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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Himno al Dios verdadero
Salmo 115 (113 B)
Israel, probablemente en el tiempo que siguió al destierro, se sentía como humillado en su fe religiosa. Parecía como si los pueblos vecinos tuvieran dioses más poderosos que Yahvé, pues la situación de estos pueblos era más próspera que la [...]

del pueblo de Israel. En este contexto, se compone el salmo 113, como acto de fe en el poder de Yahvé frente a los dioses extranjeros.
La tentación de creer que hay dioses más poderosos que nuestro Dios no es una cosa ya superada; también nuestro tiempo tiene sus divinidades, en las que no pocos ponen su confianza: el dinero, el poder, los proyectos humanos, los ideales políticos, el progreso del mundo y de la ciencia, los planes propios. El domingo es el día bautismal -muchos cristianos han recibido hoy el baño del nuevo nacimiento- y por ello puede llevarnos fácilmente al recuerdo de nuestros compromisos bautismales. En las renuncias del bautismo, "abandonamos los ídolos para servir al Dios vivo" (1 Ts 1,9). Que el salmo que ahora rezaremos renueve nuestra fidelidad a los compromisos bautismales: Los ídolos del mundo son plata y oro, hechura de manos humanas; Israel, confía en el Señor: sólo él es su auxilio y su escudo.
En la celebración comunitaria, si no es posible cantar la antífona propia, este salmo se puede acompañar cantando alguna antífona que exprese la adhesión al Señor, por ejemplo: "Tu reino es vida, tu reino es verdad" o bien "El auxilio me viene del Señor", sólo el estribillo.
Oración I: Oh Dios inmenso, que hiciste el cielo y la tierra y has creado al hombre a tu imagen y semejanza, para que dominara la creación y, al contemplar tu obra, adorara al que la ha creado; haz que nosotros, tus hijos, no adoremos nunca la hechura de nuestras manos, sino que te bendigamos únicamente a ti, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
Oración II: Señor Dios nuestro, siempre fiel en el amor, haz que tu Iglesia no confíe nunca en ídolos, hechura de manos humanas, sino que ponga siempre en ti su esperanza y, anhelando el retorno de Jesús al fin de los tiempos, bendiga tu nombre, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
[Pedro Farnés]



imno al Dios verdadero

1No a nosotros, Señor, no a nosotros,

sino a tu nombre da la gloria,

por tu bondad, por tu lealtad.

2¿Por qué han de decir las naciones:

"Dónde está su Dios"?

3Nuestro Dios está en el cielo,

lo que quiere lo hace.

4Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,

hechura de manos humanas:

5tienen boca, y no hablan;

tienen ojos, y no ven;

6tienen orejas, y no oyen;

tienen nariz, y no huelen;

7tienen manos, y no tocan;

tienen pies, y no andan;

no tiene voz su garganta:

8que sean igual los que los hacen,

cuantos confían en ellos.

9Israel confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

10La casa de Aarón confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

11Los fieles del Señor confían en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

12Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,

bendiga a la casa de Israel,

bendiga a la casa de Aarón;

13bendiga a los fieles del Señor,

pequeños y grandes.

14Que el Señor os acreciente,

a vosotros y a vuestros hijos;

15benditos seáis del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

16El cielo pertenece al Señor,

la tierra se la ha dado a los hombres.

17Los muertos ya no alaban al Señor,

ni los que bajan al silencio.

18Nosotros, sí, bendeciremos al Señor

ahora y por siempre.

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