Alfa & Omega, 19/01/06 - Karl Rahner dijo que la Iglesia del siglo XXI, o será mística, o no será. Sin embargo, Europa padece de debilidad espiritual.
En el Viejo Continente estamos asistiendo al paso de una Iglesia de masas a una Iglesia donde los cristianos se entiendan a sí mismos como minoría creativa, cristianos que han elegido personalmente y por convicción –no por mera tradición– la vía de la fe. Es una Iglesia compuesta por quien ha hecho la experiencia de creer, y quiere llevar esta novedad al seno de la sociedad. Esto permitirá a Europa redescubrir sus raíces profundas y no perder su propia alma.
¿Por qué advierte contra el hecho de concebir Europa como una comunidad de valores?
Porque hace falta preguntarse: ¿qué valores? Hoy, el individualismo liberal se ha convertido en el valor que define la nueva libertad. Quien no se adecua a este criterio es tachado de intolerante. Si el individualismo liberal se toma como valor absoluto, se convierte en fundamentalista y peligroso.
¿Qué país es más europeo: Ucrania, o Turquía?
Naturalmente, Ucrania. Si Turquía entra en Europa, tenemos los días contados; nuestro futuro será musulmán.
Una intervención del cardenal Schönborn contra el evolucionismo ha levantado ampollas. ¿A qué cree que se debe?
Tiene que ver con lo que he dicho antes. Poner en duda la visión evolucionista, que se ha atribuido a sí misma la capacidad de explicar por completo quiénes somos, significa admitir la existencia de una presencia divina, que se creía haber enterrado de una vez para siempre. La idea de la evolución puede ayudar a explicar muchas cosas, pero no se puede convertir en una ideología. Yo puedo decir que en mi origen está mi padre, pero no que yo soy mi padre. Podemos decir que hay similitudes entre los hombres y los simios, pero no que somos o fuimos simios. En la evolución, existen saltos que no se explican sin un proyecto; por ejemplo: el paso de la no-vida a la vida, de la mera aglomeración de materia a la existencia de la subjetividad, o de la conciencia del hombre. Estos saltos no se explican sin un diseño inteligente.
¿La Europa de hoy cree todavía en el progreso?
La idea de un progreso sin fin, gracias al cual la Humanidad va de bien en mejor, ha dominado el pensamiento europeo de los últimos 300 años, pero hoy está definitivamente muerta. Esta idea nos ha llevado a pagar un precio muy alto. Creo que deberíamos hablar de un progreso plural: progreso en la Medicina, progreso en el biología… Algunos, con efectos beneficiosos; otros, no. Pero no podemos hablar de un progreso en general, como si fuera una ideología, que es casi tanto como decir un credo de fe.
En la filosofía europea actual, ¿fe y razón resultan irreconciliables?
Aquí hay una novedad. Se está extendiendo la convicción de que, si Dios no existiera, entonces no podríamos pensar, nuestro intelecto sería sólo el producto de una casualidad, no podríamos conocer la verdad. Sólo con Dios podemos afirmar que existe la verdad. Pero no podemos saber nada de Dios si no queremos seguir las huellas de Dios que nosotros mismos somos, como personas libres y capaces de la verdad. La impronta de Dios en el mundo es el hombre, nosotros mismos. Muchos pensadores se están empezando a dar cuenta de ello.
Pierangelo Giovanetti
¿Quién es Robert Spaemann?
El filósofo Robert Spaemann (Berlín, 1927) es un viejo conocido de los lectores de Alfa y Omega. Son habituales sus visitas a nuestro país, que hemos aprovechado para preguntarle sobre la situación social y política en Europa y en España, así como otras cuestiones de actualidad. En todas estas entrevistas ha dado buena muestra de su discernimiento y su pensamiento preclaro. Catedrático de Filosofía en la Universidad de Munich, amigo del Papa Benedicto XVI y especialista en cuestiones de ética, Spaemann es uno de los pensadores de referencia de la filosofía más fiel a la realidad, enemigo tanto de las ideologías totalitarias como del pensamiento único que hace del todo vale la propuesta cultural de nuestros días.