Misionero de lujo
Me tengo por un misionero de lujo en una misión de lujo y lo vivo así con la alegría de quien tiene en sus manos el precioso don que ha siempre deseado. Me explico un poco mejor. Si la misión “clásica” es el anuncio del Evangelio a quienes “nunca oyeron hablar de él”, hoy sus campos son tan amplísimos, como amplios son los lugares y ambientes donde Jesús es total desconocido.
Y sus métodos son tan variados, como variados son los modos de comunicar un mensaje, desde el testimonio callado, los medios de comunicación de masas, el lobbying en las altas esferas políticas… Y no trato de dilucidar aquí cuál de ellos es el “más misionero”. Pero cuando yo era un joven seminarista y soñaba la misión, soñaba con vivir en un paisaje perdido del planeta, una selva o una sabana, entre gentes marginadas y desheredadas. Pues bien, la misión entre los Gumuz responde plenamente a ese sueño. Y no me digan que no es un lujo el que un sueño se haga realidad.
Los Gumuz son una etnia de lo más marginal incluso en los parámetros de una nación pobre como Etiopía. No sólo marginal, sino conscientemente marginada por las etnias vecinas debido sobre todo al color de su piel. La presencia misionera católica entre los Gumuz del norte del Nilo es muy reciente. Se inició en el año 2000 con la llegada de las Misioneras Combonianas, a la que siguió, tres años más tarde, la de los Combonianos.
Los Gumuz viven cerca de la frontera con Sudán y son de raza nilótica o, para más precisión, nilo-sahariana. Su color, muy negro, contrasta con el color más claro del resto de los etíopes. Nada tendría de particular si esta diferencia no fuera motivo de discriminación e incluso de abuso. Los Gumuz fueron cantera de esclavos de las clases pudientes del imperio etíope hasta bien entrado el siglo XX. En la actualidad, gracias a una cierta atención preferencial del Gobierno, están tratando de coger el tren de la transformación en la que se ha embarcado el resto del país.
Nuestra acción misionera se centra en dos campos prioritarios: la evangelización y la promoción humana en sus distintas facetas, preferentemente la educación. Ésta última la desarrollamos por medio de escuelas construidas en colaboración con el Gobierno, en las aldeas más alejadas, salvo una escuela infantil que construimos en el mismo Gublak con ciertas pretensiones de escuela piloto. Abrió sus puertas en septiembre de 2012.
Pero no oculto que la niña de nuestros ojos es la evangelización; la realizamos a través de la catequesis en un buen número de poblados. Empezamos al pie de algún árbol más o menos frondoso hasta que la respuesta es tan positiva como para poder construir una capilla con la colaboración de la gente. De lo contrario, seguimos bajo el árbol.
Además de nuestra residencia, nos queda por hacer la iglesia, un salón multiuso… Lo iremos haciendo poco a poco, en la medida en que las ayudas vayan llegando. Mientras que para una escuela u otra obra directamente social no es difícil encontrar organizaciones que financien, no es lo mismo para obras catalogadas en la esfera de lo “religioso”. En este campo dependemos y nos confiamos a la generosidad de nuestros amigos y bienhechores de la misión.