Aica, 27/06/06 (Argentina) El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, recordó que "la fe no es un recetario de respuestas para cada situación, sino una mirada que da sentido a nuestra vida y que nos permite tener una actitud de fortaleza y de esperanza para asumir aquellas situaciones que nos parecen imposibles".
"Esto se debe a que la fe nos introduce en la verdad profunda del hombre y nos descubre en esa relación personal con Dios. Ella nos permite conocer la realidad con los ojos de Dios. Desde la fe no somos alguien más, sin importancia, sino una persona única que vive bajo la mirada de un Dios que es Creador, pero sobre todo Padre. No sólo Creador, que nos puede parecer lejano, sino Padre. Esta primera relación con Dios que da confianza a nuestra vida es el primer fruto de la fe", precisó.
Tras señalar que muchas veces "la aparente seguridad de quien dice no tener fe se puede convertir en desesperación, por ejemplo cuando llegan los límites propios de la vida el hombre, se enferma, sufre fracasos, incluso muere", destacó cuán distinta es la actitud de quien tiene fe, "porque -aunque también para él llega el límite de su condición humana con las mismas consecuencias- se sabe hijo y criatura, y por ello se refiere a Dios como a su Padre. Señor, estoy en tus manos, es la oración que nace de la fe".
El prelado santafesino criticó que se proponga a la fe como "algo mágico o milagroso", porque advirtió "cuando no se cumple aquello que se pide, aparece la angustia y se tiende a rechazar la misma idea de Dios. Esto sucede, desgraciadamente, cuando a la gente se le propone lo religioso y la fe como algo que se compra y tiene que ser automático".
"La fe en un Dios que es Padre, en cambio, -destacó- nos introduce en esa dimensión nueva que tiene que ver con la verdad del hombre, con aquello que da sentido a su vida, y le permite sobrellevar con esperanza las dificultades, el dolor, incluso la muerte, porque sabe que no son algo definitivo, sino que pertenecen a una etapa de nuestro peregrinar".
Por último, monseñor Arancedo pidió a Dios que "aumente nuestra fe para vivir con alegría y confianza nuestro caminar en este mundo tan bello y cautivante, pero también tan frágil y dramático, les hago llegar mis oraciones y bendición de Padre y amigo".+