Sigues considerando que la alegoría sería algo así como "natural al texto", "está dentro de él", y vienen de afuera y la niegan:
Si se produjeran esas incidencias que tú imaginas (por ejemplo, que Jesús en vez de explicar como alegoría la parábola del sembrador, la hubiera explicado de otro modo)... ¡no sería una alegoría!
La alegoría es un SEGUNDO relato, es un sentido encontrado por el añadido al relato de origen de un nuevo relato (el conjunto B) que tiene que ser homólogo con el relato base, el conjunto A.
Si nadie a los que les corresponde legitimar la interpretación la legitima como alegoría, entonces NO ES una alegoría...
No tienes razón al considerar que la sola mención de las "moradas eternas" te pone ante el conjunto B, no funciona así: la alegoría es un conjunto B muy complejo y concreto, no surge así por mera alusión. Imagínate: para ser una alegoría tiene que haber una correspondencia de detalle, y tú quieres colar todo un conjunto B que ni está mencionado ni aludido a lo largo de ninguna parte del relato ni de la posterior aplicación, sólo porque dice "moradas eternas", que encuentra perfectamente sentido en una interpretación no alegórica.
Lo que tú llamas "¿Qué pasó aquí? Un elemento de la parábola saltó"... es exactamente el funcionamiento de un disyuntor semántico: contra el sentido esperado, lineal, propone otro inesperado y sorpresivo.
El encargado de legitimar la interpretación del texto es el propio texto, sus marcas de lectura; eso es habitual en cualquier texto, pero más importante es en la Biblia, porque nosotros tenemos atado el sentido divino al humano, no nos podemos dar el lujo de inventarle significados.
El relato del hijo pródigo, por ejemplo, aunque podría ser alegorizado, no es una alegoría, las únicas correspondencias autorizadas por el texto que tenemos son el hijo menor (el pecador), el padre (Dios) y el hijo mayor (el creyente rigorista // el fariseo), y eso no basta para calificarlo como alegoría, a lo sumo como comparación, como simbolismo... ¡en realidad es simplemente una parábola en el estrecho sentido del término! (no un mashal en general).
Sería una alegoría si todos o la mayor parte del conjunto A (incluidos sus elementos y sus relaciones entre elementos) debiera ser releído en B, pero el texto no da indicaciones para eso, y cualquier alegorización que se haga ya no cuenta con el texto para legitimarla. Es un caso realmente distinto al de la parábola del sembrador.
De hecho, es mucho más provechosa como relato simbólico que como alegoría, sobre todo en cuanto a la riqueza del personaje del hijo mayor; decir que "representa" (en sentido alegórico) a los fariseos o a los rigoristas religiosos en general realmente empobrece al personaje. Yo creo que apunta mucho más (pero ya no alegórica sino simbólicamente, y por tanto de manera menos definida y de detalle) al hombre religioso en general, a ese impulso de la religiosidad humana que "busca estar" con Dios... pero no sabe que Dios ya le salió al encuentro de antemano! el hijo mayor envidia al menor porque el padre le salió al encuentro, pero a él también le salió al encuentro: "hijo, todo lo mío es tuyo"... eso es mucho más que la parte de la herencia que había repartido al inicio. Yo creo que de una manera muy nebulosa, muy simbólica, está retratando todo eso que es el impulso religioso, y dentro de él, el pueblo de Dios por excelencia (Israel . la Iglesia), y dentro de él, todo aquel que se esfuerza por "ser de Dios". No sé, es difícil definirlo en una correspondencia exacta. En todo caso, esos hijos mayores somos todos, y no se da aquí la caracterización mucho más negativa que suele dar Jesús sobre los fariseos.
-----------------
«Busca a Dios, entonces hallarás a Dios y todo lo bueno.» (M. Eckhard)