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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: La ciudad santa de Jerusalén
Salmo 122 (121)
Cuando en sus peregrinaciones anuales los israelitas llegaban a Jerusalén, sus rostros quedaban iluminados contemplando la ciudad santa. Allí, en santa asamblea, se congregaba el pueblo, como en los tiempos del desierto en torno a la tienda; allí resonaban las [...]

alabanzas al nombre del Señor; allí era posible a los israelitas en litigio encontrar justicia, pues en las puertas del palacio real estaban los tribunales de justicia; allí resonaba sin cesar el tradicional "shalom" entre los hermanos de un mismo pueblo. ¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"!
Lo que para Israel representaba Jerusalén, para nosotros, cristianos, lo representa el domingo. En este día, nos reunimos, y el nuevo Israel aparece como ciudad bien compacta en las asambleas dominicales; en este día, según la costumbre del nuevo Israel, celebramos el nombre del Señor; este día nos aporta la esperanza escatológica y es, para quienes frecuentemente sufrimos, prenda de que se nos hará justicia definitiva; en este día del Señor, intercambiamos todos los cristianos nuestro "shalom" al celebrar la eucaristía...
Que nuestro entusiasmo, al llegar el domingo, no sea, pues, menor que el de Israel cuando se acercaba a Jerusalén: ¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"!
Oración I: Te damos gracias, Señor Jesucristo, por la alegría que nos has dado en tu ciudad de Jerusalén: tu santa resurrección y la efusión de tu Espíritu; que, al reunirnos mañana con nuestros hermanos y compañeros en la asamblea eucarística, sintamos nuevamente el gozo de tu presencia de Resucitado, que nos desea la paz, como hiciste en el primer domingo con tus discípulos, tú que fuiste muerto y ahora vives, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración II: Señor Jesús, según la costumbre del nuevo Israel, nuestros pies están ya pisando los umbrales del domingo, que nos reunirá con nuestros hermanos de todo el mundo para celebrar tu nombre en la Iglesia, tu nueva Jerusalén; que el vernos congregados en asamblea nos colme de alegría y nos haga esperar, con mayor anhelo, la Jerusalén definitiva, donde esperamos encontrar la paz, junto a nuestros hermanos que nos han precedido ya en el signo de la fe. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
[Pedro Farnés]



a ciudad santa de Jerusalén

1¡Qué alegría cuando me dijeron:

"Vamos a la casa del Señor"!

2Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

3Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

4Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

5en ella están los tribunales de justicia,

en el palacio de David.

6Desead la paz a Jerusalén:

"Vivan seguros los que te aman,

7haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios".

8Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: "La paz contigo".

9Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

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