mt 9,22)-.

2.6. Pero (la fe) superior, edificada sobre (la primera), se perfecciona en el creyente y se completa con la que deriva del estudio y del cumplimiento de los preceptos del Verbo; así eran los Apóstoles, de quienes se dice que su fe podía trasladar montañas (cf. Mt 17,20; 1 Co 3,2) y trasplantar árboles (cf. Lc 17,6).

La fe no es un privilegio natural

3.1. Así, percibiendo de la grandeza de ese poder, pedían les aumentase la fe, que como "un grano de mostaza" (Lc 17,6) arraigase beneficiosamente en el alma y creciera grandemente en ella (cf. Mt 13,31-32; Mc 4,31-32; Lc 13,19), como para que reposaran en ella las palabras sobre las realidades más elevadas.

3.2. Porque si alguien por naturaleza conoce a Dios, como piensa Basílides, a la inteligencia está próxima la fe superior y al mismo tiempo el reino y la creación de los bienes, por ser condición de la esencia de quien inmediatamente las ha hecho, porque [Basílides] interpreta la fe como una esencia, no como una facultad (o: libertad), como una naturaleza y una sustancia, como una no limitada belleza de una creación insuperable; y dice que la fe no es un asentimiento razonable de un alma libre.

3.3. Así, sobran los mandamientos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, al salvarse uno por naturaleza, como quiere Valentín, o al ser uno creyente o elegido por naturaleza, como admite Basílides. Además, sería posible que sin la venida temporal del Salvador, la naturaleza, en algún tiempo, pudiera resplandecer.

3.4. Pero si declaran necesaria la llegada del Señor, entonces tienen que desaparecer para ellos las propiedades de la naturaleza, porque los elegidos serán salvados por el estudio, la purificación y la práctica de las buenas obras; pero no por naturaleza.



Los errores de Marción

4.1. Por eso, Abrahán, escuchando, creyó a la voz que le prometía bajo el árbol de Mambré: "A ti y a tu descendencia daré esta tierra" (Gn 17,8); entonces, ¿era elegido o no? Pero si no lo era ¿cómo creyó tan rápido, que parecía natural? Pero si era elegido, la hipótesis se disuelve para aquellos [herejes], encontrándose una elección antes de la venida del Señor, e incluso también una salvación: "Porque le fue contada para justicia" (Gn 15,6; Rm 4,3).

4.2. Porque si alguien, siguiendo a Marción, se atreve a decir que el Demiurgo salva a quien ha creído en Él, salvándose la elección aun antes de la venida del Señor, con una salvación propia de aquél, despreciaría con ello el poder del [Dios] Bueno, que, tarde y después del Demiurgo alabado por ellos mismos, llegaría para salvar, o mediante la enseñanza o la imitación de éste [Demiurgo].

4.3. Pero, aunque el [Dios] Bueno también salve de esa manera, según ellos, no dirige su salvación ni a los suyos, ni en conformidad con el que hizo la creación, sino mediante violencia y engaño.

4.4. ¿Y cómo va a ser bueno el que es tal y posterior? Pero si el lugar es diferente y la morada del Omnipotente es distinta de la morada del Dios bueno, entonces la voluntad del que salva, puesto que ha sido dispuesta antes, no viene después del [Dios] Bueno.

Fe e investigación

5.1. Por lo que hemos demostrado se pone de manifiesto que los incrédulos son unos necios;"porque sus caminos son tortuosos y no conocen la paz" (Is 59,8), dice el profeta. El inefable Pablo aconsejó "evitar las cuestiones necias e insensatas, porque originan altercados" (2 Tm 2,23). Esquilo ha gritado: "No trabajes en vano lo que nada aprovecha" (Esquilo, Prometeo encadenado, 44).

5.2. Porque sabemos que la mejor investigación es la que va pareja con la fe, edificando la magnífica gnosis de la Verdad sobre el fundamento de la fe.

5.3. Pero, sabemos igualmente que no se investiga ni lo que es evidente -como, si es de día cuando es de día-, ni lo invisible y que jamás aparecerá claro -como, si las estrellas son pares o impares-; ni tampoco lo que es recíproco -y es recíproco lo que se puede defender de la misma manera por los que lanzan un discurso contrario, como si el feto es un ser vivo o no-. Hay una cuarta cuestión, cuando se propone un pensamiento indestructible e irrefutable por cada una de las partes.

5.4. Si se elimina la causa del investigar en todas las cuestiones, la fe se mantiene estable. Porque les proponemos [a los adversarios] algo incontestable, que es Dios mismo el que habla y responde por escrito cada cosa de las que investigo (lit.: busco).

La Palabra del Padre

6.1. Así, ¿puede haber un ateo que, sin creer en Dios, reclame de Dios demostraciones como de los hombres? Además, algunas investigaciones necesitan de los sentidos, como cuando uno investiga si el fuego es caliente o la nieve es blanca; pero otras (son dignas) de reprensión y reprimenda, como dice Aristóteles (cf. Topica, I,11,105 a 3-9); como aquella pregunta de si se debe honrar a los padres. Pero hay otras también merecedoras de castigo (o: corrección), como es exigir demostraciones sobre si existe una Providencia.

6.2. Ahora bien, puesto que la providencia existe, (es) impío pensar que toda profecía y la economía salvífica que se ha realizado en el Salvador no se cumplen conforme a providencia; e igualmente tampoco es necesario intentar demostrar tales cuestiones, porque la divina providencia se manifiesta por el espectáculo de todas las cosas visibles: obras artísticas y sabias, de las que unas se realizan con orden y otras se manifiestan ordenadamente.

6.3. Pero quien nos ha dado parte del ser y la vida nos ha hecho también partícipes del Verbo, queriendo igualmente que nosotros tengamos una vida razonable (logikós) y buena. Porque el Verbo del Padre del universo no es el proferido (prophorikós), sino que es sabiduría y bondad muy manifiestas de Dios, también fuerza omnipotente y en realidad divina, no (es) inconcebible aún para quienes no la confiesan, voluntad todopoderosa.

Capítulo I: Fe y conocimiento (conclusión)

El Salvador nos guía hacia el verdadero bien

7.1. Pero como unos son incrédulos y otros aficionados a las discusiones, no todos alcanzan la perfección del bien. Porque no es posible alcanzarla sin una elección libre, ni tampoco depende totalmente de nuestra voluntad, como lo que está por venir.

7.2. "Porque estamos salvados por gracia" (Ef 2,5), (y) no en realidad sin las obras buenas, sino que es necesario, habiendo sido engendrados para el bien, tender hacia él con algún esfuerzo.

7.3. Pero es necesario también tener la intención recta (o: el pensamiento sano), inalterable en la búsqueda del bien; para ello necesitaremos sobre todo de la gracia divina, de una recta enseñanza, de una docilidad sincera (o: pura), y de la atracción (cf. Jn 6,44) del Padre [que nos lleve] hacia Él.

7.4. Porque abandonados al cuerpo terrestre, recibimos las sensaciones mediante el cuerpo, pero únicamente asimos lo inteligible mediante la capacidad racional.

7.5. Pero si alguien se propusiera comprender todo con los sentidos, sucumbiría lejos de la verdad. El Apóstol, sobre el conocimiento de Dios y espiritualmente (= por la acción del Espíritu), escribe: "Porque ahora vemos como en un espejo, pero entonces veremos cara a cara" (1 Co 13,12).

7.6. Porque la visión de la verdad es dada a unos pocos. Por eso dice Platón también en el "Epínomis": "Digo que no es posible que todos los hombres sean felices y dichosos, sino algunos pocos; afirmo eso, en tanto que vivamos; pero quien haya muerto tendrá la hermosa esperanza de poseerlo todo" (Platón, Epínomis, 973 C).

7.7. Esto mismo es lo que quiere (decir) Moisés: "Nadie verá mi rostro y vivirá" (Ex 33,20). Porque es evidente que nadie, durante el tiempo de la vida, puede comprender a Dios claramente. "Pero los limpios de corazón verán a Dios" (Mt 5,8), cuando alcancen la perfección final.

7.8. Puesto que el alma es poco fiable para la comprensión de las realidades, necesitamos de un divino maestro: el Salvador es enviado aquí abajo, maestro y guía en la adquisición del bien, inefable y santa manifestación de la gran Providencia.

El hombre, que tiene entendimiento, puede asemejarse a Dios

8.1. "¿Dónde el gramático? ¿Dónde el que se entrega a discusiones de este mundo? ¿No hizo Dios necedad la sabiduría de este mundo?" (1 Co 1,20; cf. Is 29,14), dice. Y de nuevo: "Yo destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la inteligencia de los inteligentes" (1 Co 1,19), de los que presumidos y de esos aficionados a la discusión.

8.2. Ya bellamente dice Jeremías: "Esto dice el Señor: Deténganse en los caminos y busquen por las sendas eternas cuál es el buen camino y sigan por él, y encontrarán expiación (o: purificación) para sus almas" (Jr 6,16).

8.3. "Busquen", dice, e infórmense de quienes saben sin espíritu de disputa y sin contiendas. E instruidos, sigamos sin desfallecer por el camino recto de la verdad, hasta que obtengamos aquello que deseamos.

8.4. Con razón el rey de los romanos -llamado Numa-, pitagórico, fue el primero de todos los hombres que erigió un templo de la Fe y de la Paz.

8.5. "Pero a Abrahán, le fue contada justicia, porque había creído" (Gn 15,6). Era llamado Abram, que significa padre sublime, al dedicarse a la elevada filosofía concerniente a los fenómenos celestiales y a los movimientos del cielo.

8.6. Pero luego, mirando al cielo (cf. Gn 15,5), puede que viera al Hijo en el espíritu, como algunos explican, o a un ángel glorioso, o que de alguna otra manera él reconociera que Dios está por encima de la creación y de todo el orden que hay en ella, y recibiendo el alfa, la gnosis del solo y único Dios, y se llama Abrahán (cf. Gn 17,5), pasase de conocedor de la naturaleza, a ser sabio y amigo de Dios.

8.7. Porque ciertamente la traducción (lit.: interpretación) (de ese nombre es): "Padre elegido de un eco" (o: sonido), puesto que la palabra posee sonido, pero su padre es el entendimiento, y elegido es el entendimiento del honrado (o: virtuoso).

Testimonios de los filósofos griegos

9.1. Y me importa mucho ensalzar al poeta de Agrigento, que canta a la fe de esta manera: "Amigos, sé que hay verdad en las palabras que voy a decir; pero el impulso de la fe es muy difícil de aceptar por los hombres y contrario a su inteligencia" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 114).

9.2. Por eso también exhorta el Apóstol "para que nuestra fe no esté en la sabiduría de los hombres", quienes prometen convencer, sino en el poder de Dios" (1 Co 2,5), el único que puede salvar sin demostraciones mediante la fe sencilla (o: simple).

9.3. "Porque el más notable de los pensadores conoce lo que hay que guardar; y sin duda también la justicia alcanzará a los artífices y testigos de mentiras" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 28), dice el de Éfeso.

9.4. Puesto que también él conoce, aprendiéndolo de la filosofía bárbara, la purificación por el fuego de los que han vivido mal y que más tarde los estoicos llamaron conflagración (ekpyrosis). (Según Heráclito), también éstos dogmatizan que (el hombre) cualificado será restablecido (o: resucitado); por ello insinúan la resurrección.

9.5. Pero Platón dice que la tierra fue purificada por el fuego y el agua en algunos tiempos, de la siguiente manera: "Muchas y grandes destrucciones han sobrevenido y vendrán a los hombres. Las peores por medio del fuego y del agua; otras más breves por otros muchísimos medios" (Platón, Timeo, 22 C).

9.6. Y añade un poco después: "Pero lo cierto es que hubo un movimiento alternativo (de los seres) alrededor de la tierra y del cielo, y mediante grandes espacios de tiempo tiene origen (o: sucede) la destrucción de todo lo que hay sobre la tierra, por el fuego" (Platón, Timeo, 22 D).

9.7. Luego añade sobre el diluvio (lit.: cataclismo): "Pero, cuando a su vez los dioses, para purificar la tierra con agua la sumergen mediante un diluvio, quienes (están) en las montañas, boyeros (y) pastores, se salvan, pero (los habitantes) de nuestras ciudades son arrastrados por los ríos hacia el mar" (Platón, Timeo, 22 D-E).

Los caminos de la revelación para los griegos

10.1. Hemos establecido en el primero de los "Stromata" que los filósofos griegos (eran) llamados ladrones, porque plagiaron de Moisés y de los profetas sus principales opiniones sin agradecimiento.

10.2. Pero ahora añadiremos cómo unos determinados ángeles, recibiendo la herencia de arriba (y) cayendo en placeres, dijeron a las mujeres cuantos secretos habían llegado a su conocimiento; en cambio, otros ángeles los ocultaron o, mejor, los reservaron para la parusía del Señor. De aquí deriva la doctrina de la Providencia y de la revelación de los fenómenos celestiales.

10.3. Pero transmitida la profecía a los poetas griegos, tuvo lugar el trabajo dogmático entre los filósofos: algunas veces conforme a la verdad, (cuando) conjeturando daban en el blanco, otras veces errando, cuando no llegaban a comprender el sentido oculto de la alegoría profética; también es preferible el hablar brevemente [de eso], para abordar lo que apremia.



La investigación debe ayudar a la fe

11.1. Por tanto decimos que no conviene que la fe progrese ociosa y sola, sino con (ayuda) de la investigación. Porque no digo que no haya que buscar nada; puesto que [la Escritura] dice: "Busca y encontrarás" (Mt 7,7,; Lc 11,9).

11.2. "Lo que se busca, es fácil de obtener, pero lo que se descuida, se escapa" (Sófocles, Edipo rey, 110-111), según Sófocles.

11.3. Y el cómico Menandro dice algo parecido: "Todo lo que se busca requiere preocupación, sostienen los más sabios" (Menandro, Fragmentos, 164).

11.4. Pero ciertamente es necesario que el discernimiento del alma se aplique a la búsqueda, quite los obstáculos, y rechace por completo el espíritu polémico, la envidia y la discordia, que debe terminar vergonzosamente aniquilada de entre los hombres.

11.5. Timón de Fliunte escribe bellamente: "Entre graznidos merodea la pestífera Discordia, hermana y jornalera homicida de la Riña; y como ciega, da vueltas en todos los sentidos, pero luego se lanza hacia el rostro mortal y le lanza hacia la esperanza" (Timón, Fragmentos, 795).

11.6. Y un poco más adelante añade: "¿Quién los unió para luchar con perniciosa riña? El vulgo inseparable del Eco; ella, irritada por los silenciosos, envió a los hombres la peste de la charlatanería, y muchos perecían" (Timón, Fragmentos, 796); (esto es) sobre los argumentos que niegan con mentira y del cornudo (= nombre dado en la antigüedad a ciertos argumentos), del huidizo, del cocodrilo (= sofisma en forma de dilema capcioso), del sorites, del oculto, y de las ambigüedades y sofismas.

Buscar a Dios evitando la discordia

12.1. Pero el investigar acerca de Dios, mientras no tienda a la discordia, sino a la búsqueda, es saludable. Porque en David está escrito: "Comerán los pobres y se hartarán, y alabarán al Señor los que le buscan; su corazón vivirá por los siglos de los siglos" (Sal 21 [22],27).

12.2. Porque los que investigan según la verdadera búsqueda, alabando al Señor, serán colmados del don de Dios, esto es, de la gnosis, y vivirá su alma; puesto que "corazón" significa alegóricamente el alma, que es la que otorga la vida, porque el Padre se da a conocer mediante el Hijo (cf. Mt 11,27; Lc 10,22).

12.3. Tampoco es necesario prestar oído fácil y absolutamente a todos los que hablan o escriben, porque las copas que son tomadas por muchos por las asas, se manchan, pierden las asas y acaban rompiéndose también ellas mismas.

12.4. Porque, de igual manera, los que manchan con muchas necedades (o: charlatanerías) la pura audición de la fe, haciéndose sordos finalmente a la verdad, devienen inútiles y caen por tierra.

"Dios es amor"

13.1. Ciertamente no sin razón recomendamos a los niños besar (o: abrazar) a sus familiares tomándolos de las orejas, porque con esto pretendemos decir que el sentimiento del amor nace por medio de la audición; pero "Dios es amor" (1 Jn 4,16), el que es conocido por los que le aman; como también "Dios es fiel" (1 Co 1,9; 10,13), el que se entrega a los fieles mediante el estudio.

13.2. Y (es) necesario que nos familiaricemos con Él por medio del amor divino, para que contemplemos lo semejante con lo semejante, escuchando sin malicia (o: sin dolo) y con pureza la palabra de la verdad, del mismo modo que los niños que nos obedecen.

13.3. Y eso era también lo que quería decir indirectamente el que escribió, fuera quien fuera, en el pórtico del templo de Epidauro: "Es necesario que sea puro quien entra en un templo que perfuma el incienso; y la pureza es pensar cosas santas" (Epigrama del templo de Epidauro [420 a. d. C.]; Anthologia Palatina, Apéndice, 18).

13.4. "Y si no se hacen como estos niños, no entrarán -dice [el Señor]- en el reino de los cielos" (Mt 18,3). Porque así se manifiesta el templo de Dios, asentado sobre el triple fundamento de la fe, la esperanza y la caridad.

Capítulo II: Testimonios de Platón, Empédocles y Parménides

Afirmaciones de Platón

14.1. Sobre la fe hemos presentado suficientes testimonios de escritos griegos; pero como para no extendernos demasiado y vanagloriándonos de reunir muchos más acerca de la esperanza y del amor, baste sólo mencionar algunos. Así, Sócrates en el "Critón" anteponiendo al vivir el vivir y morir bien, cree tener alguna esperanza de otra vida después de la muerte (cf. Platón, Critón, 48 B).

14.2. Y porque también en el "Fedro", dice que únicamente el alma, cuando se abandona en sí misma, puede recibir la verdadera sabiduría y mejor que el poder humano, cuando el deseo de aquí abajo le da alas para [lanzarse] hacia el cielo, y por el amor filosófico, dice, alcanza el término de la esperanza, puesto que recibe el principio de la otra vida, la eterna (cf. Platón, Fedro, 249 C).

Lo que dicen Platón, Empédocles y Parménides

15.1. En el "Banquete" afirma que en todos los seres existe el deseo natural de la procreación de otro igual [a uno mismo]; y en los hombres únicamente de hombres, pero en (el hombre) de bien, del parecido a él (cf. Platón, El Banquete, 206 C; 207 ACD; 208 B).

15.2. Pero, es imposible que (el hombre) virtuoso pueda hacer eso a no ser que posea perfectas las virtudes, con las que educará a los jóvenes que se acerquen a él y, como se dice en el "Teeteto", entonces engendrará y producirá hombres (cf. Platón, Teeteto, 150 B-C)..

15.3. Porque unos dan a luz según el cuerpo, otros según el alma; y entre los filósofos bárbaros el catequizar e iluminar es llamado también reengendrar, y por eso el gran Apóstol dice en algún sitio: "Yo los he engendrado en Cristo Jesús" (1 Co 4,15).

15.4. Y Empédocles incluye entre los principios a la amistad, entendiéndola como un amor que une: "Tú, mírala con la mente, y no permanezcas con ojos atónitos" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 17).

15.5. Pero también Parménides dice lo mismo sobre la esperanza en aquel poema suyo, cuando deja entender: "Mira que lo ausente se hace sólidamente presente por la mente; porque así no se separará la realidad de aquello que la conserva, ni aún cuando se difunda de mil maneras por el mundo entero, ni aún cuando se contraigas" (Parménides, Fragmentos, 28 B 4).

Capítulo III: Sobre la búsqueda de lo inteligible

Al reino de Dios sólo se llega con una vida recta y una oración constante

16.1. Porque también el que espera, como el que cree, ve con la inteligencia lo comprensible y lo futuro. Ahora bien, si decimos que algo es justo y ddecimos que también es bello, e incluso decimos que algo es verdad, no obstante, ninguna de esas realidades las hemos visto con los ojos, sino sólo con la inteligencia; pero el Verbo de Dios dice: "Yo soy la verdad" (Jn 14,6); según eso, el Verbo puede ser contemplado por la mente.

16.2. ""¿A quiénes llamas tú, dice, verdaderos filósofos?". Yo respondí: "A los que aman la contemplación de la verdad"" (Platón, La República, V,475 E).

16.3. Platón, en el "Fedro", dará a conocer lo relativo a la verdad, hablando de las ideas (cf. Platón, Fedro, 246 A). Y la idea es un pensamiento de Dios, a lo que los bárbaros han llamado Verbo de Dios.

16.4. Y esto dice textualmente: "Es necesario decir abiertamente lo que es verdadero, especialmente cuando alguien habla sobre la Verdad; porque es esencia realmente incolora y carente de figura, intangible, y visible únicamente para el piloto del alma, el entendimiento" (Platón, Fedro, 247 C).

16.5. El Verbo procedente (lit.: que va delante) (es) causa de la creación; después, engendrándose a sí mismo (= no fue determinado por ninguna creación, sino que se encarnó por propia voluntad), el Verbo se hace carne para poder ser contemplado.

16.6. Por tanto, el justo buscará un hallazgo (lleno) de caridad, (y) esforzándose hacia ello es afortunado; porque dice [el Señor]: "A quien llama se le abrirá; pidan y se les dará" (Mt 7,8. 7).

16.7. Porque quienes arrebatan el reino han sido llamados "violentos" (cf. Mt 11,12), no porque lo arranquen violentamente con los discursos erísticos, sino por la perseverancia de una vida recta (y) por las oraciones ininterrumpidas (cf. 1 Ts 5,17), borrando las manchas de los pecados anteriores.

16.8. "En verdad, es posible tomar la maldad y en masa" (Hesíodo, Los trabajos y los días, 287). "Pero, Dios ayuda a quien se esfuerza" (Eurípides, Hippollytus Prior Fragmentos, 432). "Porque no permanecen en cualquier sitio los regalos inexpugnables de las Musas para que se los lleve cualquiera" (Baquílides, Fragmentos dudosos, 55).



Las lámparas de las vírgenes prudentes

17.1. Por lo tanto, abordar la ignorancia es la primera lección para quien camina según el Verbo. Alguien que era ignorante investigó (o: buscó), y al investigar encontró al Maestro, y encontrado creyó en Él, y creyendo esperó, (y) amando se hizo semejante al amado, procurando ser lo que había comenzado a amar.

17.2. Este determinado método le muestra Sócrates a Alcibíades, cuando es interrogado así: ""¿No crees que yo no puedo conocer de otra manera lo que es justo?". "Sí, ciertamente, si la encuentras". "Pero, ¿piensas que yo no puedo encontrarla?". "Ciertamente que sí, si la buscas". "¿Y no crees que yo debería buscarla?". "Seguramente, si piensas que no sabes"" (Platón, 1 Alcibíades, 109 E).

17.3. A esto también [se refieren] las lámparas de las vírgenes prudentes, que por la noche permanecen encendidas en la amplia oscuridad de la ignorancia, que la Escritura ha designado como noche. Almas prudentes, puras como vírgenes, que sabedoras de que ellas mismas permanecen en ignorancia mundana, encienden la luz, despiertan también la inteligencia, iluminan la oscuridad, destierran la ignorancia, buscan la verdad y aguardan la aparición (o: manifestación: epifanía) del Maestro (cf. Mt 25,1-13).

17.4. "Es, por tanto, imposible, digo yo, que una muchos se hagan filósofos" (Platón, La República, VI,494 A). "Son muchos ciertamente los portatirsos, pero son pocos los bacantes", según Platón (Fedón, 69 C).

17.5. "Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos" (Mt 22,14);"y no en todos, dice el Apóstol, está la gnosis" (1 Co 8,7). "Pero oren para que seamos librados de los hombres perversos y malvados; porque no de todos (es) la fe" (2 Ts 3,1. 2).

17.6. También la poética filosofía del estoico Cleantes escribe cosas parecidas de esta manera: "No busques la opinión, tratando ser sabio rápidamente, y no temas la opinión sin juicio e implacable de la masa. Porque la multitud no posee un juicio sensato, justo, ni hermoso; sino que eso lo encontrarás en pocos varones" (Cleantes, Fragmentos, 518).

La fe es el fundamento de la salvación

18.1. Y el cómico [dice] muy sabiamente con brevedad: "Es vergonzoso juzgar las cosas bellas con mucho ruido" (Anónimo, Fragmentos, 518).

18.2. Porque escucharon, me parece, aquella hermosa sabiduría que nos dijo: "En medio de los insensatos, preserva el tiempo; pero, entre los prudentes, demórate" (Si 27,12).

18.3. Y de nuevo: "Los sabios ocultarán [su] ciencia" (Pr 10,14); porque la muchedumbre reclama una garantía de la verdad a la demostración, no contenta con la sola salvación (que proviene) de la fe.

18.4. "Pero es muy propio de los malos desconfiar de los poderosos; pero, como mandan las garantías de nuestra Musa, conócelo en tu interior discerniendo lo que se dice" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 4). Porque los malos tienen esa costumbre, dice Empédocles, de querer apoderarse de lo verdadero mediante la incredulidad (lit.: no creer).

18.5. Pero los griegos reconocerán, mediante un examen muy atento de este discurso a través de lo que sigue, que nuestras doctrinas también son célebres y dignas de fe; porque nosotros aprendemos lo semejante por lo semejante. Por eso, "responde al necio con su misma necedad" (Pr 26,5), dice Salomón.

18.6. Por lo cual, también a quienes solicitan la sabiduría (cf. 1 Co 1,22) que ya tienen hay que darles lo que les es familiar, como para que lleguen por lo que les es propio y con facilidad a la fe de la verdad.

18.7. "Porque me hice todo con todos, dice [el Apóstol], para ganarlos a todos" (1 Co 9,22); puesto que también la lluvia de la gracia divina cae sobre justos e injustos (cf. Mt 5,45).

18.8. "¿Acaso es sólo Dios de los judíos? ¿No es también de los gentiles? Sí, también de los gentiles, ya que (hay) un solo Dios" (Rm 3,29-30), grita el noble Apóstol.

Capítulo IV: Filosofía y teología entre los griegos y entre los bárbaros

El velo del templo

19.1. Pero como no quieren creer justamente ni al bien, ni a la gnosis relativa a la salvación, nosotros mismos, teniendo por propio lo que es de ellos, puesto que todo es de Dios, y sobre todo porque lo hermoso le llegó a los griegos desde nosotros, les argumentamos (lit.: les tomamos en mano) como están acostumbrados a escuchar (cf. Mc 4,33); porque la inmensa muchedumbre valora lo que es inteligente (o: prudente) o justo, no desde la verdad sino desde lo que les impresiona.

19.2. Y no suelen gustar de otra cosa sino de lo que se les asemeja. Porque quien todavía permanece ciego y también sordo, no teniendo inteligencia ni la intrépida y aguda mirada del alma amiga de la contemplación, que sólo el Salvador infunde, quien todavía es como un no iniciado en los misterios, o sin arte en las danzas, y aún no está limpio y digno de la verdad pura, sino desentonado, indisciplinado y corpóreo, ése es necesario que todavía permanezca fuera del coro divino.

19.3. Porque nosotros juzgamos lo espiritual mediante cosas espirituales (cf. 1 Co 2,13). Por eso, el método de la interpretación (o: de la significación oculta), divino en verdad y muy necesario para nosotros, por ser el Verbo realmente sagrado puesto en reserva en el santuario de la verdad, ha sido llamado por los egipcios templo inaccesible para ellos, y los hebreos lo denominan por medio del velo (cf. Hb 9,3-4).

19.4. A través de él únicamente estaba permitido pasar a los consagrados, o sea, los dedicados a Dios, los circuncidados respecto a las concupiscencias de las pasiones por el amor hacia el único Dios. Porque a Platón le parecía no ser lícito a lo impuro tocar lo puro (cf. Fedón, 67 B).

La escritura de los egipcios

20.1. Por eso las profecías y los oráculos hablan por medio de los enigmas (= símbolos) y los misterios no son manifestados libremente a cualquiera, sino después de ciertas purificaciones e linstrucciones preliminares.

20.2. "Porque la Musa no era aún ávida de ganancia, ni mercenaria; ni se vendían dulces, suaves cantos de Terpsícora, de faz plateada, cantos de voz armoniosa" (Píndaro, Isthmia, 2,5-8).

20.3. Ahora bien, quienes son educados por los egipcios aprenden primero el método de todos los gramáticos egipcios, el llamado epistolográfico; después el hierático, empleado por los hierogramáticos; pero el último y final (es) el jeroglífico, que se divide en el lenguaje propiamente dicho (ciriológico), por medio de los primeros caracteres, y en el simbólico. Pero el simbólico, o se expresa con significado propio, pero a imitación, o se escribe como figuradamente, o abiertamente (se expresa) con clara alegoría según ciertos enigmas.

20.4. Así, queriendo escribir un sol, hacen un círculo, y para la luna una figura con forma de media luna, según el modo ciriológico.

20.5. Pero graban de modo figurado cambiando y modificando el sentido propio, unas veces mutilando y otras transformando de múltiples maneras.

La escritura de los egipcios (continuación)

21.1. Así, inscriben, mediante relieves, los panegíricos de los reyes, refiriéndolas con mitos (relativos) a los dioses.

21.2. Pero respecto a los enigmas del tercer género valga este ejemplo: representaban a los otros astros mediante el andar sinuoso de las serpientes; pero al sol mediante lo característico del escarabajo, puesto que, formando una figura redonda de estiércol vacuno, da vueltas alrededor de sí mismo.

21.3. Y dicen también que este animal vive seis meses bajo tierra, y el resto del año sobre la tierra, (y) que deposita su semilla en la bola [del estiércol] y engendra, sin que exista escarabajo hembra.

21.4. Por tanto, podría decirse que todos los que han tratado acerca de Dios, bárbaros y griegos, han ocultado los comienzos de las cosas, pero han enseñado la verdad con enigmas y símbolos, con alegorías, metáforas y otras figuras parecidas; así eran los oráculos entre los griegos, y por eso Apolo de Delfos es denominado el Loxias (= por la ambigüedad de sus oráculos y símbolos).

Las máximas de los sabios griegos

22.1. Ciertamente los apotegmas de los llamados sabios griegos pretendían mostrar con pocas palabras algo importante, como sin duda el "cuida (o: mide, ahorra) del tiempo" (Zenón, Fragmentos, 323), que quiere decir o que la vida es breve y no conviene gastar inútilmente este tiempo, o, por el contrario, que hay que ahorrar de los gastos propios, para que si vives muchos años, dice, no te falte lo necesario (cf. Filón de Alejandría, Sobre la vida contemplativa, 2,16).

Otras máximas de los griegos

23.1. De igual manera el "conócete a ti mismo" (cf. I,60,3) es explicado de múltiples formas: que eres mortal y has nacido hombre; o también, en comparación con otras excelencias de vida, que no tienes importancia alguna, diciendo que eres famoso o rico; o por el contrario, si eres rico y famoso, no te vanaglories de una prerrogativa no permanente. Conoce para qué has nacido, dice, y de quién eres imagen y cuál tu esencia, tu creación y tu parentesco divino y otras cosas parecidas.

23.2. Pero también el Espíritu dice a través del profeta Isaías: "Te daré tesoros ocultos, secretos" (Is 45,3). Ahora bien, tesoros de Dios y riqueza inagotable (cf. Lc 12,33) es la sabiduría difícil de obtener.



Sentencias de los poetas griegos

24.1. Pero también los poetas, habiendo aprendido la teología de estos profetas, filosofan muchas cosas mediante conjeturas; me refiero a Orfeo, Lino, Museo, Homero, Hesíodo y a los sabios de esa índole.

24.2. Pero para la mayoría el encanto poético (es) un velo. Los sueños y los símbolos que permanecen totalmente obscuros para los hombres, no por envidia [de Dios] -puesto que no es lícito suponer a Dios con pasiones-, sino para que la búsqueda, introducida en el sentido de los enigmas, se lance al descubrimiento de la verdad.

24.3. Por eso mismo, Sófocles, el poeta trágico, dice en alguna parte: "También yo sé perfectamente que Dios es así; que siempre anuncia lo enigmático a los sabios, pero es maestro mediocre (o: defectuoso, malo) e insignificante para los torpes" (Sófocles, Fragmentos inc., 704), tomando mediocre (en el sentido) de sencillo.

La Sagrada Escritura y las parábolas

25.1. Ahora bien, sobree toda nuestra Escritura se dice en los "Salmos" que está escrita en parábolas (= símbolos): "Escuchen, pueblo mío, mi ley, inclinen el oído a las palabras de mi boca; abriré mi boca en parábolas y proclamaré enigmas desde el comienzo" (Sal 77 [78],1-2).

25.2. Y lo mismo dice de esta forma el noble Apóstol: "Hablamos sabiduría entre los perfectos, pero una sabiduría que no es de este mundo, ni de los jefes de este mundo, que van desapareciendo; sino que hablamos sabiduría de Dios, sabiduría escondida en el misterio, que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, que ninguno de los príncipes de este mundo ha conocido; porque si la hubieran conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria" (1 Co 2,6-8).

25.3. Pero los filósofos no actuaron para injuriar la venida del Señor. Por tanto, sólo queda pensar que el Apóstol fustiga la presunción de los sabios judíos.

25.4. Y por eso añade: "Pero predicamos, como está escrito, dice, lo que ojo no vio, y oído no oyó, y no subió al corazón del hombre, lo que Dios ha preparado a los que lo aman. Porque nos lo ha revelado Dios por el Espíritu, puesto que el Espíritu lo sondea todo, incluso las profundidades de Dios" (1 Co 2,9-10).

25.5. Porque sabe que es espiritual y gnóstico el discípulo del Espíritu Santo, provisto por Dios, el que es el pensamiento de Cristo. "Pero el hombre animal no admite las cosas del Espíritu, porque para él es una locura" (1 Co 2,14).

Lo que enseña el Apóstol sobre la fe y el conocimiento

26.1. Ahora bien, el Apóstol llama a la fe común, para diferenciarla de la perfección gnóstica, unas veces fundamento, otras leche, escribiendo de este modo: "Hermanos, no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Les he dado a beber leche, no alimento sólido; porque todavía no eran capaces. Pero tampoco ahora son capaces, porque todavía son carnales. Puesto que mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no son carnales y caminan según el hombre?" (1 Co 3,1-3).

26.2. (Esas) son las elecciones de los hombres pecadores, pero los que se abstienen de esas cosas aspiran a (las realidades) divinas y participan del alimento del gnóstico.

26.3. "Según la gracia, dice, que me ha sido dada, como sabio arquitecto puse el cimiento, pero otro construye encima (o: sobreedifica) con oro, plata, y piedras preciosas" (1 Co 3,10. 12).

26.4. Estas sobreedficaciones gnósticas están cimentadas en el fundamento de la fe en Jesucristo; pero lo que levantan los herejes es "paja, leña y heno" (1 Co 3,12). "Pero el fuego revelará lo que es la obra de cada uno" (1 Co 3,13).

26.5. Y en la "Carta a los Romanos", aludiendo a la construcción gnóstica, dice: "Porque anhelo verlos, para comunicarles algún carisma espiritual que los fortalezca" (Rm 1,11). Pero no era posible exponer con claridad y enviar por carta lo relativo a los carismas.

Capítulo V: Sobre los símbolos pitagóricos

Pitágoras depende de la filosofía bárbara

27.1. También los símbolos pitagóricos están ligados muy secretamente a la filosofía bárbara. Así, el de Samos recomienda: "No tener golondrina en casa" (Pitágoras, Symbolica, 7), o sea, no recibir [en casa] al hombre locuaz, maldiciente y hablador, que no puede guardar lo que se le comparte.

27.2. "La golondrina, la tórtola y los pajarillos del campo conocen los tiempos de sus éxodos" (Jr 8,7), dice la Escritura, y no conviene cohabitar nunca con lenguaje frívolo.

27.3. Sí, con razón se expulsa de la casa a la tórtola que murmura, divulgando la desagradecida queja de la crítica;"para que no murmuren de mí sentados unos junto a otros" (Homero, Ilíada, IX,311).

27.4. Pero la golondrina, que alude al mito de Pandión, es justo que sea purificada de las pasiones que sobre ella se murmuran, las que padeció Tereo, y que nosotros también hemos oído que cometió. Pero también persigue a las cigarras músicas, por eso (es) justo rechazar al perseguidor del Verbo.

27.5. "Sí, (gracias) a Hera portadora del cetro y que mira desde arriba el Olimpo, yo tengo sobre la lengua un tesoro fiel" (Esquilo, Fragmentos inciertos, 626), dice la poesía.

27.6. Y Esquilo: "Pero tengo también sobre mi lengua una llave que guarda" (Fragmentos inciertos, 626).

27.7. Pitágoras, de nuevo, prescribía que "cuando se saca la olla del fuego, no se deje la señal en la ceniza, sino que se remueva"; también: "Remover el cobertor de la cama, una vez levantado del lecho" (Pitágoras, Symbolica, 10 y 33).

27.8. Porque así insinuaba que no sólo es necesario destruir el humo de la vanidad, sino también haber abandonado [todo] vestigio de cólera; y cuando cesa de hervir, detenerse y borrar todo rencor.

27.9. "No se ponga el sol sobre nuestro enojo" (Ef 4,26), dice la Escritura. Y quien dijo: "No desearás" (Ex 20,17), eliminó todo rencor.

27.10. Porque la ira resulta ser un impulso de la concupiscencia del alma pacífica que apetece con desmedida una venganza irracional.

Enseñanzas de Pitágoras que ya estan presentes entre los bárbaros

28.1. De igual manera se recomienda también que se remueva la cama como para que nadie recuerde durante el día alguna polución nocturna, ni el sueño, ni siquiera el placer tenido en la noche.

28.2. Pero quizás también diera a entender que es necesario disipar (o: mezclar) la fantasía obscura con la luz de la verdad;"Enójense y no pequen" (Sal 4,5), dice David, enseñando que no es necesario asentir a la fantasía, ni pasar a la acción aduciendo la ira.

28.3. De nuevo: "No navegar por tierra" (Pitágoras, Symbolica, 68) es un símbolo pitagórico, y significa que es necesario rechazar tanto las recaudaciones como los pagos de salarios, siendo cosas perturbadoras e inestables. Por eso el Verbo dice que los recudadores difícilmente se salvarán (cf. Mt 19,23; Mc 10,23; Lc 18,24).

28.4. Y de nuevo recomienda Pitágoras: "No llevar anillo ni grabar en ellos imágenes de dioses" (Pitágoras, Symbolica, 27. 28), lo mismo que mucho tiempo antes Moisés legisló en términos precisos: no se debía hacer imagen o reproducción esculpida, fundida, modelada o grabada (cf. Ex 20,4; Lv 26,4; Dt 4,15-17), para que no nos apeguemos a lo sensible, sino que pasemos a las cosas inteligibles.

28.5. Porque la costumbre de la mirada escudriñadora (o: decidida) desprecia la majestad de lo divino, y venerar la esencia inteligible mediante la materia es deshonrarla por la sensación.

28.6. Por eso también los más sabios sacerdotes egipcios determinaron (poner) al aire libre la estatua de Atenea, como los hebreos edificaron el templo sin imágenes. Pero hay quienes dan culto a Dios, adorando una copia del cielo, que contiene los astros que ellos han fabricado.

Pitágoras y Platón entrevieron la verdad

29.1. Ciertamente dice la Escritura: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" (Gn 1,26); también considero digno citar a continuación la voz del pitagórico Euriso, en el "Sobre la Fortuna", quien, una vez dicho que el creador hizo al hombre tomándose a sí mismo como paradigma, añade:

29.2. "La tienda (o: envoltura = cuerpo) es semejante a la de los demás (seres), como hecha de la misma materia, pero ha sido trabajada por el mejor artesano, que la ha hecho poniéndose a sí mismo como paradigma" (Euriso, Fragmentos, 1).

29.3. Y en general, Pitágoras y sus discípulos, con Platón, estuvieron más familiarizados que los demás filósofos con el Legislador (= Moisés), como se deduce de sus doctrinas.

29.4. Mediante un dicho oracular certero (cf. Platón, Las leyes, VII,792 D), no sin ayuda divina, coincidiendo con algunas voces proféticas, [ellos] distinguieron la verdad conforme a una parte y aspectos exteriores (o: forma, apariencia), expresándola con terminología no exenta de luminosidad ni orientada fuera de la manifestación real de los hechos: habían recibido una significación (émphasis) próxima a la verdad.

29.5. De ahí que la filosofía griega se parezca a una lámpara de mecha, que los hombres encienden, "robando con arte la luz al sol" (Anónimo, Fragmentos, 395). Pero, una vez proclamado el Verbo, esta santa luz todo lo ha iluminado.

29.6. Así, el hurto [de la luz] es útil de noche en las casas, pero de día es resplandece el fuego, y toda la noche es iluminada por ese mismo sol de luz inteligible (cf. Jn 1,9).



Pitágoras resume lo anteriormente dicho por Moisés

30.1. También, Pitágoras ha hecho un resumen de lo que dijo Moisés sobre la justicia, diciendo: "No sobrepasar la balanza" (Pitágoras, Symbolica, 2), o sea, no pasar por alto la igualdad en lo relativo a los repartos, respetando la justicia,

30.2. "que siempre une amigos con amigos, ciudades con ciudades, aliados con aliados; porque la igualdad es costumbre entre los hombres; pero, lo que es mas pequeño se presenta siempre polémico con lo mayor, y comienzan los días de odio" (Eurípides, Fenicias, 563-540), según la gracia poética.

30.3. Por eso dice el Señor: "Carguen mi yugo, porque es suave y ligero" (Mt 11,29. 30). Y a los que discuten acerca de los primeros puestos, les prescribe la igualdad junto con la sencillez, diciendo que es necesario que se comporten como los niños (cf. Mt 18,3).

30.4. De idéntica forma también el Apóstol escribe que, en Cristo, nadie es esclavo ni libre, griego o judío (cf. Ga 3,28); porque en Cristo hay una nueva creación sin disputas, ni avaricia (cf. 2 Co 5,17; Ga 5,20; 6,15), y equitativamente justa.

30.5. "Porque la envidia queda fuera del coro divino" (Platón, Fedro, 247 A), y la emulación y la tristeza (cf. Ga 5,20), por la que los iniciados también prohiben "comerse el corazón" (Pitágoras, Symbolica, 4), y así enseñan que el alma jamás debe morderse y devorarse por angustias y penas relativas a acontecimientos involuntarios. En verdad, es desagraciado aquel que, dice también Homero, caminando errante, en solitario carcome su espíritu (cf. Homero, Ilíada, VI,202; XXIV,129).

Leyendas paganas y enseñanzas cristianas

31.1. A su vez, tanto el Evangelio como los Apóstoles, al igual que todos los profetas, suponen dos caminos: a uno le llaman "estrecho y angosto" (Mt 7,13-14; Lc 13,24), porque está defendido por los mandamientos y prohibiciones; y al otro, al que conduce a la perdición lo llaman "ancho y espacioso" (Mt 7,13), porque no pone trabas a placeres y pasiones; y decían: "Bienaventurado el varón que no anda en consejo de impíos, y no se detiene en la senda de los pecadores" (Sal 1,1).

31.2. Y el mito de Pródico de Ceos sobre la virtud y el vicio viene a ser lo mismo, y Pitágoras no duda en desaconsejar "el andar por las calles" (Pitágoras, Symbolica, 14), ordenando que no es conveniente seguir las opiniones acríticas e incoherentes de la muchedumbre.

31.3. Y Aristócrito, a su vez, en el primer de los [libros] "Contra Heracleodoro" hace mención de una carta que dice así: "El rey de los escitas, Atoyas, al pueblo de Bizancio: No estorben mis entradas, para que mis caballos no beban el agua de ustedes" (Aristócrito, Fragmentos, 493 F 6). Porque simbólicamente el bárbaro dejaba entender la guerra que preparaba contra ellos.

31.4. Y de manera semejante el poeta Euforión presenta a Néstor diciendo: "Quienes aún no hemos abrevado en el Simoente caballos aqueos" (Euforión, Fragmentos, 66).

31.5. Por esto también los egipcios colocan las esfinges delante de los templos, para indicar que el discurso sobre Dios es enigmático y obscuro; pero acaso también, porque se debe amar y temer lo divino (cfr. Dt 10,20; 11,1); amarlo, ciertamente, como benévolo y bondadoso y propicio para los piadosos, pero temerlo como inexorablemente justo para los impíos. Porque la esfinge al mismo tiempo insinúa enigmáticamente la imagen de una fiera y de un hombre.

Capítulo VI: Simbolismo de los diversos elementos cultuales judíos

Las murallas, el velo y las cortinas del templo. La vestidura sacerdotal

32.1. Sería excesivo recorrer todos los [escritos] proféticos y de la Ley para explicar lo que han dicho mediante enigmas. Porque casi toda la Escritura contiene tales oráculos. Pero bastan para quien posea inteligencia, me parece, algunos pocos paradigmas para probar lo propuesto.

32.2. Así, manifiesta (lit.: reconoce o confiesa) la significación oculta de las siete murallas alrededor del antiguo templo, referida entre los hebreos; o la disposición del vestido talar (del sacerdote) [cf. Ex 28,4-5], que por medio de distintos símbolos relacionados con cosas visibles, insinuaba la composición (del cosmos) desde el cielo hasta la tierra (cf. Sb 18,24).

32.3. El velo y las cortinas [del templo] estaban bordados con jacinto y púrpura, con escarlata y lino (cf. Ex 26,1; 36,8); insinuaban, como lo comporta la naturaleza de los elementos, la manifestación de Dios; porque la púrpura (viene) del agua, el lino de la tierra, y el jacinto, que es sombrío, se asemeja al aire, al igual que la escarlata al fuego.

Límites de los sentidos humanos

33.1. En medio del velo y de las cortinas (del templo), allí donde podían entrar los sacerdotes (cf. Ex 30,1-10), se encontraba un incensario (cf. Ex 37,25 ss.), símbolo de la tierra, colocada en medio de este mundo, desde la que (brotan) las exhalaciones (o: evaporaciones).

33.2. Pero en medio estaba también el espacio aquel situado más allá de las cortinas, donde únicamente podía entrar el gran sacerdote en días señalados (cf. Ex 30,10; Lv 16,12; Hb 9,7); y el atrio que le circundaba externamente, accesible a todos los hebreos. Por eso decían que era lo más intermedio del cielo y la tierra. Pero otros dicen que era símbolo del mundo inteligible y del sensible.

33.3. En efecto, el velo, defensa para la infidelidad popular, estaba extendido delante de las cinco columnas (cf. Ex 26,36-37), separando a los del recinto del círculo externo.

33.4. Así, con sentido muy místico, (se alude) a los cinco panes repartidos por el Salvador y que multiplicados fueron suficientes para la muchedumbre de los oyentes (cf. Jn 6,9). Porque son muchos los que se aferran a lo sensible, como si fuera lo único que existiese.

33.5. "Mira en derredor tuyo, dice Platón, no sea que alguno de los no iniciados escuche. Y son esos que piensan que sólo existe lo que pueden aferrar con sus manos; pero las acciones y producciones, y todo aquello que es invisible, no lo admiten como parte de la realidad" (Platón, Teeteto, 155 E).

33.6. Porque tales son los que atienden únicamente a los cinco sentidos. Pero la noción de Dios es inaccesible a los oídos y sus homogéneos.

Las cuatro alianzas y el Tetragama

34.1. Por ello, el Hijo es llamado rostro del Padre (cf. Sal 23 [24],6; Mt 18,10), y se encarnó (sarkophóro) para ser percibido por los cinco sentidos: el Verbo, el revelador del carácter propio del Padre.

34.2. "Si vivimos en espíritu, conformémonos según el espíritu" Ga 5,25). "Nosotros caminamos en fe, no en visión" (2 Co 5,7), dice el noble Apóstol.

34.3. En efecto, la diaconía sacerdotal se ocultaba tras la parte interior del velo, que separaba mucho a los que actuaban dentro de él respecto de los que permanecían fuera.

34.4. De nuevo, el velo de la entrada al santo de los santos: había allí cuatro columnas (cf. Ex 27,16), recuerdo de la santa tétrada de las antiguas alianzas.

34.5. Pero (existía) también el tetragrama, nombre místico, que sólo era llevado por quienes podían acceder al santuario (cf. Ex 28,36-38); y se lee "Yahwé", que se interpreta como el que es y el que será (cf. Ex 3,14; Ap 1,4).

34.6. Ciertamente, también entre los griegos el nombre "dios" está compuesto de cuatro letras.

34.7. Pero sólo el Señor, hecho Sumo Sacerdote, entrará en el mundo inteligible, (al penetrar) por medio de la pasión (cf. Hb 9,11-12), introduciéndose en la gnosis del Inefable y elevándose por encima de "todo nombre" (Flp 2,9) que se expresa con fonema.

34.8. Sí, ciertamente, el candelabro estaba colocado en la parte sur del incensario (cf. Ex 25,30-32; 26,35), por el que se hacían visibles los movimientos de los siete luceros que realizan sus circunvoluciones en la parte sur.

34.9. Porque en cada lado del candelabro surgían tres brazos, y en cada uno de ellos las lámparas; ahora bien, también el sol, como el candelabro, situado en medio de los otros planetas, envía luz a los que están por encima y por debajo de él, según una divina música (cf. Filón de Alejandría, Sobre la vida de Moisés, II,102-103; Platón, La república, X,617B).

Simbolismo del candelabro, de los panes de la propisición y del arca santa

35.1. Pero también el candelabro de oro contiene otro enigma: el signo de Cristo (= la cruz), no sólo por la figura, sino también porque ilumina "de muchas maneras y en diversos modos" (Hb 1,1) a quienes creen en Él, esperan en Él y vuelven hacia Él su mirada con motivo de la diaconía de los primeros (los protoktístoi: los siete ángeles superiores).

35.2. Y se dice también que "siete ojos" (Za 4,10) tiene el Señor, "los siete espíritus" (Ap 3,1; 4,5; 5,6) que reposan sobre la rama que florece "de la raíz de Jesé" (Is 11,1).

35.3. Y en la parte norte del incensario estaba la mesa sobre la que se hacía la proposición de los panes (cf. Ex 26,35; Nm 4,7), porque los vientos del norte son los más fecundos (cf. Filón de Alejandría, Cuestiones sobre el Éxodo, II,21,104).

35.4. Pero también (podría significar) las diversas mansiones de las iglesias que concurren a un solo cuerpo y a una sola asamblea (cf. Rm 12,4-5; Ef 4,4).

35.5. Lo que se cuenta del arca santa designa las cosas del mundo inteligible, escondido y cerrado a las muchedumbres.

35.6. También aquellas estatuas de oro de seis alas cada una de ellas (cf. Ex 25,18-20), o indican las dos osas (= constelaciones de estrellas), como algunos quieren, o lo que es mejor, los dos hemisferios, pues el nombre de los Querubines quiere expresar conocimiento abundante.

35.7. Pero ambos [Querubines] tienen doce alas, y, mediante el ciclo del zodíaco y el tiempo que dura alrededor de sí mismo, indican el mundo sensible.

Simbolismo del arca y de los Querubines

36.1. Me parece que sobre esto también la tragedia, hablando de las cosas naturales, dice: "Un tiempo incansable y entero se engendra a sí mismo, circulando alrededor de una eterna corriente, y ambas constelaciones (lit. osas), con rápidos golpes de las alas, vigilan el polo Atlántico" (Critias, Fragmentos, 88 B 18).

36.2. Pero Atlante (lit.: Atlas), el polo que no sufre, puede ser ciertamente la esfera que no se mueve, pero es mejor concebirlo como eternidad inmóvil.

36.3. Pienso que es mejor (atribuir) al arca, cuyo nombre hebreo es "thébôtd", otra significación. Se interpreta ciertamente como uno por uno de todos los lugares. Ahora bien, tanto si indica la ogdóada y el mundo inteligible, o también a Dios, que contiene en sí mismo todas las cosas, que no tiene forma y es invisible, pasémoslo ahora por alto. Por lo demás, indica el descanso de los espíritus glorificadores que los Querubines dan a entender.

36.4. Porque no es creíble que quien nunca aconsejó hacer siquiera una imagen grabada (cf. Ex 20,4), Él mismo hiciera una estatua de los (seres) santos; en el cielo no existe un viviente compuesto y perceptible por los sentidos que sea así; pero rostro es símbolo de un alma racional, y las alas son las liturgias y las actividades que ejercen las potencias de derecha e izquierda (cf. 1 R 22,19); pero la voz es una gloria de agradecimiento en incesante contemplación.



Simbolismo de la vestimenta del sumo sacerdote

37.1. Sea suficiente haber alcanzado la interpretación mística. El vestido talar (lit.: que llega hasta los pies) del sumo sacerdote es símbolo del mundo sensible (cf. Sb 18,24), y los siete planetas (están simbolizados) en las cinco piedras y los dos carbones encendidos (cf. Ex 28,17-20) (representan) a Cronos y a la Luna; porque aquél es meridional, húmedo, terreno y pesado; pero ésta es semejante al aire (o: áerea). Por eso algunos la llaman Arternis, porque corta el aire, aunque (éste sea) oscuro.

37.2. A los que colaboran en el nacimiento de las cosas se les coloca en los planetas, conforme a la divina providencia, y con razón están situados sobre el pecho y los hombros [del sacerdote] (cf. Ex 28,12. 17-20), puesto que por ellos se produce la acción creadora, que (tiene lugar) en la primera semana. El pecho es la morada del corazón y del alma.

37.3. Pero también las piedras preciosas (serían) las formas de salvación: unas colocadas en las partes altas de todo el cuerpo salvado, y otras en las partes inferiores.

37.4. Y las trescientas sesenta campanillas que cuelgan del vestido talar (cf. Ex 28,33-34) son la duración del año, "el año de gracia del Señor" (Is 61,2; Lc 4,19), que proclama y catequiza la gran epifanía del Salvador.

37.5. Pero también la tiara de oro que se pone encima (cf. Ex 28,36-37) indica la autoridad regia del Señor, porque el Salvador es "la cabeza de la Iglesia" (Ef 5,23).

Símbolos de la majestad de Cristo

38.1. Así, la tiara que está por encima es señal de hegemonía absoluta. Por otra parte, hemos oído, como se dice: "Dios es la cabeza de Cristo" (1 Co 11,3), y "Padre de nuestro Señor Jesucristo" (2 Co 1,3; 11,31; Rm 15,6; Ef 1,3).

38.2. Por cierto, el pectoral que contiene el "efod" (cf. Ex 28,28), es símbolo del trabajo, y del "logión" -esto alude al Verbo-, establecido por Él, y es imagen del cielo hecho por el Verbo, que está sometido a la cabeza de todos, a Cristo (cf. 1 Co 11,3; Ef 1,22), y que se mueve del mismo modo.

38.3. Así, por tanto, las piedras de esmeralda resplandecientes sobre el "efod" significan el sol y la luna, colaboradores de la naturaleza.

38.4. Pero un hombro, me parece, (es) el principio de la mano. Y las doce piedras colocadas en cuatro filas sobre el pecho (cf. Ex 28,17-20) nos trazan el círculo del zodíaco, según las cuatro estaciones (lit.: movimientos) del año.

38.5. Por otra parte, es conveniente que estén sometidos a la cabeza del Señor la Ley y los profetas, porque por ellos están representados los justos de ambos Testamentos. Puesto que nosotros bien podemos llamar profetas y justos a los Apóstoles, porque un solo y mismo Espíritu Santo actúa en todos (cf. 1 Co 12,11).

38.6. Pero como el Señor está por encima del mundo entero, incluso mas allá del inteligible, así también era digno que estuviera grabado en la placa de metal (cf. Ex 28,36) el nombre "que está por encima de todo principio y potestad" (Ef 1,21; Flp 2,9), grabado en razón de los mandamientos escritos y mediante la presencia sensible.

38.7. Y se llama Nombre de Dios. Además, el Hijo actúa tal como ve la suma bondad del Padre (cf. Jn 5,19), y es llamado Dios Salvador, principio de todas las cosas (cf. Col 1,18), que es copia "del Dios invisible" (Col 1,15), la primera y antes de [todos] los siglos, y que modeló todas las cosas nacidas después de ella (cf. Col 1,15-16).

Simbolismo de la entrada en el santuario

39.1. También el "logión" manifiesta la profecía que grita por el Verbo, y que proclama el juicio futuro, porque es el mismo Verbo quien profetiza, juzga y discierne cada cosa.

39.2. Y se dice también que el vestido, que llega hasta los pies, profetiza la economía según la carne (= la encarnación del Verbo), mediante la cual fue visto más cercano al mundo.

39.3. Por eso, una vez quitada la túnica santificada (cf. Lv 16,4), el sumo sacerdote -pero el mundo y la creación en el mundo han sido santificados por quien ha aprobado como buenas las cosas que se hicieron (cf. Gn 1,31)- se lava y se reviste con otra [túnica], santa de lo santo, por así decir, la que le acompaña [para entrar] en el santuario (cf. Lv 16,23-24)

39.4. Me parece que se refiere al levita y gnóstico como superior a los otros sacerdotes, porque éstos se lavan con agua, son revestidos de la sola fe y reciben la única mansión (que les es) propia; aquél [levita y gnóstico] discierne las cosas inteligibles de las cosas sensibles, apresurándose en su ascensión, respecto de los otros sacerdotes, hacia la entrada de lo inteligible, es lavado de las cosas de aquí abajo no con agua, como antes era purificado el enrolado en la tribu de Leví (cf. Nm 8,7), sino ya por el Verbo gnóstico.

Pureza del gnóstico

40.1. En efecto, teniendo totalmente puro el corazón (cf. Mt 5,8), manteniendo muy erguida la conducta hasta lo más alto, creciendo muy por encima del sacerdote, santificado sencillamente en la palabra y la vida, revestido con el esplendor de la gloria, recibiendo de aquel varón espiritual y perfecto la inefable herencia, "que ni ojo vio, ni oído oyó, ni al corazón del hombre subió" (1 Co 2,9), hecho hijo y amigo, "cara a cara" (1 Co 13,12), se llena de insaciable contemplación. Pero nada hay como escucharlo del mismo Verbo, que da una inteligencia más plena mediante la Escritura.

40.2. Porque dice así: "Y se quitará la vestidura de lino que se había puesto al entrar en el santuario, y la dejará allí. Y lavará su cuerpo con agua en lugar sagrado y se pondrá su vestido" (Lv 16,23-24).

40.3. Por otra parte, me parece a mí que el Señor se desviste y se vuelve a vestir cuando desciende (o: baja) [al mundo] sensible; de otra manera: quien ha creído gracias a Él se desviste y se reviste el vestido santificado, como indicó también el Apóstol (cf. 2 Co 5,2-4; Ef 4,22-24).

40.4. De ahí que, a imagen del Señor, se elegían como sumos sacerdotes a los más notables de la tribu santificada, y los elegidos eran ungidos para ser reyes y profetas.


Capítulo VII: Simbolismos de los egipcios

Enigmas de los egipcios: semejantes a los de los hebreos

41.1. Por ello también los egipcios no confiaban sus misterios a los que encontraban por casualidad, ni comunicaban a profanos el conocimiento de las cosas divinas, sino que la reservaban para los únicos que estaban destinados a la realeza, y de entre los sacerdotes a los que juzgaban eran más aptos por la crianza, la educación y el linaje.

41.2. Ahora bien, parecidos enigmas, por la significación oculta, a los de los egipcios (tienen) los hebreos. Entre los egipcios unos representan al sol sobre una nave, otros sobre un cocodrilo.

41.3. Y significan que el sol, pasando a través de un aire dulce y húmedo, engendra el tiempo, significado por el cocodrilo, según otra historia sacra.

41.4. Así, también en Dióspolis de Egipto, sobre la llamada puerta sagrado, se encontraban grabados un niño, símbolo de la generación, y un anciano, [signo] de la corrupción, y también el halcón, [símbolo] de Dios, como el pez [que es signo] del odio, y nuevamente el cocodrilo que significa en otro sentido la desvergüenza.

Diversos símbolos egipcios

42.1. Sintetizado, todo el símbolo junto manifestaba lo siguiente: "¡Oh ustedes que han nacido y han muerto! Dios odia la desvergüenza" (Plutarco, Moralia, 363 F).

42.2. Los que fabrican oídos y ojos con materia preciosa y los consagran a los dioses, ofreciéndolos en los templos, sin duda dan a entender como que Dios lo ve y lo oye todo.

43.3. También para aquellos [egipcios] el león es símbolo de fuerza y de vigor. Al igual que el buey ciertamente (lo es) de la tierra misma, de la agricultura y de la alimentación; el caballo de la valentía y atrevimiento, y la esfinge, que tiene el cuerpo entero de león, pero con rostro humano, [es símbolo] de fuerza y a la vez de la inteligencia.

43.4. De igual manera, el hombre, esculpido en los templos, indica conocimiento, memoria, fuerza y arte.

Afrimaciones de los tracios

43.1. En seguida, en las que ellos llaman procesiones con objetos sagrados de los dioses, llevan imágenes de oro: dos perros, un halcón y una ibis (= ave sagrada de egipto), y llaman a las cuatro imágenes idolátricas mediante cuatro letras.

43.2. Ahora bien, los perros son símbolo de los dos hemisferios, que de forma semejante realizan su circunvolución y están de guardia. El halcón [es símbolo] del sol, porque es ígneo y destructor; por eso ellos atribuyen al sol las enfermedades contagiosas. La ibis [es símbolo] de la luna, porque comparan sus alas negras a la oscuridad, y las blancas a la parte luminosa [de la luna].

43.3. Pero hay quienes quieren indicar mediante los perros a los trópicos, porque custodian y cierran el paso del sol hacia el sur y hacia el norte. Pero el halcón indica lo equinoccial, que es elevado y tórrido, al igual que la ibis la elipsis; porque entre todos los animales, la ibis parece que fue la que más sugirió a los egipcios el principio de la noción del número y de la medida, lo mismo que la elipsis (u: oblicuidad) de los ciclos.

Capítulo VIII: Simbolismos de los escitas y de los griegos

El control de la lengua

44.1. Pero no sólo se preocuparon del aspecto simbólico los más intelectuales de los egipcios, sino también aquellos otros bárbaros, que pretendieron alguna filosofía.

44.2. Y así, se dice que Idantura, rey de los escitas, según refiere Ferecides de Siros, al amenazar con una guerra a Darío, porque había atravesado el Istro, le envía en vez de una carta un símbolo: un ratón, una rana, un pájaro, una flecha y un arado.

44.3. Pero al surgir la cuestión, como es natural, sobre el significado, el quiliarca Orontopatas dijo que (los escitas) entregaban el mando, al reconocer por indicios las casas por medio del ratón, las aguas por la rana, el aire mediante el pájaro, las armas por la flecha, y el país mediante el arado.

44.4. Pero Xifodres lo interpretó de otro modo, porque dijo: Si no volamos como pájaros, o nos introducimos (lit.: sumergimos) bajo tierra como ratones, o bajo el agua como ranas, no escaparemos a sus flechas, puesto que no somos los dueños del país (cf. Ferecides, Fragmentos, 113).

44.5. Se dice también que Anacarsis el escita, él mismo, al dormir, tenía tomadas las partes pudendas con la mano izquierda, y con la derecha la boca, dando a entender que ambas cosas son necesarias, pero que importa más (dominar) la lengua que el placer.

Los griegos también recurrieon a los sinbolismos

45.1. Pero ¿para qué insistir sobre los bárbaros, cuando es posible mostrar que los mismos griegos utilizaron largamente la significación oculta?

45.2. En efecto, Androcides el pitagórico dice que las llamadas letras efesias, famosas para muchos, tienen categoría de símbolos; y Askion (lit.: sin sombra) significa la oscuridad, porque no tiene sombra. Puesto que Katáskion (lit.: sombreado) [significa] luz, ya que ilumina la sombra. Lix es la tierra, según un antiguo epónimo, y Tetrax (lit.: el cuarto) el año, por las [cuatro] estaciones; Damnameneo (lit.: domninador) es el sol porque domina, y la Aisia (lit.: lo que toca) el fonema verdadero.

45.3. Y así, el símbolo significa que las cosas divinas han sido dispuestas con orden, al igual que la obscuridad respecto a luz, el sol con relación al año, y la tierra respecto a la generación variada de la naturaleza.

45.4. Pero también el gramático Dionisio, el tracio, en el "Sobre la declaración", respecto del símbolo de las ruedas, dice textualmente: "Así, algunos designaban las acciones no sólo mediante expresiones, sino también por medio de símbolos; mediante palabras como las llamadas máximas délficas: "Nada en demasía", "conócete a ti mismo", y otras parecidas; mediante símbolos como la rueda, que hacían girar en los templos de los dioses, usada (lit.: arrastrada) por los egipcios, y (el símbolo) de los ramos que se dan a los adoradores.

45.5. Porque Orfeo, el tracio, dice: "Obras de ramos son las que ocupan a los mortales en la tierra, nada tiene un solo destino en los corazones, sino que todo gira alrededor; y no está permitido pararse, según eso, en medio, sino que, al comenzar, cada uno tiene igual parte de carrera" (Orfeo, Fragmentos, 52).

45.6. Los ramos pueden ser el símbolo de la primera alimentación, o para que la multitud sepa que los frutos prosperan y crecen permanentemente y considerablemente, mientras que (los hombres) mismos han recibido por suerte poco tiempo de vida; algunos quieren dar esa interpretación a los ramos, pero también para que sepan que, al igual que esos ramos son quemados, así también les es necesario abandonar pronto esta vida y (ser consumidos) por obra del fuego" (Dionisio de Tracia, Fragmentos, 52).



El "bedy"

46.1. En efecto, la práctica de la interpretación simbólica es muy útil para muchas cosas: para colaborar a la verdadera teología, para la piedad, para demostrar la inteligencia, para ejercitarse en la concisión y como prueba de sabiduría.

46.2. "Porque lo característico del sabio es usar hábilmente el lenguaje simbólico", dice el gramático Dídimo, "y conocer lo que está indicado por medio de él" (Dídimo, Fragmentos, 9).

46.3. Sí, ciertamente la enseñanza elemental de los niños incluye la interpretación de los cuatro elementos.

46.4. Porque se dice que los frigios llaman "bedy" (= vocablo frigio de origen desconocido; dios de la antigua Macedonia) al agua, como también Orfeo: "Y el bedy de las ninfas destila un agua límpida" (Orfeo, Fragmentos, 219).

46.5. Por su parte también Dión, el sacerdote (o: el sacrificador), manifiesta lo mismo, escribiendo: "Y tomando el bedy, hazlo correr sobre las manos, y vuélvete para examinar las víctimas sagradas" (cita de autor desconocido).

46.6. Pero, el cómico Fililio reconoce "el bedy" en el aire, puesto que es vivificante, según estas palabras: "Ruego yo atraer el bedy salutífero, que es el mejor ingrediente de la salud, atraer el aire puro, no el viciado" (Fililio, Fragmentos, 20).

Simbolismo del "Zaps" (fuego)

47.1. De esa misma opinión participa también Neantes de Cícico al escribir que los sacerdotes de los macedonios invocan en sus oraciones al "bedy", para que les sea propicio a ellos y a sus hijos, al cual interpretan como aire.

47.2. Y Zaps (es) el fuego, porque algunos manifestaron sin saber que derivaba de "zesis" (lit.: ebullición); pero así es llamado el mar, como [dice] Euforión en sus "Réplicas a Teodóndas": "Y Zaps, destructora de naves, destroza contra los escollos" (Euforión, Fragmentos, 3).

47.3. De igual manera [dice] Dionisio Yambo: "Con la agitación del mar, el zaps salado se lamenta" (Dionisio Yambo, Fragmentos, 1).

47.4. Lo mismo [dice] el cómico Cratino el Joven: "El Zaps produce camarones y pececillos" (Cratino el Joven, Fragmentos, 13).

47.5. Y Simias de Rodas: "El salado Zaps fue madre de los ignetos (o: ignetes) y de los telquines (= primeros pobladores de Rodas)" (Simias de Rodas, Fragmentos, 11).

47.6. Y Kthon (= la superficie de la tierra) es la tierra extendida por un gran espacio. Y Plectro (= instrumento para golpear) para unos es el polo, y para otros el aire que golpea todas las cosas y las impulsa hacia la naturaleza y al crecimiento, o porque llena todas las cosas.

Símbolos del Lógos

48.1. Pero éstos no han conocido (o: leído) bien al filósofo Oleantes, quien llama abiertamente plectro al sol; puesto que apoyando los rayos en la aurora, como si golpeara al mundo, conduce la luz en marcha armónica (cf. Cleantes, Fragmentos, 502). Y a partir del sol explica los restantes astros.

48.2. Pero Esfinge (lit.: la que aprieta) no es la cohesión de todos los seres ni el movimiento circular del mundo, según el poeta Aratos (cf. Fenómenos, 22-24), sino quizás sea la tensión (lit.: el tono) espiritual que penetra y mantiene unido al mundo.

48.3. Pero mejor es comprender que el éter mantiene unidas y apretadas todas las cosas, como también dice Empédocles: "Bien, yo te diré ante todo que el sol es el principio, de donde ha surgido todo lo que ahora es contemplado, la tierra y el mar de innumerables olas, y el aire húmedo, y el Titán éter que encierra todo en un círculo" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 38).

48.4. Y Apolodoro de Corcira dice que esos versos fueron declamados por el adivino Branco, al purificar de la peste a los de Mileto. Porque rociando a la muchedumbre con ramos de laurel, repetía el himno siguiente: "Canten, niños, al protector y a la protectora" (cita de autor desconocido).

48.5. Y el pueblo respondía a coro, diciendo: "Bedy, Zaps, Kthon, Plectro, Esfinge, Knaxzbich, Thyptes, Phlegmó, Drops" (cita de autor desconocido). Calímaco recuerda esta historia en yambos (cf. Fragmentos, 194,28).

48.6. Knaxzbich es la enfermedad, por derivación de rascar y de matar (o: destruir, corromper), y thypsai [quemar; lit.: echar humo, humear)] es consumir con el rayo.

48.7. Sin duda el trágico Tespis dice que esas (palabras tienen) otro sentido escribiendo: "Mira, te derramo el blanco knaxzbich exprimiendo cardos lechosos; observa tú el thyptes, el queso mezclado con miel roja, sobre tus altares, oh Pan bicorne, los ofrezco sobre los sagrados altares. Mira que yo libo para ti el ardiente phlegmón [licor] de Bromio" (Tespis, Fragmentos inciertos, 4).

48.8. Me parece que da a entender el primer alimento lechoso del alma (cf. 1 Co 3,2) por medio de las veinticuatro letras, al que sigue después la leche cuajada, que (es) alimento (cf. Jn 6,53-56); y, finalmente, enseña "el vino ardiente" (Homero, Ilíada, I,642), la sangre de la viña del Verbo (cf. Jn 15,1. 4-5), el gozo de la acción educativa que conduce a la perfección.

48.9. Y Drops (es) el Verbo activo (o. emprendedor, eficaz), que desde la primera catequesis inflama e ilumina al hombre hasta el desarrollo del varón, "hasta la medida de la madurez" (Ef 4,13).

Simbolismos infantiles

49.1. Pero también se presenta un tercer modelo infantil: "Marpte, sphinx, klops, zbychthedón" (cita de autor desconocido, que contiene las 24 letras del alfabeto griego). Y significa, pienso yo, que debemos hacer el camino desde los elementos y organización del universo hasta la gnosis de los más perfectos, ya que la salvación eterna se alcanza con violencia y esfuerzo (cf. Mt 11,12).

49.2. Porque marpsai (es) el captar, la sphinx es la armonía del mundo, zbychthedón recuerda la dificultad,. y klops manifiesta al mismo tiempo la gnosis escondida (cf. 1 Co 2,7) y el día del Señor (cf. 1 Ts 5,2. 4; 2 P 3,10).

49.3. Pero, ¿acaso Epígenes en "Sobre la poesía de Orfeo", al exponer lo peculiar de Orfeo, no dice: "Con lanzaderas encorvadas (o: curvas)" (Orfeo, Fragmentos, 1 B 22), para referirse a los arados;"con tramas (o: urdimbres) de tejedor" para expresar los surcos? "Hilo" (significa) alegóricamente la semilla, y "lágrimas de Zeus" indican la lluvia;"Parcas" son las fases de la luna: el día treinta [del mes], el décimo quinto y el novilunio; de ahí que Orfeo las llame "vestidos blancos", porque son partes de luz.

49.4. Nuevamente "manantial" (se llama) a la primavera por [el brotar de] la naturaleza;"ociosa" la noche por el reposo;"Gorgona" (= diosa de cara redonda) [indica] la luna en razón de la cara que se ve en ella, y "Afrodita" es el tiempo en el que se debe sembrar, según al teólogo (= Orfeo).

Los pitagóricos también utilizaban símbolos

50.1. También los pitagóricos usaban estos enigmas, cuando llamaban alegóricamente perros de Perséfone a los planetas, y lágrimas de Cronos al mar.

50.2. Y encontraríamos miles y miles entre los filósofos y poetas que hablan por medio de enigmas, y también libros enteros donde exponen de forma secreta la voluntad del escritor, como el "Sobre la naturaleza" de Heráclito, quien, también por eso, es llamado el Obscuro.

50.3. Parecido a ese libro (es) también la teología de Ferecides de Siros. Porque Euforión el poeta, "Las Causas" de Calímaco, el "Alejandra" de Licofrón, y otras semejantes a éstas están a disposición de los gramáticos como ejercicios de exégesis.


Capítulo VIII: (continuación): El lenguaje simbólico en la Sagrada Escritura. "Filosofía bárbara" y filosofía griega

Los preceptos de Moisés en la "Epístola" del Seudo Bernabé. Simbolismos de los hebreos

51.1. Por tanto, no es imposible que también la filosofía bárbara, sobre la que nos corresponde hablar, profetice en algunas cosas de forma secreta y mediante símbolos, como se ha demostrado.

51.2. De igual manera, Moisés también exhorta eso mismo, respecto a lo común (= lo que concierne a todos sin excepción): "No coman cerdo, ni águila, ni buitre (lit.: el de alas rápidas), ni cuervo" (Seudo Bernabé, Epístola, 10,1; cf. Lv 11,7. 13-14; Dt 14,8. 12-13).

51.3. Porque el cerdo indica la concupiscencia de alimentos, amiga del placer e impura, la avidez de placeres amorosos y la sucia intemperancia. Siempre rascando su materialidad y tendido en el fango, engordando para el degüello y la destrucción.

51.4. Pero, el contrario, ordena comer el animal de pezuña hendida y rumiante, lo que significa, dice Bernabé, que es necesario juntarse con "quienes temen al Señor y meditan en el corazón la exacta deifición de la palabra que han recibido, a quienes tienen en su boca los juicios del Señor y los observan, a quienes saben que la meditación es una acción gozosa, y a quienes rumian la palabra del Señor.

51.5. Pero, ¿(qué significa el animal) de pezuña hendida ? Que el justo también camina en este mundo y espera la eternidad santa" (Seudo Bernabé, Epístola, 10,11; cf. Lv 11,1-7).

51.6. Luego añade: "Vean cómo Moisés legisló hermosamente. Sin embargo, ¿de dónde les vino a aquellos el pensar y comprender esto? Nosotros justamente comprendiendo los mandamientos, hablamos como el Señor quiso. Por eso nos ha circuncidado los oídos y los corazones: para que comprendamos esas cosas" (Seudo Bernabé, Epístola, 10,11-12).

Testimonios del Seudo Bernabé y de Clemente de Roma

52.1. Ciertamente cuando dice: "No comas el águila, ni el buitre, ni el milano, ni el cuervo (cf. Lv 11,13-16; Dt 14,12-16); no te asocies, dice, ni te parezcas a esos hombres, que no saben procurarse el alimento mediante el trabajo y el sudor, sino que viven en la rapiña y la injusticia" (Seudo Bernabé, Epístola, 10,4).

52.2. Porque el águila indica la rapiña, el buitre la injusticia, y el cuervo la codicia.

52.3. Y está escrito: "Con el varón inocente serás inocente, con el elegido serás elegido, y con el astuto (o: torcido), sagaz" (Sal 17 [18],26-27). Conviene, por tanto, asociarse a los santos, "porque los que están unidos a ellos se harán santos" (Clemente de Roma, Epístola primera a los Corintios, 46,2).

52.4. Por eso escribe Teognis: "Porque de los virtuosos aprenderás la virtud; pero, si te mezclas con los malos, perderás incluso la sensatez que tengas" (Teognis de Megara, Fragmentos, 35-36).

52.5. Cuando [Moisés] dice en la oda: "Puesto que gloriosamente se ha mostrado, precipitando en el mar al caballo y al jinete" (Ex 15,1); a la pasión de muchas patas, animalesca (o: brutal) e impetuosa, la concupiscencia, juntamente con el auriga que la monta, soltando las riendas hacia los placeres "los arrojó al mar", lanzándolos a las marejadas del mundo.

La historia de José y sus hermanos

53.1. Así también Platón en el [tratado] "Sobre el alma" dice que el auriga y el caballo rebelde -la parte irracional, que se divide en dos, la ira y la concupiscencia- cayeron (se trata en realidad del Fedro, 247 B y 248 C). Así, también el mito da a entender que Faetón cayó del carruaje por la intemperancia de los potros.

53.2. Y he aquí también lo referente a José: los hermanos tuvieron envidia de este joven, porque veía hacia delantemás por su gnosis;"lo despojaron de su túnica multicolor y tomándolo lo arrojaron a un pozo, pero el pozo estaba vacío y no tenía agua" (Gn 37,23-24).

53.3. Arrojando la florida gnosis que el virtuoso [joven] (tenía) gracias a su esfuerzo, o contentándose con la mera fe según la Ley, arrojaron (la gnosis) en el pozo vacío de agua, para venderlo a Egipto, desprovisto (lit.: yermo) del Verbo divino. El pozo estaba vacío de ciencia; en él, arrojado [José] y desvestido de la gnosis, el sabio desconocido (o: ignorado) parecía igual que los hermanos, desnudo de gnosis.

53.4. Según otra intrepretación, el vestido multicolor sería la concupiscencia que conduce a un abismo sin fondo.

53.5. "Si uno abre o cava un pozo, dice [la Escritura], y no lo cubre, y cayere en él un ternero o un asno, el dueño del pozo pagará en dinero y se lo dará a su vecino, pero el animal muerto será para él" (Ex 21,33-34).

El discernimiento es necesario para quienes enseñan

54.1. Proclame yo aquí aquella profecía: "El buey conoció a quien lo compró, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no me ha entendido" (Is 1,3).

54.2. Por consiguiente, sé prudente, dice, en el uso de la palabra, no sea que alguno de éstos (= que carecen de gnosis), cayendo sobre la gnosis que tú enseñas, e incapaz de retener la Verdad, la entienda mal y caiga; y a los que se aproximen de manera irracional, ciérrales la fuente profunda del agua viva (cf. Jr 2,13), pero da de beber (cf. Ap 22,17) a los que tienen sed de la verdad.

54.3. Y cierra el pozo ocultándolo a los que no son capaces de recibir "la profundidad de la gnosis" (Rm 11,33).

54.4. Porque el dueño del pozo, el gnóstico mismo, será castigado, dice [la Escritura], porque es responsable (o: la causa) de haber escandalizado a alguien o ahogado en el abismo de la Palabra, al ser aún de pequeño espíritu; o bien, porque quiso llevar al trabajador hacia la contemplación, y lo desvió con alegatos de la fe espontánea. "Pagará en dinero" (Ex 21,34) y deberá dar razón y rendir cuenta ante la voluntad del Todopoderoso.

Juan Bautista señaló al Mesías

55.1. Ese mismo es el modo de ser (týpos) de la Ley y de los Profetas hasta Juan (cf. Mt 11,13; Lc 16,16); pero éste en verdad habló más claramente como quien ya no profetizaba, sino que mostraba ya como presente al que desde el principio era anunciado simbólicamente; igualmente dice: "No soy digno de desatar la correa de la sandalia del Señor" (Jn 1,27; cf. Mc 1,7; Lc 3,16).

55.2. Porque confiesa que él no es digno de bautizar a tan gran Poder, puesto que es necesario que los que purifican desaten el alma del cuerpo y de sus pecados, como al pie de la correa (cf. Mc 1,7).

55.3. Pero también [da a entender] la acción última del Salvador por nosotros, la inmediata, dice, la de la parusía (= la encarnación), oculta en el enigma de la profecía. Porque quien mostró lo vaticinado mediante la visión directa (cf. Jn 1,29), indicando la parusía ya presente que desde mucho tiempo caminaba hacia la manifestación plena, realmente ha desatado el fin de los oráculos de la economía (salvífica), revelando el significado de los símbolos.

55.4. También se hacía esto entre los romanos respecto a los testamentos que ordenaban una disposición: aquellas balanzas, (signo) de justicia, las monedas, las emancipaciones (de los esclavos), y los toques de las orejas; lo uno para dar a entender la equidad, lo otro designaba la distribución de los bienes (conformne a su valor), y el resto para que el que interviniera, como si se le impusiera una carga, puesto de pie, escuchara y desempeñara la función de mediador.



Capítulo IX: "Filosofía bárbara" y filosofía griega

El ocultamiento que resalta la belleza

56.1. Pero, al parecer, llevado por el deseo de probar, he ido más allá de lo conveniente. Porque la vida no me sería suficiente para enumerar la multitud de los que filosofan mediante símbolos.

56.2. Ayudar a la memoria, a la concisión y a la verdad, esos (son los fines) de los escritos de la filosofía bárbara (otra traducción: los escritos de la filosofía bárbara han empleado esos mismos [símbolos] por razón de la memoria, la concisión y el interés por la verdad).

56.3. Porque quieren en realidad que la auténtica filosofía y la verdadera teología estén a disposición solamente de quienes las practican frecuentemente, y de los que dan prueba conforme a la fe y a la vida.

56.4. Eso sí, quieren que necesitemos un exégeta y un guía (o: preceptor, maestro); porque también se estudiarían más y serían útiles a los dignos de ellas, y estarían menos expuestos al error, al recibirlas de los competentes como es debido.

56.5. Por otra parte, todo lo que se transparenta a través de un velo muestra la verdad de un modo más grande y digno. Al igual que los frutos vistos a través del agua, y las formas que mediante velos permiten adivinar algunos encantos en ellas. Porque (las formas) resplandecientes de luz se hacen por eso mismo convincentes, y las manifiestas son conocidas de manera uniforme.

Es necesario custodiar el secreto

57.1. Ahora bien, se puede hacer uso de varias interpretaciones, como nosotros lo hacemos, de lo que se dice veladamente. De esta manera, el inexperto e ignorante vacila, pero el gnóstico comprende.

57.2. (Las Escrituras) no querían que todo fuera entregado inconsideradamente a los primeros que lleguen, "ni que los bienes de la sabiduría sean comunicados a quienes no purifican el alma ni en sueños; pues no está permitido manifestar a cualesquiera los bienes obtenidos después de tan grandes luchas, ni exponer a los profanos los misterios del Verbo" (Jámblico, Vida de Pitágoras, 17,75).

57.3. Se dice también que Hiparco el pitagórico, siendo responsable de haber puesto por escrito abiertamente los [misterios] de Pitágoras, fue expulsado de la escuela pitagórica, y que le fue puesta una estela, como a un muerto (Hiparco, Vida de Pitágoras, 75,8).

57.4. Por eso, también en la filosofía bárbara se llaman muertos (cf. Rm 6,11; Ef 2,1) a los que han apostatado de los dogmas y han sometido completamente la inteligencia a las pasiones animales.

57.5. "Porque, ¿qué asociación existe entre la justicia, y la iniquidad, según el divino Apóstol, o qué comunidad entre la luz y la oscuridad? ¿Qué acuerdo entre Cristo y Beliar ¿O qué parte (tiene) el creyente con el incrédulo?" (2 Co 6,14-15). Diversos son los honores de los del Olimpo y los de los muertos (cf. Platón, Las Leyes, IV,717 B; V,727 B).

57.6. "Por lo cual salgan de en medio de ellos y apártense, dice el Señor, y no toquen cosa inmunda; y yo los acogeré y seré su padre, y ustedes serán mis hijos e hijas" (2 Co 6,17-18).

El secreto entre los griegos

58.1. No sólo (fueron) los pitagóricos y Platón los únicos que ocultaron muchas cosas, sino que también los epicúreos dicen que ellos tienen sus propios secretos y que no está permitido a todos acceder a esos escritos.

58.2. Pero también los estoicos dicen que Zenón fue el primero que (compuso) algunos escritos, que no permitían conocer a fondo fácilmente a los discípulos, a no ser que previamente hubieran dado pruebas de filosofar correctamente .

58.3. Y (los discípulos) de Aristóteles dicen también que algunos de sus escritos son esotéricos, y otros, comunes y exotéricos.

58.4. Por otra parte, también los fundadores (o: iniciadores) de misterios, siendo filósofos, cubrieron sus dogmas con mitos, para que no fuesen manifiestos a todos.

58.5. Si quienes velaban las opiniones humanas impidieron que los ignorantes tuvieran acceso a ellas, ¿no convenía que la contemplación santa y bienaventurada de la auténtica realidad esté velada más que cualquier otra cosa?

58.6. Pero ni los [dogmas] de la filosofía bárbara, ni los mitos pitagóricos, ni siquiera los platónicos de Er el armenio en la "República" (X,614 B), de Eaco y Radamantis en el "Gorgias" (524 A), ni el de Tártaro en el "Fedón" (112 A), ni el de Prometeo y de Epimeteo en el "Protágoras" (320 D), ni el de la guerra de los atlantes y de los atenienses en el "Atlante" (o: Atlántico; cf. Platón, Timeo 25 B-D y Critias, 108-110), deben ser simplemente entendidos alegóricamente palabra por palabra (lit.: según todas las palabras), sino solamente (las ideas) que significan (semántica) el pensamiento en general, y así podremos descubrir, mediante símbolos, las cosas que se indican bajo el velo de la alegoría.

Los grados de los discípulos entre los griegos

59.1. Y ciertamente también la escuela de Pitágoras y las dos comunidades de discípulos llamaban oyentes a los más numerosos, e instruidos a algunos otros, los que se apoderaban con nobleza de la filosofía, insinuaba "que unas cosas se decían, pero otras se ocultaban" (Homero, Odisea, XI,443) a la mayoría.

59.2. Y de la misma manera, entre los peripatéticos, aquellos dos géneros, llamados en los discursos probable y científico, no estaba lejos de distinguir la opinión, respecto de la notoriedad y de la verdad.

59.3. "No te forzarán las flores del honor de la celebridad a buscar entre los mortales lo que sólo la piedad permite" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 3).

59.4. Por cierto, las musas de Jonia dicen en términos precisos que la muchedumbre y los que se creen sabios siguen a los cantores del pueblo y observan sus reglas, sabiendo que (son) muchos los malévolos, y pocos los buenos, pero que los mejores persiguen la gloria.

59.5. "Porque los mejores, dice, prefieren una cosa: la gloria eterna de los mortales; pero la muchedumbre se ha saciado como animales" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 29), "haciendo de su estómago y de sus vergüenzas y de lo que hay más vil en nosotros su felicidad" (Demóstenes, De corona, 296).

59.6. Y el gran Parménides de Elea propone una enseñanza de dos caminos, cuando escribe: "Uno es el corazón inquebrantable de la verdad persuasiva, otro las glorias de los mortales, en las que no hay verdadera fe" (Parménides, Fragmentos, 28 B 1).


Capítulo X: Los misterios y la iniciación

Testimonio del apóstol Pablo sobre los grados de la iniciación

60.1. Con razón, entonces, el divino Apóstol dice: "Conforme a la revelación me ha sido dado a conocer el misterio que antes he expuesto (lit.: escribí) brevemente; en relación a o cual leyendo pueden darse cuenta de mi comprensión del misterio de Cristo, que no fue dado a conocer en otras generaciones a los hijos de los hombres, como ahora fue revelado a sus santos Apóstoles y a los profetas" (Ef 3,3-5).

60.2. Porque existe una enseñanza de los perfectos, sobre la cual dice al escribir a los colosenses: "No cesamos de orar y pedir por ustedes, para que sean llenados del conocimiento pleno de su voluntad, en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para caminar de manera digna del Señor, para agradarle en todo, dando frutos en toda obra buena y creciendo en el conocimiento pleno de Dios, capacitados en toda virtud (lit.: todo poder) conforme al poder de su gloria" (Col 1,9-11).

60.3. Y de nuevo: "Según la economía salvífica de Dios que me fue confiada para ustedes, para cumplir la palabra de Dios, el misterio escondido desde los siglos y desde las generaciones, ahora manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de ese misterio entre los paganos" (Col 1,25-27; cf. Rm 16,25-26; Ef 3,9).

El fundamento de la vida cristiana: fe y esperanza en Cristo

61.1. Pero unos son los misterios ocultos hasta los Apóstoles y que han sido transmitidos por ellos como los recibieron del Señor -escondidos en el Antiguo Testamento-, los cuales "ahora han sido revelados a los santos" (Col 1,26), y otra es "la riqueza de la gloria del misterio entre los paganos" (Col 1,27), que es la fe y la esperanza en Cristo, a lo que ha llamado en otra parte "fundamento" (1 Co 3,10, cf. Hb 6,1).

61.2. Y de nuevo, como deseando poner de relieve la gnosis, escribe así: "Amonestando a todo hombre en toda sabiduría, para presentar a todo hombre perfecto en Cristo" (Col 1,28).

61.3. No se refiere simplemente "a todo hombre", puesto que nadie (sería infiel); ni tampoco a todo creyente "perfecto en Cristo", sino "a todo hombre", como para decir el hombre entero, santificado en cuerpo y alma, puesto que añade expresamente que "no en todos (hay) gnosis" (1 Co 8,7).

61.4. "Unidos en el amor y (destinados) para toda la riqueza de la plena inteligencia, para el conocimiento pleno del misterio de Dios en Cristo, en quien están escondidos los tesoros de la sabiduría y de la gnosis" (Col 2,2-3). "Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias" (Col 4,2).

61.5. Pero la acción de gracias no (tiene lugar) únicamente por el alma y los bienes espirituales (= bienes sobrenaturales), sino también por el cuerpo y los bienes corporales.

Testimonio de la "Carta a los Hebreos" sobre los diversos grados de la fe

62.1. Y más sabiamente aún da a entender que la gnosis no pertenece a todos (cf. 1 Co 8,7), añadiendo: "Orando igualmente también por nosotros, para que Dios nos abra una puerta para anunciar el misterio de Cristo, por causa del cual he sido atado, para que manifieste lo que es necesario" (Col 4,3-4). Porque algunas cosas no habían sido trasmitidas por escrito.

62.2. Lo mismo dice a los hebreos: "Porque también los que debían ser maestros en razón del tiempo, como que habían envejecido en el Antiguo Testamento, de nuevo necesitan que alguien les enseñe los primeros rudimentos de los oráculos divinos, y han llegado a ser tales, que tienen necesidad de leche, no de alimento sólido.

62.3. Puesto que todo el que se alimenta de leche es inexperto de la palabra de la justicia, porque es niño" (Hb 5,12-13), a quien se le han confiado las primeras enseñanzas.

62.4. "Pero el alimento sólido es propio de los perfectos, de quienes en virtud de la costumbre tienen las facultades ejercitadas para el discernimiento tanto del bien como del mal. Por lo cual, dejando a un lado la enseñanza elemental acerca de Cristo, seamos llevados a lo más perfecto" (Hb 5,14--6,1).

El testimonio del Seudo Bernabé

63.1. Pero también Bernabé, el mismo que acompañó al Apóstol para proclamar la palabra según el ministerio de los gentiles (cf. Hch 13,1-4), dice: "Les escribo con sencillez, para que comprendan" (Seudo Bernabé, Epístola, 6,5).

63.2. Luego continúa mostrando más claramente una señal de la tradición gnóstica, dice: "¿Qué les dice Moisés, el otro profeta?

63.3. He aquí lo que dice el Señor Dios: "Entren en la buena tierra, que con juramento (prometió) el Señor Dios, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, y recibidla en herencia; tierra que mana leche y miel" (cf. Ex 33,1. 3; Lv 20,24).

63.4. ¿Qué dice la gnosis? "Aprendan. Esperen, dice, a Jesús que se les manifestará en carne. Porque el hombre es tierra que sufre; puesto que Adán fue hecho del limo de la tierra".

63.5. ¿Qué significa eso: la tierra buena, que mana leche y miel? Bendito sea nuestro Señor, hermanos, quien ha depositado en nosotros la sabiduría e inteligencia de sus secretos.

63.6. Porque dice el profeta: "¿Quién comprenderá la parábola del Señor, si no (es) sabio, entendido y ama a su Señor?" (cf. Pr 1,6; Is 40,3)" (Seudo Bernabé, Epístola, 6,8-10). Porque de pocos es el captar estas cosas (cf. Mt 19,11).

63.7. En algún evangelio se dice: "Porque no es por envidia que el Señor amonesta" (Is 24,16, según la versión de Teodoción; o: ¿Evangelio de los Egipcios?): "Mi misterio es para mí y para los hijos de mi casa" (cf. Is 24,26, Mc 4,11), y coloca la selección (= sus elegidos) en un lugar seguro y tranquilo, para que habiendo obtenido lo que les es propio a los elegidos, estuvieran por encima de la envidia.

63.8. Porque, en efecto, el que no posee gnosis de lo bueno es malo, ya que "uno sólo (es) bueno" (Mt 19,17), el Padre; pero ignorar al Padre es la muerte, como conocerlo (es) "la vida eterna" (Jn 17,3; 12,50) por la participación del poder incorruptible. Y no corromperse es participar de la divinidad; pero apostatar de la gnosis de Dios trae la corrupción.



La "iluminación cristiana"

64.1. De nuevo [dice] el profeta: "Y te entregaré los tesoros escondidos, obscuros, invisibles, para que conozcan que yo soy el Señor Dios" (Is 45,3).

64.2. Y David salmodia también algo parecido a eso: "Mira, porque amaste la verdad, me has manifestado las cosas que no se ven y los secretos de tu sabiduría" (Sal 50 [51],8).

64.3. "El día anuncia el mensaje al día, es lo que se ha escrito abiertamente, y la noche a la noche anuncia la gnosis, la que está oculta místicamente, y no hay discursos ni palabras, cuyas voces no se oigan" (Sal 18 [19],3-4), respecto de Dios, que dice: "¿Quien [hará] cosas ocultas que yo no lo vea?" (Jr 23,24).

64.4. Por eso se llama "iluminación" (2 Co 4,4. 6) a la enseñanza, porque ha manifestado lo que estaba oculto; el único Maestro ha desvelado la cubierta del arca; por el contrario, los poetas dicen que Zeus cierra el tonel (o: la jarra) de los bienes y abre el de los males (cf. Homero, Ilíada, XXIV,527-533).

64.5. "Yo sé que al llegar a ustedes, dice el Apóstol, llegaré en la plenitud de la bendición de Cristo" (Rm 15,29), el carisma y la tradición gnóstica, que desea comunicarles presentándose en persona (cf. Rm 1,11-13) -ya que por carta no podía recordarles esas cosas-, llamándolos "plenitud de Cristo" (Rm 15,29);

64.6. "según la revelación del misterio, tenido secreto (lit.: silenciado) en los tiempos eternos, pero manifestado ahora mediante los escritos proféticos, conforme a la disposición del Dios eterno, que se dio a conocer a las gentes todas para, obediencia de la fe" (Rm 16,25-26); es decir, a los paganos que crean que existe; pero descubre a algunos de ellos lo que se encierra (lit.: está) en el misterio.

Platón y Pablo recuerdan que se debe enseñar con prudencia

65.1. Con razón, también Platón al tratar en las cartas sobre Dios, dice: Te voy a explicar mediante enigmas, para que si la tablilla para escribir padeciera algo con los pliegues del mar o de la tierra, el que lo lea no lo comprenda" (Seudo Platón, Epístolas, 312 D).

65.2. Porque el Dios del universo que está por encima de toda palabra, de todo pensamiento y de todo concepto, no puede ser transmitido mediante escritura, ya que por su propio poder es inefable.

65.3. También Platón lo ha indicado diciendo: "Por eso cuidando estas cosas sé prudente, no tengas que arrepentirte un día de lo que ahora se divulga de manera indigna; pero la garantía (es) el no escribir, sino aprenderlo; porque es imposible, imposible que los escritos no se divulguen" (Seudo Platón, Epístolas, II,314 B-C).

65.4. El santo apóstol Pablo dice cosas parecidas (lit.: hermanas) a éstas, salvando el secreto profético y realmente antiguo, a partir del cual se han difundido las hermosas enseñanzas a los griegos.

65.5. "Pero hablamos de una sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no (es) de este mundo, ni de los jefes de este mundo, los que van desapareciendo; sino que hablamos una sabiduría de Dios en el misterio, escondida" (1 Co 2,6-7).

El alimento que nos da el Verbo divino

66.1. Luego, más adelante, enseña la precaución para comunicar las palabras a la muchedumbre: "Y yo, hermanos, no he podido hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo; les di a beber leche, no alimento sólido; porque aún no eran capaces; porque ni aun ahora son capaces; porque todavía son carnales" (1 Co 3,1-3).

66.2. Si el Apóstol ha llamado leche al alimento de los infantes, y manjar sólido al de los perfectos (cf. Hb 5,13-14), por leche habrá que entender la catequesis que viene a ser el primer alimento del alma; y por manjar sólido la contemplación epóptica (= intuitiva): la carne y la sangre del Verbo (cf. Jn 6,53); esto es, la comprensión de la potencia y la esencia de Dios.

66.3. "Gusten y vean qué bueno es el Señor" (Sal 33 [34],9), dice [la Escritura]. Porque Él hace partícipes de sí a quienes más espiritualmente reciben ese alimento, por la que el alma se alimenta a sí misma, según Platón, el amigo (o: amante) de la verdad (cf. Seudo Platón, Epístolas, VII,341 C-D). Porque la comida y la bebida del Verbo divino es la gnosis de la esencia divina.

66.4. Por eso también dice Platón en el libro segundo de la "República": "A los que han sacrificado no un cerdo, sino una víctima mayor e inaccesible" (Platón, La República, II,378 A), es necesario que busquen lo referente a Dios.

66.5. Y el Apóstol escribe: "Nuestra Pascua inmolada es Cristo" (1 Co 5,7), víctima verdaderamente inaccesible, Hijo de Dios sacrificado por nosotros.


Capítulo XI: Sobre la purificación que conduce al conocimiento

El conocimiento de Dios exige la renuncia a las pasiones

67.1. El sacrificio agradable a Dios (lit.: que Dios recibe; cf. Flp 4,18) (consiste) en la separación impenitente del cuerpo y de sus pasiones. Esa es realmente la verdadera piedad.

67.2. Y por eso la filosofía es llamada por Sócrates con razón ejercicio de muerte; porque quien en la reflexión no se sirve de la vista ni se deja arrastrar por ningún otro sentido, sino que en sus relaciones con las cosas utiliza (sólo) la inteligencia pura, busca la filosofía verdadera.

67.3. Por ello también Pitágoras prescribía (o: aconsejaba) a los discípulos un silencio de cinco años, para que, desprendidos de los objetos sensibles, contemplaran lo divino con la desnuda inteligencia. De Moisés (tomaron) estas mismas cosas los filósofos griegos más eminentes.

67.4. Porque él ordena "dividir en partes los animales sacrificados, después de haberlos desollado" (Lv 1,6); una vez desnuda el alma gnóstica de su envoltura material, lejos de las charlatanerías carnales y de todas las pasiones que engendran las opiniones vacías y falsas, y desnuda de las concupiscencias carnales (cf. 1 P 2,11), es necesario que se consagre para la luz.

Dios nos ha colmado de dones

68.1. Pero la mayor parte de los hombres, protegiéndose en lo mortal como los caracoles, y envueltos en sus intemperancias como los erizos, tienen acerca del Dios bondadoso e incorruptible opiniones semejantes a las que tienen sobre ellos mismos.

68.2. Y pasa inadvertido para ellos, aunque se encuentren muy cerca de nosotros, cómo Dios nos ha dado innumerables cosas, de las que Él no participa: un nacimiento, siendo inengendrado; un alimento, no necesitándolo; un crecimiento, siendo siempre igual; una buena vejez y una muerte feliz, siendo inmortal y no envejeciendo.

68.3. Por eso, manos, pies, boca, ojos, entradas y salidas, cóleras y amenazas (o: arrogancias), no son mencionadas entre los hebreos como pasiones de Dios; de ningún modo, sino (que es necesario pensar) que estos nombres (tienen) una significación alegórica más santa, que aclararemos, al hilo del discurso, en el momento oportuno.

68.4. "La sabiduría es el fármaco que cura todos los males", escribe Calímaco en los "Epigramas" (46,4).

68.5. "Pero un sabio [deriva] de otro, antaño y ahora", dice Baquílides en los "Peanes": "Porque no es lo más fácil encontrar las puertas de las palabras misteriosas" (Baquílides, Fragmentos, 5).

Sin comprenderla, los griegos honran igualmente la vida gnóstica

69.1. De igual manera Isócrates [dice] bellamente en el "Panatenaico": ¿A quiénes llamo educados? (Y) explicando agrega: "En primer lugar, a los que actúan bien en los asuntos que encuentran cada día, a los que tienen opinión certera de las circunstancias, y, por encima de todo, a los que tienen capacidad de acertar en lo que interesa".

69.2. "En segundo lugar, a los que tratan siempre conveniente y justamente con sus vecinos, y soportan dulce y fácilmente las molestias e inoportunidades de los otros, a la vez que ellos mismos se muestran lo más complacientes y moderados que pueden con los que les rodean".

69.3. "Y también a los que dominan a los placeres, y no se dejan vencer más de lo conveniente por las desgracias, sino que se conducen en ellas varonilmente y de modo digno a la naturaleza que compartimos".

69.4. "En cuarto lugar, que es lo más importante, a los que no son corrompidos por la buena fortuna, ni están trastornados, ni devienen orgullosos, sino que se mantienen en los límites de la prudencia".

69.5. Luego añade el colofón del discurso: "A los que no sólo poseen una sola de aquellas, sino todas a la vez en una única armonía del alma, éstos, digo yo, son los prudentes, los varones perfectos, y que tienen todas las virtudes" (Isócrates, Panatenaico, 30-32,239 A-C).

69.6. ¿Ves cómo también los griegos, aun no comprendiendo como se debe, deifican la vida gnóstica? Pero, qué sea la gnosis, ni en sueños la conocen.

Cristo es la víctima inmolada por nuestra salvación

70.1. Si, por tanto, se está de acuerdo con nosotros en que la gnosis es un alimento espiritual (lit.: alimento lógico; otra traducción: "alimento [que viene] del Verbo"), "bienaventurados", realmente según la Escritura, "los que tienen hambre y sed" (Mt 5,6) de la verdad, porque serán saciados de un alimento eterno.

70.2. Sin duda, concuerda admirablemente con lo que hemos dicho el filósofo de la escena, Eurípides, que, no sé cómo, insinúa al Padre y al Hijo al mismo tiempo:

70.3 ."A ti, que riges todas las cosas, ofrezco una libación sacrificial, Zeus o Hades, como prefieras ser llamado. Recibe tú mi sacrificio excepcional, pleno y que contiene todos los frutos" (Eurípides, Fragmentos inciertos, 912).

70.4. Porque Cristo fue una ofrenda total por nosotros (cf. Lv 5,10), sacrificio insuperable. Y que habla del Salvador mismo sin saberlo, lo hace con claridad, añadiendo a continuación:

70.5. "Porque tú, de entre los dioses de los cielos, tienes en tus manos el cetro de Zeus, participando, entre los seres que están bajo tierra, del poder de Hades" (Eurípides, Fragmentos inciertos, 912).

70.6. Después dice abiertamente: "Envía hacia la luz las almas de los muertos, a los que desean conocer de antemano los combates, de dónde surgen, cuál es la raíz de los males, a quién de los bienaventurados hay que ofrecer sacrificios para encontrar descanso de los sufrimientos" (Eurípides, Fragmentos inciertos, 912).

70.7. Por tanto, no sin razón también entre los griegos los misterios comienzan con las purificaciones, como entre los bárbaros con el bautismo (lit.: baño).

Las etapas de la contemplación

71.1. Después de esto (tienen lugar) los pequeños misterios, que tienen como finalidad la enseñanza y preparación de lo que debe seguir; pero los grandes [misterios] (son) sobre todas las cosas, donde ya no queda nada que aprender, sino contemplar epópticamente y comprender la naturaleza y las realidades.

71.2. Y podremos conseguir el método catártico por la confesión [pública de la fe], y el epóptico por el análisis progresando hacia la inteligencia primera; partiendo, por el análisis, desde las cosas que están subordinadas a ese principio, abstraemos las cualidades físicas del cuerpo, y eliminamos las dimensiones de profundidad, luego de anchura, y también de longitud. El signo que queda es la unidad que tiene una posición, por decirlo de alguna manera, y si de ella quitamos la posición, (se tiene) la compresión de la unidad.

71.3. Si, entonces, quitando todo lo que se encuentra en los cuerpos y en lo que se llama incorporal, nosotros mismos nos lanzamos hacia la grandeza de Cristo, y desde allí avanzamos con santidad hacia el abismo (o: vacío); nos introduciremos de alguna manera en la comprensión del Todopoderoso, conociendo no lo que es, sino lo que no es.

71.4. No hay que pensar en absoluto en figura, movimiento, reposo, trono, lugar, derecha o izquierda del Padre del universo, aunque todo eso esté escrito. Pero qué significan cada una de esas (palabras) será mostrado abiertamente en el lugar apropiado.

71.5. La Causa primera no está en un lugar, sino que está por encima de lugar, tiempo, nombre y comprensión (cf. Ef 1,21). Por eso también dice Moisés: "Manifiéstate a mí tú mismo" (Ex 33,13), insinuando muy claramente que Dios no puede ser enseñado ni expresado por los hombres, sino que sólo puede ser conocido gracias a su propio poder. Porque la investigación es informe e invisible, pero la gracia de la gnosis (procede) de Él por medio del Hijo (cf. Mt 11,27; Lc 10,22).

La enseñanza de las Sagradas Escrituras sobre el conocimiento de Dios

72.1. Salomón nos lo testimoniará más claramente, cuando dice: "No hay en mí prudencia humana, pero Dios me da la sabiduría; y he conocido cosas santas" (Pr 30,2-3).

72.2. En efecto, interpretando alegóricamente la Inteligencia divina, Moisés la llamó "árbol de vida" (Gn 2,9; 3,22; Ap 22,2) plantado en el paraíso; pero dicho paraíso puede ser también el mundo, en el que se ha producido todo lo referente a la creación.

72.3. También en ese [mundo] floreció (cf. Sal 91 [92],13) y dio su fruto el Verbo hecho carne (cf. Jn 1,14), y vivificó a quienes han gustado de su bondad (cf. Sal 1,3; 33 [34],9; Jn 1,14; 1 P 2,3); sin el árbol, es imposible que alcancemos la gnosis. Porque nuestra vida fue crucificada (lit.: estuvo suspendida; cf. Dt 21,23; 28,66) para nuestra fe.

72.4. Y Salomón dice nuevamente: "Es un árbol de inmortalidad para quienes la consiguen" (Pr 3,18; cf. 30,2-3).

72.5. Por eso dice [la Escritura]: "Mira, pongo ante tu rostro la vida y la muerte, el amar al Señor Dios, seguir sus caminos, escuchar su voz y creer en la vida. Pero si transgreden las órdenes y preceptos que les he dado, perecerán con ruina [segura]. Porque esto (es) la vida y la pervivencia de tus días: amar al Señor tu Dios" (Dt 30,15-20).



La iniciación en los misterios de la fe

73.1. Además: "Levantándose Abrahán hacia el lugar que Dios mismo le había dicho, y levantando los ojos al tercer día, vio de lejos el lugar" (Gn 22,3-4).

73.2. Porque el primer día es el de la vista de lo bello; el segundo el del deseo del alma por las cosas mejores; pero en el tercero es cuando la inteligencia discierne lo espiritual (cf. Ef 1,18), porque los ojos del entendimiento han sido abiertos por el Maestro resucitado al tercer día. Pero los tres días también podrían ser el misterio del sello, mediante el que se cree en aquel que es realmente Dios.

73.3. Es, por tanto, natural que [Abrahán] vea el lugar desde lejos (cf. Gn 22,4), puesto que la región de Dios es difícil de acceder, a la que Platón llamó región de las ideas (cf. Filón de Alejandría, Sobre los sueños, I,64-66; Platón, Sofista, 235 D; Fedro, 247 C 4), tomando de Moisés que Él es un lugar en cuanto que contiene todas las cosas y el universo.

73.4. Pero es verosímil que Abrahán lo vea desde lejos, porque se encuentra en proceso (o: en un devenir), y también es iniciado en los misterios poco a poco por un ángel (cf. Gn 22,11-12).

Dios es invisible e incircunscrito

74.1. Por eso dice el Apóstol: "Ahora vemos como mediante un espejo, pero entonces [veremos] cara a cara" (1 Co 13,12), según aquellas únicas aprehensiones puras e incorpóreas de la mente.

74.2. "Pero también es posible conjeturar algo de Dios mediante el uso de la dialéctica, si uno consiguiera lanzarse hacia lo que es en sí cada cosa, sin ninguna de las sensaciones, para elevarse por encima de lo que existe y no desertar de los seres hasta remontarse a lo que está más arriba. Después se llega al término mismo de lo inteligible", según Platón (República, VII,532 A-b).

74.3. Moisés, de nuevo, no permitió que se edificasen altares y templos en muchos lugares, sino que construyó un único templo de Dios, y de esa manera anunciaba el mundo unigénito, como dice Basílides, y el Dios único, lo cual ya no le parece bien a Basílides.

74.4. Y porque el gnóstico Moisés no encerraba en un lugar al incircunscrito (o: no circunscrito), tampoco introdujo en el templo ninguna estatua para venerar, mostrando que Dios es invisible e incircunscrito, pero conduciendo a los hebreos a que se hicieran una idea de Dios mediante la estima del Nombre (presente) en el templo.

74.5. Por tanto, al oponerse el Verbo a las construcciones de lugares sagrados y a cualquier sacrificio, deja entrever que el Todopoderoso no está en un lugar, cuando dice: "¿Qué casa me edificarán?, dice el Señor. El cielo es mi trono" (Is 66,1), etc.

74.6. Sobre los sacrificios [dice] igualmente: "No quiero sangre de toros ni grasa de corderos" (Is 1,11), y todo lo que después de eso el Espíritu Santo prohíbe por medio del profeta.

El culto en espíritu y en verdad

75.1. Así, hermosamente está de acuerdo con eso Eurípides, cuando escribe: "¿Qué mansión, hecha por carpinteros, podría encerrar dentro de sus muros a la persona divina" (Eurípides, Fragmentos, 1130).

75.2. Y sobre los sacrificios dice del mismo modo: "Porque Dios, si realmente es Dios, no necesita, de nada; de poetas son estas miserables palabras" (Eurípides, Hércules, 1345-1346).

75.3. Porque Dios no ha hecho el mundo por necesidad, para recibir honores de los hombres, de otros dioses y de los démones, dice Platón, como si se propusiera conseguir alguna ganancia de la creación, humos (sacrificiales) de nuestra parte, o los servicios litúrgicos de los dioses o de los démones" (= texto que no aparece entre las obras de Platón; cf. Teodoreto de Ciro, Terapéutica de la enfermedades helénicas, IV,34; VII,48).

75.4. Muy instructivo, en efecto, es lo que dice Pablo en los "Hechos de los Apóstoles": "El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, ése, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por mano de hombres, ni por manos humanas es servido, como si necesitase de algo, siendo Él mismo quien da a todos el aliento, la vida y todas las cosas" (Hch 17,24-25).

Los griegos también prohibían los ídolos

76.1. Y también Zenón, el fundador de la escuela estoica, en el libro sobre la "República" dice que no se deben hacer ni templos ni estatuas, puesto que no hay ninguna construcción digna de los dioses, y no teme escribir estas expresiones: "No será necesario construir edificios sagrados, porque no se debe llamar sagrado a lo que de ninguna manera es digno ni santo. En absoluto es digna y santa una obra de albañiles y obreros" (Zenón, Fragmentos, 264).

76.2. Con razón también Platón, sabiendo que el mundo es templo de Dios, mostraba a los ciudadanos el lugar de la ciudad, donde habían de erigirse para ellos los ídolos, pero les prohibió que tuvieran en particular estatuas de los dioses.

76.3. "Nadie, entonces, dice, consagre algo sagrado a los dioses; porque el oro y la plata son en otras ciudades, tanto en las casas particulares como en los templos, riquezas que suscitan la envidia. El marfil, por tratarse de un cuerpo que ha perdido su alma, no es una buena ofrenda. El hierro y el bronce son instrumentos de guerra. Pero de madera, y sólo de madera, que cada uno ofrezca lo que quiera a los templos públicos, e igualmente de piedra" (Platón, Las Leyes, XII,955 E-956 A).

Testimonio de Sofonías

77.1. Con razón, en la carta grande, dice: "Porque no es comunicable como las otras ciencias, sino que del abundante trato con la realidad misma y de la convivencia, de repente una luz que brota de un fuego chispeante es producida en el alma y [esa luz] se alimenta por sí misma" (Seudo Platón, Cartas, VII,341 C-D).

77.2. ¿Acaso estas cosas no son parecidas a las que dice el profeta Sofonías? "Y el Espíritu me subió y me llevó al quinto cielo y contemplaba ángeles que eran llamados señores, y la diadema estaba puesta sobre ellos en Espíritu Santo y el trono de cada uno de ellos era siete vez más [brillante] que la luz del sol que sale; habitaban en templos de salvación y entonaban himnos al supremo Dios inefable" (Apocalipsis; sólo conocido por este fragmento).

Capítulo XII: Sobre el conocimiento de Dios

Platón, Moisés y Orfeo coinciden sobre la inaccesibilidad del conocimiento de Dios

78.1. "Es trabajoso descubrir al Padre y Creador de todo y, una vez descubierto, es imposible darlo a conocer (o: declararlo) a todos" (Platón, Timeo, 28 C). "Porque en modo alguno se puede decir como en las demás ciencias" (Seudo Platón, Cartas, VII,341 C), dice Platón, el amigo de la verdad.

78.2. Porque ha oído muy bien que Moisés, el que todo lo sabe, cuando subió a la montaña (cf. Ex 19,12. 20) -mediante la santa contemplación hasta la cima de lo inteligible- ordenó obligatoriamente a todo el pueblo que no subiese con él (cf. Ex 19,23; 19,12. 21. 24).

78.3. Y cuando la Escritura dice: "Moisés entró en la nube donde estaba Dios" (Ex 20,21), indica, a los pueden comprender, que Dios es invisible e inefable, pero que una oscuridad, realmente la incredulidad e ignorancia de muchos, es colocada delante del resplandor de la verdad.

78.4. También el teólogo Orfeo saca provecho de ahí diciendo: "El es uno, perfecto en sí; del uno fructifica todo como hijos", -o son por naturaleza, porque así también está escrito-, (y) añade: "Ningún mortal lo ha visto, pero él los ve a todos" (Orfeo, Fragmentos, 245,8-10).

78.5. Y agrega con mayor claridad: "Pero yo no lo veo; puesto que se ha establecido en torno a una, nube. Los hombres todos tienen pupilas mortales en los ojos, pequeñas, porque carnes y huesos las mantienen adheridas" (Orfeo, Fragmentos, 245,14-16).

La visión de Pablo. Testimonio de Platón

79.1. "Testimoniará en favor de lo dicho el Apóstol, diciendo: "Sé de un hombre en Cristo que fue arrebatado hasta el tercer cielo" (2 Co 12,2), y desde allí "hasta el paraíso, el cual oyó palabras inefables que el hombre no puede proferir" (2 Co 12,4); dando a entender así la inefabilidad de Dios, añadiendo "no puede proferir", no por una ley o por temor de algún precepto, sino para indicar que la divinidad es inefable para el poder humano; porque si comienza a hablar por encima del tercer cielo, como (es) costumbre, (es) con los que allá inician en los misterios a las almas elegidas.

79.2. Porque yo sé que también en Platón -puesto que los ejemplos de la filosofía bárbara son muchos, los dejo de lado por ahora en mi escrito, y aguardo el momento oportuno, según lo he prometido anteriormente- se distinguen muchos cielos.

79.3. Preguntándose, en efecto, en el "Timeo", si hay que considerar muchos mundos o solo éste, no distingue respecto a los nombres, empleando como sinónimos mundo y cielo. Y expresamente habla de la siguiente manera:

79.4. "¿Es preferible que hablemos de un solo cielo o es más correcto hablar de varios o de infinitos? De uno, puesto que ha debido ser creado según el modelo" (Platón, Timeo, 31 A).

El conocimiento de Dios por la fe

80.1. También en la carta de los romanos a los corintios se ha escrito: "El océano (es) ilimitado para los hombres, y los mundos más allá de él" (Clemente de Roma, Carta primera a los corintios, 20,8).

80.2. De nuevo el venerable Apóstol exclama consecuentemente: "Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la gnosis de Dios" (Rm 11,33).

80.3. Y quizás esto era lo que ibndicaba el profeta al ordenar hacer "panes ácimos cocidos bajo ceniza" (Ex 12,39), dando a entender que la palabra de la iniciación, verdaderamente sagrada, sobre el Inengendrado y sus potencias, debe ser mantenida en secreto.

80.4. Confirmando estas cosas, el Apóstol, en la "Carta a los Corintios" dijo abiertamente: Hablamos una sabiduría entre los perfectos; sabiduría que, sin embargo, no es de este mundo, ni de los jefes de este mundo, los que van desapareciendo; sino que hablamos una sabiduría de Dios en el misterio, escondida" (1 Co 2,6-7).

80.5. Y de nuevo en otro lugar dice: "Para el conocimiento pleno del misterio de Dios en Cristo, en quien se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la gnosis" (Col 2,2-3).

80.6. Ratifica estas cosas nuestro mismo Salvador, cuando dice así: "Porque a ustedes se les ha dado conocer el misterio del reino de los cielos" (Mt 13,11).

80.7. Y de nuevo dice el Evangelio, cómo nuestro Salvador anunciaba la palabra a los Apóstoles en misterio. Porque también la profecía dice sobre Él: "Abrirá su boca en parábolas y difundirá las cosas ocultas desde la fundación del mundo" (Mt 13,35; cf. Sal 77 [78],2).

80.8. Y ciertamente, el Señor revela lo oculto, mediante la parábola de la levadura, porque dice: "Es semejante el reino de los cielos a la levadura que toma una mujer y la esconde en tres medidas de harina, hasta que toda (la masa) ha fermentado" (Mt 13,33; Lc 13,20-21).

80.9. Porque el alma, en sus tres partes, es salvada por la obediencia, por la fuerza espiritual escondida en ella mediante la fe, o porque la fuerza de la Palabra que nos ha sido dada, siendo vigorosa y poderosa, atrae hacia sí secreta e invisiblemente a todo el que la recibe, y la guarda dentro de sí y conduce hacia la unidad todo su conjunto.

Cristo nos ha dado a conocer al Padre

81.1. Muy sabiamente ha escrito Solón estas cosas sobre Dios: "Es muy difícil conocer la medida de la inteligencia invisible, la única que contiene los límites de todas las cosas" (Solón, Fragmentos, 16).

81.2. "Porque lo divino, dice el poeta Agrigento, no es accesible para alcanzarlo con nuestros ojos ni tomarlo con las manos, ya que es el mas grande camino de convicción que acontece en el espíritu humano" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 133).

81.3. Y el apóstol Juan [dice]: "A Dios nadie lo ha visto jamás; el Dios unigénito, el que está en el seno del Padre, ése lo dio a conocer" (lit.: explicó; Jn 1,18)); y llamó seno de Dios a lo invisible e inefable. Y de allí que algunos lo han llamado abismo, porque rodea y contiene todo, siendo Él inaccesible y sin límite.

81.4. Ciertamente este discurso sobre Dios es el más difícil de tratar. Porque tan pronto (como) es difícil encontrar el principio de cualquier cosa, mucho más difícil (es demostrar) el primer y más antiguo Principio, que es la causa del nacer y del existir de todas las otras cosas.

81.5. Puesto que ¿cómo puede expresarse lo que no tiene género, ni diferencia, ni especie, ni individuo, ni número, ni siquiera accidente, ni lo que es susceptible de accidente?. No sería correcto llamarle Todo; porque el todo (es) del orden de la magnitud y [Dios] es Padre de todo.

81.6. Tampoco se puede hablar de partes en Él; porque el Uno es indivisible, y por ello también infinito (o: ilimitado), no según la extensión imposible de entender, sino según una extensión sin límites, y, en consecuencia sin figura ni nombre.

Para el conocimiento del Dios verdadero necesitamos el auxilio de la gracia divina

82.1. Y si lo nombramos alguna vez, no es sino de manera impropia, pues al llamarle Uno, Bien, Inteligencia o el propio Ser, Padre, Dios, Demiurgo o Señor, no lo decimos como quien profiere su nombre, sino que por la dificultad nos servimos de nombres hermosos, para que la mente, sin andar errante sobre otras cosas, se apoye en ellos.

82.2. Porque cada (nombre) por sí mismo no es lo propio de Dios, sino que todos reunidos dan a entender la potencia del Omnipotente. Porque los predicados o se profieren por lo que tienen de propio con las mismas cosas, o por la relación de unas cosas con otras; pero nada de esto cabe suponer sobre Dios.

82.3. Pero tampoco [Dios] está al alcance de la ciencia demostrativa; porque ésta consta de elementos anteriores y más conocidos; sin embargo, nada preexiste al Inengendrado.

82.4. Sólo queda conocer lo Incognoscible con la gracia divina y mediante el Verbo (que procede) de Él; y por eso Lucas en los "Hechos de los Apóstoles" recuerda lo que dice Pablo: "Varones Atenienses, veo cómo son en todo sobremanera religiosos. Porque, al pasar y observar los objetos de su culto he hallado un altar en el cual está escrito: "Al dios desconocido". Al que sin conocerlo veneran, es a quien yo les anuncio" (Hch 17,22-23).



Capítulo XIII: El conocimiento es un don de Dios

El alma recibe "una gracia extraordinaria"

83.1. Ahora bien, todo lo que es susceptible de ser nombrado es engendrado, se quiera o no. Bien porque el Padre mismo atraiga hacia sí (cf. Jn 6,44) a todo el que ha vivido con pureza y ha avanzado hasta la noción de la naturaleza bienaventurada e incorruptible, o bien porque la libertad, en nosotros, llegando a la gnosis del bien, salta y brinca sobre el foso, como dicen los gimnastas; pero no es sin una gracia extraordinaria como el alma recibe alas para levantar vuelo y levantarse por encima de lo que la supera, una vez despojada de todo peso y entregándola al que le es familiar (cf. PLatón, Fecro, 246 C; 247 B; 255 C-D).

83.2. Platón dice también en el "Menón" que la virtud es un don de Dios, como lo muestran estas palabras: "Así, según ese razonamiento, oh Menón, es manifiesto para nosotros que por una disposición divina la virtud viene a quienes ha venido" (Platón, Menón, 100 B).

83.3. ¿No te parece que la "disposición divina" designa indirectamente la actitud gnóstica que no viene a todos?

83.4. Y añade con mayor claridad: "Pero si ahora en todo este discurso hemos dirigido bien nuestra investigación, la virtud no será ni algo natural, ni la consecuencia de una enseñanza, sino que es dada por una disposición divina a los que la poseen, no sin intervención de la inteligencia" (Platón, Menón, 99 E).

83.5. La sabiduría, entonces, es un don divino, es una fuerza del Padre (cf. 1 Co 1,24) que empuja nuestra libertad, recibe la fe y recompensa el inicio de la elección con la comunión suprema.

Los verdaderos testigos de las realidades divinas

84.1. Y también les voy a citar al mismo Platón que recomienda expresamente creer a los hijos de Dios. Porque una vez que ha tratado en el "Timeo" sobre los dioses visibles y engendrados, dice: "En cuanto a las otras divinidades, decir y conocer su origen es una tarea que nos sobrepasa, pero conviene confiar en los que han hablado antes, porque son descendientes de dioses, como dicen, y conocen a la perfección, sin duda, a sus progenitores. Es, por tanto, imposible no creer a los hijos de los dioses, aunque hablen sin argumentos verosímiles ni necesarios" (Platón, Timeo, 40 D-E).

84.2. Pienso que los griegos no pueden dar un testimonio más claro sobre que nuestro Salvador y los que han recibido la unción profética, declarados hijos de Dios, y el Señor, siendo Hijo por naturaleza; esos son los verdaderos testigos de las cosas divinas; y por eso es necesario creer, añadió [Platón], a los que están inspirados por Dios.

3. Y si alguno dijera más trágicamente no creer: "Porque no es Zeus quien me anunció estas cosas" (Sófocles, Antígona, 450), que sepa que Dios mismo, por medio del Hijo, ha proclamado las Escrituras. Y es digno de fe el que comunica las cosas propias, puesto que "nadie, dice el Señor, conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo revelare" (Mt 11,27; Lc 10,22).

La fe y la confianza hay que ponerlas en el Señor

85.1. Así, también según Platón es necesario creer en Él, aunque se proclame y se hable, "sin argumentos verosímiles ni necesarios" (Platón, Timeo, 40 E), por medio del Antiguo y del Nuevo Testamento. "Porque si ustedes no creen, dice el Señor, perecerán en sus pecados" (Jn 8,24). Y al contrario: "El que cree tiene vida eterna" (Jn 3,15-16. 36; 5,24). "Bienaventurados todos los que confían en Él" (Sal 2,12).

85.2. La confianza es más que la fe. Cuando uno sabe que el Hijo de Dios es nuestro maestro, confía en que su enseñanza es verdadera.

85.3. Y de la misma manera que, según Empédocles, "el estudio hace crecer la inteligencia" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 17), así también la confianza en el Señor aumenta la fe.

85.4. Decimos, por tanto, que es de los mismos que censuran la filosofía, atacar la fe, aprobar la injusticia y tener por feliz la vida según la concupiscencia.

Cristo es la puerta de la verdad

86.1. Pero aunque la fe sea un asentimiento voluntario del alma, sin embargo es artífice de las cosas buenas y fundamento de la práctica de la justicia.

86.2. Si Aristóteles enseña en las disertaciones técnicas que el hacer (es propio) de los seres irracionales e inanimados, y que el obrar es propio de sólo los hombres (Aristóteles, Ética a Eudemo, II,6,1222 b 20; II,8,1224 a 28; Ética a Nicómaco, VI,4,1140 a 1), corrija a los que llaman a Dios Hacedor del universo (cf. Platón, Timeo, 28 C). Pero lo que se hace o es bueno o es necesario, dice (cf. Aristóteles, Política, VII,14,1333 a 32). Así, el ser injusto no es bueno -porque nadie comete una injusticia si no es en relación con un fin ulterior-, y nada de lo voluntario es necesario (cf. Aristóteles, Ética a Nicómaco, X,5,1175 b 26). Ciertamente, la injusticia es voluntaria, de modo que no es una necesidad.

86.3. Y los virtuosos se diferencian de los malos preferentemente por las elecciones y deseos moderados. Porque toda perversidad del alma está (ligada) a la intemperancia, y quien obra con intemperancia lo hace por falta de dominio y por maldad.

86.4. Así me ocurre a mí al mirar cada día aquella expresión divina: "En verdad, en verdad les digo que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas; a éste le abre el portero" (Jn 10,1-3). Luego, explicándose el Señor, dice: "Yo soy la puerta de las ovejas" (Jn 10,7).

La intuición de un único Dios

87.1. Por tanto, para salvarse es necesario aprender la verdad por medio de Cristo, aunque hayan alcanzado la sabiduría en la filosofía griega. Porque ahora se ha mostrado visiblemente que "lo que no fue dado a conocer en otras generaciones a los hijos de los hombres, ahora se ha revelado" (Ef 3,5).

87.2. La intuición de un Dios único, Todopoderoso, (es) siempre natural en todos los sensatos, y es mayoría la que, sin haber perdido totalmente el pudor frente a la verdad, ha reconocido el eterno favor de la providencia divina.

87.3. Así, Jenócrates de Calcedonia (cf. Fragmentos, 21) no excluye del todo la idea de lo divino, incluso en los animales irracionales; y Demócrito, aunque no lo quiera, lo tendrá que confesar por la coherencia de sus teorías: puesto que ha supuesto que idénticas formas vienen a los hombres y a los seres irracionales de la naturaleza divina (cf. Demócrito, Testimonia, 68 A 79).

87.4. Es necesario que esté privado casi totalmente de la idea divina el hombre, de quien está escrito en el "Génesis" que también participa del soplo [divino] (cf. Gn 2,7) y participa de una sustancia más pura que los otros vivientes.

El Espíritu Santo nos es dado a los creyentes

88.1. De ahí que los pitagóricos digan, lo mismo que confiesan Platón y Aristóteles, que la inteligencia llega a los hombres por una disposición divina.

88.2. Pero nosotros decimos que el Espíritu Santo es inspirado en el creyente; sin embargo, los platónicos establecen la inteligencia en el alma (cf. Platón, Timeo, 30 B; 69 C; 89 E), resultando una emanación de la disposición divina, y el alma en el cuerpo.

88.3. Porque está dicho muy claramente por Joel, uno de los doce profetas: "Y sucederá después de esto; derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán sus hijos y sus hijas" (Jl 3,1). Pero el Espíritu no está en cada uno de nosotros como una parte de Dios.

88.4. Pero cómo tiene lugar esa distribución y qué es el Espíritu Santo, lo mostraremos en los [libros] "Sobre la profecía" y "Sobre el alma".

88.5. No obstante, "buena desconfianza es ocultar" las profundidades de la gnosis (cf. Rm 11,33), según Heráclito, "porque la desconfianza evita (lit.: escapa) darse a conocer" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 86).


Capítulo XIV: El robo de los griegos

Afirmaciones de los estoicos sobre Dios

89.1. A continuación hay que añadir y mostrar ahora con más claridad el robo griego desde la filosofía bárbara.

89.2. Porque los estoicos dicen que Dios es cuerpo y espíritu por esencia, como ciertamente también el alma. Todas estas cosas las encontrarás con claridad en las Escrituras. Y no pienses ahora en el sentido alegórico (de las Escrituras), como transmite la verdad gnóstica, mostrando algo, pero indicando (otra cosa), al igual que los sabios luchadores.

89.3. Pero (los estoicos) dicen que Dios penetra a través de toda la esencia; y nosotros le llamamos único Hacedor, y hacedor por el Verbo (cf. Jn 1,3).

89.4. Les ha seducido lo que se dice en la "Sabiduría": "Penetra y se difunde por doquier mediante la pureza" (Sb 7,24), porque no entendieron que estas cosas se decían acerca de la Sabiduría, la primera creación de Dios.

89.5. Sí, dicen, pero los filósofos ponen la materia entre los principios; así los estoicos, Platón y Pitágoras, lo mismo que Aristóteles el peripatético, pero no como un único principio.

89.6. Porque deberán saber que lo que se llama materia, y ellos dicen que carece de cualidad y de forma, también es denominada más audazmente por Platón como no-ser.

89.7. Y (puede) que [Platón] supiera lo que es más misterioso: que uno sola es la sustancia que realmente existe, y dice estas expresiones en el "Timeo": "Pero ahora, éste es nuestro pensamiento: el principio o principios de todas las cosas, o como se prefiera denominar, no es algo para tratar ahora, no por otra razón que la dificultad que entraña el método de exposición que ahora se utiliza" (Platón, Timeo, 48 C).

Las penas después de la muerte

90.1. Además aquella expresión profética: "La tierra era invisible y estaba confusa" (Gn 1,2), fue interpretada por aquellos [filósofos] como una sustancia material informe.

90.2. Sí, ciertamente, (la idea) de la introducción automática le vino a Epicuro por no haber comprendido la expresión siguiente: "Vanidad de vanidades, todo vanidad" (Qo 1,2).

90.3. Y Aristóteles, el hacer bajar la providencia hasta la luna deriva de aquello del "Salmo": "Señor, tu misericordia está en el cielo y tu verdad llega hasta las nubes" (Sal 35 [36],6). Porque antes de la venida del Señor aún no se había revelado el sentido de los misterios proféticos.

90.4. En cuanto a los castigos posteriores a la muerte y al castigo por medio del fuego, toda la musa poética, al igual que la filosofía griega, lo ha sustraído de la filosofía bárbara.

90.5. Así, Platón, en el último [libro] de la "República" dice con estos mismos términos: "Hay, por tanto, hombres salvajes, que se ven envueltos en fuego, presentes allí, que examinan con cuidado el lenguaje, llevando consigo a cuantos apresan; pero a Arideo y a los otros que atan las manos, los pies y la cabeza, los derriban y los desuellan, (y) arrastrándolos a la orilla del camino, los desgarran sobre retamas espinosas" (Platón, República, X,615 E-616 A).

90.6. Porque los varones envueltos de fuego quieren representar para él a los ángeles que se adueñan de los injustos para castigarlos: "Él hace, dice [la Escritura], a sus ángeles espíritus, y a sus ministros fuego ardiente" (Sal 103 [104],4).

Los ángeles

91.1. De estas cosas se deduce que el alma es inmortal. Porque, teniendo sensaciones, es castigado o educado, está vivo, aunque se diga que padece.

91.2. ¿No conocía Platón los ríos de fuego y la profundidad de la tierra cuando, a la llamada por los bárbaros Gehenna (cf. Lc 12,5), la denomina poéticamente Tártaro, o cuando designa Cocito, Aqueronte y Piriflegetonte, y otros lugares de castigos semejantes para educar y reprimir?

91.3. Pero, él también menciona a los ángeles de los pequeños y de los menores (cf. Mt 18,10; 25,40. 45) que, según la Escritura, ven a Dios al igual que la solicitud que desciende sobre nosotros por mediación de los ángeles dispuestos para esta tarea (cf. Hb 1,1), y no teme escribir:

91.4. "Una vez que todas las almas eligieron sus vidas, se acercaban como por suerte en orden a Láquesis, y ella daba a cada una el genio (daímon) que había preferido, para que fuera el guardián de la vida y el garante de las elecciones" (Platón, República, X,620 D-E).

91.5. Quizás también en Sócrates el genio (o: demonio) insinuaba esto mismo.



El diablo

92.1. Sí, en verdad, tomándolo de Moisés, los filósofos han dogmatizado que el mundo fue creado.

92.2. También Platón dijo abiertamente: "¿Existía, sin tener comienzo alguno, o bien fue creado comenzando a partir de algún principio? Fue creado, porque siendo visible es tangible, y al ser tangible tiene cuerpo" (Platón, Timeo, 28 B).

92.3. Y también, cuando dice que "es trabajoso descubrir al Creador y Padre de todo" (Platón, Timeo, 28 C), no sólo indica que el mundo ha sido creado, sino que también señala que ha nacido de Dios como de un hijo, y por eso es llamado Padre suyo, para dar a entender que ha nacido únicamente de Él y no de una materia existente.

92.4. Y también los estoicos aceptan que el mundo ha sido creado.

92.5. Sobre el Diablo mencionado por la filosofía bárbara, que es el príncipe de los demonios, Platón, en el [libro] décimo de las "Leyes", dice que es un alma maléfica, en estos mismos términos:

92.6. ¿No es necesario decir también que esa alma, que administra y gobierna a los que se mueven por todas partes, rige también el cielo? Sí, ciertamente. ¿Será un alma o muchas? Muchas, respondo por ustedes. Y no estimamos menos de dos: una bienhechora y otra que hace lo contrario" (Platón, Leyes, X,896 D-E).

Mundo inteligible y mundo sensible

93.1. Y de manera semejante en el "Fedro" escribe esto: "Existen, sin duda, también otros males, pero cierta divinidad (daímon) puso en la mayor parte de ellos un gozo momentáneo" (Platón, Fedro, 240 A-B).

93.2. Pero también en el [libro] décimo de las "Leyes" menciona abiertamente aquella idea apostólica: "No es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los espíritus que están en los cielos" (Ef 6,12).

93.3. Así como [Platón] escribe: "Porque nosotros mismos reconocemos que el cielo está lleno de muchas cosas buenas, también de las contrarias, y que (son) las más abundantes, y la lucha entre ellas, decimos, es interminable y exige una extraordinaria vigilancia" (Platón, Leyes, X,906 A).

93.4. Por otra parte, la filosofía bárbara conoce el mundo inteligible y el sensible; aquél es arquetipo, (el otro) imagen del que es denominado paradigma. El primero es referido a la unidad (mónada), en cuanto que es inteligible, pero el sensible (lo atribuye) al número seis. Porque entre los pitagóricos el seis es llamado matrimonio, porque es un número generativo.

93.5. Y en la unidad (mónada) reúnen el cielo invisible, la tierra informe y la luz inteligible. Dice [la Escritura]: "En el principio hizo Dios el cielo y la tierra; pero la tierra era invisible" (Gn 1,1-2).

El ser humano es imagen y semejanza de Dios

94.1. Y añade a continuación: "Y dijo Dios: hágase la luz; y se hizo la luz" (Gn 1,3). Y en la creación del mundo sensible (cosmogonía) crea un cielo sólido -pero lo sólido es sensible-, una tierra visible y la luz visible (cf. Gn 1,6-9. 14-17).

94.2. ¿No te parece que Platón (depende) de este (pasaje) cuando coloca las ideas de los seres vivos en el mundo inteligible y produce las formas sensibles según los géneros inteligibles?

94.3. De igual manera dice Moisés que el cuerpo, al que Platón llama tienda terrena (cf. Seudo Platón, Axiochus, 365 E-336 A), fue plasmado de la tierra, pero que el alma racional fue insuflada desde lo alto por Dios en el rostro (cf. Gn 2,7).

94.4. Porque allí mismo está establecido lo que llaman hegemónico, interpretando la entrada por medio de los sentidos, la entrada del alma, en el protoplasmado, por eso también el hombre fue creado "a imagen y semejanza" (Gn 1,26).

94.5. Porque imagen de Dios es el Verbo divino y regio, hombre impasible; pero la inteligencia humana es imagen de la imagen.

94.6. Pero si se quiere expresar la semejanza con otro nombre, encontrarás en Moisés que es llamada seguimiento divino. Porque dice: "Tras del Señor, su Dios, marcharán y guardarán sus mandamientos" (Dt 13,4). Pero pienso que los seguidores y servidores de Dios son todos los virtuosos.

Capítulo XIV: El robo de los griegos (continuación)

La verdadera amistad exige la bondad entre los amigos

95.1. Los estoicos dijeron que el objetivo de la filosofía (es) una vida conforme a la naturaleza, pero para Platón (es) la semejanza con Dios (cf. Teeteto, 176 A-b) -como hemos establecido en el segundo (libro) de los "Stromata"- (cf. II,100,3-4).

95.2. Zenón el estoico, tomándolo de Platón, pero que (lo saca) de la filosofía bárbara, dice que todos los hombres buenos son amigos unos de otros (cf. Zenón, Fragmentos, 233).

95.3. Porque en el "Fedro", Sócrates dice que "no está predeterminado que el malo sea amigo del malo, ni que el bueno no sea amigo del bueno" (Platón, Fedro, 255 B), como demostró suficientemente en el "Lisis", ya que en la injusticia y en la maldad no puede subsistir la amistad (cf. Platón, Lisis, 214 A-D).

95.4. Y el extranjero de Atenas dice lo mismo, "que existe una conducta amiga y seguidora de Dios, contenida en una frase antigua: que lo semejante es amigo de lo semejante, si guarda la medida; pero lo desmesurado no lo es ni de lo desmesurado ni de lo mesurado. Pero Dios es para nosotros la medida de todas las cosas" (Platón, Leyes, IV,716 C).

Dios conoce los corazones de los seres humanos

96.1. Y un poco más adelante añade de nuevo: "Porque todo hombre bueno es semejante al bueno, según esto, y siendo parecido a Dios, (es) amigo de todo (hombre) bueno y de Dios" (Platón, Lisis, 214 D).

96.2. Ahora hago memoria de aquello. Puesto que al final del "Timeo" dice: "El pensante debe parecerse a lo pensado, según la antigua naturaleza, y al hacerse semejante, alcance la realización perfecta de la vida, objetivo que los dioses han propuesto al hombre para el tiempo presente y el futuro" (Platón, Timeo, 90 D).

96.3. Porque eso puede ser lo mismo que esto: "Quien busca no cese de buscar hasta que encuentre. Y una vez haya encontrado, quedará admirado; admirándose reinará, y reinando descansará" (Evangelio de los Hebreos, Fragmentos, 16).

96.4. Pero ¿qué? ¿Acaso aquello de Tales no está unido a esto? [Tales] da a entender abiertamente lo que se dice entre nosotros: que Dios es glorificado por los siglos de los siglos (cf. Rm 16,27; Ga 1,5; 1 Tm 1,17) y que "es conocedor de los corazones" (Hch 1,24; 15,8: kardiognóstos). Interrogado sobre lo que es la divinidad, Tales dijo: "Lo que no tiene principio ni fin" (Tales de Mileto, Fragmentos, 1,137). Y preguntado por otro, si lo que un hombre hace permanece oculto a la divinidad, dijo: "¿Cómo? ¡Ni siquiera los pensamientos!" (Tales de Mileto, Fragmentos, 1,134),

96.5. En verdad, la filosofía bárbara sabe que sólo lo hermoso es bueno, y que la virtud es autosuficiente (lit.: que se basta a sí misma) para la felicidad, y por eso afirma: "Mira, he puesto ante tus ojos el bien y el mal, la vida y la muerte. Elige la vida" (Dt 30,15. 19).

96.6. Porque llama vida al bien, y hermoso a la elección (del bien); pero es malo la elección de lo contrario. Y el único fin de lo bueno y de la vida consiste en devenir amigo de Dios. "Porque ésta es tu vida y tu longevidad" (Dt 30,20), amar lo que conduce a la verdad.

El amor a Dios y al prójimo: plenitud de la Ley y los profetas

97.1. Pero hay algo más claro. Porque el Salvador, al prescribir el amor a Dios y al prójimo, dice que en esos dos mandamientos se contienen toda la ley y los profetas (cf. Mt 22,37. 39-40).

97.2. Los estoicos repiten sin cesar estas afirmaciones, y, antes de ellos, en el "Fedro", Sócrates suplica: "Oh Pan y demás dioses, concédanme ser hermoso en mi interior" (Platón, Fedro, 279 B).

97.3. Y en el "Teeteto" dice expresamente: "Porque el que habla hermosamente (es) bello y bueno" (Platón, Teeteto, 185 E).

97.4. Y en el "Protágoras" confiesa ante los compañeros de Protágoras que ha encontrado a uno más hermoso que Alcibíades, si lo más sabio es más hermoso (cf. Platón, Protágoras, 309 C-D).

97.5. Decía también que la virtud es la belleza del alma, pero que la maldad es la deformidad del alma (cf. Platón, República, IV,444 D-E), .

97.6. Ahora bien, el estoico Antípatro, que escribió tres libros sobre, según Platón, "que únicamente lo hermoso es bueno" (cf. Seudo Platón, Hipias mayor, 297 C), demuestra que, conforme (a Platón), la virtud es autosuficiente para la felicidad, y presenta muchos otros dogmas acordes con los estoicos (cf. Antípatro de Tarso, Fragmentos, 56).

97.7. Pero Aristóbulo, del tiempo de Tolomeo Filométer, a quien recuerda la epítome de los Macabeos (cf. 2 M 1,10; 2,23), escribió bastantes libros con los que se demuestra que la filosofía peripatética depende de la ley mosaica y de los otros profetas.



Afirmaciones de Platón que presentan referencias a la vida cristiana

98.1. Y sobre eso permanezcamos así. Pero somos hermanos, como que pertenecemos al Dios único y al único Maestro (cf. Mt 23,8-9; 25,40), lo manifiesta en algún sitio Platón exhortando de esta manera:

98.2. "Porque todos los que están en la ciudad (son) hermanos, les diremos según la fábula; pero, Dios, al plasmar, ha mezclado oro en el nacimiento de los aptos para gobernar, por eso son los más estimados; en cambio, plata al preparar a los auxiliares; bronce y hierro (al hacer surgir) a los labradores y otros artesanos" (Platón, República, III,415 A).

98.3. De aquí "ha surgido la necesidad, dice, por la que unos abrazan y aman aquello de lo que es objeto la gnosis, pero otros aquello de lo que (es) objeto la opinión" (Platón, República, III,479 E).

98.4. Porque predice esa naturaleza elegida deseosa de gnosis, si no (es) que por una hipótesis se refiere a tres naturalezas, tres formas de vida, como algunos han supuesto; así la plata [se refiera] a la de los judíos; la tercera a la de los griegos; y la de los cristianos en la que está mezclado el oro real, el Espíritu Santo.

98.5. Y escribe con exactitud la vida de los cristianos, al manifestar en el "Teeteto": "Hablemos sobre los corifeos. ¿Qué podría decir alguien a los que simplemente pasan el tiempo en la filosofía?".

98.6. Esos no conocen el camino del agora, ni dónde está la sede de la justicia, ni la sala de consejos, ni cualquier otra sala de deliberación comunitaria; ni leen ni escuchan las leyes y los decretos que se escriben.

98.7. Organizaciones de partidos, reuniones y festines junto a las flautistas, ¡ni en sueños se les ocurre frecuentar! Si algo bueno o malo ha sucedido en la ciudad, o que alguien haya recibido algún inconveniente de los antepasados, les pasa más inadvertido que los llamados toneles del mar.

98.8. Y no saben que no lo saben, si no que en realidad su cuerpo permanece y vive allí, pero él mismo anda volando, según Píndaro (Fragmentos, 292), observando por encima de las tierras y por encima de los astros del cielo, e investigando por doquier toda naturaleza" (Platón, Teeteto, 173 C-174 A).

La palabra creadora de Dios

99.1. De nuevo, a la sentencia del Señor "sea el sí de ustedes, sí, y su no, no" (Mt 5,37; cf. St 5,12), se puede comparar aquello otro: "Pero a mí jamás me es permitido admitir la mentira y hacer invisible la verdad" (Platón, Teeteto, 151 D).

99.2. Sobre la prohibición de jurar concuerda la expresión del [libro] décimo de las "Leyes": "Cesen la alabanza y el juramento sobre cualquier cosa" (Platón, Leyes, XI,917 C).

99.3. "Y en conjunto Pitágoras, Sócrates, y Platón, dicen escuchar la voz de Dios, cuando contemplan la constitución del universo, cuidadosamente producida por Dios y mantenida perpetuamente; porque lo han conocido de lo que dijo Moisés: "Dijo [Dios], y fue hecho" (Gn 1,3), describiendo que la palabra de Dios es acción" (Aristóbulo, según Eusebio de Cesarea, Preparación evangélica, XIII,13,21).

99.4. Además, estableciendo la plasmación del hombre del polvo de la tierra (cf. Gn 2,7), por ello los filósofos proclaman en toda ocasión al cuerpo como terreno (cf. Seudo Platón, Axiochus, 365 E y 366 A).

99.5. Y Homero no duda en emplear como imprecaciones (o: maldiciones) lo que sigue: "Pero ustedes todos, conviértanse en agua y tierra" (Ilíada, VII,99).

99.6. Como al decir de Isaías: "Písenlos como barro" (Is 41,25 y 10,6).

Capítulo XIV: El robo de los griegos (continuación)

Testimonios de los escritores griegos sobre Dios

100.1. Calímaco escribe con términos precisos: "Era aquel año, en el que el pájaro y el que vive en el mar y el cuadrúpedo también emitían sonidos, como el barro de Prometeo" (Calímaco, Fragmentos, 192,1-3).

100.2. Y en otro lugar él mismo dice: "Sí, Prometeo te plasmó, y no has nacido de otro barro" (Calímaco, Fragmentos, 493).

100.3. Hesíodo dice sobre Pandora: "Y ordenó al ilustre Hefesto que lo más pronto posible mezclara tierra con agua, y le infundiera voz humana e inteligencia" (Hesíodo, Los trabajos y los días, 60-62).

100.4. En efecto, los estoicos definen al fuego como un artista que avanza por un camino para producir la naturaleza. Pero fuego y luz se llaman alegóricamente a Dios y a su Verbo, según la Escritura (cf. Ex 3,2; Dt 4,24; Jn 1,4; 1 Jn 1,5).

100.5. Pero, ¿qué? ¿Homero no parafrasea también la separación del agua de la tierra, que revela (y) manifiesta la tierra firme (cf. Gn 1,7-9), (cuando) dice sobre Tetis y el Océano: "Porque durante mucho tiempo se privan ya el uno al otro del lecho y del amor"? (Homero, Ilíada, XIV,206-207).

100.6. También los más elocuentes griegos atribuyen a Dios un poder universal; así, Epicarmo -que era pitagórico- dice: "Nada escapa a la divinidad. Es necesario que tú sepas eso; Dios mismo es nuestro vigilante y nada le es imposible" (Epicarmo, Fragmentos, 23 B 23).

Testimonios de los escritores griegos sobre Dios (continuación)

101.1. Y el poeta lírico [dice]: "Para Dios es posible hacer surgir la luz inmaculada de la tenebrosa noche, y cubrir con tinieblas obscuras el límpido resplandor del día" (Píndaro, Fragmentos, 108 b). -El único que puede establecer la noche en el pleno día, haber hecho, dice, es Dios mismo-.

101.2. Y Aratos, en los llamados "Fenómenos": "Y comencemos por Zeus, dice, a quien nosotros, varones, nunca debemos dejar silenciado. De Zeus están llenas todas las calles, todas las plazas de los hombres, llenos los mares y puertos. Todos y en todo necesitamos de Zeus" (Aratos, Fenómenos, 1-6).

101.3. Y añade: "Porque de él también somos linaje (cf. Hch 17,28)", en cuanto creación;"y él, benévolo con los hombres, da signos favorables, anima a los pueblos al trabajo. Porque él mismo ha fijado esos signos en el cielo distinguiendo los astros. Él preparó para el año las estrellas, que ante todo significarían para los hombres los trabajos de las Estaciones, para producir constantemente frutos. Y siempre suplican a él, primero y último: "¡Salve, Padre, gran maravilla, gran ayuda para los hombres!"" (Arato, Fenómenos, 10-15).

101.4. Y antes de éste, Homero, sobre el escudo trabajado por Hefesto (o: Vulcano), reproduciendo la creación del mundo según Moisés, dijo: "Grabó en él la tierra, el cielo, el mar y todas las constelaciones, que coronan el cielo" (Homero, Ilíada, XVIII,485). Porque el mismo Zeus celebrado por los poetas y los escritores de prosa eleva el pensamiento hacia Dios.

Testimonios de Platón sobre Dios Creador y Trino

102.1. Pero ya Demócrito escribe "a plena luz" (cf. Platón, Fedro, 268 A), por así decir, que son "pocos los hombres que elevan las manos hacia el que los griegos llamamos ahora aire, y dicen: Zeus lo medita todo y es el que lo sabe todo, y lo da y lo quita, y es el rey de todas las cosas" (Demócrito, Fragmentos, 68 B 30).

102.2. Y más misteriosamente, Píndaro de Boecia, siendo pitagórico, (dice): "Una es la raza de los hombres y una la de los dioses; ambas respiran gracias a una única madre" (Píndaro, Nemea, 6,1-2), de la materia; y transmite que hay un único Demiurgo de ellos (= dioses, ángeles y hombres), al que llama "padre excelente obrero" (Píndaro, Fragmentos, 57), y que concede, según el mérito, avanzar hacia la divinidad.

102.3. Haré guardar silencio a Platón. Él, abiertamente en la "Carta" a Erasto y Corico, muestra al Padre y al Hijo, inspirado, no sé cómo, por los escritos de los hebreos, exhortando textualmente:

102.4. "A los que juran con seriedad, no sólo con grosería, y con jovialidad, hermana de la seriedad, a los que juran a Dios causa de todas las cosas y padre señor del guía y de la causa, a quien, si filosofan correctamente, conocerán" (Seudo Platón, Epístolas, VI,323 D).

102.5. Y en el discurso al pueblo en el "Timeo" llama Padre al Demiurgo, cuando dice así: "Dioses de dioses, de los que yo soy el padre y Demiurgo de [sus] obras" (Platón, Timeo, 41 A).

Los escritores griegos y la resurrección

103.1. Así, también cuando dice: "Todo está alrededor del Rey del universo, todo existe a causa de Él y es la causa de todo lo bello; y en torno al Segundo se encuentran las cosas segundas, y en torno al Tercero, las terceras" (Seudo Platón, Epístolas, II,312 E), yo mismo no oigo otra cosa que la que recuerda a la Trinidad santa. Porque el Tercero es el Espíritu Santo, el Segundo es el Hijo, por quien "todo fue hecho" (Jn 1,3), según la voluntad del Padre.

103.2. El mismo (Platón) recuerda, en el décimo [libro] de la "República", a Er, (hijo) de Armenio, natural de Panfilia, que es Zoroastro.

103.3. Ahora bien, el mismo Zoroastro escribe: "Esto he escrito (yo), Zoroastro, (hijo) de Armenio, natural de Panfilia, muerto en batalla, cuanto aprendí de los dioses cuando estuve en el Hades" (cf. Apócrifo de Zoroastro en: Proclo, In Platonis rem publicam commentarii, II,111,12-13).

103.4. Platón dice que este Zoroastro, yaciendo muerto sobre la pira de fuego durante doce días, revivió (cf. Platón, República, X,614 B). Tales cosas quizás insinúan la resurrección, quizás aquello de que el camino para la ascensión de las almas es por medio de los doce signos del zodíaco; pero también el mismo (Platón) dice que idéntico (es el camino) que tienen [las almas] en el descenso para el nacimiento (cf. Platón, República, X,612 B).

103.5. Con ello hay que entender también que los trabajos de Heracles (o Hércules) fueron doce, tras las cuales el alma alcanza la liberación de todo este mundo.

103.6. No dejaré de lado tampoco a Empédocles, quien recuerda así el restablecimiento de todas las cosas físicamente, cuando un día tenga lugar la transformación de todo en la sustancia del fuego (cf. Empédocles, Fragmentos, 31 A 31).

Afirmaciones de Heráclito sobre las mutaciones del cosmos

104.1. Con toda evidencia, Heráclito de Éfeso es de esta misma opinión; ha reconocido que hay un mundo eterno, pero otro que se corrompe, y sabe que éste no es otro distinto, según el orden cósmico, que el otro que es de otra manera.

104.2. No obstante, que él sabía que el mundo, hecho especialmente de toda sustancia, era eterno, lo pone de manifiesto diciendo esto: "Al mundo, que es el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que existía siempre, y es y será fuego vivificador, que está sujeto a medidas y se extingue con medidas" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 30).

104.3. Pero que también dogmatizaba que ese (mundo) había nacido y era corruptible, lo indica lo siguiente: "Mutaciones del fuego (son) al principio el mar, pero del mar una mitad (era) tierra, la otra mitad torbellino de fuego" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 31).

104.4. Porque viene a decir que el fuego, bajo el gobierno del Verbo y de Dios que (organiza) el universo, es cambiado por el aire en humedad, que es como el germen de la disposición del mundo, y que él llama mar. Del éste nacen a su vez la tierra, el cielo, y lo que contienen.

104.5. Pero, cómo de nuevo se restablece y se enciende, lo muestra claramente por esto: "El mar se disuelve y se transforma (lit.: se mide) en la misma proporción, igual que antes de hacerse tierra" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 31). Y cosas semejantes dice sobre los demás elementos.



Los estoicos y "la permanencia" del alma humana

105.1. Los más renombrados estoicos establecen cosas parecidas a eso, cuando dogmatizan sobre la conflagración del cosmos, y sobre la disposición del universo, sobre lo característico del mundo y del hombre, y sobre la permanencia de nuestras almas.

105.2. De nuevo Platón, en el [libro] séptimo de la "República" ha designado nocturno (cf. Platón, República, VII,521 C) -pienso yo que por "los príncipes de este mundo de tinieblas" (Ef 6,12)- al día de aquí; pero también sueño y muerte al descenso del alma en el cuerpo (cf. Platón, Georgias, 493 A; Fedón, 95 D), lo mismo que para Heráclito (cf. Fragmentos, 22 B 21).

105.3. Y quizás esto sea lo que vaticinó el Espíritu sobre el Salvador por medio de David diciendo: "Yo me acosté y me dormí; desperté porque el Señor cuida de mí" (Sal 3,6).

105.4. Porque no llama alegóricamente despertarse de un sueño a la sola resurrección de Cristo, sino también llama sueño al descenso del Señor en la carne.

¿Platón predijo la resurrección?

106.1. En efecto, el Salvador mismo recomienda: "Velen" (Mt 24,42), o sea, procuren vivir y esfuércense en separar el alma del cuerpo (cf. Platón, Fedón, 67 D; 80 E; 81 A).

106.2. Al día del Señor, Platón, en el décimo [libro] de la "República", lo vaticina con esto: "Después de que hayan pasado siete días para cada uno de los que están en la pradera, conviene que al octavo, levantándose de ahí, marchen y lleguen en cuatro días" (Platón, República, X,616 B).

106.3. Ciertamente, por pradera hay que entender la esfera estable, como un lugar apacible y dulce, y sitio de los santos; pero por los siete días, [hay que entender] cada uno de los movimientos de los siete [planetas] y todo el trabajo eficaz que busca con ardor la perfección del reposo.

106.4. Pero el viaje más allá de los planetas conduce hasta el cielo, es decir, al movimiento y al octavo día. Y dice que las almas se desplazan durante cuatro días, significando el viaje a través de los cuatro elementos.

Los griegos hablan de un séptimo día sagrado

107.1. Y no sólo los hebreos conocen que el séptimo día es sagrado, sino también los griegos, porque según ese [día] gira todo el mundo de los seres animados y el de todas las plantas que crecen (Aristóbulo según Eusebio de Cesarea, La preparación evangélica, XIII,12,13).

107.2. También Hesíodo dice lo mismo acerca de ese (día): "Los días primero, cuarto y séptimo del mes son sagrados" (Hesído, Los trabajos y los días, 770). Y también: "La luz del sol brillará en el día séptimo" (Hesíodo, Fragmentos, 362).

107.3. Y Homero: "Después apareció un día sagrado en el séptimo (día)" (cita desconocida). Y: "El (día) séptimo era sagrado" (cita desconocida). Y también: "Era el séptimo día y en él se perfeccionaba todo" (cita desconocida; cf. Homero, Odisea, V,262). Y nuevamente: "En la séptima aurora abandonamos la corriente del Aqueronte" (Homero, Odisea, V,262).

107.4. Y también el poeta Calímaco escribe: "Pero en la séptima aurora lo llevó todo preparado" (Seudo Calímaco, Fragmentos, 145). Y de nuevo: "El (día) séptimo está entre los buenos, y la séptima generación" (Seudo Calímaco, Fragmentos, 145). También: "El (día) séptimo está entre los principales y el séptimo (día) es perfecto" (Seudo Calímaco, Fragmentos, 145). Y: "En el cielo estrellado todo está compuesto de siete, mostrándose en ciclos conforme giran los años" (Seudo Calímaco, Fragmentos, 107).

A Dios no se le puede ver con los ojos

108.1. Pero también las elegías de Solón divinizan muy bien el (día) séptimo (cf. Solón, Fragmentos, 19).

108.2. Pero ¿qué? ¿Acaso también no es semejante a lo dicho en la Escritura: "Suprimamos al justo de en medio de nosotros, puesto que nos es incómodo" (Sb 2,12), lo que Platón, en el segundo [libro] de la "República", casi profetizando la economía del Salvador, dice:

108.3. "Si el justo es así, será azotado, torturado, encadenado, se le amputará el ojo, y luego de haber sufrido todo mal, será empalado"? (Platón, República, II,631 E-362 A).

108.4. Y el socrático Antístenes, parafraseando aquel dicho profético afirma: ""¿A quién me compararán? Dice el Señor" (Is 40,18. 25; 46,5), que Dios no se parece a nadie, porque nadie puede conocerlo a partir de una imagen" (Antístenes, Fragmentos, 24).

108.5. Lo mismo dice expresamente Jenofonte de Atenas: "Quien todo lo hace temblar y lo hace estar quieto, es manifiesto que se trata de alguien grande y poderoso; pero qué forma tiene, es invisible. Tampoco el sol, que parece ser visible a todos, permite que se le vea; mas si alguno lo mira imprudentemente, quedará sin vista" (Jenofonte, Memorabilia, IV,3,13-14).

108.6. "¿Porque, qué carne con sus propios ojos puede mirar al celestial, inmortal y verdadero Dios, que habita en el polo? Pero ni siquiera los hombres, nacidos mortales, pueden pararse frente a los rayos del sol" (Oráculos Sibilinos, Fragmentos, 1,10-13), dijo antes la Sibila.


Capítulo XIV: El robo de los griegos (continuación)

Testimonios de Jenófanes sobre Dios, uno e incorpóreo

109.1. Muy bien dice (lit.: añade) Jenófanes de Colofón, enseñando que Dios es uno e incorporal: "El único Dios, el más grande entre los dioses y los hombres, no se parece a los mortales ni en cuerpo ni en pensamiento" (Jenófanes, Fragmentos, 21 B 23).

109.2. Y de nuevo: "Pero los mortales piensan que los dioses son engendrados, que tienen el vestido, la voz y el cuerpo propios de ellos" (Jenófanes, Fragmentos, 21 B 14).

109.3. Y de nuevo: "Pero si los bueyes o los leones tuvieran manos, como para dibujar con ellas y para realizar obras como varones, los caballos pintarían figuras de dioses parecidas a caballos, los bueyes a bueyes, y harían cuerpos parecidos a los que ellos mismos tienen" (Jenófanes, Fragmentos, 21 B 15).

Testimonios de un poeta y un filósofo acerca de Dios

110.1. Oigamos de nuevo ahora a Baquílides, el poeta lírico, hablando sobre la divinidad: "Los que están libres de la miseria (o: vergüenza) de las enfermedades son también inocentes, y no son semejantes a los hombres" (Baquílides, Fragmentos, 23).

110.2. También el estoico Cleantes, en un poema, ha escrito esto sobre Dios: "¿Me preguntas cómo es lo bueno? Escucha ahora: ordenado, justo, santo, piadoso, dueño de sí mismo, servicial, hermoso, recto, austero, severo, siempre benéfico, intrépido, inofensivo, provechoso, inocuo, ventajoso, agradable, seguro, amigable, estimado, reconocido, afamado, modesto, diligente, manso, enérgico, perdurable, irreprochable, siempre perseverante" (Cleantes, Fragmentos, 557).

Testimonios de Cleantes, Anfión y Sófocles contra la idolatría

111.1. El mismo [Cleantes], atacando silenciosamente la idolatría de la mayoría, añade: "No es libre todo el que busca cualquier opinión favorable, como para conseguir algún bien de ella" (Cleantes, Fragmentos, 560).

111.2. No hay que pensar acerca de lo divino según lo hace la opinión de la mayoría.

111.3. "Porque yo no pienso que, secretamente, imitando las actitudes de un hombre criminal, Zeus haya venido a tu lecho como un hombre" (Eurípides, Antiopes fragmenta, 31 y 210), dice Anfión al Antíope.

111.4. Y Sófocles escribe sin rodeos: "Porque Zeus tomó por esposa a la madre de éste, no recubierto de oro ni revestido de pluma de cisne, como cuando fecundó a la joven pleuroniana, sino como varón auténtico" (Sófocles, Fragmentos, 1026).

111.5. Luego, avanzando también añadió: "Y el adúltero se ha acercado rápido a los umbrales del lecho nupcial" (Sófocles, Fragmentos, 1026).

111.6. Además de todo esto, refiere más claramente la incontinencia del Zeus mitológico, cuando dice así: "Pero, él, sin tocar comida ni jofaina, avanzó hacia el lecho mordiéndose el corazón; y se lanzó [en la lujuria] toda aquella noche" (Sófocles, Fragmentos, 1026).

111.7. Así las cosas, abandona tú las locuras de los teatros. Heráclito dice inequívocamente: "Respecto de la razón eterna, los hombres son siempre ignorantes, antes de escucharla y después de haberla escuchado" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 1).

Testimonios de otros poetas y filósofos sobre la divinidad

112.1. El poeta lírico Melanípides cantando dice: "Escúchame, oh padre, maravilla de los mortales, que cuidas las almas de quien vive eternamente" (Melanípides, Fragmentos, 6).

112.2. Y el gran Parménides, como dice Platón en el "Sofista", escribe así acerca de la divinidad: "Muchos indicios hay de un ser inengendrado e imperecedero, íntegro, único, inmóvil e inengendrado" (Parménides, Fragmentos, 28 B 8,3-4; cf. Platón, Sofista, 237 A).

112.3. Pero también Hesíodo dice: "Porque él es rey de todo y soberano de los inmortales, ningún otro poder se ha enfrentado con él" (Hesíodo, Fragmentos, 195).

112.4. Ciertamente, también la tragedia, desde los ídolos, enseña a levantar la mirada hacia el cielo.

Testimonio de Sófocles sobre Dios

113.1. Sófocles, como dice Hecateo al componer la historia en el [libro] "Sobre Abrahán y los egipcios", grita públicamente sobre la escena:

113.2. "Uno en las cosas verdaderas, uno es Dios, que fabricó el cielo y la tierra inmensa, la brillante ola del mar y la fuerza de los vientos. Pero la mayoría de los mortales tenemos descarriado el corazón, y hemos establecido el alivio de los sufrimientos (o: desgracias) en unas estatuas de piedra de los dioses, o figuras de bronce, hechas de oro fundido o de marfil. Honrándoles con sacrificios y malas asambleas populares, pensamos así que obramos con piedad" (Hecateo de Abdera, Fragmentos, 94).



El "autoengedrado"

114.1. Y Eurípides, en la misma escena trágica, dice: "¿Ves en lo alto a ese éter ilimitado, y que rodea la tierra teniendo los brazos húmedos? Piensa que ése (es) Zeus, considéralo dios" (Eurípides, Fragmentos, 941).

114.2. Y el mismo [Eurípides] en el drama "Pirito" también dice en forma de tragedia esto: "A ti, que naces de ti mismo, que en el movimiento circular del éter entrelazaste la naturaleza de todas las cosas, al que la luz, la noche obscura y de colores varios, y la multitud indefinida de astros rodean sin cesar (lit.: bailan alrededor continuamente)" (Eurípides, Peirithus fragmenta, 593; cf. Critias, Fragmentos, 88 B 19).

114.3. Porque aquí al "autoengendrado" le ha llamado inteligencia creadora, y lo que sigue se refiere al mundo, en el que también tienen lugar los contrastes de luz y tinieblas.

113.4. Esquilo, (hijo) de Euforión, dice solemnemente y con precisión sobre Dios: "Zeus es éter, Zeus es tierra, Zeus es cielo. Sí, Zeus (es) el universo y lo que está por encima de él" (Esquilo, Fragmentos inciertos, 105a).

Un único principio

115.1. Yo sé también que Platón da testimonio de lo que escribió Heráclito: "Uno, sabio y único quiere y no quiere que ser llamado (con) el nombre de Zeus" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 32).

115.2. Y otra vez: "Ley (es) también obedecer la voluntad del uno" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 33).

115.3. Y si quieres aducir aquel dicho: "El que tenga oídos para oír, que oiga" (Mt 11,15; Lc 14,35), lo encontrarás así enseñado por el Efesio: "Los que escuchan sin entender se parecen a los sordos. El dicho da testimonio de que estando ellos presentes están ausentes" (Heráclito, Fragmentos, 22 B 34).

115.4. Pero, ¿quieres escuchar más claramente que, según los griegos, hay un solo principio? Timeo de Lócride, en su "Tratado de física", me lo testimonia textualmente: "El único principio de todas las cosas es inengendrado. Porque si fuera engendrado, no sería ya principio, sino aquello de donde nació el principio" (Timeo de Locro, Testimonia, 7).

115.5. Porque de allí deriva la opinión verdadera: "Escucha Israel, dice [la Escritura], el Señor tu Dios es uno, y a Él sólo servirás" (Dt 6,4. 13).

115.6. "Miren, Él mismo resulta evidente para todos, infalible" (Oráculos Sibilinos, Fragmentos, 1,28), como dice la Sibila.

¿Homero llegó a intuir al Dios verdadero?

116.1. Pero ya también Homero muestra al Padre y al Hijo, gracias a una intuición adivinatoria, diciendo: "Si, en efecto, nadie te hace violencia a ti, que eres único, no es posible escapar de la enfermedad mandada por el gran Zeus. Porque los Cíclopes no se preocupan de Zeus portaégida" (Homero, Odisea, IX,410-411. 275).

116.2. Y antes de él, Orfeo, hablando de lo anteriormente establecido, dijo: "Oh hijo del gran Zeus, padre de Zeus portaégida" (Orfeo, Fragmentos, 338).

116.3. Y Jenócrates de Calcedonia, llamando a Zeus "el supremo", pero a otro "más joven" (cf. Jenócrates, Fragmentos, 18), deja entrever el reflejo del Padre y del Hijo.

116.4. Y lo que es más extraordinario, Homero manifiesta conocer la divinidad, aunque introduzca a los dioses con pasiones humanas. Ni aún así Epicuro le respeta.

Dios no se puede percibir corporalmente

117.1. Dice [Homero]: "¿Por qué, hijo de Peleo, me persigues con pies rápidos, siendo tú mismo un mortal, a [mí] dios inmortal? Todavía no sabes que yo soy dios" (Homero, Ilíada, XXII,8-10).

117.2. Porque ha manifestado que la divinidad no puede ser aprehendida ni comprendida por un mortal, ni con los pies, ni con las manos, ni con los ojos, ni tampoco en absoluto con el cuerpo.

117.3. Dice la Escritura: "¿A quien compararán al Señor? ¿ Con qué imagen lo han equiparado?" (Is 40,18).

117.4. "No a una imagen hecha por artífices, o ¿acaso un orfebre que ha fundido oro para recubrirlo?" (Is 40,19), y lo que sigue a esto.


Capítulo XIV: El robo de los griegos (continuación)

Sobre el Lógos

118.1. El cómico Epicarmo habla en la "República" con claridad del Verbo: "La vida humana necesita totalmente de reflexión y de número. Y por número y reflexión vivimos. Porque esto salva a los mortales" (Epicarmo, Fragmentos, 23 B 56).

118.2. Después añade en términos precisos: "La razón gobierna a los hombres, y salva debidamente".

118.3. A continuación, si "un hombre tiene reflexión, también hay una palabra divina: ella ha nacido en el hombre, al entrar en la vida; y la palabra divina acompaña en las artes a todos, enseñándoles siempre lo útil que conviene hacer. Porque no descubre el hombre la técnica, sino es Dios quien la trae. Pero la palabra humana ha nacido gracias al verbo divino" (Epicarmo, Fragmentos, 23 B 57).

Nuestro Dios es un Dios cercano

119.1. En verdad, mediante Isaías, el Espíritu ha gritado: "¿Qué me importa la muchedumbre de los sacrificios?, dice el Señor. Estoy harto de los holocaustos de carneros, y no quiero grasa de corderos ni sangre de toros" (Is 1,11); y poco después añade: "Lávense, purifíquense, quiten de sus almas las maldades" (Is 1,16), y lo que sigue a eso.

119.2. El cómico Menandro escribe con estas mismas expresiones: "Si alguien ofreciendo un sacrificio, oh Pánfilo, de muchos toros y cabritos, o, por Zeus, de otros semejantes, u objetos fabricados, clámides hechas de oro o de púrpura, o figurillas de marfil o de esmeralda, piensa inducir a la benevolencia a Dios, ése se ha engañado y tiene pensamientos ligeros. Porque es necesario que el hombre fructifique lo mejor, que no corrompa a las doncellas y (no) sea adúltero, ni ladrón y que no mate por motivo de riquezas. Ni codicies siquiera la hebra de una aguja, Panfilo. Porque Dios, que está presente en todo, te observa" (Seudo Menandro, Fragmentos, 683; Seudo Justino, De monarchia, IV,136).

119.3. "Yo soy Dios cercano y no un Dios lejano. ¿Qué hombre hará algo a escondidas que yo no lo vea?" (Jr 23,23-24), dice por medio de Jeremías.

Una conciencia recta

120.1. Y de nuevo Menandro, parafraseando aquella (palabra) de la Escritura: "Ofrezcan un sacrificio de justicia y esperen en el Señor" (Sal 4,6), escribe de la siguiente manera:

120.2. "Ni una aguja ajena, oh queridísimo, jamás has de desear; porque Dios se complace con las obras justas, y no con las injustas; pero permite al que trabaja mejorar la propia vida, labrando la tierra día y noche. Pero, siendo justo, ofrece a Dios sacrificios perfectos no tan brillantes en clámides como en el corazón. Si escuchas un trueno, no huyas, Él sabe que nada le afecta, al que es soberano. Porque Dios, que está cerca, te observa" (Seudo Menandro, Fragmentos, 683; Seudo Justino, De monarchia, IV,136).

120.3. "Cuando tú estés hablando, diré: "Heme aquí"" (Is 58,9), dice la Escritura.

Dios es el dueño de todo y justo juez

121.1. De nuevo, el cómico Dífilo reflexiona así sobre el juicio: "¿Opinas tú, Nicerato, que los muertos que han gozado en vida de todo libertinaje escapan de la divinidad furtivamente? Hay un ojo de Justicia que lo ve todo. Porque legislamos también que hay dos sendas para ir al Hades, una (es) la de los justos, (y) otro es el camino el de los impíos" (Seudo Justino, De monarchia, 3). También (dice): "Si la tierra ocultara a los dos en todo tiempo, el que ha muerto saquee, robe, despoje, revuelva. ¡No te engañes! En el Hades existe también un juicio; sí, lo hará Dios, que es señor de todo, cuyo nombre es temible y yo no me atrevo ni a mencionar. Es el que concede a los pecadores una vida larga" (Seudo Filemón, Fragmentos, 246).

121.2. "Pero si algún mortal piensa que, haciendo el mal cada día, permanece ignorado a los dioses, piensa mal y así será condenado, cuando la Justicia tenga tiempo para actuar" (Eurípides, Fhrixos fragmenta, 835).

121.3. "Miren, los que piensan que Dios no existe. Existe, en efecto, existe. Y si alguien es feliz, siendo malo, que aproveche el tiempo. Porque con tiempo él mismo pagará más tarde el castigo" (Eurípides, Fragmentos dudosos, 1131).

121.4. La tragedia concuerda con eso mismo en los versos: "Porque vendrá, vendrá aquel tiempo eterno, cuando el éter dorado rasgue el tesoro lleno de fuego y la llama devoradora abrase furiosa todo (lo que haya) sobre la tierra y en el espacio" (Seudo Sófocles, Fragmentos dudosos, 1027).

Cómo alcanzar la eterna bienaventuranza

122.1. Y un poco después añade de nuevo: "Pero, cuando todo falte, todo oleaje de abismos habrá desaparecido, y la tierra estará desierta de moradas, y ni siquiera el aire, incendiado, transportará las razas aladas; y luego salvará todo lo que antes había destruido" (Seudo Sófocles, Fragmentos dudosos, 1027).

122.2. Cosas parecidas a esas encontramos en los [poemas] Órficos, donde está escrito: "Puesto que ocultando a todos, de nuevo los sacó a la luz de la alegría desde el corazón sagrado, haciendo cosas terribles" (Orfeo, Fragmentos, 21a).

122.3. Pero si pasáramos la vida santa y justamente, entonces (seremos) bienaventurados, y más felices tras la partida de aquí, porque no tendremos felicidad por un tiempo determinado, sino que podremos descansar eternamente, "habitando con los otros inmortales, sentados a sus mesas, libres de sufrimientos humanos, indestructibles" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 147), dice poéticamente el filósofo Empédocles.

122.4. Nadie habrá, según los griegos, tan grande que predomine sobre la justicia, ni tan pequeño que pase inadvertido.

Sólo Abraham pudo conocer a Dios

123.1. Y el mismo Orfeo dice también esto: "Mirando hacia la palabra divina, ocúpate asiduamente de ella, dirige la cavidad intelectual del corazón. Marcha bien por el sendero, y contempla al único rey del mundo inmortal" (Orfeo, Fragmentos, 246).

123.2. Por otra parte, sobre Dios, dice que es invisible, y afirma que ha sido conocido por uno solo, de linaje caldeo, refiriéndose a Abrahán y a su hijo, mediante estas [palabras]: "Al menos una porción unigénita de la antigua raza de los caldeos; pues era conocedora de la marcha astral, y cómo realiza alrededor de la tierra el movimiento de la esfera, girando circularmente por igual alrededor de su propio eje, y [cómo] guía los vientos en torno al aire y al mar" (Orfeo, Fragmentos, 246).

Dios es todopoderoso

124.1. A continuación, como parafraseando lo del "cielo es mi trono, y la tierra escabel de mis pies" (Is 66,1), añade: "Él está sentado sobre el gran cielo en un trono de oro, y la tierra está colocada bajo los pies. Y extendió la mano derecha sobre los límites del océano, y el cimiento de los montes tiembla con furor interior, no puede soportar la furia vehemente. Y en todo es Él celestial y lleva a cabo todo sobre la tierra, teniendo el principio, el medio y el fin. No está permitido que tú hables de otra manera; tiemblo de miedo con [ese] pensamiento. Actúa desde la altura" (Orfeo, Fragmentos, 246), y lo que sigue.

124.2. Por esas palabras ha designado todas aquellas [otras] proféticas: "Si rasgaras el cielo, el monte se estremecería ante ti y se fundiría, como se funde la cera frente al fuego" (Is 63,19-64,1).



La soberanía absoluta de Dios

125.1. También a. través de Isaías: "¿Quién midió el cielo con el palmo, y toda la tierra con el puño?" (Is 40,12; 48,13). Y nuevamente dice [Orfeo]: "Soberano del éter y del Hades, del mar y de la tierra., que sacudes con truenos al resistente palacio del Olimpo. Ante quien se estremecen los daímones y teme la asamblea de los dioses. Al que las diosas del destino obedecen, aún siendo implacables.

125.2. Indestructible, madre y padre a la vez (metropátor), cuya ira todo lo agita. Que mueves los vientos, recubres todas las cosas con nubes, y rasgas el anchuroso éter con torbellinos de fuego; el orden en los astros corre por tus mandatos inmutables.

125.3. Ante tu trono de fuego se mueven mensajeros laboriosos, que cumplen con cuidado todo lo referente a los mortales. Tu primavera brilla nueva con flores purpúreas. Tu invierno llega con gélidas nubes. Tuya es la estación de los frutos báquicos que Bromio distribuyó (o: que Bromio en una orgía báquica distribuyo)" (Orfeo, Fragmentos, 248).

El vocablo "metropátor"

126.1. Luego agrega, llamando expresamente a Dios Todopoderoso: "Indestructible, inmortal, pronunciable sólo para los inmortales. Ven, el más grande de todos los dioses, con poderosa necesidad (o: fatalidad), temible, invencible, grande, inmortal, a quien el éter corona" (Orfeo, Fragmentos, 249).

126.2. En verdad, por el [término] metropátor (= madre y padre a la vez), no indicó sólo la creación a partir de la nada, sino que también ha dado pretexto a los que introducen las emanaciones, para pensar una unión matrimonial de Dios.

126.3. Y parafrasea aquellos escritos proféticos, y uno de Oseas: "Yo doy fuerza al trueno y creo el viento" (Am 4,13, no Oseas), cuyas manos han fundado el ejército del cielo; y el [dicho] de Moisés:

126.4. "Vean, vean que soy yo, y que no hay otro Dios fuera de mí. Yo condenaré a muerte y daré la vida. (Yo) heriré y yo curaré. No hay quien se libre de mis manos" (Dt 32,39).

126.5. "Y Él hace salir para los mortales el mal del bien, y la guerra escalofriante y los sufrimientos que hacen llorar", según Orfeo (Fragmentos, 246).

"El Señor ha hecho la tierra"

127.1. Y Arquíloco de Paros dice esto mismo: "Oh Zeus, padre Zeus, a ti el imperio del cielo, pero tú ves las obras de los hombres, las malvadas y las justas" (Arquíloco, Fragmentos, 177).

127.2. De nuevo cante para nosotros el tracio Orfeo: "Y extendió la mano derecha por doquier hasta el confín del océano, y ha puesto la tierra bajo los pies" (Orfeo, Fragmentos, 246).

127.3. Estas cosas están manifiestamente sacadas de aquello: "El Señor salvará las ciudades habitadas, y tomará con la mano, como a un nido, todo el orbe habitado" (Is 10,14). "El Señor ha hecho la tierra con su propio poder, como dice Jeremías, y en su sabiduría enderezó el orbe habitado" (Jr 10,12).

127.4. Además de esto, Focílides, que llama a los ángeles daímones, a unos los presenta buenos y a otros malos, incluso también nosotros hemos oído hablar de que algunos son apóstatas: "Pero, hay daímones de uno y otro sentido para los hombres. Algunos liberan a los hombres cuando se presenta el mal" (Focílides, Fragmentos de las Sentencias, 16).

Testimonios de escritores griegos contra la idolatría

128.1. También el cómico Filemón destruye hermosamente la idolatría mediante estas palabras: "No existe para nosotros ninguna diosa Fortuna, no existe; sino que lo que sucede espontáneamente, como por fortuna a cada uno, es llamado fortuna" (Filemón, Fragmentos, 137).

128.2. Y Sófocles, el poeta trágico, dice: "A ningún dios le sucede todo como quiere, excepto a Zeus, porque él tiene el principio y el fin" (Seudo Sófocles, Fragmentos dudosos, 1028).

128.3. Y Orfeo: "Hay una fuerza, un solo daimon inmenso que enciende el cielo; uno solo ha formado todas las cosas, en él se mueve todo: el fuego, el agua y la tierra" (Orfeo, Fragmentos, 168), y lo que sigue a eso.

Dificultad de la mente humana para entrar en el misterio de Dios

129.1. Píndaro, el poeta lírico, como transportado en delirio báquico, dice abiertamente: "¿Qué es Dios? El que lo (es) todo" (Píndaro, Fragmentos, 140).

129.2. Y de nuevo: "Dios (es el que) hace todo para los mortales" (Píndaro, Fragmentos, 141).

129.3. Y cuando dice: "¿Qué sabiduría esperas? Poco tiene un varón sobre otro. (Es) difícil para la mente humana, nacida de una madre mortal, escrutar los designios de los dioses" (Píndaro, Fragmentos, 61), sacó su pensamiento de aquí:

129.4. "¿Quién ha conocido el pensamiento del Señor? O, ¿quién ha sido su consejero?" (Is 40,13; cf. Rm 11,34).

129.5. Pero también Hesíodo concuerda con lo anterior, cuando escribe: "Ningún adivino hay entre los hombres terrestres que conozca el pensamiento de Zeus portaégida" (Hesíodo, Fragmentos de Melampodia, 303).

129.6. De igual manera Solón el ateniense, en las "Elegías", siguiendo a Hesíodo, escribe: "La mente de los inmortales (es) en todo invisible a los hombres" (Solón, Fragmentos, 17).


Capítulo XIV: El robo de los griegos (conclusión)

Dios es bueno

130.1. Moisés, a su vez, profetiza que la mujer daría a luz con fatigas y penas (cf. Gn 3,16-17), por la transgresión, (y) un poeta no desconocido escribe: "Nunca (durante) el día descansarán del trabajo penoso y de sufrir, ni por la noche de sus angustias. Y los dioses [les] darán dolorosas inquietudes" (Hesíodo, Los trabajos y los días, 176-178).

130.2. También Homero, al decir: "El padre mismo ha extendido la balanza de oro" (Homero, Ilíada, VIII,69; 209), recuerda que Dios es justo.

130.3. El cómico Menandro, interpretando que Dios es bueno, dice: "Un daimon acompaña a cada hombre desde su nacimiento, como buen iniciador (mistagogo) de la vida. Porque no es necesario pensar que hay un daimon malo, que perjudique la vida honrada" (Menandro, Fragmentos, 714).

130.4. También añade: "Pero todo dios es bueno" (Menandro, Fragmentos, 714), diciendo o que todo (es) un dios bueno, o que, como (es) mejor, Dios es bueno en todo.

Dios altísimo

131.1. También el trágico Esquilo, presentando el poder de Dios, no duda en pregonarlo también altísimo con estas palabras:

131.2. "Aparta a Dios de los mortales y no pienses que tiene una carne como tú mismo. Tú no lo conoces; alguna vez se aparece como fuego, ímpetu inaccesible; otras como agua; otras como tiniebla. También él se asemeja a las fieras, al viento, a la nube, al relámpago, al trueno y a la lluvia.

131.3. El mar y las rocas están a su servicio, todo manantial y las masas de agua. Tiemblan montes, tierra, abismo enorme del mar y la gran cima de los montes, cuando ven el ojo terrible del soberano. Porque todo lo puede la gloria del Dios altísimo" (Esquilo, Fragmentos inciertos, 464).

131.4. ¿No te parece que parafrasea aquello de "ante el rostro del Señor tiembla la tierra" (Sal 113 [114],7)?

La gloria de Dios

132.1. Además, por encima de éstos, Apolo, el mayor adivinador, dando testimonio de la gloria de Dios, se ve obligado a decir sobre Atenea, cuando los medos marchaban contra la Hélade, que, como temiese, suplicó a Zeus en favor del Ática.

132.2. El oráculo dice así: "Palas no puede apaciguar a Zeus Olimpo, rezando con muchas palabras y con prudente ingenio; dará un fuego violento a muchos templos de los inmortales, que ahora están bien asentados, casi chorreando sudor y temblando de miedo" (Herodoto, Historias, VII,141 y 140), y lo que sigue a eso.

La fe en un ser supremo es necesaria para el ser humano

133.1. Teáridas en su [libro] "Sobre la naturaleza" escribe: "El principio de los seres, el principio realmente verdadero (es) uno; porque está en el principio uno y único" (Teáridas, Fragmentos, 201).

133.2. "Y no existe ningún otro fuera del gran rey" (Orfeo, Fragmentos, 246), dice Orfeo.

133.3. Siguiendo a éste, el cómico Dífilo dice lo más conocido de todo: "Al padre de todos (los seres) hónralo, a él sólo hasta el fin, al inventor y creador de tantos bienes" (Seudo Dífilo, Fragmentos, 138).

133.4. Con razón también Platón acostumbra "a que las naturalezas de mejor condición alcancen el conocimiento, que antes hemos dicho que es el mejor, contemplar el bien y avanzar en aquella ascensión" (Platón, República, VII,519, C-D).

133.5. "Pero esto, al parecer, no consiste en dar una media vuelta a una vasija de barro, sino [en] un giro del alma desde cierto día nocturno hacia la verdadera ascensión al ser, de la cual diremos que es auténtica filosofía" (Platón, República, VII,521 C).

133.6. Y a los que participan de ella les juzga como linaje de oro, diciendo: "En verdad todos ustedes son hermanos" (Platón, República, III,415 A), pero los del linaje de oro juzgan con total exactitud y de manera completa.

133.7. En efecto, todos los seres toman naturalmente y sin aprender (una idea) de todo del Padre y Creador del universo: los seres inanimados tienen los mismos sentimientos que los vivientes; y de los seres animados: unos, ya inmortales por las obras realizadas cada día; y otros, mortales, en el temor porque todavía son llevados en el seno materno, o [los que se encuentran] en el autoejercicio (lit.: dominio de sí) de la reflexión; y así todos los hombres, sean griegos o bárbaros.

133.8. Ningún linaje en ninguna parte, ni los agricultores, ni los nómadas, ni los que habitan en ciudades pueden vivir sin estar poseídos por la fe del ser supremo.

133.9. Por eso, todo pueblo de oriente a occidente, y todo (pueblo) de norte a sur, todos tienen una y la misma noción previa (prolepsis) sobre [Dios], quien ha establecido su hegemonía, puesto que lo más universal de su actividad se extiende por igual a todo.

El auténtico conocimiento de Dios

134.1. Pero, mucho más entre los que están ocupados en muchos asuntos entre los griegos, los filósofos, impulsados por la filosofía bárbara, atribuyeron la providencia al invisible, al único, al más poderoso y hábil, al que constituye la causa primera de toda belleza, pero no saben lo que acompaña a todo eso, si no son catequizados por nosotros, (y) tampoco alcanzan a conocer a Dios en su ser, sino únicamente, como ya lo hemos dicho en repetidas ocasiones, mediante una verdadera circunlocución (perífrasis).

134.2. Con razón el Apóstol dice: "¿Acaso Dios es sólo de los judíos? ¿No lo es también de los griegos?" (Rm 3,29). No sólo afirma proféticamente que los griegos creyentes del helenismo habían de conocer a Dios, sino que indica esto: en potencia el Señor es también Dios de todos y realmente todopoderoso, pero según la gnosis no (es) Dios de todos (cf. 1 Co 8,7).

134.3. Porque [los griegos] no saben quién es Él, ni cómo es Señor, Padre y Creador, ni la restante economía (salvífica) de la verdad, a no ser que hayan sido instruidos por ella misma.

Testimonios de Isaías y de Jonás sobre los pueblos que, aún sin tener fe, dirigen el pensamiento hacia Dios

135.1. También las profecías tienen la misma fuerza que la palabra apostólica. Isaías afirma: "Si dicen: "Hemos confiado en el Señor, nuestro Dios; mézclense ahora con mi señor, rey de los asirios" (Is 36,7-8). Y añade: "Y ahora, ¿no hemos subido sin el Señor a esta región para luchar contra ella?"" (Is 36,10).

135.2. Y Jonás, que es otro profeta, insinúa lo mismo cuando dice: "Y se acercó a él el capitán y le dijo: "¿Cómo es que tú roncas? Levántate, invoca a tu Dios, para que nos salve y no perezcamos"" (Jon 1,6).

135.3. Porque dijo "tu Dios" a quien sabe mediante conocimiento; pero, "para que nos salve Dios" hace ver la conciencia de los pueblos que dirigen el pensamiento hacia el Todopoderoso, sin haber creído todavía.

135.4. Y de nuevo el mismo [Jonás dice]: "Y les respondió: "Yo soy siervo del Señor y yo temo al Señor, Dios del cielo"" (Jon 1,9).

Dios es justo y no es el causante de los males de la humanidad

136.1. De nuevo, el mismo [Jonás]: "Y dijeron: "De ningún modo, Señor; que no perezcamos por la vida de este hombre"" (Jon 1,14).

136.2. El profeta Malaquías manifiesta abiertamente que Dios dice: "No aceptaré sacrifico de sus manos, porque desde la salida del sol hasta su ocaso mi nombre es glorificado entre las naciones, y en todo lugar se me ofrece un sacrificio" (Ml 1,10-11).

136.3. Y de nuevo: "Porque yo soy un Rey grande, dice el Señor Todopoderoso, y mi nombre es glorioso entre las naciones" (Ml 1,14). ¿Qué nombre? Entre los que han creído, el Hijo revela al Padre; y entre los griegos, el "Dios hacedor" (Platón, Timeo, 28 C).

136.4. Y Platón explica el libre albedrío con estas palabras: "La virtud no tiene dueño, y al estimarla o desestimarla, cada uno participa de ella más o menos. La responsabilidad es propia de quien elige; Dios no tiene responsabilidad" (Platón, República, X,617 E). Porque Dios no (es) nunca el responsable de los males (cf. Platón, República, II,379 B-C. 380 B).

136.5. "Oh Troyanos, amigos de Ares (= Marte), dice el lírico, Zeus soberano, que todo lo ve, no es responsable de los grandes sufrimientos para los mortales; sino que está en medio para alcanzar a todos los hombres la Justicia santa, acompañante de la pura Equidad y de la prudente (o: sabia) Temis. Hijos dichosos los que la han encontrado para que viva con ellos" (Baquílides, Dithyrambi, 15,50-56).



El peligro de vanagloriarse en la humana sabiduría

137.1. Pero, Píndaro introduce claramente a Temis cohabitando con el salvador Zeus, rey, salvador justo, interpretando así: "Las Parcas (o: las diosas del destino) conducían primeramente con caballos de oro a la prudente (y) celestial Temis desde la fuente del Océano hacia la augusta escalinata del Olimpo por un camino espléndido, para ser anciana esposa de Zeus salvador; y ella dio a luz a las auténticas Horas, con cofias de oro y de hermosos frutos" (Píndaro, Fragmentos, 30) .

137.2. Ahora bien, quien no obedece a la verdad, sino que se enorgullece con una enseñanza humana, es un desdichado (cf. 1 Tm 6,3-4) y un miserable, y según Eurípides: "El que mira estas cosas no conoce a Dios, sino que precipitándose en los fenómenos meteorológicos, engañando con comentarios insidiosos, con los que una funesta lengua conjetura sobre cosas oscuras, sin tener conocimiento alguno" (Eurípides, Fragmentos inciertos, 913).

Lo que prometen algunos filósofos a quienes buscan la verdad

138.1. En todo caso, recurriendo al aprendizaje de la verdad, quien lo desee, escuche a Parménides de Elea que promete: "Y conocerás la naturaleza etérea y todos los signos en el éter, y la pura luz (lit.: lámpara) inmaculada del sol y las obras resplandecientes (lit.: las obras destructoras), y cuál es su origen, aprenderás las obras, llevadas por todas partes, de la luna de cara redonda (ciclópea), y su naturaleza; y conocerás también el cielo que está alrededor, de dónde, en efecto, nació y cómo la Necesidad, que lo conduce, le ató a contener los límites de los astros" (Parménides, Fragmentos, 28 B 10).

138.2. También Metrodoro, aunque epicúreo, dijo de forma inspirada estas cosas: "Recuerda, Menéstrato, que, nacido mortal y llevando una vida limitada, has subido con el alma hasta la eternidad y has contemplado la infinitud de las cosas, "las que sucederán y las que han acontecido" [Homero, Ilíada, I,70]" (Metrodoro, Fragmentos, 37).

138.3. "Cuando en compañía de un coro dichoso, como dice Platón, lleguemos a la contemplación de un beatífico y divino espectáculo, en procesión nosotros detrás de Teus, pero los demás tras otros dioses, celebrando, si es lícito decirlo, el más bienaventurado de los misterios, que festejaremos íntegros y sin haber sufrido [ninguno] de los males que nos aguardan en un tiempo posterior, sino iniciados también para visiones íntegras, sin temblar y contemplándolas en su puro resplandor; puros y sin la marca de esto que ahora llevamos a nuestro alrededor y llamamos cuerpo, encarcelados a la manera de una ostra" (Platón, Fedro, 250 B-C).

La herencia que da el Señor

139.1. Y los pitagóricos llaman al cielo la anti-tierra (lit.: tierra opuesta a la nuestra), tierra de la que [dice] Jeremías: "Te contaré entre los hijos y te daré una tierra elegida, heredad de Dios todopoderoso" (Jr 3,19), la cual heredarán los que reinen sobre la tierra (cf. Sal 36 [37],11; Mt 5,3. 5. 9. 10).

139.2. También me fluyen miles y miles de miles de cosas para exponer, pero por causa de la justa proporción (simetría) hay que poner fin al discurso, si no queremos sufrir también aquello del poeta trágico Agatón: "Tratando lo secundario como cosa principal, y trabajando lo principal como accesorio" (Agatón, Fragmentos inciertos, 11).

Es necesario concluir la exposición sobre el hurto de los griegos

140.1. Una vez demostrado claramente, como pienso, en qué sentido se dijo lo que se oye a cierta distancia del Señor sobre que los griegos eran unos usurpadores (cf. Jn 10,8), omito deliberadamente las doctrinas de los filósofos.

140.2. Porque si examináramos también sus escritos, no tardaríamos, recogiendo gran cantidad de recuerdos, en demostrar que toda la sabiduría griega está sacada de la filosofía bárbara.

140.3. Nada de esa teoría trataremos sino más tarde, en la medida de lo necesario, cuando reunamos las opiniones que tenían los griegos sobre los principios.

140.4. Pero también lo que hemos establecido nos permite mirar tranquilamente cómo debe actuar quien, con quien con fuerzas para nadar a través de las olas, se encuentre con los libros griegos.

140.5. Según parece, como decía Empédocles: "Feliz quien ha conseguido riqueza de pensamientos divinos, pero despreciable quien guarda opiniones tenebrosas sobre los dioses" (Empédocles, Fragmentos, 31 B 132). Él mostró divinamente que la gnosis y la ignorancia son los límites de la felicidad y de la desgracia.

140.6. "Porque es necesario que los filósofos sean varones instruidos en muchísimas cosas", según Heráclito (Fragmentos, 22 B 35), y es realmente necesario que "se equivoque mucho quien desea ser bueno" (Focílides, Fragmentos de las Sentencias, 13).

Conclusión del libro quinto

141.1. Ahora, entonces, por lo dicho, es claro para nosotros cómo la beneficencia de Dios es eterna y que la justicia natural es absolutamente igual para todos desde un principio sin principio, al haber surgido según el mérito de cada raza, sin tener principio alguna vez.

141.2. Porque Dios, que siempre es el que es, nunca comenzó a ser Señor y a ser bueno, y no cesará jamás de hacer el bien, incluso cuando haya llevado cada una de las cosas a (su) término.

141.3. Y cada uno de nosotros participa de esa beneficencia hasta donde quiere, puesto que la diferencia la han producido la elección junto con la práctica (o: ejercicio) del alma, (según su) dignidad.

141.4. Así, también ahora demos por terminado nuestro quinto "Stromata" (lit.: colcha o tapiz) de los recuerdos gnósticos según la verdadera filosofía (= la verdad cristiana).

 

Partes de esta serie: Libro I · Libro II · Libro III · Libro IV · Libro V · Libro VI · Libro VII · Libro VIII
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