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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
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Documentación: Oración del afligido que acude a Dios
Salmo 6
Súplica de un enfermo grave. En la experiencia del orante entran: la enfermedad con sus sufrimientos, la angustia interior y el temor de la muerte, la conciencia de una hostilidad perversa, la conciencia del pecado; responden al ser corpóreo, a [...]

la conciencia interior y a la condición social del hombre. Las relaciones entre dichos factores iluminan el sentido. Los enemigos pueden ser rivales que se aprovechan de la enfermedad; o bien el paciente se vuelve más sensible a una hostilidad precedente y conocida. Dolor y enfermedad son adelantados de la muerte, instalados en el cuerpo y en la conciencia. La muerte se adelanta en la conciencia, toma posesión de ella: en la presencia invencible de la enfermedad, en el cerco triunfante de los rivales. La respiración es vida que se consume, las lágrimas desahogan y consumen los ojos. La enfermedad es además sentida como efecto del pecado: en este caso, como castigo impuesto por Dios, escarmiento saludable. Sólo Dios, que impuso el castigo, puede dar el remedio. Para dolencia curación (3), para culpa gracia (10), contra enemigos derrota (11). [L.Alonso Schökel]



1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David.]

2 Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera.

3 Misericordia, Señor, que desfallezco;

cura, Señor, mis huesos dislocados.

4 Tengo el alma en delirio,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

5 Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

sálvame por tu misericordia.

6 Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

y en el abismo, ¿quién te alabará?

7 Estoy agotado de gemir:

de noche lloro sobre el lecho,

riego mi cama con lágrimas.

8 Mis ojos se consumen irritados,

envejecen por tantas contradicciones.

9 Apartaos de mí, los malvados,

porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

10 el Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi oración.

11 Que la vergüenza abrume a mis enemigos,

que avergonzados huyan al momento.

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