Alfa & Omega, 19/11/07 - Lo que más le preocupa al cardenal arzobispo de Madrid es que la Palabra llegue a todas partes, a todos los ámbitos de la sociedad. El papel de la parroquia es fundamental, pero una diócesis tiene, además de parroquias, toda una serie de elementos imprescindibles para la buena marcha de la Iglesia particular. Desde la formación de los futuros sacerdotes a la implicación de los jóvenes en la labor misionera de la Iglesia, hay un enorme trabajo pastoral, sostenido por la oración, que a menudo no es percibido por los fieles. El Día de la Iglesia diocesana ofrece una buena ocasión para llamar la atención a los católicos sobre todos esos trabajos que se realizan en cada diócesis, y que requieren la colaboración pastoral y económica de todos
La celebración del Día de la Iglesia diocesana -explica el cardenal Rouco- «apunta a un elemento básico de la vida y de la existencia cristiana; tiene que ver con la esencia misma de la Iglesia. La Iglesia, como dice el Concilio Vaticano II, se construye in y ex Iglesias particulares. Lo cual no quiere decir que sea una federación de Iglesias locales o nacionales. Pero ciertamente se da esa conjunción armónica, bajo el principio de comunión entre lo particular y lo universal. Dicho de forma sucinta: no se puede ser cristiano fuera de la Iglesia particular, lo cual se comprueba una y otra vez en la experiencia de la educación en la fe. Y también en la experiencia del ministerio del obispo, sucesor de los Apóstoles, que, por la propia naturaleza de la consagración episcopal, es quien representa visiblemente al Señor, como cabeza de la Iglesia particular».
«Desde ese punto de vista -continúa el cardenal-, todo intento de renovar la Iglesia, de ponerla a punto para una evangelización generosa, que trate de realizar la santidad en su seno, debe suponer una animación de la Iglesia particular, venir apoyada por el obispo, sus presbíteros y todos sus fieles, sea cual sea la vocación de la que el Señor les ha dotado. Ése es el camino de la fidelidad al Señor y para la fecundidad misionera y evangelizadora de la Iglesia».
¿ Y qué es lo que le preocupa al pastor de la Iglesia en Madrid en este momento?
Lo que me ha preocupado desde que llegué: que la evangelización, el proceso de transmisión de la fe, no sólo no se interrumpa, sino que se potencie, que llegue a todas partes, a todas las realidades del Madrid del tercer milenio. Mi primera Carta pastoral como arzobispo de Madrid se titulaba Evangelizar en la comunión de la Iglesia (1995), y el Sínodo diocesano (2005) tuvo como objetivo la transmisión de la fe. La primera consecuencia práctica del Sínodo ha sido lanzar una Misión Joven, que este año se enriquece con la perspectiva de la misión familiar, de la misión en familia.
La Iglesia y el mundo :
Según explica el cardenal, que antes fue arzobispo y primero obispo auxiliar de Santiago de Compostela, cada diócesis tiene sus circunstancias y su historia particular. «La de Madrid nace como Iglesia particular a finales del siglo XIX, en 1885, a partir de un dato sociológico elemental: el aumento de su población, que aconseja que se constituya en diócesis propia». Su población, joven y emprendedora, en grandísima medida procedente de otros lugares, primero de España y hoy del mundo, imprimen carácter a esta archidiócesis, «muy dinámica y joven, como su realidad humana».
El cardenal Rouco, con el director de Alfa y Omega,
en un momento de la entrevista :
¿Cómo se ha adaptado la Iglesia en Madrid a los grandes cambios que han experimentado tanto la ciudad como la región?
El crecimiento humano de Madrid ha significado para la archidiócesis, desde su creación, un constante reto. Hasta la Guerra Civil, el problema se resolvió, más mal que bien, en torno a las pocas iglesias históricas que había en la ciudad, y también gracias a la presencia de las comunidades religiosas masculinas, con sus grandes iglesias en el centro. Después de la Guerra, se hizo un primer intento de responder al gran crecimiento de Madrid con la creación de grandes parroquias, con cabida para miles de fieles. Pero Madrid siguió creciendo. Las barriadas, fruto de la inmigración, las llamadas barriadas obreras del cinturón de Madrid, obligaron a realizar otro gran esfuerzo, que se inició con don Casimiro Morcillo (arzobispo de Madrid-Alcalá entre 1964 y 1971), quien además renovó toda la estructura parroquial de Madrid, en torno a dos premisas básicas: el número de habitantes por parroquia no debía sobrepasar los 15.000, y todos los sacerdotes debían tener compromisos en la atención pastoral a los fieles. Por lo tanto, las grandes iglesias que funcionaban antes como templos abiertos, pero sin responsabilidades canónicas propiamente dichas, se convirtieron casi todas en parroquias, y se pidió a las Órdenes religiosas que se hicieran cargo de las nuevas parroquias en las barriadas. Hubo también que construir iglesias nuevas. La mayor parte empezó en pisos bajos y estructuras muy deficientes.
Bajo los pontificados de los cardenales Tarancón y Suquía, se desarrolló un programa para la construcción de nuevas iglesias. Y llegamos así a las dos últimas décadas, donde se dio a esto un impulso grande. Primero, porque había que tratar de seguir convirtiendo esos locales insuficientes en centros parroquiales dignamente dotados. Y había que construir nuevos centros parroquiales en las zonas de expansión demográfica. Es un proceso que no hemos terminado, a pesar de que, en los últimos 10 ó 12 años, se han construido más de 60 nuevos centros parroquiales en Madrid.
La generosidad, vital en la Iglesia :
¿Cómo se financia todo eso?
En algunos casos -pocos-, los fieles de la propia parroquia han asumido la financiación, y en otros muchos casos, la financiación ha venido a través del Fondo Diocesano, que naturalmente tiene también como origen la generosidad de lo fieles. Quiero resaltar que la generosidad de los fieles de Madrid, estimulada por algunas campañas de financiación de la Iglesia, ha sido muy grande, pero hay que pedir que continúe siéndolo; esto es vital.
Es importante la colaboración con las Administraciones públicas. Fuera de la capital, recibimos de ellas muchas veces, y hay que subrayarlo con gratitud, terrenos para los llamados equipamientos religiosos . Con el Ayuntamiento de Madrid, firmamos en 1997 un acuerdo de permuta de terrenos, sobre cuya base se han construido muchas nuevas parroquias, y se siguen construyendo. Pero, en el Día de la Iglesia diocesana, hay que hacer un llamamiento a los fieles para que no dejen de ayudar a su Iglesia. En la diócesis de Madrid, casi siempre, pero especialmente en los últimos 15 años, rige el principio de autofinanciación. Del fondo diocesano, que no cubre para el conjunto de España ni va a cubrir más del 30% de las necesidades, nosotros, en virtud del principio de equidad, lo que recibimos no llega ni a un 10% de nuestras necesidades.