El salmo 112 es uno de los salmos que el pueblo judío usaba y usa aún hoy en la liturgia de la cena pascual; este texto es una alabanza a Dios que, al arrancar a su pueblo de la esclavitud [...]
de Egipto, levantó del polvo al desvalido y alzó de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, haciendo de él una nación semejante a las otras.
Por esto precisamente este salmo es muy apropiado para empezar la celebración del domingo cristiano en el que, más aún que en la salida de Egipto, Dios levanta del polvo al desvalido, para sentarlo con los príncipes. Este pobre, este desvalido, exaltado por Dios, es sobre todo Cristo, arrancado del sepulcro; pero es también toda la humanidad que "ha resucitado con Cristo Jesús y ha sido sentada en el cielo con él" (Ef 2,6). Alabemos, pues, el nombre del Señor, porque ha realizado maravillas.
En la celebración comunitaria, si no es posible cantar la antífona propia, este salmo se puede acompañar cantando alguna antífona que exprese la acción de gracias, por ejemplo: "Por siempre yo cantaré tu nombre, Señor", o bien "Alabad, siervos de Dios", sólo la primera estrofa.
Oración I: Tú, Señor, que, en la resurrección de Cristo, has alzado de la basura a tu Hijo y lo has levantado del polvo del sepulcro y, en su admirable ascensión lo has sentado con los príncipes de tu pueblo, colocándolo a tu derecha en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado; escucha ahora la oración de tu Iglesia, que empieza a celebrar, en este domingo, la victoria de tu Hijo, y concédele que también ella un día, juntamente con Jesucristo, pueda sentarse con los ángeles en tu gloria y alabe tu nombre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración II: Señor Jesucristo, Hijo de Dios eterno, que no hiciste alarde de tu categoría de Dios, sino que tomaste la condición de esclavo, pasando por uno de tantos, para levantar del polvo al pobre; haz que la humanidad, entrando a formar parte de tu Iglesia, tenga un puesto en tu casa como madre feliz de hijos que alaben tu nombre, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
[Pedro Farnés]