Madrid, 19/03/06 (La Razón ) - La explotación sexual es un negocio que también habita dentro de nuestras fronteras. Más de 5.000 niños y niñas se ven obligados a vender su cuerpo en nuestro país. Pepa Horno, del departamento violencia contra la infancia de Save Children, asegura que existen países de demanda sexual infantil, portadores de víctimas, que son países del Tercer Mundo, y los receptores de las redes de tráfico, y que «España es un país receptor de estas víctimas y un país de paso fundamental para otros países de la Unión Europea».
La mayoría de niños localizados por Guardia Civil y Policía en las redes de prostitución y en los clubs de alterne son inmigrantes, aunque «también hayniños españoles, aunque en menor proporción». Son adolescentes de entre 14 y 17 años que son obligados a vender su cuerpo como una mercancía y que viven en un régimen de esclavitud.
Las cifras de la explotación sexual de niños en España, señala Horno, «se mantienen en los últimos años», aunque es cierto que contabilizarlos es «muy difícil» porque sólo se cuentan las que se detectan: «Estos niños, como vienen de redes de tráfico procedentes de otros países, están amenazados y extorsionados, y muchas veces son ellos mismos los que no quieren dar los datos ni denunciar. Además, al ser ilegales, la mayoría no tiene papeles y la Policía o la Guardia Civil no pueden probar que son menores porque encima el margen de edad es muy pequeño».
Estos chavales proceden mayoritariamente de Rumanía, aunque hay muchos subsaharianos, marroquíes y chicos de los países del Magreb y de Suramérica. «Llegan engañados, forzados y amenazados. Se reclutan de diversas maneras, o bien porque las familias colaboran con las redes y venden a sus hijos porque no tienen como mantenerlos o porque las engañan diciendo que los van a mandar a estudiar o a trabajar en casas. El trasfondo de esta situación es la desigualdad económica».
En el tema de abuso y explotación sexual infantil hay una mayoría de niñas pero, según Horno, en las últimas investigaciones se están detectando «cada vez más y de una manera significativa los aumentos de casos en los que las víctimas de los agresores sexuales son varones».