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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: El Señor vela por su pueblo
Salmo 125 (124)
Probablemente el salmo 124 fue compuesto en ocasión de una peregrinación a Jerusalén. La vista de la ciudad, coronada por el monte Sión, es, para los peregrinos, como un símbolo de la seguridad del creyente; los enemigos de Jerusalén tendrán [...]

que retroceder, porque la montaña de Sión es inexpugnable. Así los que confían en el Señor no tiemblan y pueden estar tranquilos aunque las embestidas del enemigo arreciasen: No pesará sobre ellos el cetro de los malvados, porque el Señor rodea a su pueblo.
Hagamos nuestra esta actitud de firme confianza del salmista. Aun en medio de las mayores dificultades, esperamos contra toda esperanza, porque los que confían en el Señor son como el monte Sión, asentado para siempre.
En la celebración comunitaria, es recomendable que este salmo sea proclamado por un salmista; si no es posible cantar la antífona propia, la asamblea puede acompañar el salmo cantando alguna antífona que exprese la confianza, por ejemplo: "En Dios pongo mi esperanza" o bien "El auxilio me viene del Señor", sólo el estribillo.
Oración I: Escucha, Señor, a tu Iglesia, que espera de ti la unidad, la fuerza y la paz; tú, que dijiste a los discípulos en la tempestad nocturna "Soy yo, ¡no tengáis miedo!", no permitas que pese sobre nosotros el cetro de los malvados; en ti confiamos, Señor Jesús. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Oración II: Señor Jesucristo, que has fundamentado tu Iglesia sobre la roca firme y has prometido que las fuerzas del mal nunca prevalecerán contra ella, haz que creamos siempre que tú rodeas a tu pueblo como las montañas rodean Jerusalén, y no permitas que, desconfiando de tu promesa, extendamos nuestras manos a la maldad. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
[Pedro Farnés]



l Señor vela por su pueblo

1Los que confían en el Señor son como el monte Sión:

no tiembla, está asentado para siempre.

2Jerusalén está rodeada de montañas,

y el Señor rodea a su pueblo

ahora y por siempre.

3No pesará el cetro de los malvados

sobre el lote de los justos,

no sea que los justos extiendan

su mano a la maldad.

4Señor, concede bienes a los buenos,

a los sinceros de corazón;

5y a los que se desvían por sendas tortuosas,

que los rechace el Señor con los malhechores.

¡Paz a Israel!

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