Forum Libertas, 05/04/06 (España)
El doctor Benadiva, argentino que trabaja en EEUU donde acumula varios premios, se define en una entrevista en La Contra de La Vanguardia (30 de marzo 2006) como "practicante de la religión judía". Con todo, sus prácticas profesionales chocan con la tradición pro-vida del judaísmo. Defiende y practica fecundaciones in vitro, madres de alquiler, crear "bebés medicamento" para salvar otros hermanos (congelando, eso sí, a los hermanos en estado embrionario "no suficientemente buenos" y sabiendo que muchos embriones así producidos mueren en el proceso), seleccionar embriones sanos y congelar los enfermos (eugenesia), etc...
No es, en absoluto, un pro-vida. Y habla sin precisión (y sin base científica ni biológica) cuando dice: "la vida empieza cuando un feto implantado en el cuerpo de una madre tiene actividad cardíaca y la potencialidad de seguir creciendo". Es evidente que el embrión ya estaba vivo y creciendo antes de estar implantado, así que resulta una definición arbitraria y absurda de "vida".
Sin embargo, pone límites que la última ley de reproducción asistida y de investigación en España se salta.
-¿Qué hacen con los embriones congelados? -le pregunta la entrevistadora, Núria Escur.
-Aquí en España te envían una carta al cabo de unos años con tres opciones: ¿quiere eliminarlos, darlos a la ciencia o a otras parejas? Un embrión no se puede tratar como un ratón de laboratorio. En mi clínica los dejamos congelados para siempre. Si tienes embriones abandonados y nadie los reclama, ¿quién eres para desecharlos? ¿Qué día, qué mes, qué año?
Y es que, efectivamente, ¿por qué unos padres con embriones congelados en España se ven obligados a elegir entre tres opciones, de las cuales dos -eliminarlos o darlos para ser destruidos en investigaciones- son inmorales y la tercera -darlos a otras parejas- tiene muchas posibilidades de acabr con la vida del embrión? ¿Por qué no se ofrece en España la posibilidad de que sigan guardados y sin tocar?
El viejo principio médico dice: si no puedes curar (al embrión, en este caso), al menos no dañar.