«Como Dios-Hombre, [Jesús] es la Alianza personificada. [El Cuerpo de Cristo] tiene de nosotros el conocimiento perfecto; estamos totalmente al descubierto para Él y, a través de Él, lo estamos ante Dios.
Es el misterio de la Eucaristía, tan poco valorado y tan trivializado por muchos teólogos y predicadores. El cuerpo de Cristo sabe lo que los hombres le han hecho, cómo le han maltratado: de qué modo sus culpas se han desfogado en Él.
Él es nuestra víctima, pero al mismo tiempo nos convierte en víctima suya, ya que nos presenta en sí mismo ante Dios, ofreciéndonos a Él de tal manera que el Padre ya no puede mirarnos desde otra perspectiva que no sea la de su Hijo que se entrega. Y éste es el conocimiento definitivo que Dios tiene de nosotros.
(Que nadie se sienta falsamente escandalizado ante la palabra sacrificio. La autoentrega del Hijo es el único sacrificio verdadero, suficiente y eternamente duradero, ofrecido a Dios de una vez para siempre. También nosotros somos ofrecidos a condición de que nos incluyamos en el sentimiento y realización de este sacrificio. No hay aquí nada que desmitologizar)».
Hans Urs von Balthasar
en ¿Nos conoce Jesús? ¿Lo conocemos?, que ha reeditado Herder