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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Alabanza del Dios creador
Salmo 92 (91)
Hoy empezamos nuestra oración matinal con un canto a la providencia divina, que tiene dispuesto que el justo dé fruto abundante y duradero y que el mal, que hoy contemplamos germinando en el mundo, sea excluido para siempre: El justo [...]

crecerá como una palmera, se alzará como un cedro, seguirá dando fruto, estará lozano y frondoso
. El mal, en cambio (personificado en este texto en el malvado), aunque germine como hierba y florezca, será destruido para siempre, porque los enemigos del Señor -que son, al mismo tiempo, los enemigos de la felicidad del hombre: la muerte, el pecado, el dolor- perecerán y serán dispersados.
Este salmo, proclamado o meditado en la primera hora del día, hora de la resurrección del Señor, nos invita a la contemplación y a la esperanza. Contemplación del Justo resucitado y esperanza de que el mal será definitivamente desterrado del mundo. El justo -Jesucristo resucitado- se ha alzado, Señor, como un cedro del Líbano plantado en tu casa; proclamado por la Iglesia, el Justo seguirá dando fruto en el mundo. Tus enemigos, en cambio, Señor -el mal, la muerte, el pecado-, perecerán; aunque ahora germinen como hierba, serán destruidos para siempre. Por eso, es bueno dar gracias al Señor y proclamar por la mañana su misericordia, pues sus acciones son nuestro júbilo y sus designios nuestra alegría.
Oración I: Aleja, Señor Jesús, de nosotros nuestro oprobio y haz que tus acciones sean siempre nuestra alegría y nuestro júbilo, las obras de tus manos; que quienes hemos sido plantados por mano apostólica en tu casa sigamos dando fruto por la fe, la esperanza y el amor en los atrios del Padre, nuestro Dios. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.
Oración II: Señor Jesucristo, que dijiste a tus discípulos que el Padre era glorificado cuando nosotros llevamos fruto abundante, destruye el mal que germina y florece en el mundo como la hierba y haz que nosotros, plantados en la casa de nuestro Padre, el Señor, crezcamos siempre en sus atrios y, permaneciendo unidos a ti, como tú estás unido al Padre, llevemos fruto abundante y nuestro fruto permanezca siempre. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
[Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Juan Pablo II pide a los sacerdotes respetar la liturgia · Salmo 92 (91)

1 Salmo. Cántico. Para el día de sábado.]

2 Es bueno dar gracias al Señor

y tañer para tu nombre, oh Altísimo,

3 proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad,

4 con arpas de diez cuerdas y laúdes,

sobre arpegios de cítaras.

5 Tus acciones, Señor, son mi alegría,

y mi júbilo, las obras de tus manos.

6 ¡Qué magníficas son tus obras, Señor,

qué profundos tus designios!

7 El ignorante no los entiende

ni el necio se da cuenta.

8 Aunque germinen como hierba los malvados

y florezcan los malhechores,

serán destruidos para siempre.

9 Tú, en cambio, Señor,

eres excelso por los siglos.

10 Porque tus enemigos, Señor, perecerán,

los malhechores serán dispersados;

11 pero a mí me das la fuerza de un búfalo

y me unges con aceite nuevo.

12 Mis ojos despreciarán a mis enemigos,

mis oídos escucharán su derrota.

13 El justo crecerá como una palmera,

se alzará como un cedro del Líbano:

14 plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios;

15 en la vejez seguirá dando fruto

y estará lozano y frondoso,

16 para proclamar que el Señor es justo,

que en mi Roca no existe la maldad.

Partes de esta serie: Juan Pablo II pide a los sacerdotes respetar la liturgia · Salmo 92 (91)
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