
En medio de una semana que eclesialmente tiene en el centro la expectativa y la primera difusión de la nueva encíclica del Papa, un nuevo documento de la Sede Apostólica, bello y profundo, ha pasado un poco desapercibido. Se trata de la Carta Apostólica "Scripturae Sacrae Affectus" (Una estima por la Sagrada Escritura), con la que Francisco viene a engrosar el no muy amplio magisterio romano sobre la Sagrada Escritura.
Desde el Concilio Vaticano I la Sede Apostólica viene produciendo documentos -de manera no solo constante sino creciente- para ayudar a cubrir el bache de conocimiento de la Escritura entre los católicos, y el aniversario de San Jerónimo ha sido en muchos casos ocasión propicia para ello.
A San Jerónimo debemos la frase que desnuda la precariedad de mucha piedad católica: "Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo"; citada en muchos de los documentos oficiales sobre el tema, y que no podía faltar en este. Al hilo de ella el Papa vuelve a exhortar a los católicos no solo al conocimiento bíblico, sino a la práctica de la oración bíblica en el hogar y la transmisión a los hijos del contacto con la Biblia. Por ello, a pesar de que muchos párrafos de la carta podrían destacarse, prefiero señalar este como muestra del espíritu del nuevo documento:
«Lamentablemente, en muchas familias cristianas nadie se siente capaz —como en cambio está prescrito en la Torá (cf. Dt 6,6)— de dar a conocer a sus hijos la Palabra del Señor, con toda su belleza, con toda su fuerza espiritual. Por eso quise establecer el Domingo de la Palabra de Dios, animando a la lectura orante de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios. Todas las demás manifestaciones de la religiosidad se enriquecerán así de sentido, estarán orientadas por una jerarquía de valores y se dirigirán a lo que constituye la cumbre de la fe: la adhesión plena al misterio de Cristo.»
Un documento no muy largo, para leer lentamente y llenarse de deseo por conocer y amar cada vez más la Palabra de Dios.
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