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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
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Documentación: Oración de un enfermo
Salmo 41 (40)
Acción de gracias por la liberación de una enfermedad mortal, que incluye la historia de la enfermedad y de la curación. Si miramos a los primeros versos, reconocemos la bienaventuranza de la misericordia. El que se aprovecha de la desgracia [...]

ajena queda derrotado; al que sostiene y cuida del pobre, Dios lo guarda y lo conserva. [L. Alonso Schökel]



1 Del maestro de coro. Salmo. De David.]

2 Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;

en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

3 El Señor lo guarda y lo conserva en vida,

para que sea dichoso en la tierra,

y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

4 El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,

calmará los dolores de su enfermedad.

5 Yo dije: "Señor, ten misericordia,

sáname, porque he pecado contra ti".

6 Mis enemigos me desean lo peor:

"A ver si se muere, y se acaba su apellido".

7 El que viene a verme habla con fingimiento,

disimula su mala intención,

y, cuando sale afuera, la dice.

8 Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,

hacen cálculos siniestros:

9 "Padece un mal sin remedio,

se acostó para no levantarse".

10 Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,

que compartía mi pan,

es el primero en traicionarme.

11 Pero tú, Señor, apiádate de mí,

haz que pueda levantarme,

para que yo les dé su merecido.

12 En esto conozco que me amas:

en que mi enemigo no triunfa de mí.

13 A mí, en cambio, me conservas la salud,

me mantienes siempre en tu presencia.

14 Bendito el Señor, Dios de Israel,

ahora y por siempre. Amén, amén.

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