Forum Libertas, 27/02706- España-
Cerca de 3000 maestros y profesores de instituto, básicamente de secundaria, tienen miedo de ser agredidos en la escuela, no por una razón abstracta, sino porque han recibido algún tipo de amenaza muy concreta.
Más del 4% de los docentes han sido ya objeto de agresión y, lo peor de todo, es que este gravísimo problema progresa aceleradamente.
Muchos educadores sufren el “síndrome del domingo por la tarde” generado por la angustia que les produce pensar que el día siguiente han de ir otra vez a clase. Este es el núcleo duro de un problema mucho más amplio, que se traduce en la insatisfacción aguda que genera en muchos maestros y profesores, el enseñar. Bajo esta premisa la educación secundaria en España no sólo no mejorará sus deficientes niveles sino que se degradará.
Ciertamente hay un problema de recursos para atender mejor a los alumnos conflictivos, pero no nos engañemos porque el problema está causado por dos situaciones distintas que se realimentan la una a la otra:
Por una parte la deserción o incapacidad de las familias para educar a sus hijos. Y esta dimensión comprende desde los padres y madres profesionalmente bien situados, que por exigencia profesional entregan a su hijo a un canguro, hasta aquellos otros que por insolvencia en su sistema de valores, educan mal. Sin abordar esta causa que sólo puede tener efecto a largo plazo, la solución resulta imposible, porque en primer término no es la escuela quien educa sino la familia.
Por otra parte, las escuelas, más las públicas que las privadas, tienen un problema de concepto y sentido de lo que significa educar. Sin recuperar la capacidad para hacer de los alumnos personas responsables de sus actos, sin aplicar ideas, procedimientos y pedagogías que tiendan a este fin. Si se continúa tratando a los alumnos de secundaria como seres infantiles o simplemente personas con problemas que necesitan continuamente de la ayuda exterior para resolverlos, la cuestión tampoco tendrá solución. La escuela necesita una pedagogía de la responsabilidad, la autoridad surgida del “mandar responsable”, a que se refería Saint-Exupery.