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El Testigo Fiel
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Documentación: Baje a nosotros la bondad del Señor
Salmo 90 (89)
Después de la celebración alegre del domingo, empezamos hoy un nuevo día y una nueva semana de trabajo con un salmo sapiencial que nos hace meditar sobre la brevedad y fragilidad de la vida del hombre, corta trayectoria entre el [...]

nacer y el morir, repleta, además, de miserias y limitaciones, fruto de nuestras culpas e infidelidades: Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; nuestros años se acaban como un suspiro.
Pero el salmo, a pesar de sus acentos oscuros, nos abre a la esperanza. Dios tiene compasión de sus siervos. El nuevo día que empezamos puede traernos la misericordia del Señor, su perdón, la alegría y el júbilo; así pensaba ya el salmista, que desconocía aún la inmortalidad futura: Vuélvete, Señor, ten compasión de tus siervos; por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Si así pensaba el salmista en los umbrales de la revelación, el salmo, meditado por quienes somos sabedores de la resurrección que Dios tiene preparada a los hombres, se abre a perspectivas mucho más esperanzadoras. La mañana en que estamos y que recuerda el salmo, nos puede evocar la mañana definitiva, el momento todo luz, en que aparecerá el Hijo del hombre, momento del cual este comienzo de día es débil imagen: En aquella mañana, Señor, cuando vengas a juzgar al mundo, sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será eternamente alegría y júbilo.
Oración I: Señor, antes que fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y para siempre, tú eres Dios y soportas que nosotros, frágiles y culpables, continuemos habitando en la tierra de los vivos y nos das días y años para que adquiramos un corazón sensato: que el amor, Señor, nos haga siempre dóciles a tu voluntad, que nuestras acciones proclamen la obra de tus manos para que así podamos un día gozar eternamente de la dulzura de tu presencia. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Dios y Señor del tiempo y de la eternidad, antes de que retornemos al polvo del que fuimos formados, tu paciencia nos concede días y años, para que adquiramos un corazón sensato: que baje a nosotros tu bondad y haga, durante este día, prósperas las obras de nuestras manos, para que se manifiesten al mundo tu bondad y tu gloria. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
[Pedro Farnés]



aje a nosotros la bondad del Señor

1Señor, tú has sido nuestro refugio

de generación en generación.

2Antes que naciesen los montes

o fuera engendrado el orbe de la tierra,

desde siempre y por siempre tú eres Dios.

3Tú reduces el hombre a polvo,

diciendo: "Retornad, hijos de Adán".

4Mil años en tu presencia

son un ayer, que pasó;

una vela nocturna.

5Los siembras año por año,

como hierba que se renueva:

6que florece y se renueva por la mañana,

y por la tarde la siegan y se seca.

7¡Cómo nos ha consumido tu cólera

y nos ha trastornado tu indignación!

8Pusiste nuestras culpas ante ti,

nuestros secretos ante la luz de tu mirada:

9y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,

y nuestros años se acabaron como un suspiro.

10Aunque uno viva setenta años,

y el más robusto hasta ochenta,

la mayor parte son fatiga inútil,

porque pasan aprisa y vuelan.

11¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,

quién ha sentido el peso de tu cólera?

12Enséñanos a calcular nuestros años,

para que adquiramos un corazón sensato.

13Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?

Ten compasión de tus siervos;

14por la mañana sácianos de tu misericordia,

y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

15Danos alegría, por los días en que nos afligiste,

por los años en que sufrimos desdichas.

16Que tus siervos vean tu acción,

y sus hijos tu gloria.

17Baje a nosotros la bondad del Señor

y haga prósperas las obras de nuestras manos.

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