El salmo 99 nos invita al gozo y a la alegría. Cristo, victorioso vencedor de la muerte, es nuestro pastor, y nosotros, sus ovejas, caminamos, tras él y como él, hacia la resurrección. Aclamemos, pues, al Señor con alegría, [...]
y que esta hora, en la que Cristo entró en su gloria, aumente nuestra esperanza de que también nosotros, ovejas de su rebaño, entraremos un día por sus puertas con acción de gracias, bendiciendo su nombre.
El salmo 99 es un canto procesional de acción de gracias a Dios que ha elegido a Israel y lo guía con cuidado amoroso como a ovejas de su rebaño.
Pero Israel -la Iglesia- es un pueblo sacerdotal, es "Lumen gentium", luz de los gentiles; por ello no puede contentarse con cantar ella sola a Dios. Toda la tierra, todos los hombres, deben sumarse a esta alabanza: Aclama al Señor, tierra entera. Nosotros caminamos también procesionalmente siguiendo a Cristo, que ha pasado ya de este mundo al Padre, y nos dirigimos hacia el verdadero atrio de Dios, el reino donde Cristo victorioso está sentado a la derecha del Padre. Que la alegría y el canto sea pues el distintivo de los que creemos en el reinado que, ya en este mundo, es objeto de nuestra esperanza y de nuestros anhelos.
Oración I: Cristo Jesús, Señor nuestro, porque tú nos has hecho, nosotros somos tu pueblo y ovejas de tu rebaño; y, porque sabemos que tu fidelidad dura por todas las edades, nosotros queremos servirte con alegría, dándote gracias y bendiciendo tu nombre ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
Oración II: Somos tuyos, Señor, porque tú eres nuestro Dios y tú nos has hecho; concédenos servirte siempre con alegría y bendecir tu nombre, hasta que, terminada nuestra peregrinación terrena, entremos en tu presencia con vítores, confesando que tu misericordia ha sido eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración III: Señor, Dios bueno, cuya misericordia es eterna, y cuya fidelidad dura por todas las edades, haz que te sirvamos con alegría durante el día que ahora empieza y esperemos anhelantes entrar por tus puertas con acción de gracias, para bendecir tu nombre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración IV: Somos, Señor, las ovejas de tu rebaño, haz, pues, que caminemos siempre en tu seguimiento, hasta que, terminada nuestra peregrinación terrena, entremos por tus atrios con himnos, confesando que tú has sido bueno para con nosotros y que tu misericordia ha sido eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
[Pedro Farnés]