Chiesa News - En el calendario litúrgico judío el día de la Expiación – Kippùr o Yom Kippùr o Yom ha Kippurìm – es el día más importante del año; en arameo es yomà, "el día" por excelencia, que da el título al tratado de la Mishnà que expone las reglas del mismo. "El día" cae el 10 de Tishri, primer mes del otoño.
De este día habla en varias ocasiones la Biblia y la fuente principal es el capítulo 16 del Levítico. Aquí se describe un complejo orden ceremonial confiado al Gran Sacerdote, que debe escoger sacando suertes entre dos cabritos; uno, dedicado al Señor, es ofrecido en sacrificio; el otro recibe con un gesto simbólico la carga de las culpas de toda la colectividad y es enviado a morir en el desierto. De aquí la expresión y el concepto de "chivo expiatorio". El mismo pasaje bíblico se concluye explicando que en aquel día es obligatorio afligirse y no trabajar, porque "en este día expiará para vosotros purificándoos de todas vuestras culpas, os purificareis frente al Señor" (versículo 30).
De los tiempos de su institución bíblica Kippur es el día del año en el que las culpas son eliminadas y el destino futuro de cada hombre es establecido, después del juicio al que ha sido sometido en los días anteriores al Año Nuevo. La tradición rabínica se ha explayado en explicar cuales culpas pueden ser eliminadas del todo o en parte, o suspendidas, en base a la gravedad que tengan. La fuerza expiadora del Kippur se mide con la obligación principal del hombre en los días previos: la tesciuvà. Literalmente es el "retorno" y es el término con el cual se indica el arrepentimiento, en el sentido de retorno a la recta vía. Este retorno comporta la conciencia de haberse equivocado, la intención de no cometer nuevamente el error, la confesión pública y colectiva. Todo esto se basa necesariamente en la fe en un Dios misericordioso y clemente que viene al encuentro de quien se ha equivocado. En cada caso la eliminación de las culpas se refiere a aquellas cometidas en las relaciones del hombre con el Señor; las culpas entre hombres son eliminadas sólo por los hombres. Por estos motivos la vigilia del Kippur es deber para cada uno ir a pedir perdón a las personas a quienes ha ofendido.
Por todo el periodo de existencia del Templo de Jerusalén las ceremonias del día de Kippur representaban el conjunto litúrgico más complejo solemne. Sólo en aquel día era permitido al Gran Sacerdote acceder al Santo de los Santos. El respeto de los detalles prescritos era esencial, requería una preparación prolongada y minuciosa, y una ejecución atenta sobre la cual la comunidad entera reunida en el Templo velaba con ansia. De todo esto después de la destrucción del Templo quedó sólo el recuerdo nostálgico, que en la liturgia del Kippur ocurre con la lectura, en la mañana, del pasaje del Levítico y en la tarde con una larga evocación poética del ceremonial.
La liturgia de la sinagoga toca en este día el culmen del compromiso; largas y solemnes oraciones al inicio de la noche, y una sesión prácticamente ininterrumpida de la mañana siguiente hasta la aparición de las estrellas. Son momentos especiales los de la lectura de los pasajes de las súplicas, la lectura en la mañana de Isaías 57, que describe como verdadero ayuno la práctica de la justicia, y en la tarde el libro de Jonás, que es una grandiosa representación de la misericordia divina. La presencia del público en las sinagogas alcanza lo máximo del año en esto día, especialmente en los momentos más solemnes de apertura y cierre.
Esencial en el Kippur es la involucración personal, sobre todo con un ayuno total sin tomar ni comer por cerca de 25 horas - del cual están exonerados los enfermos - junto a otras formas de abstención (lavarse, usar cremas perfumadas, usar zapatos de cuero, evitar las relaciones sexuales). Luego está la dimensión familiar y social, en los alimentos que anteceden y siguen al ayuno y en las reuniones de las familias en la Sinagoga para recibir la bendición sacerdotal, impartida por los Cohanim, los descendientes de Aarón.
A pesar de la austeridad, la solemnidad y las formas impuestas de aflicción física el Kippur es vivido colectivamente con serenidad y alegría con la conciencia de que no faltará la misericordia divina.
Como conclusión de estas breves notas de explicación, considerando la sede autorizada y ciertamente no habitual donde son publicadas ["L'Osservatore Romano"], puede ser interesante proponer una reflexión sobre el sentido que el Kippur ha tenido, y puede tener hoy, en el debate judío-cristiano. Esto porque en la formación del calendario litúrgico cristiano los orígenes judíos han tenido un rol decisivo, como modelo tomado y transformado con nuevos significados: el día de reposo semanal pasado del sábado al domingo, la Pascua y Pentecostés. En algunos casos la Iglesia inclusive ha festejado el recuerdo de la observancia de los preceptos bíblicos típicamente judíos (la fiesta de la Purificación del 2 de febrero; alguna vez el 1 de enero la fiesta de la Circuncisión)
Pero todo el ciclo otoñal, del cual el Kippur es el día más importante, es como si hubiera sido eliminado. Probablemente ello se debe al hecho de que los símbolos del Kippur tienen algunas diferencias inconciliables entre los dos mundos. Los temas del gran sacerdocio, del Templo, del sacrificio, del chivo expiatorio, de la eliminación de las culpas que en la tradición judía se unifican en el Kippur han sido reelaborados por la Iglesia, pero fuera de la unidad original. Simplificando las posiciones opuestas: un cristiano, en base a los principios de su fe, no tiene más necesidad del Kippur, así como un judío que tiene el Kippur no tiene necesidad de la salvación del pecado propuesta por la fe cristiana.
por Riccardo Di Segni