Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo:
«¿Eres tú el Rey de los judíos?»
Respondió Jesús:
«¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»
Pilato respondió:
«¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
Respondió Jesús:
«Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.»
Entonces Pilato le dijo:
«Luego ¿tú eres Rey?»
Respondió Jesús:
«Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»
Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.
Volvió a salir Pilato y les dijo:
«Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.»
Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato:
«Aquí tenéis al hombre.»
(Jn 18,33-37;19,1-5)