Madrid, La Razón 21/11/07 - José Luis Pascual tiene un cuadro, dice que es de Goya y quiere venderlo a toda costa. Se las prometía muy felices cuando hace un año estaba a punto de sacar su obra al mercado en la casa de subastas de Madrid Lamas Bolaño. Sin embargo, unos días antes de la venta, la Brigada de Patrimonio Histórico irrumpió en el local y requisó «Santos adorando al Santísimo Sacramento» para «evitar una posible estafa de gran cuantía».
Unos meses después, el juzgado de instrucción número 13 de Madrid archiva la causa al no detectar la existencia de delito. Durante todo ese tiempo, el cuadro estuvo «preso» en las dependencias policiales. Tras recuperarlo, el dueño quiere sacarlo de nuevo a la venta. Eso será el próximo mes de diciembre en la misma casa de subastas. ¿Cuál será el precio de salida? El mismo que el año pasado, 1,2 millones de euros.
¿A alguien le puede interesar comprarlo? Esa pregunta es más difícil de responder. Sobre todo, porque es un cuadro desconocido y con un pasado turbio. No aparece en ninguna publicación especializada como obra de Goya. Tan sólo existen tres informes muy recientes que lo atribuyen al maestro de Fuendetodos. Pascual considera que el juez avala la atribución a Goya y piensa que «puede haber instituciones interesadas en comprarlo. Quizá la Comunidad de Madrid, puesto que es el único cuadro de Goya que tiene representado a San Isidro». ¿Quién dictamina sobre la autoría de una obra de arte? Lo puede hacer cualquier especialista de reconocido prestigio realizando eso que en el argot se llama una «expertización». El profesional cobra y apoya su atribución mediante un informe radiológico, un análisis químico y una explicación iconográfica, entre otras pruebas. Eso es lo que hicieron las tres personas que se pronunciaron sobre «Santos adorando al Santísimo Sacramento». Se trata de José Manuel Arnáiz, Enrique Parra y Antonio Perales.
Hay otra manera de saber si estamos ante un Goya, que es acudir al Museo del Prado, donde descansa la mayor colección de cuadros del artista y trabajan algunos de los mejores conocedores de su obra. Los especialistas de la pinacoteca no están autorizados a realizar «expertizaciones» externas a particulares, pero lo que diga Manuela Mena, conservadora de Goya en el museo, va a misa. En el caso de este cuadro, lo más significativo es que no ha dicho nada. Sabe que no es un Goya y desde el museo se ha puesto de manifiesto que uno de los informes es falso, hecho que desmiente con vehemencia Pascual: «Durante bastante tiempo ha pasado por mis manos todo lo que entraba en el museo, y no ha habido día en el que no aparecieran uno o dos cuadros atribuidos al pintor. De las casi 8.000 piezas que he contemplado a lo largo de todo este tiempo, las que pueden considerarse auténticas obras de Francisco de Goya se pueden contar con los dedos de una mano: un dibujo, una pintura, tres piezas que ha comprado el Prado». Son palabras de Manuela Mena pronunciadas en una conferencia hace dos años y recogidas por el «Heraldo de Aragón».
Derecho de tanteo
La Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico, organismo dependiente del Ministerio de Cultura, se negó a ejercer el derecho de tanteo -que otorga preferencia al Estado a la hora de comprar una obra en una subasta pública- al considerar algunos de los miembros de la misma que era una pintura de «muy dudosa atribución al pintor aragonés».