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Eusebio de Cesarea: Historia Eclesiástica
Libro II
OCR no corregido

Partes de esta serie: Libro I · Libro II · Libro III · Libro IV · Libro V · Libro VI · Libro VII · Libro VIII · Libro IX · Libro X

Libro Segundo

El libro segundo de la Historia Eclesiástica contiene lo siguiente:

{Prólogo}

1. De la vida de los apóstoles después de la ascensión de Cristo.

2. De la emoción de Tiberio al informarle Pilato de los hechos referentes a Cristo.

3. De cómo la doctrina de Cristo, en breve tiempo, se propagó a todo el mundo.

4. De cómo, después de Tiberio, Cayo estableció a Agripa como rey de los judíos y castigó a Herodes con el destierro perpetuo.

5. De cómo Filón desempeñó una embajada cerca de Cayo en favor de los judíos.

6. De los males que afluyeron sobre los judíos después de su avilantez contra Cristo.

7. De cómo también Pilato se suicidó.

8. Del hambre en tiempos de Claudio.

9. Martirio del apóstol Santiago.

10. De cómo Agripa, llamado también Herodes, persiguió a los apóstoles y pronto experimentó la venganza divina.

11. Del impostor Teudas.

12. De Elena, reina de Adiabene.

13. De Simón Mago.

14. De la predicación del apóstol Pedro en Roma.

15. Del evangelio de Marcos.

16. De cómo Marcos fue el primero en predicar a los egipcios el conocimiento de Cristo.

17. Lo que Filón cuenta de los ascetas de Egipto.

18. Obras de Filón que han llegado hasta nosotros.

19. Calamidades que se abatieron sobre los judíos de Jerusalén el día de la Pascua.

20. De lo ocurrido en Jerusalén en tiempos de Nerón.

21. Del Egipcio, al que también los Hechos de los Apóstoles mencionan.

22. De cómo Pablo, enviado preso desde Judea a Roma, pronunció su defensa y fue absuelto de toda acusación.

23. De cómo Santiago, el llamado hermano del Señor, sufrió el martirio.

24. De cómo Aniano fue nombrado primer obispo de la Iglesia de Alejandría después de Marcos.

25. De la persecución en tiempos de Nerón, en la cual Pablo y Pedro se adornaron con el martirio por la religión en Roma.

26. De los innumerables males que envolvieron a los judíos y de la última guerra que éstos suscitaron contra los romanos.

Este libro lo hemos compuesto con extractos de Clemente, de Tertuliano, de Josefo y de Filón 1.

Notas:

1 Iremos comprobando este afán constante de Eusebio por señalar escrupulosamente las fuentes que utiliza, aunque sea muy poco lo que tome de ellas.

Nota de ETF: los links del sumario puestos entre {} son agregados de esta edición electrónica para que los vínculos dirijan correctamente a sus respectivos textos.

[Prólogo]

1 Todos los datos de la Historia Eclesiástica que era necesario establecer a guisa de prólogo: lo referente a la divinidad del Verbo salvador, la antigüedad de los dogmas de nuestra doctrina y la vetustez de la forma de vida 2 evangélica de los cristianos; y no sólo eso, sino también lo que dice relación con la reciente manifestación de Cristo, con la actividad previa a la pasión y con la elección de los apóstoles; todo esto queda bien explicado en el libro anterior, con razones abreviadas 3.

2 Pero en el presente vamos ya a considerar también los hechos que siguieron a su ascensión. Unos ios iremos anotando de las Sagradas Escrituras, y otros los sacaremos de fuera, de todos los tratados que oportunamente citaremos.

Notas:

2 Forma de vida o conducta regulada. No tiene más alcance la palabra TroXrreía en la HE de Eusebio. Esa forma de vida estará regulada generalmente por el Evangelio, como aquí e infra 17,15; IV 7,13; 23,2; VII 32,30, por ejemplo, pero también puede tratarse de las leyes que reglamentan la vida de la sociedad helénica, a la que pasa Ammonio al abandonar el cristianismo; cf. infra VI 19,7. Por causa de esta significación tan restrictiva, Eusebio, cuando aplica la palabra al cristianismo, generalmente la completa con otras como φιλοσοφία, διδασκαλία, πίστις, etc.

3 Con estas palabras, Eusebio quiere dejar bien sentado el carácter introductorio del libro primero de su HE.

Cap. 1
[De la vida de los apóstoles después de la ascensión de Cristo]

1 El primero 4, pues, que la suerte designó para el apostolado en sustitución de Judas el traidor fue Matías 5, que también había sido uno de los discípulos del Salvador, como ya queda probado. Por otra parte, los apóstoles, mediante la oración e imposición de manos, instituyen además, con destino al ministerio y a causa del servicio común, a unos varones probados, en número de siete: Esteban y sus compañeros 6. También fue Esteban, después del Señor y casi a la vez que recibía la imposición de manos, como si le hubieran promovido para esto mismo, el primero en ser muerto a pedradas por los mismos que mataron al Señor 7, y de esta manera el primero también en llevar la corona—a la que alude su nombre-de ios victoriosos mártires de Cristo.

2 Por aquel entonces, también Santiago, el llamado hermano del Señor8—porque en verdad cambien a él se le llamaba hijo de José 9; ahora bien, el padre de Cristo era José, con el que estaba desposada la Virgen cuando, antes de que convivieran se halló que había concebido del Espíritu Santo, como enseña la Sagrada Escritura de los evangelios 10—; este mismo Santiago, pues, al que los antiguos pusieron el sobrenombre de Justo 11, por el mérito superior de su virtud, se refiere que fue el primero a quien se confió el trono 12 episcopal de la Iglesia de Jerusalén.

3 Clemente, en el libro VI de las Hypotyposéis, aduce lo siguiente:
«Porque—dicen—después de la ascensión del Salvador, Pedro, Santiago y Juan, aunque habían sido los predilectos del Salvador, no se adjudicaron este honor, sino que eligieron obispo de Jerusalén a Santiago el Justo»13.

4 Y el mismo autor, en el libro VII de la misma obra, dice todavía sobre él lo que sigue:
«El Señor, después de su ascensión, hizo entrega del conocimiento 14 a Santiago el Justo, a Juan y a Pedro, y éstos se lo transmitieron a los demás apóstoles, y los demás apóstoles a los setenta, uno de los cuales era también Bernabé.

5 «Hubo dos Santiagos: uno, ú Justo, que fue precipitado desde el pináculo del templo y rematado a golpes con un mazo de batán 15; y el otro, el que fue decapitado 16. De Santiago el Justo hace mención también Pablo cuando escribe: Otro apóstol no vi, si no es a Santiago, el hermano del Señor17.

6 Por este tiempo se cumplió también lo prometido por nuestro Salvador al rey de Osroene, pues Tomás, por impulso divino, envió a Tadeo a Edesa como heraldo y evangelista de la doctrina de Cristo, como lo acabamos de probar con documentos encontrados allí

7 Tadeo, personado en el lugar, cura a Abgaro por la palabra de Cristo y deja pasmados con sus extraños milagros a todos los circunstantes 19. Cuando ya los tuvo suficientemente dispuestos con sus obras, los fue conduciendo hacia la adoración del poder de Cristo y acabó haciéndoles discípulos de la doctrina del Salvador 20. Desde entonces hasta hoy, la ciudad entera de Edesa está consagrada al nombre de Cristo, dando así una prueba nada común de los beneficios que nuestro Salvador les había hecho.

8 Baste con lo dicho, tomado de antiguos relatos, y volvamos otra vez a la Sagrada Escritura.
A continuación del martirio de Esteban se produjo la primera y gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén por obra de los mismos judíos. Todos los discípulos, exceptuados solamente los Doce, se dispersaron por toda Judea y Samaría21. Algunos, según dice la Escritura divina 22, arribaron a Fenicia, Chipre y Antio-quía. No se hallaban todavía capacitados para osar compartir con los gentiles la doctrina de la fe, y así la anunciaron solamente a los judíos.

9 Por entonces también Pablo andaba todavía devastando la Iglesia: penetraba en las casas de los fieles, arrancaba a viva fuerza a hombres y mujeres y los encarcelaba 23.

10 Mas también Felipe, uno de los que se escogiera para el servicio junto con Esteban 24 y que se hallaba entre los dispersos, descendió a Samaría y, lleno de poder divino, fue el primero en predicar la doctrina a los samaritanos. Tan grande era la gracia divina que obraba en él, que se atrajo con sus palabras al mismo Simón Mago y a una gran muchedumbre 25.

11 Por aquel tiempo, Simón había logrado una fama tal con su mágico poder sobre los ilusos, que él mismo se creía ser el gran poder de Dios. Fue entonces cuando, pasmado también él ante las increíbles maravillas obradas por Felipe con el poder divino, se infiltró y llevó el fingimiento de su fe en Cristo hasta el punto de ser bautizado 26.

12 Lo que también es de admirar es que hasta ahora ocurra lo mismo con los que aun hoy en día comparten su funestísima herejía, los cuales, fieles al método de su antepasado, se infiltran en la Iglesia como sama pestilente y causan el mayor estrago en aquellos a quienes logran inocular el veneno incurable y terrible oculto en ellos 21. Sin embargo, la mayoría fueron ya expulsados a medida que se les sorprendió en esta perversidad, como el mismo Simón, cuando Pedro lo desenmascaró y le hizo pigar su merecido28.

13 Pero, mientras de día en día la predicación salvadora iba progresando, alguna disposición providencial condujo fuera de Etiopía a un magnate de la reina de aquel país, que aun hoy día, según costumbre ancestral, está regido por una mujer29. Este magnate, primero de los gentiles en tener parte en los misterios de la doctrina divina, por habérsele aparecido Felipe 30, y primicia de los creyentes a través del mundo, refiere un documento 31 que, después de regresar a la tierra patria, fue el primero en anunciar la buena nueva del conocimiento del Dios de todas las cosas y la estancia vivificadora de nuestro Salvador entre los hombres, por lo que, gracias a él, se hizo realidad la profecía que dice: Etiopía se adelanta r presentar sus manos a Dios 32.

14 Además de los dichos, Pablo, el instrumento de elección 33, no por parte de los hombres ni por medio de los hombres, sino por revelación del mismo Jesucristo y de Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos 34, es proclamado apóstol: una visión y una voz del cielo 35 en el momento de la revelación lo han Considerado digno de la llamada.

Notas:

4 Nótese la frecuencia de esta expresión, «el primero», en el presente capítulo, § 1,2,8,10,13.

5 Cf. Act 1,15-26; supra I 12,3.

6 Act 6,1-6.

7 Act 7.58-59.

8 Gál 1,19.

9 Para Mt 10,3; Me 3,18; Jn 19,25 y Act 1,13, Santiago era hijo de Alfeo o Cleofás (cf. Mt 27,56). La opinión de que era hijo de José se encuentra expresa en el ms. B del Protoevangelio de Santiago. Eusebio recoge esta tradición y, un poco confusamente, la fusiona con la otra, que afirmaba la viudez de José, y que provenía del Evangelio de Pedro, al que remite Orígenes (In Math. 10,17); en la misma línea están Epifanio, Gregorio de Nisa e incluso Juan Crisósto-mo e Hilario de Poitiers, aunque no Jerónimo. Eusebio, a pesar de sus expresiones reticentes, probablemente pensaba también que Santiago era hijo de José y de una primera esposa, pues tal parece haber sido la opinión de Hegesipo; cf. M. J. Lagrange, L’Évangile sélon Saint Marc (Paris 4i929) p.72-89; Th. Zahn, Brüdern und Vettern Jesus: Forschungen 6,125-364; W. PRATSCHER, Der Herrenbruder Jakobus und y die Jakobustradition = Forsch. 2. Relig. u Literatur des A. v. N. Testament, 139 (Gottinga 1987); Id., Der Herrenbruder Jakobus und seris kreis: Evangelische Theologie 47 (1987) 228-244.

10 Mt 1,18.

11 Cf. infra 23,7.

12 Son varias las veces que se utiliza en esta obra la palabra «trono» referida al episcopado de Jerusalén: además de este pasaje, infra 23,1; III 5,2; 11; 35; VII 14; 19; 32,29. Su aplicación a otros episcopados es más rara: al de Corinto, infra IV 23.1; al de Roma, VI 29,4; al de An-tioquía, aunque esta vez más bien como signo del orgullo de Pablo de Samosata, VII 30,9; V. Twomey, Apostholikos Thronos — Münsterische Beiträge z. Theologie, 49 (Münster 1981).

13 Fragmento 10: cf. infra 23,1; en ambos pasajes sigue a Clemente de Alejandría; en 23,4 sigue a Hegesipo, que refleja otra tradición; en VII19 combinará las dos; cf. A. Campbell, The elders of the Jerusalem Church: TTS 44 (iqqO 411-08.

14 Sobre el sentido de este conocimiento o gnosis en Clemente, cf. A. Mehat, Etude sur les ‘Stromates’ de Clément d’Alexandrie: Patrística Sorbonensia 7 (Paris 1966) 4x1-488; cf. R. Fabris, S. Pietro apostolo nella prima chiesa: Studia missionalia 35 (1986) 41-70.

15 Cf. Hegesipo: infra 23,11-18. Al no mencionar más que estos dos Santiagos, parece que Clemente identifica a Santiago el Justo o hermano del Señor con Santiago, hijo de Alfeo (o de Cleofás; cf. Mt 27,56), uno de los Doce, según Mt 10,3; Me 3,18; Jn 19,25; Act 1,13. Pero no es seguro.

16 Cf. Act 12,7; Clemente de Alejandría, Hypotypos. fragm. 13.

17 Gál 1,19.

18 Cf. supra I I3,5ss.

19 Supra I 13,11-18.

20 Esta frase resume la actividad de Tadco y su resultado, omitido supra T 13,21.

21 Act 8,1; cf. S. C. Mimouni, Pour une définition nouvelle du judéo-christianisme ancien: NTS 38 (1991) 161-186.

22 Act 11,19.

23 Act 8,3.

24 Act 6,5.

25 Act 8,5-13.

26 Act 8,13.

27 Cf. San Epifanio, Haer. 21. La insistencia de Eusebio: «todavía hoy», «aun hoy en día-', etc., no parece que responda a una realidad de su tiempo, a juzgar por Epifanio. Probablemente transcribe esas expresiones de la fuente que resume. .

28 Act 8,18-23; cf. infra 14,3-4 y 15,1. Eusebio parece conocer las Acta Pétri; cf. P. Vouaux, Les Actes de Pierre (Paris 1922) p.4o8ss; H. Chadwick, Heresy and Orthodoxy in the Early Church: Collected Studies series, 342 (Aldershot 1989); M. SlMONETTI, Ortodossia ed. eresia tra I e II sec. = Armarium. Biblioteca di storia e cultura religiosa, s (Sovesia Mannelli 1994).

29 Plinio, Hist. nat. 6,35. Es difícil pensar que la costumbre pervivió hasta el siglo iv. El «aun hoy día» proviene de la fuente utilizada.

30 Act 8,26-39.

31 Cf. San Ireneo, Adv. haer. 3,12,8; 4,23,2; Harnack, Mission 2 p.729.

32 Sal 67,32; cf. Sócrates, HE I 19; Filostorgo, HE III 4ss; G. Haile, A new look at some dates of early Ethiopian history: Le Muséon 95 (1982) 311-322.

33 Act 9,15.

34 Gál 1,1.12.

35 Act 9.3-6; 22,6-9; 26,14-19.

Cap. 2
[De la emoción de Tiberio al informarle Pilato de los hechos referentes a Cristo]

1 La fama de la asombrosa resurrección de nuestro Salvador y de su ascensión a los cielos había alcanzado ya a la gran mayoría. Se había impuesto entre los gobernadores de las naciones la antigua costumbre de informar al que ocupaba el cargo imperial de todas las novedades ocurridas en sus regiones, para que ningún hecho escapara al conocimiento de aquél. Pilato, pues, dio parte al emperador Tiberio de todo lo que corría de boca en boca por toda Palestina referente a la resurrección de nuestro Salvador Jesús de entre los muertos 36.

2 Le enteró también de sus otros milagros y de que ya el pueblo creía que era Dios, porque después de su muerte había resucitado de entre los muertos. Se dice que Tiberio llevó el asunto al senado, y que éste lo rechazó, aparentemente porque no lo había aprobado previamente 37—pues una antigua ley prescribía que, entre los romanos, nadie fuera divinizado si no era por voto y por decreto del senado 38—, pero en realidad de verdad era porque la doctrina salvadora de la predicación divina no necesitaba de ratificación ni de recomendación procedentes de los hombres.

3 De esta manera, pues, el senado romano rechazó el informe presentado sobre nuestro Salvador. Tiberio, en cambio, conservó su primera opinión y no tramó nada fuera de lugar contra la doctrina de Cristo 39.

4 Tertuliano, exacto conocedor de las leyes romanas y varón insigne por otros conceptos e ilustrísimo en Roma 40, expone todos estos hechos en su Apología por los cristianos, que escribió en el mismo idioma romano y que está traducida en lengua griega, expresándose textualmente como sigue:

5 «Mas, para que discutamos partiendo del origen de tales leyes, existía un viejo decreto de que nadie podía ser consagrado como dios antes de ser aprobado por el senado. Marco Emilio así ha obrado en lo tocante a cierto ídolo, Alburno. También esto obra en favor de nuestra doctrina: el que entre vosotros la divinidad se otorgue por arbitrio de los hombres. Si un dios no agrada al hombre, no llega a ser dios. ¡Así, al menos según esto, conviene que el hombre sea propicio a Dios!

6 »Tiberio, pues, bajo el cual entró en el mundo el nombre de cristiano, cuando le anunciaron esta doctrina procedente de Palestina, donde primero había comenzado, se la comunicó al senado, aclarando a los senadores que a él dicha doctrina le complacía. Pero el senado, porque él no la había aprobado, la rechazó. Tiberio, en cambio, persistió en su declaración y amenazó de muerte a los acusadores de los cristianos»41.
La celestial providencia tenía dispuesto el poner esto en el ánimo del emperador con el fin de que la doctrina del Evangelio tuviera un comienzo libre de obstáculos y se propagara por toda la tierra.

Notas:

36 Cf. Tertuliano, Apolog. 21,24, a quien Eusebio está parafraseando. No parece que a Tiberio le llegara la noticia en un informe escrito; en todo caso, Tertuliano no ha visto tal documento, que citaría, como hace con la carta de Marco Aurelio, a pesar de que no la conocía de primera mano (Apolog. 5,6; cf. 21); cf. San Justino, Apol I 35,9; 38; 48,3; interesante el trabajo de M. Plault, Affaire Jésus. Rapports de Ponce-Pilate, préfet de Judée, à la chancellerie romaine (Paris 1965). Sobre la literatura del ciclo de Pilato, véase A. de Santos Otero, Los Evangelios apócrifos: BAC 148 (Madrid 21963) p.418-569.

37 Cf. Tertuliano, Apolog. 5,2.

38 Gf. Tito Livio, 9,16. Lo que el decreto prohíbe es consagrar un templo o un altar sin permiso del senado o de los tribunos de la plebe.

39 Esta actitud de Tiberio, atestiguada por Tertuliano (Apolog. 5,1-2) y corroborada por este pasaje de Eusebio, no debe tomarse a la ligera, en opinión de G. Cecchelii (Un tentato ri-conoscimento imperiale del Cristo: Studi in onore di A. Calderini e R. Pasiberü, t.i [Milán 1956] P 351-362). Según él, la noticia de esa proposición de Tiberio favorable a los cristianos podría remontarse a Talos y haber llegado a Tertuliano a través de Flegón, contemporáneo de Adriano.

40 A pesar de que Tertuliano escribió también en griego, es muy poco lo que Eusebio sabe de él. Solamente parece estar algo al corriente de su Apologeticum, escrito en latín, del que cita cinco pasajes en una traducción griega bastante deficiente y cuyas circunstancias nos son desconocidas. Difícilmente puede admitirse que el traductor fuera Julio Africano, como sugiere A. Harnack (Die griechische Übersetzung des Apologéticas Tertullians: TU 8,4 [Leipzig 1892! 30ss; cf. G. Bardy, La question des langues dans l’Église ancienne t.i [Paris 1948] 0.129-130).

41 Tertuliano, Apolog. 5,1-1; cf. B. Baldwin, The Roman emperors (Montréal 1980); M. SoRDI, Los cristianos y el imperio romano (Madrid 1988).

Cap. 3
[De cómo la doctrina de Cristo en breve tiempo se propagó a todo el mundo]

1 Así, indudablemente, por una fuerza y una asistencia de arriba, la doctrina salvadora, como rayo de sol, iluminó de golpe a toda la tierra habitada. Al punto, conforme a las divinas Escrituras, la voz de sus evangelistas inspirados y de sus apóstoles resonó en toda la tierra, y sus palabras en el confín del mundo42.

2 Efectivamente, por todas las ciudades y aldeas, como en era rebosante 43, se constituían en masa iglesias formadas por muchedumbres innumerables. Los que por sucesión ancestral y por un antiguo error tenían sus almas presas del antiguo morbo de la superstición idolátrica, por el poder de Cristo y gracias a la enseñanza de sus discípulos y a los milagros que la acompañaban, rotas sus penosísimas prisiones, se apartaron de los ídolos como de amos espantosos y escupieron todo politeísmo demoníaco y confesaron que no hay más que un solo Dios: el creador de todas las cosas. Y a este Dios honraron con los ritos de la verdadera religión por medio de un culto divino y racional, el mismo que nuestro Salvador sembró en la vida de los hombres.

3 Pues bien, como quiera que la gracia divina se difundía ya por las demás naciones y, en Cesárea de Palestina44, Cornelio y toda su casa habían sido los primeros en aceptar la fe en Cristo mediante una aparición divina y el ministerio de Pedro, también en Antioquía la aceptó toda una muchedumbre de griegos a los que habían predicado los que fueron dispersados cuando la persecución contra Esteban45. La Iglesia de Antioquía florecía ya y se multiplicaba cuando, estando presentes numerosos profetas llegados de Jerusalén46, y con ellos Bernabé y Pablo, además de una muchedumbre de otros hermanos, por primera vez el nombre de cristianos brotó de ella47, como de una fuente caudalosa y fecundante.

4 Agabo era también uno de los profetas que estaba con ellos y andaba prediciendo como inminente una gran hambre, por lo que Pablo y Bernabé fueron enviados para ponerse al servicio de la asistencia a los hermanos48.

Notas:

42 Sal 18,5; cf. Rom 10,18; J.Weiss, Earliest Christianity. A history of the period A.D.30-150 (Nueva York 1959); D. Praet, Explaining the Christianization of the Roman Empire. Older theories and recent developments: Sacris Erudiri 33 (1991-93) 5-119.

43 Cf. Mt 3,12; Lc 3,17.

44 Act 10. cf. F. Manns, Le prime generazioni cristiane della Palestina alla luce degli scavi archeologici e delle fonti letterarie: Antonianum 58 (1983) 70-84.

45 Act 11,19-26.

46 Act 11,27.

47 Cf. supra 2,6. Frente a la hipótesis de R. Paberini y E. Peterson, de una parte, que pretenden que el nombre lo impusieron las autoridades romanas, y de otra parte, a la de H. B. Mat-tingli (The Origin of the name «christiani» : JTS 9 [1958] 26-37), que opina que fue puesto por la plebe—en ambos casos siempre por los paganos—, destaca la opinión de E. Bickerman (The Name of Christians: HTR 42 [1949) 109-124), recogida por B. Lifshitz (L’origine du nom des chrétiens: VigCh 16 [1962] 65-70), afirmando que el nombre lo inventaron y se lo aplicaron los cristianos mismos.

48 Act 11,28-30; cf. infra 8.

Cap. 4
[De cómo, después de Tiberio, Cayo estableció a Agripa como rey de los judíos y castigó a Herodes con el destierro perpetuo]

1 Murió, pues, Tiberio después de reinar unos veintidós años. Después de él tomó el poder Cayo49, y en seguida ciñó a Agripa la diadema del mando sobre los judíos, haciéndole rey de las te-trarquías de Felipe y de Lisanias, a las que no mucho después añadió la de Herodes, tras condenar a éste (que era el Herodes del tiempo de la pasión del Salvador 50), junto con su mujer Herodías, a destierro perpetuo por causa de sus muchos crímenes. Josefo es también testigo de estos hechos51.

2 Por este tiempo iba siendo conocido por muchos Filón52, varón notabilísimo, no sólo entre los nuestros, sino también entre los que procedían de una educación profana. Descendía de familia hebrea, pero en nada era inferior a los que en Alejandría brillaban por su autoridad.

3 La extensión y la calidad de sus trabajos en torno a las ciencias divinas patrias se evidencia en su obra, y en cuanto a su capacidad para los conocimientos filosóficos y los estudios liberales de la educación profana, nada hay que decir cuando la historia da cuenta de su celo especialísimo por el estudio de la filosofía de Platón y de Pitágoras hasta aventajar a todos sus contemporáneos.

Notas:

49 Josefo, AI 18(6,10)224; BI 2(9,6)181. A Cayo Tiberio, muerto el 16 de marzo del año 37. le sucedió Cayo César Augusto Germánico, más conocido por su apodo Caligula. Cf. A. M. Honore, Gaius: A Biography (Oxford 1962); J. P. V. D. Balsdon, The Emperor Gaius (Caligula) (Oxford 1934; reimpreso en 1964).

50 Lc 23,6-12. cf. H. W. Hoehner, Herod Antipas. A contemporary of Jesus Christ (Exeter 1980).

51 Josefo, AI 18(6,10)237; (7,2)252; (6,10)225; cf. supra I 9,1; 11,3. Fue poco después de la subida de Caligula al poder cuando, cambiando la suerte de Herodes Agripa, hizo a éste entrega de las antiguas tetrarquías de Felipe y de Lisanias, con el título, no muy definido, de rey. La entrega de la tetrarquía de Herodes Antipas debió de ser el año 39; cf. Eusebio, Chronic, ad annum 37: Helm, p.177; Schuerer, i p.425-449 y 552.

52 Nacido por el año 13 a. C., debió de morir entre los años 45 y 50 d. C. Aparte de lo que de él dice Eusebio en este párrafo y en el siguiente, dará una idea del concepto que de él tuvo la antigüedad cristiana lo que se refiere infra 17,1. Cf. San Jerónimo, De vir. ill. 11; H. Leisegang, Philon aus Alexandreia: Pauly-Wissowa, t.20 (1950) col.1-50; L. Feldmann, Studies in Judaica, Scholarship on Philo and Josephus (1937-1962) (Nueva York 1963).

Cap. 5
[De cómo Filón desempeñó una embajada cerca de Cayo en favor de los judíos]

1 Filón cuenta en cinco libros 53 las calamidades de los judíos en tiempos de Cavo54, y a la vez explica la demencia de éste al proclamarse dios y cometer mil atropellos en su gobierno, así como las miserias de los judíos bajo su imperio y la embajada que a él mismo le fue confiada en la ciudad de Roma en favor de sus congéneres de Alejandría. Refiere cómo se presentó ante Cayo en defensa de las leyes patrias y cómo no sacó en limpio más que burlas y sarcasmos, faltando poco incluso para dejar su vida en el lance 55.

2 Estos hechos los menciona también Josefo en el libro XVIII de sus Antigüedades; escribe textualmente:
«Y hubo una revuelta en Alejandría, entre los judíos allí residentes y los griegos, y se eligieron tres embajadores de una y otra facción para presentarse ante Cayo.

3 »Uno de los embajadores alejandrinos era Apión, el cual había calumniado mucho a Jos judíos diciendo, entre otras cosas, que miraban con malos ojos el honrar al César, pues, mientras todos los que estaban sometidos a la soberanía de Roma construían altares y templos a Cayo y en todo lo demás le equiparaban a los dioses, solamente los judíos creían indigno honrarle con estatuas y jurar por sii nombre.

4 »Muchas y graves acusaciones profirió Apión, naturalmente con la esperanza de excitar el ánimo de Cayo. Filón, que presidía la embajada de los judíos, hombre ilustre en todo, hermano del alabarca 56 Alejandro y hábil filósofo, tenía sobrada capacidad para habérselas con las acusaciones en su discurso de defensa.

5 »Pero Cayo le cortó y le ordenó marcharse lejos. Estaba irritadísimo y era claro que iba a tomar serias medidas contra ellos. Filón salió de allí ultrajado y dijo a los judíos de su séquito que había que tener ánimo, que Cayo se había enfurecido contra ellos, pero que, en realidad, estaba atentando contra Dios»57.
Hasta aquí Josefo.

6 Pero también el mismo Filón, en su obra Embajada 58, expone con todo pormenor y exactitud lo que él hizo por entonces. Dejaré de lado casi todo y referiré solamente aquello que ayude a los lectores a tener una prueba manifiesta de las desdichas que, a la vez o con poca distancia unas de otras, cayeron sobre los judíos por causa de sus crímenes contra Cristo.

7 Narra, pues, en primer lugar que, en tiempo de Tiberio, Sejano, hombre por entonces de gran ascendiente e influjo ante el emperador, tomó muy a pecho el acabar por completo con toda la raza judía en la ciudad de Roma y que, en Judea, Pilato, bajo el cual se había perpetrado el crimen contra el Salvador, había emprendido contra el templo, que aún se erguía en Jerusalén, algo que iba contra lo que está permitido a los judíos, exacerbándolos terriblemente 59.

Notas:

53 Solamente dos se han conservado: los titulados In Flaccum y Legatio ad Gaium. La clasificación de las obras de Filón ha sido objeto de incesantes discusiones, ya desde antes de la aparición de la obra de L. Massebieau (Le classement des oeuvres de Philon: Biblioth. de l’École des Hautes Études, Section des Sciences religieuses i, Paris 1889); cf. L. Leisegang, a.c., C0I.42SS.

54 Esta sangrienta persecución de los judíos de Alejandría tuvo lugar en otoño del año 38, siendo prefecto de Egipto Avilio Flaco. El año 40, los judíos enviaron a Caligula la embajada a que alude en las líneas siguientes, presidida por Filón, mientras los contrarios enviaban la suya, encabezada por Apión, gramático alejandrino, que enseñó también en Grecia y en Roma y que, por sus ataques a los judíos en su Historia de Egipto, provocó la reacción de F. Josefo, que escribió su Contra Apionem; cf. Schuerer, i p.495-503; 3 p.4o6ss.

55 Cf. Filón de Alejandría, Leg. ad Gai., passim. Véase A. Castellán, El principado de Cayo Caligula en los escritos históricos de Filón de Alejandría : Anales de Historia Antigua y Medieval (Buenos Aires 1956) 23-33.

56 Quizá disimilación de «arabarca». El cargo de arabarca, una especie de recaudador superior de impuestos aduaneros sobre la ribera árabe del Nilo, fue ejercido con frecuencia en esta época por judíos de las más relevantes familias, como era la de Filón; cf. Schuerer, 3 p.88-89.

57 Josefo, AI 18(8,1)257-260; cf. Filón de Alejandría, Leg. ad Gai. 349-373; p.597-600 M. Las referencias a las obras de Filón, tras el título de la obra, responden los números de la edición de L. Cohn-P. Wendland-S. Reiter, t.6 (Berlín 1915), seguidos de la página o páginas del t.2 de la edición de T. Mangey (Londres 1742). Es extraño que Eusebio, en vez de citar aquí a Filón, como era de esperar, cite a Josefo. De hecho, a pesar del conocimiento que demuestra tener de las obras de Filón (cf. infra i8), solamente cita de ellas en su HE un par de pasajes: el del c.6, breve, y el más largo del c.17, cuyo testimonio le parecía único.

58 Cf. Filón de Alejandría, Leg. ad Gai. 159-298: p.569-589 M.

59 En cuanto a Sejano, prefecto bajo Tiberio y ejecutado el año 31, sobre todo su relación con los judíos, véase Schuerer, i p.434 nota 17; p.492 nota 147; 3 p.31. Referente a lo ocurrido bajo Pilato, cf. infra 6,4 (pero nótese que allí no se habla de templo) y DE 8,2-122-123, en donde Eusebio parece parafrasear a Filón, Leg. ad Gai. 299: p.589-90 M, y a Josefo, BI 2(9,2) 169; cf. P. L. Meier, Sejanus, Pilate and the date of the Crucifixion: Church History 37 (1968) 3-13.

Cap. 6
[De los males que afluyeron sobre los judíos después de su avilantez contra Cristo]

1 Sigue Filón narrando que, después de la muerte de Tiberio, asumió Cayo el poder y empezó a cometer mil insolencias contra muchos, pero sobre todo a perjudicar lo más posible a toda la raza judía. Mas esto mejor será saberlo brevemente por sus mismas obras, en las que escribe textualmente:

2 «Tan extraordinariamente caprichoso era el carácter de Cayo para con todos, pero muy especialmente para con la raza judía, a la que tenía un odio implacable. En las otras ciudades, comenzando por Alejandría, se adueñó de las sinagogas 60 y las llenó de imágenes y estatuas con su propia eíigie (pues el que permitía a otros levantarlas, él mismo con su poder se las erigía), y en la Ciudad Santa, el templo, que hasta entonces había salido intacto por considerársele digno de toda inviolabilidad, lo cambió y lo transformó en templo propio, para que se llamara: Templo de Cayo, Nuevo Zeus Epífano»61.

3 El mismo autor, en un segundo libro que escribió, titulado Sobre las virtudes62, narra otras innumerables e indescriptibles calamidades ocurridas a los judíos en Alejandría por las fechas indicadas. Con él coincide también Josefo al hacer notar igualmente que los infortunios que cayeron sobre toda la raza judía tuvieron su comienzo en los tiempos de Pilato y de los crímenes contra el Salvador.

4 Pero escucha más bien lo que éste declara textualmente en el libro II de su Guerra de los judíos cuando dice:
«Enviado por Tiberio a Judea como procurador, Pilato hace entrar durante la noche en Jerusalén, encubiertas, las efigies del César, las llamadas enseñas. Al hacerse de día, esto produjo enorme conmoción entre los judíos, que, acercándose para ver, quedaron aterrorizados: sus leyes habían sido pisoteadas, ya que en modo alguno permitían que en la ciudad se levantaran imágenes»63.

5 Si cotejas todo esto con la Escritura del Evangelio, verás que no tardaron mucho en ser alcanzados por el grito que profirieron en presencia del mismo Pilato cuando voceaban que no tenían otro rey sino sólo el César64.

6 Pero aún hay otra calamidad que alcanzó a los judíos y que el mismo escritor nos narra a continuación como sigue:
«Y después de esto suscitó otra agitación cuando vació el tesoro sagrado llamado corbán 65, gastándolo en la traída de aguas desde una distancia de trescientos estadios. Ante esto el pueblo se enfureció y, cuando Pilato se personó en Jerusalén, le rodearon vociferando todos a una.

7 »Pero él contaba de antemano con la agitación de los judíos y había hecho que se mezclaran entre ellos soldados armados, camuflados bajo trajes de paisano, con prohibición de emplear la espada, pero con orden de golpear con bastones a los gritadores. Desde su asiento dio la señal. Los judíos, heridos, muchos perecieron bajo los golpes y muchos quedaron aplastados por los demás al huir. La plebe, impresionada por el infortunio de los caídos, enmudeció» 66.

8 El mismo autor hace saber que, además de éstas, se movieron en la misma Jerusalén muchísimas otras revueltas, afirmando que desde aquel tiempo ni en la ciudad ni en toda Judea faltaron ya sediciones, guerras y malvadas maquinaciones de unos contra otros, hasta que, finalmente, les llegó el asedio de Vespasiano. Así es cómo la justicia divina alcanzaba a los judíos por sus crímenes contra Cristo.

Notas:

60 ή προσευχή era por este tiempo el nombre griego más común, junto con συναγωγή, para designar lo que nosotros llamamos sinagoga; cf. Schuerer, 2 p.443-444.

61 Filón de Alejandría, Leg. ad Gai. 346: p.596 M; cf. Schuerer, i p.489.

62 Para Eusebio, esta obra es distinta de la citada supra 5,6 con el título de Embajada. Para la mayoría de los críticos, el título Sobre las virtudes era el epígrafe general con que se conocía la obra que se componía de los cinco libros aludidos supra 5,1; cf. infra 17,3; 18,8.

63 Josefo, BI 2(9,2)169-170; cf. AI 18(3,1)55-57; Eusebio, Chronic, ad annos 37-38: Helm, p.177-178.

64 Cf. Jn 19,15; sin embargo, Josefo parece indicar que el hecho ocurrió poco después de la llegada de Pilato, es decir, antes de la pasión.

65 Cf. Mc 7,11; Mt 27,6.

66 Josefo, BI 2(9.4)175-177; cf. Schuerer, 1 p.49.

Cap. 7
[De cómo también Pilato se suicidó]

No es para ignorar que una tradición refiere cómo también aquel mismo Pilato de los días del Salvador se vio hundido en tan grandes calamidades en tiempos de Cayo—cuyo período queda explicado—, que se vio forzado a suicidarse y convertirse en verdugo de sí mismo: la justicia divina, por lo que parece, no tardó mucho en alcanzarlo.
De los griegos, lo refieren los que dejaron escritas las series de olimpíadas junto con los sucesos de cada época 67.

Notas:

67 Aquí Eusebio, para apoyar la tradición del suicidio de Pilato, alude a los cronistas griegos, mientras que, en su Crónica, al asignar el hecho al año 39 (Helm, p. 178), habla de «historiadores romanos», a pesar de que la coincidencia de expresión indica que utilizó para ambas obras la misma fuente. Quizá la diferencia se deba al traductor latino de la Crónica. En todo caso, tanto los cronistas como los historiadores aludidos nos son desconocidos. Fiión no dice nada; solamente los apócrifos desarrollan esta tradición. Por otra parte, Eusebio no dice nada de que Pilato fuera ejecutado por Nerón. Cf. Schuerer, i p.492 nota 151; P. L. Maier, The fate of Pontius Pilate: Hermes 99 (i97i) 362-371.

Cap. 8
[Del hambre en tiempos de Claudio]

1 Pero Cayo no llegó a cumplir los cuatro años de ejercicio del mando. Le sucedió como emperador Claudio68, bajo el cual se abatió sobre el mundo una gran hambre (y esto lo transmiten en sus historias incluso los escritores más ajenos a nuestra doctrina 69) y tuvo cumplimiento la predicción del profeta Agabo, según los Hechos de los Apóstoles 70, de que era inminente una gran hambre sobre todo el mundo.

2 Lucas describió en los Hechos la gran hambre de los tiempos de Claudio y, después de narrar cómo los hermanos de Antioquía habían enviado socorros a los hermanos de Judea por medio de Pablo y de Bernabé, cada cual según sus posibilidades, añade:

Notas:

68 Caligula cayó asesinado el 24 de enero del año 41; cf. Josefo, AI 19(2,5)201; BI 2(11,1) 204.

69 Tácito, Annal. 12,43; Suetonio, Claud. 18; Dión Casio, Hist. 60,11.

70 Act 11,27-30; cf. Eusebio, Chronic, ad annum 44: Helm, p. 179; A. Tornos, La fecha del hambre de Jerusalén, aludida por Act 11,28-30: EE 33 (1959) 303-316; Id., κατ’ εκείνον δέ τον καιρόν en Act 12,i y simultaneidad de Act 11,37-30: ibid., p.411-428.

Cap. 9
[Martirio del apóstol Santiago]

1 En aquel tiempo—evidentemente el de Claudio—el rey Herodes se puso a maltratar a algunos de la Iglesia. Y mató a Santiago, el hermano de Juan, con la espada 71.

2 Acerca de este Santiago, Clemente, en el libro VII de sus Hypotyposeis, añade un relato digno de mención, afirmando haberlo tomado de una tradición anterior a él. Dice que el que le introducía ante el tribunal, conmovido al verle dar testimonio, confesó que también él era cristiano.

3 «Ambos, pues—dice Clemente—, fueron llevados juntos de allí, y en el camino pidió a Santiago que le perdonara, y éste, después de mirarle un instante, dijo: La paz esté contigo, y le besó. Y así es cómo los dos fueron decapitados a un tiempo» 72.

4 Entonces, como dice la Escritura divina 73, viendo Herodes que su hazaña de asesinar a Santiago había complacido a los judíos, la emprendió también contra Pedro, lo encarceló y poco hubiera faltado para ejecutarlo también si un ángel, mediante aparición divina, no se le hubiera presentado por la noche y no lo hubiera sacado milagrosamente de las prisiones, dejándole libre para el ministerio de la predicación. Tal fue la providencial disposición por lo que respecta a Pedro.

Notas:

71 Act 12,1-2; cf. F. F. Bruce, Christianity under Claudius: Bulletin of the John Rylands Library 44 (1962) 309-326. Sobre la situación en Roma por el mismo tiempo, cf. S. Benko, The Edict of Claudius of A. D. 49 and the Instigator Chrestus: TZ 25 (1969) 406-418.

72 Clemente de Alejandría, Hypotypos. fragm. 14.

73 Act 12,3-17.

Cap. 10
[De cómo Agripa, llamado también Herodes, persiguió a los Apóstoles y pronto experimentó la venganza divina]

1 El merecido por los atentados del rey contra los apóstoles no sufría demora, y el ministro vengador de la justicia divina le alcanzó en seguida. Inmediatamente después de su conjura contra los apóstoles, según narra el libro de los Hechos, se puso en camino para Cesárea, y allí, estando adornado con espléndidas y regias vestiduras y puesto en alto delante de una tribuna, dirigió la palabra al pueblo. Todo el pueblo aplaudió su discurso, como si fuese voz de Dios y no de hombre, y en ese mismo instante—narra la Escritura 74—un ángel del Señor lo hirió y, convertido en pasto de gusanos, expiró 75.

2 Mas es de admirar cómo también concuerdan en este extraño suceso la Escritura divina y la narración de Josefo. Es evidente que Josefo atestigua la verdad en el libro XIX de su Antigüedades, donde explica el portento con las palabras que siguen:

3 «Se había cumplido el tercer año de su reinado sobre toda Judea 76 y él se hallaba en la ciudad de Cesárea, que primeramente se llamaba Torre de Estratón. Estaba celebrando allí juegos públicos en honor del César, por cuya salud sabía él que eran esta clase de fiestas. A ellos había concurrido una muchedumbre de autoridades y dignatarios de la provincia,

4 »E1 segundo día de la fiesta, habiéndose puesto un vestido hecho todo él de plata, de modo que resultaba un tejido admirable, entró en el teatro al rayar el día, y entonces la plata, iluminada por la irrupción de los primeros rayos del sol, reverberaba admirablemente y despedía reflejos que atemorizaban y hacían estremecerse a cuantos fijaban su vista en él.

5 »En seguida comenzaron los aduladores, cada cual por su lado, a levantar sus voces, para él nada provechosas, llamándole dios y diciendo: |Sé propicio! Si hasta aquí te hemos temido como a hombre, desde ahora confesamos que eres superior a la naturaleza mortal.

6 »E1 rey no los reprendió ni trató de rechazar la impía adulación. Mas de allí a poco, alzando la mirada vio a un ángel77 planear por encima de su cabeza, y en seguida pensó que aquel ángel era causa de males como algún tiempo lo fuera de sus bienes 78. La congoja oprimió su corazón,

7 »y le entró un repentino dolor de vientre, que comenzó con gran vehemencia. Clavando, pues, la mirada en sus amigos, dijo: Yo, vuestro dios, he recibido ya la orden de restituir la vida. El hado se ha apresurado a desmentir vuestras voces engañosas de hace un instante. Yo, el que vosotros llamabais inmortal, soy ya conducido a la muerte. Hay que aceptar el destino como Dios lo ha querido, porque en modo alguno hemos vivido mal, sino con larga dicha.

8 »Mientras decía esto, la fuerza del dolor le iba agotando. Se le condujo, pues, con cuidado dentro del palacio.
»A todos fue llegando el rumor de que irremediablemente moriría dentro de poco. Mas la muchedumbre, con sus mujeres y sus hijos, pronto vino a sentarse sobre saco, según las costumbres patrias, y empezó a suplicar a Dios por el rey. Los ayes y lamentos lo llenaban todo, y el rey, acostado en el dormitorio alto, viéndolos abajo inclinados, postrados, tampoco él pudo contener las lágrimas.

9 »Acabado por el dolor intestinal de unos cinco días continuos, murió a los cincuenta y cuatro años de edad, en el séptimo de su reinado79. Reinó cuatro años bajo el césar Cayo, gobernó la tetrarquía de Felipe durante tres y en el cuarto recibió también la de Herodes. Reinó además tres años bajo el imperio del césar Claudio» 80.

10 Estoy admirado de cómo Josefo, en este y en otros puntos, confirma la verdad de las Escrituras divinas. Es cierto que a algunos les podía parecer que discrepan en cuanto al nombre del rey 81, pero el tiempo y el modo de obrar están demostrando que se trata del mismo, debiéndose el cambio de nombre a un error de escritura o a que uno solo tenía dos nombres, como ocurre también con otros muchos.

Notas:

74 τό λόγιον, para designar la Sagrada Escritura. Normalmente, Eusebio utiliza la palabra en plural y calificada; cf. J. Donovan, Note on the Eusebian Use of «Logia»: Bíblica 7 (1926) 301-310.

75 Cf. Act 12,19.21-23.

76 Efectivamente, Herodes Agripa I no recibió el dominio de toda Judea—más exactamente: todo ei territorio de Herodes el Grande—hasta el año 41, cuando Claudio añadió Judea y Samaria a ios territorios sobre los que Caligula le había constituido rey; cf. supra 4,1 nota 51. Murió, pues, el año 44, repentinamente, en Cesárea; cf. Eusebio, Chronic, ad annum 44: Helm, p.179; Schuerer, i p.562-564.

77 Eusebio, influido quizá por Act 12,23, transforma en ángel el buho de los mss. de Josefo, y omite que estaba sobre «una maroma» (esto sólo aparece en el grupo TCER). Es posible también que el cambio y h omisión estuvieran ya consumados en el texto que utilizó. Cf. Schuerer, i p.563.

78 Cf. Josefo, AI 18(6,7) 195SS.

79 Contando desde el año 37, en que Caligula le hizo rey de las antiguas tetrarquías de Felipe y de Lisanias; cf. supra notas 51 y 76.

80 Josefo, AI 19(8,2)343-351.

81 El Nuevo Testamento le llama Herodes; F. Josefo prefiere Agripa. En realidad tenía los dos nombres; cf. Schuerer, i p-550.

Cap. 11
[Del impostor Teudas]

1 Puesto que Lucas, en los Hechos82, introduce a Gamaliel diciendo, en la deliberación acerca de los apóstoles, que en el tiempo señalado surgió Teudas, que decía ser alguien y que, al ser eliminado, todos los que le habían creído se dispersaron, comparemos también lo escrito por Josefo sobre esto, porque, efectivamente, en la obra citada hace un instante narra esto mismo textualmente como sigue:

2 «Siendo Fado procurador de Judea, cierto impostor llamado Teudas logra persuadir a una gran muchedumbre a que tomen sús bienes y le sigan a él hacia el río Jordán, pues decía que era profeta y afirmaba que con su mandato separaría al río para hacerlo más fácilmente vadeable. A muchos engañó hablando así.

3 »No les dejó Fado saborear su demencia, sino que envió contra ellos un escuadrón de caballería que cayó de improviso sobre ellos y dio muerte a muchos y capturó vivos a muchos otros. Al mismo Teudas le cogieron vivo, le cortaron la cabeza y se la llevaron a Jerusalén» 83.
A continuación de esto, Josefo menciona también el hambre que hubo en tiempos de Claudio, como sigue:

Notas:

82 Act 5,34-36.

83 Josefo, AI 20(5,1)97-98. Siendo Cuspio Fado el primer gobernador de Judea después de la muerte de Herodes Agripa (año 44), el Teudas de que habla Josefo no puede ser el mencionado por Act 5.36, cuyo levantamiento fue anterior al de Judas Galileo (año 6 d. C.); cf. Schuerer, i p.565-566.

Cap. 12
[De Elena, reina de Adiabene]

1 «En este tiempo 84 ocurrió que hubo la gran hambre en Judea. Durante ella, la reina Elena gastó mucho dinero en la compra de trigo egipcio, que distribuía a los necesitados»85.

2 Hallarás que también esto concuerda con el texto de los Hechos de los Apóstoles, que recoge cómo los discípulos de Antioquía determinaron enviar algo, cada uno según sus posibles, en socorro de los que habitaban en Judea; lo que hicieron enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Pablo 86.

3 De esta Elena mencionada por el escritor se muestran aun hoy día espléndidas estelas en los suburbios de la actual Elia. Se decía que había sido reina del pueblo de Adiabene 87.

Notas:

84 Ultimos años de Cuspio Fado y primeros de su sucesor en el gobierno de Judea, Tiberio Alejandro, que terminó en sus funciones el año 48; cf. Schuerer, i p.567.

85 Josefo, AI 20(5,2)101; también (2,5)49-51; cf. Schuerer, i p.567.

86 Act 11,29-30.

87 Cf. Josefo, AI 20(4,3)95-96; BI 5(2,2)55; (3,3)119; (4,2)147. Adiabene estaba al nordeste de Asur, en la frontera del Imperio romano con los partos. Elena, madre del rey de Adiabene, Izates, se había convertido al judaismo y había logrado que sus hijos, el rey Izates y Monobazo, la siguieran; cf. Josefo, AI 20 (2,i)i7-(2,5)53. La visita a Jerusalén (que todavía no era Elia) en tiempos del hambre debió de ocurrir el año 46. Sus relaciones con la ciudad, al parecer, fueron muchas y provechosas para ésta; cf. Schuerer, 3 p.i 19-122. Sobre la interpretación de los datos acerca de la tumba de Elena, véase, en el mismo lugar citado de Schuerer, la nota 61.

Cap. 13
[De Simón Mago]

1 Sin embargo, habiéndose propagado ya la fe en nuestro Salvador y Señor Jesucristo a todos los hombres, el enemigo de la salvación de los hombres tramaba ya anticiparse en la captura de la ciudad imperial y condujo allá a Simón, del que más arriba hablamos 88. Efectivamente, secundando las hábiles artes de ese hombre, se ganó para el error a muchos habitantes de Roma.

2 Esto lo demuestra Justino, que se distinguió en nuestra doctrina no mucho tiempo después de los apóstoles y del que expondremos oportunamente lo que sea conveniente89. En su primera Apología, dirigida a Antonino, en favor de nuestra fe, escribe como sigue:

3 «Y después de la ascensión del Señor al cielo, los demonios impulsaban a algunos hombres a decir que ellos eran dioses, los cuales no sólo no han sido perseguidos por vosotros, sino que se les ha considerado dignos de honores. Un tal Simón, samaritano, originario de la aldea llamada Gitón 90, que en tiempos del césar Claudio realizó mágicos prodigios en vuestra imperial ciudad, Roma, por arte de los demonios que en él obraban, fue tenido por dios, y como a dios se le honró entre vosotros con una estatua en el río Tíber, entre los dos puentes, con la inscripción latina siguiente: SIMON! DEO SANGTO 91, es decir: A Simón, el dios santo.

4 »Y casi todos los samaritanos, además de unos pocos de otras naciones, le proclaman y adoran como al Dios primero. Y a cierta Elena, que por aquel tiempo andaba en gira con él, y que primero estuvo en un prostíbulo—en Tiro de Fenicia—, la llamaban el Primer Pensamiento nacido de él» 92.

5 Esto Justino. También Ireneo concuerda con él cuando, en el primero de sus libros Contra las herejías 93, traza el bosquejo de este hombre y de su impía y nefasta doctrina. Exponerla en detalle en esta mi obra sería superfluo, pudiendo cuantos lo quieran informarse también del origen, vida y principios de las falsas doctrinas de los heresiarcas que después de él se fueron sucediendo uno tras otro, así como de sus prácticas, meticulosamente transmitido en el mencionado libro de Ireneo.

6 Hemos, pues, recibido por tradición que Simón fue el primer autor de toda herejía. Desde él, incluso hasta hoy, los que participando de su herejía fingen la filosofía de los cristianos, sobria y celebrada universalmente por su pureza de vida, no menos vienen de nuevo a dar en la superstición idolátrica de la cual parecían estar libres, pues se prosternan delante de escritos y de imágenes del mismo Simón y de su compañera, la susodicha Elena, y se afanan en rendirles culto con incienso, sacrificios y libaciones.

7 Pero sus más secretas prácticas, de las que se dice que quien por primera vez las escucha queda estupefacto y, según una expresión escrita que corre entre ellos 94, espantado, verdaderamente están llenas de espanto, de frenesí y de locura, y son tales que no solamente no se les puede poner por escrito, sino que ni siquiera con los labios puede un hombre sensato pronunciar lo más mínimo, por la exageración de su obscenidad y costumbres infames.

8 Porque todo cuanto pueda pensarse de más impuro y vergonzoso queda bien superado por la abominabilísima herejía de estos hombres, que abusan de mujeres miserables y cargadas verdaderamente de males de toda índole 95.

Notas:

88 Cf. supra ι,ιγ. Aquí Eusebio identifica al hereje Simón con el Simón de Act 8,9-24. Justino no los identifica. Cf. K. Beyschlag, Zur Simon-Magus-Frage : ZTK 68 (1071) 395-426.

89 Cf. infra IV 12; 16-18.

90 A unos 10 kms. al oeste de la antigua Siquén, luego Nablusa, patria de San Justino.

91 La estatua hallada en 1574 en la isla del Tiber lleva la inscripción: SEMONI SANCO DEO FIDIO SACRUM. Es evidente la equivocación de San Justino, debida sin duda a su desconocimiento del latín arcaico. Semo Sancus era, en realidad, una vieja divinidad sabina protectora del juramento y de la palabra empeñada, generalmente en cuestiones de propiedad rural (cf. Plauto, Asin. I 1,1: «per Dium Fidium!). Semo, por su etimología, dice relación con las semillas, y Sancus, aunque originalmente equivaliera a numen, según Lido, De mens. 4,90, pronto se le relacionó con sacer, sancio, identificando sancus con sanctius, como Fidius con fides, lo que justifica la identificación de Semoni Sanco con Deo Fidio. En la inscripción, pues, aparece la interpretación latina yuxtapuesta al nombre de origen sabino; cf. A. Er nout-Á. Meillet, Diet. Etymolog, de la Langue latine. Histoire des mots (Paris 4i9w) p.591-593 y 617; Corpus Inscript. Latin, t.6,1 (Berlin 1876) p.108 n.567; A. Grenier, Les religions étrusque et romaine: Mana II 3 (Paris 1948) 113; G. Lugli, Monumenti antichi di Roma e Suburbio 3 (Paris 1938) p.618.

92 San Justino, Apol. I, 26. Cf. San Ireneo, Adv. haer. 1,23,2: «Ennoniam exsilientem ex eo»; Tertuliano, Apolog. 13; San Cirilo de Jerusalén, Catech. 6,14; H. Vincent, Le culte d’Hélène à Samarie: RB 45 (1936) 221-232.

93 San Ireneo, Adv. haer. 1,23,1-4.

94 El inciso de Eusebio demuestra que la palabra usada, θαμβωθήσεσθαι no es la corriente—ésta sería θαμβέω—, sino especial, seguramente del lenguaje propio de los misterios. En Luciano, De dea syria 25, aparece θαμβώσας, pero comúnmente se corrige por άμβώσας.

95 Cf. 2 Tim 3,6. Aquí, como en el párrafo anterior, Eusebio no sigue ya a Ireneo, pero no se puede saber a quién. Quizá se trate de la Revelatio magna, atribuida a Simón, citada por Hipólito. Refut. 6,11-20.

Cap. 14
[De la predicación del apóstol Pedro en Roma]

1 A este Simón, padre y autor de tan grandes males, el poder malvado y odiador de todo bien, enemigo de la salvación de los hombres, lo destacó en aquel tiempo como gran adversario de los grandes y divinos apóstoles de nuestro Salvador.

2 Sin embargo, la gracia divina y supraceleste vino en socorro de sus servidores, y con sola la aparición y presencia de éstos extinguió rápidamente el fuego prendido por el maligno, y por medio de ellos humilló y abatió toda altura que se levanta contra el conocimiento de Dios 96.

3 Por lo cual ninguna maquinación, ni de Simón ni de ningún otro de los que por entonces vegetaban, prevaleció en aquellos mismos tiempos apostólicos: la luz de la verdad y el mismo Verbo divino, que recientemente había brillado sobre los hombres, floreciendo sobre la tierra y conviviendo con sus propios apóstoles, triunfaba de todo y lo dominaba todo 97.

4 En seguida el mencionado impostor 98, como herido en los ojos de la mente por un ofuscamiento divino y extraordinario cuando anteriormente el apóstol Pedro había puesto al descubierto sus malvadas intenciones en Judea, emprendió un larguísimo viaje, más allá del mar, y marchó huyendo de Oriente a Occidente, convencido de que solamente allí le sería posible vivir según sus ideas.

5 Llegó a la ciudad de Roma, y con la gran ayuda del poder que en ella se asienta ", en poco tiempo alcanzó tal éxito en su empresa, que los habitantes del lugar incluso le honraron, igual que a un dios, con la dedicación de una estatua.

6 No llegaría muy lejos esta prosperidad. Efectivamente, pisándole los talones, durante el mismo imperio de Claudio, la providencia universal, santísima y amantísima de los hombres, iba llevando de la mano hacia Roma, como contra un tan grande azote de la vida, al firme y gran apóstol Pedro 100, portavoz de todos los otros por causa de su virtud. Como noble capitán de Dios, equipado con las armas divinas 101, Pedro llevaba de Oriente a los hombres de Occidente la preciadísima mercancía de la luz espiritual102, anunciando la buena nueva de la luz misma, de la doctrina que salva las almas: la proclamación del reino de los cielos.

Notas:

96 Cf. 2 Cor 10,5.

97 Eusebio, a pesar de los peligros para la fe que se denuncian ya en los escritos del NT, está convencido de que ninguno de ellos pudo prevalecer mientras vivieron los apóstoles; cf. HEGESIPO, Memorias: infra IV 21,4; R. M. Grant, Heresy and. Criticism. The search for authenticity in early Christian Literature (Louisville, Ky. 1993).

98 Cf. Act 8,18-23.

99 Es decir, el demonio; cf. Ap 17. San Justino (Apol. I 13.3). lo mismo que Hipólito (Refut. 6,20), atestigua esta venida de Simón a Roma. Sobre la estatua, cf. supra 13,3 nota 91.

100 Cf. Hipólito, Refut. 6,10; Eusebio, Chronic, ad annum 41: HELM, p. 179.

101 Cf. Ef 6,14-17; i Tes 5,8; T. ClTRlNl, La ricerca su Simon Pietro. Traguar di e itinerari a trent’ anni del libro di Cullmann, La Scuola cattolica hi (1983) 511-556; T. V. Smith, Petrine Controversies in early Christianity. Attitudes towards Peter in Christian writings of the two centuries = Wisseuschartl. Untersuch. Z. N. Test. Ser. II., 15 (Tubinga 1985).

102 Jn 1,9.

Cap. 15
[Del evangelio de Marcos]

1 Así es como, por morar entre ellos la doctrina divina, el poder de Simón se extinguió y se redujo a nada en seguida, junto con él mismo 103. En cambio, el resplandor de la religión brilló de tal manera sobre las inteligencias de los oyentes de Pedro, que no se quedaban satisfechos con oírle una sola vez, ni con la enseñanza no escrita de la predicación divina, sino que con toda clase de exhortaciones importunaban a Marcos—de quien se dice que es el Evangelio y que era compañero de Pedro— para que les dejase también un memorial escrito de la doctrina que de viva voz se les había transmitido, y no le dejaron en paz hasta que el hombre lo tuvo acabado, y de esta manera se convirtieron en causa del texto del llamado Evangelio de Marcos 104.

2 Y dicen que el apóstol, cuando por revelación del Espíritu supo lo que se había hecho, se alegró por la buena voluntad de aquellas gentes y aprobó el escrito para ser leído en las iglesias. Clemente cita el hecho en el libro VI de sus Hypotyposeis 105, y el obispo de Hierápolis llamado Papías lo apoya también con su testimonio 106. De Marcos hace mención Pedro en su primera carta; dicen que ésta la compuso en la misma Roma y que él m;smo lo da a entender en ella al llamar a dicha ciudad, metafóricamente, Babilonia, con estas palabras; Os saluda la que está en Babilonia, elegida con vosotros, y mi hijo Marcos 107.

Notas:

103 Sobre el final de Simón hay dos tradiciones, de las que se hacen eco, respectivamente, Hipólito (Refut. 6,10) y Arnobio (Adv. nat. 1,11).

104 Cf. F. Halkin, Une notice de Vévangéliste Marc: AB §4 (1966) 117-118: cf. W. Rordorf-A. Schneider, L’évolution du concept de tradition dans l’Église ancienne = Traditio christiana. Thèmes et docum. patristiques, 5 (Berna 1981).

105 Fragmento 9; cf. infra VI 14,5-7, donde, sin embargo, Clemente dice que Pedro «ni lo impidió ni lo estimuló».

106 Cf. infra III 39,15, pero sin señalar el ruego de los oyentes de Pedro, a quien, de hecho, supone ya muerto; A. Delclaux, Deux témoignages de Papias sur la composition de Marc?: NTS 27 (1981); G. KüRZlNGER, Die Aussage des Papias von Hierapoli zur literarischen Form des Markusevangeliums: Biblische Zeitschrift N.S. 21 (1977) 245-264.

107 i Pe 5,13. Eusebio no parece estar muy seguro de ambas identificaciones, la de Marcos y la de Babilonia.

Cap. 16
[De cómo Marcos fue el primero en predicar a los egipcios el conocimiento de Cristo]

1 Este Marcos dicen que fue el primero en ser enviado a Egipto y que allí predicó el Evangelio que él había puesto por escrito y fundó iglesias, comenzando por la misma Alejandría 108.

2 Y surgió allí, al primer intento, una muchedumbre de creyentes, hombres y mujeres, tan grande y con un ascetismo tan conforme a la filosofía y tan ardiente, que Filón estimó que era digno poner por escrito sus ejercicios, sus reuniones, sus comidas en común y todo lo demás de su género de vida 109.

Notas:

108 Eusebio (Chronic. ad annum 43: HELM, p. 179) dice: «Marcus evangelista interpres Petri Aegypto et Alexandriae Christum adnuntiat». En HE Eusebio sigue apoyándose en una tradición oral, φάσι, ¿ cuál ? No lo sabemos. En el capítulo 24 parece apoyarse en algún documento; quizá únicamente en la lista de obispos. En todo caso, la tradición debió de surgir y ser aceptada muy pronto si tenemos en cuenta la temprana importancia de la sede de Alejandría. Por de pronto refleja «la estrecha conexión entre hs iglesias romana y alejandrina» (L. W. Barnard, St Mark and Alexandria: HTR 57 [1964] 149). Barnard, sin aceptar la ida de Marcos en persona a Alejandría, acepta la explicación de C. H. Roberts en JTS 50 (1949) 155-158: la llegada del Evangelio de Marcos a Alejandría en forma de códice, acontecimiento que fue como una nueva fundación, unida, por consiguiente, al nombre de Marcos; cf. también M. Horn-schuh, Die Anfänge des Christentums in Aegypten. Diss. (Bonn 1958); R. Kasser, Les origines du christianisme égyptien: Revue de Théologie et de Philosophie 12 (1962) 11-28; G. M. Lee, Eusebius on St. Mark and the beginnings of Christianity in Egypto: en Studia Patrística, 12 (Berlin 1975) p.422-431

109 La obra, conocida bajo el título De vita contemplativa, fue discutida por mucho tiempo, pero desde el trabajo de F. C. Conybeare, Philo, About the Contemplative Life (Oxford 1895), se ha ido imponiendo la aceptación de su autenticidad como obra de Filón. Lo realmente extraño es que Eusebio tenga por cristianos a los ascetas cuyo género de vida allí se describe, más o menos idealizado.

Cap. 17
[Lo que Filón cuenta de los ascetas de Egipto]

1 Un documento dice que Filón, en tiempos de Claudio, llegó a Roma para entrevistarse con Pedro, que por entonces estaba predicando a los de allí. Esto, en realidad, podría no ser inverosímil, ya que la obra misma que digo—compuesta por él más tarde, pasado mucho tiempo—contiene claramente las reglas de la Iglesia, observadas incluso hasta nuestros días 110.

2 Pero es que, al describir con la mayor exactitud posible la vida de nuestros ascetas, aparece evidente que no sólo conocía, sino que también aprobaba, reverenciaba y honraba a los varones apostólicos de su tiempo, de origen hebreo, a lo que parece, y que por ello conservaban todavía la mayor parte de las antiguas costumbres muy a la manera de los judíos.

3 En primer lugar, en el libro que tituló De la vida contemplativa o Suplicantes m, Filón deja bien asentado que no añadirá a lo que va a contar nada contrario a la verdad ni de su propia cosecha 112. Dice que a ellos se les llamaba terapeutas, y a las mujeres que estaban con ellos terapeutisas 113, y añade las razones de tales apelativos: o bien porque a guisa de médicos libraban de los sufrimientos causados por la maldad a las almas de los que se les acercaban, curándolos y cuidándolos, o bien a causa de la limpieza y pureza de su servicio y culto a la divinidad 114.

4 Por lo tanto, no es necesario extenderse discutiendo si Filón les impuso este nombre por sí mismo, escribiendo el nombre que correspondía a la índole de esos hombres, o si en realidad ya llamaron así a los primeros cuando comenzaron, puesto que el nombre de cristianos todavía no era bien conocido en todo lugar.

5 Sin embargo, en primer lugar atestigua su apartamiento de las riquezas 115, afirmando que, cuando comienzan a vivir esa filosofía, ceden sus bienes a los parientes y luego, libres ya de toda preocupación por la vida, salen fuera de las murallas para hacer su vida en campos aislados y en huertos, sabedores de que el trato con gentes de diferente sentir resulta sin provecho y nocivo 116. En aquel entonces, según parece, los que ponían esto en ejecución se ejercitaban en emular con su fe entusiasta y ardiente la vida de los profetas.

6 Efectivamente, también en los Hechos de los Apóstoles, que están reconocidos como auténticos, se refiere que todos los discípulos de los apóstoles vendían sus posesiones y riquezas y las repartían a todos conforme a la necesidad de cada uno, de suerte que' entre ellos no había indigentes 117. Por lo tanto, según dice el libro 118, todos los que poseían campos o casas los vendían y, llevando el producto de la venta, lo depositaban a los pies de los apóstoles, de modo que pudiera repartirse a cada uno según sus necesidades.

7 Filón, después de atestiguar prácticas semejantes a éstas, continúa diciendo textualmente:
«Este género de hombres se halla en muchos lugares del mundo, pues era menester que tanto Grecia como las tierras bárbaras participaran del bien perfecto. Mas donde abundan es en Egipto, en cada uno de los llamados nomos 119, y sobre todo en torno a Alejandría.

8 »Los mejores de cada región son enviados en plan de colonia, como a la patria de los terapeutas, a un lugar adecuadísimo, que se encuentra a orillas del lago Mareya, sobre una colina baja, en las mejores condiciones por causa de su seguridad y el buen temple del aire» 120.
Describe a continuación cómo eran sus moradas, y acerca de las iglesias de la región dice lo que sigue:

9 «En cada casa hay una sala sagrada, que se llama oratorio privado y monasterio 121, en la cual se aíslan y realizan los misterios de la vida sagrada. No introducen en ella ni bebida, ni alimentos ni nada de cuanto es necesario para el cuerpo, sino leyes, oráculos anunciados por medio de los profetas, himnos y todo aquello con que el conocimiento y la religión se acrecientan y se perfeccionan» 122.
Y después de otras cosas, dice:

10 «El tiempo que va del alba al ocaso lo emplean íntegro en este ejercicio: leen las Escrituras Sagradas, filosofan y exponen la filosofía patria empleando la alegoría, ya que piensan que la expresión hablada es símbolo de la naturaleza oculta, que se manifiesta en alegorías.

11 »Poseen también escritos de antiguos varones que fueron los fundadores de su secta y dejaron numerosos monumentos de su doctrina en forma de alegorías. Los toman por modelos e imitan su manera de pensar y obrar»123.

12 Tal parece ser, pues, lo que dijo el hombre que les escuchó interpretar las Sagradas Escrituras. Y quizás los escritos de los antiguos, que él dice que tienen, sean posiblemente los Evangelios, los escritos de los apóstoles y algunas explicaciones que interpretan, como es natural, a los antiguos profetas, cuales son las que contienen la Carta a los Hebreos 124 y otras cartas de Pablo.

13 Después Filón continúa escribiendo lo que sigue sobre cómo componen para sí nuevos salmos:
«De suerte que no solamente se dedican a la contemplación, sino que también componen cantos e himnos a Dios, en toda clase de metros y melodías, aunque marcándoles forzosamente con números bastante graves»125.

14 Muchas otras cosas sobre el tema va explicando en el mismo libro, pero me ha parecido necesario enumerar aquellas por las cuales se exponen las características de la vida de la Iglesia.

15 Pero si a alguien le pareciere que cuanto hemos dicho no es propio de la forma de vida según el Evangelio, sino que puede aplicarse también a otros, además de a los indicados, que se convenza por las palabras de Filón que siguen a continuación, en las cuales, si su intención es buena, encontrará un testimonio incontrovertible sobre este punto, pues escribe así:

16 «Comienzan por establecer como fundamento del alma la continencia, y encima edifican las demás virtudes. Ninguno de ellos tomaría alimento o bebida antes de la puesta del sol, pues juzgan que el filosofar conviene a la luz, mientras que las necesidades corporales van bien con las tinieblas; por eso dejan el día para aquel menester, y un breve espacio de la noche para éstas 126.

17 »Algunos incluso descuidan el alimento durante tres días: en ellos está más enraizado el amor de la ciencia. Otros de tal manera se gozan y deleitan en el banquete de la sabiduría, que tan rica y abundantemente les abastece de doctrina, que pueden resistir doble tiempo y probar apenas el alimento necesario al cabo de seis días, por la costumbre» 127.
Estas palabras de Filón creemos que se refieren clara e indiscutiblemente a los nuestros.

18 Pero si, después de lo dicho, alguien se empeñara todavía en contradecirlo, apártesele también a éste de su incredulidad y convénzase con pruebas más claras, que no se pueden hallar en cualquier parte, sino solamente en la religión cristiana según el Evangelio.

19 Dice, efectivamente, que con los hombres de que habla conviven también mujeres, la mayoría de las cuales llegan vírgenes a la vejez después de guardar la castidad, no por necesidad, como algunas sacerdotisas de entre los griegos 128, sino más bien por convicción voluntaria, a causa de su celo y sed de sabiduría, con la cual se afanan por vivir, sin importarles nada los placeres corporales y deseosas de tener, no hijos mortales, sino inmortales, los que sólo el alma amante de Dios puede engendrar de sí misma 129.

20 Un poco más abajo expone aún más claramente lo que sigue:
«Pero las interpretaciones de las Sagradas Escrituras las hacen por medio de sentidos simbólicos, en alegorías, ya que toda la legislación les parece a estos hombres semejante a un ser vivo: por cuerpo tiene las expresiones convenidas; por alma, el sentido invisible encerrado en las palabras, sentido que esta secta 130 comenzó sobre todo a contemplar viendo reflejada, como a través del espejo de los hombres, la belleza extraordinaria de los conceptos» 131.

21 ¿Para qué añadir a todo esto sus reuniones en un mismo lugar, el género de vida que llevan separadamente en el mismo lugar los hombres y las mujeres y los ejercicios que por costumbre todavía practicamos hoy nosotros, sobre todo los que acostumbramos a realizar en la fiesta de la Pasión del Salvador: abstinencias, vigilias nocturnas y aplicación a las palabras divinas? 132

22 Todo esto precisamente nos lo ha transmitido muy exactamente el mencionado autor en su propia obra, con el mismo carácter con que se viene observando hasta hoy entre nosotros solos. Describe las vigilias completas de la gran fiesta 133, los ejercicios que en ella tienen lugar y los himnos que acostumbramos a decir, y cómo, mientras uno va salmodiando con ritmo y ordenadamente, los demás escuchan en silencio y repiten con él solamente el estribillo de los himnos 134, y cómo también en los días señalados se acuestan sobre lechos de paja y no prueban el vino en absoluto —como escribe textualmente—, ni carne siquiera, antes bien tienen por única bebida el agua y por condimento del pan sal e hisopo 135.

23 Además de lo dicho, describe el orden de precedencia de aquellos a quienes están confiados los oficios eclesiásticos públicos, el servicio y las presidencias del episcopado, que están por encima de todas. Quien desee un conocimiento exacto de todo esto puede conseguirlo en la mencionada obra de dicho autor 136.

24 Y que Filón escribió esto después de aceptar a los primeros heraldos de la doctrina evangélica y de las costumbres que desde el principio transmitieron los apóstoles, es cosa evidente para todos 137.

Notas:

110 Imposible determinar de dónde tomó Eusebio esta tradición que, a partir de él se irá repitiendo sin más apoyo crítico; cf. San Jerónimo, De vir. ill. 11; Focio, Biblioth. cod. 105. Lo cierto es que Eusebio no la ha inventado: la expresión λόγος έχει, como ya dijimos, supone una tradición documental; por otra parte, Eusebio la acepta sólo como «no inverosímil», supuesta su identificación de los terapeutas de Filón con los ascetas cristianos. La fecha de composición de la obra aludida—De vita contemplativa—no puede ser muy posterior al año 40, a pesar de la expresión que sigue: «pasado mucho tiempo», ya que por entonces, cuando su viaje de embajador, Filón era ya viejo; cf. Leg. ad Gai. i: p.545 M.

111 Es el titulo completo: se la conoce generalmente con el De vita contemplativa. En la edición de Cohn-Wendland-Reiter, t.6 (Berlín 1915) lleva entre paréntesis: Περί άρετών τό τέταρτον, pues este libro formaba parte del libro IV del conjunto titulado Sobre las virtudes; cf. supra 6,3 nota 62; infra 18,8.

112 Filón de Alejandría, De vita cont. i: p.471 M.

113 Ibid., 2: p.471-472 M.

114 Filón explica el nombre de estas gentes partiendo de la doble acepción (derivada) de θεραπεύειν: servicio o culto a la divinidad y servicio médico o de curación.

115 Filón de Alejandría, De vita cont. 13-16: p.473 M.

116 Ibid., 18-20: p.474 M.

117 Cf. Act 2,45.

118 Act 4,34-35-

119 Recibían este nombre los distritos en que se dividía Egipto, con excepción de la Tolemaida y Alejandría; cf. K. S. Frank, Eusebius of Caesarea and the beginning of mo-nasticism: The American Benedictine review 38 (1987) 50-64.

120 Filón de Alejandría, De vita cont. 21-22: p.474 M.

121 Filón no habla de «iglesias», como dice Eusebio, sino de un οίκημα ιερόν o habitación sagrada, con doble nombre: σεμνεϊον u oratorio privado (cf. Mt 6,6: ταμιεϊον ?) y μοναστήριον o lugar para una sola persona.

122 Filón de Alejandría, Ds vita cont. 25: p.475 M.

123 Ibid., 28-29: P-475-47Ó M.

124 Cf. infra III 38,2-3.

125 Filón de Alejandría, De vita cont. 29: p.476 M.

126 Eurípides, fragm. 183.

127 Filón de Alejandría, De vita cont. 34-35: P-476 M; el corte de la frase está mal hecho. En relación con las prácticas aludidas y con las referidas en el pasaje de F. Josefo, parafraseado en el párrafo 19 especialmente, asi como en los pasajes inmediatos omitidos por Eusebio, pueden leerse con provecho los trabajos de M. A. Larson, The Essene heritage, or the Teacher of the Scrolls and the Gospel Christ (Nueva York 1967) y de M. Delcor, Repas cultuels esséniens et thérapeutes. Thiases et haburoth : Revue de Qumrân 6 (1967-68) 401-425.

128 Tales eran, por ejemplo, las vestales, obligadas a guardar virginidad durante treinta años; cf. E. Fehrle, Die kultische Keuschheit im Altertum (Giessen 1910) p.2o6-22i.

129 Cf. Filón DE Alejandría, De vita cont. 28: p.482 M; cf. los trabajos del Coloquio Internacional de Milán, de 1982, publicados por U. Bianchi bajo el título: La tradizione dell’ «enkrateia». Motivazioni ontologiche e protologiche (Roma 1985).

130 ή οικία: secta o comunidad, sujeto de la frase; en Filón el sujeto es ή λογική ψυχή, y como complemento de ήρξατο está τά οίκεΐα θεωρεΐν.

131 Filón de Alejandría, De vita cont. 78: p.483-484 M.

132 Cf. Ibid., 32: p.476 M. Eusebio alude a la fiesta de pascua de resurrección; cf. VC 3,18; infra V 23,1.

133 Cf. Filón de Alejandría, De vita cont. 83: p.484 M. A pesar de que Eusebio sigue pensando en la pascua de resurrección (cf. nota 132), Filón habla de Pentecostés.

134 Cf. Ibid., 80-81: p.484 M.

135 Cf. Ibid., 69: p.482 Μ; 7.3: ρ.483 Μ.

136 Cf. Ibid., 66-72: p.481-482 M; 75-8o: p.483-485 M. Filón menciona: un presidente, presbíteros (no precisamente por la edad), jóvenes servidores y los έφημερευταί o vigilantes diurnos. Naturalmente, ninguno corresponde a los cargos eclesiásticos, a pesar del vocabulario: διακονία, έτπσκοπή, πρόεδρος, etc.

137 El tratado resumido aquí fue y sigue siendo todavía un enigma no resuelto, a pesar de los últimos descubrimientos. No lo es menos la identificación que Eusebio hace de la forma de vida descrita en él, con el género de vida de los primeros cristianos transmitido directamente por los apóstoles. El ideal moral y teológico del tratado era seductor. Sin duda Eusebio, en su afán apologético, creyó haber hallado en él un testimonio único, y como tal lo utiliza y hace de Filón «uno de ios nuestros». San Jerónimo (De vir. ill. 11) le seguirá, incluyéndole entre los escritores cristianos. Cf. el resumen de ScHUERER, 3 p.535-538, que, sin embargo, considera el tratado inauténtico.

Cap. 18
[Obras de Filón que han llegado hasta nosotros]

1 Rico en lenguaje, de amplios pensamientos, sublime y elevado en la contemplación de las divinas Escrituras, Filón hizo de las palabras sagradas una exposición variada y multiforme 138. Primeramente, en orden concatenado y seguido, expuso detalladamente las dificultades del contenido del Génesis en los libros que tituló Alegorías de las leyes sagradas 139, y luego, parcialmente, distinguiendo, suprimiendo y haciendo concordar capítulos de las Escrituras puestos en tela de juicio, en los mismos a que aplicó el título de Problemas y soluciones sobre el Génesis y Sobre el Éxodo 140, respectivamente.

2 Tiene, además de éstos, algunos estudios de ciertos problemas particularmente trabajados, como son: dos libros Sobre la agricultura 141, y otros dos Sobre la embriaguez 142 y algunos otros que llevan títulos diversos y apropiados, tales como Sobre las cosas que el sobrio entendimiento desea y abomina 143, Sobre la confusión de las lenguas, Sobre la fuga y la invención, Sobre la agrupación para la instrucción, Sobre quién es el heredero de las cosas divinas o Sobre la división en partes iguales y desiguales, y también Sobre las tres virtudes que Moisés describió junto con otras.

3 Está además la obra Sobre los cambios de nombres y el porqué de esos cambios, en la cual dice que tenía compuestos también los libros I y II Sobre los testamentos 144.

4 Es también suya la obra Sobre la emigración y vida del sabio perfecto según la justicia 145 o Sobre las leyes no escritas; y también Sobre los gigantes o De cómo la divinidad no cambia, así como los libros I-V de la obra De cómo, según Moisés, es Dios quien envía los sueños 146. Estas son las obras que han llegado hasta nosotros de las que tratan sobre el Génesis.

5 En cuanto al Éxodo, conocemos de él lo siguiente: los libros I-V de Problemas y soluciones, las obras Sobre el tabernáculo, Sobre el decálogo y los libros I-IV Sobre las leyes que en especial se refieren a los capítulos principales del decálogo; Sobre los animales para los sacrificios y especies de sacrificios y Sobre los premios para los buenos, y castigos y maldiciones para los malos, que están en la ley.

6 Además de todas éstas, se dan como suyas obras de un solo libro, como son: Sobre la Providencia 141, el tratado que compuso Sobre los judíos 148, El Político y aun el Alejandro o de cómo los animales irracionales tienen razón, y ¿demás De cómo todo hombre malo es esclavo 14 9, al que sigue otra obra: De cómo todo hombre bueno es libre 15°.

7 Después de éstas, tiene compuesta la obra De la vida contemplativa o Suplicantes, de la que hemos citado los pasajes acerca de la vida de los varones apostólicos 151; y las Interpretaciones de los nombres hebreos que hay en la Ley y en los Profetas se dice que son también obra suya.

8 Llegó Filón a Roma en tiempos de Cayo, y se dice que sus escritos sobre la teofobia de Cayo, que él tituló, con su punta de ironía, Sobre las virtudes 152, los expuso delante del senado romano en pleno, en tiempos de Claudio, de suerte que sus obras fueron muy admiradas y se las consideró dignas de ser colocadas en las bibliotecas.

9 Por este tiempo, Pablo realizaba su periplo desde Jerusalén hasta el Ilírico 153, Claudio expulsaba de Roma a los judíos 154 y Aquila y Priscila, arrojados de Roma con los demás judíos, desembarcaban en Asia y convivían allí con el apóstol Pablo, que consolidaba los fundamentos recién puestos por él de aquellas iglesias. Quien nos enseña todo esto es también la sagrada escritura de los Hechos 155.

Notas:

138 La lista que a continuación va a dar Eusebio no está completa: cita obras que se han perdido, pero omite otras que se han conservado. Posiblemente se atenga a las obras que se hallaban en la biblioteca de Cesárea. San Jerónimo (De vir. ill. 11) se limita a repetir casi lo mismo. El texto crítico de las obras conservadas lo editaron L. Cohn, P. Wendland y S. Reiter en 6 vols. (Berlín 1896-1930).

139 Es quizás la obra más importante de Filón. En los tres libros conservados se comentan, respectivamente, Gén 2,1-17; 2,18-3,1; 3,8-19.

140 Sobre esta clase de obras, cf. G. Bardy, La littérature patristique des ‘Qudestiones et responsiones’ sur VÉcriture (Paris 1933).

141 El segundo libro lleva también el título De plantatione Noe.

142 El segundo libro se ha perdido totalmente.

143 Más conocido con el título De sobrietate; sólo se ha conservado en fragmentos. Schwartz considera el νους que aparece en los manuscritos de Eusebio y de Filón—recogido por San Jerónimo (De vir. ill. il)—como corrupción ya antigua de Νώε.

144 Cf. Filón de Alejandría, De mutât, nom. 53: p.586 M. Ello indica que Eusebio ya no conoció directamente esta obra. Los dos libros se han perdido.

145 Eusebio da el titulo como si se tratara de una sola obra; en realidad son dos: Sobre la emigración y Sobre la vida del sabio perfecto según la justicia (o según la enseñanza— διδασκαλίαν— conforme a los mss. de Filón).

146 Sólo se conserva en parte.

147 Sólo se conserva completa en traducción armena; fragmentos griegos, solamente los transmitidos por Eusebio: PE 7,21,1-4; 8,14,1-72.

148 es el mismo que la Apología de los judíos citada por Eusebio en PE 8,11,1-18, y que algunos identifican también con la que el mismo Eusebio cita con el título Υποθετικά en PE 8,6-7.

149 Se ha perdido.

150 Esta obra desarrolla el principio estoico de la libertad del sabio, tal como la viven los esenios.

151 Cf. supra I7,7ss.

152 Cf. supra 6,3; 17,3 nota m. Véase la discusión de todo el problema en Schuerer, 3 p.325-331 y en Leisegang, Pauly-Wissova, t.zo col.42-49; cf. D. T. Runia, Phil, in early Christian literature. A survey = Compendia Rerum iudaicarum ad Novum Testamentum, III ser., 3 (Assen 1993).

153 Cf. Rom 15,19.

154 De esta expulsión da cuenta Suetonio (Claud. 25,4): «Iudaeos impulsore Chresto assidue tumultuantes Roma expulit». S. Benko (The Edict of Claudius of A. D. 49 and the Instigator Chrestus: TZ 25 [1969] 406-418) enmarca este acontecimiento en la que él llama «Kulturkampf» judeo-gentil, y ve en Chrestus «un líder extremista—zelote—de la comunidad judía de Roma» (p.418); cf. F. F. Bruce, Christianity under Claudian: Bulletin of the J. Rylands Library 44 (1962) 309-326. Casi con toda seguridad, Dion Casio (Hist. 60,6) se refiere al mismo acontecimiento, aunque parezca situarlo al comienzo del reinado de Claudio y no en 49-50; cf. Schuerer, 3 p.32-33.

155 Act 18,2.18-19.23.

Cap. 19
[Calamidades que se abatieron sobre los judíos de Jerusalén el día de la Pascua]

1 Todavía regía Claudio el imperio cuando ocurrió que, en la fiesta de la Pascua, se produjo en Jerusalén un levantamiento y una confusión tales que solamente de los judíos, que se apretujaban con toda su fuerza en las salidas del templo, perecieron treinta mil, aplastados unos por otros, convirtiéndose la fiesta en duelo para toda la nación y en llanto para cada familia. También esto lo refiere expresamente Josefo 156.

2 Claudio estableció como rey de los judíos a Agripa, hijo de Agripa, y envió a Félix como procurador de toda la región de Samaría, de Galilea y, además, de la llamada Perea 157. Después de haber ejercido el mando durante trece años y ocho meses, murió, dejando a Nerón como sucesor en el imperio 158.

Notas:

156 Cf. Josefo, BI 2 (12,1) 227; cf. AI 20 (5,3) 105-112. El hecho ocurrió siendo procurador Ventidio Cumano (48-52) y provocó toda una serie de violencias; cf. Schuerer, i p.568-570.

157 Claudio quiso que, al morir Herodes Agripa I (año 44), le sucediera el único hijo varón de éste, Marco Julio Agripa, pero se lo impidieron sus consejeros, y así toda Palestina pasó a ser gobernada por procuradores romanos; cf. Schuerer, i p.564. Al fin, el año 50 pudo Agripa recibir de Claudio el pequeño reino de su tío Herodes de Calcis, fallecido el 48 (Schuerer, i p.724), reino que el año 53 aumentó con la anexión de las tetrarquías de Felipe y Lisanias, con el dominio de Varo y, más tarde, bajo Nerón, con buena parte de Galilea y Perea (Schuerer, i p.587-588). Esto es sin duda lo que hace a Eusebio llamarle «rey de los judíos», título que nunca tuvo; de hecho vemos a Félix nombrado casi a la vez procurador de buena parte de Palestina (años 52-60); cf. Schuerer, i p.586-600 y 571-578.

158 Cf. Josefo, Bl 2 (12,8) 247-248. Claudio murió el 13 de octubre del 54, y el mismo día le sucedió L. Domicio, con el nombre de Nerón Claudio César; cf. J. Wankenne, Encore et toujours Néron: L’Antiquité Classique 53 (1984 [1986]) 149-265; W. Poetscher, Beobachtungen zum Charakter des Kaisers Nero: Latomus 45 (1986) 619-635.

Cap. 20
[De lo ocurrido en Jerusalén en tiempos de Nerón]

1 En tiempos de Nerón y siendo Félix procurador de Judea, los sacerdotes se levantaron unos contra otros; lo describe Josefo textualmente en el libro XX de sus Antigüedades, como sigue:

2 «Los sumos sacerdotes levantaron contienda contra los sacerdotes y primeros personajes del pueblo de Jerusalén, y cada uno de ellos creó para sí una tropa de hombres de los más atrevidos y revolucionarios y se hizo su jefe. Cuando se enfrentaban, se insultaban unos a otros y se arrojaban piedras. No había nadie que lo reprimiera, al contrario, como en ciudad desgobernada, esto se hacía con libertad.

3 »Tal desvergüenza y audacia se apoderó de los sumos sacerdotes, que se atrevieron a enviar esclavos a las eras con el fin de tomar para sí los diezmos debidos a los sacerdotes, y se dio el caso de ver a los sacerdotes pobres morir de indigencia. Así es como la fuerza de los facciosos prevalecía sobre toda justicia»159.

4 Refiere también el mismo escritor 160 que por aquel tiempo surgió en Jerusalén cierta especie de ladrones que, según dice él, en pleno día y en medio de la ciudad asesinaban a quien topase con ellos.

5 Sobre todo en los días de fiesta, se mezclaban con la muchedumbre llevando dagas 161 escondidas bajo los vestidos y con ellas acuchillaban a sus contrarios. Cuando éstos caían, los mismos asesinos se unían a los que manifestaban su indignación, por lo cual, con semejante apariencia de honradez, no había quien diera con ellos.

6 Al primero, pues, que degollaron fue al sumo sacerdote Jonatán 162, y después de él, cada día, fueron matando a muchos. El miedo era más terrible que las calamidades, pues todo el mundo esperaba la muerte en cada momento, igual que en una guerra.

Notas:

159 Josefo, AI 20 (8,8) 180-181; cf. Schuerer, i p.574-576.

160 Cf. Josefo, BI 2 (13.3) 254-256.

161 Estas dagas eran las sicae que daban el nombre a sus portadores, sicarii («y de allí se llamaron sicarios, los que con dagas y a trayción matavan los hombres», explica Covarru-bias en su ed. de 1611). Sinónimo de asesinos y bandidos ya en el latín clásico, sicarii es también el nombre que en Act 21,38 (cf. infra 21,3) reciben los secuaces de un partido político. Los «ladrones» armados de dagas aquí aludidos eran sin duda un grupo de zelotes fanáticos que atacaban así a los «contrarios», seguramente por colaboracionistas con los romanos; cf. Schuerer, i p.574; S. G. F. Brandon, The Zailots. The Jewish resistence agains Rome A. D. 6-73: History Today 15 (1965) 632-641; M. Smith, Zealots and Sicarii, their origins and Relation: HTR 64 (1971) 1-19; Η. P. Kingdon, Who were the Zealots and their leaders in A. D. 66? : New Testament Studies 17 (1970-1971) 68-72.

162 Era hijo de Anás, pero sólo había ejercido el sumo sacerdocio del año 36 al 37; cf. Schuerer, 2 p.218.

Cap. 21
[Del Egipcio al que también los «Hechos de los Apóstoles» mencionan]

1 A continuación de lo anterior, añade tras otros detalles: «Con una plaga peor que esto perjudicó a los judíos el seudo-profeta Egipcio. En efecto, llegó éste al país como hechicero y con aires de profeta. Logró reunir unos treinta mil ilusos y los condujo desde el desierto hasta el monte llamado de los Olivos, desde donde le sería posible entrar por la fuerza en Jerusalén y someter la guarnición romana y al pueblo, utilizando despóticamente las fuerzas que le habían acompañado.

2 »Pero Félix se anticipó a su ataque saliéndole al paso con los soldados romanos, y todo el pueblo contribuyó a la defensa, de manera que, entablado el combate, el Egipcio se dio a la fuga con algunos pocos, mientras la mayor parte de los que con él estaban perecieron o fueron hechos prisioneros» 163.

3 Esto lo escribe Josefo en el libro II de sus Historias. Con todo, bueno será relacionar lo que en ellos se menciona sobre el Egipcio con lo que se dice en los Hechos de los Apóstoles 164, en el pasaje donde el tribuno militar de Jerusalén le decía a Pablo en tiempos de Félix, cuando el populacho judío se había vuelto contra él: ¿Entonces no eres tú el Egipcio que hace algunos dias levantó una sedición y llevó al desierto los cuatro mil sicarios?
Esto sucedió en tiempos de Félix.

Notas:

163 Josefo, BI i (13,5) 161-163; cf. AI 10 (8,6) 167SS.

164 Act 21,38; cf. E. Bammel, Die Anfänge der Kirchengeschichte im Spiegel der jüdischen Quellen: Augustinianum 18 (1988) 367-379.

Cap. 22
[De cómo Pablo, enviado preso desde Judea a Roma, pronunció su defensa y fue absuelto de toda acusación]

1 Como sucesor de éste, Nerón envió a Festo 165. Fue en su tiempo cuando Pablo sostuvo sus derechos y fue enviado preso a Roma 166. Con él estaba Aristarco, al que en algún lugar de sus cartas llama con toda naturalidad compañero de cautividad 167. Y Lucas, el que puso por escrito los Hechos de los Apóstoles, termina su narración con estos acontecimientos, indicando que Pablo pasó en Roma dos años enteros en libertad provisional y que predicó la palabra de Dios sin ningún obstáculo 168.

2 Es, pues, tradición 169 que el Apóstol, después de haber entonces pronunciado su defensa, partió de nuevo para ejercer el ministerio de la predicación y que, habiendo vuelto por segunda vez a la misma ciudad, consumó su vida con el martirio, en tiempos del mismo emperador. Estando preso, compuso la segunda carta a Timoteo, y alude a la vez a su primera defensa y a su fin inminente.

3 Pero escucha más bien su propio testimonio: En mi primera defensa—dice—ninguno me ayudó, antes bien, todos me abandonaron (¡no se les tenga en cuenta!). Pero el Señor me ayudó y me infundió fuerzas para que por mi fuese cumplida la predicación y todas las naciones la oyesen, y fui librado de las fauces del león 170.

4 Por estas palabras claramente deja asentado que, en la primera ocasión, para que se cumpliera su predicación, fue librado de las fauces del león, refiriéndose con esta expresión, según parece, a Nerón, por causa de su crueldad. En cambio, en lo que sigue no ha añadido algo así como: me librará de las fauces del león, porque en su espíritu estaba ya viendo que su muerte iba a ser inminente.

5 Por lo cual, a las palabras: y fui librado de las fauces del león, añade: El Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial 171, indicando con ello su martirio inminente. Esto lo expresa todavía más claro un poco antes, en la misma carta, cuando dice: porque yo estoy ya para ser ofrecido en libación y el tiempo de mi partida está encima 172.

6 Ahora bien, en la segunda carta de las que envió a Timoteo afirma que, en el momento de escribirla, solamente le acompaña Lucas 173, mientras que, cuando hizo su primera defensa, ni siquiera éste 174. De donde se deduce que Lucas probablemente concluyó los Hechos de los Apóstoles por aquel entonces, habiendo narrado lo que sucedió mientras estuvo con Pablo.

7 Decimos esto para mostrar que el martirio de Pablo no tuvo lugar durante su primera estancia en Roma, descrita por Lucas.

8 Es probable que Nerón, al menos al comienzo 175, estuviera más propicio y que aceptara más fácilmente la defensa de Pablo en favor de su doctrina, pero después que avanzó en sus audacias criminales, acometió a los apóstoles lo mismo que a los demás.

Notas:

165 Nerón destituyó a Félix probablemente el año 60, y en seguida envió como sucesor a Porcio Festo, que sólo duró unos dos años en el cargo. Murió a finales del 61 o comienzos del 62; cf. Schuerer, i p.579-580.

166 Act 25,8-12; 27,1-2.

167 Col 4,10.

168 Act 28,30-31.

169 Tradición documental, según la expresión utilizada. Sin duda se trata de las Cartas pastorales de San Pablo. Eusebio insiste en que hubo un segundo viaje de San Pablo a Roma, hecho que a comienzos del siglo iv algunos debían de negar; cf. G. Spicq., Saint Paul. Epitres pastorales t.i (Paris 21969) p.138-146).

170 2 Tim 4.16-17.

171 2 Tim 4,i8; Eusebio presta aquí a San Pablo una referencia a Nerón en la que, sin duda, el Apóstol no pensaba cuando escribía estas palabras; ver J. Janssens, II cristiano di fronte al martirio inminente. Testimonianze e dottrina nella Chiesa Antica: Gregorianum 66 (1985) 405-407.

172 2 Tim 4,6.

173 2 Tim 4,11.

174 2 Tim 4,16.

175 Es decir, entre el 54 y el 59, conocido por «quinquennium Neronis», debido a la calma y bienestar que en él se disfrutó. Nerón escuchaba todavía los consejos de Burro y de Séneca más que los de su madre Agripina.

Cap. 23
[De cómo Santiago, el llamado hermano del Señor, sufrió el martirio]

1 Al apelar Pablo al César y ser enviado por Festo a la ciudad de Roma 176, los judíos, frustrada la esperanza que les indujo a tenderle asechanzas 177, se volvieron contra Santiago, el hermano del Señor, al que los apóstoles habían confiado el trono episcopal de Jerusalén 178. Lo que sigue es lo que osaron hacer también contra él.

2 Lo condujeron ai medio, y delante de todo el pueblo le pedían que renegase de la fe de Cristo. Pero cuando él, contra el parecer de todos, con voz libre y hablando más abiertamente de lo que esperaban, delante de toda la muchedumbre se puso a confesar que nuestro Salvador y Señor Jesús era hijo de Dios, ya no fueron capaces de soportar más el testimonio de este hombre, justamente porque se le consideraba el más justo entre todos por la cima de sabiduría y piedad a que había llegado en su vida, y lo mataron, aprovechando oportunamente la falta de gobierno, pues habiendo muerto en Judea por aquel entonces Festo, la administración del país quedó sin jefe y sin control179.

3 El modo como tuvo lugar la muerte de Santiago ya lo han dejado claro las palabras citadas de Clemente 18que cuenta cómo lo arrojaron desde el pináculo del templo y lo apalearon hasta matarlo. Pero quien narra con mayor exactitud todo lo que a él se refiere es Hegesipo 181, que pertenece a la primera generación sucesora de los apóstoles y que, en el libro V de sus Memorias 182, dice así:

4 «Sucesor 183 en la dirección de la Iglesia es, junto con los apóstoles, Santiago, el hermano del Señor. Todos le dan el sobrenombre de ‘Justo’» desde los tiempos del Señor hasta los nuestros, pues eran muchos los que se llamaban Santiago.

5 »Pero sólo éste fue santo desde el vientre de su madre. No bebió vino ni bebida fermentada, ni comió carne l84; sobre su cabeza no pasó tijera ni navaja y tampoco se ungió con aceite ni usó del baño 185.

6 »Sólo a él le estaba permitido entrar en el santuario, pues no vestía de lana, sino de lino. Y sólo él penetraba en el templo, y allí se le encontraba arrodillado y pidiendo perdón por su pueblo 186, tanto que sus rodillas se encallecieron como las de un camello, por estar siempre de rodillas adorando a Dios y pidiendo perdón para el pueblo.

7 »Por su eminente rectitud 187 se le llamaba «el Justo» y «Oblías», que en griego quiere decir protección del pueblo y justicia, como declaran los profetas acerca de él188.

8 »Así, pues, algunos de las siete sectas que hay en el pueblo y que yo describí anteriormente (en las Memorias) 189 trataban de informarse de él sobre quién era la puerta de Jesús 190, y él respondía que éste era el Salvador.

9 »Algunos creyeron que Jesús era el Cristo. Pero las sectas mencionadas anteriormente no creyeron ni en la resurrección ni en que vendrá a dar a cada uno según sus obras 191. Mas cuantos creyeron, creyeron por Santiago.

10 »Siendo, pues, muchos los que creyeron, incluso de entre los jefes 192, los judíos, escribas y fariseos se alborotaron diciendo: todo el pueblo corre el peligro de esperar al Cristo en Jesús 193. Se reunieron, pues, delante de Santiago y dijeron: ‘Te lo pedimos: retén al pueblo, que está en un error respecto de Jesús, como si él fuera el Cristo. Te pedimos que persuadas acerca de Jesús a todos los que vengan para el día de la Pascua, porque a ti todos te obedecemos. Nosotros, efectivamente, y todo el pueblo, damos testimonio de ti, de que eres justo y no tienes acepción de personas 194.

11 »Tú, pues, convence a toda la muchedumbre de que no se engañe respecto del Cristo. El pueblo entero y nosotros te obedecemos. Yérguete, pues, sobre el pináculo del templo para que desde lo alto seas bien visible y el pueblo todo oiga tus palabras, porque con motivo de la Pascua se reúnen todas las tribus, incluso con los gentiles’ 195.

12 »Y así los susodichos escribas y fariseos pusieron a Santiago de pie sobre el pináculo del templo y le dijeron a gritos: ‘jOh, tú, el Justo!, a quien todos debemos obedecer, puesto que el pueblo anda extraviado detrás de Jesús el crucificado, dinos quién es la puerta de Jesús'196.

13 »Y él respondió con una gran voz: ‘¿Por qué me preguntáis sobre el Hijo del hombre? También él está sentado en el cielo a la diestra del gran poder y ha de venir sobre las nubes del cielo' 197.

14 »Y siendo muchos los que se convencieron del todo y ante el testimonio de Santiago, prorrumpieron en alabanzas diciendo: 'jHosanna al Hijo de David!’ 198 Entonces los mismos escribas y fariseos de nuevo se dijeron unos a otros: 'Hicimos mal en proporcionar un testimonio así a Jesús, pero subamos y arrojémosle abajo, para que cobren miedo y no le crean'.

15 »Y se pusieron a gritar diciendo: '¡Oh, oh, también el Justo se ha extraviado!' Y así cumplieron la Escritura que se halla en Isaías: Quitemos de en medio al justo, que nos es incómodo. Entonces comerán el fruto de sus obras 199.

16 »Subieron, pues, y arrojaron abajo al Justo 200. Y se decían unos a otros: '¡Lapidemos a Santiago el Justo!' Y comenzaron a apedrearlo, porque al caer arrojado no había muerto. Mas él, volviéndose, se arrodilló y dijo: 'Yo te lo pido, Señor, Dios Padre: perdónalos, porque no saben lo que hacen' 201.

17 «Y cuando estaban así lapidándole, un sacerdote, uno de los hijos de Récab, hijo de los Recabín, de los que el profeta Jeremías había dado testimonio 202, gritaba diciendo: '¡Parad!, ¿qué estáis haciendo? ¡El Justo ruega por vosotros!' 203

18 »Y uno de ellos, batanero, agarró el mazo con que batía los paños y dio con él en la cabeza del Justo, y así es cómo éste sufrió martirio. Lo enterraron en el lugar aquel, junto al templo, y todavía se conserva su estela al lado del templo. Santiago era ya un testigo veraz para judíos y para griegos de que Jesús es el Cristo. Y en seguida Vespasiano los sitió» 204.

19 Esto es lo que Hegesipo refiere prolijamente, concordando al menos con Clemente 205. Era Santiago un hombre tan admirable y tanto se había extendido entre todos los demás la fama de su rectitud, que incluso los judíos sensatos pensaban que ésta era la causa del asedio de Jerusalén, comenzado inmediatamente después de su martirio, y que por ningún otro motivo les había sobrevenido más que por causa del crimen sacrilego cometido contra él.

20 A la verdad, por lo menos Josefo no vaciló en atestiguar también esto por escrito con estas palabras:
«Esto sucedió a los judíos en venganza de Santiago el Justo, hermano de Jesús, el llamado Cristo, porque precisamente los judíos le habían dado muerte aunque era un hombre justísimo» 206.

21 El mismo autor describe también la muerte de Santiago en el libro XX de sus Antigüedades con estas palabras:
«Enterado el César de la muerte de Festo, envió a Albino como gobernador de Judea. Pero Ananos el Joven, del que ya dijimos que había recibido el sumo sacerdocio, tenía un carácter singularmente resuelto y atrevido y formaba parte de la secta de los saduceos, quienes en los juicios son precisamente los más crueles, entre los judíos, como ya hemos demostrado 207.

22 »Ananos, pues, al ser así, considerando oportuna la ocasión, por haber muerto Festo y hallarse Albino todavía en camino, convoca la asamblea de jueces y, haciendo conducir ante ella ai hermano de Jesús, el llamado Cristo—él se llamaba Santiago—y a algunos más para acusarlos de violar la ley, los entregó para que fueran lapidados.

23 »Mas todos los ciudadanos con fama de ser los más sensatos y más exactos observantes de la ley llevaron muy a mal esta sentencia y enviaron una legación secreta al rey 208 para exhortarle a escribir a Ananos que no pusiera por obra tal cosa, porque ya desde el comienzo no había actuado con rectitud. Algunos de ellos incluso salieron al encuentro de Albino, que viajaba desde Alejandría, para informarle de que, sin su parecer, no le estaba permitido a Ananos convocar la asamblea.

24 »Persuadido Albino por lo que le dijeron, escribió airado a Ananos, amenazándole con que se le pediría cuenta. Y el rey Agripa lo destituyó por este motivo del sumo sacerdocio, que ejercía desde hacía tres meses, e instituyó a Jesús, el hijo de Dameo» 209.
Tal es la historia de Santiago, del que se dice que es la primera carta de las llamadas católicas.

25 Mas ha de saberse que no se considera auténtica. De los antiguos no son muchos los que hacen de ella mención, como tampoco de la llamada de Judas, que es también una de tas siete llamadas católicas. Sin embargo, sabemos que también éstas, junto con las restantes, se utilizan públicamente en la mayoría de las iglesias 210.

Notas:

176 Act 25,11-12; 27,1.

177 Act 23,13-15; 25,3.

178 Cf. supra 1,2; infra § 4.

179 Estos meses de anarquía entre la muerte de P. Festo y la llegada del sucesor, Luceyo Albino—el verano u otoño del 62, lo más tarde—, los aprovechó el sumo sacerdote Ananos —hijo del Ananos o Anás de la pasión de Cristo—para juzgar y lapidar a sus enemigos. Una de las víctimas, según los mss. de Josefo (quizás por una interpolación temprana de mano cristiana) fue «Santiago, el hermano de Jesús llamado Cristo» (AI 20 [9,1] 197-204; BI 2 [22,1] 647-651); cf. Schuerer, i p.548-549. De aquí se desprende que la muerte de Santiago debió de ocurrir el 62; cf. Schuerer, i p.581-584. Eusebio (infra § 19), siguiendo a Hegesipo, vendrá a dar una fecha más tardía, sin darse cuenta, al parecer, de la diferencia y de la poca consistencia de esos datos. Sobre la relación que sigue, tomada de Hegesipo, y la de las Pseudo-clementinas, cf. K. Beyschlag, Das Jakobusmartyrium und seine Verwandten in der frühchristlichen Literatur: ZNWKAK 56 (1965) 149-178; sobre los motivos y circunstancias del martirio, cf. M. Simón, Verus Israel... (Paris 1948) P.303SS; A. Boehling, Zum Martyrium des Jakobus: Novum Testamentum 5 (1962) 207-213.

180 Clemente de Alejandría, Hypotypos. 7: cf. supra 1,5; Zahn, Forschungen 6,2 29ss.

181 Es la primera vez que Eusebio menciona a Hegesipo. Procedía de Palestina, aunque de familia de habla griega. Nacido antes del año no (cf. infra IV 8,2), es muy fácil que conociese todavía a algunos miembros de la comunidad primitiva, muy ancianos ya, naturalmente, pero él mismo no pudo ser de ninguna manera «de la primera generación» postapos-tólica. Pudo hacerse con rico arsenal de tradiciones orales, lo que no empece que, para su obra, redactada hacia el año 180 (cf. infra IV 22,3), echara mano también de fuentes escritas, judeo-cristianas en su mayor parte; cf. B. Gustafsson, Hegesippus’ sources and his Reliability: Studia Patrística 3: TU 78 (Berlin 1961) 227-232. La torpeza que muestra en el manejo de sus fuentes debe atribuirse a su no excesiva instrucción literaria. Eusebio, de hechc, no se prodigó en elogiarla (cf. infra IV 8,2).

182 Traduzco Memorias, como es tradicional, siguiendo el significado básico de la palabra. Sin embargo, debiera ser Apuntes o Comentarios; no es el título de la obra, sino un término técnico que designa un género literario en la concepción antigua: escritos de menor valor literario y estético, inacabados en su forma y estilo y con amplia variedad de temas, enfocados generalmente desde un punto de vista más bien subjetivo, a diferencia de lo que ocurre con las απομνημονεύματα, aunque a veces se les pueda confundir. Sobre un tema o acontecimiento, el autor anota y comenta; cf. N. Hyldahl, Hegesipps Hypomnemata: Studia Theologica 14 (i960) 70-113, especialmente p.75-84; A. Mehat, Etude sur les «Stromates» de Clément d’Alexandrie (Paris 1966) p.106-112. Por lo demás, la obra se ha perdido y sólo nos quedan fragmentos.

183 Si las palabras aducidas por Epifanio (Haer. 78,7) en su paráfrasis de este pasaje de Hegesipo fueron omitidas por Eusebio, entonces en el texto de Hegesipo Santiago aparecía como sucesor de Cristo, que «le había confiado su trono en la tierra, a él el primero», e^ decir, le habría así consagrado primer obispo; cf. infra. VII 19, si se puede hablar, de entonces, así. Si no, es difícil saber de quién es sucesor Santiago; cf. L. Abramowski, «Diadoché» und «orthós lógos» bei Hegesipp: ZKG 87 (1976) 311-327.

184 Cf. Lev 10,9; Núm 6,3; Le 1,15.

185 Cf. Núm 6,5. cf. E. ZuCKSLHWERDT, Das Naziräat des Herrenbruders Jakobus nach Hegsipp (Euseb. Hist, eccles. II 23,5-6): ZNWKAK 68 (1977) 176-187.

186 El pasaje es oscuro por demás. Para Schwartz abundan los dobletes. Pero también es posible que sólo se trate de torpeza literaria por parte de Hegesipo y de alguna que otra omisión de frases del texto original por parte de Eusebio. Si completamos las noticias de éste con las de Epifanio (Haer. 29; 78,13-14). sacaremos la conclusión de que Santiago, aunque nunca fue sumo sacerdote, probablemente fue el único —μόνος —de la generación apostólica que ejerció algún cargo sacerdotal. Sin embargo, cf. infra III 31,3; V 24,3, y J. Chaîne, L’Épître de Saint Jacques (Paris 1927), que ve todo cl relato de la muerte de Santiago por Hegesipo como «inverosímil» o en todo caso «más o menos sospechoso, con sólo algunos pormenores históricos indiscernibles» (p.XXXIX).

187 δικαιοσύνης parece tener este sentido, cf. infra § 19.

188 La interpretación del apodo Ωβλίας como δικαιοσύνη, en el estado actual del texto, no Jiene el menor sentido ni se puede relacionar con «los profetas». La interpretación περιοχή του λαοΟ (cf. infra III 7,8, ’donde le llama ερκος, "pero sin του λαού, omitido también por Epifanio, Haer. 78,7) podría relacionarse con Is 33,15-16 (vers. Símaco). Para H. J. Schoeps Jakobus ó δίκαιος καί ωβλίας. Neuer Lösungsvorschlag in einer schwierigen Frage: Bíblica 24 [1943] 398-403), Hegesipo leyó en el texto siro-palestino de Is 3,10, debido a su ignorancia del arameo: ó δίκαιος καί σλίας λαου δίκαιος (si no fue en un Jeremías apócrifo aludido por San Jerónimo, In Math. 27,10). Puesto que, según San Jerónimo, In Gal. 1,1, a los varones judíos comparables con los άπόστολοι se les llamaba «silas» o «silai» (=» slias), Schoeps traduce; «... wurde er (Santiago) ‘der Gerechte' und ‘gerechter Apostel’ (des Volkes) gennant» (p.402). El mismo Schoeps, en su obra Aus frühchristlichen Zeit. Religionsgeschichtliche Untersuchungen (Tubinga 1950) p.120125, lo relaciona con Miq 4,8, del que sería adaptación el pasaje de Hegesipo, suponiendo en ωβλίας algo así como OpheVam. En cambio, Ch. G. Torrey (James the iust, and his name Oblias: JBL 63 [1944] 93-98) cree que ΩΒΛ1ΑΣ debe leerse ΩΒΔΙΑΣ, que representa al hebreo Obädiäh, siervo de Yavhé (cf. Sant 1,1: δούλος θεού). Le siguen Κ. Baltzer y H. Koester (Die Bezeichnung des Jacobus als ΩΒΛΙΑΣ: ZNWKAK 46 fi955] 141-142). Para estos, ΩΒΔΙΑΣ, se halla en Josefo, AI 8 (i3»4) 329ss; Q (4,2) 47, bajo la forma ΩΒΕΔΙΑΣ, como transcripción del nombre hebreo ABDIAS. Ahora bien, como en Abd 1,1 la traducción de los Setenta da περιοχή είς τά εθνη, llevó a Hegesipo a interpretar ωβλίας por περιοχή τού λαου en vez de δούλος θεού, correspondiente a Obädiäh-Abdiäs.

189 Cf. infra IV 22,7.

190 Cf. Jn 10,2-9. Clemente de Alejandría, Protrept. I 10,1.

191 Cf. Rom 2,6; Sal 61,13; Prov 24,11; Mt 16,17; Ap 12,11; cf. J. L. Espinel, Jesús y los movimientos políticos y sociales de su tiempo. Estado actual de la cuestión: Ciencia Tomista 113 (1986) 151-184.

192 Cf. Jn 12,42.

193 Cf. Jn 12,19.

194 Cf. Lc 20,21,

195 Traduzco «gentiles», pero no es posible determinar si verdaderamente se trata de ellos o de judíos de la diáspora; cf. Jn 12,20.

196 Cf. supra § 8.

197 Cf. Mt 26,64; Me 14,62; Act 7,56.

198 Cf. Mt 21,9.

199 Is 3.10 (LXX var.); San Justino (Dial. 136-137) da el mismo sentido a άρωμεν, pero en Dial. 17 utiliza la variante del textus receptus δήσωμεν.

200 Cf. A. Boehling, Zum Martyrium des Jakobus: Novum Testamentum 5 (1962) 207-213: Sobre el lugar del martirio de Santiago, véase H. Vincent-F. M. Abel, Jerusalem t.2 (Paris 1926) p.841-845; sobre la fecha y demás circunstancias, G. Schofield, In the Year 62: the murder of the brother of the Lord and its consequences (Londres 1962).

201 Cf. Le 23,34; Act 7,59-6o.

202 Cf. Jer 35,2-19 (LXX: 42,2-19). San Epifanio (Ifaer. 78,14), al citar este pasaje, pone las palabras de Recab en boca de Simeón, primo de Santiago.

203 Según Schwartz, los párrafos 16-17 son una antigua interpolación a base de Josefo, AI 20 (9,1) 200; sin embargo, no debe olvidarse que Hegesipo conocía las tradiciones judías (cf. infra IV 22,8).

204 En realidad Vespasiano comenzó la guerra contra los judíos el año 67, pero quien puso cerco a Jerusalén fue su hijo Tito, el año 70; cf. Schuerer, i p.610-634. Tanto si πολιορκεί αυτούς se refiere a lo primero (infra VIII 10,12 y X 8,8 ese verbo significa también atacar, agredir, hacer la guerra), como si se refiere a lo segundo (Tito sitiaba en nombre de Vespasiafio), en ambos casos tenemos una fecha de la muerte de Santiago que contradice a la de Josefo (año 62), seguida por Eusebio (supra § 2). Sin embargo, según el párrafo 19, Eusebio parece entender, efectivamente, «el asedio de Jerusalén» como castigo inmediato, por lo que la fecha del martirio se concreta en la pascua (cf. §11) del año 69 (cf. infra III 11,1).

205 Es decir, Clemente de Alejandría, que probablemente sigue a Hegesipo (cf. supra 1.4-5); cf. Schuerer, i p.582 nota 46.

206 La cita falta en los mss. de Flavio Josefo. Eusebio, que, contra su costumbre (cf. infra § 21), no indica obra ni libro, podría haberla recogido de Orígenes, quien, lo mismo que Hegesipo, relaciona la muerte de Santiago también con el cerco de Jerusalén y dice tomarlo de las Antigüedades de Josefo; cf. Orígenes, Comm. in Math. 10,17 (sobre Mt 13,55); C. Cel-sum 1,47; 2,13. También es probable que ambos dependan de una fuente común, por ejemplo, de un florilegio, pues seria raro que Eusebio osara poner en estilo directo lo que en Orígenes aparece en estilo indirecto. De todos modos, Schuerer (1 p.581 nota4 5) considera este pasaje como interpolación cristiana conservada en el textus receptus. No obstante, no se puede rechazar de plano toda alusión a Santiago por parte de Josefo.

207 Josefo, BI 2 (8,14) 166; cf. supra nota 179.

208 Al rey Agripa II (50-100).

209 Josefo, Al 20 (9,1) 197.199-203; según el texto flaviano, pues, ocurría el año 62 (cf. Schuerer i p.581-582; 2 p.220), como el mismo Eusebio indicaba ya supra párrafo 2, según vimos, en franca oposición a la tradición de Hegesipo, a la que sigue en el párrafo 19.

210 Cf. infra III 25,3; J. Chaîne, L’Épître de Saint Jacques (Paris 1927) y Les Epîtres catholiques (Paris 1939) p.261-289, donde trata de la de San Judas.

Cap. 24
[De cómo Aniano fue nombrado primer obispo de la iglesia de Alejandría después de Marcos]

Corriendo el año octavo del imperio de Nerón, el primero que después de Marcos el Evangelista recibió en sucesión el gobierno de la iglesia de Alejandría fue Aniano 211.

Notas:

211 No sabemos más de él. La fecha que da aquí Eusebio corresponde al año 61-62. Si Aniano sucede a Marcos por muerte de éste, dicha fecha, anterior a la muerte de los apóstoles Pedro y Pablo, contradice a la que se desprende de infra V 8,3 ( = S. Ireneo, Adv.haer. 5.30.1). posterior a «la partida de ambos» (cf. también Papías, infra III 39.15). La Crónica sitúa el comienzo de Aniano el año 62. Creo que debemos atenernos a esta fecha; cf. F. Pe-ricoli-Ridolfini, Le origine della Chiesa di Alessandria d’Egitto e la cronología dei vescovi alessandrini dei secoli I e II: Rendiconti délia Classe Di Scienze Morali, Storiche e Filogi-che dell'Academia dei Lincei 17 (1962) 308-348. Es de notar que el traductor de la Crónica dice: «ordinatur episcopus» (Helm, p.183), mientras que en el pasaje de HE que nos ocupa, lo mismo que infra III 14; 21; IV 4; 5,5; 11,6; 19; V 22 (aunque no en V 9.' VI 26 y 35). Eusebio parece querer evitar las palabras επίσκοπος, έπισκοττή, έπισκοπεϊν, limitándose a consignar la sucesión. Sobre el sentido de las diferentes expresiones de la sucesión, cf. E. Fer-gusson, Eusebius and Ordination : The Journal of Ecclesiastical History 13 (1962) 139-144.

Cap. 25
[De la persecución en tiempos de Nerón, en la cual Pablo y Pedro se adornaron con el martirio por la religión en Roma]

1 Afirmado Nerón en el poder, vino a dar en prácticas impías y tomó las armas contra la religión misma del Dios del universo. Describir de qué maldad este hombre fue capaz, no es tarea de la presente obra,

2 ya que, siendo muchos los que han transmitido en exactísimos relatos sus fechorías, podrá quien tenga afición aprender de ellos la grosera demencia de este hombre extraño, que, llevado por ella y sin la menor reflexión, produjo la muerte de innumerables gentes y tanto extremó su afán homicida que no se retuvo ni siquiera ante los más allegados y queridos, sino que a su madre, lo mismo que a sus hermanos, a su esposa, y con ellos a muchísimos otros familiares, los hizo perecer con variados géneros de muerte, como si fueran adversarios y enemigos 212.

3 Pero es de saber que a todo lo dicho faltaba añadir sobre él que fue el primer emperador que se mostró enemigo de la piedad para con Dios.

4 De él hace mención también el latino Tertuliano cuando dice:
«Leed vuestras memorias. En ellas encontraréis que Nerón fue el primero en perseguir a esta doctrina, sobre todo cuando, después de someter todo el Oriente 213, en Roma era cruel para con todos. Nosotros nos gloriamos de tener a un tal por autor de nuestro castigo, porque quien lo conozca podrá comprender que Nerón no podía condenar nada que no fuera un gran bien».

5 Así, pues, éste, proclamado primer enemigo de Dios entre los que más lo fueron 214, llevó su exaltación hasta hacer degollar

a los apóstoles. Efectivamente, se dice que, bajo su imperio, Pablo fue decapitado en la misma Roma, y que Pedro fue crucificado 215. Y de esta referencia da fe el título de Pedro y Pablo que ha predominado para los cementerios de aquel lugar hasta el presente 216.

6 Y no menos lo confirma un varón eclesiástico llamado Cayo 217, que vivió cuando Zeferino era obispo de Roma. Disputando por escrito con Proclo, dirigente de la secta catafriga 218, dice acerca de los mismos lugares en que están depositados los despojos sagrados de los apóstoles mencionados lo que sigue:

7 «Yo, en cambio, puedo mostrarte los trofeos de los apóstoles 219, porque, si quieres ir al Vaticano 220 o al camino de Ostia, encontrarás los trofeos de los que fundaron esta iglesia».

8 Que los dos sufrieron martirio en la misma ocasión lo afirma Dionisio, obispo de Corinto, en su correspondencia escrita con los romanos, en los términos siguientes:
«En esto también vosotros, por medio de semejante amonestación, habéis fundido las plantaciones de Pedro y de Pablo, la de los romanos y la de los corintios, porque después de plantar ambos en nuestra Corinto, ambos nos instruyeron, y después de enseñar también en Italia en el mismo lugar, los dos sufrieron el martirio en la misma ocasión» 221.
Sirva también esto para mayor confirmación de los hechos narrados.

Notas:

212 Su madre, Agripina, fue víctima el 59 (Tácito, Armai 14,3-8); su mujer, Octavia, el 62 (ibid., 14.51-56); el hermano de ésta y medio-hermano suyo, Británico, lo había sido el 55 (ibid., Ι3.ΐ7»ι)ί su maestro, Séneca, el 65 (ibid., 15.48-63); cf. Eusebio, Chronic, ad annum 58-67: Helm, p.182-184. Sobre el papel de la amante y luego esposa Popea Sabina en estas muertes y en la persecución contra los cristianos del año 64, véase H. Grégoire, Les persécutions dans Vempire romain (Bruselas 1951) nota 20 p. 104-105; J. Ch. Pichón, Néron et le mystère des origines chrétiennes: Les ombres de l'histoire (Paris 1971); G. Roux, Néron: Les grandes études historiques (Paris 1962); Ph. Vandenberg, Néron: empereur et dieu, artiste et bouffon (Paris 1982).

213 Este «Oriente» de la traducción griega ha salido de la frase original «cum maxime Romae orientem», participio referido al cristianismo. El texto original queda, pues, malparado, pero quizá no la verdad histórica, ya que, de hecho, la victoria sobre los partos, que permitió el sometimiento del Oriente, puede fecharse el 64, en cuyo verano tuvo lugar el incendio de Roma, pretexto para la persecución neroniana.

214 Sobre el testimonio de Tertuliano, cf. H. Grégoire, Les persécutions dans iempire romain (Bruselas 1951) p. 116-117. Esta primera persecución contra los cristianos ocurría en otoño del 64; Nerón cargó sobre ellos la responsabilidad del incendio que entre el 19 y el 24 de julio anteriores había reducido a cenizas diez de las catorce regiones urbanas de Roma, según Tácito, Annal. 15,44; cf. E. Griffe, La persécution contre les chrétiens de Rome de l'an 64: BLE 65 (1964) 3-16. Un documentado trabajo sobre el pasaje de Tácito: H. Fuchs, Tacitus über die Christen: VigCh 4 (1950) 65-93; cf. J. Beaujeu, L'incendie de Rome en 64 et les chrétiens: Collect. Latomus 49 (Bruselas-Berchem i960). Sobre el precedente jurídico de esta persecución, que condiciona a las que vendrán luego, la literatura es inmensa, dividida entre los que suponen un decreto o un rescripto imperial de Nerón y los que lo niegan, aportando diversas explicaciones del precedente indiscutible sentado por tal persecución. Véase a título de ejemplo E. Griffe, Les persécutions contre les chrétiens aux Ie et IIe siècles (Paris 1967), especialmente p.34-56.

215 Cf. H. Grégoire, o.e., p.23 y 102-104; A. Rimoldi, L’episcopato ed il martirio romano di S. Pietro nelle fonti letterarie dei primi tre secoli: La Scuola Cattolica 95 (1967) 495-521; M. Nardelli, Pietro e Paolo apostoli a Roma (Brescia 1967); E. Dinkler, Die Petrus-Rom-Frage. Ein Forschungsbericht : Theologische Rundschau 25 (1959) 189-230; K. Aland, Eine abschliessende Bemerkung zur Frage «Petrus in Rom» : Historische Zeitschrift 191.(1960) 585-587. E. Lanne, L’Eglise de Rome «a gloriosissimis duobus apostolis Petro et Paulo Romae fundatae et constitutae ecclesiah (Adv. haer. III 3,1): Irenikon 49 (1976) 175-321.

216 Cf. E. Josr, Les κοιμητήρια d’Eusèbe de Césaree et les tombes apostoliques: Comptes rendues de l’Académie des Inscriptions et Belles Lettres (Paris 1954) P-35Q; S. Garofalo, La tradizione petriana nel primo secolo: Studi Romani 15 (1967) 135-148.

217 Escritor de finales del siglo 11 y comienzos del ni, escribió un Didlogb contra Proclo, en el que, a las pretensiones de éste, que se basaba en la autoridad de las hijas de Felipe el evangelista (¿diácono?; cf. infra III 31,4), opone él la incomparable autoridad de los apóstoles Pedro y Pablo: «Yo, en cambio...» (infra § 6). Aparte del fragmento citado aquí en el párrafo 7, sólo conservamos los citados infra III 28,1; 31,4; VI 20,3. Eusebio (infra VI 20,3) califica a Cayo de λογιώτατος, sapientísimo, mientras que aquí le llama έκκλησιαστι-κός, varón eclesiástico, en el sentido de ortodoxo, por oposición a hereje. Escribió en griego, a pesar de la opinión de F. Tailliez (Notes conjointes sur un passage fameux d'Eusèbe 11. Γΰίος' ou Caius? Le premier «Père» de la Patrologie latine?: Orientalia Christiana Periodica 9 Γ1943] 436-449).

218 Efectivamente, Proclo era un dirigente del montañismo. Antes de Eusebio no Ιο mientan más que Hipólito, Tertuliano y, naturalmente, Cayo. Ello hace pensar que se trata de un occidental; cf. Hipólito, Syntagma (Ps.-Tertuliano, Adv. omn. haer. 7,2); Tertuliano, Adv. Val. 5: «Proculus noster...»—En la traducción mantengo la transcripción Ca-tafriga/s en vez de interpretar Montanistais, por fidelidad a la tradición de los Padres españoles, de quienes se puede derivar legítimamente el neologismo catafriga-catafrigas (cf. San Paciano de Barcelona, Epist. 1,1,3; 1.3.2; 2,3,4; 3.1.4; 3.4.5: ed. L. Rubio Fernández, Barcelona 1958).

219 Para Eusebio, esta expresión de Cayo: τά τρόπαια των άποστόλων equivale a (τά τόπα) ένθα των... άποστόλων τά Ιερά σκηνώματα κατατέθειται (§ 6), esto es, los sepulcros con los despojos o reliquias de los apóstoles dentro. Efectivamente, el sentido que τά τρόπαια tiene en Cayo, debido al influjo del ambiente romano, más que de lugar: sepulcro o monumento externos, es de despojos mortales, reliquias de los mártires. La idea de victoria contenida en τρόπαιον pasa muy pronto en el lenguaje cristiano a expresar la victoria del mártir: San Cipriano llama «trophaea» a los confesores que aún viven. Es normal el paso a designar los cuerpos o reliquias de los mártires; cf. J. Carcopino, Études d’histoire chrétienne (Paris 1953) p.95-220 y los apéndices I-VI; Ch. Mohrmann, A propos de deux mots controversés de la latinité chrétienne, tropaeum nomen : VigCh 8 (1954) 154-173; J. Bernards Le mot τρόπαιον appliqué aux martyrs: VigCh 8 (1954) 174-175; J. Ruysschaert, Les documents littéraires de la double tradition romaine des tombes apostoliques: RHE 52 (i957) 791-831; E. DlNKLER, Petrus und Paulus im Rom. Die literarische und archäologische Frage nach den «tropaia ton apostólon»: Gymnasium 87 (1980) 1-37; A. G. Martimort, A propos des reliques de S. Pierre: Bulletin de Littérature ecclésiastique 87 (1986) 93-112.

220 Los Mss, excepto R que da βατικανόν, todos escriben βασικανόν. Schwartz lo atribuye a equivocación anterior a Eusebio. Siempre se ha entendido «Vaticano»; Rufino traduce: «Si enim procedas via regali quae ad Vaticanum ducit...» En griego faltan las palabras correspondientes a «via regali quae». Es lo que hizo pensar a F. Tailliez, en el articulo citado supra nota 217, que Βασικανόν ocultaba una omisión del texto, debida a haberse saltado el copista una línea intermedia entre una que terminaba en βασι- y otra que comenzaba en - κανόν; la línea omitida sonaría así: άπελθεϊν έπί τ(ή)ν βασι λικήν όδόν τήν είς (τόν) βατι κανόν, ή... Rufino, pues, habría traducido literalmente «via regali», en mal latín, de la mala traducción griega-βασιλικήν όδόν—del original latino «via publica», salido de la pluma de Cayo, convertido así en el primer escritor cristiano latino (p.446-447). La hipótesis, a pesar de lo ingeniosa, no ha convencido.—Sobre el culto de Pedro y Pablo en Roma, véase P. Vallin, Le culte des apôtres Pierre et Paul «ad Catacumbas»: BLE 65 (1964) 258-279. Respecto a los trabaje» de excavación en el Vaticano relacionados con la tumba de Pedro, véase la bibliografía recogida por J. Ruysschaert (Nouvelles recherches concernant la tombe de Pierre au Vatican (1957-1965): RHE 60 [1965] 822-832), J. Carcopino (Fouilles de Saint Pierre Supplement au Diction, de la Bible t.7 [Paris 1966] col.1375-1415); también el resumen histórico de E. Kirschbaum (Kontroversen um das Petrusgrab : Stimmen der Zeit 178 [1966] ι-n) y, sobre todo, la obra de la principal protagonista de las excavaciones M. Guarducci (Pietro ritrovato: il martirio, la tomba, le reliquie, Milán 1969): Id., Pietro in Vaticano (Roma 1983).

221 Cf. infra IV 23,9ss, donde se citan otros pasajes de la carta de Dionisio de Corinto al papa Sotero (166-174). Este pasaje es precioso: confirma la visita de San Pedro a Corinto, insinuada por San Pablo (1 Cor 1,12), y nos proporciona la noticia expresa más antigua de que Pedro y Pablo, los dos, sufrieron martirio en Italia—no dice en Roma —y «en la misma ocasión».

Cap. 26
[De los innumerables males que envolvieron a los judíos y de la última guerra que éstos suscitaron contra los romanos]

1 Al describir Josefo 222 con todo pormenor las desdichas que se abatieron sobre la nación judía entera, además de muchas otras cosas, explica textualmente que muchísimos judíos de los más relevantes, después de ser ultrajados con la pena de los azotes, fueron crucificados por Floro en la misma Jerusalén, y que éste era procurador de Judea cuando de nuevo comenzó a encenderse la guerra, el año duodécimo del imperio de Nerón 223.

2 Después dice que, tras la revuelta de los judíos, se adueñó de toda Siria una confusión espantosa; por todas partes maltrataban sin piedad a los de esta raza, como si fueran enemigos, los mismos habitantes de las ciudades, de suerte que se podían ver las ciudades repletas de cadáveres insepultos: cuerpos de ancianos arrojados junto a los niños, y cadáveres de mujeres sin nada que cubriera sus desnudeces. Toda la provincia rebosaba de calamidades indescriptibles. Pero la violencia de lo que estaba amagando era mayor que los crímenes de cada día. Esto es lo que literalmente dice Josefo 224. Tal era la situación de los judíos.

Notas:

222 Cf. Josefo, BI 2 (14,9) 306-308; P. Maffucci, II problema storico dei Farisei prima del 70 d. C.: Rivista bíblica 26 (1978) 353-400; R. A. HORSLEY, Jesus and the Spiral of Violence: Popular Jewish Resistence in Roman Palestine (San Francisco 1987).

223 Cf. Josefo, BI 2 (14.4) 284; AI 20 (11,1). 257. Según el cómputo de Josefo, esta fecha va de octubre del 65 a octubre del 66. La guerra estalló precisamente a causa de las tropelías cometidas el 16 de mayo del 66 por el último y el peor de los procuradores romanos en Judea, Gesio Floro, nombrado el año 64. Además de la noticia de Tácito sobre éste (Hist. 5, 10), véase Schuerer, i p.585 y óioss.

224 Josefo, BI 2 (18,2) 462.465.

 

Partes de esta serie: Libro I · Libro II · Libro III · Libro IV · Libro V · Libro VI · Libro VII · Libro VIII · Libro IX · Libro X
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