Es el santo Patrono de ciudades tan lejanas entre sí como Barranquilla (Colombia), Bari (Italia), Amsterdam (Países Bajos), La Rioja (Argentina) y Beit Jala (Palestina), y es el protector de los niños y los inocentes, de los pescadores y la gente de mar. Más de dos mil templos se le han consagrado en todo el mundo, y se le invoca ante catástrofes, naufragios y momentos de necesidad económica.
San Nicolás nació en Licia (Turquía), a finales del siglo III, en una familia adinerada. Un tío suyo que era obispo le ordenó sacerdote. Al morir sus padres, dio todo el dinero que heredó a los pobres, y pasó algún tiempo en un monasterio. Al volver de un viaje a Tierra Santa, pasó por la ciudad turca de Mira, cuya sede episcopal se encontraba vacante; los sacerdotes discutían a quién elegir como nuevo obispo y, como no se ponían de acuerdo, acordaron que fuera el siguiente sacerdote que entrase en el templo. En ese momento, entró Nicolás, que así fue elegido obispo de Mira. Allí tuvo ocasión de experimentar la persecución, que en aquellos tiempos se extendía contra los cristianos por todo el imperio romano, siendo encarcelado y torturado. Al salir de la cárcel, continuó con su ministerio durante muchos años, destacando en sus enseñanzas contra Arrio.
Murió el 6 de diciembre del año 345, pero, tras la expansión de los musulmanes en Turquía, su cuerpo fue trasladado, por seguridad, a la ciudad italiana de Bari, donde actualmente se veneran sus reliquias. En seguida se extendió por toda la cristiandad el culto a este santo, así como sus intervenciones milagrosas en naufragios y otros apuros. El último episodio conocido de su intervención aconteció durante la Segunda Guerra Mundial, cuando, en un bombardeo sobre Bari, un hijo se extravió de su madre durante la confusión, apareciendo horas después ante la puerta de su casa. El niño contó que un hombre al que describió como san Nicolás de Bari lo ayudó, y lo llevó de regreso a casa.
En España, su culto se popularizó con el desarrollo del Camino se Santiago; rápidamente se le dedicaron numerosas capillas e iglesias. El mismo san Juan de Ortega, uno de los nombres clave a la hora de entender la expansión del Camino, invocó la protección del santo en un naufragio a la vuelta de un viaje a Tierra Santa; en agradecimiento, inició la construcción de uno de los lugares más emblemáticos de la ruta jacobea: el monasterio de San Juan de Ortega, denominado inicialmente monasterio de San Nicolás.
Ahora, la ciudad de Bari rinde homenaje a su Patrono con la exposición San Nicolás. Esplendor de arte en Oriente y Occidente, en la que se han reunido numerosas obras de arte procedentes de Europa y Asia Menor, algunas de las cuales ilustran estas páginas. Son el testimonio de que los amigos de Dios dejan una huella indeleble entre los hombres, y que el cristianismo es una presencia que nutre e impregna la historia del mundo.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo