Madrid, 23/04/06 (La Razón ) - Benedicto XVI no parece dispuesto a perder ninguna oportunidad para terciar en la crisis que afecta a la Compañía de Jesús. Ayer mismo aprovechó la presencia de sus principales responsables en el Vaticano, en conmemoración del jubileo por los tres primeros jesuitas, para recordales la «preciosa herencia espiritual» de san Ignacio de Loyola: primacía de Dios, profunda oración, celebración eucarística como centro y culmen de la vida y fidelidad a la Iglesia con especial insistencia en el voto de obediencia al Papa. Todo un programa de trabajo para la Compañía y la mejor fórmula para preparar la Congregación General que en 2008 elegirá al próximo Prepósito General.
En su discurso el Papa agradeció al Señor el «haber concedido a la Compañía el don de hombres de extraordinaria santidad y de excepcional celo apostólico como lo son san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier y el beato Pedro Fabro. Ellos son para vosotros padres y fundadores: es justo que en este año del centenario les recordéis con gratitud y los miréis como guías iluminadas y seguras de vuestro camino espiritual y vuestra vida apostólica».
Fue al hablar de san Ignacio cuando recordó que «fue un hombre de Dios, que puso en el primer lugar de su vida a Dios, su mayor gloria y su mayor servicio; fue un hombre de una profunda oración, que tenía su centro y culmen en la celebración eucarística cotidiana».
El Papa también instó a los presentes para que esta «preciosa herencia espiritual» no fuera «perdida u olvidada». Tras destacar el amor que tuvo san Ignacio a la Iglesia, de la que fue «fiel servidor», Benedicto XVI hizo especial hincapié en que del «deseo de servir a la Iglesia de la manera más útil y eficaz nació el voto especial de obediencia al Papa, por él calificado como “nuestro principio y principal fundamento”».
El Pontífice continuó su discurso expresando su deseo de «que este carácter eclesial, tan específico de la Compañía de Jesús, continúe estando presente en vuestras personas y en vuestra actividad apostólica, queridos jesuitas, para que podáis salir fielmente al encuentro de las urgentes y actuales necesidades de la Iglesia». En este punto, Benedicto XVI destacó el compromiso cultural en los campos de la teología y de la filosofía, tradicionales ámbitos de presencia apostólica de la Compañía de Jesús, así como en el diálogo con la cultura moderna, «que si por un lado presume de maravillosos progresos en el campo científico, permanece fuertemente marcada por el cientifismo positivista y materialista». El Papa reconoció que el esfuerzo de promover, «en cordial colaboración con las otras realidades eclesiales, una cultura inspirada en los valores del Evangelio, requiere una intensa preparación espiritual y cultural». En este sentido el Pontífice recordó el deseo de san Ignacio de que la formación de los jesuitas fueran intensa y su gran labor de creación de colegios católicos.