Leo Maasburg, confesor y amigo de la Madre Teresa de Calcuta, ofrece un retrato cercano de la fundadora de las Misioneras de la Caridad a través de 50 historias que vivió junto a ella. No es superfluo recordar que la Madre Teresa fue, sobre todo, una mujer enamorada de Dios: sus obras de caridad y el bien que derrochó entre los más desfavorecidos pueden hacer olvidar a veces que su misión fue de carácter sobrenatural. “No somos trabajadoras sociales, somos mujeres consagradas a Dios en el mundo de hoy”, aclaraba. Su preocupación en las iniciativas no era tanto el éxito o la eficacia en la erradicación de la pobreza como el amor.
De hecho, en todas estas anécdotas que relata Maasburg se pone de manifiesto precisamente su profunda vida interior. Maasburg caracteriza a la Madre Teresa como una mujer audaz, cariñosa pero recia y exigente. Sobresale una voluntad de hierro, fruto de una intensa vida de oración, en la que encontraba su descanso.
La atención a los pobres –a los más pobres de entre los pobres– era humana, pero también conducía inexorablemente a Dios. También estuvo preocupada por aquellos pobres que viven el hartazgo del consumo y no tuvo reparos en denunciar el aborto en las Naciones Unidas y en su mensaje de aceptación del Nobel de la Paz. Su atractivo principal según Maasburg era justamente ése: defendía lo que creía por encima de todo.
Autor: Leo Maasburg
Palabra.
Madrid (2012).
235 págs.
18,50 €.
Traducción: José Gabriel Rodríguez Pazos.